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El hornero

versão impressa ISSN 0073-3407

Hornero vol.25 no.1 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jan./ago. 2010

 

OBITUARIOS

Jorge R. Navas (1921-2009)


Jorge Navas en el Museo Argentino de Ciencias Naturales, en abril de 2008, con un ejemplar macho de Buteo polyosoma de Chubut (el ave montada más antigua de la colección del Museo, comprada por Burmeister a un colector inglés en 1878). Fotografía: Claudio Bertonatti.

Con el fallecimiento del Dr. Jorge R. Navas, ocurrido el 12 de septiembre de 2009 en la localidad bonaerense de Temperley, desaparece no solo un nombre fundamental de la Ornitología argentina sino también un verdadero pionero de esta rama de la Biología en el ámbito latinoamericano. Todos los que trabajamos en aves durante las últimas décadas del siglo XX sentimos que se nos fue un referente fundamental, a quien recurríamos en forma constante para aclarar dudas o para solicitar una opinión autorizada.

Había nacido el 7 de junio de 1921 en la ciudad de Buenos Aires y desde niño mostró un verdadero interés por la naturaleza. Un hecho que marcó su futuro profesional fue la lectura de la obra El joven coleccionista de historia natural en la Argentina, de Eduardo Ladislao Holmberg. Aunque tuvo como primera vocación a la Geografía, el impacto del libro de Holmberg finalmente prevaleció en su decisión por seguir la licenciatura en Ciencias Biológicas en la Universidad de La Plata.

Sus comienzos en la docencia datan de 1945, cuando se desempeñó como ayudante-alumno en la Escuela de Mineralogía de Buenos Aires. Al año siguiente, mientras participaba como estudiante guía en un viaje por el Parque Nacional Nahuel Huapi, organizado por Parques Nacionales, se despertó en él un profundo interés por las aves.

El 1 de junio de 1947 tuvo lugar su incorporación al Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia, ámbito del que formaría parte fundamental por espacio de seis décadas. Al poco tiempo de su ingreso en la institución, fue designado segundo jefe de la División Ornitología por el entonces director Agustín Riggi.

En 1950 obtuvo el título de licenciado en Ciencias Biológicas y cinco años más tarde aprobó su tesis doctoral, Contribución al estudio de las aves pampeanas y laguneras de la provincia de Buenos Aires, bajo la dirección de Emiliano Mac Donagh. La obtención del doctorado le posibilitó el ascenso a jefe de la División Ornitología, cargo en el que se mantuvo por más de cuatro décadas.

En forma paralela continuó con su carrera docente, que se extendió por 35 años. En la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires formó parte de las cátedras de Botánica Vasculares (ayudante de laboratorio), Ecología Animal (jefe de trabajos prácticos) y Zoología Vertebrados y Ecología (profesor ad hoc). Fue profesor titular de Zoología Marina en el Instituto Universitario de Trelew, dependiente de la Universidad Nacional del Sur. En la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata fue profesor adjunto de Ecología y Zoogeografía, y profesor titular de Protección y Conservación de la Naturaleza y de Ornitología, materia creada por él en 1977 y dictada ad honorem durante más de una década.

Sus primeras publicaciones científicas se remontan a mediados de la década de 1950 y están referidas a la biología de las gallaretas. Poco después se especializaría fundamentalmente en trabajos de índole sistemática, sobre todo teniendo como base a las colecciones que William H. Partridge había realizado en la Patagonia, Misiones y otras provincias argentinas. Sería imposible mencionar sus casi cien artículos, aparecidos en publicaciones nacionales como El Hornero, Neotrópica o la Revista del Museo Argentino de Ciencias Naturales. Merecen recordarse su contribución a la serie Fauna de agua dulce de la República Argentina (Podicipediformes, Ciconiformes, Anseriformes, Gruiformes), los relevamientos de los Parques Nacionales Nahuel Huapi y El Palmar, el inventario de vertebrados exóticos introducidos en Argentina y el ensayo de tipificación de nombres vulgares de las aves argentinas, junto con Nelly Bó (su más frecuente coautora), Tito Narosky y Juan Carlos Chebez.

Comenzando con Carlos Darrieu y su estudio sobre los Psittaciformes argentinos, se dedicó a la formación de becarios, tesistas e integrantes de la carrera del investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Supervisó informes y proyectos para diferentes instituciones nacionales e internacionales. Entre 1975 y 1992 se desempeñó como asesor de léxico de fauna para la Academia Argentina de Letras.

En 1992 fue declarado investigador honorario del Museo Argentino de Ciencias Naturales. Tras jubilarse cinco años más tarde, pasó a ser jefe honorario ad honorem de la División Ornitología. En 2003, con Pablo Tubaro como nuevo jefe de la división, continuó como curador honorario de la colección ornitológica hasta sus últimos días de vida.

Fue miembro honorario de la Asociación Ornitológica del Plata (actualmente Aves Argentinas). Allí se inició como bibliotecario y más tarde llegó a dirigir la revista El Hornero. Se lo reconoció como miembro correspondiente de la Sociedad Ornitológica Española, miembro honorario del Consejo Científico de la Fundación Vida Silvestre Argentina y miembro vitalicio de la Cooper Ornithological Society de los Estados Unidos. La Administración Nacional de Parques Nacionales le otorgó el premio "Conservar el Futuro año 2002". Aves Argentinas le concedió el premio al "Mérito Ornitológico". Dos subespecies de aves argentinas le fueron dedicadas: Asthenes modesta navasi por Julio Contreras y Podiceps major navasi por su discípula María Sofía Manghi.

Lo conocí a fines de la década de 1970 como profesor de Ornitología en la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata. Más tarde fue director de mi beca y tesis doctoral sobre los ictéridos argentinos. Aunque siempre me trató de "usted", lo que imponía una cierta distancia, el paso del tiempo convirtió esa relación profesional en una sincera amistad, más allá de la barrera generacional. En 2007, cuando se cumplieron 60 años de su ingreso al Museo Bernardino Rivadavia, tuve la oportunidad de pronunciar unas palabras en su honor y, en cierta forma, manifestarle todo mi agradecimiento por la ayuda que me brindó a lo largo de mi carrera. Lamentablemente, al año siguiente comenzaron sus problemas de salud, los que lo obligaron a abandonar sus actividades.

El doctor siempre cultivó un muy bajo perfil y más bien desestimaba los homenajes. Podría ahora expresar mil palabras elogiosas hacia su persona, tanto en el plano humano como en el profesional, y las mismas serían totalmente merecidas. Pero, en honor a su sencillez, solo diré -en nombre mío y de las personas que lo querían y apreciaban- que echamos mucho de menos su calidez, inteligencia y buen humor. En lugar de un minuto de silencio en su memoria, creo que sería mejor escuchar el canto de las aves, a las que tanto tiempo y esfuerzo dedicó.

Aníbal R. Camperi
Sección Ornitología, Museo de La Plata
Paseo del Bosque s/n B1900FWA La Plata Buenos Aires, Argentina