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Medicina (Buenos Aires)

versión On-line ISSN 1669-9106

Medicina (B. Aires) vol.70 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires ene./feb. 2010

 

Caveat lector

Notas para advertir, entretener y relacionar lo nuevo y lo viejo, sin un análisis detallado ni opinión formada. Comentarios a revmed@intramed.net o Basilio A. Kotsias, kotsias@retina.ar

1810-2010

1810. La ciudad de Buenos Aires contaba en 1810 con apenas 35 000 habitantes, entre ellos 8 médicos y 22 cirujanos, una cantidad que resultaba exagerada de acuerdo a los cronistas. Existían un Colegio de Medicina, la Casa de Niños Expósitos y dos hospitales, el de Belén o de San Pedro Telmo y el de la Caridad, para mujeres.
Los estudios de medicina. La mayor colección de tratados médicos y de otras ciencias se encontraba en la Librería Grande de la Universidad de Córdoba; recién en 1810 se creó en Buenos Aires la biblioteca antecesora de la Biblioteca Nacional. En 1810 ya se había graduado la primera promoción de médicos en el Protomedicato, 15 alumnos -todos varones- que bajo la dirección de Cosme Argerich completaron un programa de estudios similar al de la Universidad de Edimburgo. La escuela había sido creada por el virrey Vértiz en 1779 quien designó también al primer Protomédico, don Miguel Gorman. El momento de esa creación ha quedado registrado por el pintor argentino Antonio González Moreno (1896-1968) en el óleo que se expone desde hace unos 60 años en el Aula Magna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. El acto se desarrolla en el Cabildo y Gorman en el centro de la escena y frente al virrey lee un documento (ver figura).

Problemas de salud. Las medidas de salubridad pública habían dado resultado y por varios años no se registraron epidemias hasta que reapareció un brote de viruela y esto favoreció la creación del Protomedicato. A fines del siglo XVIII la lepra había empezado a ser reconocida como un problema de la salud pública y esa es la razón por la cual en 1793-94 comenzaron las obras en la provincia de Santa Fe del "Hospital para los Lazaretos", si bien se desconoce si en 1810 ya estaba finalizado. El Correo de Comercio, periódico fundado por Manuel Belgrano, inauguraba su sección dedicada a las cartas de sus lectores, con un alerta acerca de un brote de hidrofobia responsable de la muerte de varias personas en pocas semanas.
Terapéuticas. A excepción del uso racional del opio, de la digital, del jugo de limón y de la quina -Buenos Aires era el puerto más importante para la exportación a Europa de la corteza de la quina extraída en el Perú- el resto de los procedimientos aplicados a la cura de los enfermos era de muy bajo o nulo valor terapéutico y podían causar efectos adversos graves o fatales. Estas limitaciones de la medicina contrastaban con la magnitud de los avances operados en ciencias como la física -ya entonces se determinaba con precisión la velocidad de la luz-, la química con la formulación de la teoría atómica moderna y a más de un siglo del desarrollo del cálculo matemático. Faltaban aún décadas para el inicio de la verdadera revolución del siglo XIX: el derrumbe de mitos milenarios, el descubrimiento del curso natural de las enfermedades y el hecho que no hacer algo a un enfermo también era una medida terapéutica.
La vacuna antivariólica. Un importante progreso para la época fue la vacunación antivariólica teniendo en cuenta que la práctica había sido introducida en Gran Bretaña por Jenner en 1796 con el
presbítero Segurola como impulsor de la campaña que se ejecutó entre 1809 y 1830. Cinco años antes de la Revolución de Mayo, un portugués, traficante de esclavos, Antonio Machado (Carvalho) había llegado al Río de La Plata con la vacuna antivariólica. Lo hizo en la fragata portuguesa "Rosa del Río", dedicada al tráfico de seres humanos y portando la vacuna en los "brazos de dos negros", estableciendo así una cadena viviente por el pasaje de brazo en brazo para que el virus sobreviviera y pudiera transportarse durante el largo viaje. La finalidad de Machado era cuidar la salud de los 30 esclavos que pensaba vender y así obtener mejor precio. De esta manera se adelantó a la expedición de Francisco X. Balmis y a la primera campaña de vacunación en el mundo. Hasta hace 10 años una calle de Parque Centenario en la Capital Federal recordaba a Machado y ahora es dedicada al escritor homónimo, autor de "Juan de Mairena" entre otras obras.
2010. De acuerdo al último Censo Nacional de Población realizado en la Argentina (2001). Buenos Aires y el conurbano tienen 13 millones de habitantes. En todo el país se identificaron 303 000 profesionales de la salud, entre ellos 121 000 médicos (33/10 000 habitantes) de los cuales el 89% se encuentra activo, 20 000 bioquímicos, 36 000 odontólogos y 47 000 psicólogos, números exagerados de acuerdo a todos los especialistas. Cada 10 000 habitantes hay 3.9 camas en hospitales y 3.2 farmacias que comercializan 1 600 principios activos. No se vacuna más contra la viruela pero al año de edad cada individuo ha recibido otras 10. El Ministerio de Salud de la Nación cuenta con un presupuesto anual de 1 320 millones de dólares y casi el triple los sindicatos y sus obras sociales, sumado al de los municipios. En las 30 Facultades de Medicina cursan decenas de miles de alumnos -la mayoría mujeres- de los cuales se reciben unos 3 000 por año aunque algunas fuentes llevan esa cifra a 4 500. La biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires cuenta con 400 000 volúmenes y 9 600 títulos de revistas médicas.
Hace tres años que se creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva para impulsar el desarrollo en este campo. El país asigna 550 millones de dólares/año a ese rubro, el 0.43% del producto interno bruto, menos de la mitad del que asignan países más adelantados, aunque debe aclararse que el retraso es debido en su mayor parte a la muy escasa inversión privada. El área de Ciencias Biológicas y de la Salud del CONICET agrupa un plantel de 4 700 investigadores, becarios y personal de apoyo. En la base MEDLINE de la Biblioteca Central de Medicina de los EE UU se consignan cada año unos 2 500 trabajos de biomedicina provenientes de instituciones argentinas.

Existe un testigo viviente de los pasados 200 años. El "timbó o pacará de Segurola", bajo cuya sombra el presbítero, Doctor en Ciencias y bibliotecario aplicó la vacuna antivariólica está aún con nosotros. Se encuentra en la plazoleta, un poco abandonada y sin la placa recordatoria, de Puan y Baldomero F. Moreno, cercana al Parque Chacabuco de la ciudad de Buenos Aires (foto).

Lecturas seleccionadas:

- http://www.clarin.com/diario/2005/09/09/sociedad/s-03904.htm. Consultado el 2 de enero, 2010.

- Furlong G. Médicos argentinos. Buenos Aires: Huarpes, 1947.

- Furlong S. Bibliotecas Argentinas durante la dominación hispánica. Buenos Aires: Huarpes, 1954.

- Wilde JA. Buenos Aires desde 70 años atrás. Buenos Aires: EUDEBA, 1961

- http://www.fau.org.ar. Consultado el 2 de enero, 2010.

- Babini J. La Ciencia en la Argentina. Biblioteca de América, libros del tiempo nuevo. Buenos Aires: EUDEBA, 1963.

- http://www.femeba.org.ar. Consultado el 3 de enero, 2010.

- Kantor I. María Antonieta y la vacunación antivariólica. Medicina (Buenos Aires); 2007; 67: 206-8.