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Cuadernos de historia de España

versión On-line ISSN 1850-2717

Cuad. hist. Esp. v.81  Buenos Aires ene./dic. 2007

 

Alloza Aparicio, Ángel, Europa en el mercado español. Mercaderes, represalias y contrabando en el siglo XVII, Salamanca, Junta de Castilla y León, 2006, 260 páginas.

Lorena Solange García

   La obra que se reseña a continuación está orientada a un público académico, especialmente a aquellos lectores y/o investigadores interesados particularmente en temas relacionados con el comercio, el mercado y el contrabando en el siglo XVII. Esto se debe a que el autor ha hecho un análisis detallado y muy minucioso, de gran utilidad y provecho para aquéllos que investigan estos temas u otros similares
   La presente publicación está dividida en ocho capítulos, contando además con una introducción y una conclusión. Incluye también un índice; un apartado de fuentes documentales, en el que se hace constar en qué lugares y archivos se buscó la documentación utilizada; uno de fuentes impresas, donde se mencionan las obras y la bibliografía utilizada por el autor; una sección con bibliografía secundaria, con un amplio número de fuentes y obras actualizadas; y once apéndices, diez de los cuales tienen cuadros en los cuales se vuelcan datos tales como: navíos embargados, fianzas impuestas a mercaderes, contrabando, mercancías y valores, contrabandistas aprehendidos, etc. El último apéndice es una declaración.
   La introducción es un avance de lo que se va a tratar a lo largo de la obra, en la cual se examina el alcance y la profundidad de la guerra económica declarada en el siglo XVII por España contra ingleses, franceses y holandeses, midiendo en términos políticos el impacto que causó en sus economías (especialmente en lo que respecta al comercio exterior). En ella se adelanta que desde un inicio la expansión del comercio ultramarino (en la modernidad) estuvo diseñada según los principios de protección, privilegio y monopolio y, si bien en Europa existía cierta interdependencia económica, algunos representantes del gobierno de la Monarquía Hispánica consideraron que sin sus exportaciones, algunas economías europeas terminarían cayendo. Esta idea portaba en sí misma la semilla de la guerra económica en Europa. Basándose en esto el autor plantea un pequeño debate historiográfico, dando por último su opinión, en la que indica que en el siglo XVII la guerra económica no sólo no se detuvo, sino que se incrementó a instancias de la Monarquía, que ordenó represalias generales, creó organismos para afianzar los bloqueos y frenar el contrabando y se volcó hacia el proteccionismo.
   El primer capítulo se inicia con un comentario acerca del origen de la palabra "represalia" y se afirma que la toma de represalias era un derecho que se atribuían los soberanos para causar en sus enemigos un daño igual o mayor al sufrido primero, el cual con frecuencia incluía la retención de los bienes de los súbditos del Estado con el que se estaba en guerra. Posteriormente, luego de dar algunos ejemplos al respecto, se ofrece la opinión de algunos autores sobre este tema, agregándose que la transición de las represalias particulares a las generales se produjeron hacia mediados del siglo XVI, en un contexto dominado por las discusiones acerca del reparto del mundo y una intensa lucha por el control de los nuevos mercados. Paralelamente, el no reconocimiento por parte de ciertas potencias del monopolio de España y Portugal sobre sus territorios de ultramar derivaron en un incremento de la actividad corsaria, la que no se detuvo ni en ese siglo ni en el siguiente, dando lugar a intensas represalias por parte de los afectados.
   En el segundo capítulo se comenta que, tras la muerte de Felipe II, partidario de la aplicación de represalias, se produjo un intervalo pacifista, el cual fue propiciado por Felipe III, quien inauguró una etapa de relaciones exteriores basada en un entendimiento con sus rivales. Se especifican los acuerdos de paz y comercio realizados entre España e Inglaterra así como la variación experimentada en el tipo de productos intercambiados entre ellas. Luego de esto se mencionan los tratados similares firmados con Francia y Holanda respectivamente y los derechos y obligaciones de cada una de las partes involucradas, así como también se deja constancia de la opinión de ciertos historiadores respecto de los mismos. A posteriori se hace una larga digresión sobre el comercio exterior durante el siglo XVII y finalmente se dan las causas de por qué se empezaron a complicar las relaciones con Francia, Holanda e Inglaterra. Según el autor, este deterioro se inició tras la publicación de la Pragmática de Reformación de 1623, la cual contenía ciertos puntos en los que se incorporaban medidas proteccionistas del comercio y la producción local, y tendían a frenar la importación de manufacturas con la intención de mejorar la balanza de pagos, fomentar la industria castellana e impedir la salida de plata, lo que derivó, en principio, en un sin número de quejas por parte de los afectados y, posteriormente, en el reinicio de los enfrentamientos bélicos.
En el capítulo tres se explica cómo Felipe IV retomó la estrategia de las represalias, detallándose los motivos por los que se reiniciaron los conflictos con Francia e Inglaterra y la evolución de los mismos.
   El cuarto capítulo se centra en la guerra entre España y Francia, en las consecuencias que ésta supuso para los mercaderes de ambas coronas y los cambios que se produjeron en el comercio. Según el autor, se busca enfocar el enfrentamiento desde una perspectiva distinta a las utilizadas hasta ahora, es decir, analizando los orígenes de este conflicto desde un punto de vista económico y comercial antes que religioso, político o cultural.
   En primer lugar se hace referencia a los motivos que llevaron al monarca francés Luis XIII a declarar la guerra, y de cómo respondió España a esta provocación1. Esta última orden de represalia tenía dos objetivos: por un lado, resarcirse de los daños que la guerra ocasionaría y decretar la represalia contra los súbditos franceses residentes en España, y por otro, suprimir el comercio francés en todos los dominios de la Monarquía Hispánica. Para lograr lo primero se dictó un embargo general (sobre el que se hace un análisis exhaustivo de cómo se organizó, así como también de qué pasó con la comunidad mercantil francesa de aquel entonces), mientras que para lo segundo se prohibió todo tráfico comercial, algo que no dio gran resultado porque generó el incremento del contrabando y de las permisiones especiales, tema que se aborda en el siguiente capítulo.
   En el quinto apartado se pretende probar que el contrabando fue uno de los mayores obstáculos con los que tuvo que lidiar la Monarquía Hispánica, la cual, pese a su pretensión de cerrar absolutamente sus mercados a los comerciantes de aquellos lugares con los que estaba en guerra, tuvo que hacer ciertas concesiones. Se detalla en qué consistió y cómo funcionaba el contrabando por parte de Portugal, Inglaterra y Francia, dejándose constancia de lo complejo que era perseguir el comercio ilegal. También se explica qué era la Junta del Almirantazgo, por qué se creó, cómo actuaba la misma y cuáles eran sus ingresos y sus gastos; cuál la función y la actividad de los veedores de contrabando, involucrados algunas veces en actividades ilícitas. Por otra parte, se desarrolla el tema de las licencias o permisos especiales otorgados por la propia corona para introducir mercancías de contrabando, lo que resultaba contradictorio ya que, si bien por un lado se buscaba combatir el comercio ilícito, al mismo tiempo se emitían licencias para que ingresasen productos realizados o transportados por los enemigos, cuyo desabastecimiento se producía como consecuencia de las prohibiciones comerciales. En definitiva, lo que el autor pretende constatar en este capítulo es que lo que en verdad se buscaba era controlar el contrabando y no erradicarlo definitivamente.
   En el capítulo seis se plantean las causas por las que se produjo la guerra entre España e Inglaterra y cuál fue la responsabilidad de Cromwell en la misma. Se especifica cómo Felipe IV inicia y organiza la represalia, dando instrucciones precisas para efectuar un embargo general y prohibiendo no sólo la entrada de mercancías inglesas a España sino también su uso dentro de los territorios de la Monarquía. El autor analiza cuál fue el alcance económico del embargo general, informando acerca de la recaudación líquida obtenida gracias a las retenciones de los bienes ingleses, diferenciándolos por zonas (Cádiz, Málaga, Valencia, etc.) y adjuntando cuadros explicativos que le permiten al lector visualizar mejor los datos suministrados. También se explica a través de cuatro ejemplos concretos cuál fue la situación vivida por los mercaderes ingleses en España a mediados del siglo XVII, evidenciándose que, pese a las diferencias entre unos y otros, casi toda la colonia inglesa residente en la península se vio perjudicada por la represalia. El apartado finaliza con un balance de este enfrentamiento, señalándose de qué manera se vieron afectadas cada una de las dos potencias, y los perjuicios sufridos por los comerciantes particulares, producto de los bloqueos comerciales, indicándose también que el fin del conflicto anglo-español llegó tras la muerte de Cromwell, y de la mano de Carlos II, en 1660.
   En el séptimo capítulo se estudia el nuevo ciclo de hostilidades entre los monarcas de Francia y de España iniciado en 1667 y los rompimientos bélicos que desembocaron en represalias y embargos contra los súbditos de ambas coronas. Se explica también cómo esta ruptura comercial terminó desembocando nuevamente en el fraude y el contrabando, y cómo sufrieron los pequeños y medianos comerciantes.
   Al igual que en el capítulo precedente, se analizan casos de comerciantes particulares, así como también las características de los embargos efectuados en Cádiz, Madrid y el reino de Valencia, finalizándose con una serie de fechas a través de las cuales se evidencia una relación pendular entre las dos potencias, que oscila permanentemente entre los tratados de paz y el reinicio de los enfrentamientos armados.
   En el último capítulo se estudian nuevamente el contrabando y las licencias especiales durante la segunda mitad del siglo XVII, período en el cual se registran los peores síntomas de la pérdida de hegemonía de la Monarquía Hispánica en Europa y el debilitamiento de los mercaderes naturales frente a los comerciantes extranjeros.
   La obra no presenta ilustraciones, pero sí contiene en su interior citas aclaratorias por capítulo y cuadros que son funcionales para que el lector pueda visualizar mejor algunos aspectos comerciales que se desarrollan por escrito. Este es un libro muy específico, no sólo en cuanto a la temática que se aborda sino también por el modo en que ha sido redactado. El lenguaje que se utiliza es claro y fluido y las explicaciones exhaustivas y detalladas, lo que harán su lectura sumamente útil para los especialistas.

Notas

1 Este enfrentamiento se prolongará hasta la firma de la paz de los Pirineos en 1659, algo que se analiza hacia el final del capítulo.