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Mora (Buenos Aires)

versión On-line ISSN 1853-001X

Mora (B. Aires) vol.15 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./jul. 2009

 

ENTREVISTAS
LA CAJA FEMINISTA

"Una mujer, como tantas otras, que escribe". Entrevista a Lily Sosa de Newton

Lucía de Leone y Ana Laura Martin*

* Becarias de doctorado del IIEGE, correspondientes a CONICET y proyecto PICT 25451, FONCYT, respectivamente

En la reciente sección "La Caja feminista", resuenan esta vez los relatos de vida y obra de Lily Sosa de Newton, quien actualmente cuenta con una extensa trayectoria1 en la investigación y en la escritura de historias de mujeres argentinas. Archivista y "coleccionista de recortes" por definición propia, pionera en la confección cronológica y abarcativa de las historias de mujeres argentinas y en el armado del primer Diccionario biográfico de mujeres argentinas (1972), es hoy rescatada y consultada desde distintos ámbitos de la cultura.

     Lily Sosa cuenta su vida profesional y personal como una sola, en la que no se distingue la trama de la urdimbre. Adjudica su ingreso a la escritura a un fortuito encuentro con el amor: una llamada telefónica equivocada en el año 1937 derivó en citas furtivas y finalmente en matrimonio. Como un homenaje a esos comienzos, sella su firma autoral con el apellido de su compañero de toda la vida, el periodista y escritor Jorge Newton, 20 años mayor que ella, quien desde muy temprano la instó a escribir sobre mujeres.
     Siendo muy joven, emprende viajes con su marido, muchas veces por placer y otras, motivados por mejores posibilidades de trabajo para él. Pero, también, el derrocamiento de Perón en 1955 los obliga a irse a vivir a Venezuela.

Hacia el encuentro con la escritura

- ¿Cómo se presenta usted? ¿Cómo se define?
- Nunca he pensado en definirme. Yo soy una señora, como tantas, que escribe. Una señora como tantas que escribe y que estaba casada con un escritor. De ahí derivó mi profesión de escritora. Yo escribía cosas sin importancia cuando era soltera, un diario íntimo, por ejemplo, que después rompí. También era una muy buena lectora. En mi casa había una biblioteca completa, mi padre era un apasionado de la lectura y yo vivía entre libros.
     De jovencita, fui a un colegio de hermanas y luego al Liceo. Empecé a fantasear con que quería estudiar filosofía. Pero un día mi padre fue tajante y me advirtió: "una hija mía no va ir a machonear a la universidad". En ese tiempo él creía, a pesar de que ya había muchas mujeres profesionales, que la universidad no era para las mujeres. El asunto es que mi padre dijo: "vos tenés que ser maestra como todas las mujeres de la familia". Efectivamente mi madre había sido maestra, mi hermana fue maestra. Al año siguiente, me mandó a estudiar magisterio en un colegio de hermanas, porque había profesores conocidos de mi mamá. Más adelante me casé y tardé bastante tiempo en escribir.

- Usted afirma que comenzó a escribir gracias a su marido, Jorge Newton ¿Es ese el motivo por el que firma con su apellido?
- Sí. Él me instó a escribir. Cuando lo conocí, al solo saber que era escritor y periodista me enamoré. Me atraían mucho la literatura, los periódicos, las revistas. Además, él demostraba tanta fe en mí, me estimulaba tanto, me enseñó tantas cosas... Como por ejemplo a ser concisa, a no irme por las ramas.

- ¿Antes de comenzar a escribir, ejerció como maestra?
- No, no llegué a ejercer. Y después de casada tampoco, porque mi marido no quería que trabajara fuera de casa. Era muy celoso. Me ocupaba de la casa. Me gustaba la cocina. Pero leer me gustaba muchísimo más y lo hacía desde muy chica. En mi casa había una gran biblioteca y leíamos de todo, cosas que no eran "para chicos". Fundamentalmente literatura. Pero también leía libros de ciencias sociales, por ejemplo. De mi relación con los libros, lo que primero recuerdo es que, cuando era chica, jugábamos a la librería y sacábamos los libros y los arruinábamos. ¡Ahora cuando pienso en eso me quiero morir!
     
Leía novelas, que es un género que a mí me fascina. Aparte de las de Dickens, me gustó La Feria de Vanidades (1847) de William Thackeray. De Víctor Hugo me gustó Los Miserables (1862). Otra lectura que hice fue Balzac. También, un libro de un escritor francés, Alphonse Daudet, que se llama Poquita cosa. Historia de un niño (1868), un texto autobiográfico. Otro libro que me encantó y no sé si lo voy a poder releer, porque son muchas páginas, es de Thomas Mann y se llama La montaña mágica (1924). Hay muchos libros que me han gustado y que algún día podría leerlos de nuevo, como El Quijote. Pero no tengo tiempo, no puedo, siempre estoy tratando de leer cosas nuevas, que no conozco.

- ¿Recuerda haber leído libros escritos por mujeres?
- No de niña. En la biblioteca de mi papá no había escritoras. El asunto de las mujeres llegó después de que me casé. Mi marido tenía amigos en Santa Fe. Cuando nos casamos, a comienzos del año 1941, le habían ofrecido escribir en un diario de allá. En San Genaro, un pueblo santafecino, vivía un amigo de mi marido que era médico y escritor. Su biblioteca era extraordinaria. Yo me fasciné cuando la vi. Su mujer, con quien me hice muy amiga, me preguntó si había leído aVirginia Woolf. Yo le dije que no, que la conocía mucho de nombre, pero que no había leído nada de ella. Entonces para que yo la conociera, ella me regaló Las Tres Guineas y Un cuarto propio. Y ahí empezó todo...

- ¿Leyó los textos en el idioma original o en traducciones?
- En traducciones en castellano. Los publicó Victoria Ocampo en Sur. Cuando leí esos libros, quedé deslumbrada por la profundidad de Woolf, por la forma en que analizaba la situación de las mujeres. Yo no había leído nada sobre la situación de las mujeres en el mundo. Fue una revelación para mí y una suerte encontrarme con esa mujer que me regaló esos libros que me gustaron tanto. Cuando me fui a la ciudad de Santa Fe, los volví a leer y comencé a pensar cómo era la situación de la mujer en Inglaterra. Tenían tantos problemas, no podían ir a la universidad, no podían entrar a las bibliotecas, ni podían trabajar en muchos lugares. Las familia solo hacían estudiar a los hijos varones. Todo eso me interesó muchísimo y yo pensé que iba a escribir algo para el contexto local, y así empecé. Lo que me interesaba era la universidad, cómo era la vida de las mujeres en la Argentina. Cuando empecé a investigar, me di cuenta de que conocía algunas mujeres que habían ido a la universidad. Por ejemplo a la fundadora del Liceo en el año 1890, a quien alcancé a conocer, era Ernestina López de Nelson. Fue una gran feminista, una gran instructora, una maravilla, las dos hermanas, Ernestina y Elvira. La directora del lugar mientras yo estudiaba, la Sra. Ángela Santa Cruz, también era egresada de Filosofía y Letras. Todas ellas fueron una punta de lanza en un mundo tan cerrado, con tantos inconvenientes para las mujeres y tan condicionado por la religión.

- ¿Usted se interesó primero por las mujeres y después por contar su historia?
- La historia en general siempre me gustó. Y la relación intelectual con mi marido reforzó mi vínculo con la historia y avivó el vínculo con la historia de las mujeres. Con él recorríamos las librerías de viejos y usados, revolvíamos libros, y comprábamos y comprábamos. Después, de la mano de La Nación y de La Prensa y de revistas como Caras y Caretas que se recibían en mi casa, yo veía y recortaba artículos donde se hablaba de las mujeres. En definitiva, mi interés por  la historia, las mujeres y la escritura vino todo junto. Pero me metí de lleno con las mujeres. Ése fue el asunto.

Escritora, archivera y coleccionista

- ¿Con qué tipo de materiales fue armando su archivo? ¿Cómo lo organizó? ¿Lo mantiene todavía?
- Yo fui guardando artículos de revistas. Y como cuando empecé a juntar papeles no había fotocopias, algunos los copiaba a mano. Al día de hoy lo mantengo. Tengo una gran cantidad de carpetas y de biblioratos con carátulas y folios donde ordeno, con un criterio cronológico y temático, cada uno de los artículos de diarios y revistas que logré reunir en casi 70 años. Mientras armaba ese archivo no pensaba en escribir, pero me interesaba mucho y admiraba a ciertas escritoras. Mi marido me vio que buscaba y juntaba cosas sobre mujeres, entonces un día me dijo que por qué no escribía la historia de las mujeres argentinas. Rechacé de plano la idea, me pareció un dislate. Sin embargo, la idea siguió en mí y entonces, callada la boca, hice el plan de un libro que luego se llamó Mujeres argentinas de ayer a hoy, publicado en 1967, que tuvo faja de honor de la SADE. Esta primera edición la publicó un señor amigo de mi marido de la librería y editorial El Ateneo. La tirada fue de 500 ejemplares y me fue muy bien. Comenzaba con la fundación de Buenos Aires, con un personaje extraordinario, Isabel de Guevara, que es una de las mujeres de entonces que dejó una carta. El capítulo se llamaba "Las españolas que fundaron Buenos Aires". No era una historia general, era un ensayo, yo quise situar el libro en el país. Escribí el prólogo y el índice y se lo mostré a mi marido. Lo miró atentamente y me dijo que le parecía maravilloso y me incentivó a que me pusiera a escribir rápido. Entonces me lancé a la escritura. Cuando él dejaba de usar la máquina de escribir, yo me sentaba a escribir. Tuve muy buenas críticas.

- ¿Nunca antes, hasta la edición de Feminaria del 2007, fue reeditado?
- No. Se agotó y este segundo libro, Las argentinas y su historia (2007), lo editó Lea Fletcher. Yo ahí agregué muchísimas cosas. En los cuarenta años que habían pasado desde la primera edición fui juntando materiales y tomando nota de todo lo que pasaba. Con eso hice varios capítulos nuevos y amplié lo que podía en arte, música, literatura y periodismo. Siempre me interesó mucho el periodismo de mujeres.

- La primera edición de Mujeres argentinas de ayer a hoy la termina en 1966 y la publica en 1967. Era un momento particular para el movimiento de las mujeres. En USA empiezan a conocerse los primeros grupos de liberación femenina, como se denominaron...
- Sí, pero más en esos países que acá. Yo siempre me interesé por escuchar y conocer los movimientos por los derechos civiles y políticos de las mujeres.

- ¿Usted se refiere a los de las primeras décadas del siglo XX?
- Sí, mi mamá siempre me contaba que un día de 1926 mi papá llegó a casa y le dijo que a partir de ese momento ella, y todas las mujeres, podían hacer las mismas cosas que un hombre. En materia de derecho civil (se había reformado el Código Civil) tenían los mismos derechos de los hombres.Hasta entonces eran inferiores jurídicamente, igual que los locos y los niños. Ése fue un cambio importantísimo, lo que no se consiguieron fueron los derechos políticos. Eso tardó bastante más.

- ¿Usted considera que a fines de la década de 1960, cuando se escuchan renovadas demandas de mujeres, resultó el momento justo para la publicación de su libro?
- Yo creo que sí, ante todo por lo comentarios en los diarios y las revistas que obtuve. Siempre han sido muy buenos. Me hacían reportajes, me invitaban a muchos lugares.

- ¿Algunas mujeres del feminismo se acercaron a usted luego de la publicación de su libro?
- Mujeres argentinas de ayer a hoy fue un libro muy bien recibido. Decían que era tan interesante que se leía como literatura y que, al mismo tiempo, tenía un trasfondo bibliográfico, muchas notas y muy documentado. Pero en ese momento nadie me contactó directamente. Y mucho después me encontré con mujeres que me dijeron que les había servido muchísimo. Sé que a todo el mundo le interesó, y el Diccionario mucho más. Mirtha Legrand me invitó a sus almuerzos, luego de haber leído una nota en La Nación. Yo había conocido a una familiar de La Nación, a Susana Mitre Pereyra Iraola, que me mandó un periodista para que me haga una entrevista y yo le respondía sentada en este mismo sillón donde hoy me ven ustedes, con este mismo fondo. El título de la nota fue "1000 mujeres en un libro". La última edición que salió del Diccionario ya es muy antigua y merecería una actualización. Tengo en la computadora muchas cosas más, pero ¡qué sé yo cuándo las podré publicar!

- ¿Fue autodidacta?
- Yo no tenía experiencia en cómo se hacía un ensayo, pero, como traducía libros norteamericanos que me daba una editorial, me fijaba cómo estaban escritos. Leí también un poco sobre teoría del ensayo. En eso me basé.

- ¿Cómo surgió la idea de armar un "diccionario biográfico de mujeres argentinas"?
- Para Mujeres argentinas yo había hecho un fichero con nombres de mujeres relevantes y mi marido me propuso hacer un diccionario. Porque en todos los diccionarios comunes de hombres aparecen dos o tres mujeres, o media docena y nada más. Me pareció una idea magnífica y me puse a escribir. Así surgió el diccionario a raíz de la ausencia de mujeres en los "diccionarios de hombres".

- ¿Cómo fue "la cocina" del Diccionario?
- Tomé ese primer fichero y empecé. Me acuerdo que la primera biografía que escribí (empecé por personajes que pertenecían al pasado, no por las modernas) fue la de Paula Albarracín de Sarmiento. Siento una gran admiración por ella, porque era... era un "macho". Sin marido, andaba siempre viajando para que no faltara un peso en la casa, ella era el hombre de la casa. Era una maravilla, sabía de todo.

- Usted comenzó el Diccionario con esa entrada. Y ¿cómo eligió el resto de las entradas? ¿Cuál fue el criterio y cómo seleccionó?
- Mi idea era hacer la biografía de todas mujeres muertas, desaparecidas, pero mi marido me dijo que por qué, ya que en ese momento había tantas mujeres destacadas, pintoras, escritoras, artistas, por qué no incluía también en el diccionario a mujeres que estuvieran vivas. Pero a mí se me complicaba porque tenía que localizarlas y pedirles sus datos. Y yo siempre trabajé sola, nunca tuve asistente. Hice la investigación, hablé con la gente, escribí a la gente, lo tipeé en la máquina Olivetti, porque todavía no existían las computadoras, corregí las pruebas. El diccionario era una cosa monumental para mí. Y mi marido me insistió tanto en que incorporara a lasescritoras y artistas con vida que entonces empecé a escribir cartas al interior y a llamar por teléfono. Desde la editorial (se refiere a la editorial Plus Ultra), y también mucha otra gente, incluso desde las provincias me mandaban cartas, me pedían que pusiera a una o a otra.
     En términos generales, elegí mujeres con trayectoria importante, sin tener en cuenta su ideología o su procedencia. Algunas las conocía por amistad, eran mujeres de las que conocía sus méritos. Otras las fui conociendo porque se iban enterando de lo que yo estaba haciendo. A veces tenía que decir que el proyecto ya estaba cerrado. Primero, antes de comenzar, armé un listado de nombres. Algunos nombres ya los tenía, otros los anotaba cuando leía los diarios, las revistas, los libros. Apuntaba los nombres y trataba de conseguir esos datos. Incluí muchas mujeres de las provincias y algunas extranjeras que habían desarrollado su trabajo acá. Para esa finalidad las consideré argentinas.

- ¿Alguna quedó afuera y le generó un conflicto? ¿Hubo algún dato erróneo que después encontró?
- No, no. Solo una vez encontré una fecha equivocada, después de que ya no tenía el original, así que no sé si lo había puesto yo o me lo había puesto otro. En la corrección se me había pasado. Después, aparte, a partir de 1982, hice una lista de todas las mujeres que figuran en el Diccionario, que han ido muriendo con la fecha de muerte. Para completar los datos.

- ¿En sus libros solo se interesó por los personajes que son excepcionales?
- No. Por ejemplo, en el libro que estoy escribiendo ahora sobre las mujeres a caballo también escribo sobre mujeres como las lecheras o las del campo, de las que no se sabe ni qué nombre tenían.

El oficio de escritora

- Usted trabajó en la editorial Plus Ultra. ¿Cómo fue esa experiencia?
- Mi marido, que fumaba mucho, tuvo un accidente cerebro vascular y estuvo 5 años convaleciente. Durante su enfermedad necesitábamos plata, entonces yo seguí escribiendo a pesar de que también lo atendía a él. El libro de Ascasubi, por ejemplo, lo escribí en ese tiempo.
     Luego de Mujeres argentinas de ayer a hoy, Plus Ultra me publicó las biografías de Lavalle, Dorrego, Paz y Lamadrid. Y más adelante me publicaron el Diccionario.
     Finalmente, cuando mi marido murió en 1978, el año del mundial de fútbol, la editorial me convocó a que fuera a trabajar a sus oficinas y yo acepté. Allí trabajé 20 años, hasta que quebró. Me encargaba de corregir las pruebas de galera de los libros que publicaban. También escribía algún prólogo o las solapas de los libros y organizaba las presentaciones. Dirigí una colección, pero solamente salieron un libro mío y dos de otra escritora. Después de eso, la colección ya no siguió porque Plus Ultra empezó a andar mal y cerró.

- ¿Cobraba un sueldo fijo? ¿Era bueno?
- Sí. Pero el sueldo no era nada bueno. Yo cobraba menos que lo que le pagaban al señor que se ocupaba del depósito de libros. Lo que pasa es que yo era mujer. Y este fue el principal inconveniente que encontré. Vivía con ese sueldo y la pensión de mi marido. Luego me llegó el momento y me tuve que jubilar. Vivo de eso y de algunos trabajos que hago, como correcciones de estilo.

- ¿Usted pudo vivir de esta profesión?
- Lo que se llama vivir, no. Porque no tengo criterio comercial, economicista. En este sentido soy un desastre. Lo que pasa es que es una profesión que no se considera mucho. Por ejemplo, me invitan a dar muchas conferencias pero por las que me pagan son las mínimas. Siempre me invitan a la Universidad Maimónides, que es una gente riquísima, tienen una universidad fabulosa, un edificio, mucha gente, muchos alumnos. Me pagan solo un remis para ir y volver, y porque se los pido. En colectivo, a esta altura de mi vida, no voy a ir.

Pionera         

- Desde el año 1980 en adelante a usted se la considera una pionera en la historia de las mujeres.
- Siempre me lo han dicho, aunque hubo otras antes, pero tal vez no hubo quien  lo hicieran de manera exhaustiva, tratando de profundizar. Yo siempre encuentro cosas nuevas. En el último libro descubrí, por ejemplo, quién había sido la primera escribana (se recibió en 1922) y lo que le costó poder actuar públicamente y vivir de su profesión.

- En esta historia de las mujeres por lo menos en la Argentina, en la que usted abre un camino que hoy es más prolífico, ¿cómo evalúa la recepción que ha tenido de parte de otras historiadoras?
- Como textos de consulta se han usado mucho mis libros. No son libros para entretenerse ni nada por el estilo, no son narrativos. Yo creo que siempre he sido bien recibida. Por parte de gente estudiosa que tiene intereses específicos.

- ¿Y usted cree que esta historia que usted hace repone la ausencia de mujeres en la historia tradicional argentina, o inaugura un nuevo campo de estudios?
- Yo creo que las dos cosas. Por lo que he ido viendo, a lo largo del tiempo y de los años, cuando salió el Diccionario hubo muchas mujeres que se interesaron en los personajes y empezaron a salir múltiples biografías, libros, novelas, inspirados en personajes femeninos. Ahora hay muchísimas novelas y novelas históricas basadas en personajes femeninos que son muy interesantes, que se prestan a tramas novelescas. Por ejemplo, las que fueron amantes de Belgrano o de Rosas. Hay mucho interés por las historias de las mujeres, cosa que antes no ocurría.

- Desde hace algunos años hay colecciones de historias de las mujeres en Occidente, es decir, toda una serie de colecciones dedicadas, pero son muy posteriores a su primera historia.
- Cuando yo hice mi diccionario, averigüé si en otros países había diccionarios de mujeres. Encontré que en España había uno, pero no me acuerdo quién lo había escrito; pero no encontré en otros países. Un día alguien me regaló un diccionario de las mujeres de todo el mundo, general, desde la Antigüedad. Son todos personajes muy famosos: reinas, actrices, cantantes. Mujeres destacadas en el ámbito mundial y en todos los tiempos. Todo es útil como referente.

-También presentó la segunda época de La Aljaba. Nos referimos a la revista conjunta de las Universidades Nacionales de Luján, La Pampa y Comahue.
-Sí. La revista que hace Cecilia Lagunas. Varias veces me ha invitado y me ha publicado cosas. "Por qué La Aljaba" se llamó mi presentación. Es un homenaje a La Aljaba y, por supuesto, para mí también.

- Lea Fletcher, desde Feminaria, después de muchos años reeditó con otro título su primer libro, Mujeres argentinas de ayer a hoy  ¿Dónde y cómo la conoció? Ella es feminista, militante, de un ámbito que no es el mismo que el suyo.
- Con ella conversamos sobre el proyecto de crear un Museo de la Mujer Argentina. Como deferencia, Lea Fletcher quería bautizarlo con mi nombre. Para este proyecto, doné mis colecciones de abanicos, de muñecas, de botones antiguos, prendas femeninas, libros, revistas. La idea era que tuviera de todo: fotografías, objetos de tocador y cosmética, labores, indumentaria e incluso diferentes íconos de las puertas de los baños de mujeres. Ahora bien, Lea es de un ámbito más político. Yo, en cambio, la ideología no la mezclo con el trabajo que a mí me interesa de historia, de investigación de mujeres. Yo no tengo una tendencia a favorecer más a unas en detrimento de otras. Yo en el diccionario he puesto a todas, de todas las tendencias y de todas las ideologías, he puesto desde las comunistas y anarquistas, hasta las empingorotadas damas de sociedad. La cuestión es que hayan hecho algo, que hayan trabajado en algo, especialmente para los demás. En eso soy muy amplia.

- ¿Usted no se definiría "feminista"?
- Sí, feminista sí, pero feminista sin restricciones, ni de religión ni de nada. Feminismo para mí es una cosa general, que tiene que ser para todas las mujeres

- ¿Se ha encontrado con otros feminismos excluyentes?
- Lo que ocurre es que en algunos lugares las mujeres se encuentran en situaciones de mucha opresión. En la cultura árabe, por ejemplo, hay una posición que está en contra de la libertad y del bienestar de la mujer.

- ¿Y usted con su obra considera que contribuye de algún modo, entonces, al menos a impugnar estas dificultades o este trato diferencial negativo que han tenido las mujeres?
- En mis libros hablo de eso, de la diferencia que se hace con muchas mujeres y de la falta de libertad, en muchos casos. Ha habido mucha injusticia y la hay todavía. Eso es un denominador común que no cambia a medida que van pasando las generaciones. Siempre hay que luchar contra algo, siempre hay alguna contra por el hecho de ser mujeres

- ¿Y usted lo vivió en lo personal en algún aspecto?
-Y bueno, cuando mi padre dijo "una hija mía no va a ir a machonear a la universidad". Trabajando en Plus Ultra, estuve bien, pero ganando menos sueldo que el que barría el depósito. Y en mi vida personal, con mi marido... él me estimuló muchísimo, me ayudó mucho, estaba orgulloso de lo que yo hacía

-A pesar de que en algún momento no quiso que usted trabajara puertas afuera.
-Yo trabajaba en casa, hacía cosas desde casa para Plus Ultra. Él no quería que trabajara afuera. Eso no lo hubiera aceptado. Por celos, porque me llevaba casi 20 años. Antes yo no era tan "pior" como ahora...

De viaje

- ¿Los viajes fueron constantes en su vida?
- Viajamos mucho. Una vez, en un viaje que hicimos con mi marido, en Rabat me regalaron un traje marroquí. Fuimos a cenar a la casa de un secretario del sultán y estaba su mujer. Ella simpatizaba conmigo y me decía cosas y se reía, y me hacía caricias en la pierna. Al día siguiente, me mandó al hotel un atado: era un vestido que había sido de ella, en brocato de seda rosa y plata. Precioso.

- ¿Vivió en el exterior?
- Sí, en Venezuela, y ahí la conocí a Isabelita. A Evita también la conocí, pero aquí y mucho antes. Nos habían invitado a un acto y ahí estaba ella, elegantísima, preciosa. Intercambiamos cordialmente unas palabras.

- ¿Era un acto partidario?
- No. Era una especie de escuela de política que había entonces. Nos invitaron porque mi marido era muy amigo del director de ese lugar, que era un ministro, Raúl Méndez, que ya murió. En esa época estuvo todo bien, pero después lo pusieron preso mucho tiempo cuando vino la Revolución, él ya estaba muy enfermo y murió bastante joven. Porque era más joven que mi marido.

- ¿Ustedes sufrieron alguna consecuencia por esas relaciones?
- Mi marido estuvo un mes preso porque habían encontrado un memorandum de algo que había hecho para Perón. Era un simple papel donde se registraban las importaciones de cereales. Estuvo preso en la cárcel de Las Heras. Estuvo un mes incomunicado, pero yo podía ir a visitarlo. Me acuerdo que las mujeres hacíamos cola junto al paredón, hasta que nos dejaban pasar. Pero siempre con gente delante.

- ¿Qué tipo de vinculación tuvo su marido con el peronismo?
- Nunca tuvo un cargo ni nada porque le gustaba ser libre. Él conocía a Perón. En Venezuela estábamos con Perón, que ya vivía con Isabelita, que era un cero a la izquierda. Nada que ver con Evita. Después aprendió algunas cosas. Trataba de imitarla, pero era una pobre chica. Una jovencita que se encontró con Perón y Perón se la llevó para tenerla ahí como qué se yo. Pero en ese momento no le daba ninguna importancia.
     Perón nos invitaba siempre a comer. Nosotros vivíamos enfrente en un departamentito amueblado que habíamos alquilado. Él estaba en un quinto piso, se asomaba al balcón y decía: "Newton, vengan que está el morfi". Entonces íbamos a almorzar. Isabelita estaba ahí haciendo los honores, pero no hablaba ni opinaba nada. Un día mi marido me comentó  que Perón le dijo: "Mire, Newton, usted delante de Isabel no hable estas cosas de política, porque yo con ella estoy de querido".

- ¿Mantuvieron la relación con Perón cuando él regresa?
- No. Porque Perón se tuvo que ir de Venezuela. Perón se fue a España. Y en la década de 1970, en la tercera presidencia, mi marido no lo vio. Lo tenían muy rodeado. Cuando estaba López Rega era como un cancerbero, no dejaba que se le acercara nadie.

- ¿Ustedes, a Venezuela, por qué se fueron? ¿Usted allá trabajó?
- Yo no trabajé allá. Nos fuimos porque a Jorge, después de la caída del peronismo, le costó trabajar acá. Consiguió empleo en un diario y en una editorial de allá. Volvimos cuando subió Frondizi.

- ¿Y Jorge Newton en qué diario trabajaba durante el peronismo?
- Acá, en ningún diario. Cuando yo lo conocí trabajaba en El Mundo y en Mundo Argentino. Cuando se fue a México trabajaba en un diario muy conocido de allá, que después desapareció. Cuando volvió trabajó en Crítica, el diario de Botana.

- Lo paradójico es la relación de su marido con el peronismo y sus actuaciones en Crítica, que tuvo mucha desavenencia con el peronismo. De hecho, fue cerrado.
 -Sí, pero después mi marido dejó de trabajar en Crítica.

- Usted no tuvo hijos. Tuvo libros
- Tuve libros. Resulta que yo estuve muy enferma estando de novia con Jorge, y tuve una infección intestinal terrible. Todavía no había antibióticos, estuve gravísima. Muchos años después el médico me dijo que no entendía cómo había vivido yo con los órganos en este estado, que la apariencia de mis órganos eracomo meter los menudos de un pollo en el refrigerador, que se pegotean todos. Y por eso quedé estéril. Hoy día hubiera sido distinto con todos los métodos que hay. A mí me gustan los chicos, pero no era una cosa de desearla ardientemente. A mi marido le gustaban mucho más. Él me decía que si yo tenía mucha necesidad de hijos podíamos adoptar. Pero, como andábamos siempre juntos y viajando mucho, necesitábamos esa libertad, a la que ya nos habíamos acostumbrado.

- Le hubiera quitado un poco de tiempo para escribir
- Sí. Posiblemente. Pero es relativo. Ha habido tantas mujeres que tuvieron hijos y escribieron un montón de libros. Miren a Georg Sand, todos los libros que escribió. Victoria Ocampo escribió muchísimo y no tenía hijos. Pero imagino que hubiera escrito igual con hijos. Ella tenía todo así servido, no habrá tenido que lavarse ni un camisón ni una bombacha.

Notas

1Lily Sosa de Newton nació en Morón (provincia de Buenos Aires, Argentina) en 1920. Algunas de sus obras son: Las argentinas de ayer a hoy, Buenos Aires, Zanetti, 1967;  Lavalle, Buenos Aires, Plus Ultra, 1967; Dorrego, Buenos Aires, Plus Ultra, 1967; El  general Paz, Buenos Aires, Plus Ultra, 1967 (y 1969); Lamadrid, Buenos Aires, Plus Ultra, 1971; Diccionario biográfico de mujeres argentinas, Buenos Aires, Plus Ultra, 1972, 1980 y 1986; Genio y figura de Hilario Ascasubi, Buenos Aires, Eudeba, 1981; (comp.) Narradoras argentinas: 1852-1932, Buenos Aires, Plus Ultra, 1995; Las protagonistas, Buenos Aires, Plus Ultra, 1998; Las argentinas y su historia, Buenos Aires, Feminaria, 2007.

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