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Medicina (Buenos Aires)

versión impresa ISSN 0025-7680

Medicina (B. Aires) vol.71 no.3 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jun. 2011

 

CARTA AL COMITÉ DE REDACCIÓN

Sobre diásporas, tango y mundo globalizado

 

Los que se quedan sufren un poco
pero no mueren como los que se van
un mismo código nace entre ellos
y los mantiene en el mismo lugar.
Los que se quedan son los que esperan
y los que buscan son los que se van
el mundo gira hombre por hombre
beso por beso y hogar por hogar...
Casi una zamba
(SILVINA GARRE)

He leído con sumo interés los artículos de Pasqualini1 y Charreau2, publicados en el último número de la Revista. Lo primero que quiero destacar es que me impactó y emocionó que personajes tan reconocidos de nuestra ciencia viertan sus pensamientos sobre la diáspora científica de nuestro querido y golpeado país.
Cuando se está afuera, un pensamiento recurrente es: ¿Cuánto le importa al país si uno se quedó o se fue? ¿A quién específicamente le importa (además de a uno mismo, su familia o amistades o colaboradores)?
Concuerdo en que cada exilio es personal e intransferible, y en que existe una temporalidad para justificar cada partida. Sin embargo, una tendencia simplista podría clasificar los exilios en grupos: políticos, económicos, puramente científicos, pasionales y así la lista podría seguir infinitamente.
Mi visión tiende a comprender este fenómeno como una intrincada red de sucesos e interrupciones3 donde cada individuo teje una vida, que proviene de una madeja única e irrepetible. Los desencadenantes son "gatillos" (pérdida de trabajo, progreso económico, ansias de desarrollo científico, estabilidad, acceso a mejores condiciones de investigación, etc.) que activan una secuencia de eventos que requieren de una inversión de energía, que deja a muchos en el camino, y a veces, sin nada.
Podríamos decir que el exilio no es para todos (me refiero a aquellos que sueñan o fantasean con ello); ni que el retorno es para todos (y me arriesgo a decir que todos los que estamos afuera, pasamos en algún momento por esta encrucijada).
¿Y cómo es estar afuera en el 2011?
Cuando uno lee a los grandes escritores argentinos que se exiliaron, el valor de la llegada de una carta, el olor del papel, el color blanquiceleste del borde del sobre, eran motivos de una algarabía intensa, lágrimas incontenibles, horas planeando una respuesta que plasmara todos esos sentimientos.
Hoy, con el desarrollo de las comunicaciones (email, skype, llamadas a costo local, etc.) los exiliados vivimos la lejanía desde otro lugar. Ayer, en un almacén de barrio, aquí en Kingston Ontario, Canadá, compré unas latas de dulce de batata, yerba suave como le gusta a mi hija de 5 años nacida aquí y volvimos a casa escuchando a Goyeneche rasgar su garganta.
Luego, desde mi laptop, corregí un manuscrito escrito en colaboración con un grupo mendocino (parte de esas colaboraciones puede leerse en el último número de la Revista4); y más tarde, envié mis impresiones sobre un caso discutido en el Foro Iberoamericano de Arritmias en Internet, coordinado desde el Hospital Argerich de Buenos Aires5.
Entonces me pregunto, ¿qué tan lejos estamos los que vivimos fuera?
Hoy podemos articular las colaboraciones internacionales con mayor facilidad. El flujo de energía, conocimientos, y a veces, recursos económicos, se ha facilitado a tal punto, que depende de cada individuo seguir vinculándose con sus raíces.
Es aquí donde he aprendido a valorar lo que la Universidad de Buenos Aires hizo por mí. Y es desde aquí, donde he empezado a pagar esa deuda de gratitud que tengo con mi país. Fui educado como muchos, por una Universidad estatal, y lo menos que puedo hacer, es contribuir con proyectos que involucren a mi país y a sus investigadores.
Ojalá, como lo señala Charreau2, en la Argentina se diseñen planes de reclutamiento y retención de científicos como sucede en Canadá, que sin embargo drena científicos permanentemente hacia los EE.UU. y Europa. Sólo en Medicina, dadas las dificultades de acceso al sistema, hay 3 500 estudiantes estudiando fuera de Canadá6.
Parte de mi estrategia personal para continuar ligado científicamente a la Argentina incluye: diseño de protocolos de trabajo que puedan realizarse simultáneamente en ambos países, asistencia a congresos nacionales y presentación de trabajos originales, publicación en revistas nacionales, reclutamiento de Fellows argentinos para ser entrenados en Canadá y participación activa en foros científicos a través de Internet.
¿Quisiera volver hoy?
Hoy no. Mañana no sé. Aplaudo a los que vuelven felices y a los que se quedan fuera, buscando la felicidad.
Porque de seguir buscando se trata.
En ciencia, y en la vida.

Adrián Baranchuk

Kingston General Hospital, Queen's University, Ontario, Canada
e-mail: barancha@kgh.kari.net

1. Pasqualini CD. Fuga de cerebros Los que se fueron... y los que volvieron. Medicina (Buenos Aires) 2011; 71: 191-3.         [ Links ]

2. Charreau EH. La ciencia argentina y su diáspora. Medicina (Buenos Aires) 2011; 71: 194-5.         [ Links ]

3. Piglia R. El último lector. Buenos Aires: Anagrama, 2005.         [ Links ]

4. Digby GC, Femenía F, Baranchuk A. Interacciones entre dispositivos cardíacos implantables y modalidades fisioterapéuticas. ¿Mito o realidad? Medicina (Buenos Aires) 2011; 71: 174-8.         [ Links ]

5. Foro de Arritmias. Federación Argentina de Cardiología. En: www.fac.org.ar/1/docencia/foros/arritmias/index.php; consultado el 12-05-2011        [ Links ]

6. Health Worker Migration. En: www.healthworkermigration.com/news/244-too-many-canadians-studying-medicineoverseas.html; consultado el 12-05-2011.         [ Links ]