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Medicina (Buenos Aires)

versión impresa ISSN 0025-7680

Medicina (B. Aires) vol.72 no.2 Ciudad Autónoma de Buenos Aires mar./abr. 2012

 

CARTA AL COMITÉ DE REDACCIÓN

¡Es el paciente, estúpido!

 

He leído con interés la carta de lectores titulada ¡Es el paciente, estúpido!, del Dr. Andrés Villa y col.1 Según entiendo, los autores realizan un llamado a las nuevas generaciones, a las que juzgan sin maestros y arrastradas culturalmente al imperio de la iconosfera, (la informática) en donde resultan abrumados por el tsunami (mi término) de la información, a la que sin embargo sobrevaloran por encima del martillo de reflejos y otros utensilios de la práctica.
En mi calidad de médico "mayor", fuera de parte del sistema por condicionamientos no temporales, partícipe bienaventurado de la cultura de la logosfera (aunque consciente de lo imperativo de "manejar los nuevos sistemas de información"), y habiendo escrito sobre temas atingentes a los de la carta2, desearía agregar un breve comentario.
Sí, se extrañan los verdaderos maestros, aunque no quede claro si el hecho de que no exista ya "el paradigma del maestro indiscutible"(aquel al que no se le puede discutir, supongo) es una carencia a extrañar o a festejar. En todo caso, dudo que sea una preocupación de este siglo o incluso del anterior. A menos que se haya tenido la mala fortuna de dar, en los últimos cincuenta años, con un maestro "indiscutido"en el sentido arriba aclarado, no existen desde hace mucho maestros auténticos a los que no se les pueda cuestionar un juicio médico. No importa, porque quien hoy día exija autoridad incuestionable no es después de todo un maestro y daría beneficios abandonar su trato.
En cambio, no puedo coincidir con la descripción final, en la que "el joven médico", consulta palabras en Google, encuentra diagnósticos espectaculares y los exhibe "aunque no sean correctos"; y así sucesivamente. Mi propia experiencia con médicos jóvenes, esa generación de menores de 40 que señalan los autores, es más favorable. Es cierto, muchos, los más jóvenes, están confundidos y lo saben, con la información superabundante y a veces contradictoria. Lo atribuyo más a la falta de una formación apropiada y a los engaños sistemáticos a los que son sometidos durante el pregrado y después, que a una zambullida gozosa en la nube. Algunos, ciertamente, tienen mucho por corregir, bastante más por justipreciar. Muchos otros, por lo que valga, tienen mi admiración por su buen criterio y su capacidad para remar en las aguas encrespadas de la estructura médica de nuestra sociedad. El carecer de experiencia es un tropiezo de su juventud, una peculiaridad que se corrige muy pronto.
Quizás sea oportuno recordarle al médico (de todos los grupos etarios), como lo hacen los autores, aun con ese título que no por incorporado a la jerga me parece afortunado, que el centro es y debe ser el paciente, al que nos debemos. Este imperativo moral es diferente de la idea, que parecía la inicial en la nota, de que es el paciente el que verdaderamente enseña, no la nube. Lamentablemente, no siempre ambos imperativos coinciden. Se puede aprender del paciente sin honrarlo como tal.
Incidentalmente, "madurez"no debería oponerse a "conocimiento"; denota buen juicio, prudencia, sensatez. La buena intención de esta carta me recordó el gran poema de T.S.Eliot:
Where is the knowledge that was lost in information
Where is the wisdom that was lost in knowledge?

Héctor Alonso

e-mail: alonso1@infovia.com.ar

1. Villa AM, Orden AO. ¡Es el paciente, estúpido!, Medicina (B Aires) 2011, 71: 502.         [ Links ]

2. Alonso H. Palabras, palabras, palabras: sin figuras ni conversaciones. ¿Dónde están los modelos de antaño? Rosario: Corpus Libros Médicos y Científicos, 2006, p 79.         [ Links ]