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Medicina (Buenos Aires)

versión On-line ISSN 1669-9106

Medicina (B. Aires) v.66 n.6 Buenos Aires nov./dic. 2006

 

De un lector y suscriptor

Recibí la carta del Comité de Redacción agradeciendo mi constancia como suscriptor de la revista y me siento muy honrado. Sí, tengo 40 años de lectura ininterrumpida de Medicina (Buenos Aires) y aún recuerdo mi participación, y luego lectura, de la Reunión anátomo-clínica titulada: Fiebre, ictericia y coma en un trasplante renal, (1967; 27: 298-309). Elijo esa publicación porque en la discusión de la misma participaron los tres jefes de clínica, Drs. Rodo, Teitelbaum y Agrest, además del Dr. Lanari, mi ex-jefe Dr. Firmat y los Drs. Gallo Morando, Sánchez Avalos y Hernández.
Coincidencia feliz es que casi con la carta recibí el No. 5 del 2005 que publica los editoriales titulados Historia del Tratado de Medicina Interna de William Osler y Sir William Osler en McGill, porque estoy tratando de argumentar si tenían algo en común los grandes clínicos. Claro, Osler hacía alrededor de cien autopsias anuales, entonces tenía bases suficicientes para interpretar qué lesiones tenían sus pacientes en la recorrida de sala.
El maestro Alfredo Lanari se molestó en forma increíble cuando, por equivocación, se entregó un cadáver sin autopsia, bajando el promedio de 100% a 99.9%, y deambulé entristecido varios días por el Instituto, cuando vivía allí, porque la madre de un colega fue autopsiada, si bien la autopsia fue enmascarada como una cirugía común. Ese colega aún hoy asiste y opina en las reuniones anátomo-clínicas.
El profesor Carlos Ramírez Boettner, de Asunción, compañero de Lanari en Buenos Aires y luego en Estados Unidos, a su vuelta estableció una rígida reunión anátomo-clínica semanal hasta su jubilación. Felizmente trabajé al lado de este gran clínico hasta su retiro de la cátedra.
¿Cuál fue mi actitud después de mi pasantía por el Instituto? La primera fue enviar a un clínico y patólogo de diez años de experiencia a trabajar con el Dr. Ricardo A. Paz durante tres años. Luego llegó a ser profesor titular de la cátedra de anatomía patológica de Asunción. Hace medio siglo comencé a dedicarme a las autopsias y reuniones anátomo-clínicas. Así me hice muy amigo de un gran profesor de anatomía patológica, el profesor Boggino, de Asunción, y entre mis actividades llegué a ver casi todos los días las láminas con lesiones para interpretar lo que ocurría a nuestros pobres pacientes. En concreto, los grandes clínicos tenían en común, como una de las bases sólidas de su formación, las autopsias y las reuniones anátomo-clínicas.
Por eso opino que cada número de Medicina (Buenos Aires) debería tener una Reunión Anátomo-Clínica, porque uno se ilustra, además, con las opiniones de todos los especialistas. Excepcionalmente podrán no tenerlas.
La revista tiene otras particularidades, por ejemplo, publicaciones sobre enfermedades regionales. Creo haber leído más de diez veces las relacionadas con la enfermedad de Chagas. ¿Por qué voy a perder el tiempo leyéndolas en el New England Journal of Medicine o en Medicina Barcelona cuando puedo leerlas en Medicina (Buenos Aires) o en revistas brasileñas?
Muchas gracias.

R. Arnaldo Centurión

Asunción del Paraguay