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Cuadernos de historia de España

versión On-line ISSN 1850-2717

Cuad. hist. Esp. v.79 n.1 Buenos Aires ene./dic. 2005

 

Almas al Cielo y Dinero a las Bolsas. Bautismos y Ejecuciones en la Naciente Modernidad Valenciana

Mariana Parma

Universidad de Buenos Aires

RESUMEN
Entre las revueltas y revoluciones que se despliegan en Europa a comienzos de la modernidad, las Germanías (1519-1523) desarrolladas en el escenario valenciano han adoptado un carácter particular. El sesgo antimorisco de sus acciones, caracterizadas por bautismos forzados y ejecuciones, otorga al movimiento una cualidad original. Nuestro trabajo tiene por objeto precisar el lugar que los moros tuvieron en aquella revuelta, a partir de una lectura de las crónicas políticas del período. Un enfoque centrado en la conexión entre ideas y acciones revela el significado de aquellas prácticas. Las mismas hunden sus raíces tanto en el ideario bajomedieval adoptado por los agermanados como en las condiciones estructurales que precipitaron aquellos sucesos que transformaron para siempre el escenario valenciano.

PALABRAS CLAVE: Baja Edad Media - Estructura - Revolución - Bautismos forzosos -Moros.

ABSTRACT
Among the revolts and revolutions that spread out in Europe at the beginning of the modern times, the Germanías (1519-1523) that developed in Valencia adopted a particular character. The antimoorish bias of their actions, characterized by forced baptisms and executions, gives the movement its original character. The object of the paper has been to specify the role the Moors played in this revolt, from the analysis of the political chronicles of the period. The meaning of these practices is revealed by an approach centred on the connection between ideas and actions. The former are rooted both in the ideology of the late Middle Ages adopted by the "agermanados", and in the structural conditions that caused the events that transformed the Valencian scene forever.

KEY WORDS: Late Middle Ages - Structure - Revolution - Forced baptisms - Moors.

...prosiguiendo con su victoria, se derramaron por aquellos lugares, buscando a los moros y a sus señores para acabar con todos y sólo perdonaron a los moros que se dejaban bautizar [...] y acabándolos de bautizar, degollaron a seiscientos de ellos, diciendo que aquello era echar almas al cielo y dinero en sus bolsas...
Gaspar Escolano (1)

   La "pax" en España se ve quebrantada a comienzos de la modernidad por un período de revueltas y revoluciones que se desarrollan en el contexto de la crisis de subsistencia de 1520-1521 y en el marco del proceso de construcción del poder nacional e imperial de Carlos V. Dentro de este ciclo, la revuelta agermanada aparece claramente diferenciada, a partir del sesgo antimorisco que adoptaron sus acciones.(2) Las mismas llevaron a muchos autores a una consideración precipitada de la revuelta, caracterizada supuestamente por su atraso y tradicionalismo. Otros historiadores que han buscado las causas de estas acciones antimoriscas en el panorama económico social preexistente han prescindido del análisis de los elementos culturales e ideológicos que han puesto de manifiesto. El presente trabajo, que intenta vincular las ideas y las acciones rebeldes, tiene por objeto precisar el lugar que los moros tuvieron en las Germanías, a partir de una lectura de las crónicas políticas del período. Trata asimismo de explicar las razones profundas que llevaron a los agermanados a justificar aquellos bautismos forzados y aquellas ejecuciones que transformaron para siempre el escenario valenciano.

I. Los bautismos en la historiografía de la revuelta

   Un breve repaso historiográfico muestra la importancia concedida a la temática morisca en la revuelta agermanada.(3) Las acciones antimoriscas en el alzamiento fueron destacadas en la mayoría de las fuentes del período. Así, la historiografía contemporánea a los hechos, los cronistas locales y los de Carlos V, unánimemente críticos al accionar rebelde, y que exaltan la personalidad del rey y alaban la represión noble que da término al conflicto, entienden aquellas acciones como producto del "antiguo odio medieval" encarnado en el pueblo. En la mayoría de estos escritos se intercalan relatos cargados de violencia destinados a condenar el emprendimiento popular. Sin embargo, algunos autores hacen hincapié en la protección nobiliaria ofrecida a las minorías moriscas en Valencia como una injusticia que es también causante de las acciones violentas; se advierte así una cierta complicidad con este aspecto específico de la revuelta con el objeto de condenar la presencia de estos actores moros empeñados en sostener secretamente sus cultos.(4)
   
La historiografía posterior no aporta contribuciones de significación hasta el siglo XIX, cuando se advierten dos grandes corrientes: la romántica-liberal que mistifica el acontecimiento, con su carga de liberalismo sentimental, nacionalismo xenófobo y antiaustracismo, y el revisionismo cientificista que se manifiesta admirador del centralismo y el paternalismo de Carlos V y cuyo punto de vista acerca de la revuelta es profundamente reaccionario. Boix, representante de la primera corriente que caracteriza a las Germanías como movimiento antiseñorial y libertario, exalta las acciones rebeldes, pero entiende las manifestaciones antimoriscas como "muestras de excesos y fanatismos" productos de la época. Por el contrario, Dánvila y Collado, como parte de la escuela cientificista, condena al levantamiento agermanado porque no existía en la época quebranto alguno en los derechos y libertades políticas. El autor, quien dedica mayor espacio al tema morisco señalando la continuidad de sus prácticas religiosas toleradas por los nobles valencianos, es el primero en señalar que los bautismos forzosos encuentran explicación en las condiciones político-sociales existentes.(5)
   
Dejando a un lado los aportes anteriores al siglo XX, en los cuales las conclusiones ideológicas preceden y obstaculizan la indagación histórica, la historiografía contemporánea también ha abordado el estudio de este aspecto de la revuelta. En los comienzos del siglo, el alzamiento continúa siendo analizado en los parámetros del cientificismo anterior. Redonet, por ejemplo, señala que se trata de un movimiento tradicional opuesto a la innovadora política de Carlos V y condena sus "inhumanas" acciones que encuentran única explicación, según el autor y a diferencia de Dánvila, en el "odio de razas".(6)
   
A partir de la década del 30, los trabajos históricos sobre las revueltas de 1520-1521 valoran positivamente estos acontecimientos a partir de una nueva lectura de los documentos y fuentes oficiales. Pero habrá que esperar a la década del 50 para que la temática morisca sea abordada como objeto de estudio particular en estos acontecimientos. Así, Halperín Donghi, quien en realidad intenta explicar el problema de la expulsión de los moriscos de Valencia en 1609, analiza su implicancia en la revuelta. Su hipótesis es que de 1520 a 1609 se asiste a un conflicto nacional entre cristianos nuevos y viejos, entendiendo por conflicto nacional "la oposición de colectividades humanas" y no religiosas, un diferendo que toma este carácter por la dimensión que adquiere en la época el hecho religioso: "un complejo haz de solidaridades y oposiciones se expresaban en la Valencia del siglo XVI en lenguaje de un odio religioso". Analiza la situación valenciana poniendo de manifiesto un escenario escindido en tierras de regadío y secano donde los moros se distribuyen en forma irregular, un aumento marcado de la población, en particular de los moriscos por encima de los cristianos, y un modo de vivir particular de estos grupos que provocaban recelos. El historiador explica la subsistencia de esta comunidad morisca resistente a partir de sus bases materiales y de la solidaridad nacional y religiosa que pudo enfrentar con éxito los intentos en pro de su asimilación por parte de los cristianos viejos. Acerca de la revuelta, Halperín reconoce que su principal logro fue "legar el problema morisco", dado el bautismo forzoso impuesto sobre estos grupos, aunque descalifica como "leyendas, sin duda" el relato de algunas fuentes de que la forma del bautismo fue con escobas y baldes y luego fueron pasados a degüello, porque "no existe documento fehaciente que lo pruebe". Como veremos, estos elementos que Halperín descarta encuentran explicación en el ideario rebelde. Finalmente, el autor explica el accionar agermanado dado que los moros eran fieles a los señores y al Rey y participaban militarmente en la guerra, aunque señala que este "odio" tuvo por antecedente la situación planteada con la crisis de mediados del siglo XIV que "desajusta el equilibrio del siglo de oro de la Valencia cristiano morisca". Este derrumbe demográfico determinó "expulsiones parciales, ataques a morerías de las ciudades y conversiones en masa", actos similares a los producidos dos siglos después por los agermanados.(7)
   
También John Lynch señala que "en Valencia el movimiento empezó como protesta contra los funcionarios y nobles de la ciudad y la violencia se desató en forma de guerra abierta contra los moriscos que por su parte apoyaban a sus señores en contra de las germanías". Pero el aspecto religioso aparece en su análisis como un acto planificado más que como la resultante de las creencias de una época: "Los cabecillas de la revuelta advirtieron lo ventajoso de invocar una justificación religiosa para sus actos a fin de darles un atractivo más general que el que originariamente tenían". Lynch recoge, incluso, algunos tópicos del siglo XIX: exalta a los primeros líderes moderados y señala que "a su muerte hombres de menor categoría llevaron el movimiento por el camino de la violencia y las atrocidades sin un programa claro". Contradictoriamente, en su análisis aparecen algunos puntos que explicarían el porqué de estas acciones violentas, ya que les otorga a las Germanías el carácter de "protesta contra el poder de la aristocracia terrateniente y contra sus arrendatarios y trabajadores moriscos... (y más adelante lo define como) una protesta campesina contra la escasez de medios de subsistencia, la jurisdicción señorial y la competencia del trabajo morisco".(8)
   
El tema de los moros es capital para la derrota agermanada en el análisis de Domínguez Ortiz, porque esta "revuelta de menestrales valencianos [...] armados con per-miso real a causa de la permanente amenaza de los piratas, tuvieron en jaque a las fuerzas reales, y si no triunfaron completamente fue porque esta revuelta urbana no tuvo apoyo en el campo". El autor explica cómo los agermanados procedieron contra los moriscos en su "doble concepto de infieles y de servidores de la nobleza". En cambio en Mallorca, donde no había minoría morisca, Domínguez Ortiz plantea que "se dio la unión entre la artesanía urbana y el campesinado", pero las dimensiones de la isla le impiden "resistir una vez que las fuerzas reales restablecieron el orden en la Península".(9) La solidaridad campo-ciudad no habría existido en Valencia a partir de esta presencia morisca, una conclusión discutible en mi opinión.
   
Pero es principalmente Joan Reglà, el fundador de la escuela modernista valenciana, quien formula, a propósito de este tema, una hipótesis sumamente original: "La Germanía significaría la máxima plenitud de las zonas litorales; y la represión del movimiento agermanado, el reflujo del péndulo, esto es, el triunfo del campo sobre la ciudad, del interior del país sobre las comarcas costeras. Y un siglo después, la expulsión de los moriscos podría considerarse como el movimiento inverso: el triunfo de la ciudad sobre el campo". Abocado al estudio de la problemática de los moriscos en Valencia, el aporte de este trabajo consiste en que intenta pensar el problema de la composición del movimiento en relación con el hábitat. Desde este punto de vista, Reglà señala que "la Germanía y la expulsión de los moriscos tienen unas características unitarias, que podrían sintetizarse en la consolidación del poderío socioeconómico de la aristocracia terrateniente, como en el resto de la España de los Austrias [...] La revuelta urbana entra en contacto con la realidad del campo, que se le muestra adverso y forma un bloque compacto antiagermanado, integrado por los señores, los moriscos propietarios y los moriscos vasallos de la nobleza. Y, por otra parte, la expulsión de los moriscos sancionaría la imposibilidad o el fracaso de una revolución agraria de signo burgués -como la Germanía fue el intento de una revolución burguesa en la ciudad-".(10) Si bien es indudable que la derrota del movimiento estuvo acompañada por una fuerte reacción señorial, cabría matizar las tajantes conclusiones en torno de la distribución entre secano y regadío en cuanto al hábitat morisco y el carácter urbano de la revuelta.
   
Por último, es a las ideas de Joan Fuster, confirmadas por el análisis de Ricardo García Cárcel, a las cuales debemos la elección de este objeto de estudio. Pese a que según su análisis las Germanías dieron "muestras acabadas de fanatismo religioso" dado su marcado "carácter antimusulmán", Fuster interpreta el fenómeno de los bautismos forzosos como un hecho de corte revolucionario, ya que fueron un "intento de cambio de las condiciones políticas y sociales por la resultante emancipación", dado que los moros representaban una "competencia desleal en el mercado de trabajo" y su conversión quebró las relaciones sociales feudales.(11) García Cárcel confirma que la emergencia de la temática morisca en la revuelta se inserta en las tensiones rurales resultantes de las "precondiciones económicas-sociales" de transición al capitalismo en Valencia, por lo tanto los bautismos forzosos simbolizaban una suerte de desahogo a estas tensiones socioeconómicas. El historiador subraya a propósito de esta temática: "La complejidad de las motivaciones que indujeron al radicalismo agermanado a bautizar, la complicidad del rey en el tinglado promovido por los agermanados y la irreversibilidad del camino andado que lógicamente llevaba a la expulsión de 1609".(12) Intentaremos confirmar estos planteos y la importancia de esta temática relevando las crónicas políticas contemporáneas a los hechos. No es el "antiguo odio medieval" el que se expresa en estas acciones rebeldes sino que ellas, lejos de constituir una manifestación del atraso del movimiento, revelan el nuevo sentido de las prácticas políticas en la modernidad. Tales prácticas fueron las resultantes de una relectura particular del pensamiento político bajomedieval en un contexto conflictivo que permitió la reversión de sus sentidos en contra del orden social existente. Por ello sólo un enfoque centrado en la conexión entre aquellas ideas y las acciones del siglo XVI puede revelar el verdadero significado y las formas que adoptaron los bautismos y las ejecuciones moriscas durante la revuelta.

II. Los moros en el ideario agermanado

   Todos los autores han señalado que el discurso agermanado guarda significativa filiación con el pensamiento de Eximeniç, que cimentó las bases del poder institucional valenciano en el siglo XIV. Este escritor catalán y fraile de la orden de San Francisco nació en Gerona hacia el 1340 y murió en Perpiñán en torno a 1409. Comenzó su prédica en el convento de franciscanos menores de su ciudad natal, cursó estudios teológicos en Valencia y en Tolosa y viajó por las universidades de Oxford, Colonia y París; además, en 1365 apareció en la corte pontificia de Aviñón y, hasta 1370, peregrinó por Italia. Cuando el geronés obtuvo su título de maestro en Teología en Tolosa, se trasladó en 1374 a Barcelona, donde permaneció algunos años dedicado a la enseñanza y bosquejando sus primeras obras literarias. Casi diez años después se instaló en Valencia, donde se registró su mayor permanencia, abocado íntegramente a sus escritos hasta 1408.(13)
   
En los escritos del franciscano, de capital importancia para la sociedad valenciana venidera, se destacan los conceptos desarrollados en el tratado político-jurídico llamado la Doctrina Compendiosa y el Dotzè o Régiment de princeps e de comunitats. Este último, que recoge la doctrina política del geronés, forma parte de un compendio religioso, el Crestià, del que se conocen además del mencionado los tres primeros libros (el Primer, el Segon y el Terç). Por último, la producción de este autor se completa con obras enmarcadas en la profética-religiosa, por ejemplo el Llibre dels Angels o el Vida de Jesucrist.(14)
   
Eximeniç fue sin duda alguna el religioso "oficial" por excelencia en Valencia, confesor de reyes, consejero político de los jurados, mediador ante las jerarquías de la Iglesia y frente al pueblo. De hecho estuvo profundamente relacionado con "el poder" de su tiempo: contó con el favor de los jurados de Valencia y de la Casa Real de Aragón, integró la corte pontificia de Aviñón y su importancia en Valencia puede deducirse de su participación con sus sermones en los festejos de 1392 y en las exequias de Pedro el Ceremonioso. En más de veinte ocasiones el autor recibió retribuciones del consejo y de los jurados que compensaban las comisiones desempeñadas por Eximeniç a favor del orden institucional. También en Barcelona, obtuvo la confianza y los favores de los reyes de la Casa de Aragón. Fue incluso por recomendación de la reina que se le otorgó el grado de maestro en Teología en Tolosa. Fue, además, comensal, consejero y confidente del rey. Residió cerca del hijo de Pedro IV en Valencia, quien tuvo al geronés por confesor, consejero y amigo.
   
Como literato, dedicó al príncipe y a los jurados de la ciudad la Doctrina Compendiosa y el Dotzè. Como predicador, participó en la resolución de los problemas sociales y religiosos de su época, en misiones relacionadas con la situación local de pleno crecimiento pero con caracteres turbulentos (cruzadas contra los piratas de la Berbería, procesiones en ocasión de la crisis de 1391, etc.). Finalmente, el religioso oficial tuvo una intervención decidida en el asunto relativo al Cisma de Occidente bajo los reinados de Juan I y de Martín el Humano. Fue llamado por Benedicto XIII para asistir al concilio de Perpiñán y nombrado en 1408 Patriarca de Jerusalén y Administrador Apostólico de Elna (Rosellón). Fruto de sus incansables servicios a favor del orden institucional, real y eclesiástico, murió colmado de honores.(15)
   
Eximeniç fue un "guardián de tradición" en la medida en que su integración a la corte valenciana del siglo XIV y su connivencia con los regidores de la ciudad determinaron el deseo de afirmar el orden institucional como objetivo de sus escritos. Sin embargo, sus juicios emitidos sobre la sociedad contemporánea y sus comentarios de las costumbres del siglo XIV significaron algo para quienes se rebelaron contra el poder un siglo y medio después. Hombre piadoso e integrado a la corte local para la cual escribía y cumplía servicios, sus escritos traducen una cultura de la rebelión contra la autoridad que lo pone en contacto con una cultura no oficial. Más que un religioso del poder, Eximeniç nos recuerda la figura de un "anfibio cultural".(16) El literato, quien en sus escritos buscó cimentar las instituciones en el pensamiento tradicional, anotaba en los bordes ideas modernas sobre el poder y la sociedad. No es sin embargo nuestra intención desarrollar el cuerpo de ideas adoptados y reinterpretados por los agermanados en el contexto del siglo XVI, sino que intentaremos sintetizar algunos conceptos clave para ubicar al problema morisco en la revuelta.(17)
   
En materia económico-social, Eximeniç sostuvo que las formas económicas y sociales de la vida urbana constituyen el mejor servicio a la cosa pública; defendió la posesión de riquezas que fuesen ganadas justamente y administradas en beneficio del común; postuló una valoración moral del trabajo de los menestrales, aconsejando su protección; recomendó el castigo para los especuladores y acaparadores; por último, formuló un nuevo concepto de libertad política, un moderno principio de igualdad sin supresión de clases, defendiendo una solución comunal de estilo italiano que será sin duda capital para la adopción de esta doctrina por los agermanados.
   
En lo político, Eximeniç condena la deshonestidad en el ejercicio de la función pública y en particular en materia de justicia; procura la participación activa del pueblo en el gobierno y en la defensa de la ciudad; establece dos condiciones básicas como base de la sociedad política: una correcta administración de justicia y una equitativa legislación; por último, establece la tesis de los deberes y derechos recíprocos entre el príncipe y los súbditos, que puede dar paso a una subversión de hecho cuando el príncipe desconoce sus obligaciones y por tanto libera a los súbditos de la obediencia. Los agermanados pretenden hacer realidad estas recomendaciones políticas eximinianas, ausentes en el contexto de un siglo XVI caracterizado por la descomposición del Estado y una creciente aristocratización, como veremos más adelante. En definitiva, el eximenismo fue adoptado como doctrina por los agermanados ya que en materia político-social aconseja la formación de comunas autónomas bajo la potestad del príncipe, pero sin intermediarios entre el poder y la comunidad de base, a la cual le asegura una amplia participación y establece la libertad política como principio vital de la cosa pública, basada en pactos, leyes y una correcta aplicación de la justicia.(18)
   
Pero Eximeniç fue asimismo un fiel exponente del estado de inquietud teológica que caracterizó al siglo XIV. Su lectura explosiva de los escritos de la patrística antigua en la línea de los espirituales y las corrientes heterodoxas del reformismo social son prueba de ello. En toda Europa, se practicaron entonces interpretaciones apasionadas de los Actos de los Apóstoles y de los textos de Tertuliano, Lactancio, Juan Crisóstomo, Basilio de Cesarea, Clemente de Alejandría, San Agustín y otros padres de la iglesia. Se postulaban por doquier ideas sobre el advenimiento del Reino de Dios en la tierra que restauraría la absoluta y primitiva igualdad entre los hombres.(19) La profética eximiniana se nutre de las ideas apocalípticas de los primeros siglos del cristianismo (San Gervasio, Lactancio), pasando por los distintos anuncios medievales (Seudodionisio, San Isidoro), hasta el reformismo político-religioso de los maestros espirituales (Joaquín di Fiore, Arnaldo de Vilanova, Juan de Rocatallada).(20)
   
Entre las distintas profecías políticas que otorgaron radicalidad al pensamiento de Eximeniç y que van a resultar de capital importancia en el contexto valenciano del siglo XVI, señalamos el concepto de la "ira de Dios" desarrollado en la Doctrina Compendiosa, como un precepto a tener en cuenta por los regidores, pero también como posibilidad que el autor deja abierta hacia los justos de una acción violenta que evite la venganza divina. Pero los pasajes de mayor radicalismo profético se hallan presentes en el Dotzè: Eximeniç augura en dicho escrito la pronta desaparición de los reyes y señores, de toda potestad, hacia el 1400, cuando el mundo se hallará dividido en comunas como en Italia y surgirá el imperio de la justicia popular hasta el fin del mundo. Por tanto, pese al manto de autoridad de los antiguos con el que intentó encubrir sus escritos y pese a haberse retractado de sus pensamientos apocalípticos estableciendo que eran sólo fantasías, la profética eximiniana fue claramente subversiva ya que pronostica la extinción del cuerpo nobiliario y de las monarquías europeas y la idea de una venganza sangrienta de los justos precedida por anuncios celestiales y protegida por la ira de Dios.(21) Estos anuncios parecieron cumplirse en un contexto de suma inestabilidad política, como era la situación del reino en los inicios del siglo XVI. Entonces los agermanados intentaron llevar a cabo esa venganza y ejecutar la justicia popular enderezada contra los nobles y los moriscos.
   
Pero tanto en su doctrina política como en su discurso profético nos preguntamos qué lugar ocupan los moros. ¿Fueron sus escritos claramente antimoriscos de modo que la lectura de sus conceptos llevó a los agermanados a emprender aquellas acciones violentas? Por el contrario, el eximenismo fue una de las primeras doctrinas construidas en favor de la tolerancia en materia religiosa. Todos los fieles deben sentirse hermanos delante de Dios y ser tolerantes con los judíos y musulmanes, establece Eximeniç en el Dotzè (II, cc.69-356) cuando desarrolla las leyes de los antiguos para que los ciudadanos vivan virtuosamente y que repite cuando describe los deberes del príncipe en relación con la religión (VIII, cc.833-907).(22) Escribe: "Los judíos e infieles que habitan entre cristianos no son esclavos y tienen derecho a poseer señoríos" y sería una verdadera injusticia echarlos de sus tierras, sobre todo cuando jamás han pertenecido al cristianismo. Así, el franciscano se enfrenta con los principios característicos en el trato a estas minorías religiosas en España; rechaza los argumentos de quienes querían despojar a estos grupos: "las posesiones no solamente Dios las ha hecho para los fieles, sino para toda razonable criatura". Eximeniç, dice Probst, era netamente adversario de las conversiones sistemáticas.(23) Lejos de esta doctrina, sin embargo, la prédica eximiniana convirtió a la presencia de estos infieles en símbolo y causa del advenimiento del Anticristo. Contradicción entre el religioso oficial y el franciscano predicador que refleja la lectura de sus escritos, los cuales hacia el siglo XVI fueron interpretados como favorables a la ruptura del orden cristiano-morisco.
   
En efecto, la temática de los musulmanes fue uno de los temas apocalípticos que insistentemente discute el autor. En el primer texto del Crestià, escribe Probst, el geronés se dedica a condenar la profecía que auguraba el fin de la secta musulmana para el año 690 de la hégira.(24) Si bien desde el punto de vista político él se había mostrado tolerante hacia las minorías religiosas de la ciudad, esta tolerancia no se sostiene en su pensamiento milenarista. Las ideas de Arnaldo de Vilanova, en cuanto a los "secuaces en la tierra" que preparan el tiempo del Anticristo, y las de Juan de Rocatallada en relación con la extensión por toda la cristiandad de sarracenos y tártaros cuando los reformadores intenten liquidar la encarnación de todos los males, no pueden haber sido ajenas al pensamiento de nuestro franciscano. En el capítulo 102 del Primer, Eximeniç apela a la profecía de San Cirilo, que recogió la Glosa del pseudo Joaquín, y muestra la inanidad de las predicciones sobre el fin de la secta musulmana. En el capítulo 184, repite Eximeniç que "si la existencia de las sectas como la de Mahoma estuviera ligada a la conjunción de los planetas", aquella secta habría desaparecido porque su fin estaba previsto por la conjunción de Júpiter y de Venus; por lo tanto aquella predicción es falsa y la astrología no puede fijar necesariamente la extinción de los herejes. Para apoyar esta demostración, Eximeniç refuta los juicios equivocados del astrólogo Abumazar.(25)
   
En toda la Corona de Aragón, lejos de desaparecer, por el contrario, las poblaciones moriscas se confundían con las cristianas y extendían su número desde el siglo XIV. La tolerancia de los regidores era un hecho habitual en Valencia, pero era también el signo de malos augurios, como entiende el franciscano influido por los espirituales de su tiempo. Eximeniç se hace eco de la profecía sobre España que escribió San Isidoro: "Guay de tí España y de tu gran caudillo sin corona de virtudes que tus hacedores y tus pecados grandes aborrecidos son a Dios y la sangre de los pequeños demanda venganza, así como rayo descenderá sobre tí la ira y venganza del Señor [...] Dios será airado contra España pecadora y mala por cuanto es erradora y sostenedora de la mala secta de Mahoma [...] los reyes y señores de España sostienen vivir a los judíos y moros en sus reinos y señoríos por el provecho temporal que de ellos han".(26) Los moros convertidos ante el anuncio apocalíptico de San Isidoro en los "secuaces" del Anticristo en la tierra, tal como pronosticaba Arnaldo de Vilanova. La idea de la venganza de los justos de Lactancio aparece también en esta profecía, que recoge los tópicos de Rocatallada en cuanto a la ira de Dios, la justicia popular hacia el milenio, la conquista de España por los secuaces del Anticristo encarnados en los moros (sarracenos y tártaros en el Apocalipsis según Rocatallada) y su extinción posterior para gozar de la nueva edad cristiana.
   
En el Lliebre dels Angels (c.38, f.131), Eximeniç confirma estos argumentos sobre las casas de España. Los reyes de los cinco reinos de España, señala, vendrán a preguntar a San Miguel lo que sucederá en sus principados durante el segundo cisma de la Iglesia; de la misma forma pronostica que las luchas contra los sarracenos le son anunciadas, con incursiones de parte de los infieles, seguidas del triunfo final de los españoles.(27) Si bien Eximeniç había aconsejado tolerancia en el trato de los jurados valencianos hacia los musulmanes, la sola presencia de éstos lo convencía de la proximidad del juicio final. En este sentido podemos marcar un paralelo con el dominico valenciano San Vicente Ferrer (1350-1419). En ambos religiosos, la idea apocalíptica estuvo presente pero no fue el tema central de sus escritos. La trama escatológica de sus obras respectivas establecía una coincidencia cronológica entre el tiempo del Anticristo y el del fin del mundo, otorgaba a las órdenes mendicantes la tarea de volver al estado de pureza cristiano y fijaba muy próximos los tiempos de cumplimiento de aquellos vaticinios.(28) En momentos en que prevalecía el modelo ocultista, escribe Riquer, San Vicente Ferrer se caracterizó, como también lo hizo Eximeniç, por el empleo de la "lengua del pueblo bajo y la burguesía" y de "diálogos callejeros" en sus diatribas, que explican sus éxitos en las generaciones posteriores.(29) Ambos religiosos triunfaron a menudo sobre el credo de los musulmanes en su acción evangelizadora; tal vez por ello, ambos se mostraron tolerantes como consejeros políticos, pero no así cuando escribieron pensando en la proximidad del fin de los tiempos.
   
Esta contradicción que el eximenismo legó a la sociedad valenciana venidera (tolerancia como principio político e intransigencia en lo profético) se resuelve en el contexto del siglo XVI, cuando aquellas profecías de los antiguos eran creídas ahora por "el común". Porque, como señala Sandoval, "estaban las cosas de España tan turbadas, los hombres tan desatinados, que no parecía sino azote del cielo, y que venía sobre estos reinos otra destrucción y acabamiento peor que la que fue en tiempo del rey don Rodrigo. Creían en agüeros, echaban juicios y pronósticos amenazando grandes males. Inventaron algunos demonios, no sé qué profecías, que decían eran de San Isidoro, arzobispo de Sevilla; otra de fray Juan de Rocacelsa, y de un Merlin y otros doctores, y de San Juan Damasceno; llantos o plantos que lloró San Isidoro sobre España. Y en todas ellas tantos anuncios malos de calamidades y destrucción de España, que atemorizaban las gentes y andaban pasmados. Helas visto y leído, y son tantos los desatinos que tienen, que no merecen ponerse aquí, sino espantarnos de que hubiese tanta facilidad en los hombres de aquel tiempo, que creyesen semejantes cosas.[...] Tales obras hace la pasión ciega, y tales desatinos persuade".(30) Si todos los augurios parecían cumplirse, si no eran "fantasías" ni meras "elucubraciones de los profetas", si los pronósticos de Rocatallada o Lactancio se hacían realidad en la Valencia del siglo XVI, la letra de Eximeniç adquiría un sentido plenamente nuevo. Porque, si todo aquello resultaba cierto en aquel tiempo, la cosa pública también se reformaría, los príncipes y los nobles serían liquidados. Las casas de España llegarían a su fin y la comuna autónoma y la justicia popular harían pronto su presencia en la tierra valenciana. El cielo enviaba sus señales y tocaba a los súbditos volver realidad el resto de las profecías eximinianas.

III. Un rumor insistente en un contexto conflictivo

   La relectura agermanada de las ideas bajomedievales en el contexto del siglo XVI resuelve tal contradicción, abandonando toda idea de tolerancia y materializando en bautismos y ejecuciones la profética eximiniana, convirtiendo a los moros en blanco privilegiado de la violencia rebelde. No es nuestra intención, sin embargo, referirnos a las razones que determinan la emergencia del alzamiento y que desde luego hunden sus raíces en la estructura material de la España y en particular del reino de Valencia en el siglo XVI.(31) Por el contrario, intentaremos precisar aquellos elementos del contexto internacional, nacional y local que colocan a la problemática morisca en el centro de la escena agermanada.
   
Debemos comenzar por señalar que se trata de un contexto caracterizado por la emergencia de distintos rumores acerca de un futuro ataque morisco. Para prevenirse de este próximo ataque y defenderse de los moros nacen las Germanías, que formaron parte de un ciclo histórico de revueltas que despertó en toda España. Los levantamientos son expresivos de los descontentos ante una economía que había virado hacia el norte, desplazando la actividad económica del Levante y convirtiendo a Castilla en espacio de dominación al servicio del polo monetario de los Países Bajos.(32) Una economía que además había consolidado la primacía ganadera en sus actividades en favor de los intereses de la Mesta, la Corona y la nobleza, pero que fue determinante de las debilidades en la estructura agrícola que no alcanza a dar respuesta al crecimiento demográfico de las ciudades y de los obstáculos impuestos a la industrialización.
   
Estas contradicciones estallan en el contexto de un proceso de descomposición del Estado agravado por los problemas dinásticos y una suerte de revancha aristocrática. Es esta parálisis del Estado con el ascenso al poder de los consejeros extranjeros y la venta de cargos públicos la que agrava Carlos V por su abandono del reino ante la elección imperial.(33) Es que Castilla teme ser relegada como centro de poder y en Valencia los fueros no fueron jurados rompiendo el pacto tácito que une al rey con los súbditos. Carlos I convertido en tirano y abandonando su reino le otorgaba así un nuevo sentido a la profética bajomedieval que auguraba la destrucción de España al fin de los tiempos, particularmente en una Valencia conmovida por la inseguridad ante los rumores mencionados y en un contexto de vacío de poder resultante del estallido de la peste. En este marco, los agermanados se instituyen como gobierno local armado y conforman nuevos órganos de poder. La revuelta se radicaliza y se extiende a toda la región en el escenario rural y urbano. Los nobles enfrentan militarmente al alzamiento que deviene en guerra civil, a cuyo término la revuelta alcanza caracteres mesiánicos con la irrupción del llamado Encubierto y se mantiene la resistencia en unas pocas ciudades insurrectas hasta que el terror blanco y la represión dan término al acontecimiento.
   
Pero las razones que pusieron a los moriscos en el centro de la escena bajo las Germanías fueron en principio internacionales y aparecen en el análisis de Reglà. Los moriscos representaban una "especie de quinta columna que desde los reductos peninsulares secundó la presión otomana en el Mediterráneo",(34) y se inscribe en el forcejeo hispano-francés. Es que las Germanías coinciden históricamente con la rivalidad hispano-francesa, las complicaciones en Italia y los Países Bajos, la hostilidad del Turco y el desarrollo del protestantismo alemán. En tal escenario, la estrategia habsbúrgica consistió en cercar a Francia. Escribe Chaunu que "el desarrollo del Estado territorial casi por doquier en Europa conduce a la percepción de los equilibrios". Este equilibrio europeo se veía amenazado por Francia, cuyo poder aumentó con el control del Milanesado. La elección imperial cuando Carlos I de España se transforma en Carlos V emperador fue una respuesta a esta situación, "pero, al propio tiempo, fue generadora de desequilibrios en el sentido inverso".(35) Explica Lynch que "en tales circunstancias, Francia se encontraba frente a la alternativa de una lucha por una vida independiente como gran potencia o la aceptación de la satelización, con el riesgo permanente de la intervención". El país cercado por el poder de los Habsburgos consiguió aliados en el protestantismo alemán como en el Islam y motivó los conflictos entre el Papa y el emperador por las posturas dubitativas de Carlos V en Alemania. El emperador contó sólo con el apoyo de la alianza del norte, de Inglaterra.(36) Detrás del interés imperial se adivina el poderío económico de los Países Bajos, asociados a la vida atlántica, bisagras de Europa, que apoyaron al rey con empréstitos y recursos militares.(37)
   
El panorama de la estrategia mediterránea hispánica es el que explica, en parte, el episodio agermanado en torno de los moriscos, quienes representaban un cuerpo enquistado de apóstatas públicos que eran acusados de relación con los enemigos franceses y con los infieles turcos y berberiscos.(38) Señala Lynch que "el objetivo principal de la política francesa era resistir el enorme poder de los Habsburgos, hostigándolos juntamente con sus demás enemigos [...] La omnipresencia del poder de los Austrias significaba facilidad para encontrar aliados". El turco aparecía como uno de estos aliados; poder territorial formidable y mayor rival marítimo de España. "La flota turca no podía alcanzar directamente a España, sino que necesitaba una base o en la costa berberisca del norte de África o en la costa mediterránea de Francia. El peligro de España estaba en que el Turco tenía aliados en ambos lugares y podía hallar un tercer aliado dentro de la propia España". De hecho, el poder naval del Islam se redobla con la flota de piratas norafricanos que asolaban las costa