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Medicina (Buenos Aires)

versión impresa ISSN 0025-7680

Medicina (B. Aires) vol.71 no.2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires mar./abr. 2011

 

EDITORIAL

La ciencia argentina y su diáspora

 

El impacto negativo de la fuga de cerebros no es propio de nuestro país y aunque inquieta a los países en desarrollo, afecta también a los desarrollados como Francia y Alemania, con la diferencia que éstos captan científicos de otros países y el balance de talentos no les es desfavorable1. Si bien no es fácil conocer la cantidad exacta de argentinos en el exterior, se estima que podría ser superior a 1 300 000. Se fueron, algunos empujados por la violencia política, otros por las recurrentes crisis económicas del país o sencillamente, buscando nuevos y más generosos horizontes para su futuro profesional.
Como menciona la Dra. Christiane Pasqualini2, Bernardo Houssay repetía cada vez que tenía la oportunidad que la ciencia no tiene patria pero los científicos sí; observación típica de quienes como él consideran a la ciencia como empresa universal, aseveración cuya ambigüedad esencial permite invocarla para argumentaciones variadas.
Es fácil comprender que los recursos intelectuales tienen la particularidad de poder compartirse y que el método científico y sus resultados pueden ser los mismos en el Sur o en el Norte; aunque todo lo que involucre -desde la motivación al aprovechamiento- puede ser diferente. Esto nos permite concluir que, efectivamente, la Ciencia tiene Patria: la que educa al científico, la que financia la investigación y la que espera beneficiarse de sus resultados3.
Por lo tanto, es imprescindible considerar la importancia estratégica de la diáspora de científicos y tecnólogos argentinos estimados en alrededor de 7 000 residentes en el extranjero, la mayoría formada en la universidad pública y que a juzgar del Ministro de Ciencia y Tecnología, Dr. Lino Barañao4, la inversión del Estado en su formación podría representar una cifra de 1 500 millones de dólares, sin contar que los que lograron insertarse en el exterior son los mejores y la mayoría tienen posiciones de alta responsabilidad no solo en la academia sino también en las empresas, lo que hace que el valor de mercado de estos profesionales sea extremadamente alto.
Por otra parte, en los últimos años se constata entre las economías avanzadas una tendencia incremental a competir por la atracción de los mejores investigadores provenientes de países en desarrollo, lo que sin dudas aumenta las exigencias sobre los sistemas científicos y tecnológicos de estos países.
Cuando se habla del problema de la ciencia argentina, lo primero que surge es el problema de los científicos que se fueron. Si bien en lo personal no sé si constituye "el problema central", esta creencia tiene en el imaginario colectivo un lugar de preeminencia.
Es importante entender que no es posible repatriar a la totalidad de la comunidad científica emigrada, pero sí es factible abrir las oportunidades para que aquellos que deseen volver puedan hacerlo y a la vez, evitar la continuidad del drenaje.
Mejorar las condiciones para el desarrollo de la ciencia local, es a mí entender el principal motivo por el cual algunos investigadores decidirían regresar al país, más allá de los mecanismos concretos que se desarrollen para permitir su traslado. Por otra parte, se deben crear bases de aprovechamiento de la diáspora, garantizando que todo aquel que quiera colaborar con el desarrollo científico tecnológico y con la innovación productiva de nuestro país, pueda hacerlo ya sea regresando o colaborando desde el lugar en que se encuentra.
La diáspora por sí sola no garantiza la posibilidad de ser aprovechada. Lo que cuenta es la situación en el país de origen. Las experiencias interesantes de aprovechamiento de recursos humanos en el exterior cuentan por lo menos con los pilares de una comunidad activa afuera y una situación favorable adentro. En los últimos años, las diásporas en general han comenzado a organizarse dando señales concretas de querer mantener lazos más fuertes con los países de origen. Parecería ser que para ellos, colaborar desde afuera es una forma de agradecer la formación que recibieron.

Chile, Brasil y Colombia son ejemplos de cómo funciona la vinculación, aprovechando por un lado la organización espontánea de las comunidades expatriadas y por otro la constitución de redes de investigación conformadas por múltiples nodos que integran a grupos y centros de investigación de distintos países. Las políticas de recuperación o de aprovechamiento de sus emigrantes calificados han comenzado a incorporar inteligentemente estas nuevas situaciones, desarrollando instrumentos ágiles que permiten ofrecer a los científicos en el exterior un menú de alternativas, que no solo pasan por su retorno al país.
La Argentina ha desarrollado el programa R@ICES (Red de Argentinos Investigadores y Científicos en el Exterior), un programa notable del Ministerio de Ciencia , Tecnología e Innovación Productiva, inspirado en el cambio de perspectiva de los estudios sobre migración respondiendo a las recomendaciones de los enfoques sobre los denominados brain gain, brain drain y brain circulation5. No se limita a repatriar científicos argentinos desde el extranjero como suele creerse (desde su relanzamiento en 2003 ya contabiliza más de 800 científicos retornados), sino que estimula la creación o el sostenimiento de redes que vinculan a los científicos argentinos residentes en el exterior, empleando instrumentos destinados a la promoción como son la realización de estancias cortas de investigación con colegas en el país, información sobre oportunidades laborales mediante acuerdos con empresas del sector privado y fundaciones. Cabe señalar que la ley 26421 declara al Programa R@ICES como Política de Estado, legitimando la máxima responsabilidad asumida por el Estado Nacional en el desafío de promover líneas de acción para la vinculación y el retorno de científicos. Coincidentemente con el relanzamiento del Programa R@ICES, se aprecia una progresiva reversión de los principales indicadores de la política de repatriación, con la incorporación de investigadores al CONICET, el incremento sustantivo en el número de becas doctorales, como también en el financiamiento de proyectos de investigación a través de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica y el CONICET, y una agresiva participación en actividades científicas y tecnológicas internacionales. En esta dirección cabría interpretar también la decisión de crear el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva y la ampliación de las capacidades edilicias para el desarrollo de la actividad científica.
Sin duda son grandes los esfuerzos realizados por el Estado en recuperar gran parte del capital intelectual que tenemos en el exterior, pero el problema central pasa por crear condiciones adecuadas para trabajar efectivamente en el país. Situación que beneficia no solo a aquellos que vuelven sino también a quienes han permanecido trabajando, permitiendo construir sobre esa base un sistema científico mucho más eficiente.
Como concluye Alinovi en su excelente reciente revisión del tema3 "… pero es seguro que los investigadores no vuelven mayoritariamente por un incentivo específico. En un país como el nuestro, con una comunidad activa y preparada pero sin las ventajas desmesuradamente comparativas de las economías emergentes más prósperas para incentivar los negocios, la política que busque apoyar a la diáspora deberá apoyarse en las iniciativas particulares de sus investigadores para detectar las posibilidades favorables de asociación entre grupos e instituciones".

Eduardo H. Charreau

Instituto de Biología y Medicina Experimental-CONICET, Buenos Aires
e-mail: echarreau@conicet.gov.ar

1. Kuznetsov Y. From Brain Drains to Brain Gain. Proceedings of the Global Workshop on Leveraging Diaspores of the Highly Skilled. Buenos Aires, April 26-27, 2005. En: http://info.worldbank.org/etools/docs/library/152382/DiasporaofHighlySkilledapril126.pdf; consultado 20-2-2011.         [ Links ]

2. Pasqualini CD. Fuga de cerebros. Los que se fueron y los que volvieron. Medicina (Buenos Aires) 2011; 71: 191-3.         [ Links ]

3. Alinovi M. Ciencia: La diáspora al revés. Miradas al Sur N° 140, 23 de enero 2011.         [ Links ]

4. Barañao JL. La vinculación científica como herramienta de desarrollo de nuestro país. En: Experiencias y Políticas relacionadas con la migración de Científicos y Tecnólogos en el MERCOSUR. MINCYT 2010, p 11.         [ Links ]

5. Menvielle A: El Programa R@ICES en una Argentina en transformación. En: Ruptura y Reconstrucción de la Ciencia Argentina. MINCYT, 2007, p 21.         [ Links ]