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Medicina (Buenos Aires)

versión impresa ISSN 0025-7680

Medicina (B. Aires) vol.71 no.3 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jun. 2011

 

EDITORIAL

Lesiones por caída de frutos

 

La memoria es misteriosa, recuerda, olvida, deforma e inventa. Una fábula de Félix María Samaniego (1745-1801) en un libro de lectura escolar, se recuerda, incluyendo la ilustración, más de 70 años. Esta es la fábula: Un labrador estaba debajo de una encina, contemplando el fruto de su trabajo, calabazas y melones, y se preguntaba ¿por qué la Providencia puso en tan alto árbol la pequeña bellota? ¿No sería mejor que de sus ramas colgaran calabazas, melones o pepinos? Mientras esto ocurría cayó de la encina una bellota que le dio en la nariz y exclamó: ¡Si esto hubiera sido un melón me hubiera conformado con que me saque la nariz pero quedar vivo! La fábula termina con estos versos: "Aquí la Providencia/ Manifestarle quiso/ Que supo a cada cosa/ Señalar sabiamente su destino./ A mayor bien del hombre/ Todo está repartido:/ Preso el pez en su concha,/ Y libre por el aire el pajarillo" 1.
La fábula de Samaniego tiene su contraparte oriental: Goha está debajo de un avellano y se hace la misma pregunta que el labrador de Samaniego: ¿por qué un árbol grande tiene una fruta tan pequeña? Se duerme, despierta cuando una avellana le cae sobre la cabeza. Dice entonces: ¡Alabado sea Dios! Entendí tu sabiduría porque si me hubiera caído una sandía estaría muerto. El cuento, uno de los tantos atribuidos a Goha, un personaje ingenuo o tonto y, a la vez, sabio, un tonto sabio; son cuentos tradicionales del pueblo árabe y musulmán desde hace siglos2, 3.
Tal vez Samaniego y Goha desconocían que en América, el Sudeste Asiático y en Oceanía existían árboles con frutos tan grandes como calabazas, melones y pepinos y que al caer pueden producir graves lesiones corporales y aun la muerte.
Alfred Russell Wallace (1823-1913), que no era un fabulista sino quien propuso con Darwin la teoría de la evolución por la selección natural, relata en su magnífico libro The Malay Archipelago, los peligros de la caída de grandes frutos de altos árboles. Entre ellos se refiere al durián, fruto de varias especies del género Durio L.4. El árbol mide entre 25 y 50 m de altura, el fruto mide hasta 30 cm de largo y 15 cm de diámetro, pesa entre 1 y 3 kg y tiene una gruesa cáscara con espinas. El durián es considerado por algunos como una delicadeza y, por otros, incomible por su olor asqueroso, indescriptible; por eso, en el Sudeste Asiático, quien lleva un durián crudo tiene prohibido subir a un transporte público5.
Cuando el durián maduro cae del árbol puede producir graves heridas, por las espinas de la cáscara y el propio peso. Wallace dice que poetas y moralistas ingleses piensan y juzgan, por lo conocido, que, para no dañar al hombre, los grandes árboles tienen frutos pequeños y las plantas rastreras frutos grandes. Y continúa, dos de los más grandes y pesados frutos, el durián y la nuez de Brasil son de majestuosos árboles y, cuando maduros caen, matan o hieren a quienes se encuentran debajo. De esto se puede aprender, sigue Wallace, que no se puede generalizar sin un conocimiento completo de la naturaleza ni creer que sus productos tengan el exclusivo propósito de servir al hombre4. El árbol de la nuez de Brasil o amazónica (Bertholletia excelsa Humb.& Bonpl. 1807), mide entre 30 y 50 m de altura y el fruto, que contiene las semillas, las nueces de Pará, tiene de 10 a 15 cm de diámetro, una gruesa cáscara, y pesa de 1 a 2 kg6.
En ámbitos más próximos hay árboles nativos altos y con grandes frutos. El pino Paraná (Araucaria angustifolia (Bertol.) Kuntze 1898) tiene hasta 40 m de altura y sus conos femeninos o piñas miden entre 18 y 25 cm de largo, 13 cm de diámetro, y el peso húmedo es de alrededor de 1 kg7. La Wikipedia dice, "pesan varios kilogramos", ¿confusión, error? El pehuén (Araucaria araucana (Molina) K. Koch) mide hasta 50 m de altura. Las piñas pueden pesar entre poco más de un 1 kg y 1.5 kg8. Las semillas
de ambas araucarias son comestibles. En parques y jardines conviene protegernos de la caída de las piñas de estas araucarias9.
En la zona subtropical de nuestro país se cultivan paltas y mangos. La palta es nativa de América Central, del Norte y el Caribe, el mango de la India. El árbol de las paltas o palto (Persea americana Mill.) mide hasta 20 m de altura, los frutos pesan entre 100 g y 1 kg10. Puede crecer hasta en la ciudad de Buenos Aires. El mango (Mangifera indica L.) mide de 10 a 30 m de altura, los frutos pesan desde "unas pocas onzas" [1 onza = 28.35 g] a 1.8-2.16 kg11.
Pese a que todos estos grandes y pesados frutos son de árboles comunes, nativos o cultivados, y pueden causar daño al caer, son pocas las referencias en la literatura médica sobre las lesiones que causan. Con respecto al durián encontramos sólo una publicación que refiere una lesión en la cara y el ojo de una mujer que estaba recogiendo los frutos12.
En número de publicaciones, en PubMed, ganan los cocos (Cocos nucifera L.) cuyo hábitat natural son las costas tropicales de América, África, Asia y Oceanía. La primera publicación informa que los cocos que caen causan lesiones en la cabeza, la espalda y los hombros y que, en un hospital de Papúa Nueva Guinea, en cuatro años, cuatro personas fueron golpeadas por cocos en la cabeza, dos requirieron craneotomía y dos murieron instantáneamente. Dado que los árboles maduros miden de 24 a 35 m de altura y los cocos pesan entre 1 y 4 kg, los golpes tienen una fuerza superior a una tonelada métrica13. Una segunda publicación del mismo autor principal, Peter Barss, del mismo año y con un mes de diferencia, menciona nueve lesionados por caída de cocos, las únicas lesiones graves en dos niños, uno con una fractura de cráneo con hemiplejia y coma, el otro un hematoma epidural. Precisan aquí sobre la fuerza del golpe: si un coco de 2 kg cae de un árbol de 25 m de altura puede alcanzar al llegar al suelo una velocidad de 80 km/h y golpear con una fuerza de 1 000 kg o más14. Por la primera publicación, Barss obtuvo el Ig Nobel Prize de Medicina del 2001. Los premios, de la organización Improbable Research, se otorgan "por logros que primero hacen reír y después pensar, e intentan celebrar lo inusual, imaginativo y espolear el interés por la ciencia, la medicina y la tecnología" (http://improbable.com/).
Años después, en una publicación originada en el hospital de referencia de las Islas Salomón, reaparecen lesiones relacionadas con la caída de cocos. En cinco años recibieron 16 personas lesionadas por cocos caídos de los árboles. Tuvieron 10 fracturas de los miembros superiores y seis del cráneo, dos de ellas con grave déficit neurológico. Todas las fracturas de cráneo fueron en menores de 10 años15. En el 2004 corrió la noticia que las lesiones por caída de cocos eran aún más peligrosas que los ataques por tiburones en las playas tropicales. La falsa información fue debidamente corregida16.
No encontramos publicaciones médicas ni noticias escritas de lesiones causadas por nueces de Brasil, piñas de araucarias, paltas o mangos. Sabemos de un señor de edad avanzada que fue golpeado por una palta en la cabeza y que, al tiempo, comenzó con trastornos de conducta atribuidos a la edad; resultó un hematoma subdural, el tratamiento lo curó. Por otra parte, hemos visto autos con el techo o capó abollados por paltas caídas de un árbol no muy alto. Nos dicen que en Neuquén, algunas personas fueron hasta muertas por piñas caídas de altos pehuenes. ¿Algún lector podrá informarnos?
Tan dañinos como los golpes poderosos son los que pasan inadvertidos en ancianos. En ellos el síntoma más común es un estado mental alterado que induce a erróneos diagnósticos, y es debido a un hematoma subdural. Los hematomas subdurales se pueden diagnosticar y curar17. Insistimos, en un anciano, golpes en el cráneo con pocas manifestaciones externas, producidos por una fruta que cae, con el borde superior de la puerta de un auto, el canto de una mesita de luz, o por un granizo grande, pueden causar un hematoma subdural. Antes de internar en un geriátrico al autor de esta nota ordenen, por favor, una TC o una RNM de cráneo.

Juan Antonio Barcat

e-mail: jabarcat@yahoo.com.ar

1. Félix María Samaniego. Fábulas. Edición de Ernesto Jareño. Madrid: Castalia, 1969. p137-8.         [ Links ]

2. McGuirk RH. Colloquial arabic of Egypt. London: Routledge, 1986. Lesson twelve. p111.         [ Links ]

3. Hassan F. A lesson in logic. Al-Ahram Weekly Online. 20-26 October 2005, Issue 765. En: http://weekly.ahram.org.eg/2005/765/bo8.htm; consultado el 3-8-10.         [ Links ]

4. Wallace A. R. The Malay Archipelago. The land of the orang-utan and the bird o paradise. A narrative of travel with studies of man and nature (1869). Tenth edition, 1890. NewYork: Dover, 1962. Chapter V. p 49-67 (p. 56-8).         [ Links ]

5. Wikipedia contributors. Durian [Internet]. Wikipedia; 2011 Feb 3, 12:09 UTC [cited 2011 Feb 8]. Available from: http://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Durian&oldid=411767218.         [ Links ]

6. Wikipedia contributors. Brazil nut [Internet]. Wikipedia; 2011 Jan 14, 14:55 UTC [cited 2011 Feb 8]. Available from: http://en.wikipedia.org/w/index.php?title=Brazil_nut&oldid=407847853.         [ Links ]

7. Araucaria angustifolia. The Gymnosperm Database. En: www.conifers.org/ar/Araucaria _angustifolia.php; consultado el 6-1-11.         [ Links ]

8. Echeverría C, Zamorano C, Cortés M. Conservation and restoration of monkey puzzle (Araucaria araucana) forests in Chile. Final Report. May 2004. En: www.globaltrees.org/downloads/ChileReportS.pdf; consultado el 16-1-11.         [ Links ]

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