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Temas medievales

versión On-line ISSN 1850-2628

Temas Mediev. v.16  Buenos Aires ene./dic. 2008

 

NOTAS CRÍTICAS

Crouzet-Pavan, Élisabeth, Renaissances italiennes 1380-1500, París, Albin Michel, 2007, 631 pp.

Dante, Giorgio Vasari, Guido Cavalcanti, Petrarca, Bocaccio, Marsilio Ficino, Cristoforo Landino son nombres que remiten a una época asociada, estrechamente, con una nueva cultura, fundada en el amor a los clásicos y en la restauración de la lengua latina. Florencia, Milán, Génova, Venecia, Roma, Ferrara, Nápoles, Pavía, Verona son ciudades que se encuentran ligadas con dicho momento de recuperación de la tradición greco-latina.
Hombres y ciudades unidos por el Renacimiento, movimiento social y cultural de largo aliento, caracterizado por su apuesta a la representación y a la autocomprensión de grandes hombres y sus símbolos, que buscaron en el pasado los elementos y supuestos ideológicos para justificar su presente y su proyección de futuro.
Cabe preguntarse, pues, qué se entiende por Renacimiento, dado que todos los intentos por definir el Renacimiento, establecer sus períodos internos, dieron origen a diversas posibilidades metodológicas e ideológicas, que han generado un profundo debate historiográfico referido al "largo siglo XV". Tal profusión de estudios hace prácticamente imposible mencionar todos los textos, aun cuando se trate de un espacio italiano, caracterizado por la fragmentación y la regionalización. La diversidad documental es también evidente, esto conduce a la necesidad de seleccionar y de reconocer la parcialidad de los enfoques.
A partir de esta perspectiva acotada, Élisabeth Crouzet-Pavan propone un estudio de historia comparada que pueda dar cuenta, al mismo tiempo, de la diversidad y de los elementos comunes, de la posibilidad de hablar del espacio italiano a la vez que reconocer las identidades locales, interesarse por la existencia de humanistas en general y de individuos sobresalientes en particular.
Crouzet-Pavan se desempeña como investigadora y profesora en la Universidad de  París-Sorbona; es especialista en historia urbana de la baja Edad Media, en particular del ámbito italiano. Su tesis doctoral, del año 1989, estuvo dedicada a la construcción histórica, política, social y simbólica de la ciudad de Venecia. Sus obras se han caracterizado por la originalidad de sus planteos, la solidez de sus argumentaciones, la profundidad de sus análisis tanto de fuentes como de bibliografía y la sencillez y belleza de su escritura. Estas cualidades hacen de este ensayo un libro de consulta obligado para todos los especialistas en temas del siglo XV y permite apreciar la visión de larga duración de su autora, dado que, en cierto sentido, esta obra continúa su estudio publicado en 2001, Enfers et paradis. L'Italie de Dante et de Giotto (París, Albin Michel).
Para dar cuenta de las realidades materiales y mentales de dicha centuria, la autora recurre a los escritores de la época (desde Alberti a Zambotti), a los clásicos releídos entonces (desde Aristóteles a Virgilio), a las obras que considera sustanciales  referidas al período y presenta sus hipótesis a lo largo de una introducción, ocho capítulos y una brevísima conclusión, que dan cuenta de la complejidad del período abordado.
En el capítulo 1, "Le temps revient", estudia cómo la sociedad, particularmente los grupos dominantes, asiste a un proceso complejo de renovación cultural. Esta renovación supone un rescate de la Antigüedad, una reconquista del pasado. Esta mirada del pasado modela imaginarios y comportamientos y se proyecta hacia el futuro. Estos comportamientos y proyecciones se ponen de manifiesto tanto en la historia florentina del momento como en la creación de mitos fundacionales, tales como el referido a una "edad de oro" o a la consideración de "Roma como cabeza del mundo". Virgilio, Cicerón y los monumentos antiguos constituyen los elementos sobre los cuales se fundamenta y sustenta este humanismo triunfante, que otorga brillo tanto al pasado como al presente a la vez que proyecta luminosidad y esperanza.
En el capítulo 2, "Les ombres du passé", analiza cómo esta renovación se plasma en una memoria activa, de lugares y de cosas, que se prolonga materialmente en obras y monumentos. Aquí también Antigüedad y modernidad dialogan y se proyectan. Los hombres de las ciudades italianas construyen su propia memoria, en confrontación con los grandes actores del pasado: el emperador, el Papa, los reyes de Francia y la corona de Aragón. Las memorias urbanas inventan tradiciones, generan mitos fundadores que les otorgan identidad y fuerza.
En el capítulo 3, "Maîtriser et posséder la durée", se caracteriza el ámbito italiano en el cual se da esta renovación, ámbito donde el crecimiento y el conflicto se entrelazan permanentemente. Estas disputas políticas implican una redefinición del poder, en especial de las formas de legitimidad. En este marco se generan discursos, elaborados por los intelectuales al servicio de los diferentes poderes. Los mitos políticos que surgen hablan del combate entre repúblicas y tiranías, entre comunas y monarquía e instalan la visión de una lucha fatal, criminal y fratricida en Italia.
En el capítulo 4, "À la recherche du devenir", la autora profundiza su indagación sobre el Estado en Italia, subrayando la existencia de una esfera estatal, en los discursos, las proyecciones y las aspiraciones, a pesar de la fragmentación política. La lógica de esta esfera política, tal como se había planteado en el capítulo anterior, se basa en una dinámica belicista. "Un fuerte particularismo político caracteriza la experiencia italiana: el equilibrio depende de cinco Estados regionales", la señoría territorial veneciana, el Estado territorial milanés, el florentino, el pontifical y el napolitano.
En el capítulo 5, "Les vies sucessives de la primauté économique", presenta una reflexión sobre materia económica, a partir de la cual la autora toma partido por las tesis que defienden la modernidad del siglo XV. El comercio a larga distancia, el oro y las armas permiten sostener y favorecer la expansión de los comerciantes peninsulares. Son "los largos tiempos de las aventuras italianas", que posibilitan el desarrollo del capital.
En el capítulo 6, "Le théâtre des êtres: dramaturgie de l'un et des autres", analiza la estructura social, prestando especial atención en el desarrollo del individuo y del individualismo, puesto de manifiesto, por ejemplo, en el retrato y las medallas.          Gusto por la riqueza y culto a la persona se traducen en grandes inversiones suntuarias, en particular en el mecenazgo de artistas de renombre que, a través de sus obras, dan brillo a una familia y a una tradición.
En el capítulo 7, "La mise en scène des apparences", pone el acento en la suntuosidad social, definiendo a la sociedad de la época como "un teatro de las apariencias", que lleva a una creciente aristocratización de la sociedad italiana en su conjunto. Es una época de excesos y de desmesuras. Esta sociedad, "que se piensa a sí misma"  lo hace a través de la pompa y las prácticas suntuarias, del lujo y de las fiestas. Es una sociedad que ensalza las tradiciones nobiliarias y se proyecta social y demográficamente defendiendo valores aristocráticos.
En el capítulo 8, "Présences de Dieu, témoignages des hommes", examina los discursos elaborados en relación a lo sagrado, a la muerte y el más allá. Este análisis le permite afirmar que los humanistas fueron hombres de fe y de creencias y convicciones profundas, a la vez que rechazar aquellas hipótesis que subrayaban, quizás por influjos iluministas, quizás por influencias decimonónicas, la laicidad y ateísmo de la época.
Por todo lo expuesto, la autora considera el Renacimiento como "una edad de paradojas", dado que es un mundo desacralizado en el cual Dios es omnipresente; es un mundo políticamente fragmentado que justifica de manera ideológica al Estado; es un mundo que tiende al fortalecimiento del individualismo en el marco de una sociedad aristocrática y aristocratizante; es un mundo desbordante de riqueza y sensualidad en una época de profunda crisis y contracción económica y demográfica.
La obra presenta una muy útil lista de fuentes y de bibliografía así como una cronología y dos mapas que permiten situarse en el complejo mundo italiano del mil cuatrocientos. Un índice de nombres de lugares y personas  hace posible la búsqueda rápida, en un panorama tan amplio y variado.
La lectura atenta del libro nos deja una imagen diferente a las tradicionales. Surge un Renacimiento multifacético, que busca restaurar la grandeza original de Roma, la centralidad simbólica de Jerusalén, la presencia imperial de Bizancio, teniendo como modelo experiencias francesas y aragonesas más recientes. De allí que la autora habla de una "ecléctica idea de renovatio imperii".
Estas imágenes matizan expresiones anteriores, que hacían del Renacimiento un "dispositivo cultural", "un milagro italiano" o, más precisamente, "un milagro florentino", entendiendo por tal la invención del Humanismo a partir del rescate de la Antigüedad, la conjunción única de poder, de riqueza y de gusto por las artes, la ruptura con "los sombríos tiempos medievales".
Si bien muchas de estas caracterizaciones resultan hoy esquemáticas, no hay libro de historia que no las contenga, lo que hace difícil resumir un fenómeno tan complejo a la vez que se impone la necesidad de buscar nuevos caminos. De esta complejidad y de la búsqueda de nuevas interpretaciones da cuenta el ensayo de Élisabeth Crouzet-Pavan, escrito con pasión y sabiduría, que merece leerse con igual pasión y con mucha atención. 

Gerardo Rodríguez