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Revista de la Asociación Geológica Argentina

Print version ISSN 0004-4822

Rev. Asoc. Geol. Argent. vol.67 no.4 Buenos Aires Dec. 2010

 

ARTÍCULOS

Analisis neotectónico del área Cerro Salinas, departamento Sarmiento, provincia de San Juan

Héctor Cisneros1 , Carlos H. Costa1 y Carlos Gardini1

1 Departamento de Geología, Universidad Nacional de San Luis, San Luis. Email: cisneros@unsl.edu.ar  

RESUMEN

El cerro Salinas es una de las exposiciones más australes del basamento cristalino de las Sierras Pampeanas. Alrededor del mismo han sido reconocidos varios trazos de fallas caracterizados por escarpas rectilíneas de dirección submeridiana, que afectan a depósitos sedimentarios referidos al Terciario y Cuaternario. La actitud espacial de las fallas neotectónicas está controlada por la posición de la estratificación y de los contactos litológicos principales de las unidades terciarias, lo cual se ha interpretado preliminarmente como evidencia del flexodeslizamiento asociado al acortamiento andino. Esta situación guarda mucha similitud con el estilo de deformación de las principales zonas de fallamiento cuaternario de la Precordillera Oriental. Acorde con la distribución espacial de las deformaciones neotectónicas y de la geometría de las mismas, se dividió al área analizada en tres sectores. La principal estructura neotectónica, la falla Cerro Salinas, constituye el límite oeste tanto del cerro Salinas como de los afloramientos precuaternarios circundantes con una longitud reconocida de 15,77 km. Las observaciones realizadas en el área de estudio, principalmente al norte del mismo permiten indicar que la deformación en el frente de falla está vinculada a escarpas asociadas con fallas inversas propagantes. La discriminación cronológica de las unidades morfoestratigráficas cuaternarias se realizó en base a datos de multiparámetros y a la signatura de las superficies aluviales en imágenes Landsat  ETM+ y ASTER, mediante procesamiento en base al método de componentes principales. En base a la sumatoria del desplazamiento vertical desarrollado por las escarpas de falla para el Pleistoceno tardío, se ha estimado una tasa de levantamiento mínima de 0,13 mm/año. 

Palabras clave: Neotectónica; Cerro Salinas; Deformación andina; Cuaternario.

ABSTRACT: Neotectonic analysis of  the Cerro Salinas area, Sarmiento department, province of  San Juan. The so called Cerro Salinas is one of  the southernmost expressions of  the Sierras Pampeanas crystalline basement. Several fault traces with N-S-trending rectilinear scarps have been recognized at its surroundings, affecting Tertiary and Quaternary deposits. The attitude of  the neotectonic  faults emplaced at  the hanging-walls controlled by bedding and  the main  lithologic contacts of   the Tertiary units, which in turn has been interpreted as a result of  flexural-slip folding related to the Andean shortening. This situation is quite similar to the neotectonic style of  the Eastern Precordillera. According to space distribution and geometries attributes of the neotectonic deformation, the analyzed area was divided into three main sections. The main neotectonic structure (Cerro Salinas fault) is the west-bounding structure of  the pre-Quaternary deposits with a recognized outcropping length of  15,77 km. Field data suggest  that main deformation  is  related  to  reverse-propagating  faults. Chronological discrimination among Quaternary morphostratigraphic  units was  based  upon multiparameter  data  and  the  signature  of   the  alluvial  surfaces  on Landsat ETM+ and ASTER images, through the principal components method. Considering the cumulative displacement of the surveyed scarps, an uplift rate of  0.13 mm/yr has been estimated for the Late Pleistocene.

Keywords: Neotectonic; Cerro Salinas; Andean deformation; Quaternary.

INTRODUCCIÓN

El cerro Salinas se localiza en el extremo sudoriental  de  la  provincia  de  San  Juan (Fig. 1), en una región que concentra gran parte  de  las  estructuras  potencialmente sismogénicas del  territorio nacional y es considerada de máxima sismicidad en el país (INPRES, 1985).


Figura 1: Mapa de ubicación del cerro Salinas, en donde se indican las principales unidades morfoestructurales regionales y las estructuras cuaternarias reconocidas en las adyacencias del mismo.

La actividad sísmica en el cinturón pedemontano oriental de  la Precordillera,  en el cual se inserta el cerro Salinas, incluye eventos destructivos  como  los  terremotos de Mendoza  (1861  y 1985), La Rinconada  (1952)  y  San  Juan  (1944). Además, el 26 de julio de 1917, un sismo local (32,1ºS; 68,9ºO) de magnitud Ms 6.8 habría tenido epicentro en la zona del cerro Salinas (INPRES 1985).
La geometría y actividad de las estructuras  en  el  frente orogénico de  los Andes en  la  Precordillera mendocino-sanjuani
na, es conocida sólo en sus aspectos más generales.  Especialmente  la  primera  de ellas  es  sin  duda  de  especial  relevancia para  la caracterización de  la actividad de fallas,  ya  que  el  análisis  e  interpretación de  los  fenómenos  neotectónicos,  puede aportar herramientas fundamentales para evaluar el potencial sismogenético de esta zona ubicada entre los dos centros más poblados del oeste argentino, Gran Mendoza  y Gran  San  Juan,  comprendiendo entre ambos más de 1,5 millones de habitantes.
Se  analizan  en  este  trabajo  las deformaciones cuaternarias sobre la base del análisis de los rasgos geométricos.

METODOLOGÍA

El  análisis  a escala  regional, mediante  la utilización de  imágenes  satelitales de diferente resolución y fotos aéreas a escala 1:20.000, se complementó con la realización  de  trabajos  de  campo,  los  cuales consistieron en observaciones y mediciones estructurales y geomorfológicas, apoyados por destapes de terreno para reconocer las características de los frentes de escarpa.
La deformación de la cobertura aluvial se analizó mediante relevamientos topográ
ficos de detalle con estación total y posterior realización de cartografía DEM.
Se aplicaron en el área de estudio diversos métodos de análisis cronológicos relativos, mediante  diferenciaciones a partir de texturas y estructuras presentes en sedimentos superficiales por acción constante de fenómenos meteóricos.
Se tuvieron en cuenta los parámetros dependientes  del  tiempo  en  el  análisis  de clastos, tales como: meteorización, desintegración,  exfoliación,  redondeamiento, pátina de oxidación, barniz del desierto o de roca y desarrollo de anillos de meteorización (Porter 1976). Además, entre los parámetros independientes del tiempo se consideraron:  composición  litológica  de los bloques y otros fuera del análisis clástico como cotas máximas de depósitos cuaternarios y dimensiones de los depósitos.
Se considerarán aquí a las deformaciones cuaternarias s.l. como sinónimo de deformaciones neotectónicas (Costa et al. 2006a, Proyecto  Multinacional  Andino  2009), asumiendo que en el contexto sismotectónico andino, las estructuras con antecedentes  sísmicos  durante  el  Cuaternario (<1,8 Ma), son las que concentran mayores posibilidades de generar movimientos sísmicos futuros.

ANTECEDENTES

Los principales antecedentes sobre la geología de la zona corresponden a trabajos regionales,  hidrogeológicos,  petrográficos y estructurales como aquellos de Borrello y Scanavino (1969), Rolleri (1969), Harrington (1971), Scanavino y Guichon (1973), Ortiz  et  al.  (1975),  Baldis  et  al. (1979), Llano  et al.  (1984), Vaca y Rossa (1988), Manzanares (1990), Comínguez y Ramos (1990, 1991) y Vergés et al. (2002, 2007).
Son  escasos  los  datos  neotectónicos  de campo en el área del cerro Salinas y  los mismos  están  focalizados  en  el  sector septentrional  y  oriental  del  área,  destacándose los aportes de Bastías et al. (1984), Lantanos (1989) y Martos (1995). Esta última autora realizó una detallada descripción de las unidades cuaternarias del sector, observando la presencia de fallas inversas  afectando  a  depósitos  aluviales cuaternarios. Según esta contribución, las evidencias geomórficas  indicarían al menos cuatro reactivaciones durante el Holoceno,  estableciendo  una máxima magnitud probable de Ms 6.74 para el sistema de fallamiento.
Vergés et al. (2002) describieron la estructura profunda del sector y  posteriormente Vergés  et al.  (2007),  interpretaron a  la exposición de los afloramientos precámbricos  del  cerro  Salinas  como  producto de una cuña cortical de bajo ángulo, cuya falla principal correspondería a un retrocorrimiento de dicha cuña. Otros aportes recientes referidos a la neotectónica y estructura general del sector corresponden a  Cisneros  et  al.  (2004),  Costa  (2005), Costa et al. (2006 a y b), Meigs et al. (2006), Lloret y Suvires (2006), Zambrano y Suvires (2008) y Meigs y Nabelek (2010).

GEOLOGÍA DE LA ZONA DE ESTUDIO

Se distinguen en el área de estudio un núcleo  de  serranías  circundado  por  planicies  aluviales.  La  primer  unidad  se  encuentra representada por el cerro Salinas, morfoestructura sobreelevada y elongada con eje mayor en dirección submeridiana. Este  afloramiento  de  pequeñas  dimensiones (1,1 km2) está constituido por rocas metamórficas de bajo grado (mármoles, filitas y esquistos) (Llano et al. 1984). En la mayor parte del área se exponen sedimentitas con aspectos litofaciales semejantes a los depósitos neógenos genéricamente denominados Estratos Calchaquenses (Stappenbeck 1910), éstos se extienden  con  rumbo meridiano  entre  las estaciones de Retamito  y Ramblón,  con escaso  relieve y/o cubiertos por depósitos modernos (Fig. 2). dichas sedimentitas apoyan en relación de no-concordancia sobre  los  infrayacentes depósitos del basamento cristalino, constituyendo éste el único  lugar del  sur  sanjuanino donde se  observa  el  contacto  entre  depósitos neógenos y el zócalo cristalino.


Figura 2: Esquema geológico de la zona de estudio donde se indican las principales unidades morfoestratigráficas definidas.

El cerro Salinas es considerado el núcleo de un anticlinal con orientación submeridiana, fallado en su flanco oeste (Comínguez  y Ramos  1990,  1991, Vergés  et  al. 2007). Se  reconocen  también  lineamientos transversales secundarios cuya expresión  más  destacada,  la  fractura  del  río Acequión, constituye el  límite austral de los afloramientos de mármol en el cerro Salinas. Al sur de este  rasgo se exponen filonitas en lomadas bajas sobreyaciendo en contacto discordante a los estratos terciarios (Castro de Machuca 1990, Vergés et al. 2007).

Grupo  Caucete  (Borrello  1969):  Precámbrico?-Paleozoico inferior?
Los  afloramientos  metamórficos  basamento cristalino del sector corresponden al cerro Salinas. Este cerrillo de 1,1 km2 está conformado por metamorfitas de bajo grado, (mármoles y filonitas), en contacto tectónico, provocando la repetición alternada de ambas litologías en forma de escamas de espesores que varían entre 15 a  200 m. Estas  escamas  están  limitadas en  la base por planos de fracturación de bajo ángulo que se han comportado como verdaderos  sobrecorrimientos, preexistentes  respecto  a  la  fracturación  que elevó  y dio  configuración  a  este  cuerpo serrano (Castro de Machuca 1990).
En  el  pozo  de  exploración  de  petróleo YPF-Ramblón 2, a escasos 200 metros al norte de  la  localidad homónima  se describieron  rocas  idénticas  a  las  que  asoman en el cerro Salinas a 976 metros de profundidad (Comínguez y Ramos 1990).

Formación Mariño (Biondi 1936, nom . subst. Rolleri  y  criado  Roque  1970): Terciario
El área aledaña al cerro Salinas presenta uno de los perfiles más completos de estratos asignados al Terciario aflorantes en el sur de la provincia de San Juan, observándose una secuencia bien expuesta con base  y  techo  visible.  Estas  sedimentitas fueron asignadas al Grupo Calchaquí (Yrigoyen 1993), siendo descriptas por Contreras et al. (1990) con el nombre genérico de sedimentitas terciarias.
El  ancho de  afloramiento de  estas  sedimentitas varía desde 0,85 km en el extremo austral del área (al sur de la cual no se observan  afloramientos  de  estas  unidades), hasta    un máximo  de  4,98  km,  en cercanías del cerro Salinas.
Dentro de esta secuencia pueden distinguirse tres miembros, con arreglo granocreciente y coloraciones dominantes beige y gris-rojiza: El miembro inferior corresponde a una sucesión homoclinal inclina
da en promedio entre 24ºE y 33ºE. Está compuesto por pelitas  rojizas  a  rosadas, arcilitas y  limolitas  finamente  laminadas, pelitas arenosas, areniscas de grano fino a medio,  con  abundante  yeso  en  venas  y concordante con  los niveles de fracturas y  estratificación.  La  cementación  no  es muy  fuerte, y en sectores presentan mayor  susceptibilidad  a  la  erosión  que  los niveles discordantes cuaternarios con cementación carbonática.
El  miembro  medio  corresponde  a  una secuencia  de  areniscas  pardo-grisáceas, que afloran inmediatamente al sur del cerro Salinas (Fig. 2). Se diferencia del subyacente por una coloración menos rojiza y por el aumento gradual de su granulometría,  predominando  areniscas  y  sedimentitas areno-tobáceas de grano medio a  medio-grueso.  La  secuencia  presenta una  disposición  homoclinal  (20-24ºE), aunque la estratificación no es tan marcada como en el miembro  inferior, debido a  una  importante  bioturbación  (Contreras et al. 1990). Aparecen también niveles conglomerádicos finos, con gran participación de clastos ígneos (>50%) intercalados  y, en forma subordinada, clastos de areniscas verdes y calizas grises.
El miembro superior corresponde a conglomerados gruesos (ortoconglomerados con clastos de tamaño máximo entre 10 a 30 cm de diámetro), compuestos mayoritariamente  por  clastos  de  proveniencia local  y precordillerana  (calizas  y  grauvacas) en los niveles cuspidales, con participación  secundaria de  conglomerados  finos a medio (ortoconglomerados con tamaño de clastos inferiores a los 5 cm). La secuencia  presenta una disposición  homoclinal (17-22ºE).
Teniendo en cuenta similitudes  litofaciales  con  unidades  litoestratigráficas  presentes en áreas cercanas al sur y al oeste (Salagasta y al norte y oeste de la ciudad de Mendoza) y las relaciones estratigráficas con secuencias paleozoicas, se asume una edad neógena (Mioceno-Plioceno) para  estas  sedimentitas  continentales  (Yrigoyen  1993).  Las mismas  infrayacen  en discordancia angular de bajo ángulo a las secuencias suprayacentes.

Formación Mogotes (Yrigoyen  1979) (=  Conglomerados  de  los  Mogotes, Trümpy  y  Lehz  1937;  =  Formación Los Mogotes, Polanski 1963)
Los afloramientos cenozoicos se asignan a la Formación Mogotes (Yrigoyen 1979, 1993). Estas  sedimentitas  se  corresponden con la zona más elevada de la planicie  pedemontana,  exceptuando  al  cerro Salinas.  Se mantiene  aquí  la  denominación de Formación Mogotes, debido a la mayor cercanía con  la zona de Luján de Cuyo en Mendoza.
Estos depósitos  se  caracterizan por una alternancia  rítmica  de  areniscas  rojizas oscuras y paraconglomerados. Las psamitas  de  origen  fluvial  se  encuentran muy cementadas,  con  granulometría media  a gruesa, y con presencia de estructuras que indican  régimen  de  flujo  medio  a  alto. Los paraconglomerados son polimícticos y  bastante  cementados,  con  clastos  redondeados, mayoritariamente grauváquicos,  y  subordinadamente  carbonáticos  eígneos  efusivos.  El  espesor  total  de  los bancos conglomerádicos expuestos supera los 20 metros de potencia.
La  significativa  potencia  de  esta  formación  es  el  resultado  del  levantamiento precordillerano, como resultado de la última etapa evolutiva de  la migración del frente  orogénico  andino  (Ramos  1988, Ramos et al. 2002). La marcada variación lateral  de  estos  depósitos,  sumado  a  la presencia de paleocauces y una  imbricación de  clastos  característica,  sugiere un origen fluvial de los mismos.
Esta unidad se apoya en discordancia angular  sobre  los  términos  asignados  a  la Formación Mariño, igual relación estratigráfica  guarda  hacia  el  sur  (Luján  de Cuyo) donde fue descripta la Formación Mogotes.  (Trümpy  y Lehz  1937, Polanski 1963)
La  tendencia de  los depósitos  es granocreciente  y  la  estratificación  se muestra pobre e irregular, notándose a veces solamente por areniscas que se van haciendo más gruesas hacia  los niveles cuspidales, hasta convertirse exclusivamente en gravas. dichos sectores se corresponden con las mayores expresiones topográficas.
Trümphy y Lehz  (1937)  asignan  la edad de esta  formación entre el Plioceno  tardío  y  el  Pleistoceno  temprano,  dependiendo  del  lugar  donde  fue  descripto. Marshall  et  al.  (1986),  le  asignan  a  esta unidad una edad pliocena tardía en base a la correlación con aquellas unidades de la Formación  Bajada  Grande  del  sector centro-sur mendocino que poseen niveles tobáceos con dataciones radimétricas de 2,6 ± 0.1 Ma y 2,4 ± 0,3 Ma.
Algunos  autores  (Yrigoyen  1993,  entre otros)  prefieren  ubicar  estos  depósitos dentro del Pleistoceno tardío, relacionando  los primeros englazamientos andinos con  la  acumulación de depósitos  aluviales gruesos del borde montañoso.


Figura 3: Sistema de fallas El Tulum (modificado de Zambrano y Suvires 2008).

CUATERNARIO

Los  depósitos  asignados  al  Cuaternario yacen en discordancia angular sobre  las litologías  anteriormente  descriptas  y  se extienden a lo largo del borde pedemontano oriental de  los  frentes montañosos de  la  sierra  de  Pedernal,  constituyendo principalmente depósitos de terrazas, detritos de  faldeo  y  rellenos de  cauces  actuales.  Presentan  generalmente  disposiciones  horizontales  o  subhorizontales, aunque en el sector norte del área de estudio los términos más antiguos han sido afectados  por  deformaciones  que  localmente los abovedaron y/o fracturaron. Las cubiertas clásticas de los niveles aluviales  aterrazados  de  diferentes  generaciones están relacionadas con cursos menores que descienden fundamentalmente de  la  vertiente  oriental  de  la  sierra  de Pedernal,  o  bien  representan  depósitos aluviales vinculados con cursos de mayor orden, alóctonos, de carácter temporario o permanente de bajo caudal.
El  piedemonte  oriental  de  la  sierra  de Pedernal tiene un ancho promedio de 12 km, alcanzando 18 km en la zona del río Acequión. El área pedemontana desarrollada  al  este  del  cerro  Salinas,  presenta una  longitud   máxima de 7,5 km., hasta alcanzar la planicie oriental donde se observa un predominio de facies de barreal y una importante variación en el gradien
te regional.
La variedad  litológica espacial de  las cubiertas aluviales es muy amplia debido a las diversas áreas de aporte (sedimentitas terrígenas de la sierra de las Peñas, calcáreas de  la sierra de Pedernal, esquistos y mármoles del cerro Salinas, etc.). Además de  la  diversidad  litológica  del  aporte, también  son  importantes  las  interdigitaciones  y  cambios  laterales de  facies  con que se relacionan las unidades litoestratigráficas cuaternarias.
La composición litológica de los mantos aluviales presenta  además diferencias  en cuanto a forma y tamaño de los rodados, cantidad y tipo de matriz, y ordenamiento.  Solamente  en  cercanías  a  los  afloramientos metamórficos (al este y al sureste del cerro Salinas)  los depósitos se encuentran  cementados  por  carbonato  de calcio  (niveles  travertínicos) y  la presencia de abundante cantidad de yeso. Estas características  resultarían  de  surgencias naturales de aguas mineralizadas vinculadas  a  zonas  de  fallamiento  cuaternario (Martos 1995)
La  composición  litológica de  los  clastos que conforman las distintas cubiertas aluviales cuaternarias analizadas, varía según el  área  de  aporte  principal  de  los  fragmentos. Se reconoce un neto predominio de rodados de caliza, pedernal y sedimentitas grauváquicas, presumiblemente provenientes de la sierra de Pedernal.
En  las  geoformas  vinculadas  a  cauces alóctonos, como el río Acequión, se nota mayor porcentaje de rodados líticos, fundamentalmente clásticos e ígneos intrusivos ácidos, lo que sugiere la proveniencia por retransporte de Cordillera Frontal.
Al este del cerro Salinas, las cubiertas aluviales presentan además rodados angulosos de rocas metamórficas, lo que indica una  limitada madurez  textural y mineralógica debido a la proximidad del área de aporte.
En este sector  la cubierta aluvial cuaternaria se apoya en relación de no-concordancia sobre filonitas y mármoles biselados por superficies de erosión, o en discordancia angular sobre sedimentitas terciarias.
Las  unidades  aluviales  cuaternarias  corresponden al sector oriental de los niveles  agradacionales  pedemontanos  de  la Precordillera Oriental, vinculados con los ríos principales del sector. dichos niveles han sido  sobreelevados por las sucesivas reactivaciones del  frente de  fracturación principal de los  cerros Valdivia y Salinas (Ortiz  et  al.  1975).  La  procedencia  del material de las unidades aluviales cuaternarias del sector norte está relacionada con los abanicos  aluviales  de  los  ríos Salto y Acequión; y las del sector sur con los  paleocauces  del  río  Riquiliponche. Estos niveles aluviales no presentan diferencias  marcadas  con  niveles  similares presentes  en  localidades  cercanas  como La Rinconada y Pedernal (Martos 1995) a excepción de los clastos de metamorfitas locales  (mármoles,  esquistos,  filonitas, cuarzo en vetas).

Unidades  morfoestratigráficas  reconocidas
Unidad Q4: Esta unidad se encuentra en discordancia angular sobre depósitos neógenos  y  metamorfitas,  evidenciable  al norte  del  cerro  Salinas.  Se  compone  de conglomerados  muy  cementados  por CO3Ca,  con  intercalaciones  limosas.  Se han diferenciado hasta cuatro facies diferentes  según  su contenido de carbonato de calcio, aspecto que favorece su preservación. Esta unidad presenta una superficie  ondulada  con  importante  presencia de barniz y pavimento del desierto. Se la distingue en fotos aéreas por su baja reflectancia en la banda pancromática, dando tonalidades más oscuras, debido probablemente a su alto grado de cementación. En el  terreno se diferencian de  las unidades  aluviales  más  jóvenes  por  su mayor elevación topográfica.
Unidad Q3 (Fig. 2): Este nivel aluvial está principalmente desarrollado al sur del cerro Salinas, en  leve discordancia  angular (6°E) sobre el sustrato neógeno. Al oeste de la falla cerro Salinas, se apoya sobre las filonitas  (verdes y borravino) del Grupo Caucete (Fig. 4).


Figura 4: Perfil A-A' (indicado en la figura 2) en el que se advierte la flexura monoclinal, presente, en el sector occidental, en depósitos correspondientes a la Unidad Q3. MI: miembro inferior (gris claro), MM: medio, MS: superior y FM: Formación Mogotes.

La Unidad Q3 se encuentra muy consolidada a partir de una  fuerte cementación carbonática  y  posee  colores  variados, desde  ocres  a  rojizos  oscuros,  y  grises, productos de alteración hidrotermal presentes en la zona. Se caracteriza por gravas compuestas por rodados de areniscas y  volcanitas  ácidas.  Muestra  muy  buen grado de conservación, y debido a su baja reflectancia  se  observa  con  tonalidades grises  oscuras  en  imágenes  pancromáticas. Se diferencia en fotos aéreas por una textura menos rugosa y por presentar un nivel tonal más claro que la unidad Q4.
Unidad  Q2: Esta  unidad  está  integrada por gravas finas con clastos de areniscas grauváquicas  verdes  (en  forma  subordinada calizas, metamorfitas y volcanitas) e intercalaciones  lenticulares  de  limos.  La granulometría es más fina que la anterior. Se  dispone  discordantemente  sobre  la paleosuperficie de planación desarrollada sobre  las  sedimentitas  neógenas.  Su  superficie  es  irregular,  planizada  en  sectores,  con  presencia  de  barniz  fundamentalmente  férrico. En  fotos aéreas se manifiesta como una unidad de textura homogénea y tonos más claros que los niveles aluviales descriptos anteriormente.
Unidad Q1: Esta unidad está conformada por depósitos de terrazas aluviales a diferentes  cotas,  siendo  muy  representativa arealmente al norte del cerro Salinas. La misma se  encuentra afectada por la mayoría de las fallas presentes en la zona. Se compone de  rodados  subredondeados  a subangulosos  de  areniscas  grauváquicas, calizas  y  subordinadamente  vulcanitas ácidas de tamaños inferiores a los 10 cm de diámetro.
Esta unidad se apoya en discordancia angular sobre sedimentitas neógenas y presenta un relieve aplanado con formación de barniz y pavimento del desierto. El espesor de  las unidades varía entre 1,5 a 2 metros dependiendo de  su ubicación en relación a las estructuras de deformación locales.
Unidad Q0: Está constituida por el material de relleno actual de cauces en todo el nivel pedemontano, siendo ésta una unidad  correspondiente  a  cauces  funcionales (de aportes actuales y de actividad reciente). La composición litológica está do
minada por los aportes del río Acequión, con  clastos  de  granulometría  variable  y composición de calizas, gravas, areniscas y también clastos de metamorfitas del cerro Salinas. La  geometría de  estos  cuerpos es aquélla típica de planicies aluviales en formación, con superficies irregulares, aún sin formación de barniz.

DESCRIPCIÓN DE LAS ESTRUCTURAS CUATERNARIAS

Considerando  las  características  geométricas de las deformaciones cuaternarias y su distribución espacial, y tomando como parámetro de base al predominio de estructuras, se ha dividido el área analizada en tres sectores (de norte a sur) (Fig. 2): a) El sector norte está caracterizado por depósitos aluviales cuaternarios sobreyaciendo en relación de discordancia angular a depósitos neógenos (Grupo Calchaquí y Formación Mogotes). Los mismos están marcando la presencia de estructuras N-S, conformando escarpas rectilíneas (véanse Figs. 2, 5 y 6). En general este sector  presenta  trazos  de  escarpas  con orientación submeridianal visibles en fotos aéreas.


Figura 5: Perfil B-B' (indicado en la figura 2).


Figura 6: Perfil C-C' (indicado en la Fig. 2).

b) El sector central está caracterizado por la  presencia  de  afloramientos  de  rocas metamórficas de bajo grado del cerro Salinas, infrayaciendo en no-concordancia a depósitos  cenozoicos  con  inclinaciones mayores a 25º al este. Se observan pocas evidencias morfológicas  de  deformaciones  cuaternarias, concentradas fundamentalmente en la falla principal (FCS).
c)  En  el  sector  sur  predominan  afloramientos neógenos dispuestos en secuencias  homoclinales  con  inclinaciones  variables entre 18º y 30º al este, con menor participación de elementos aluviales cuaternarios  en  cuanto  a niveles  expuestos, en  relación  a  los otros dos  sectores. En este sector sur las deformaciones cuaternarias están  limitadas a un grupo de escarpas  afectando  a  niveles  cuaternarios en el límite oeste (continuación de la falla principal) (Fig. 4).
La  deformación  cuaternaria  asociada  al
cerro Salinas, principalmente en el sector central y norte, resulta en una geometría monoclinal con cara al este desarrollada en  los  depósitos  cuaternarios  de  la  unidad Q1 (Fig.  4). Ésto  sugiere  un  corrimiento propagante en los depósitos cuaternarios, con vergencia al oeste.
En este trabajo las deformaciones cuaternarias se definen en base a la morfología de  las escarpas observadas en el campo, dado a que éstas constituyen el único rasgo sobresaliente, no siendo así indicado
res cinemáticos. En este trabajo se describirá la falla principal cerro Salinas.
La  falla  cerro  Salinas  corresponde  al frente de falla principal, expresado a través  del  desarrollo  de  escarpas  en  la  cobertura cuaternaria. Éstas se reconocen a lo largo de 15,7 km, presentando rumbo meridiano y una disminución de  su  amplitud  topográfica hacia el sur y hacia el norte del cerro homónimo.
En el extremo norte de esta estructura se presentan una serie de escarpas paralelas
entre  sí,  con  cara  libre  al  oeste,  ampliamente disectadas. Se efectuaron diversas labores de destape manual,  indicadas en la figura 2, gracias a las cuales fue posible observar  que  las  estructuras  sobreimpuestas a los depósitos cuaternarios expuestos corresponden  a  flexuras  antes que a rupturas de dicha cobertura.
El truncamiento y hábito rectilíneo de los depósitos aluviales de la unidad Q1 revelan  una  serie  de  escarpas  monoclinales alineadas  y  parcialmente  erosionadas  a
manera de pequeños cerrillos, con suave buzamiento hacia  el  este,  los  cuales han sido  interpretados  como  productos  del plegamiento por propagación de  la falla. (véase perfil A-A', Fig. 4), correspondiendo al limbo corto de un monoclinal frontal.
En algunos sectores, principalmente en el sector norte (prolongaciones de las fallas F1 y F2, Fig. 2),  las escarpas se encuentran  muy  erosionadas,  detectándose  la presencia de  las mismas a partir de anomalías en el drenaje (sectores con diseño rectangular), el cual encuentra un obstáculo a contrapendiente de más de un metro de altura, que imposibilita su escurrimiento normal por  la pendiente hacia el este (Fig. 5).
Los  registros más  notorios  de  actividad cuaternaria se observaron en las escarpas más occidentales del extremo norte de la zona de estudio (Fig. 6), 1 km al suroeste de la localidad de Retamito, donde se evidencian escarpas de rumbo N-S afectando  a  depósitos modernos  (véase Fig.  2, F1, F2 y F3). En dicho sector se realizó un  destape,  observándose  flexuras  desarrolladas en depósitos de los niveles Q2 y Q0. La longitud de estas escarpas alcanza  570 metros  en  dirección NNE-SSO (Fig. 2). El desnivel entre la superficie del bloque alto y la parte baja de la escarpa es de  1,7 m  rasgo  que  se  interpreta  como amplitud mínima del monoclinal  frontal que,  afectando  a  los  niveles  Q2  se  encuentra  asociado  a  la  propagación  más superficial de la falla cerro Salinas.
Al SE de esta región, se han reconocido escarpas  paralelas  al  frente  principal  de fallamiento  en  sedimentitas  neógenas (Fig. 2), con escarpas poco impuestas, correspondiendo a fallas de rumbo norte e inclinación al este, que ponen en contacto  estas  rocas  sobre  sedimentos del primer  nivel  de  agradación  pleistoceno (Q4). En estos últimos depósitos se observa una suave flexura monoclinal en la zona de falla.
Los  estratos  terciarios,  con  disposición predominante  NNE  e  inclinación  promedio de 18º a 20º SSE) subyacen en discordancia angular a los depósitos cuater
narios,  los cuales se encuentran en posición subhorizontal con leve inclinación al este (5º).
La dirección de  las   escarpas paralelas  a las que  se hizo  referencia anteriormente es  coincidente  con  la  estratificación  de las rocas terciarias. En reconocimiento de campo,  las  escarpas  de  falla  no  son  tan notorias siendo solo evidentes a través de una diferencia altitudinal de algunos metros  y  de  los  cambios  litológicos  de  los niveles cuaternarios afectados por la fracturación, pero muy enmascarados por los procesos  exógenos  de  erosión-sedimentación, muy activos en el área.
Se  realizaron  perfiles  topográficos  con estación  total,  cubriendo  los  sectores marcados en el mapa (Fig. 2) obteniéndose los siguientes resultados (Fig. 5):
Falla 1 (F1 en Fig. 2): Es la estructura neotectónica más occidental del área. Su escarpa  se  reconoce,  en  imágenes  aéreas afectando  a  los  depósitos  Q1,  notoriamente degradados por erosión fluvial asociada  a  cauces  activos  del  río Acequión (Figs. 1 y 2). El desnivel en  los  sectores del perfil es de 1,1 m respecto a los niveles Q0  y Q1  (Fig.  5)  y,  a  diferencia  delárea sur y zonas más occidentales, los niveles cuaternarios se encuentran cementado por niveles  travertínicos. En destapes realizados en el sector no se observa ruptura superficial, y el análisis de la geometría de la deformación se dificulta por el escaso desarrollo de  la estratificación; aún así es posible notar una  leve flexión monoclinal a través de clastos direccionados, los que revelan inclinaciones inferiores a los 7ºE (Fig. 4).
Falla 2  (F2  en Fig. 2): Esta  estructura  se extiende por 3,8 km,  longitud medida en fotos  aéreas, desde 500 metros  al N del cerro Salinas,  aunque  su delimitación  es difícil  debido  a  su  alto  grado  de  disección. Su  límite  septentrional  es difuso  y su  trazo  sólo  es  evidente  donde  se  encuentra desarrollada la unidad Q1. En los perfiles realizados, la altura promedio de escarpa  es de  10,2 m  respecto  a  la  cota del techo de    la unidad Q1. Al  igual que la  escarpa  de  la  falla  1,  no  se  observan efectos de rupturas afectando a esta uni
dad, pero sí flexuras que destacan un monoclinal con cara al oeste (Figs. 4 y 5).
En el extremo sur de esta falla es posible observar los niveles cuaternarios con una inclinación de  17º  (al  este). También  en este sector  los conglomerados de  los niveles superiores de la unidad Q1 presentan  una  importante  cementación  carbonática, hecho que le confiere una alta resistencia a la erosión.

CONSIDERACIONES FINALES

Las  deformaciones  neotectónicas  reconocidas en el sector del cerro Salinas están asociadas a escarpas rectilíneas y subparalelas y sus planos de desplazamiento se encuentran controlados por las superficies de estratificación de  las secuencias sedimentarias  terciarias. Las mismas  corresponden a  la falla marginal de una  lámina de corrimiento con basamento pampeano  involucrado  correspondiente  a  la falla Cerro Salinas y a estructuras de acortamiento asociadas en el limbo dorsal de la misma. El  acortamiento  neógeno  generado por esta estructura se acomoda a través de  flexuras  según  las discontinuidades mecánicas principales constituidas por  los planos de estratificación, en muchos de los cuales se han observado estrías de fricción. Tal mecanismo es favorecido por numerosos bancos pelíticos  intercalados en las secuencias terciarias descriptas, resultando  en  estructuras y geoformas con una marcada expresión rectilínea en el terreno. Esta  notoria  linearidad contrasta con la signatura topográfica usual de escarpas asociadas a fallas inversas y se explica por el alto ángulo de inclinación de los estratos subyacentes. Las características antes mencionadas, la disposición homoclinal de la secuencia  y su arreglo dentro de la estructura sinforme desarrollada en el subsuelo (Vergés et al.  2007)(Fig.  7),  permiten  interpretar  a las  deformaciones  cuaternarias  desarrolladas en el labio elevado de la falla Cerro Salinas  como  fallas  flexodeslizantes  que distribuyen la flexura y acortamiento provocado por la misma.


Figura 7: Esquema estructural basado en datos e interpretaciones de Vergés et al. (2007), mostrando la posición del sinclinal que incluye la estructura del área de estudio y la estratificación terciaria participante.

Según Vergés  et al.  (2007),  la  falla Cerro Salinas resulta de un retrocorrimiento que corresponde a la expresión superficial de una cuña cortical. El marcado contraste reológico  de  la  cuña  con  las  secuencias sedimentarias adyacentes habría determinado una concentración de deformaciones cuaternarias en  los alrededores. Este acortamiento  aparece  distribuido  en  las discontinuidades  litológicas  y mecánicas de  la pila neógena, ya parcialmente biselada  por  superficies  de  erosión,  Admitiendo la interpretación anterior, ninguna de las fallas interpretadas como flexodeslizantes  corresponderían  a  la  expresión directa de fuentes sismogénicas principales, excepto la falla Cerro Salinas. Las mismas serían el resultado del desplazamiento  y  acortamiento  asociado  a  esta  falla. En  las  condiciones descriptas, desplazamientos  individuales o cosísmicos en  las diferentes  estructuras  reconocidas,  expresarían  la distribución de un desplazamiento mayor localizado en la estructura sismogénica principal.
Por  lo  tanto,  la utilización de  relaciones empíricas que vinculan el desplazamiento cosísmico  con magnitud  del  evento  (ej. Wells  y Coppersmith  1994)  en  las  fallas secundarias, seguramente resultaría en  la subestimación de las paleomagnitudes de dichos eventos.
Otra derivación de la interpretación mencionada refiere a que las fallas asociadas a las escarpas F1, F2, F3 y F4  (Fig. 2), no corresponderían a fuentes con importante capacidad sismogénica, ya que su geometría y desarrollo está circunscripto a la estructura  sinclinal  desarrollada  al  este del cerro Salinas (Fig. 7).
No  han  podido  reconocerse  evidencias de rupturas superficiales recientes (holocenas/históricas)  expuestas  en  el  sector, principalmente debido a que las escarpas descriptas  se  encuentran  cubiertas  por depósitos coluviales y aluviales más modernos. Por ejemplo en  la  falla 1  (F1 en Fig. 2), la escarpa está asociada a la flexura de la unidad Q1. Pero no se ha podido documentar el desarrollo de ambos flancos del monoclinal, debido a que el sector  inferior  está  cubierto  por  depósitos de la unidad Q0 (actuales).
Pese a la falta de exposiciones favorables, se entiende que la propagación de la falla Cerro  Salinas  ha  deformado  principalmente por flexura a las unidades aluviales más recientes (Q1). Lloret y Suvires (2006) y  Zambrano  y  Suvires  (2008)  han  propuesto  la vinculación espacial de  la  falla Cerro Salinas con estructuras pampeanas marginales de  la  sierra de Pie de Palo, a través  de  la  falla El Tulum  (Fig.  3). No obstante, los rasgos morfoestructurales aquí  descriptos,  guardan  estrecha  semejanza con el estilo del fallamiento obser
vado en el piedemonte de la Precordillera Oriental (Bastías et al. 1984, Bastías et al. 1990, Costa et al. 2006a). Ello ha motivado a diversos autores a vincular la posible continuidad  septentrional  de  la  falla Cerro Salinas con estructuras de filiación precordillerana, como la falla La Rinconada (Comínguez y Ramos 1991, Vergés et al. 2007).
Asimismo,  la  sumatoria  del  desplazamiento experimentado por la unidad Q1, considerando  todas  las  escarpas de  falla subparalelas a la altura del perfil b-b' que la afectan, es de 16,1 m, y asumiendo una edad para estos depósitos correspondiente al Pleistoceno tardío (< 120.000 años), se  podría  estimar  una  tasa  de  levantamiento mínima de 0,13 mm/año.

AGRADECIMIENTOS

Los autores desean dejar expreso agradecimiento  por  los  comentarios  críticos  y las  valiosas  sugerencias  formuladas  a C. del Papa y M. S. Japas.
El presente trabajo ha contado con el financiamiento de la Universidad Nacional de  San  Luis,  a  través  del  Proyecto 348901.

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Recibido: 23 de abril, 2010
Aceptado: 18 de noviembre, 2010

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