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Revista de la Asociación Geológica Argentina

versión impresa ISSN 0004-4822

Rev. Asoc. Geol. Argent. vol.68 no.3 Buenos Aires set. 2011

 

ARTICULOS

El abate Juan Ignacio Molina: una vida dedicada a la historia natural y civil del reino de Chile

 

Reynaldo Charrier1,2,3 y Francisco Hervé1,2

1 Departamento de Geología, Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Universidad de Chile
2 Escuela de Ciencias de la Tierra, Facultad de Ingeniería, Universidad Andrés Bello, Santiago, Chile.
3 Advanced Mining Technology Center (AMTC), Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, Universidad de Chile, Santiago, Chile. E-mails: rcharrie@ing.uchile.cl, fherve@cec.uchile.cl

 


RESUMEN

Juan Ignacio Molina (1740-1829) nació cerca de Talca, Chile, y falleció en Bolonia, Italia. Es el primer científico chileno. Desde pequeño se interesó por la naturaleza. Se educó con la Compañía de Jesús en diversos lugares de Chile central, lo que le permitió conocer su geografía, fauna, flora y población. Con 15 años ingresó a la Compañía. En 1767, abandonó el país al ser expulsada esta orden de españa y sus dominios. Se radicó en los Estados Pontificios, donde se ordenó de sacerdote y permaneció hasta su muerte. Allí enseñó ciencias naturales y produjo su obra científica: Compendio de la historia geográfica, natural y civil del reino de Chile de 1776, una versión aumentada, Ensayo sobre la historia natural de Chile de 1782 y una segunda en 1810. En ellas, abordó aspectos climáticos, botánicos, geológicos, zoológicos, mineralógicos y geográficos del territorio. Describió el terremoto de Concepción, las erupciones del Villarrica y Peteroa, e hizo referencia a recursos minerales. Diferenció cuatro unidades litoestratigráficas para Chile central. Clasificó plantas y animales siguiendo los criterios de Linneo. En una de sus 14 memorias, Analogías menos observadas de los tres reinos de la Naturaleza, sin podérselo calificar de evolucionista, se destaca su intento de integración entre los "seres" de los tres reinos, y en Sobre la propagación del género humano en las diversas partes de la tierra, propuso tres vías diferentes para el poblamiento de América. En 1802, ingresó a la Academia de Ciencias de Bolonia.

Palabras clave: Naturalista chileno; Jesuitas; Ilustración.

ABSTRACT

Abbot Juan Ignacio Molina: A life devoted to the natural and civil history of Chile.
Juan Ignacio Molina (1740-1829), born next to Talca, Chile, and dead in Bologna, Italy, is the first Chilean scientist. His education in establishments of the Society of Jesus, in several localities of central Chile, allowed him to learn about its geography, flora, fauna, and population. At 15 years old he entered the Society. In 1767, he left Chile when the Jesuits were expelled from the spanish territories. In Bologna he produced his scientific contribution. Molina published in 1776 the first of his books, Compendio della storia geográfica, naturale, e civile del regno del Chile. In this one and the others, Molina treated different topics as climatology, botany, geology, zoology, mineralogy, and physical geography. He described his impressions on the Concepción earthquake, the eruptions of the Villarrica and Peteroa volcanoes, and made detailed descriptions of minerals and ore deposits.
He differentiated four major lithostratigraphic units. In his descriptions of plants and animals he followed the classification of Linneus. He wrote 14 scientific memoirs. In Analogie meno osservate dei tre regni della Natura, he supports the idea of a gradual transition between all "beings" in the three kingdoms of nature, however, in it he makes no proposition that can be qualified as evolutionary. In Sulla propagazione sucesiva del genere umano he suggests three sources for the population in America. In 1802, he entered the Bolognese Academy of Sciences.

Keywords: Chilenian naturalist; Jesuits; Illustration.


 

INTRODUCCIÓN

La obra de Juan Ignacio Molina, sabio chileno de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, conocido como el Abate Molina, representó un multifacético aporte al conocimiento de su época y, sin duda, tuvo influencia importante en el curso de las ideas de sus contemporáneos y sucesores en el ámbito científico. Su espíritu inquieto y gran capacidad de observación lo condujeron a indagar en aspectos muy variados de las ciencias naturales, la geografía y la historia civil de Chile. Algunos estudiosos de su vida y obra lo catalogaron como "un cerebro de corte europeo", "un sabio que dejó niño la tierra natal para ser ciudadano del mundo por el intelecto y chileno por el corazón" (Encina 1946), como uno de los "grandes pensadores americanos, al nivel de los más finos intelectuales europeos de la época" (Rojas 1965), y como el primer científico chileno y único entre los científicos de ese país que alcanzó renombre internacional entre los siglos XVI a XIX (Jaramillo 1987). Ronan (2002) concluye su libro sobre Molina señalando que el abate fue el más destacado jesuita hispanoamericano expulsado de los dominios españoles por el edicto de Carlos III (Fig. 1).



Figura 1: El Abate Molina a la edad de 50 años. Retrato realizado por el grabador español Moreno, que acompaña el artículo de Fontecilla (1929).

En este trabajo no se pretende dar una cuenta completa de la vida, obra, notas, correspondencia y pertenencias del Abate Molina. La documentación al respecto es abundante y exhaustiva (Santágata 1845, Vicuña Mackenna 1856, 1860, 1872, Fontecilla 1929, Hederra 1929, Opazo 1942, Gunckel 1929, 1965, 1966, 1970a, 1970b, 1980, Espinosa 1946, Reilly 1958, Rojas 1961, 1963, 1965, 1997, 2001, Laval 1965, Jaramillo 1965, 1968, 1987, Briones 1968, 1997, Jiménez 1974, Hanisch 1999, Ronan y Hanisch 1979, González 1993, Ronan 2002, Stuardo 2007, Hachim 2008, entre otros). Sus notas, manuscritos y correspondencia se encuentran en el Archivo Nacional en Santiago. Existen números de revistas científicas chilenas dedicados entera o casi enteramente a la obra científica del abate, tales como los editados por Porter (1929), Fuenzalida (1962) y Rojas (1965). Los interesados pueden referirse a éstos, aunque algunos son difíciles de encontrar y, frecuentemente, las referencias que se han hecho de ellos son incompletas y poco precisas. Existe también información sobre el Abate Molina en Internet.
La relativamente extensa literatura que revisa la obra del abate se concentra principalmente en su notable y aun vigente contribución a la botánica y la zoología, y a la influencia que su pensamiento tuvo sobre las ideas desarrolladas en los siglos XIX y XX. No parecen existir mayores referencias respecto de su contribución al conocimiento de la geología de esta región del continente. Un intento inicial lo representó la corta nota de menichetti y Hervé (2007), de la cual el presente ensayo pretende ser una continuación. El objetivo principal de este artículo es, en consecuencia, llenar ese vacío. En segundo término, la figuración que alcanzó el pensamiento de Molina en los destacados círculos intelectuales europeos en los que participaba, en una época de trascendentes progresos en el conocimiento científico y geográfico como fue la de la Ilustración o siglo de las luces, nos estimuló para exponer algunas consideraciones respecto del lugar que ocupó Molina en el desarrollo de las teorías relacionadas con la variación de las especies. La pertinencia de este segundo objetivo se sustenta en la importancia que detentan la geología y la paleontología en la Concepción de esas teorías.
Este trabajo, presentado en 2010 en el Segundo Congreso Argentino de Historia de la Geología, en Buenos Aires, es un homenaje al Abate Molina al cumplirse el bicentenario de la publicación de su ensayo ampliado sobre la historia natural de Chile (Molina 1810).

ANTECEDENTES BIOGRÁFICOS

Juan Ignacio Molina y González nació el 24 de junio de 1740 en la hacienda "Guaraculén" (Huaraculén), en la localidad de Loncomilla, un poco al oriente de la actual Villa Alegre y cerca de lo que sería dos años después la ciudad de San Agustín de Talca, en la región del Maule, Chile (Fontecilla 1929). Era oriundo de una familia que se destacó en lo militar y lo civil, avecindada en Chile desde 1557 (Fontecilla 1929, Opazo 1942). Falleció en Bolonia, Italia, en 1829, a la edad de 89 años, después de 62 años de exilio.
Según sus biógrafos, habría recibido su primera educación en establecimientos de la Compañía de Jesús en Concepción, ubicada en ese entonces donde hoy día se levanta la localidad de Penco, y Talca, donde aprendió caligrafía, gramática, retórica y mapudungún. Poco después falleció su padre y regresó a Talca por unos años hasta que sus mentores decidieron reenviarlo al sur a continuar los estudios. Estando allí, en 1751, se produjo el terremoto de Concepción. Las construcciones de los jesuitas, en el antiguo emplazamiento de Concepción, habían sido totalmente destruidas por el terremoto y el maremoto asociado, de modo que éstas se reinstalaron en el emplazamiento actual de la ciudad. Estando allí, a los 15 años, realizó la promesa de ingresar a la Compañía. A partir de este momento inició el noviciado en instituciones de la orden en Santiago y Bucalemu. En ese periodo estudió griego, latín, francés, italiano, matemáticas y física. En los períodos de descanso, en la hacienda de Carén, que abarcaba desde las cercanías de Santiago hasta Melipilla, mientras estuvo en Santiago y en Bucalemu, ubicada entre los ríos Maipo y Mataquito, aprovechó su tiempo libre para hacer largos recorridos por la Cordillera de la Costa y la región costera observando la naturaleza (Fontecilla 1929, Hederra 1929). Después de tres años en Bucalemu regresó a la capital para cursar estudios de teología y filosofía en el Colegio Máximo de San Miguel. Fue en ese momento que contraería la viruela, que le dejaría marcas por el resto de su vida, y es de esa época que data la elegía sobre su enfermedad. Los progresos en sus estudios fueron rápidos, lo que le habría valido ser colocado en el cargo de bibliotecario (Santágata 1845), algo que Font
ecilla (1929) contradice por considerar a Molina demasiado joven y concentrado en sus estudios para ejercer esa ocupación. Esta preparación se desarrolló conforme a la marcadamente escolástica Ratio Studiorum jesuita (Jiménez 1974, Jaramillo 1987, Ronan 2002).
En 1767, cuando contaba con 27 años de edad, fue forzado a abandonar el país, junto con unos 300 sacerdotes y novicios, cuando la Compañía de Jesús fue expulsada de España y sus dominios por edicto del rey Carlos III. En este éxodo lo acompañaron otros jesuitas, como los padres Miguel de Olivares y Manuel Lacunza, y el seminarista Felipe Gómez de Vidaurre, quienes alcanzarían también prestigio en Europa. Después de dos meses en Lima, emprendió viaje, primero a Cádiz, España, y desde allí hacia Spezzia, en Italia, desde donde llegaría a los Estados Pontificios casi dos años después de haber partido del Callao (Fontecilla 1929, Hederra 1929, Espinosa 1946). Las autoridades eclesiásticas dispusieron que primero se instalara en Imola, donde permaneció cuatro años, hasta 1773, fecha en que se ordenó de sacerdote. Ese año, el papa Clemente XIV, cediendo ante la presión ejercida por las principales monarquías europeas, ordenó la disolución de la Compañía de Jesús. Eso determinó que Juan Ignacio Molina fuese a vivir a Bolonia, donde encontraría mayores posibilidades de subsistir, un ambiente culto para desarrollarse y donde residiría por el resto de su vida (Fontecilla 1932). Sacerdote sin ubicación precisa en orden religiosa, convento o parroquia, se lo conocerá en adelante como el ''Abate Molina'' o simplemente el ''abate'' (Espinosa 1946).
En Bolonia, Molina se dedicó a la enseñanza de las ciencias naturales, latín y otros idiomas, retórica, geografía e historia. Dio clases pagas a niños de familias adineradas y gratuitas a niños de escasos recursos. Por su sabiduría, y carácter bondadoso y acogedor, fue un maestro querido y buscado por sus alumnos (Opazo 1942). Allí produjo su contribución científica e histórica. Después de muchos años y ya cumplidos los sesenta recibió altos reconocimientos académicos, entre otros, ofertas de cátedras universitarias de lengua y cultura griega, de ciencias naturales en el Instituto de las Ciencias de la universidad, que él no aceptó, el nombramiento, como único miembro extranjero del Instituto de Italia, hecho por Eugenio de Beauharnais, hijo adoptivo de Napoleón Bonaparte y virrey de Italia en 1812, y la designación como primer académico americano de la Academia de Ciencias de Bolonia (Fontecilla 1929, Espinosa 1946, Jaramillo 1987). En 1820, fue nombrado miembro de número de la Academia Truentina en Ascola, y, en 1822, miembro adjunto de la Academia de Palermo (Espinosa 1946).
A partir de 1814 su salud fue decayendo gradualmente. En agosto de 1829 le sobrevino una intensa fiebre que lo llevó a la muerte el siguiente mes. Se refiere que, con la fiebre de su agonía, padeció una intensa y constante sed que le hizo reclamar "¡Aquella agua de la cordillera!" (Vicuña Mackenna 1860). Fue sepultado en el Panteón de Hombres Ilustres en Bolonia, donde se colocó un busto suyo en mármol. Sus restos descansan hoy en la iglesia de Villa Alegre, cerca de Talca.
El abate fue un decidido defensor de las ideas de independencia americana y un gran amante de su tierra, a la que siempre añoró. A su muerte, legó a la patria los bienes familiares que todavía poseía con el objeto de fundar en Talca una biblioteca pública provista de instrumentos para el conocimiento de la astronomía, náutica y matemáticas, dando lugar en 1830 a la creación del Instituto Literario (Opazo 1942, Espinosa 1946). Uno de sus deseos más fervientes, el de regresar a Chile, no pudo ser concretado en dos ocasiones. En un primer intento, en 1800, desistió por la inseguridad inherente de un viaje por mar y la inestabilidad política de Chile en los tiempos previos a la independencia, y en su segundo intento, a los 80 años, debido a su avanzada edad (Hederra 1929, Opazo 1942). En ese momento, la orden de expulsión de los jesuitas había sido revocada.
En 1855, Benjamin Vicuña Mackenna tomó la iniciativa de recolectar fondos para erigirle una estatua. El monumento fue inaugurado en 1861 frente a la Casa Central de la Universidad de Chile en la Alameda, arteria principal de la capital (Vicuña Mackenna 1872). Posteriormente, en 1927, fue trasladado a Talca y colocado frente al Liceo de Hombres que lleva su nombre. A fines de 1966, sus restos fueron repatriados y actualmente reposan en la iglesia parroquial de Villa Alegre, en las proximidades de la hacienda "Guaraculén", donde nació.

PERSONALIDAD

El interés que Molina manifestó por la naturaleza le fue inculcado por su padre. "Mi inclinación me llevó desde mis más tiernos años a observar las producciones de la naturaleza y particularmente los animales, sobre los cuales mientras viví en el país, hice todas las investigaciones posibles. Un conjunto de circunstancias conocidas de todo el mundo me obligaron a interrumpir mis observaciones" (Molina 1987: 108).
Vicuña Mackenna (1860) lo describe como "pequeño de estatura i algo moreno de color; sus ojos grandes y expresivos tenían una vivacidad extraordinaria, pero su boca i narices eran de proporciones disformes" y, según su discípulo Santágata (1845), "era tan manso como jovial, tan enemigo del rigor como inclinado a la clemencia". Jaramillo (1987) lo describe "de un lado, excelente y preciso observador, con gran capacidad imaginativa; del otro, alegremente positivo y astutamente irónico". De la lectura de sus textos se percibe la humildad con que expresó sus ideas y se reconoce la admiración que le inspiraron algunos científicos. Sin embargo, fue capaz de criticar con dureza a quienes continuaban aferrados a ideas antiguas, no aceptaban las evidencias de la ciencia y opinaban sin fundamento, como se mostrará más adelante.
Molina era muy laborioso en sus trabajos preparatorios; visitaba las bibliotecas y tomaba notas de todo lo que pudiera interesarle. Opazo (1942) refiere que el Archivo Nacional conserva, en numerosas tiras de papel escritas de su propia mano, el testimonio de su laboriosidad. En otro orden de cosas, sus biógrafos destacaron su ferviente patriotismo y su decidido apoyo a la causa independentista que recorría el espíritu de los países americanos (Espinosa 1946, Jaramillo 1987, Ronan 2002).

ENTORNO CULTURAL EN LA CIUDAD DE BOLONIA

La Universidad de Bolonia, fundada en 1119, es una de las más antiguas de occidente. En la época del abate, se la denominaba Instituto Pontificio por encontrarse esa ciudad en los estados papales. Bolonia era uno de los principales centros culturales de Europa, al cual confluían alumnos de todas partes de Italia y del continente (Espinosa 1946).
A pesar de la apertura cultural que reinaba en ese ambiente, la iglesia seguía manteniendo un ojo atento sobre las corrientes de pensamiento, las posturas que socavaran la integridad de la fe y los libros que se considerasen ofensivos para la ortodoxia. Las ideas de Molina no estuvieron exentas de este control. En 1815, después de presentar en el Instituto Pontificio su memoria titulada Analogías menos observadas de los tres reinos de la Naturaleza, fue acusado ante las autoridades eclesiásticas de herejía. El problema, según Ronan (2002), residía en la poca claridad con que hacía uso de términos como discernimiento e inteligencia en relación con plantas y animales, atributos reservados sólo al género humano. Esto hizo que, mientras se desarrollaba la investigación correspondiente, se le cancelara el permiso de enseñar. La comisión encargada de estudiar el manuscrito determinó, finalmente, que el texto no atentaba contra la fe y que los términos cuestionados, según indica la nota aclaratoria de los censores eclesiásticos (Molina 1821a), habían sido utilizados en "sentido puramente analógico".
A pesar de esto, se le solicitó diferir la publicación del manuscrito para que no fuese mal interpretado por los lectores. El texto fue finalmente publicado en 1821, con el consiguiente perjuicio para su divulgación, en una época que se caracterizó por la rápida evolución de las ideas. Además, la sospecha de herejía le alejó a muchos de sus alumnos.
Por su condición de sacerdote jesuita, su visión integradora de la naturaleza, el exilio, sus problemas con la Inquisición y las dificultades para publicar su obra, Jaramillo (1965) estableció un paralelismo entre el Abate Molina y el "que sería, un siglo más tarde, su hermano jesuita Pierre Teilhard de Chardin, cuya vida y pasión había de ser, asimismo, tan asombrosamente semejante a la suya".

LA OBRA DEL ABATE MOLINA

El Abate Juan Ignacio Molina escribió las obras que se mencionan y comentan a continuación. Su obra poética fue escrita en griego y latín, y sus trabajos científicos, en italiano. De estos últimos existen traducciones a varios idiomas.
La obra poética y literaria de Molina es bastante extensa (Briones 1968, 1997). A continuación se hace referencia sólo a aquella que ha sido traducida y publicada, las Elegías Latinas, escritas en latín cuando aún era estudiante y alumno de noviciado, fueron traducidas al castellano por Jiménez (1974). Esta obra incluye: i) De Conceptionis Urbis Ruina, un poema inspirado en el terremoto de Concepción de 1751, que habría escrito, según Jaramillo (1976), con solo 14 años, aunque Briones (1997) considera esta aseveración como un dislate; ii) De peste variolatum, inspirado en el ataque de viruela que sufrió en Santiago a su regreso de la hacienda de Bucalemu, en 1761, escrito a los 21 años (Jaramillo 1976); iii) Elegia autobiografica, inspirado en su propia vida, escrito también a los 21 años; y iv) De fluviis chilensibus, inspirado en la naturaleza (Gunckel 1980, Ronan 2002). Respecto de la segunda, Jaramillo (1976) opina que es la más importante obra poética de Molina y Costa-Casaretto (1979a, b) destaca la precisa descripción que hizo de la enfermedad y la toma como un ejemplo de patografía y, en este caso, de autopatografía.
Compendio della storia geográfica, naturale, e civile del regno del Chile de 1776 (Fig. 2) fue publicado bajo autor anónimo y, en un comienzo, atribuido, erróneamente a Felipe Gómez Vidaurre (Fontecilla 1929, Opazo 1942, Espinosa 1946). Sin embargo, Stuardo (2007) sostiene aun hoy la autoría de Felipe Gómez Vidaurre para la obra. El Compendio es el primer recuento que se hizo de la historia natural de Chile. La preparación de esta obra fue realizada sobre la base de los recuerdos que guardaba Molina de sus observaciones y recopilaciones efectuadas antes de su partida de América, debido a que las notas, que había preparado durante largos años en Chile, le fueron sustraídas al partir. Esta obra fue traducida al francés en 1779, al alemán en 1791 y al inglés en los Estados Unidos. la primera parte, referida a geografía e historia natural, fue traducida al español por Domingo Joseph de Arquellada Mendoza y publicada en 1788 por Antonio de Sancha en Madrid. La traducción al español de la segunda parte, dedicada a la historia civil de Chile, fue realizada por un acaudalado coterráneo amigo de Molina residente en Cádiz, Nicolás de la Cruz y Bahamonde, Conde del Maule (Opazo 1942), y se publicó en la misma Imprenta de Sancha en Madrid (Molina 1795).



Figura 2: Portada del Compendio della storia geográfica, naturale, e civile del regno del Chile de Molina (1776).

Saggio sulla storia naturale del Chili vio la luz en 1782. El éxito del Compendio, su primera obra, lo indujo a preparar una segunda edición más completa (Molina 1782). Para ello contó con las notas que le habían confiscado al embarcarse en Lima, que le habían sido restituidas por un chileno que las había adquirido en Valparaiso (Fontecilla 1929). Así mismo, parece que por esa época habría recuperado también otras notas tomadas durante su viaje del Callao a Cádiz que le habían sido confiscadas por el capitán (Espinosa 1946, Ronan 2002). un resumen de esta obra fue publicado en 1782 en el número 5 de Memoria Enciclopedia de Bolonia. El mismo año apareció la versión completa. Esta obra fue traducida al alemán en 1786 y 1791, al francés en 1789 y al inglés en Estados Unidos e Inglaterra en 1808 y 1809, respectivamente (Fontecilla 1929).
Una nueva versi ón del Saggio sulla storia civile del Chili fue dada a conocer unos años más tarde (Molina 1787). Ésta recibió menos atención que la anterior ya que sus compañeros de éxodo, los padres Miguel de Olivares y Felipe Gómez de Vidaurre, habían publicado, entre tanto, sendos textos sobre la historia de Chile (Espinosa 1946).
La tercera y más completa versión del Saggio sulla storia naturale del Chili fue publicada en 1810. Ésta cuenta con numerosos agregados respecto de la anterior, los que no se habían incluido en el "sucinto Compendio de las observaciones hechas por mí, acerca de los seres pertenecientes a los tres reinos de la Naturaleza que existen en ese país" puesto que "fueron presentados de un modo demasiado conciso, como para cumplir los anhelos de los naturalistas doctos, pero que resultó suficiente para satisfacer la curiosidad de aquellas personas que sólo buscan darse una idea de la calidad y producciones de los países lejanos. Este fue el único fin que me propuse al componer ese opúsculo" (Molina 1987: 3). Los agregados en esta obra consisten en un catálogo de términos mapuches y una sinopsis de la flora chilena ajustada al sistema linneano.
Molina dedic ó esta obra al Virrey de Nápoles, Eugenio de Beauharnais, hijo carnal de Josefina de Beauharnais y adoptivo de Napoléon Bonaparte. El ensayo fue traducido al castellano por Rodolfo Jaramillo en 1987. La tercera edición del Saggio (Molina 1810) cumplió doscientos años en 2010.
Memorie di storia naturale, lette in Bologna, nelle adunaze dell'istituto, dall'abate Gion-Ignazio Molina, Americano, miembro dell'istituto pontificio apareció en 1821. Esta obra de dos tomos es una colección de 14 memorias sobre historia natural leídas por Molina en sesiones académicas del Instituto Pontificio de la Universidad de Bolonia (Molina 1821a). En ella están incluidas dos memorias que representan algunas de sus ideas que han tenido mayor repercusión y trascendencia: Analogie meno osservate dei tre Regni della Natura (Analogías menos observadas de los tres reinos de la Naturaleza), sexta memoria leída en 1815, y Sulla propagazione sucesiva del genere umano nelle diverse parti della terre (Sobre la propagación del género humano en las diversas partes de la tierra), décimo segunda memoria leída en 1818, ambas traducidas al español por el profesor Felipe Alliende, en 1965 (Molina 1821b, c).
De acuerdo con lo anterior, la producción de Molina se puede separar en tres líneas o grupos de obras. Un primer corpus formado por sus obras poéticas descriptivas, el segundo, relacionado con el Compendio y los ensayos, y el tercero, correspondiente a las memorias científicas. El aporte contenido en estos tres grupos se analizará a continuación destacando los aspectos de interés para la Ciencias de la Tierra.

EL PENSAMIENTO DEL ABATE MOLINA

En las elegías a la destrucción de Concepción, según la traducción de Briones (1997), Molina se refirió fundamentalmente a la condición humana ante fenómenos telúricos y, por esta razón, dedicó solo contados versos al terremoto y al maremoto en sí mismos. La descripción de este terremoto es más completa en el Compendio y las diferentes versiones del Saggio. La misma se reproduce más adelante.
Los compendios y ensayos publicados por Molina permitieron un conocimiento más preciso y documentado sobre Chile, su historia, su geografía, los fenómenos naturales que en él ocurren, su flora, su fauna, recursos económicos, y las características y costumbres de su población aborigen para la cual tienen elogiosos comentarios. En efecto, al igual que el abate jesuita mexicano Francisco Xavier Clavijero (1731-1787), autor de Historia antigua de México y su conquista de 1780, y su antecesor el jesuita Alonso de Ovalle (1603-1651), quién sostuviera: "Habiéndome venido del reino de Chile y hallando en estos de Europa tan poco conocimiento de él que en muchas partes aun ni sabían su nombre, me ví obligado a satisfacer el deseo que me instaron diese conocer lo que era tan digno de saberse" (Ovalle 1646), su declarado propósito fue aumentar el conocimiento de su terruño. En el prefacio de su Ensayo señaló: "Pese a las ventajas con que la naturaleza se complace en distinguirlo entre tantas otras regiones célebres, Chile era entonces, por así decirlo, completamente desconocido en Italia. El amor que naturalmente inspira la patria me indujo a proporcionar alguna idea sobre ella" (Molina 1987: 3). Con ese propósito también, Molina rebatió en sus obras y, en ocasiones duramente, a los autores que expresaron sobre este continente ideas que él consideraba equivocadas, sesgadas e incluso fantasiosas. Respecto de las menciones de ciertos autores sobre el estado primitivo de la población aborigen señaló en su defensa: "Confesemos que todas las naciones sean americanas, europeas o asiáticas, han sido semejantísimas en estado salvaje, del cual ninguna ha tenido el privilegio de eximirse" (Molina 1795: 359). Rebatió con argumentos científicos las ideas del naturalista francés Georges Louis Buffon (1707-1788) respecto de la degeneración de las especies en América, pero ridiculizó los planteamientos de Cornelius Franciscus de Pauw (1739-1799), quien, a pesar de no haber visitado América, intentó demostrar no solo la degeneración de las especies causada por las condiciones climáticas en el continente, sino también la degeneración, tanto física como intelectual del hombre americano. Al respecto escribió: "En suma Pauw ha escrito de las Américas y de sus habitantes con la misma libertad que pudiera haber escrito de la luna y de los Selenitas" (Molina 1788: xvixvii). En su intento por mostrar las virtudes de su tierra, cayó él también en algunas exageraciones de importancia menor. Curiosamente, en ninguna de sus obras hace mención a su contemporáneo el biólogo Georges Cuvier (1769-1832).
El corpus descriptivo de su obra es la principal contribución de Molina y la que causó mayor efecto en las ideas de su época. Son precisamente estos los aspectos que interesaron a científicos como Alexander von Humboldt (1769-1859), quien pasó a visitarlo en septiembre de 1805, aunque no pudieron encontrarse debido a que el abate estaba en el campo (Fontecilla 1929, Opazo 1942, Espinosa 1946), y el mismo Charles Darwin (1809- 1882), quien citó a Molina en algunos pasajes (Darwin 1845, 1846). Con estas descripciones del nuevo mundo, Molina y los otros criollos de la Ilustración integraron el continente americano al resto del mundo e influyeron en América configurando una idea de identidad que afirmaría las ideas de emancipación, siendo, en ese sentido, sus precursores ideológicos (Hederra 1929, Rojas 1997).
En los textos dedicados a la historia natural de Chile, Molina abordó diversos aspectos del país como climatología, botánica, geología, zoología, mineralogía, geografía física y características y costumbres de sus habitantes. De interés son sus descripciones de animales y plantas para lo cual siguió los criterios de clasificación binaria propuestos por Carlos Linneo (1707-1778). Con estas descripciones permitió la incorporación de un número importante de las especies descritas por él a la taxonomía zoológica internacional (Stuardo 2007) y sentó las bases de la botánica y zoología chilenas. Los aspectos botánicos y zoológicos tratados por Molina han sido frecuentemente analizados y continuados por científicos nacionales y extranjeros, y la lista bibliográfica al respecto es extensa (Gunckel 1980). Su aporte en estos campos sigue vigente y su memoria ha sido honrada con la definición de varias especies vegetales y animales que llevan su nombre. Las detalladas observaciones de la naturaleza realizadas por Molina en su Compendio y ensayos, y las generalizaciones que realizó basado en ellas lo muestran aplicando a la ciencia natural criterios empíricos e inductivos que rompieron con la tradicional doctrina escolástica y lo colocaron en una posición crítica con las enseñanzas recibidas. Este aspecto de la personalidad de Molina que lo ubicó en avance de muchos de sus contemporáneos está muy bien expresado en el discurso de Santágata (1845) y fue también señalado por Hederra (1929) y, posiblemente, subyacía en los cuestionamientos que se le hicieron en relación a sus ideas sobre las analogías menos observadas de la naturalez
a.

CONTRIBUCIÓN AL CONOCIMIENTO DE LA CONSTITUCIÓN GEOLÓGICA DE LA REGIÓN

A pesar de la abundante literatura existente sobre nuestro abate, es poco o nada lo que se ha escrito sobre su aporte a la geología. Humberto Fuenzalida Villegas, uno de los tres fundadores de la Escuela de Geología (hoy Departamento) de la Universidad de Chile dictó una conferencia en 1965 sobre "La mineralogía en la obra del abate Molina" (Gunckel 1980).
Un intento de análisis de su contribución a esta ciencia se encuentra en Menichetti y Hervé (2007). A continuación se analiza, a la luz de los conocimientos actuales, el aporte del abate al conocimiento de la geología de esta región del continente (Molina 1987). Al inicio de este análisis es necesario tener presente que Molina no había tenido ninguna preparación formal en geología y que, por lo tanto, sus conocimientos los debió adquirir en forma autodidacta. Sobre los fósiles expresó: "No sabemos con certeza de qué manera procede la naturaleza en las vísceras de la Tierra para formar los diversos fósiles que en aquellos tenebrosos subterráneos se generan" (Molina 1987: 7). Sin embargo, en los párrafos que se reproducen a continuación se reconoce que la interpretación que hizo sobre la presencia de estratos "incrustados de producciones marinas" es correcta y se ajusta a la definición de fósil en el sentido de restos de organismos conservados en las rocas.
Probablemente, en el párrafo anterior se refería a formas hoy desconocidas y que, por lo tanto, no era capaz de asignar a ningún tipo de organismo viviente conocido.
En cuanto al Chile de entonces señaló que al oeste limita con el "Océano Pacífico, en el septentrión con Perú"', y "al oriente con Tucumán, Cuyo y la Patagonia y al sur con Magallanes" (Molina 1987: 9) (Fig. 3). En relación con la Cordillera de los Andes refirió: "Esta montaña, en la parte que respecta a Chile, tiene 120 millas de ancho y está compuesta de tres cadenas, casi paralelas. La del centro supera algo en altura a las dos colaterales, cuyas faldas son más escarpadas hacia el occidente que al oriente" (Molina 1987: 12). Molina considera aquí, de acuerdo con la división política anterior a su expulsión, un territorio chileno que incluía a la provincia de Cuyo, o sea, "desde los 68º a los 75º30' de longitud occidental, desde el meridiano de Paris". Las cadenas a las que se refiere son, por lo tanto, de oeste a este: la Cordillera de la Costa, la Cordillera Principal y Frontal, y la Precordillera, que son las unidades que se individualizan bien desde un punto de vista morfológico.



Figura 3: Mapa político de la parte sur de América del Sur en el siglo XVIII, tomado de Castedo (1953), en que se muestra la extensión de Chile hasta la región de Atacama y abarcando la provincia de Cuyo al este de la Cordillera de los Andes. En sus descripciones de la cordillera, Molina se refiere a esa región.

En el resto de su texto no hace mayor referencia a las regiones ubicadas al este del eje de la Cordillera Principal, excepto al señalar las dificultades que representa el cruce de la cordillera y la existencia de refugios para uso de los correos (Molina 1987), y al realizar la siguiente descripción de un interesante fenómeno natural:
"El río Mendoza, antes de salir de los Andes, pasa bajo un puente de yeso hecho por la corrosión de sus olas, el cual está ador