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Trabajo y sociedad

versión On-line ISSN 1514-6871

Trab. soc.  no.21 Santiago del Estero dic. 2013

 

LA  ESCRITURA, LA MUSICA, LA ORFEBRERÍA COMO TRABAJO

Illusio, violencia simbólica y negación. Reflexiones sobre los principios de producción del oficio periodístico en el interior del país*

Illusio, symbolic violence and denial. Reflections on the principles of  journalism production inside the country 

 

Pablo Schleifer**

** Licenciado en Ciencias de la Comunicación (Universidad de Buenos Aires), Magíster en Ciencias Sociales y Humanidades (Universidad Nacional de Quilmes). Docente e investigador de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional del Comahue. Correo: pablo_schleifer@yahoo.com.ar

 


RESUMEN

El periodismo constituye un agente fundamental en el juego democrático, político, económico y cultural actual. Por ello, consideramos fundamental trabajar en explicitar los principios, las creencias, las reglas explícitas e implícitas que estructuran y definen el juego del periodismo en cada campo. Este artículo propone, entonces, indagar en los principios de producción del oficio de periodista en un campo del interior del país, analizar las condiciones sociales de producción de las prácticas así como los procesos de incorporación de las condiciones para ingresar y para permanecer en este campo. Para ello retomamos el caso empírico trabajado en nuestra tesis de Maestría pero con un enfoque conceptual más amplio. En este sentido, pretendemos trabajar en la articulación entre algunos conceptos sociológicos de Bourdieu y ciertos conceptos psicoanalíticos (negación, sublimación, inconsciente), pues postulamos que dicho análisis, en tanto nos permita profundizar en los principios de producción de las prácticas, enriquece el análisis bourdeano explicitando una de sus fuentes menos exploradas.

Palabras claves: Periodismo; Illusio; Violencia simbólica; Sublimación; Negación.

ABSTRACT

Journalism is a key player in the democratic, political, economic and cultural situation. Thus, we consider important work to explain the principles, beliefs, explicit and implicit rules that structure and define the game in every field of journalism. This paper proposes, then, inquire into the production principles of the profession of journalist in a field inside the country, analyze the social conditions of production practices and processes of incorporation of the conditions to enter and stay in this field. To do this we return to the empirical case worked in our Master's thesis but with a broader conceptual approach. In this regard, we intend to work in the joint between Bourdieu's sociological concepts and certain psychoanalytic concepts (denial, sublimation, unconscious), we postulate that this analysis because, while we in furtherance of the principles of production practices, enriches the analysis bourdeano explaining one of his sources less explored.

Keywords: Journalism; Illusion; Symbolic violence; Sublimation; Denial


 

SUMARIO

Introducción. Explorar la subjetividad. El discurso periodístico: illusio y sublimación. Los principios de producción del oficio de periodista "todo terreno". Palabras finales. Bibliografía.

****

Introducción

Comprender las posibilidades para desempeñar un oficio periodístico en un espacio social determinado implica prestar especial atención a las condiciones estructurales que orientan, en un momento dado, el campo periodístico y a las condiciones subjetivas, entendidas como incorporación pre-reflexiva de lo social. Pues las prácticas y las estrategias de los agentes están orientadas por el encuentro entre sus recorridos por el espacio social y periodístico y las estructuras objetivas del campo; o, si se prefiere, postulamos que para comprender las prácticas de los agentes del campo periodístico es necesario pensar el "ajuste inconsciente" entre las condiciones objetivas y las disposiciones de los agentes puesto que el ingreso en un campo de relaciones sociales determinado implica una serie de transacciones insensibles, de compromisos semi-conscientes y de operaciones psicológicas (identificación, transferencia, denegación, sublimación, etc.) mediante las cuales las disposiciones se transforman en disposiciones específicas (Bourdieu, 1997); disposiciones que implican una forma de incorporar las condiciones del juego, los nomos y las doxas, las formas de hacer y de no hacer.
Se trata de indagar, por un lado, en los principios de producción del oficio de periodista en un campo del interior del país; en las condiciones sociales de producción de las prácticas así como en los procesos de incorporación de las condiciones para ingresar y para permanecer en este campo. Por otro lado, se trata de una vuelta sobre el objeto de estudio abordado en nuestra tesis de Maestría1, pero con un marco conceptual más amplio, y tal vez más profundo. En efecto, coincidimos con Muel-Dreyfus (2005) cuando afirma que al proponernos poner en relación la historia objetivada y la historia incorporada, Bourdieu abre un nuevo espacio para indagar en la articulación entre la sociología y el psicoanálisis. Así, pretendemos trabajar en la articulación entre algunos conceptos sociológicos de Bourdieu y ciertos conceptos psicoanalíticos (negación, sublimación, inconsciente), pues postulamos que dicho análisis, en tanto nos permita
profundizar en los principios de producción de las prácticas, enriquece el análisis bourdeano explicitando, al mismo tiempo, una de sus fuentes menos exploradas2.

Explorar la subjetividad

Si es cierto que el psicoanálisis concentra sus esfuerzos en el sujeto, no es menos cierto que, al decir de Freud, muy rara vez se puede prescindir de las relaciones de éste con sus semejantes. En otros términos, podemos pensar con Freud que toda psicología es social en tanto en la vida anímica individual aparece integrado siempre "el otro", sea como modelo, sea como objeto, sea como adversario (Freud, 1988). Es decir, hay en Freud una preocupación por la relación entre la vida psíquica y la vida social.
También podemos pensar que lacanianamente aquello que hace al sujeto y a lo social (a lo que Lacan alude con el "Otro") tendrían una relación moebiana, en la que se pasa imperceptiblemente de una a la otra de continuo (Silvia Trevisan, comunicación personal). Esto no implica que sean una y la misma cosa, sino que se establece entre ellas una relación imborrable y determinante que se inscribe en el anudamiento entre los registros de lo Real, lo Simbólico y lo Imaginario y que se expresa en la definición según la cual el "deseo es el deseo del Otro". Además, el hecho de que Lacan (2008) considere el acceso al significante como el ingreso en el orden la Ley que regla el discurso, definido al mismo tiempo como vínculo social, da cuenta de esta relación de una sola cara entre lo social y lo subjetivo.
Por su parte, como afirma Ana Teresa Martínez (2007), ciertos conceptos bourdeanos (habitus, interés e illusuio principalmente) revelan su vínculo teórico con el psicoanálisis. Así, si Bourdieu recurrió implícitamente, para elaborar su complejo esquema conceptual, a algunas concepciones del psicoanálisis, retomó explícitamente algunos de esos conceptos para dar cuenta del mundo social. Pero, además, Bourdieu ha insistido reiteradamente en la necesidad de articulación entre la sociología y el psicoanálisis (Bourdieu, 1977, 1997, 2007); pues en cuanto a modo de explorar la subjetividad, la sociología y el psicoanálisis no deben tomarse en términos de alternativa ya que "la sociología no pretende sustituir el modo de explicación del psicoanálisis por el suyo; sólo tiene la intención de construir de otra manera algunos de los datos que aquel también toma por objeto deteniéndose en aspectos de la realidad que el psicoanálisis descarta" (Bourdieu, 2007: 447).
En efecto, no se trata, desde el punto de vista de la explicación sociológica, de indagar en la estructura psíquica individual o de explicar formaciones patológicas como la neurosis o la psicosis. Mientras que el psicoanálisis se dirige al sujeto del inconsciente, del inconsciente freudiano, el modo de explicación sociológico apunta a comprender las condiciones sociales de existencia que condicionan las prácticas sociales de los agentes sociales y, a la vez, estructuran el mundo social. La sociología bourdeana pretende establecer, para dar explicación sociológica, el vínculo ontológico entre las condiciones objetivas y las condiciones subjetivas y, en este sentido, indagar en los procesos de interiorización de lo social en tanto incorporación pre-reflexiva en el marco de una trayectoria social; en los mecanismos de defensa que permiten surcar lo insoportable del mundo social, construir(se) y representar(se) una "realidad", colaborando así, sin saberlo explícitamente, en la producción y reproducción del orden social.
A la luz de estas consideraciones, entonces, podemos abordar el vínculo entre el psicoanálisis y la sociología bourdeana prestando especial atención a una de las formas posibles en que una y otra piensan la articulación entre lo social y lo individual o lo subjetivo3. En este sentido, la historia, en tanto incorporada, constituye un problema central puesto que, como afirma de Gaujelac (2008), para comprender el peso que la historia tiene en uno mismo es necesario comprender la relación entre la historia personal y familiar sin olvidar la historia social en la que aquella se inscribe. En otras palabras, aún los primeros momentos de socialización, vale decir, las relaciones del bebé con los adultos que lo acompañan, no tienen nada de privadas en el sentido de ser a-históricas o a-culturales; por el contrario, se inscriben en la historia social de la cual ese grupo forma parte, es decir que esas primeras relaciones sociales cargan ya con todo el peso de la historia, de lo social: "La cultura en tanto algo distinto de la sociedad no existe. La cultura reside justamente en que es algo que nos tiene agarrados" (Lacan, 2008; 68) y, en este sentido, en el sujeto del inconsciente "Todo lo que hemos llamado el mundo a lo largo de la historia deja residuos superpuestos, que se acumulan sin preocuparse en absoluto por las contradicciones" (Lacan, 2010; 44).
De manera que, desde el principio, en la configuración del sujeto como tal, lo social, lo histórico y lo cultural juegan un papel preponderante. En efecto, tal como insiste Freud, la historia se actualiza constantemente en el inconsciente; pues si "el inconsciente no tiene historia" es justamente porque la historia no es un dato muerto sino, por el contrario, un proceso actuante que condiciona la forma de ser del sujeto: "en la vida psíquica nada de lo una vez formado puede desaparecer jamás; todo se conserva de alguna manera y puede volver a surgir en circunstancias favorables" (Freud, 2007: 63).
De allí que el inconsciente no pueda ser reducido a una especie de cofre (en)cerrado en lo subjetivo o a un lugar localizable en el interior de la persona; el inconsciente es transindividual: es la historia y el capítulo de la historia del sujeto marcada, inscripta pero censurada (Lacan, 2011); es laguna, es corte, es ruptura que hace surgir la falta (Lacan, 2007). Nada se pierde lo cual no significa que sea inmediatamente accesible; por el contrario hay en el sujeto del inconsciente un saber que no se sabe.
Ahora bien, conviene en este punto tomar algún recaudo sobre el término "inconsciente". Si en el psicoanálisis el inconsciente es "un concepto forjado sobre el rastro de lo que opera para constituir el sujeto" (Lacan, 2010b; 790), es decir un concepto que le permite a la teoría y la técnica psicoanalítica indagar en la estructura psíquica; no hay en la teoría bourdeana una vuelta sobre el aparato psíquico. Lo inconsciente en Bourdieu hace más bien referencia a los procesos pre-reflexivos de incorporación de lo social y a la manera en que, en relación con las condiciones objetivas, en cada caso y cada vez, lo incorporado actúa pre-reflexivamente orientando las prácticas de los agentes sociales (discursos, percepciones, pensamientos, elecciones, etc.).
En este sentido, el concepto de habitus le permite a Bourdieu escapar a la alternativa positivista entre individuo y sociedad: "Historia incorporada, naturalizada, y de ese modo olvidada en cuanto tal, el habitus es la presencia actuante de todo el pasado del cual es el producto: por lo tanto, es lo que confiere a las prácticas su independencia relativa con referencia a las determinaciones exteriores del presente inmediato" (Bourdieu; 2007b; 91-92). En otros términos, el habitus, que es producto de la historia, origina prácticas y, al originarlas, origina también historia según los esquemas previamente originados por la historia. El inconsciente es para Bourdieu la historia colectiva y la historia individual a través de la cual la primera nos ha
sido inculcada (Bourdieu, 1997); pero el inconsciente es, fundamentalmente, el olvido de la historia, es decir, el desconocimiento práctico del peso de la historia incorporada.
Así, los condicionamientos y las determinaciones ligadas a las estructuras sociales y a las condiciones de existencia de cada grupo social, se incorporan al cuerpo de los agentes sociales y funcionan como principios generadores y organizadores de prácticas. En tanto "sistema de disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes" (Bourdieu, 2007b; 86), el habitus gobierna las prácticas; permite generar prácticas en "total" libertad, pero en una libertad determinada por las disposiciones adquiridas, por los condicionantes incorporados, por la historia hecha cuerpo y olvidada como historia.
En efecto, lo social, o la sociedad, existe para Bourdieu de doble manera: en los cuerpos y en las cosas: pues el fundamento ontológico de toda práctica social reside "en la relación entre dos estados de lo social, es decir, entre la historia objetivada en las cosas, en forma de instituciones, y la historia encarnada en los cuerpos, en forma de esas disposiciones duraderas que yo llamo habitus. El cuerpo está en lo social, pero el mundo social está en el cuerpo" (Bourdieu, 1990; 70). El habitus, entonces, no es ni una especie de invariante universal ni un destino (Bourdieu, 1997); tampoco el mero reflejo de las estructuras sociales (Bourdieu, 2007): los principios de producción de las prácticas del habitus, en tanto esquemas de percepción, de pensamiento y de acción incorporados, no operan por sí mismos sino que se explican en relación con las condiciones objetivas del espacio social. Es decir, hay entre el habitus y el espacio social una relación de solicitación mutua.
Ahora bien, si podemos establecer una relación a los fines de explicar los procesos sociales entre los aportes de la teoría psicoanalítica y de la sociología, ello no puede realizarse sino sobre la base de un trabajo empírico. Pues en definitiva, el valor de los conceptos "reside en el encuentro y confrontación con el mundo social" (Lahire, 2006; 64), en la capacidad para explicar ese mundo.

El discurso periodístico: illusio y sublimación

El ingreso en el mundo social implica un verdadero proceso de investidura en el sentido de investirse de ese mundo, de hacerlo cuerpo, de incorporarlo incorporando, al mismo tiempo, el conjunto de creencias constitutivas de cada microcosmos social. En otras palabras, este proceso constituye el ingreso en el mundo de las relaciones sociales:
"La sociología y el psicoanálisis tendrían que unir sus esfuerzos (...) para analizar la génesis de la investidura en un campo de relaciones sociales; así constituido en objeto de interés y de preocupación, en el cual el niño se encuentra de más en más implicado y que constituye el paradigma y también el principio de la investidura en el juego social. ¿Cómo se opera el pasaje, que describe Freud, de una organización narcisística de la libido, en la cual el niño se toma a sí mismo (o a su propio cuerpo) como objeto de deseo, a otro estado en el cual él se orienta hacia otra persona, accediendo así al mundo de las "relaciones de objeto", bajo la forma del microcosmos social originario?"4 (Bourdieu, 1997; 239)
Así, si el espacio doméstico y familiar puede ser tomado como el microcosmos social originario que es para el recién llegado el primer espacio de investidura de lo social; el ingreso en cada microcosmos social, en cada campo en el marco de una trayectoria en el espacio social supondría, para Bourdieu, un nuevo proceso de investidura. De esta forma, el ingreso en un campo implica adquirir pre-reflexivamente los principios y el nomos que rigen los modos de
funcionamiento, que son modos de ser, en ese espacio social; cada campo produce una forma específica de "interés" entendido no desde una perspectiva economicista (es decir, como cálculo estratégico) sino como una verdadera inversión en el sentido de invertirse uno mismo en los asuntos en juego (de allí que este interés específico que suscita el campo pueda ser percibido como libido específica)
En efecto, el ingreso en un campo supone la inmersión de los agentes en la lógica específica del campo, pero dicha inmersión implica, al mismo tiempo, la ignorancia de las condiciones que lo hace ser como es, funcionar como funciona. Cada campo produce una forma específica de illusio que adquiere la forma de "un reconocimiento tácito del valor de los asuntos en juego y el dominio práctico de sus reglas" (Bourdieu, 2005b; 175); se trata de una inversión entendida como "propensión a actuar que nace de la relación entre un campo y un sistema de disposiciones ajustado al juego que propone, un sentido del juego y de lo que está en juego que implica al mismo tiempo una inclinación y una capacidad de jugar el juego" (Bourdieu, 2005b; 177). La illusio, como creencia en el juego y de ahí como inclinación a jugarlo, no es como una tesis formulada sino del orden de la acción y de la rutina, de las cosas que uno hace porque se hacen así y siempre se hicieron así (Bourdieu, 1997).
De esta forma, el campo periodístico implica una "fe práctica" en la neutralidad y la objetividad del discurso periodístico. Pues la eficacia de estos discursos se sostiene en la creencia colectiva, tanto de los jugadores como de los profanos, en que aquello que se dice, que se escucha y que se escribe, sobre todo las informaciones y las noticias, no están condicionadas ni atravesadas por otra cosa que no sea la realidad. Para funcionar, el periodismo, como campo, necesita de esa creencia a la cual contribuye a generar e, incluso, de la creencia de que hay algo unívoco a suponer y nombrar llamado realidad. En este sentido, "son en buena medida las creencias socialmente construidas las que hacen presente en los agentes toda la historia del campo en cuestión y constituyen la mediación entre un estado dado de relaciones, producto de unas posiciones en un momento particular, y las tomas de posición, es decir, los discursos y las prácticas, de esos agentes en ese mismo momento" (Martínez, 2009; 11). Tal vez por ello sea lícito preguntarnos si el discurso periodístico no tiende a producir, al igual que el discurso del campo jurídico5, un efecto de neutralización (mediante una serie de estrategias como ser el posicionamiento distante de los hechos, el periodista se ubica en la posición de un simple presentador o narrador que presenta o narra lo que efectivamente sucede) y un efecto de universalización (complementario con el anterior, este efecto construye un sujeto universal, objetivo e imparcial que, en tanto narrador de la realidad y mediador entre lo que sucede y el público, no persigue otro fin que el de comunicar desinteresadamente lo que cualquiera comunicaría en su posición).
La illusio, entonces, como producto de la inversión en el juego requiere un desconocimiento, por un lado, de la arbitrariedad de su constitución como creencia constitutiva del campo y, por otro lado, del hecho de que se reproduce en la práctica. Ahora bien, si estas creencias tienen un fuerte poder organizativo de las formas de funcionamiento del campo es porque encubren un núcleo insoportable; pero ese encubrimiento es un desconocimiento no en el sentido de no conocer, sino en el sentido de reprimir. En otras palabras, postulamos que el desconocimiento que implica la illusio se da mediante una operación de negación que "conlleva al mismo tiempo una suspensión y un mantenimiento de la represión" (Schejtman, 2001; 153). En efecto, para que algo pueda ser negado es preciso que primero haya sido afirmado; de allí que una representación o un pensamiento reprimido "puede irrumpir en la conciencia a condición de que se deje negar. La negación es un modo de tomar noticia de lo reprimido (...) aunque no una aceptación de lo reprimido" (Freud, 1993: 253). En este sentido, si la illusio funciona como
concepto explicativo es justamente porque nos permite acceder al nivel en el que los agentes, aun siendo depositarios de un saber sobre las condiciones del mundo social (o justamente por tener ese saber), pueden negarlo.
Ahora bien, "la illusio está determinada desde adentro a partir de las pulsiones que incitan a investirse en el objeto; pero también está desde afuera, a partir de un universo particular de objetos socialmente ofrecidos a la investidura" (Bourdieu, 2007; 447). Así, este proceso de investidura, esta inversión en el interés específico, esta creencia constitutiva, se produciría merced a la sublimación de las pulsiones. En este sentido, la sublimación, como destino de pulsión (Freud, 1984), actúa como "una forma particular de desvío en la que por una vía en apariencia contraria al goce es donde el goce es alcanzado" (Karothy, 1989; 86); es decir, hay una satisfacción en el cambio de objeto que no se produce, sin embargo, sin renovar la pérdida.
En efecto, para indagar en lo que aquí nos interesa, conviene recordar la definición de Lacan según la cual la sublimación es "la elevación del objeto a la dignidad de la Cosa"; en otros términos, se trata de un mecanismo de defensa mediante el cual el sujeto reemplaza en el inconsciente el objeto primordial, el objeto perdido (das Ding) por un objeto valorado que provoca cierta satisfacción sustitutiva, como ficción, en el sentido de que encubre el vacio provocado por el objeto perdido. De esta forma, puesto que a nivel de la sublimación el objeto es inseparable de las elaboraciones culturales, adquieren toda su importancia los objetos socialmente valorados. Así, si el mecanismo de la sublimación está vinculado con una formación imaginaria que le permite al sujeto engañarse sobre el objeto perdido, este mecanismo está vinculado también con la sanción que la sociedad da a estos objetos: la sublimación es inseparable del reconocimiento social (Lacan 2011b).
Es en este punto donde podemos volver sobre lo que hemos postulado como creencia constitutiva del campo periodístico: la creencia práctica, la fe práctica, pre-reflexiva en la neutralidad y objetividad del discurso periodístico. Los periodistas, como agentes metidos de lleno en el juego, estarían impulsados a rechazar en el inconsciente e inconscientemente objetos"imposibles" (por ejemplo, el reconocimiento explícito de las condiciones sociales y subjetivas que condicionan la producción y la circulación de los discursos periodísticos) y a reemplazarlos por objetos socialmente valorados (por ejemplo, la percepción del periodista como mediador entre la "gente" y los funcionarios, como fiscales y garantes de la democracia, como relatores de la realidad). En este sentido, el campo propone un conjunto de satisfacciones reguladas, desde adentro pero también desde el espacio social, a través de las cuales "impone un régimen particular al deseo, convertido así en illusio específica" (Bourdieu, 2007; 447).
Efectivamente, el campo exige la adquisición de esta creencia práctica que da sentido al juego periodístico; pues es en la correspondencia entre las exigencias del campo y los ideales del sujeto que se produciría, mediante un intenso e imperceptible proceso de sublimación de las pulsiones, la incorporación de la illusio periodística. Ahora bien, lo que postulamos es que esta creencia funciona en estado práctico, pre-reflexivamente. En otras palabras, no es que los agentes del periodismo no sepan que sus discursos no son neutros y objetivos en el sentido de que existen condiciones objetivas (las posibilidades de conseguir financiamiento, por ejemplo) y subjetivas (concepciones propias sobre los temas tratados) que los orientan; sino que en la práctica actúan como si no lo supieran porque creen en lo que juegan (ya que lo han incorporado) y en las condiciones para jugarlo (aunque no las puedan explicitar): "El periodista se cree lo de la objetividad y es así porque el periodista es un vendedor de su información, que es su producto. Ahí va su sustento, su credibilidad y para eso él también se lo tiene que creer aunque siempre haya intereses por encima de los propios, más grandes, más pesados" (periodista entrevistado).
De manera que los agentes del periodismo incorporan en su trayectoria la creencia en la neutralidad y la objetividad del discurso periodístico como una especie de saber no sabido. Efectivamente, el periodista no actúa permanentemente a la luz de esta creencia sino que esta creencia actúa como sin ser vista por el mismo hecho de que, en la práctica, por fuera de toda actitud crítica y desnaturalizadora, ha sido naturalizada. En otros términos, no es, como hemos dicho, que los periodistas no sepan que su discurso como periodistas no es neutro y objetivo, sino que para poder funcionar como periodistas y cumplir con la función social que el campo y la sociedad les otorga, en base a esa misma creencia, niegan ese saber.
Pero esta creencia, al mismo tiempo, sólo puede funcionar en tanto funcione también para los destinatarios del discurso periodístico: la clientela. Es decir, mientras el público encuentre en el discurso periodístico la ocasión de negar las condiciones sociales que condicionan ese discurso. En otras palabras, es necesario que la clientela otorgue al periodismo la función social que el periodismo se otorga y que encuentre en ello una vía sustitutiva de satisfacción: es decir, un camino por el cual otorgarle al discurso periodístico lo que a ese discurso se le demanda socialmente.
Ahora bien, si tanto desde adentro como desde afuera el periodismo se sustenta en la creencia en la neutralidad y objetividad de su discurso, resta aun preguntarnos por las condiciones objetivas que en un campo determinado, espacial y temporalmente delimitado, condicionan los principios de producción del oficio de periodista. En este sentido, tomamos como ejemplo ilustrativo para explicar cómo funciona la producción de esta creencia, el caso de los periodistas "todo terreno", inmensa mayoría entre los periodistas del campo. ¿Por qué la mayoría de los periodistas del campo se ven inducidos a declinar la pretensión de especialidad? ¿Cómo se da el proceso de aceptación de esa declinación?

Los principios de producción del oficio de periodista "todo terreno"

Es imposible intentar comprender las posibilidades para desempeñar un oficio periodístico en el campo en cuestión sin prestar especial atención a las condiciones estructurales que lo prescriben6. Pues las prácticas y las estrategias de los agentes están orientadas por el encuentro entre sus trayectorias en el espacio social y mediático y las estructuras objetivas del campo. De manera que al ser el campo un espacio social relativamente pequeño en comparación con los campos radiofónicos centrales, signado no tanto por la existencia de pocas emisoras como por el hecho de que son pocos los espacios reservados a la producción de contenidos locales, los "buenos" puestos propiamente periodísticos en la radio escasean. Las urgencias publicitarias, en tanto la pauta es el sustento económico de las emisoras y de las producciones "independientes", obligan a adecuar la producción y la programación a las posibilidades reales de conseguir financiamiento en el reducido mercado de la publicidad (política y comercial).
De esta forma, las condiciones sociales del trabajo radiofónico en este campo (escasos puestos que permitan, en cuanto a salario, vivir del oficio, preponderancia del régimen de monotributo, etc.) conducen a los agentes a una competencia intensa por la apropiación de los pocos espacios redituables económica y simbólicamente. De esta forma, para comprender lo que hacen los agentes y por qué lo hacen es necesario prestar atención al estado de la oferta y la demanda. En este sentido, la estructura del campo está dada de tal manera que desalienta la especialización de los periodistas quienes se convierten, en cierto sentido, en agentes "todo terreno". En otros términos, estar en disposición de cubrir la mayor cantidad posible de aspectos y temáticas, es decir, de no encasillarse ni ser encasillado como periodista político (de espectáculos, de
deportes, etc.) es una de las estrategias habituales que buscan garantizar la supervivencia periodística en la radio. Pero tampoco el campo permite demasiada especialización periodística, pues contar con periodistas "todo terreno" es, desde el punto de vista económico, una inversión más segura. Así, salvo casos específicos generalmente vinculados a un prestigio ya construido por los agentes en cuestión, las emisoras tienden a contratar periodistas que puedan cubrir todo el terreno de la información y los periodistas, por miedo a no conseguir trabajo periodístico, tienden a declinar la especialización
Pero esta declinación implica una pérdida. Pues al estar obligados por cuestiones estructurales a desempeñarse como "todo terreno", los periodistas pierden especificidad y se ven obligados a, como suele decirse, "hablar de todo un poco". De manera que el temor recurrente en los relatos de los periodistas entrevistados aparece asociado a la pérdida de profundidad en el abordaje de la información y a la insoportable tarea de saber de todo un poco sin saber de nada lo suficiente. De allí que los periodistas asocien esta imposibilidad estructural al hecho de estar siempre próximos a dejar de ser periodistas para pasar a ser voceros de la doxa; es decir, el temor de perder la neutralidad y la objetividad que el oficio (y ellos mismos) se demandan.
Ahora bien, la condición de "todo terreno" genera un efecto de abertura que tiene bases estructurales y que, en las prácticas, reproduce las estructuras que lo ocasionan. En las construcciones edilicias las aberturas son estructura que sostienen y dan forma pero que también determinan, por así decir, el espacio de la visión y de la circulación: por ejemplo, la forma y la ubicación de las ventanas condiciona no sólo lo que se puede ver sino desde donde se lo puede ver. Pues bien, el efecto de abertura, producido por las cuestiones estructurales y reproductor de esas cuestiones, tiende a condicionar las miradas de los agentes sobre el campo ("es mejor poder cubrir todo que un solo tema") y a orientarlos a una práctica que se ajuste a esas condiciones. De manera que el hecho de ser un "todo terreno" en lugar de ser un especialista se impone a los agentes como una especie de garantía para una trayectoria periodística en la radio con más puertas abiertas; es decir, los agentes que han adquirido el sentido práctico del juego de la radio y que, por tanto, reconocen inconscientemente en las estructuras del juego las mejores y las peores condiciones para jugarlo, se ven impulsados, para mejorar sus perspectivas y expectativas, a hacer lo que hay que hacer. Pero, al mismo tiempo, mientras los agentes hacen lo que hay que hacer, reproducen las condiciones que los obligan (y que obligarán a los que vienen detrás) a funcionar de esa manera. Por ello, este efecto de abertura, que tiende a reproducir el orden de las cosas radiofónicas, es un ejemplo de la violencia simbólica; o, en otras palabras, el efecto propio del efecto de abertura es pura violencia simbólica.
Efectivamente, la violencia simbólica es para Bourdieu la capacidad de "hacer ver y hacer creer" que implica, para su funcionamiento, el desconocimiento tanto de parte de aquel que la ejerce y no "la percibe como tal" como, por otro lado, del que la recibe y, al no reconocerla"como tal", actúa complacientemente. De manera que son los dominantes del campo (emisoras, periodistas, productores, etc.) quienes, más por un efecto práctico que por una acción consciente, imponen las formas de la dominación de la cual el efecto de abertura es, al mismo tiempo, condición y resultado. Los dominados "admiten", al punto de naturalizar, las condiciones impuestas por y para el ejercicio del oficio; pero esta imposición no es consecuencia ni de la aceptación ni de la coerción o de la coacción. Al contrario, su eficacia radica en que esta violencia simbólica se hace cuerpo en los esquemas y principios depercepción, de pensamiento y de acción incorporados en el proceso de incorporación del sentido práctico del juego periodístico en la radio.
En efecto, la violencia simbólica se sustenta en el desconocimiento de las relaciones de fuerza que se encuentran en su origen, es decir, en la denegación de lo social. La base de su fuerza, de su poder para imponer, justificar y legitimar un orden de cosas radica en el hecho de que la
dominación se impone "perdurablemente en la medida que llega a obtener el reconocimiento, que es nada más que el desconocimiento de la arbitrariedad de su principio" (Bourdieu, 1997; 150)7. Su fuerza radica en que lo desconocido actúa en tanto reprimido y su poder es tanto mayor puesto que permanece oculto a la mirada espontánea.
Así, puesto que "los dominados aplican a las relaciones de dominación unas categorías construidas desde el punto de vista de los dominadores, haciéndolas aparecer de ese modo como naturales (...) la violencia simbólica se instituye a través de la adhesión que el dominado se siente obligado a conceder al dominador" (Bourdieu, 2007c; 50-51). Se comprende, de esta forma, que el efecto de abertura, en tanto "hace ver y hace creer" en las bondades de un oficio periodístico y radiofónico amplio no cercenado por los encasillamientos de la especialización, es un efecto doblemente impuesto: por un lado, por las condiciones estructurales del campo y, por otro, por las prácticas de los dominantes, es decir de los que cuentan con mayores posibilidades de determinar los principios de inclusión/exclusión en este campo. Precisamente, la "distinción" de la posición de especialista persiste en la medida de su escasez y, por lo tanto, esas posiciones sólo perdurarán en tanto la especialización no se generalice.
De manera que, como dijimos, no es que no existan en el campo espacios para los periodistas especializados, sino que esos espacios son reducidos. Pero el hecho fundamental reside en que los periodistas "todo terreno", para las emisoras, son fácilmente intercambiables en dos sentidos; intercambiables dentro de las funciones a cubrir en la misma emisora, es decir un día tal cosa y otro día tal otra; e intercambiables por otros periodistas de los que esperan su oportunidad en el "ejército de reserva": pues si los periodistas que, en las luchas anteriores, se han ganado un lugar como especialistas en determinado tema son difíciles de reemplazar, puesto que el campo y los periodistas especializados desalientan la especialización de los agentes y, por lo tanto, no hay especialistas a disposición, los "todo terreno" no son sólo más fácilmente reemplazables sino que, además, su reemplazo es menos traumático para la emisora.
Ciertamente, los periodistas "todo terreno", que ven su práctica reducida a las urgencias de lo cotidiano, perciben su situación como una situación de clara desventaja en comparación con los periodistas especializados no sólo por el tipo de trabajo que deben realizar sino porque los"otros" tienen muchas más probabilidades de laurearse con lo que hacen. Es decir, el oficio de periodista "todo terreno", inmensa mayoría entre los periodistas del campo, es un oficio raso, de primera instancia; se trata de una posición dominada puesto que, por ejemplo, los periodistas"todo terreno", aun cuando son los encargados de llevar adelante el día a día de las noticias y de las transmisiones, encuentran más obstáculos para acceder a un capital de reconocimiento y credibilidad presto a introducirlos en el selecto grupo de los "periodistas serios", neutros y objetivos.
En efecto, si la neutralidad y la objetividad se presentan como reglas necesarias para sostener el mundo imaginario que la illusio periodística requiere, es porque encubren otras reglas implícitas que son las que operan y habilitan la distinción y la diferenciación de posiciones. Es aquí donde, finalmente, se muestra toda la fuerza de la violencia simbólica; pues el resultado práctico de esa violencia es el de producir la aceptación de un estado de situación que no es aceptado, sin embargo, sino mediante un verdadero proceso de denegación. Lo que se niega en la práctica, mediante una operación inconsciente, es un saber traumático, un saber que no se quiere saber, un saber que es preciso olvidar: el saber sobre las condiciones sociales que orientan, en cada caso y cada vez, los principios de producción del oficio de periodista tanto como la práctica periodística.
Es, entonces, en la relación entre el desconocimiento práctico de las condiciones estructurales que orientan las posibilidades para desempeñar el oficio y la producción de la illusio, que opera la violencia simbólica ocultando la serie de relaciones sociales que de ser explícitas supondrían la suspensión del entramado de creencias que, para sostenerlo, le da sentido y le otorga valor social al juego del periodismo. En este sentido, la eficacia de la violencia simbólica reside en que logra ocultar el conjunto de relaciones que no se legitiman sino por su efecto y que, al operar como el paradigma de "La carta robada" desarrollado por Lacan (2011c), garantiza que los efectos que produce, "aun en sufrimiento", siempre lleguen a destino (es decir, a los agentes que son sus destinatarios tanto como sus reproductores). En efecto, si los periodistas, como agentes metidos de lleno en lo que hacen y sumergidos en las formas legítimas de hacerlo, no pueden percibir críticamente, es decir mediante una distancia objetivadora, las condiciones que tienen para hacerlo como lo hacen es porque el oficio implica, en la práctica, una dificultad para percibir y articular las condiciones del oficio y el juego de relaciones que lo prescribe.
Ahora bien, que los efectos de la violencia simbólica siempre lleguen a destino no supone que el enmascaramiento de esa violencia sea absoluto. Por el contrario, siempre queda un resto, un plus, un agujero que constituye el lugar donde, como dice Bourdieu (1982), el conocimiento puede enfrentarse a los fundamentos de la violencia simbólica, es decir a todos aquellos mecanismos que sólo se sostienen mediante el desconocimiento y la negación.

Palabras finales

Si la ciencia social tiene un costado que podríamos denominar clínico, este se vincula con la capacidad para comprender y explicar los modos de funcionamiento del mundo social y, en este sentido, toda la serie de mecanismos mediante los cuales los agentes sociales no sólo incorporan ese mundo sino que, además, lo vuelven soportable, vivible. Consideramos que el modo de abordaje propuesto, si bien no es el único posible, constituye una forma fecunda de "abordar lo social por lo social mismo", de comprender las causas y las razones de las prácticas que, en nuestro caso, dan sentido al oficio periodístico y que constituyen un factor fundamental en la lucha social.
En efecto, si los medios de comunicación constituyen un factor fundamental en la lucha social es porque cuentan con un formidable poder de imposición simbólica mediante el cual, a fuerza de discursos y reiteración de esos discursos, que son puntos de vista como los demás pero con la ventaja de un alcance, producto de la mediación tecnológica, no sólo más amplia sino, además, más efectiva, el discurso mediático y periodístico cuenta con mayores posibilidades de imponer representaciones y miradas, de garantizar u obstaculizar el surgimiento mediático de los acontecimientos, de los sucesos, de los fenómenos sociales. Problemática que, sin duda, adquiere todo su valor al poner en cuestión el hecho de que, en la actualidad, todo funciona como si el único acceso a ser visto y oído estuviera dado por la aparición (de la persona o del suceso) en la pantalla de televisión, en las paginas de los diarios o en los discursos de las radios.
Pero no ha sido nuestra intención establecer una crítica negativa. Por el contrario, es porque reconocemos que el periodismo constituye un agente fundamental en el juego democrático, político, económico y cultural actual, que consideramos fundamental trabajar en explicitar los principios, las posiciones, las creencias, las reglas explícitas e implícitas que estructuran y definen el juego del periodismo en cada campo.
Finalmente, es con ese objetivo, como enunciamos en la Introducción, que hemos vuelto sobre el objeto de estudio abordado en nuestra Tesis de Maestría pero con un enfoque conceptual, y por ende explicativo, más amplio. En este sentido, entendemos que el vínculo entre las dos corrientes teóricas que aquí ensayamos y que habrá que profundizar aporta, por lo menos, en cuatro direcciones. Por un lado, puesto que lo subjetivo no puede pensarse por fuera de lo
social, de lo histórico y de lo cultural, esta relación explicativa nos permite profundizar en el vínculo fundante entre lo social y lo subjetivo y, desde allí, preguntarnos por todas esas marcas y huellas que quedan inscriptas en el sujeto y que, indefectiblemente, encontraran la ocasión propicia para manifestarse.
En relación con lo anterior, este vínculo explicativo nos permite profundizar en los mecanismos de incorporación de lo social tanto como en los mecanismos de defensa que operan inconscientemente, sin los cuales la vida social no sería posible. Así, consideramos que la illusio tal vez se comprenda mejor a la luz de los procesos de sublimación necesarios para incorporarla o que la noción de violencia simbólica toma toda su fuerza explicativa si la pensamos en relación con la negación, como mecanismo de defensa, que ella implica. Es decir, esta relación conceptual nos permite entender un poco mejor como funciona el mundo social desde la perspectiva que aquí asumimos.
En ese sentido, una tercera dirección tiene que ver con pensar desde otro lugar el modo de explicación sociológico propuesto por Bourdieu y, por lo tanto, la filosofía social que se encuentra en el origen de su modo de comprender el mundo social. En otros términos, consideramos que los aportes del psicoanálisis son fructíferos para profundizar en la relación ontológica entre, como dice reiteradamente Bourdieu, los "dos estados de lo social".
Por último, así como hemos intentado aquí aplicar este vínculo explicativo a los principios de producción del oficio periodístico, resta preguntarnos por el oficio de cientista social y aplicar esta concepción y este vínculo al sujeto de la ciencia y su creencia en la ciencia. Efectivamente, la cuarta dirección anunciada asume el estatuto de una deuda, es decir, de una necesidad: indagar con esta perspectiva en los principios de producción del oficio de cientista social.

Notas

* Agradezco a la Dra. Ana Teresa Martínez, a la Dra. Belén Álvaro, a la Lic. Ana García y a la Lic. Silvia Trevisan por sus aportes y reflexiones sobre este trabajo.

1 "Posiciones, estrategias y prácticas en el campo radiofónico. Un estudio de caso". Universidad Nacional de Quilmes.

2 En nuestro Plan Doctoral, titulado "El juego periodístico y la construcción de realidad. Estructuras, posiciones y discursos sobre el mundo social", pretendemos Indagar relacionalmente en la dimensión objetiva que estructura el campo periodístico de General Roca, entre 2005 y 2010, y en la dimensión subjetiva de los agentes directamente involucrados, para comprender las condiciones sociales que orientan la producción social de los discursos periodísticos. En este cometido, parte sustancial de nuestro enfoque conceptual se basa, para indagar en la primer dimensión, en la articulación entre la sociología bourdeana y la Economía Política de la Comunicación y, para trabajar en la segunda, entre esa sociología y el psicoanálisis.  

3 Puesto que no es el objeto central de este trabajo, presentamos aquí una primera aproximación a esta problemática que luego, en trabajos posteriores, profundizaremos.

4 La traducción es nuestra.

5 Para ampliar, ver la obra de Bourdieu, La fuerza del derecho publicado en español en el 2000 por Siglo del Hombre Ediciones.

6 Si bien en la tesis se trabaja con un campo empírico específico, por tratarse de un espacio de interconocimiento reducido, tanto el nombre de la ciudad como los nombres de las emisoras y de las personas han sido alterados de manera de no arriesgar la identidad de los informantes.

7 La traducción es nuestra.

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Recibido: 9.08.12
Revisión editorial: 21.11.12
Aprobado definitivamente: 11.02.13