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Medicina (Buenos Aires)

versión On-line ISSN 1669-9106

Medicina (B. Aires) v.66 n.5 Buenos Aires sep./oct. 2006

 

Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2005. Un reconocimiento a la aguda observación clínica

     Después de leer el editorial de Guillermo Jaim Etcheverry1 dudo si esta terapéutica en los enfermos que sufren úlceras pépticas está todo lo bien que un médico puede ofrecer a un paciente. La duda la extiendo a lo que debemos enseñar.
     A mediados de los años setenta del pasado siglo, el tratamiento de las úlceras pépticas ha tenido en la cimetidina, luego la ranitidina y más tarde el omeprazol una ayuda para su cura y para evitar las recidivas. A los méritos de B. J. Marshal y J. R. Warren al descubrir el H. pylori  en la mucosa del estómago sería un desatino no ponderarlos. Los conocimientos fisiológicos, fisiopatoló-gicos y quizás terapéuticos enriquecen la investigación científica.
     En la actualidad conocemos parcialmente el papel o los papeles que juega en el organismo humano esta bacteria. Existirían algunas cepas de H. pylori "buenas" y otras "malas"2. A las "buenas" corresponderían, entre otras funciones, evitar el reflujo gastro-esofágico y sus consecuencias, como el esófago de Barret y el adenocarcinoma esofágico, participar en la formación de alguna vitamina, proteger la mucosa cuando se ingiere algún microrganismo patógeno. A las "malas" la responsabilidad de las dispepsias no ulcerosas, la úlcera péptica, las gastritis crónicas, el linfoma primario gástrico y, en animales3 , la formación de cálculos biliares de colesterol. Si esto fuera así, sería deseable contar en el futuro con métodos técnicos que separen  las cepas y las distingan para actuar médicamente cuando corresponda.
     El editorial enfatiza lo dicho por el Profesor S. Normark, integrante de la Asamblea Nobel que confirió el premio: "...la úlcera péptica es causada por una infección bacteriana del estómago". Esta afirmación resulta en mi opinión reduccionista y de tendencia cientificista. Además Jaim Etcheverry da relevancia al hecho que Marshall, para demostrar su hipótesis que la bacteria produce gastritis, ingirió un cultivo de las mismas y a la semana comenzó con síntomas agudos de gastritis y las biopsias demostraron infección por H. pylori y una gastritis aguda. Se puede discutir esa experiencia que me resisto a considerar científica.
     La relación entre H. pylori y las úlceras pépticas y el tratamiento con dos o tres antibióticos es un tema que requiere análisis crítico, recordando no sólo la relación costo-beneficio económico sino el costo-beneficio biológico. La resistencia bacteriana que ese tratamiento puede originar es una razón que los médicos no deberíamos olvidar. Futuros conocimientos científicos nos dirán qué es lo mejor para los pacientes.

Arnaldo Mamianetti

e-mail: alcunos@yahoo.com.ar

1. Jaim Etcheverry G. Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2005. Un reconocimiento a la aguda observación clínica. Medicina (Buenos Aires) 2006: 66; 173-5.
2. Blaser MJ. Not all Helycobacter pylori are created equal: should all be eliminated? Lancet 1997; 349: 1020-22
3. Maurer KJ, Ihrig MM, Rogers AB, et al. Identification  of cholelithogenic enterohepatic helicobacter species and their role in murine cholesterol gallstone formation. Gastroenterology 2005; 128: 1023-1033.