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Medicina (Buenos Aires)

versión impresa ISSN 0025-7680

Medicina (B. Aires) vol.71 no.4 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jul./ago. 2011

 

COMENTARIO BIBLIOGRÁFICO

Fraudes y mistificaciones en publicaciones argentinas del siglo XX. Información riesgosa para la salud. Violación de las leyes e ineficiencia en los controles. Federico Pérgola y Agustín F. García Puga. Buenos Aires: Akadia, s/f. 151 pp

 

El título y subtítulo del libro del Dr. Federico Pérgola y del periodista y escritor Agustín F. García Puga sitúa rápidamente al visitante de una librería sobre el tema y acerca el carácter de denuncia de los contenidos. El libro compila propagandas relacionadas con la salud de curanderos, adivinas y charlatanes de principios del siglo XX aparecidas en dos publicaciones de gran tiraje y difusión: Caras y Caretas y PBT. Pero también incluye las propagandas de médicos promocionando institutos o tratamientos heroicos.
El libro consta de 12 capítulos profusamente ilustrados con recortes de la época e incluye la bibliografía respaldatoria. En ellos, los lectores de mayor edad podrán recordar y los más jóvenes no deberían desconocer lo que se publicitaba en materia de hipnotismo, magnetismo, sugestión, lectura del futuro, conexiones con el más allá, piedras que curan, etc.; pero además, resultan de particular interés las propagandas de médicos en las que se anunciaban curas igualmente prodigiosas. He aquí algunos ejemplos: El Dr. Valdés García promocionaba la "Carne Líquida" como tónico nutritivo con 19% de verdadera peptona de carne, con el certificado correspondiente y opinión de otros colegas (año 1908). El Dr. Rice difundía un método para curar la quebradura, sin dolor, sin operación y una cura perfectamente casera (año 1912). El Instituto Policlínico del Dr. F. López utilizaba "electricidad médica". El Dr. Gargiulo promocionaba la cura de la calvicie con el "Agua del Buen Camino", "teniendo una garantía comercial se cura y no se cobra hasta que no tenga su cabellera" (año 1905). El Dr. Stewars, con el cupón para llenar al pie de anuncio donde debía ponerse la enfermedad, anunciaba "yo le ayudaré a usted para que se cure de las enfermedades que padezca. Absolutamente gratis. A todos los enfermos que lo soliciten se les remitirá un tratamiento de ensayo con sus correspondientes instrucciones enteramente gratis, lo suficiente claras para que puedan curarse en sus casas" (año 1912).
Los autores desarrollan de manera muy amena cada uno de los anuncios y no renuncian en ningún momento al enfoque crítico correspondiente.
En el Capítulo 10, con el título "La supuesta cura de la tuberculosis", los autores compilan anuncios en los que una madre ha sido "devuelta al cariño de sus hijos luego del tratamiento del Prof. Carlos Marchesini, inventor de la"anistamina" específico contra la tuberculosis (año 1910). El Prof. Passini propone al Ministerio la compra de la "anistamina" para los Sanatorios Nacionales (año 1909). Los autores se preguntan a qué Ministerio se refiere, porque el de Salud Pública se creó recién a mitad de siglo. Recordemos que la estreptomicina se descubre en 1944 y que la verdadera revolución se produce algunos años después, en 1952, con el desarrollo de la isoniazida, el primero de los antibióticos específicos que conseguirán convertir a la tuberculosis en una enfermedad curable en la mayoría de los casos.
En el Capítulo 11, bajo el título "Las lagartijas y el cáncer", los autores mencionan al Dr. Holmberg çcon todo su historial y sus lagartijas para curar el cáncer (año 1901). La nota publicada en el año 1907 exime de todo comentario: Establecimiento especial para el tratamiento del cáncer y enfermedades de la sangre. Es evidente que el cáncer se cura por completo, con el suero anti-canceroso del profesor Beard, de la Universidad de Edimburgo, Inglaterra (adviértase que Edimburgo está en Gran Bretaña, Escocia). El suero anti-canceroso se aplica en los hospitales principales de Europa, Estados Unidos y en el Sanatorio Temperley, con sorprendentes resultados. El Sanatorio Temperley es el único establecimiento autorizado por el Dr. Beard, para la aplicación de este tratamiento en la República Argentina...
Como broche de oro a tan fascinante compilación de barbaridades, el Capitulo 12 habla sobre el tabaco. En PBT del año 1905 aparece la siguiente secuencia en cuatro cuadros y bajo el título Renacimiento: el tedium vitae, este mal del siglo, echó sus garras sobre el opulento Sportman, el Conde de Los Marcos. Este acaudalado señor, cansado de todos los halagos de la existencia, meditaba en el suicidio. Por postrera vez encendió un último cigarrillo, regalo de un fiel amigo, y el aroma de tan rico tabaco le devolvió la esperanza. Vislumbró una divina existencia y llamándole la atención la marca de los cigarrillos… no trepidó en proclamarlos insuperables: eran los cigarrillos Banqueros. Finalmente, en otros fotogra
mas, se observan propagandas de niños en la primera y segunda infancia fumando alegremente.
Los contenidos del apéndice de libro no deberían estar en ese lugar que casi nadie lee por solo llamarse apéndice. Contiene información sobre el ejercicio de la medicina y demás ramos del arte de curar, el Código Penal, el Reglamento de la Facultad de Medicina (no dice cuál) y regulaciones sobre los medicamentos de venta libre. Más que por los profesionales, este capítulo debería ser leído por el público general.
La perspectiva histórica y social es importante para entender estos fraudes y mistificaciones pero, tal como dicen los autores "la lucha contra el curanderismo es una causa perdida". Y el por qué de esta afirmación puede dar lugar a otro libro.
A lo largo de su lectura, el libro muestra casos que evoca lo que está ocurriendo en nuestros días. Además de los medios gráficos, únicos en ese entonces, se suma la radio, la televisión y la Web. Todos ellos, verdaderos instrumentos multiplicadores de esta información peligrosa para la comunidad. Las formas de difusión de curas extraordinarias no sólo han adquirido masividad, sino que en muchos casos son más sutiles. La mayor cultura de la sociedad para evitar ser engañada se acompaña de estrategias más sutiles por parte de los charlatanes, con lo cual el primer efecto es anulado por el segundo. Los mecanismos controladores de esta actividad ilícita son de fundamental importancia para evitar el engaño. La información a la comunidad es esencial y este libro contribuye a ello.

Eduardo L. De Vito