SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.79Actas IX Simposio Internacional de Mudejarismo: Mudéjares y moriscos. Cambios sociales y culturales, Teruel 12-14 septiembre de 2002 índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

  • No hay articulos citadosCitado por SciELO

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Bookmark


Cuadernos de historia de España

versión On-line ISSN 1850-2717

Cuad. hist. Esp. v.79 n.1 Buenos Aires ene./dic. 2005

 

DÍAZ MEDINA, ANA (ed.), Relación del discurso de las Comunidades, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2003, 329 páginas.

Mariana Valeria Parma

   La Junta de Castilla y León ha publicado recientemente un manuscrito perteneciente a su biblioteca, que consta de doscientos cincuenta y siete folios escritos en letra humanística y sin autoría reconocida. En él se detalla el desarrollo del movimiento comunero. Propiedad de Antonio Cánovas del Castillo, la fuente pertenecía originalmente a la Librería del Real Convento del Abrojo, un monasterio desaparecido, pero que en la época fue asiento de los miembros de la familia real. No es la única versión existente. La investigación de Ana Díaz Medina nos permitió conocer que hay un ejemplar similar con distinto título en la Biblioteca Nacional de Madrid (manuscritos 6301) que sería una copia dieciochesca de este texto, aunque incompleta y con ciertos arcaísmos, que pueden cotejarse en la lectura de esta edición.
   
Tanto en el estudio introductorio de Díaz Medina como en la reproducción de la fuente, el libro ofrece también la posibilidad de contrastar la relación con otras crónicas de la época, como las de Mexía, Maldonado, Sandoval, Santa Cruz, Sepúlveda, con el corpus documental ofrecido por Dánvila y Collado. Las similitudes entre estas fuentes primarias obedecen tanto al empleo de los mismos documentos por los autores como a los característicos plagios de la época. Más allá de los tópicos comunes en el relato de las comunidades y las coincidencias en la calificación del fenómeno y en las formas de exponer los sucesos, la editora entiende que la obra guarda una estructura y una expresión sumamente similares al relato elaborado por Juan Ginés de Sepúlveda. A manera de hipótesis, señala que se trata de una de las fuentes que habría utilizado este autor para la reconstrucción del movimiento comunero.
   
En cuanto a las características generales de la obra, su forma y estilo revelan la presencia de un texto muy cuidado, de fácil lectura, que ofrece escasas dificultades de interpretación. La crónica anónima aporta descripciones sumamente interesantes, sobre todo en el aspecto militar, que la convierten en una importante fuente de información. Sin embargo, el aporte a la comprensión del fenómeno comunero es muy desigual, dado que el relato pasa del detalle minucioso de algunos sucesos a menciones escuetas de otros hechos de capital importancia. Esta desigualdad en el tratamiento de los temas es justificada por el propio autor, quien sólo intenta dar cuenta de aquellas circunstancias de las cuales fue testigo. Así, comenta que "mi principal intento es escribir de aquello que yo vi y supe, y de las otras cosas que oí dexarlas y solamente contar de ellas lo que no se pudiera escusar para inteligencia y sucesión de las que vi y en las que me hallé".(1) De esta forma, renuncia a pormenorizar aquellos sucesos sobre los cuales no cuenta con noticia directa, otorgándole a la obra credibilidad. Este valor testimonial convierte a la narración en un texto de sumo interés.
   
El estudio introductorio brinda importantes indicios sobre la datación y la posible autoría de la obra. En él se señala que el anonimato no es por acción deliberada, sino fruto de la omisión circunstancial del copista. Se trata, en efecto, de una copia tanto por la existencia de espacios en blanco, tachaduras y repetición de palabras presentes en el relato, como por el orden general que presenta el texto. El autor se presenta como criado de la reina Isabel la Católica y no refiere los motivos que lo impulsaron a escribir sobre los sucesos comuneros. Por la lectura del relato, puede haber pertenecido a la nobleza castellana, no sólo por su formación intelectual sino también por su manifiesto desprecio por los sectores populares. Díaz Medina descarta la pertenencia al clero y, a manera de hipótesis, atribuye la posible autoría de la obra a Fernando de Guevara, hermano de Antonio de Guevara. La datación es deducida por la editora de las referencias históricas que jalonan el relato de los sucesos. En este sentido, entiende que la fecha de redacción se ubicaría entre los años 1529 y 1531.
   
La Relación del discurso de las Comunidades se estructura en dos partes bien diferenciadas. En la primera, el autor relata en veintidós capítulos los acontecimientos que se desarrollan en Castilla, a partir de la muerte de la reina Isabel, hasta el cierre de la crisis en 1524. La narración comienza, como en otras crónicas de los hechos, con la crisis que surge en Castilla en 1506. Los cinco primeros capítulos describen las tensiones que acompañan esta crisis y las diferencias nobiliarias en torno al control del poder. A partir del sexto capítulo, pasa a relatar los sucesos que atañen a las comunidades desde la llegada a España de Carlos V. Narra principalmente los acontecimientos que se desarrollan en Toledo a partir de la acción de tres iniciadores (Padilla, Laso y Ávalos) y ante la difusión de la noticia acerca de la partida del rey para ser coronado emperador. En estos capítulos describe las reuniones previas en el ayuntamiento, la disposición de Padilla por sujetarse a las órdenes reales y el discurso de Pedro Laso en esa institución. Asimismo, refiere las alteraciones que se desarrollan en Burgos, Valladolid, Tordesillas, las Merindades y Medina del Campo.
   
No aparecen en el relato los debates desarrollados en las Cortes. Dedica algunos párrafos al encuentro en Tordesillas entre los líderes comuneros y la reina Juana. Y los capítulos restantes están particularmente destinados al detalle de las batallas militares, libradas desde entonces hasta Villalar. Pero no brinda mayores detalles ni sobre los castigos infligidos ni sobre el final del movimiento y el quiebre de la resistencia comunera. Cabe considerar que el autor no concluyó el proyecto inicial, dado que algunos sucesos finales no aparecen en el relato, aunque advierte que serían desarrollados más adelante.
   
La segunda parte de la relación introduce una serie de documentos, en general pertenecientes al género epistolar. No aparecen novedades significativas en este aspecto, ya que la mayoría de estos aportes fueron publicados en la obra de Dánvila y Collado. En primer lugar, hallamos los capítulos de Valladolid que contienen las demandas comuneras presentadas al rey y, a continuación, los capítulos de La Rambla que, a su vez, recogen la postura anticomunera de las ciudades de Andalucía. Una segunda parte documental se halla representada por una serie de cartas fechadas en 1506, del rey Fernando de Aragón, de los procuradores y otros autores, que son demostrativas del estado de incertidumbre general y de la situación del reino de Castilla en los inicios de la crisis política abierta tras la muerte de la reina Isabel. Asimismo, la fuente recoge una serie de cartas escritas en torno a los años 1521 y 1522; son de particular interés para la lectura aquellas elaboradas por el líder comunero Juan de Padilla, en ocasión de la toma de Torrelobatón. El corpus documental se cierra con el proceso contra los comuneros de Worms de 1520 y el perdón general de Valladolid de 1522, que incluye la nómina de excluidos del perdón; ambos constituyen la narración oficial acerca del accionar de la Junta comunera.
   
Como en las crónicas de la época, la relación condena a las comunidades y a sus líderes, aunque encontramos cierta justificación en los inicios del movimiento, dada la actuación de la camarilla flamenca que rodeaba a Carlos V. Los comuneros intentaban en los comienzos sólo llamar la atención real para remediar los problemas existentes en el reino. "No fue la intención de los que dieron principio a este negocio que la cosa pasase tan adelante como después pasó, ni que el escándalo fuese general. Solamente deseaban que se ofreciese alguna oportunidad por la cual pudiesen poner al Rey en tanta necesidad que o les hiciese algunas mercedes o les satisficiese en algunas cosas de que decían estar agraviados". Sin embargo, condena la acción de algunos agitadores cuyo objetivo era provocar el levantamiento popular, dado que "movidos por codicia de sus proprios intereses, e incitados de alguna sobervia por averles la fortuna en algo favorecido, deseavan tiempos oportunos para provar desasosegar la cosa pública de la dicha ciudad y, por consiguiente, la de todo el reino".(2) Tanto la codicia de algunos líderes como la incapacidad real fueron causantes de los "escándalos" acontecidos en Castilla. Con absoluto desprecio, señala que el "vulgo de extranjeros y oficiales mecánicos" se apoderan del movimiento, que se endereza a "tiranizar el reino". Así, condena principalmente la participación popular "porque como en el vulgo son más los pobres que los ricos, y los deudores que los acreedores, y los viciosos que los virtuosos, y los ignorantes que los sabios, siempre desean los tiempos rebueltos y la justicia enflaquecida y la malicia sublimada".(3) A continuación resalta la importancia de la propaganda comunera en la difusión de los descontentos. Pero más que la consideración de los aspectos políticos, ideológicos y sociales del movimiento en su génesis, lo que concentra el interés del autor es el desarrollo en Castilla de los sucesos militares. Así, detalla con sumo cuidado la disposición de los ejércitos, las estrategias empleadas y los lugares definidos para los sucesivos combates.
   
En cuanto a la caracterización de los personajes de uno y otro bando, en los inicios de la obra, que narra la crisis en Castilla, la figura saliente es el rey Fernando de Aragón quien, en contraste con las acciones de Felipe el Hermoso y la incapacidad de la reina Juana, recibe comentarios elogiosos en todas sus decisiones. Luego, cabe señalar que el rey Carlos V, a diferencia de otras relaciones, no es el protagonista de las acciones y no recibe grandes elogios: "Su Magestad no entendía en otra cosa sino en aparejar su armada para irse a lo del Imperio";(4) y no se vuelve a efectuar consideración alguna hasta los sucesos de 1524. Si bien la narración comienza con su llegada a España, el rey aparece sólo abocado a sus intereses imperiales y se señala que el gobierno está en manos de Chièvres. El autor menciona en la relación que "el gobierno de su persona y de todo el Estado era Xeves"(5). A él achaca su codicia y el mal tratamiento dado a la nobleza castellana. Pese al reconocimiento acerca de los motivos del descontento, la crónica reprueba el accionar de los líderes comuneros, a quienes no adjudica mérito alguno. Sin embargo, no aparecen juicios contundentes en el relato, excepto para los casos de María Pacheco, a quien responsabiliza por el accionar de su marido, Juan de Padilla, y del obispo Acuña.
   
En cuanto al bando leal, destaca particularmente el accionar del conde de Haro e interpreta positivamente todas sus acciones. El autor demuestra un conocimiento acabado de la nobleza castellana, tanto de sus miembros como de sus conflictos intestinos. El tono aristocrático de la obra se mantiene hasta el final, cuando entiende como principal castigo a los alzados la pérdida del honor. De tal forma que, "ninguno quedó con el lustre y buena reputación que primero tuvieron, porque esta honra es muy delicada e, aunque la ira del Príncipe se acabe, nunca se quita totalmente la mancilla y mal nombre del que una vez por sus pecados es con justicia mal infamado"(6).
   
En definitiva, creemos que el principal atractivo que ofrece la publicación de esta fuente no puede ser cifrado en su aporte documental, ya que no supone mayores novedades. Tampoco estaría dado por la propia narración de los hechos, en la cual encontramos los mismos juicios de valor, consideraciones y sucesos que en las otras obras del género. La Relación, en cambio, resulta de particular interés en tanto pretende constituir una fuente testimonial sobre algunos pasajes del movimiento comunero. Su importancia también radica en la descripción minuciosa de los aspectos militares del fenómeno y de las tensiones, acciones y comportamientos del bando nobiliario desde la apertura de la crisis política en los inicios del siglo XVI español.

Notas

1. DÍAZ MEDINA, ANA (ed.), Relación del discurso de las Comunidades, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2003, p. 48.

2. Ibidem, pp. 71-72.

3. Ibidem, p. 83.

4. Ibidem, p. 90.

5. Ibidem, p. 67.

6. Ibidem, p. 185.