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Cuadernos de historia de España

versión On-line ISSN 1850-2717

Cuad. hist. Esp. v.80  Buenos Aires ene./dic. 2006

 

Nieto Soria, José Manuel, Un crimen en la corte. Caída y ascenso de Gutierre Álvarez de Toledo, Señor de Alba (1376-1446), Madrid, Sílex, 2006, 316 páginas

Lorena Solange García

   El libro que reseñamos está orientado a un público exclusivamente académico y consta de una introducción; un sección de precedentes historiográficos; cinco capítulos; un epílogo; una sección con documentos; otra con fuentes y bibliografía; y un índice analítico.
   Luego de una presentación general, el autor hace referencia a los antecedentes historiográficos del tema analizado: la muerte intencional del obispo de Sigüenza a manos de un personaje histórico singular, Don Gutierre de Toledo, hecho que posibilitó el ascenso social, político y eclesiástico de este último, llegando incluso a fundar uno de los títulos nobiliarios de mayor raigambre en la historia de España: el de Alba. Afirma que hasta el momento el tema ha sido estudiado de manera parcial, insuficiente e incluso muchas veces erróneamente, sin que se hayan integrado los hechos al contexto histórico. En este apartado comenta cuáles son los archivos documentales que cuentan con material de utilidad para continuar con esta investigación y qué hay en cada uno de ellos. Finalmente explicita qué antecedentes hay sobre este tema, haciendo un relevamiento breve de obras y autores.
   En el primer capítulo el autor intenta armar el contexto necesario para que posteriormente sea posible comprender los hechos por él analizados. Éste se aborda a partir de tres ejes diferentes: la carencia de fuentes documentales; el temor del rey y los cortesanos a los brotes de peste negra y al envenenamiento; y el desencadenamiento del Cisma de Occidente que a principios del siglo XV llegó a un punto extremadamente tenso y complicado.
   Con respecto al primer problema, destaca que hay poca información sobre el entorno cortesano en que se sitúan los acontecimientos, debido a la interrupción de la cronística oficial de la monarquía trastámara. Sin embargo, si bien explica el porqué de la escasez de datos del momento, afirma que eso no impide que se puedan realizar ciertas aproximaciones a los rasgos, características y personalidades de algunos personajes de aquel entonces. Es así como hace una exhaustiva caracterización de Enrique III y su reinado, en el que no sólo se presenció la reconstrucción del poder nobiliario (ya que consolidan su posición destacados linajes de la nobleza nueva que había venido progresando desde Enrique II) sino que también lograron ascender ciertas individualidades que, gracias a su oportunismo o arrojo militar, consiguieron alcanzar una proximidad al rey y terminaron siendo favorecidos por él.
   Con respecto al segundo eje de la cuestión el autor sostiene que los dos grandes temores del ámbito cortesano eran por un lado la peste (debido a su fiereza e imprevisibilidad), y por otro el envenenamiento. Esto era tan frecuente que a fines del siglo XIV se había extendido en la Corte la práctica de hacer probar las comidas o bebidas que se iban a ingerir a algún criado. Sin embargo, pese a todos los recaudos, había venenos de lenta acción que hacían efecto luego de unos meses de ser suministrados con regularidad (lo que justamente sucede en el caso de Juan Serrano). El tercer problema que se plantea es el desencadenamiento del Cisma de Occidente, donde se intenta explicar la puja existente entre dos Papas electos y los diferentes sectores que adhieren a cada uno de ellos.
   En el segundo capítulo se establece el perfil de los dos personajes principales: Juan Serrano, obispo de Sigüenza, y Gutierre de Toledo, arcediano de Guadalajara y, cuarenta años después de la muerte del primero, arzobispo de Toledo. Aunque el autor reconoce que se enfrenta con cierta carencia de datos, hace una breve biografía de ambos. Juan Serrano (de quien no existe casi información sobre su nacimiento o procedencia familiar) era un eclesiástico con aparente vocación quien influenciado por Pedro Tenorio, arzobispo de Toledo con quien tenía un estrecho vínculo, se relacionó con la realeza, primero realizando actividades diplomáticas y luego prestando un servicio personal al rey en la Corte, lo que le permitió ganarse la confianza absoluta del monarca (especialmente de Juan I) y obtener beneficios personales de esta situación. Se explica también cómo fue ascendiendo este personaje en los cargos eclesiásticos (desde prior de Guadalupe en 1386 hasta obispo de Sigüenza en 1402, año de su fallecimiento) y cómo el rey Juan I apoyó o fomentó esta situación, llegando incluso a promover su traslado de la sede de Segovia a la de Sigüenza, una de las mejor dotadas de la Corona de Castilla, con mayores rentas y atribuciones señoriales. El autor da cuenta de cómo con el tiempo se fue estrechando la relación entre la política y la Iglesia, así como también menciona el alejamiento de Juan Serrano del ámbito político tras el ascenso al trono de Enrique III quien, sin tomar en cuenta las recomendaciones de su difunto padre de mantenerlo en el cargo de canciller del Sello de la Poridad, lo reemplazó por otro. Sin embargo, gracias a la influencia del arzobispo de Toledo, en 1392 apareció nuevamente en la escena política al mando de una misión diplomática. Ya en 1393 se lo ve como acompañante cotidiano del rey y miembro habitual de la corte regia, actuando como consejero real y, tras la muerte de Pedro Tenorio en 1399, como verdadero privado del rey y el personaje más influyente junto al rey de la Iglesia castellana.
   Con respecto a Gutierre de Toledo, el autor primero hace una descripción de su entorno familiar; de cómo sus parientes se relacionaron con ciertos personajes relevantes y de las compensaciones que obtuvieron por ello; y de los vínculos que establecieron con la Mesta y cómo fueron incrementando su patrimonio.(1) Como el personaje es la expresión de un linaje en pleno ascenso, se reconstruye la historia del mismo con la intención de que se entienda cuál era el entorno familiar de Don Gutierre antes de que éste interviniese e influyera en el ennoblecimiento definitivo del mismo. Para finalizar hace una muy breve descripción del protagonista quien, aunque pertenecía a una familia noble, al no ser el primogénito y no tener prioridad para administrar el patrimonio familiar, "eligió" la vida eclesiástica. Tal vez sea por ello que tuvo actitudes más acordes con un caballero que con un religioso, realizando gastos suntuarios, prestando un cuidado excesivo a su imagen y buscando "mostrarse atractivo como todo noble señor".
    En el tercer capítulo se analizan las diferentes etapas de conspiración contra Juan Serrano en sus tres escenarios diferentes: Segovia, Toledo y Sevilla. Se da por sentado que Don Gutierre estaba decidido a convertirse en arzobispo de Toledo con tan sólo veintiséis años (algo totalmente atípico) y al ver que Juan Serrano se interponía en sus planes, no tuvo reparos en eliminarlo. Se explica qué fue sucediendo en cada una de las tres regiones mencionadas y cómo con el correr del tiempo (aproximadamente cinco meses) su salud se fue deteriorando visiblemente.
   Entre 1399 y 1401 se produjo el descabezamiento de la Iglesia castellana debido al fallecimiento de los arzobispos de Toledo y Sevilla. Esto desembocó en una disputa entre el papa Benedicto XIII, que quería imponer a su sobrino, y Enrique III, quien tenía puesta su mirada sobre Juan Serrano. Si bien la mitra sevillana permaneció vacante, se abrió un nuevo conflicto por la toledana, ya que el Cabildo de Toledo había elegido a Don Gutierre para que sucediera al arzobispo difunto. Sin embargo, el rey se opuso a esta elección y le ofreció el cargo a un amigo de Juan Serrano (probablemente debido a una sugerencia de éste). Como era evidente que mientras Juan Serrano viviera la mitra toledana sería inalcanzable para Don Gutierre, éste planificó su asesinato. En el apartado se cuentan sus peripecias para obtener el cargo deseado; sus intentos de envenenamiento; así como también los vínculos que estableció con otros personajes (de alto relieve cortesano o servidores, como el cocinero de Juan Serrano) para poder hacer efectivo su plan. En Toledo, sitio al que por ciertas razones el rey y la Corte debieron trasladarse, Juan Serrano comenzó a sentirse mal, por lo que empezaron a sospechar de un posible envenenamiento, y fue por ello que recurrieron a "la salva", procedimiento que consistía en que alguien probase los alimentos antes de ser ingeridos por el obispo. Sin embargo, a pesar de estos recaudos, ya en Sevilla sus síntomas se agravaron tanto que terminó muriendo.
   El capítulo cuatro hace alusión al proceso judicial que se inició tras el fallecimiento. Fue el rey quien abrió la investigación por aparente envenenamiento (cuyo instigador fundamental parecía ser Gutierre de Toledo). Cuatro semanas después el monarca ordenó cerrar el proceso por confirmarse las sospechas iniciales. Se explica en qué consistió todo el proceso judicial, el cual se llevó a cabo bajo vigilancia regia debido a la falta de confianza hacia la justicia y la imparcialidad de los jueces, quienes podían verse "influenciados" debido a que el acusado pertenecía a un linaje rico y poderoso. Se enumeran también los personajes que aparecen citados a lo largo de la pesquisa judicial, quiénes son cada uno de ellos (testigos, imputados, notarios del rey, etc.) y se los agrupa en seis categorías diferentes. Don Gutierre fue enviado a prisión, y mientras vivió Enrique III no fue absuelto de sus cargos.(2) Sólo a partir del fallecimiento del monarca pudo apelar y conseguir una sentencia absolutoria. El autor explica detenidamente cómo y por qué Don Gutierre pudo alcanzar esto, logrando finalmente reincorporarse a la Corte donde se relacionó con Don Fernando, hermano de Enrique III y tutor de su hijo Juan II, a la espera de la mayoría de edad de éste, momento en que pudo orientar definitivamente sus aspiraciones políticas y eclesiásticas.
   En el último capítulo el autor explica cómo fue la vida del protagonista desde que salió de prisión hasta que murió en 1446. Se narran las maniobras realizadas por Gutierre de Toledo para alcanzar sus metas y, en paralelo, se analizan detenidamente no sólo los conflictos y las luchas políticas que debió enfrentar la realeza de aquel momento sino también de qué modo afectaron éstos los intereses del personaje. Se describe cómo fue ascendiendo Don Gutierre en su carrera y cómo se fue posicionando nuevamente en la escena política, en la que participó activamente, tomando partido y relacionándose con poderosas dignidades de las que supo obtener beneficios logrando, no sin dificultades, situarse en el episcopado de Palencia; obtener la mitra del arzobispado de Sevilla y, finalmente, conseguir lo que tanto había anhelado: el arzobispado de Toledo.
   La obra finaliza con un epílogo y dos apéndices documentales. Uno de ellos contiene la pesquisa judicial realizada por encargo de Enrique III con motivo de la muerte de Juan Serrano, el obispo de Sigüenza, y el otro, más breve, la apelación presentada por Gutierre de Toledo denunciando las irregularidades del proceso en el que se lo había declarado culpable de asesinato.
   Además de tener un buen soporte bibliográfico, el libro cuenta con un acervo documental importante. Fragmentos de las fuentes utilizadas aparecen intercaladas en la obra, las cuales son funcionales al relato o sirven para dar sustento a las afirmaciones realizadas. Se echa de menos una cronología de los Papas de aquel período, lo cual sería de suma utilidad para que el lector pudiera visualizar mejor las dos líneas sucesorias de pontífices.
   El libro cuenta con una gran cantidad de citas al pie; un apartado en el que se mencionan las fuentes inéditas; otro de fuentes éditas y el final con la bibliografía consultada. Presenta además ilustraciones de muy buena calidad y definición, las que permiten visualizar los lugares que se mencionan, finalizando con un índice analítico sumamente práctico para cualquier investigador que quiera buscar algún dato o personaje en la obra.

Notas

1 Según el autor la expansión de la Mesta en el siglo XV estuvo directamente relacionada con el ascenso patrimonial de este linaje.

2 Incluso existía una disposición real que prácticamente prohibía tramitar cualquier carta de perdón.