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Revista argentina de microbiología

versión On-line ISSN 1851-7617

Rev. argent. microbiol. v.38 n.3 Ciudad Autónoma de Buenos Aires jul./sep. 2006

 

Las RCN van al SciELO

Angel Cataldi

Instituto de Biotecnología - CNIA-INTA. Los Reseros y Las Cabañas, (1712) Castelar, Argentina
Correspondencia. E-mail: acataldi@cnia.inta.gov.ar

Las revistas científicas nacionales (RCN) han pasado y pasan por un duro momento. Se hace muy difícil convocar a autores que envíen trabajos de manera tal de tener una reserva para los números siguientes. A medida que el factor de impacto se convierte en un parámetro casi exclusivo de la calidad de una publicación, son cada vez más los buenos investigadores que dejan de lado las revistas nacionales. Este factor se calcula dividiendo el número de citaciones a los artículos publicados en la revista durante los últimos dos años por el número de trabajos publicados por la revista en el mismo período. Ese índice es calculado anualmente por una empresa privada de Filadelfia.
La mayoría de los autores prefiere las revistas publicadas en países de gran desarrollo científico, donde se encuentran los grupos líderes de cada una de las disciplinas, tratando de garantizar de esa manera mayor "visibilidad" para sus trabajos. Son revistas que pertenecen a grandes asociaciones, como la American Society for Microbiology, y que cuentan con un gran respaldo de técnicos y administrativos, o que pertenecen a grandes casas editoras que monopolizan el "mercado" de la literatura científica. Nuestras revistas trabajan en general "a pulmón", con un gran esfuerzo de los integrantes de los comités editoriales. Esta situación se complica aún más por la creciente tendencia de las autoridades del CONICET y del FONCYT, que al juzgar informes, proyectos y candidaturas a ingresos, becas o promociones, desvalorizan a las RCN. Existen diferentes tipo de (des) valorizaciones por parte de las comisiones evaluadoras, desde aquellas que directamente no toman en cuenta a las RCN (o, peor aún, consideran contraproducente publicar en ellas), hasta otras que se fijan en el factor de impacto de la RCN (si lo tiene) y le otorgan a la publicación el puntaje que "merece". Sobre esta actitud, más objetiva, volveremos más adelante.
¿Conduce este panorama desalentador a una inexorable desaparición de las RCN? Sí, si no se toman medidas desde el Estado, desde la comunidad científica y desde las propias revistas.
EL CONICET creó el Núcleo Básico de Revistas Científicas Argentinas. Es una medida importante que permite aunar esfuerzos. Las RCN ingresan a él previa evaluación por el CAYCIT y por el CONICET. Nuestra revista está incluida entre las 18 que actualmente lo constituyen. En mayo de 2001 el CONICET aprobó el proyecto integral para las publicaciones periódicas científicas argentinas. En esa medida el CONICET decidió subsidiarlas. Si bien los subsidios son fundamentales, claramente son insuficientes. Luego se organizó el portal SciELO de Argentina, que permite que 25 RCN, entre ellas la nuestra, se encuentren online y puedan ser consultadas antes de su lanzamiento editorial. El portal SciELO (Scientific Electronic Library On Line) es una iniciativa brasileña. Aun así, muchas RCN quedaron afuera por no cumplir con los requisitos mínimos. Desde la SECYT deberán ser estimuladas y ayudadas ya que, de otra manera, un importante campo del conocimiento quedará casi inaccesible.
Es necesario que las RCN puedan estar presentes en congresos nacionales e internacionales y subsidiarlas, para que cuenten con los elementos técnicos que les permitan recepcionar, juzgar y publicar más rápido. Eso en cuanto a medidas de gobierno. Pero ¿qué pasa con la comunidad científica? Lamentablemente, algunos investigadores desprecian a las RCN, pese a que, paradójicamente, en el Comité Editor se encuentran prestigiosos colegas suyos. Esto se da de la mano con la escasa propensión que tienen los científicos argentinos a citarse entre ellos, o a citar a otros latinoamericanos. El desprecio de algunos directores de grupos de investigación por las RCN conduce a una falta de estima por parte de los jóvenes hacia las revistas nacionales. A su vez, está la tiranía del "factor de impacto". ¿Qué queda para las disciplinas que tienen bajo número de investigadores y que, además, se desarrollan en países con menor masa crítica de científicos? Aunque este punto escapa al tema de esta editorial, nos preguntamos: ¿provocará la tiranía del factor de impacto una migración de investigadores hacia disciplinas de impacto alto (cáncer, stem cells, etc.)?
Creemos que los evaluadores del CONICET o del FONCYT deben liberarse de la tiranía del factor de impacto, tomarse unos minutos y leer los trabajos, en lugar de confiar todo a un sistema métrico para el cual no se necesitan prestigiosos investigadores, ya que un empleado de sistemas lo puede aplicar.
En cuanto a las propias RCN, muchas de ellas se han anquilosado, no respetan normas editoriales básicas y, en el peor de los casos, se convierten en feudos de publicaciones fáciles para algunos.
Nos podemos preguntar: ¿sirven para algo las RCN?, si dejaran de existir ¿sería lo mismo? Nuestra respuesta es: sería una enorme pérdida para la ciencia y la cultura argentinas.
Por un lado, existen problemáticas regionales que no son aceptadas en revistas internacionales: plagas locales, relevamientos de problemas regionales, enfermedades que afectan sólo a ciertos países, y es seguro que fuera del campo de la microbiología deben existir muchos ejemplos más. No olvidemos que Salvador Mazza publicaba en la Semana Médica y en boletines que él mismo editaba.
Por otro lado, en una revista como la RAM no sólo publican los investigadores básicos sino también se publican trabajos de casuística, de investigación clínica, de relevamiento de microorganismos del ambiente y de interés alimentario, entre otros. La separación y la falta de contacto de este grupo con los "básicos" sería muy dañino para la microbiología nacional.
Las RCN presentan novedades o identifican problemas que luego trascienden hacia una esfera científica más global.
Por último, desde nuestras RCN no debemos descartar que puedan aparecer contribuciones fundamentales. No olvidemos que un profesor indio, S.N. De publicó el descubrimiento de la toxina del cólera en una revista de Calcuta en 1953 (tristemente, durante años se lo ignoró).
En definitiva, solicitamos que se juzguen los trabajos de las RCN no sólo con los criterios de los países desarrollados, que cuentan ya con una ciencia madura, sino como parte de entidades a las que se debe estimular y ayudar a crecer.