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Temas medievales

versión On-line ISSN 1850-2628

Temas Mediev. v.13 n.1 Buenos Aires ene./dic. 2005

 

RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

LADERO QUESADA, Miguel Angel, La formación medieval de España: territorios, regiones, reinos, Madrid, Alianza, 2004 (526 pp.)

   Recuerda el profesor Ladero en la Introducción de este manual la propuesta formulada en 1947 por don José María Lacarra a una decena de profesores para que expusieran sus investigaciones acerca de la historia militar y de las colonizaciones territoriales  (ofrecida al público en 1951).  Con esta evocación inicial, el autor remite a las dos categorías -"reconquista" y "repoblación"- que se han convertido en axiales para la comprensión de la Edad Media peninsular y en torno a las cuales se vertebra también esta obra que se propone actualizar las síntesis sobre el tema con el aporte de las investigaciones más recientes y poner al alcance de un público no especializado informaciones y puntos de vista a veces dispersos en publicaciones de difusión restringida.  En efecto, acotemos que tras aquella convocatoria del profesor Lacarra sólo se publicó en 1979 la síntesis de Salvador de Moxó, aunque no han faltado las regionales, como la dirigida por José Angel García de Cortázar sobre la organización del espacio en el occidente peninsular (1985), las de M. Riu y de F. Sabaté para Cataluña (1991 y 1996 respectivamente), la más reciente de J. J. Larrea sobre Navarra (1998) ni las síntesis en las historias generales de la península.
   El planteo adoptado por el autor remite a la dinámica misma de los sucesos: conocer cómo se produce la expansión y, a partir de ella, cómo se instala el control del nuevo espacio, teniendo en cuenta los aportes de la sociedad conquistadora, los de la recién incorporada -cuando ésta existe- y las transformaciones sobrevenidas por las exigencias de las nuevas realidades.  De este modo, la interpretación histórica enlaza con el punto de vista geográfico-regional para ir exponiendo las causas profundas que fueron forjando las respectivas identidades regionales, reconociendo sus singularidades así como los rasgos comunes.
   La obra se despliega en cinco capítulos, el primero de los cuales "Conquistar y poblar" está dedicado a dar un encuadre general del proceso, que en lo espacial abarca, como la Hispania medieval, la totalidad peninsular y, por ende, el nacimiento y evolución de Portugal.  Comienza, como no podía ser de otra manera, definiendo el neologismo "reconquista" que, aunque difundido en las primeras décadas del siglo XIX y evaluado de manera diversa y a menudo polémica por los historiadores del siglo XX -el debate ha sido recientemente puesto al día por Manuel González Jiménez (2000)- expresa bien la actitud vital de los cristianos de Hispania desde apenas producida la conquista del reino visigodo por los musulmanes.
   Sintetiza enseguida -con la oportuna apoyatura cartográfica que completa todos los capítulos- las tres grandes etapas de la expansión territorial cristiana medieval -la de los orígenes desde el siglo VIII al X, la gran conquista entre mediados del siglo XI y mediados del XIII y la baja Edad Media- y los procesos de colonización hasta 1266, continuando con las características esenciales de las nuevas sociedades en su relación con el mundo islámico y en su integración en la cristiandad latina, tan vinculada a la influencia cluniacense, de la que se habla en el capítulo corrrespondiente.  La revisión del proceso de construcción de la hispanidad culmina procurando discernir cuál fue "la idea de España en la Edad Media", elaborada en torno al neogoticismo del que fue tributaria la idea imperial leonesa o castellano-leonesa y que aportó -subraya el autor- "la imagen compartida de una realidad histórica o ámbito común en el que se integraban aquellos reinos" (p. 52).  A partir de esa idea común de Hispania adoptada por el papado y difundida por cronistas, reyes y documentos cancillerescos, se elabora la conciencia de la alteridad frente al Islam, en una relación marcada por la familiaridad que emana de la proximidad pero también por la desconfianza producto de los frecuentes enfrentamientos. Ladero hace hincapié en esta ambigüedad de la relación -que muchas veces ha sido enfocada unilateralmente en beneficio de una u otra de las posiciones- cuando sólo es posible comprenderla asumiéndola en su complejidad. 
   El capítulo segundo "Tierras originarias" trata sucesivamente de los inicios del proceso de ocupación y colonización, desde el siglo VIII al XI, en los cuatro núcleos políticos primitivos:  el reino astur-leonés, el navarro, el aragonés y los condados catalanes. Destaquemos aquí la conocida discrepancia acerca de los orígenes y desarrollo del reino astur-leonés, tema sobre el cual se han pronunciado opiniones diferentes, como las teorías de don C. Sánchez-Albornoz, más tarde la de A.. Barbero y M. Vigil (más recientemente, de J. Martín Viso) y la de J. M. Mínguez, que el autor sintetiza valorando en especial el aporte de Julio García de Cortázar.  Los cambios de la "plena Edad Media" están organizados en torno a dos ejes: el camino de Santiago y las modalidades de la colonización y del poblamiento en los Estados cristianos cuya entidad se afianza en este período: Castilla, León, Portugal, Navarra, Aragón, Cataluña.
   Los capítulos tercero y cuarto se ocupan respectivamente del ámbito occidental y del oriental de la península, profundizando las diversidades regionales, la implantación de modelos probados -en ocasiones renovados- que dotan de marco jurídico-administrativo a las nuevas sociedades.  Se destacará el análisis de la sociedad, beneficiado con numerosos estudios -entre los que es imprescindible mencionar los de A. Barrios García, M. Asenjo González y G. Martínez Díez sobre la extremeña-, los referidos a la administración regia y a la implantación de las entidades monásticas y eclesiásticas en general.  Todos los temas son abordados por el autor comparativamente, procedimiento de eficacia probada para aquilatar divergencias y similitudes.
   En el ámbito toledano, las recientes  investigaciones de J.-P. Molénat  (1997 en este caso), difieren de las más antiguas de R. Pastor.  Esta autora afirmaba la ruina de la pequeña propiedad mozárabe fundándose en los numerosos contratos de compraventa celebrados después de 1085, en beneficio de los grandes propietarios, fundamentalmente vinculados a la Iglesia toledana.  Para Molénat, en cambio, hubo "ausencia de continuidad en la población de los campos toledanos", donde no parece haber existido campesinado mozárabe anterior a 1085 y la colonización se habría realizado en el siglo XII "sobre la base del establecimiento de la gran propiedad".  Molénat interpreta la documentación como "operaciones de reorganización de sus propiedades entre dueños de tierras urbanos" (p. 208).  Así fue como el patriciado mozárabe, fusionado con hombres venidos del norte, se constituye o consolida durante el siglo XII o comienzos del XIII y conserva su predominio durante centurias. 
   Los territorios incorporados en el siglo XIII -Andalucía, Murcia- y más tarde, en el  XV -Granada y las islas Canarias- son el tema del último capítulo, en el cual el profesor Ladero, luego de reseñar pormenorizadamente el proceso de la primera ocupación de Andalucía por los cristianos, rechaza por excesiva la calificación de "fracaso de la repoblación" (p. 355) bien que ponderando con atención el reflujo demográfico posterior a 1250, así como las repercusiones que tuvo la repoblación meridional sobre la economía castellana (otro de los temas caros a su prolífica tarea de  investigación).  La conquista y colonización de las islas Canarias sirve de antecedente directo e inmediato a la empresa americana
   En este esquema ajustado al ritmo de las conquistas y atento a las transformaciones en los espacios que iban quedando en la retaguardia, hemos de destacar, por una parte, la preocupación permanente del autor por la precisión del vocabulario técnico, definiendo los términos y conceptos que adquieren un alcance peculiar en cada momento histórico: villa, hereditas, serna en los primeros siglos estudiados, francos, burgos y burgueses al producirse la expansión del XI, la frontera -tema de recientes congresos y coloquios- o los nombres de los distintos grupos sociales acuñados al socaire del repoblamiento, los de la oficialidad, etcétera.
   En segundo lugar, mencionemos la rigurosa apoyatura documental al explicar los procesos y las diferentes posturas historiográficas. 
   La preocupación permanente del profesor Ladero por lograr la mejor comprensión del presente a través del conocimiento y reflexión sobre el pasado, cumple bien su meta al diseñar la compleja policromía peninsular, con sus contradicciones,  las líneas de solidaridades y de intereses ora antagónicos, ora confluyentes, que contribuyen a comprender la no menos variada sociedad española contemporánea.

Raquel Homet