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Cuadernos de historia de España

versión On-line ISSN 1850-2717

Cuad. hist. Esp. v.80  Buenos Aires ene./dic. 2006

 

El Quijote leído en Argentina por historiadores de la Mancha

María Estela González de Fauve y Francisco Ruiz Gómez

   La conmemoración del IV centenario de la primera edición de la novela de Miguel de Cervantes El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha ha constituido un acontecimiento cultural en todo el mundo hispánico y más concretamente en España y la Mancha. Precisamente en esa región española se encuentra la universidad de origen de un grupo de historiadores que ha participado con agrado en un programa de doctorado organizado por el Instituto de Historia de España de la Universidad de Buenos Aires, dirigido por la doctora Mª Estela González de Fauve, y que ha tenido el siguiente desarrollo:

• "Don Quijote y la caballería medieval", por Francisco Ruiz Gómez (catedrático de Historia Medieval)

• "Medicina y sociedad en la época de El Quijote", por María Estela González de Fauve (catedrática de Historia Medieval y directora del Instituto de Historia de España "Claudio Sánchez-Albornoz", de la Universidad de Buenos Aires)

• "La Mancha en tiempos de Cervantes", por Porfirio Sanz Caamañes (profesor titular de Historia Moderna)

• "La ruta de El Quijote tras el impacto del 98", por Francisco Alía Miranda (profesor titular de Historia Contemporánea)

• "La Mancha de El Quijote en los viajeros románticos franceses", por Nicolás Campos Plaza (catedrático de Filología Francesa)

• "De la Mancha literaria a la Mancha geográfica", por Félix Pillet Capdepón (catedrático de Geografía Humana)

   Se pretendía ofrecer a los estudiantes argentinos una nueva mirada sobre el Quijote a partir del estudio de la realidad histórica de la época en la que escribió Cervantes, la presencia de la cultura y la mentalidad caballeresca en el personaje de don Quijote, el reflejo de la práctica de la medicina en la época a través de la figura del barbero, para concluir con una aproximación a la historia de la alimentación y de la higiene corporal a partir del uso sociocultural del agua. El análisis se completaba con el estudio del impacto de esta novela entre los viajeros extranjeros que recorrieron la Mancha en busca del espíritu quijotesco de los españoles, y entre los intelectuales españoles de "fin de siglo", como Azorín. Todo ello encuadrado en el marco de los paisajes de la memoria que podemos reconstruir hoy mediante la percepción del paisaje geográfico de la Mancha en nuestros días.
   La relación entre el Quijote y América, pequeña y esporádica, está ya contada. Es difícil decir algo original cuando se habla de esta novela -ya lo sabemos- pero no por ello queremos dejar en el anonimato del cuaderno de notas nuestro frustrado aunque, al mismo tiempo, enriquecedor esfuerzo. Todos los biógrafos de Cervantes dan cuenta de su deseo de trasladarse a América, y de la respuesta que obtuvo de Felipe II: "Busque por acá en qué se le haga merced". Al poco tiempo de aparecer publicado en España, el Quijote cruzaba el océano para venir a América burlando la prohibición de las leyes de Indias y se convertía en lectura enriquecedora para todos los hispanohablantes, hasta convertirse en símbolo y reflejo de la identidad cultural hispanoamericana (RODÓ, J. E., 1967).
   Uno de esos lectores, Borges, nos ha dejado las reflexiones más sugerentes sobre este libro que tanta admiración despierta a lo largo de los siglos, a pesar de que él lo consideró un libro innecesario (BORGES, J.L., 1939). En el provocativo ensayo "Pierre Menard, autor del Quijote" critica que la obra se haya convertido en pretexto para brindis patrióticos huecos y sin contenido, algo que nosotros compartimos y queremos evitar a toda costa, y propone una lectura en profundidad del texto que nos permita reinventarlo con sus mismas palabras. Se trata del conocido tema borgeano de la hipertextualidad y la reelaboración de la obra literaria por el lector. "Pensar, analizar, inventar [...] no son actos anómalos, son la normal respiración de la inteligencia", nos dice. La obra se presenta como un conflicto entre realidad y sueño, con un contrapunto entre un grotesco caballero y un admirado imitador de las gestas de Amadís, entre una Mancha vulgar y polvorienta y un espacio fantástico en el que todas las aventuras son posibles. El ensayo concluye con un rechazo absoluto de cualquier lectura en clave realista del libro y sentencia, de forma un tanto inmisericorde, "libros como La ruta de Don Quijote, de Azorín, o la Vida de Don Quijote y Sancho de Unamuno, nos parecen de algún modo innecesarios". Treinta años más tarde, en la conferencia pronunciada en Austin sobre "Mi entrañable señor Cervantes" Borges vuelve sobre el libro y nos habla de su verdadero autor, sin eufemismos, y entonces se declara ferviente admirador de un escritor capaz de transformar la realidad en ficción con sus palabras (BORGES, J. L., 1999).
   No todas las historias son reales ni sus protagonistas de carne y hueso; más bien digamos que, en la literatura, realidad y fantasía suelen unirse en un mismo ambiente de fábula y leyenda, sobre todo cuando se trata del mundo maravilloso de la caballería. Cervantes jugó también con la ambigüedad de su obra cuando nos dice que es una historia imaginaria que pudo ser real. En otro momento, en cambio, afirma que se trata de un relato escrito en arábigo por el verdadero historiador Cide Hamete Benengeli, que llegó a sus manos por casualidad en el Alcaná de Toledo. Y en otra ocasión, en fin, es el propio Alonso Quijano, un hidalgo manchego de estirpe conocida, el que cuenta su vida tal y como fue, o como él hubiera querido que fuera, trastornado por sus fantasías literarias. Lo que quiere decirse con todo esto es que si la historia de don Quijote es ficticia, el mundo que refleja y los personajes que deambulan por sus paisajes rezuman realidad. Conviene recordar que Cervantes conoció a muchos tipos como los que salen en su novela y recorrió personalmente los caminos y lugares de la Mancha que describe. Para empezar, digamos que la trama original de esta historia no la ideó el propio Cervantes, sino que la tomó de una breve pieza teatral anónima de la época titulada El entremés de los romances, cuya primera edición data de 1591. Lo demostró don Ramón Menéndez Pidal en 1920 y lo recordó después don Fernando Lázaro Carreter en su estudio "Las voces del Quijote" contenido en la introducción a la edición del Quijote de F. Rico (2004). El protagonista de esa farsa se llama Bartolo, un labrador aficionado a la poesía que enloquece a causa de la lectura de romances. Cervantes comenzó a escribir con estos materiales, lo que en principio sólo iba a ser una historia burlesca y breve, al modo de las novelas ejemplares. Pero su genio creativo, que bebía en la tradición realista de la Celestina y la picaresca española, enriqueció el relato con el inmenso caudal informativo que sobre la vida caballeresca aportaban las crónicas castellanas del final de la Edad Media, y creó un personaje inconcebible, don Quijote, cuya personalidad desbordó sus previsiones y lo obligó a alterar su relato.