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Olivar

versión On-line ISSN 1852-4478

Olivar v.8 n.10 La Plata jul./dic. 2007

 

TEMAS Y TÓPICOS

La tierra y su relación con el botín en el Cantar de Mio Cid

Lidia Amor

Universidad de Buenos Aires

Resumen
El análisis de la tierra como eje específico del botín y su relación con los alimentos, demuestra que el narrador no sólo los utilizó para demarcar la oposición entre las circunstancias del destierro del Cid y su brillante carrera en tierras de moros, sino que son también una línea temática vital para expresar este derrotero triunfal del castellano.

Palabras clave: Cantar de Mio Cid; Botín; Tierra; Heredad.

Abstract
This article analyzes the importance of land as part of the booty obtained by the Campeador during his campaigns in Moorish territories. Furthermore, land, and nourishment as its counterpart, not only differentiate Rodrigo's initial situation from its final success as "señor de frontera," but they also represent thematic components within the booty, in order to understand the opposition between estate ("heredad") and the place where the army can rest.

Keywords: Cantar de Mio Cid; Booty; Land; Estate.

1. El largo camino hacia la abundancia

   El inicio conservado del Cantar de Mio Cid (vv. 3-5) es una metáfora elocuente de la desolación que enfrenta el Campeador antes de su destierro de Castilla. Versos que aluden al status noble de acuerdo con la ideología del estamento: la tierra (arrebatada por la ira regia ), la caza y la vestimenta.1 Materialidad metonímica que excluye aquello que el Cid atesorará durante sus incursiones en tierra de moros: el aver monedado.
   Devastación y pérdida de objetos tangibles y emblemáticos, pero, fundamentalmente, privación de la condición de la que el Cid gozaba ante el rey y que lo enfrentaba a la "vieja y orgullosa nobleza cortesana".2 La confiscación de tierras y la pérdida del favor real abrumarán al héroe, lo someterán a una búsqueda de la supervivencia en un medio adverso y, simultáneamente, lo distinguirán entre moros y cristianos, como lo comprueba el propio Rodrigo al final de su periplo: "moros e cristianos | ??? de mí han grant pavor;" (v. 2498). Sin embargo, y tal vez debido al temor y envidia que despierta, el Cid deberá vengar una última ofensa, de la cual surgirá victorioso apelando en juicio al derecho público.3
   La ira regia, consecuencia de la rivalidad de los malos mestureros, provoca la miseria del héroe y la manifiesta al agregar una última humillación: nadie puede hospedar ni alimentar al señor ni a sus huestes bajo pena de perder las casas, la heredad y los ojos de la cara.
   Estas imágenes, predominantes en las primeras tiradas del Cantar, se entretejen y resaltan la carencia y la soledad; impresión más notoria gracias a la misión encomendada a Martín Antolínez (quien, a su vez, deberá también renunciar a todas sus posesiones) ante Raquel y Vidas: el burgalés cumplido consigue dinero mediante un engaño4 para solventar los gastos del Cid y para que este último prevea la manutención de Ximena y sus hijas (vv. 252-259). El Campeador, pues, parte al exilio con un reducido grupo de hombres, sin heredad y sin honor y con parte del dinero que recibe de los prestamistas, para abastecerse durante las primeras incursiones en las tierras de los infieles, invadiendo, saqueando, despojando.
   Los moros, como se sabe, serán la fuente de ganancias, materiales y simbólicas: el botín permitirá el paulatino crecimiento de los haberes del Cid, su progreso en el aprecio del rey y su legitimación y ascenso en la escala social.
Los comentarios vertidos hasta aquí claramente reproducen las frecuentes observaciones de la crítica cidiana, las que Alberto Montaner (1993: 21) sintetiza de la siguiente forma: "[...] el característico énfasis puesto por el Cantar en el botín obtenido por los moros, a los que el desterrado no combate esencialmente por razones religiosas, sino para ganarse la vida".
   En esta línea se ubica Joseph Duggan (1989), quien analiza el botín como fuente de riqueza, su relación con el contexto histórico, su correspondencia con el sistema de valores imperante y su estrecha vinculación con el concepto de fama: "fame is presented as a significant source of inspiration in the Cantar, but wealth is its constant correlative" (Duggan, 1989: 26).
   De esta manera se suele relacionar la prosperidad del Cid con el botín, por un lado, y recordar su pobreza en tanto inicio crítico del derrotero heroico, por el otro. Nos encontramos frente al binomio carencia/ abundancia cuya correspondencia fue examinada como polos opuestos sin atender a los matices ni a las gradaciones. En esta línea, el artículo de José Manuel Pedrosa (1999) desarticula la oposición en función de las nociones de don y contradón, por los cuales el Cid encarna, en un primer momento, el "receptor de dones" y, en un segundo, el "donador".
   A nuestro entender, aunque la existencia del binomio permita que el narrador separe metafóricamente el conflicto inicial de la posterior adquisición de ganancias, en realidad, se establece un juego de correspondencias que explicitan una gradual progresión en el destino del Campeador.
   En este sentido, el botín se desdobla, en el Canto I, entre la ganancia de bienes muebles (oro, plata, caballos, objetos varios) y aquellos que, de acuerdo con Jaime Vicens Vives5 están en la base del sistema económico: los frutos de la tierra, cuya posesión está garantizada por la invasión de los poblados, circunstancia evidente en el Canto II con la conquista de Valencia.
   La mención del alimento como parte de los bienes obtenidos, apenas Castejón es tomada, destaca la penuria de Rodrigo; su obtención, gracias a la posesión de la tierra, es un primer indicio de la mutación del destino. Más tarde, cuando la situación económica del Cid se estabiliza, cuando ya atesora oro y plata y no debe preocuparse por la subsistencia cotidiana de sus hombres, el narrador clausura la primera etapa del periplo, concomitante con el final del Canto I. Los cantos subsiguientes no privilegiarán esta clase de descripciones y el universo de bienes adquiridos girará en torno a otros objetos, los cuales se vincularán con la recuperación del honor y su avance en la escala nobiliaria.
   Ahora bien, el aver monedado no es el único recurso, aunque a primera vista el más importante, que el narrador emplea para connotar el destino ascendente del Cid. En efecto, la riqueza -que el Cid admite cuando su situación se ha transformado por completo: "Antes fu minguado, | agora rico só / que he aver e tierra | e oro e onor." (vv. 249495)- se organiza en torno a núcleos semánticos que, simétricamente, se oponen a las primeras descripciones de escasez.
   Por consiguiente, observamos que el CMC se estructura en tres eta-pas, de acuerdo con la división en cantos: el primero nos muestra al Cid que, luego de invadir poblados moros, en particular Castejón y Alcocer, se apodera del oro, la plata, los caballos y el ganado mientras el asedio de los poblados asegura los alimentos para sus hombres; estos bienes conformarían dos ejes distintos, que podemos clasificar como "bienes muebles" y "bienes raíces". Posteriormente, en el Canto II, a estos dos ejes se suma, gracias a las descripciones, el de la heredad6, mediante la conquista de Valencia, las futuras tierras del Cid, que se distingue de la tierra usurpada durante las primeras incursiones en territorio moro. Finalmente en el Canto III, se adiciona un último bien, las "vestimentas", que simbólicamente fijan la recuperación del favor real.
   Observamos que el narrador extiende, a través de estos dos últimos ejes, la imagen de soledad de los versos 3-5 y, gracias al incremento de las descripciones consagradas a estos temas, subraya la gradual oposición entre la partida, sus primeras vivencias en el exilio y su asentamiento como señor de frontera.
La división que planteamos no significa que cada eje posee un espacio textual cerrado; por el contrario, estos se extienden por todo el Cantar aunque cada uno está más enfáticamente señalado en momentos puntuales de la narración, creando un universo significativo particular. Así, la carencia de alimentos, eje medular en el Canto I, se transformará en la abundancia de víveres y en la elaboración de grandes comidas en los cantos siguientes. En cuanto a la posesión de la tierra, como origen del patrimonio (de vital relevancia en el Canto II), esta permite que el receptor distinga entre el lugar de reposo del ejército (descrito con frecuencia en el Canto I) y el de la heredad. Finalmente, en relación con las vestimentas, su descripción articula un juego de oposiciones cuyo punto de partida se introduce cuando el Campeador hospeda, en calidad de prisionero, al conde Don Remont y culmina en las Cortes de Toledo.
   Así el pasaje de la carencia a la abundancia se da por tres vías, solidarias, como ya afirmamos:
1) el botín conformado por el aver monedado, caballos y bienes muebles. Debemos también incluir en este apartado los beneficios con secuentes de la invasión: la venta de los poblados y cautivos, y las parias.
2) la apropiación de la tierra, la cual permite la manutención de las huestes e instaura un patrimonio, por cierto básico, aparte del aver monedado.
3) la riqueza simbólica de los bienes suntuarios (la vestimenta y los objetos preciosos). En cierto sentido, son variantes del ítem 1), aunque se diferencian de aquellos por su valor específico como indicadores de nivel social. A esta categoría podemos sumar la posesión del león, en función del cual se gesta la nueva deshonra del Cid.
   Respecto de los alimentos, estos representan, en especial en el Canto II, una metáfora de la tierra y otra fuente de ingreso que, a diferencia de la recepción que recibe el Cid en Burgos, no necesitan del dinero para ser adquiridos porque se consiguen gracias a la derrota de las huestes enemigas. De este modo, los moros proporcionan la tierra que brinda lo fundamental para sobrevivir.
Las necesidades de Rodrigo, entonces, se multiplican: desde lo indispensable para subsistir hasta lo necesario para ascender socialmente y distribuir entre sus hombres (en recompensa de la lealtad manifiesta) y, finalmente, los objetos que caracterizan no sólo al rico sino también al noble.
   Creemos que a partir de la diferencia entre los "bienes raíces" (connotados mediante el alimento) y los "bienes muebles" se marca un paulatino pero constante progreso, desde los grados más elementales de conservación hasta la bonanza económica y social.
Proponemos un nuevo recorrido del CMC en el que enfocaremos algunos de los versos y pasajes en los que se explicitan los núcleos planteados en el punto (2) pues consideramos que los elementos allí reunidos colaboran con el tema de la prosperidad y brindan una dimensión complementaria al botín.
   Mediante este análisis examinaremos si el poeta está planteando un "nuevo" orden, tal como afirma Diego Catalán7 o si, en realidad, la adquisición de bienes se imbrica con los valorados por los altos estamentos, en particular la heredad.8
   Nos parece que el Cid demuestra que su condición social se adquiere y sostiene no por la herencia sino por el propio esfuerzo. Desde esta perspectiva, la composición del CMC demostraría que mediante la división del botín en diferentes núcleos (bienes muebles, bienes raíces y heredad) y su inclusión en momentos específicos de la historia, es posible caracterizar mejor la defensa que el autor hace de la figura del Cid.
   En esta línea, el Campeador defiende su posición ante el rey y los nobles castellanos y, en especial, demuestra su superioridad, como señor de frontera, pues gana su patrimonio con su lucha, y no gracias a las alianzas matrimoniales. Todo el derrotero del caudillo tiende a incluirlo nuevamente dentro del grupo del cual fue expulsado.
   La manera de adquirir la heredad abre una brecha entre el Cid y los otros nobles castellanos pues sus tierras, conquistadas en la frontera, carecen de linaje. De este modo, la heredad sin genealogía es lo que el poeta esclarece a través del destino del héroe. Allí sí observamos que en el CMC se demuestra cómo un linaje puede transformarse en magnaticio, que nace del arrojo del padre, no en un sentido sincrónico, sino en uno diacrónico que se proyecta hacia el futuro.

2. El alimento y su conexión con el lugar de reposo

   En las primeras tiradas del CMC, el narrador transmite, con gran crudeza, la angustia de Rodrigo a través de la carencia de víveres, ya que el rey ha prohibido a los lugareños su venta, interdicción insustancial por cuanto el caudillo no posee dinero para adquirirlos.9
   Sin embargo, Rodrigo logra torcer la voluntad real parcialmente y en relación con esta negativa en especial, gracias a la intervención de Martín Antolínez. En consecuencia, el narrador construye un primer núcleo semántico en torno a los alimentos que se relaciona con su compra o donación (vv. 62-65).
   Ubicados en el último peldaño de la escala de valores, de acuerdo con lo expresado por Vicens Vives (cfr. nota 5), la imposibilidad de obtener comida en las tierras del rey será una de las causas de la partida mientras marca un fuerte contraste con lo que acontecerá durante las invasiones de Castejón y Alcocer, en donde las ganancias aseguran, principalmente, el bienestar físico de las huestes.
   Si bien los versos 581 a 583 explicitan una interpretación errónea de los moros, pues se trata en realidad de un señuelo del Campeador, la necesidad de pan y agua vuelve a grabar su importancia para el éxito de la campaña, tal como luego se afirma en los versos 661 y 667-68. Finalmente, una síntesis de lo expuesto la hallamos en las palabras de Alvar Fañez (vv. 672-674) mediante las cuales se repite tanto la motivación primaria de la partida como el estado de penuria que el Cid debe revertir; reiteración que demuestra su importancia para la construcción del discurso épico.
   Estas breves menciones exteriorizan la crisis que transita el Campeador mientras exhibe, como un abanico, la total magnitud del botín que el héroe debe lograr. El narrador nos brinda un amplio panorama de las riquezas alcanzadas en tierras infieles, desde los bienes más insignificantes (si nos posicionamos en una perspectiva de bonanza) hasta aquellos que conforman el status noble (el aver monedado y los objetos preciosos)10, que no cumplen una función básica, material y tangible sino que designan simbólicamente la jerarquía.
   El Canto II se inicia con la toma de Valencia, en el que las descripciones se entrelazan con la narración de la conquista y defensa de la ciudad ante los ataques de los antiguos pobladores, ayudados, finalmente, por fuerzas musulmanes exteriores. En estas series ya se nota una embrionaria inversión de los papeles: Rodrigo y su gente serán quienes cuiden la tierra contra los nuevos invasores, acción tanto más significativa cuanto que se alude, con frecuencia, a la posesión del alimento.
   El narrador nos enseña que, no obstante la magnitud que posee el botín, tan minuciosamente descrito, este no es el centro de las preocupaciones del Cid ni tampoco despierta su compasión ante el infortunio de los moros sino que son el "pan" y el "vino" (v. 1104) los elementos unificadores de los hombres, más allá de las creencias religiosas (v. 1178). Asimismo, nuevamente se estrecha el vínculo entre el alimento y la tierra puesto que, a diferencia del canto anterior, en el que, apenas las reservas menguan por el asedio, Rodrigo opta por seguir adelante, la protección de Valencia se justifica a través de la comida. En este sentido, el v. 1615 resulta una metáfora locuaz de nuestra afirmación.

   La relevancia del tema analizado se expresa también por las correspondencias que el narrador teje entre este y los principales del CMC. En efecto, entre las estrategias discursivas utilizadas para designar la victoria "social" del héroe, el narrador describe los banquetes que el Campeador ofrece en los momentos más significativos (las Vistas del Tajo, las bodas de sus hijas, las Cortes de Toledo) de la biografía cidiana expuesta en el Cantar.
   La descripción de banquetes colabora también con la configuración de esta mutación de la fortuna. Esta relación entre estas y la materia narrada ya tiene un antecedente dentro del Cantar. En efecto, hacia el final del Canto I, la victoria de Rodrigo frente al conde Don Remont no sólo le depara la adquisición de Colada y el definitivo cierre del periplo en el exilio, sino que el cambio de posiciones (el Campeador ofrece un trato a su prisionero, mediante el cual debe aceptar su comida) se expresa también a través del alimento.11
   Ahora bien, es posible distinguir otra recurrencia del tema, que se vincula con el perdón del rey Alfonso. Las sucesivas embajadas que el Campeador envía a la corte del rey, solicitando su favor, las características de los regalos ofrecidos12 y las respuestas que el rey da con cada mensaje han sido profundamente analizados por la crítica. Sin embargo, la segunda embajada trae como corolario, entre otros, no sólo el permiso de recuperar su esposa e hijas sino que, nuevamente, los víveres también explicitan la merced de Alfonso: en flagrante oposición con el inicio del Cantar, el rey provee la comida para Ximena, sus hijas y la compañía de Minaya y exige pagar todos los gastos necesarios para su manutención mientras transitan sus tierras (v. 1356 y vv. 1536-1539).
   Mediante este recorrido hemos comprobado que el alimento posee varios significados, que el narrador exhibe en pasajes claves, que influyen en la configuración del territorio conquistado: mientras que en el Canto I se trata de un lugar para el reposo de las huestes, en el Canto II se designa el patrimonio, es decir, la heredad. En primer término, la falta de víveres al inicio del Cantar se transforma más adelante no sólo en abundancia sino que se torna más complejo puesto que ya no se trata de la comida elemental para la subsistencia sino que se alude a su variedad y refinamiento gracias al sintagma grant cozina. En segundo lugar, y quizás disimulado tras el esplendor del oro, la plata y los objetos preciosos, la comida, aunque pueda ser subestimada por su escaso valor -y tal vez por ello mismo- forma parte del botín capturado al infiel y se torna un elemento vital en las primeras invasiones, porque, por su intermedio, los desterrados podrán planear las futuras victorias. Por último, su posesión nos conduce, casi en línea recta a la heredad, posesión que colma los sueños del Campeador.

3. El alimento y su relación con el patrimonio

   Si la adquisición de alimento está representada por la conquista de la tierra, la introducción del tema de la heredad no se manifiesta hasta el Canto II; así, la tierra como patrimonio se dará únicamente a partir de la toma de Valencia. En este sentido, el narrador despliega, en el Canto I, una variedad de descripciones que no aluden al cambio de fortuna de manera inmediata, sino que las imágenes de desamparo y privación son más frecuentes y sólo se ordenan en la segunda parte.
   Al principio del CMC, la prohibición de Alfonso también decretaba que nadie hospedara al Cid, como expresa el parlamento de la pequeña de nueve años (vv. 40-46). Pero, una vez más, no es solamente el discurso del narrador y el de los personajes el que construye este universo de angustia sino que las descripciones, relacionadas entre sí mediante simetrías y oposiciones, colaboran con este mundo de aislamiento.
   En efecto, las puertas abiertas del comienzo, "sugiere [n] el abandono e incluso la ruina, sobre todo al mostrar un interior vacío, desolado [...]" se transforman en una puerta cerrada mientras conserva la metáfora de la expulsión; la imposibilidad de todo contacto hospitalario, de cobijarse, se corresponde con el único lugar donde el Campeador puede descansar antes de partir: la glera, metonimia de la tierra estéril e improductiva pero que al menos asegura el agua para no morir de sed. Aún más, si los sentidos de glera no fueran suficientes, el narrador compara su espacio "commo si fuesse en montaña" (v. 61) De este modo, no sólo se profundizan los sentidos que se abren a partir del destierro sino que brindan la certeza de una perpetua movilidad del caudillo y su gente.
   Esta constelación de sentidos se modifica en cuanto Alcocer cae bajo el poder del Campeador. Aquí, el espacio natural ya es suplantado por el ámbito de la civilización, en particular, el castillo. Aunque un primer indicio de adelanto se puede inferir de esta transformación, su descripción anticipa su atributo de transitoriedad debido a la falta de agua (vv. 525-526), la imposibilidad de albergar toda la compañía del Cid, la peligrosidad (v. 838) pero, principalmente la "dureza"13, circunstancia que se alude, tangencialmente, por el vocablo "pan".
   Ahora bien, las carencias del terreno no implican que el caudillo lo abandone sin más sino que o lo vende o lo mantiene en parias, con lo cual se transforman en otra faceta del aver monedado y, en consecuencia, un subsidiario del botín. No obstante, creemos necesario aclarar que, aunque la tierra reporte una ganancia, se trata de un beneficio adicional o tangencial que no conserva el valor simbólico que tiene la heredad. Esta idea se sustenta en el discurso del protagonista, tal como veremos a continuación.
   Los vv. 947-949 muestran cuál es la motivación real de Rodrigo para seguir su camino y marcan claramente la distinción entre el lugar de reposo de las huestes y el del patrimonio. En efecto, el Campeador aduce que es necesario continuar porque, de lo contrario, disminuirán sus riquezas; razonamiento que también puede aplicarse cuando se instalen en Valencia. Pero las características del terreno, en evidente oposición a las de la ciudad, ilustran las diferencias; más aún, los versos aludidos también explicitan el proyecto y la ambición del Cid: en Valencia logrará el solar, la tierra y las villas, obtenidas por el esfuerzo propio y que en el futuro serán entregadas "en heredad" a sus descendientes.
   Como anticipamos, el patrimonio inmueble permite distinguir entre Rodrigo y los señores castellanos vinculados a la corte de Alfonso. En este sentido, el narrador establece una lúcida división entre un lugar que sólo connota la tregua y que merece ser estratégicamente elegido para que los hombres no se extenúen y otro que explicita la residencia definitiva donde afincar las raíces del linaje.
   Desde esta óptica, el discurso del Cid en los vv. 1245-1254 se torna revelador mientras, como explica Montaner, exhibe las costumbres del período respecto de la colonización de tierras moras.
   Si el alimento va in crescendo y circula, con variantes, por todo el CMC, la tierra también supone un lento progreso desde la confiscación hasta la apropiación; narrativamente su inclusión se estructura a partir de la gradual oposición entre el lugar de la tregua y el de la residencia, principal constituyente del botín alcanzado, pues permite que el Cid recupere la posición que había perdido dentro de su estamento.

   El valor de la tierra tomada y el continuo esfuerzo que demanda su preservación se mezclan, en el Canto II, con la definitiva reconciliación del Cid y el rey Alfonso, cuya síntesis se expresa ejemplarmente en la serie 87. A diferencia de lo que el Cid manifiesta en el canto anterior, el espacio conquistado no será abandonado salvo que se presenten circunstancias muy especiales, como efectivamente sucede con las Vistas del Tajo y las Cortes de Toledo.
   En resumen, el alimento como metáfora del espacio tomado y la tierra, lugar del reposo o heredad, logran explicar la transformación radical de Rodrigo de exiliado a señor de frontera; sin embargo el nuevo hombre que se delinea a partir del Canto II deberá exhibir su nueva condición para demostrar la real dimensión de su metamorfosis. En efecto, es necesario parecer un gran señor, posibilidad que dramáticamente exteriorizará el cambio de vestimentas que se observa en el último canto. En este sentido, la indumentaria representaría una derivación de la adquisición del botín por cuanto su propiedad implica que Rodrigo está en una categoría superior y, al mismo tiempo, es el vehículo de una gestualidad simbólica dirigida a los señores castellanos.

4. Conclusión

   El análisis de la tierra como eje específico del botín y su relación con los alimentos demuestra que el narrador no sólo los utilizó para demarcar la oposición entre las circunstancias del destierro del Cid y su brillante carrera en tierras de moros, sino que son también una línea temática vital para expresar este derrotero triunfal del castellano. Asimismo, su inclusión indica que el gradual progreso del Cid en el aspecto material y económico converge en la vestimenta, bien caracterizado especialmente por su valor simbólico y gestual.
   Ahora bien, la tierra, en particular, inscribe una ambivalente relación de Rodrigo con su estamento: si el aver monedado puede connotar aquello que lo distingue de sus pares, el esfuerzo por conseguirlo y el empleo que se hace de él en pos de reproducir las prácticas sociales de la vieja nobleza demuestran que el Cid ha encontrado formas alternativas, tal vez novedosas para sus congéneres, que le permiten tanto introducirse como sobresalir entre ellos, como nos lo recuerda el final del Cantar: "Oy los reyes d'España | sos parientes son," (v. 3724).

Notas

1. A estos comentarios puede sumarse la siguiente afirmación: "La visión de las puertas abiertas sugiere el abandono e incluso la ruina, sobre todo al mostrar un interior vacío, desolado, en el que la ausencia de las ricas vestiduras y de las preciadas aves de cetrería marca la diferencia con un pasado inmediato de abundancia y buena fortuna (Hook, 1979: 490-496). Sin embargo, hay que matizar que el despojo afecta a la casa solariega, no al Cid, que probablemente lleva consigo ropas y rapaces (Morros, 1988:70-71 y 1992: 530). La casa familiar queda vacía porque es lo que el Cid ha perdido: sus bienes raíces y su morada, incluso en su función más inmediata de un cobijo donde dormir (Grieve, 1979: 44-46)" (Montaner, 1993: 385).

2. Versos que, en consecuencia, no se vinculan con esa diferencia que marcará la fortuna de Rodrigo en el Cantar, especialmente en el Canto III: "En contraste con el dinero y objetos preciados que han hecho ricos al "salido" de la tierra y a sus vasallos, el poder de la vieja y orgullosa nobleza cortesana tiene muy distinta base económica: el solar, la tierra y villas poseídas en heredad" (Catalán, 1991: 77-82).

3. María Eugenia Lacarra (1980: 96) señala: "El autor plantea un conflicto fundamental entre el derecho privado y el derecho público; ataca al primero y propone su sustitución por el segundo. Se condena la ira regia porque esta institución carece de un proceso legal que permita al acusado defenderse de las imputaciones de que es objeto, por lo cual es un procedimiento jurídico arbitrario". No obstante, cabe aclarar que el Cantar no condena directamente la ira regia, frente a lo que ocurre con la venganza privada. Como señala Alberto Montaner, lo que parece deducirse del planteamiento del poema es que estaría bien que alguien no pudiese ser "airado" sin derecho a defensa, como se propuso en la Curia de León de 1188.

4. Recordemos que el burgalés consigue el préstamo mediante una estratagema, pero, en particular, "confirmando" los rumores de que Rodrigo se ha quedado con parte de las parias de Alfonso: "El Campeador | por las parias fue entrado, / grandes averes priso | e mucho sobejanos ; / retovo d'ellos | quanto que fue algo, / por én vino a aquesto | por que fue acusado. (vv. 109-113)

5. "Jaime Vicens Vives remarks that in this period the worth of agricultural property was insignificant when compared to the prices that were placed on precious objects such as chalices, marble cofres, and cloaks of silk brocade. Next in the scale of values came horses, which defines the military profession. On a lower level came fur cloaks and livestock. Lower still was land, and lowest of all the fruits of the land which were theoretically worth nothing since they were not sold in the market (Jaime Vicens Vives, 1964: 128)" (Duggan, 1989: 23-24).

6. En el CMC la heredad se distingue de la tierra, como demostraremos más adelante. Es posible ver esta diferencia en el tratamiento de los frutos de la tierra. En efecto, mientras que en el Canto I no son especialmente valorados, en el Canto II parecen representar el patrimonio.

7. "Creo, sin embargo, que la reproducción de los modelos tradicionales de la épica habría impedido al cantar del Cid realizar su propósito de descalificar a un estamento 'político' socialmente muy prestigiado. Para ofrecer un modelo sustituto de organización social, tenía que contrastar sistemáticamente la 'virtud' del Cid y los suyos, con la falta de fundamento moral de los ricos-hombres 'de natura... de los condes más limpios', orgullosos de sus apellidos, solares y títulos. [...]. La tensión, que el poema de Mio Cid pone tan claramente de manifiesto, entre dos 'clases' (¿por qué no llamarlas así?) bien diferenciadas, no sólo social sino económicamente, creo que se explica teniendo presentes las transformaciones sufridas por la España cristiana como consecuencia del colapso de la política imperialista de Alfonso VI en al-Andalus." (Catalán, 1991: 79-81).

8. Estos nobles (y el mismo rey), cuyo paradigma bien pueden ser los infantes de Carrión, en ningún momento desprecian las ganancias materiales sino que se sienten incapaces de obtenerlas.

9. "Durante toda la Edad Media el acceso al sustento cotidiano es, sin duda, para la mayoría de los hombres, un problema no resuelto. Los principales productos alimenticios se obtienen del trabajo de la tierra: cereales y hortalizas" (Chicote, 1993: 51-58).

10. En efecto, si bien hemos aislado para nuestra exposición aquellos versos que describen principalmente los alimentos, el narrador no los privilegia sino que los esconde, en cierta forma, detrás de la descripción pormenorizada y elocuente de las grandes ganancias.

11. Las tiradas 59, 60, 61 y 62 son una muestra clara de ello, en particular el v. 1017 "-A mio Cid don Rodrigo | grant cozina l'adobavan," Al respecto, Montaner (1993: 492) señala: "El hecho de que se adobe grant cozina es significativo, pues supone salirse del hábito de las comidas frugales y a menudo fiambres, propias del ejército en marcha [...] Se trata así de festejar la victoria, pero quizá también de agasajar al noble prisionero (cf. vv. 1017-1019)".

12. Nos interesa señalar la ambigüedad que notamos en el obsequio de caballos pues creemos que el bien connota no sólo la condición guerrera de Rodrigo sino que también simboliza su renovado poder y la libre voluntad que ejerce al someterse al rey.

13. Compárese este verso con el v. 1615.

Bibliografía

1. Catalán, Diego, 1991. "Economía y política en el Cid ", en Historia y crítica de la literatura española. Edad Media 1/1, Francisco Rico y Alan Deyermond (eds.), Barcelona: Crítica, 77-82.         [ Links ]

2. Chicote, Gloria, 1993. "La metáfora alimenticia en los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo", Studia Hispanica Medievalia, III, 51-58.         [ Links ]

3. Duggan, Joseph, 1989. The "Cantar de Mio Cid": poetic creation in its economic and social context, Cambridge: University Press.         [ Links ]

4. Lacarra, María Eugenia, 1980. El "Poema de Mio Cid": realidad histórica e ideología, Madrid: Porrúa Turanzas.         [ Links ]

5. Montaner, Alberto (ed.), 1993. Cantar de Mio Cid, Barcelona: Crítica.        [ Links ]

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