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Temas medievales

versión On-line ISSN 1850-2628

Temas Mediev. v.16  Buenos Aires ene./dic. 2008

 

NOTAS CRÍTICAS

González Jiménez, Manuel, Carmona medieval, Sevilla, Fundación José Manuel Lara, 2006, pp.245 pp. (Colecciòn "Ciudades Andaluzas en la Historia").

Manuel González Jiménez es catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Sevilla, presidente de la Sociedad Española de Estudios Medievales, director de la "Cátedra Alfonso X el Sabio" (Puerto de Santa María) y de las revistas Historia. Instituciones. Documentos (Universidad de Sevilla) y Alcanate. Revista de estudios alfonsíes. Es miembro de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y de la Real Academia Alfonso X de Murcia, así como miembro de honor de la Academia Portuguesa de la Historia y correspondiente de la Real Academia de la Historia. En 2006 recibió el Premio Antonio Domínguez Ortiz de Biografías por su Fernando III el Santo.
Hijo dilecto de Carmona, ha publicado, en relación con esta ciudad, Carmona a fines de la Edad Media (1973), Ordenanzas del Concejo de Carmona (1973), "El Repartimiento de Carmona" (1981 y 1998) y Carmona en la Edad Media (1984). Es el impulsor de los Congresos de historia de Carmona, que tienen continuidad desde mediados de la década de los noventa.
Manuel González Jiménez es un especialista reconocido internacionalmente por sus investigaciones sobre la Andalucía de la baja Edad Media, sobre las figuras de Fernando III y Alfonso X, sobre la actuación de los diferentes concejos andaluces. A sus estudios suma ediciones críticas de crónicas, libros de repartimiento, actas y acuerdos de concejos, diplomatarios, entre otros.
La Carmona presentada en esta colección resulta una síntesis y puesta a punto de sus trabajos previos. En esta oportunidad, el impulso vital de la ciudad se presenta cronológicamente, a partir de la conquista y repoblación, para concluir en los albores de la Edad Moderna. Aspectos políticos e institucionales, geográficos y económicos, sociales y culturales son abordados con claridad y profundidad, dado que "Carmona es el paradigma perfecto de la historia del valle del Guadalquivir. Todas las culturas, todos los pueblos, todas las grandes formaciones políticas que sucesivamente se desarrollaron en nuestra tierra dejaron en Carmona su huella, y una huella profunda, convirtiéndola en lo que en realidad es, un crisol de culturas y de civilizaciones" (p.17).
En la "Introducción" pasa revista a la ocupación neolítica de la comarca, favorecida desde entonces por su posición intermedia entre la sierra y la campiña, que la convertía en paso obligado, llegando a constituir una etapa importante de la llamada Vía Augusta.   A partir del siglo III después de Cristo, Carmona entra en un lento declive, que se transforma en ruina y desmantelamiento de edificios públicos y religiosos, contracción del poblamiento, despoblación de núcleos rurales y desaparición o abandono de las grandes propiedades del territorio. Desde principios del siglo VIII hasta mediados del siglo XIII, formó parte de al-Andalus, insertándose dentro de una sociedad islámica que tan honda huella dejó en su imagen y fisonomía.
Los dos primeros capítulos abordan la cuestión de la conquista y repoblación. En 1247, Carmona capituló, sin ofrecer resistencia, ante Rodrigo González Girón, representante de Fernando III, lo que garantizó a sus habitantes la posibilidad de permanecer en sus casas, mantener sus bienes, su religión y sus costumbres o bien de marcharse. En 1252, Alfonso X comenzó a repoblarla, repartiendo tierras y casas a 31 caballeros de linaje o hidalgos, a 15 caballeros ciudadanos y a 60 peones. En este punto de la obra, González Jiménez plantea una de las grandes controversias en torno a la repoblación andaluza y expone su posición: "Ante estos datos, salta a la vista que la política de Alfonso X fue la de favorecer la instalación de pobladores y no, como se afirma con un total desconocimiento de lo que realmente sucedió, la de repartir la tierra entre unos pocos nobles e instituciones eclesiásticas la mayor parte de la tierra conquistada. Por el contrario, los primeros beneficiarios de los repartos fueron los propios repobladores, convertidos todos ellos en propietarios. Los menos favorecidos, los peones, recibieron lotes individuales que incluían casa y 60 hectáreas de buena tierra de labor en la Vega. Sólo de esta forma podía garantizarse el éxito de la repoblación. Lo que vino detrás —la concentración de las mejores tierras en manos de propietarios las más de las veces absentistas y la aparición del latifundio, con todas las consecuencias sociales que de él se derivaron— no tuvo nada que ver con los repartimientos. Fue, más bien, el efecto del desinterés de muchos repobladores por asentarse en Andalucía, una región fronteriza y amenazada, por tanto, por granadinos y marroquíes, del empobrecimiento de los débiles y de las diversas crisis económicas que sacudieron la región entre los siglos XIII y XIV" (p. 29).
En los capítulos tres a seis analiza la relación de la ciudad con los diferentes reyes Trastámaras, en particular los estrechos vínculos que mantuvo con Pedro I, que le valieron severas represalias por parte de Enrique II —entre las que se cuentan la confiscación de bienes a los linajes principales de la comarca, el reemplazo de los cuadros dirigentes del concejo y el expolio documental y territorial—. Sin embargo, el lugar geográfico ocupado por la villa, convirtió a Carmona en un pieza estratégica de primer orden en el tablero política de la comarca por lo que, desde el reinado de Juan I en adelante, la situación se tornó menos desfavorable.
Si bien en estas páginas los temas políticos son centrales, no dejan de analizarse los alcances económicos y sociales, que merecen un tratamiento propio en el capítulo sexto. Hacia fines del siglo XV, la villa se encontraba en un estado de desgobierno, con una población empobrecida que se resistía al pago de los impuestos.
El capítulo siete aborda cuestiones vinculadas con la población a fines de la Edad Media, cuestiones que se encuentran documentadas gracias a la conservación —de forma fragmentaria para el período 1464-1474 y casi por completo a partir del reinado de los Reyes Católicos— de las actas capitulares del concejo. Junto a esta fuente han llegado a nosotros la contabilidad municipal, privilegios y cartas reales y algunos padrones de vecinos de las distintas colaciones o parroquias de la villa.
Carmona era una de las más importantes villas de realengo del reino de Sevilla y de Andalucía; pertenecía al grupo de ciudades medias cuya población oscilaba ente los ocho y los diez mil habitantes. Utilizando criterios modernos, la población activa de Carmona incluía jornaleros de actividades agrícola-ganaderas, artesanos, criados, mesoneros y taberneros, jornaleros vinculados con la alimentación, profesionales liberales, rentistas, clérigos seculares y religiosos.
De la administración y gobierno de la villa se ocupa el capítulo ocho. Conocemos muy bien todo lo referente a la organización municipal a fines de la Edad Media: acuerdos y disposiciones, medidas adoptadas en casos de necesidad, correspondencia con la corte y los concejos vecinos, nombramiento de cargos públicos, arrendamientos de las rentas municipales, pleitos, peticiones, nombres de los responsables de la administración y gobierno municipales.
La Inquisición constituye el tema central del capítulo noveno dado que, desde el asalto a la judería, en 1391, Carmona perdió a su comunidad judía, impulsando las conversiones forzadas. Estos cristianos nuevos fueron, por lo general, mal vistos, dado que "todos vivían de oficios holgados", lo que les permitió acumular riqueza y comprar honra, cargos y favores. En este ambiente tenso, que matizaba las cuestiones económicas con las religiosas, se produjeron en Carmona asaltos en 1473 a propiedades y bienes de los conversos. Para acabar con estas disputas, se planteó el establecimiento de la Inquisición, que comenzó su actividad en Sevilla a principios de 1481, extendiéndose de la ciudad a los principales pueblos del arzobispado hispalense, entre ellos, Carmona.
En el capítulo diez analiza las aportaciones de Carmona a la guerra de Granada, ya sea en hombres —por ejemplo, el alcaide y corregidor Sancho de Ávila murió en la conquista de Alhama—, mesnadas concejiles y nobiliarias, vasallos de acostamiento, víveres, animales de tiro y de transporte, dinero —préstamos, pago de soldadas de la ciudad y villa—. La guerra, la extensa guerra, dejó a los andaluces en general y a los carmonenses en particular, "cansados y gastados".
La estructura física de la ciudad, sus iglesias y conventos, murallas y alcázares son abordados en los capítulos once y doce. Carmona se distingue por el gran número de construcciones religiosas, tanto en el ámbito urbano como en los arrabales: iglesias parroquiales, eremitorios y ermitas, conventos y monasterios. "Carmona siempre tuvo la fama de ciudad inexpugnable. A su posición estratégica, encaramada como estaba en el punto más elevado del Alcor, rodeada de los fosos naturales del escarpe que, en amplios tramos, caen en vertical sobre las cotas inferiores, el hombre fue añadiendo a esas defensas naturales todo un conjunto de estructuras en forma de fosos, barbacanas, murallas, puertas y fortalezas, que llegaron casi incólumes al fin de la Edad Media" (p.157).
Los últimos tres capítulos abordan cuestiones que marcaron, por diferentes razones, la vida de la villa. Así, el capítulo trece evoca el terremoto de 1504 (un tremendo terremoto al que los sismólogos atribuyen el grado 7 u 8 de la escala Richter), en tanto el capítulo quince da cuenta de un plan hidrológico comarcal, elaborado a comienzos del siglo XVI y que nunca se llevó a la práctica.
El capítulo catorce, en tanto, se ocupa de fiestas, entradas, funerales y proclamaciones regias. Como éstas eran costosas y los recursos faltaban, las festividades eran escasas y la mayoría de las veces constituían celebraciones de carácter religioso, en particular Corpus Christi. Solemne fue también la entrada en la ciudad de los Reyes Católicos el día 2 de octubre de 1478, así como los funerales del príncipe Juan o de la propia Isabel.
En la conclusión, se analiza cómo se encuentra Carmona en los inicios de la modernidad. Los elementos que se toman  evidencian una región en declive, desde el punto de vista demográfico; Sevilla y Granada actuaban como polos receptores de migrantes carmonenses. Esta pérdida de población acentuó el deterioro económico de la comarca, lo que permitió la concentración de la tierra en pocas manos. Riqueza y tierras a disposición de una verdadera oligarquía dirigente, que controlaba todos los hilos de la vida y de las instituciones municipales.
El libro cuenta con magníficas ilustraciones y fotografías de color y un útil índice onomástico. Las notas, breves y precisas, conforman una sucinta bibliografía sobre las principales temáticas planteadas.
En síntesis, González Jiménez ofrece al lector un recorrido histórico por una ciudad andaluza bajomedieval, recorrido que posibilita adentrarse en el complejo entramado socio-económico y político-institucional que caracterizó las villas de Andalucía desde el siglo XIII.

Gerardo Rodríguez