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Medicina (Buenos Aires)

versión impresa ISSN 0025-7680

Medicina (B. Aires) vol.71 no.3 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jun. 2011

 

CARTA AL COMITÉ DE REDACCIÓN

Evolución de la Medicina

 

¿Reflexiones en el insomnio o pesadillas?
La medicina ha ido cambiando, desde responder a un extraño impulso de ayudar al otro, lo que expresaría una curiosa cualidad animal de ayudar a los consanguíneos, de ahí a los semejantes de la misma especie, a veces hasta a los de otras especies y aún a los diferentes de la misma especie. La medicina sería un ayudar especializado en el área de la salud que es el del sufrimiento físico o psíquico.
Suponemos que se trataba de un ayudar sin saber, siguiendo simplemente lo que ha quedado como principio ético fundamental: "has por el otro lo que te gustaría que hicieran por ti". Todo esto refugiado quizás en un pequeño lugar bastante primitivo del cerebro. Unas pocas neuronas haciendo este prodigio. Ver al otro como prolongación de uno mismo, sentir su dolor y su aflicción, ¡¡¡sorprendente!!!.
Si uno desciende en la escala zoológica para ver cuándo comienza el ayudar, se podría llegar a las bacterias transmitiendo de una a otra plásmidos para hacerlas resistentes a los antibióticos.
Cayendo de sorpresa en sorpresa se le agregó comprender, ayudar sabiendo, dilucidando significados, y sumergirse en los significados parece no tener fondo.
A buscar significados se comienza con la semiología.
De la semiología de la queja, a la de la observación con la visión y con los demás sentidos; de ahí en adelante todo ha sido profundizar y perfeccionar. Ver lo más sutil y más profundo y relacionar las conexiones de todos los elementos. Ya no tan pocas neuronas organizadas en un sistema que llamamos razón. ¡Maldición!!..., corríamos el riesgo de que estas neuronas que ya eran muchas para sustentar la razón nos hicieran olvidar que al principio el principio era ayudar; esto era con pocas neuronas que quedaron sepultadas bajo el montón de neuronas de la razón.
De todos modos de vez en cuando nos acordábamos de eso, el principio es ayudar o si se quiere la mínima: no dañar. El resultado fue que ayudar con la razón lo hacíamos mejor, mejores resultados, menos dolor, menos angustia y hasta curábamos, suprimiendo las causas, con pequeños o más grandes sacrificios. Lamentablemente los daños se hicieron más frecuentes y mayores. Todo sea por la vida misma, postergar ese viaje a lo desconocido, lo desconocido crea angustia, esa especie de dolor del no sé qué. Para lo desconocido se inventaron las religiones con un código de premios y castigos. La vida era así sin calidades, sólo tiempo, pero si en el más allá existían premios y castigos lo mismo debía ocurrir en el más acá. La medicina creyó que debía ocuparse de la calidad del más acá.
Por ahora todo bien, algunas neuronas se organizaron para la autosatisfacción que parecía regida por el principio de la novedad, el placer de lo inesperado, pero previsible, y esto podía convertirse en adicción. Codicia, que le dicen, la posesión se consigue con esfuerzo o con dinero que se suponía que era el premio transable del esfuerzo. Un término más light para la codicia es "intereses". Desconfiados por la debilidad de las neuronas del ayudar se recurrió a considerar su función como resultado de un esfuerzo, el esfuerzo había que incentivarlo con el premio transable: el dinero. Transar algo por dinero se llama vender y la medicina se puso en venta. Aquí estamos: del ayudar al comprender, y del comprender al vender. El comprender casi nos hace olvidar el ayudar con el vender, el riesgo es olvidar el comprender y de ahí a un paso de olvidar o disfrazar el ayudar.
Las acciones tienen consecuencias cuyo reconocimiento alimenta la ciencia probabilística y esa ciencia fundamenta nuestras predicciones. Decidir y actuar de acuerdo a las predicciones es el salto de la ciencia al arte. El arte de los cómo, los cuándo, los cuánto, y a cada paso la decisión moral sobre riesgos y beneficios.
Se venden mejor beneficios que riesgos, y así estamos vendiendo beneficios con grandes y atractivos caracteres y ocultando riesgos en letra chica que nadie lee.
No me parece mal que la medicina se venda, el problema es saber si lo que se vende es legítimo. Legítimo es que el conocimiento en que se basa sea verdadero y útil para quien lo compra. Legítimo es que sea necesario y no superfluo, y si es verdadero, útil y necesario el principio de equidad exige que esté al alcance de todos. También es cierto que para estar al alcance de todos el costo debe ser razonable. Razonable es que sea gratificante y estimule el progreso.

Alberto Agrest

e-mail: aagrest@arnet.com.ar