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Temas medievales

versión On-line ISSN 1850-2628

Temas mediev. v.17  Buenos Aires ene./dic. 2009

 

PENSAMIENTO Y POLÍTICA EN EL MUNDO MEDIEVAL

Noticias bizantinas en España.
El caso de San Isidoro de Sevilla*

José Marín R.
(Pontificia Universidad Católica del Valparaíso, Chile)

Resumen: San Isidoro de Sevilla, en su Chronicon, nos informa acerca de las invasiones eslavas en los Balcanes, en época del emperador Heraclio, cuestión que nos ha llevado a preguntarnos acerca del cómo pudo el Hispalense informarse acerca de un hecho que no sólo ocurría muy lejos de su tierra sino que, además, las fuentes bizantinas apenas registran. ¿Pudo el obispo haber tenido fuentes de información fidedignas de lo que entonces sucedía en Oriente? Creemos que sí y una breve revisión de las relaciones visigodo-bizantinas nos puede aclarar esta cuestión, indicándonos qué tipo de informantes se pueden identificar y cómo san Isidoro pudo recibir noticias de ellos.

Palabras Clave: San Isidoro;  Chronicon;  Eslavos;  Grecia;  Heraclio

Sommaire: Dans son Chronicon, Saint Isidore fait allusion aux invasions slaves dans les pays balkaniques, à l'époque de l'empereur Héracle. Cette circonstance nous a mené à nous interroger sur les moyens mis en oeuvre par l'historien pour se documenter sur un fait qui, non seulement s'était produit dans une région très éloignée de son propre pays, mais qui est à peine enregistré par les sources byzantines. Nous croyons que l'évêque put avoir eu des sources d'information fiables sur ce qui se passait alors en Orient. Une brève revision des rapports entre les Wisigoths et Byzance peut éclaircir cette question en nous indiquant quelle sorte d'informants il est possible d'identifier et par quelles voies Isidore put en recevoir des nouvelles.

Mots-Clé: Saint Isidore ; Chronicon ; Slaves ; Grèce ; Héracle

Summary: In his Chronicon, St Isidore of Seville reports the invasion of the Balkans by Slavs in times of the emperor Heraclius. This fact has led us to pose ourselves the question about how it was possible that this Spanish author could be informed of events taking place not only far from Spain, but which are scarcely mentioned in the Byzantine sources. Was it possible that the bishop received trustworthy information of events then taking place in the East? The author of the article believes that this was indeed the case and a short analysis of the Visigothic-Byzantine relations can answer this question, as well as who could be transmitters of such information and how St Isidore was able to come by it.

Key Words: St. Isidore ; Chronicon ; Slavs ; Greece ; Heraclius

Un análisis detallado del Chronicon de san Isidoro de Sevilla (c. 560- 636) nos permite concluir que su noticia acerca de que los eslavos quitaron Grecia a los romanos, es confiable y que lo que el Hispalense nos dice es que, entre 590 y 620, ávaros primero y eslavos después, ocuparon gradualmente una parte importante de Grecia. Entendido de esta manera, el pasaje en cuestión adquiere gran relevancia, ya que se trataría del único documento -anterior y de una redacción completamente independiente- que, de manera explícita, corrobora parte de la información entregada por la Crónica de Monemvasía, específicamente aquélla que tiene relación con los doscientos dieciocho años de permanencia de los bárbaros en Grecia1. Queda, empero, un problema por resolver respecto del Chronicon: qué grado de veracidad se puede conceder a san Isidoro. En efecto, ya que se encuentra tan alejado del lugar de los hechos, ¿hasta qué punto podemos confiar en sus palabras? Ello nos lleva a preguntarnos acerca de cómo pudo el Hispalense informarse sobre un hecho al que sólo se refiere una crónica bizantina y que, por añadidura, es tardía. ¿Pudo el obispo haber tenido fuentes de información fidedignas de lo que entonces sucedía en Oriente? Creemos que sí y una breve revisión de las relaciones visigodobizantinas nos puede aclarar esta cuestión.

Relaciones entre el reino godo y Bizancio

Es muy probable que, para el imperio bizantino, los dominios de Spania -nombre que recibían los territorios conquistados en la Península Ibérica- no hayan revestido nunca gran relevancia, excepto por su situación geopolítica, que se explica por el dominio del estrecho de Gibraltar, clave para la proyección atlántica de la navegación mediterránea2. En efecto, Spania ocupó territorialmente una posición marginal -aunque clave en la navegación mediterránea- y, desde el punto de vista cronológico se trató de una región que no pudo sostenerse sino por poco más de setenta años. Así, las fuentes bizantinas dicen muy poco acerca de Hispania3 y la documentación visigoda, algo mayor, no es, muchas veces, suficientemente clara. Ya hace algún tiempo Luis A. García Moreno advertía que "la principal dificultad con que se enfrenta todo estudio sobre la dominación bizantina en la península, es la escasez de documentos"4, diagnóstico compartido, más recientemente, por Pablo C. Díaz5. A pesar de todo, y aunque los estudios acerca de las relaciones entre el reino visigodo de Toledo y Bizancio no son demasiado abundantes -aparte, claro está, de las obligadas referencias en los manuales generales-, hoy en día se conoce bastante bien la historia de la Hispania bizantina aunque la valoración del influjo oriental en territorio peninsular es una cuestión que puede considerarse todavía abierta6.
No deja de ser interesante destacar que, en un período relativamente corto, los estudios acerca de las relaciones entre Bizancio y España en la Antigüedad tardía, adquirieron carta de ciudadanía. En efecto, entre las grandes líneas de investigación de la historiografía hispana, no aparecía hacia 1990 el problema bizantino como un campo particular de estudio, al menos siguiendo los postulados generales de un conocido trabajo de Luis A. García Moreno7. No obstante, algunos años más tarde nos encontramos con que "los contactos entre la Península y Bizancio, pese a lo marginal de la presencia justinianea en época visigoda, no sólo siguen suscitando interés sino que se apuntan tesis y valoraciones nuevas sobre el análisis e interpretación de fuentes y restos arqueológicos"8.
Entre los estudios que llamaríamos "clásicos", se cuentan los de P. Goubert (1944-1946) y H. Schlunk (1945), trabajos que podríamos considerar "pioneros" en el tema y que plantearon los problemas centrales de las relaciones godo-bizantinas. Mientras el primero centró su interés en temas políticos y administrativos, el segundo se aventuró más bien en el estudio de las influencias culturales del imperio de Oriente sobre el reino hispano visigodo. Más de dos décadas hay que esperar para encontrarnos con la obra de E. A. Thompson (1969), quien dedicó un extenso apéndice de su libro al tema, un capítulo bien documentado que examina, particularmente, la cuestión política y administrativa. No se puede pasar por alto, en esta breve enumeración, un trabajo de L. A. García Moreno de 1973, ya citado, en el cual su autor, aparte de presentar un adecuado estado de la cuestión, analiza el problema militar y defensivo de Spania.
Sin duda, el aporte más significativo y contundente en esta materia corresponde a las investigaciones de Margarita Vallejo quien, desde los años noventa del siglo pasado, ha publicado varios trabajos en los que se abordan prácticamente todas las aristas que plantea esta temática. A su completa tesis doctoral publicada en 1993, se pueden agregar algunos artículos que tienen relación con tópicos bastante precisos, como es el caso, por ejemplo, de la inscripción de Comencíolo (1996-1997), que nos interesa particularmente, pero también se ha preocupado en los últimos años de temas que se vinculan, entre otras cosas, con la religión, el exilio o la frontera. De la misma época datan también los estudios de J. M. Hoppe (1993), quien aborda el tema artístico, y de A. Prego de Lis (2000), acerca de la inscripción de Cartagena, quienes nos demuestran justamente la intensidad del renovado interés de los últimos quince años en el estudio de un tema que, por largo tiempo, quedó aparentemente semiabandonado.
Mención aparte merece el libro de Francisco Presedo acerca de la España bizantina, escrito y aprobado como tesis doctoral en 1954 pero que no fue publicado sino hasta el año 2003. Es un trabajo erudito y completo aunque, lamentablemente, no fue puesto al día al momento de publicarlo, de modo que no se recogen los aportes más recientes de la historiografía en la materia. Con todo, es preciso reconocer que Presedo vislumbró con claridad varios de los problemas que muchos investigadores -aparentemente desconociendo su obra- retomaron y replantearon décadas más tarde. Presedo es otro precursor, pues, pero que se mantuvo en el silencio por largo tiempo. Recientemente apareció una interesante publicación colectiva dirigida por Inmaculada Pérez Martín y Pedro Bádenas de la Peña (2004), quienes reunieron un selecto grupo de investigadores en torno al tema de las relaciones entre Bizancio y la península Ibérica, abarcando un amplio arco temporal. Pablo Díaz, Darío Bernal, Javier Arce y la mencionada Margarita Vallejo colaboraron con interesantes trabajos que arrojan nueva luz sobre viejos problemas.
En nuestro caso, nos interesa indagar en algunos tópicos de las relaciones entre el reino visigodo de Toledo y el imperio bizantino, entre mediados del siglo VI y comienzos del VII, especialmente en el ámbito cultural, con el fin de establecer posibles vías a partir de las cuales san Isidoro de Sevilla pudo conocer lo que contemporáneamente ocurría en el Mediterráneo oriental. No pretendemos, pues, realizar un estudio exhaustivo de aquellas relaciones de influencia -tarea de la cual nos exime el estado actual de las investigaciones-, pero sí detenernos en algunos detalles significativos, sin perder de vista nuestro objetivo.

Visigodos y bizantinos frente a frente

Desde el año 552 y hasta el 625, el imperio bizantino mantuvo una fuerte presencia -especialmente militar- en el sur y levante de la Península Ibérica, región que se integró al Imperio como provincia con el nombre de Spania9. Sólo hacia 585-590 el reino visigodo de Toledo, en época de Leovigildo (568-586) y Recaredo (586-601), fue capaz de detener, al menos, las aspiraciones expansionistas que habían llevado a los ejércitos bizantinos a ocupar importantes posiciones en la península10; finalmente, en el siglo VII, gracias a los esfuerzos de los reyes Sisebuto (612-621) y Suintila (621-651), los bizantinos fueron obligados a retirarse definitivamente de Hispania11.
A mediados del siglo VI, la Península Ibérica se encontraba convulsionada por la guerra civil, entre el rey Agila (549-554) y el rebelde Atanagildo (554-568). Este último, que se hallaba en posición de debilidad, habría recurrido a Constantinopla en busca de ayuda militar12, decisión que a la larga debió lamentar. En ese entonces, Justiniano el Grande estaba ocupado en recuperar para el imperio sus antiguos territorios occidentales, proceso que conocemos como la Reconquista. Para Constantinopla no existió "la caída del Imperio Romano en 476", como rezan los manuales de historia sino que, en dicho año, lo que aconteció, en rigor, fue que se perdieron las provincias occidentales en manos de los bárbaros. Éstos, en la perspectiva de los romanos, ocupaban ilegítimamente un territorio que le pertenecía a Roma. Así, el imperio no renunciaba a sus derechos y pretensiones en Occidente y Justiniano se encargaría de la tarea de actualizar el ecumenismo romano.
Los ejércitos imperiales habían desembarcado en África y en Italia, cayendo en su poder los reinos ostrogodo y vándalo y, en ambos casos, el expansionismo bizantino se vio favorecido por rencillas políticas y guerras de sucesión13. La petición visigoda, haya sido o no obra de Atanagildo, no podía llegar entonces en mejor momento: para Justiniano era una oportunidad única y, todavía más, prácticamente regalada14; sólo era necesario resolver la cuestión italiana, para contar con suficientes tropas y responder al llamado del atribulado rebelde. Así, se envió un primer contingente al mando del anciano general Liberio15, probablemente con la idea de consolidar más tarde la conquista16; sin embargo, ésta se limitó sólo a una pequeña parte de la Península Ibérica -unas pocas ciudades conectadas entre sí en el levante y sur peninsular17-. La inestable situación en Italia y África, así como los problemas en la frontera oriental y la peste que azotó el imperio, impidieron a Justiniano disponer de los miles de soldados que habría necesitado para conquistar todo el reino visigodo18.
Frente a Bizancio, la población visigoda sostuvo una actitud ambigua: si, por un lado, se advierte desde el comienzo una posición hostil hacia el invasor, por el otro lado es posible percibir el enorme influjo del Imperio sobre el mundo godo ibérico. Ambas posturas pueden parecer paradójicas pero no son contradictorias, pues se resuelven en planos distintos.
Aunque Atanagildo pudo triunfar sobre Agila presumiblemente gracias a la cooperación bizantina, los visigodos se dieron cuenta muy pronto de que las intenciones de Justiniano eran crear una avanzada para luego lanzarse a la conquista de todo el reino. El temor fue lo que llevó en definitiva a la deposición de Agila, pues hasta sus más cercanos pudieron percatarse de que, divididos, serían presa más fácil para Justiniano. Así, desde el momento en que los bizantinos desembarcaron en la península, se intentó expulsarlos19. En efecto, desde Atanagildo hasta Suintila, los visigodos no dejaron de combatir a los bizantinos20.

Algunos estudiosos llegaron a suponer que los habitantes del reino visigodo, especialmente la aristocracia hispanorromana, vieron con agrado la llegada de los ejércitos imperiales. Tal idea descansa, sobre todo, en una cuestión de índole religiosa21 pero nada nos permite asegurar que la población católica peninsular se haya sentido especialmente identificada con los recién llegados, ni es posible entender el problema como una lucha de los ortodoxos contra los arrianos22. Es más, para muchos de ellos el Oriente bizantino era una verdadera cuna de la herejía23, de modo que, en ese plano, también es posible encontrar una actitud hostil hacia el invasor -como veremos más adelante en el caso del propio san Isidoro de Sevilla-, toda vez que en la época de Justiniano se desató la querella religiosa conocida como la cuestión de los "Tres Capítulos"24, que conmovió la cristiandad de la época.
En fin, es preciso reconocer que, a pesar del rechazo, se estaba produciendo -incluso con anterioridad- una paulatina bizantinización de la monarquía goda, que desde entonces se vio acentuada25: "a la invasión guerrera había precedido la penetración pacífica"26.
La influencia de Bizancio sobre los godos se dio de diversas maneras, en distintos niveles y con mayor o menor intensidad, según el caso, ya sea que se tratara del comercio, la vida política o el ámbito cultural e intelectual.

La realeza goda

La influencia del Oriente griego en la Península Ibérica se hizo sentir a lo largo de toda la segunda mitad del siglo VI y las primeras décadas de la centuria siguiente -de manera directa algunas veces y otras indirectamente-. Pero fue entre los años 568 y 601, que corresponden a los reinados del arriano Leovigildo (568-586) y del católico Recaredo (586-601), cuando ella se manifestó de manera más visible y poderosa.
Para la monarquía goda, que buscaba la centralización del poder y la unidad del reino, el imperio bizantino fue admirado como un modelo digno de imitar27. Leovigildo, primer rey con un claro programa político -según F. Presedo, culminación del genio político visigodo28-, y que combatió a los bizantinos en Málaga (570) y Medina-Sidonia (571)29, no pudo, por otro lado, sino sucumbir ante el modelo estatal bizantino, al que intentó emular deliberadamente en diversos aspectos30.
Leovigildo adoptó en su corte usos de Oriente y, según parece, sentía gran aprecio por la pompa bizantina. Con el fin de diferenciarse del resto de la nobleza, este rey fue el primero en adoptar los regalia imperiales como símbolos del poder regio32. Así, se presentó ante los suyos vistiendo ropaje real y sentándose en un trono, tal como nos informa san Isidoro de Sevilla33. Al respecto, advirtió de manera reciente Javier Arce, es preciso destacar que no necesariamente se 31trata de una innovación de Leovigildo -aunque el Hispalense se la atribuya como una forma de expresar su admiración por su reinado 34- y bien puede tratarse de la adopción de los rasgos propios de un emperador tardorromano35 que, en cualquier caso, son los que, a la sazón, se encontraban vigentes en Constantinopla36.
En las monedas acuñadas en su época -las primeras datan de los años 575 a 57737- y que imitan las de Justino I y Justiniano el Grande, el rey aparece ataviado con diadema y paludamentum al estilo imperial, a la vez que claramente identificado por su nombre y no ya el del emperador38, como había sido la costumbre hasta ese momento y que implicaba el reconocimiento de la superioridad teórica del Imperio39. Las monedas de Leovigildo pueden ser vistas no sólo como un fenómeno de carácter económico sino también de naturaleza ideológica, ya que manifiestan claramente su vocación de independencia frente a Bizancio40. "Acuña sueldos -resume acertadamente F. Presedo- primero como imitación, después emancipándose de la réplica servil"41.
Por otra parte, la adopción del título de Flavius por Recaredo, tal como aparece en las actas del tercer concilio toledano42, o la institución de los césares corregentes, o la búsqueda de la unidad religiosa, o la actividad edilicia o el trabajo legislativo43, dan cuenta también del influjo bizantino.Sin duda, uno de los elementos más representativos de la política mimética de Leovigildo fue la fundación de la ciudad de Recópolis44, cuyo nombre es una curiosa mezcla de un prefijo, que parece honrar a su hijo, y un sufijo que evoca el mundo greco bizantino45. "Esto último -explica R. Collins en una interesante reflexión que nos parece del caso citar-, que es una interpretación de Juan de Biclara, puede ser una racionalización y no tiene mucho sentido desde un punto de vista lingüístico. Recaredópolis habría sido perfectamente viable ya que todos los demás ejemplos clásicos y de finales de la Antigüedad en los que se dedica la ciudad a una persona indican que se debería haber utilizado el nombre completo (...). Tampoco es fácil explicar por qué Leovigildo quiso honrar a su segundo hijo en vez de al mayor, que era Hermenegildo. En vez de esto, se podría sugerir que lo que intentaba decir era Rex-opolis, 'la ciudad del rey'..."46. En cualquier caso, tal interpretación refuerza aún más lo que intentamos señalar, esto es, la exaltación de la realeza goda en clara imitación del imperio de Oriente. Todavía a comienzos del siglo VII el impulso imitativo estaba vigente, como lo demuestra el caso de Sisebuto y la inauguración de la basílica dedicada a Santa Leocadia, el año 61847, parte de un conjunto arquitectónico palatino en Toledo.
En fin, en el período que nos interesa, la realeza goda imitó consciente y deliberadamente usos de Oriente, proceso que nos permite hablar no sólo de una bizantinización sino, más claramente, de una verdadera imperialización de la monarquía goda, como ha señalado con acierto Luis A. García Moreno48.

Viajeros

Independientemente del tema político-ideológico, durante el siglo VI y parte del VII, hubo una estrecha relación hispano-bizantina a través del comercio, del trasiego del clero y de la correspondencia49, de modo que -a pesar de que las noticias que han llegado hasta nosotros sean a veces escasas y parcas-, podemos suponer un intercambio relativamente intenso y fluido entre uno y otro extremo del Mediterráneo50.
Recordemos, en primer lugar, a Juan de Biclara, quien permaneció, durante su juventud, algunos años en Constantinopla, estudiando y perfeccionando sus conocimientos de cultura griega y latina, tal como nos informa su biógrafo, san Isidoro51. La capital imperial, a la sazón, era no sólo una urbe poderosa sino también un centro cultural del más alto nivel, cuya fama se había extendido por las costas del Mediterráneo. Hasta allá, pues, fue enviado, aparentemente por el abad del monasterio agaliense52, el adolescente Juan para profundizar sus estudios, asunto que le retuvo en Constantinopla por largo tiempo.
Lo que sabemos de la vida del Biclarense -aparte de mínimos datos que nos entrega en su obra-, se lo debemos a la pluma de san Isidoro de Sevilla, quien incluyó al cronista entre los "varones ilustres" de su época. Si bien el Hispalense menciona el viaje, han llegado hasta nosotros dos tradiciones manuscritas distintas53, que difieren en cuanto al tiempo que Juan estuvo en la capital del imperio, de lo que se ha seguido una ya antigua controversia historiográfica. Así, para algunos historiadores, el cronista estuvo diecisiete años en Constantinopla54 mientras que, para otros, su estadía fue tan sólo de siete años55.
Julio Campos, analizando los pocos datos biográficos de que disponemos, concluye que el viaje de Juan a la capital del imperio bizantino abarcaría el período que media entre los años 558 y 57556, opinión que a priori parece bastante plausible pero que actualmente no se puede sostener. En efecto, la confusión, en algunos manuscritos, de septimo demum anno, con seguridad el texto original, con septimo decimo anno, es lo que ha generado tal tesis57. Así, el Biclarense habría estado en Constantinopla entre 570-571 y 577-57858. No fue ése, ciertamente, el único ejemplo de un peninsular que viajó al Oriente bizantino, como veremos enseguida.
Liciniano, obispo de Carthago Spartaria y contemporáneo del papa san Gregorio Magno (590-602), murió en Constantinopla aparentemente envenenado, según noticias que nos transmite san Isidoro de Sevilla en su De Viris Illustribus59. Quizá el más conspicuo viajero que encontramos entre el clero peninsular sea Leandro de Sevilla (c. 534-600), hermano mayor de san Isidoro, contemporáneo de los dos personajes recién mencionados y que, entre los años 579 y 586, realizó un viaje a la capital del imperio60. Su periplo estuvo relacionado con la rebelión del príncipe Hermenegildo († 585) y la necesidad de apoyo militar bizantino61; por cierto, la ayuda de Oriente no fue la esperada y, según Gregorio de Tours (539- 590), el rebelde fue traicionado por los griegos62. En Constantinopla, Leandro conoció a san Gregorio Magno63, entonces apocrisiario pontificio en la corte imperial, quien le dedicó su Expositio in Librum Job64. Durante su estancia en la ciudad imperial, seguramente Leandro pudo beneficiarse de los contactos y amistades del futuro Papa65 y establecer relaciones con la intelectualidad de la época informándose de primera mano de los hechos que, por aquel entonces, aquejaban el imperio -entre ellos, el problema ávaro-eslavo en los Balcanes-. Juan IV el Ayunador (582-595), patriarca de Constantinopla, le dedicó uno de sus escritos, lo que demostraría su familiaridad con el ambiente constantinopolitano, como también sugiere la posibilidad de que el obispo hispalense conociese el griego -o al menos, podemos presumir que podía leerlo66-. No es descabellado suponer que, de regreso en su tierra, Leandro podría haber llevado libros con información de carácter histórico, que el hermano menor pudo consultar; asimismo, no es difícil imaginarse al joven san Isidoro, a poco de recibir a su hermano tras el largo viaje, interrogándolo acerca de lo que, a la sazón, ocurría en Oriente.
Ya sea por vía escrita u oral, por intermedio de su hermano o de otros viajeros de la época, entonces, el santo hispalense podía estar relativamente bien informado de los hechos que conmovían el Mediterráneo oriental, integrando en su Crónica tales noticias.
Por otra parte, en el año 619, en la catedral de la ciudad, se celebró el segundo concilio de Sevilla, convocado por san Isidoro para tratar problemas relativos a competencias de límites entre diócesis, disciplina eclesiástica y asuntos de índole dogmática. Para nosotros, el concilio en cuestión reviste importancia porque, en su canon XII, se comenta el caso de un obispo sirio, hereje, citado a comparecer ante los obispos, donde se le convenció de abjurar de la herejía y aceptar el credo niceno67. Aunque no está muy claro el motivo del viaje del mentado obispo68, podría tratarse de un súbdito del imperio que buscaba refugio en posesiones bizantinas de Occidente, huyendo de la inestabilidad provocada por la expansión de Cosroes II, quien entonces controlaba territorios sirios, palestinos y egipcios69. Lo que sí está claro es el hecho de que -aun tratándose de una noticia bastante excepcional- podemos suponer que el caso del obispo sirio puede ser ilustrativo respecto, primero, del contacto más o menos fluido con Oriente y, segundo, de la posible existencia en Sevilla misma, de una colonia de orientales lo suficientemente numerosa, argumenta J. Fontaine, como para atraer a un prelado de rango episcopal70. Cabe también la posibilidad de que el obispo haya llegado al reino visigodo desde la zona que estaba bajo control bizantino71; "los pocos indicios sobre la permeabilidad de dicha frontera dan a entender que la gente y la información circulaban con relativa libertad"72.
No deja de ser sugerente notar que san Isidoro incorporó las noticias acerca de eslavos y persas justamente hacia el año 620, información que bien pudo haber recabado del mencionado prelado que, dada su investidura, seguramente conocía bien los problemas que en esos años aquejaban el imperio.

La conexión africana y el caso de Mérida

Contemporáneamente con la vida de san Isidoro de Sevilla, la Hispania meridional fue un mundo abierto al Mediterráneo, situación que no variará de manera sustancial sino hasta la invasión islámica y la caída de Cartago en sus manos en el año 69873.
Es muy posible que el obispo sirio, aquél del segundo concilio de Sevilla cuyo caso recién comentamos, haya llegado hasta la Península Ibérica después de hacer una escala en Cartago, como era lo usual en la época74. En efecto, una vía importante a considerar, en el momento de ponderar las relaciones entre el Occidente hispanogodo y el Oriente grecobizantino, es la de las relaciones con el mundo norteafricano. Ya sea por las guerras bizantino-vándalas, o por la inestabilidad provocada por las tribus bereberes, o el comercio o las persecuciones religiosas, lo cierto es que Cartago fue un centro receptor y difusor de influencias, desde el Mediterráneo oriental y hacia el occidental, un verdadero puente entre uno y otro mundo.
La inestabilidad provocada en el norte de África por las guerras de sucesión de los vándalos, primero, y por las guerras bizantino-vándalas después, así como también por la incapacidad del imperio para consolidar la paz en la región, explican el movimiento migratorio hacia Hispania en la época que nos ocupa75.
Hacia el año 570, huyendo de la "violencia de los bárbaros" -esto es, la insurrección de tribus moras-, el monje africano Donato se embarcó hacia Hispania, instalándose en el levante ibérico, donde fundó el monasterio servitano76. Según el relato de Ildefonso de Toledo, Donato iba acompañado de setenta monjes y llevaba, además, una gran cantidad de manuscritos; es decir, se trató de una verdadera traslación de su monasterio77. Como se deduce a partir de la precisión que hace Ildefonso de Toledo acerca de dichos manuscritos, no se trata sólo de un movimiento demográfico sino que involucra intercambios culturales. Probablemente el abad Nanctus78, que arribó a Mérida en época del rey Leovigildo, también procedente de África, haya abandonado su tierra natal por los mismos motivos que Donato79.
Los dos casos mencionados son ejemplo de un movimiento que, con toda seguridad, debió ser bastante más amplio80. Nihil novum sub sole: hacía mucho tiempo ya que existían fluidas relaciones entre la Península Ibérica y África y, a través de ésta, como decíamos, con el oriente del Mediterráneo. No deja de ser interesante subrayar que el objetivo de los monjes haya sido el reino visigodo y no la Spaniabizantina, lo que podría explicarse por la persecución religiosa desatada en la época de Justiniano a causa de los "Tres capítulos" -que llevó al exilio a muchos religiosos que, entre otros lugares, habrían buscado refugio en Hispania81-.
Otra razón que explica que tales inmigrantes hayan preferido el suelo peninsular como una nueva patria es la existencia de comunidades de extranjeros -griegos y sirios entre ellos- en las sociedades urbanas del sur y el levante ibéricos82. Ciudades como Santarem, Mérida, Sevilla o Córdoba, a través de grandes y frecuentadas vías fluviales, u otros centros urbanos costeros, como Málaga o Cartagena, recibían permanentemente influencias desde el Mediterráneo tardoantiguo, que luego podían irradiar luego al resto de la Península.
El caso de Mérida, como se desprende de las Vitas Sanctorum Patrum Emeritensium, es emblemático al respecto, ya que mantuvo un activo intercambio con el oriente del Mediterráneo, tanto en el ámbito comercial como en el cultural. Las Vidas de los Santos Padres de Mérida, redactadas hacia el 630 pero que recogen acontecimientos de los años 560 a 600 aproximadamente, nos informan que la llegada de comerciantes bizantinos -los transmarini negotiatores de las leyes visigodas o negotiatores graecos de las Vidas83- no era rara84. Los comerciantes arribaban a la ciudad remontando el río Guadiana y, aunque no está claro qué productos compraban y vendían85, la seda tiene que haber figurado entre ellos. Las Vidas nos informan que Masona (571-606), obispo de Mérida, al ir a celebrar la misa de Pascua, se hacía acompañar de numerosos niños ataviados -como el obispo- con túnicas de seda86, y esta finísima tela, en aquel tiempo, no llegaría
sino de Bizancio87. Podemos suponer igualmente que, entre los diversos productos, destinados o no al comercio pero sí al intercambio, se contaban también manuscritos88; la circulación de las obras fue notable en el siglo VII y, normalmente, los viajeros cargaban copias que, más tarde, los scriptoria difundían por toda la península89.
Además, las Vidas nos informan acerca de Paulo (c. 530-c. 560), natione graecus, de profesión médico y que arribó a Mérida desde el Oriente90, llegando a ser obispo de la ciudad, cátedra en la que fue sucedido por su sobrino Fidel (c. 560-c. 571). Éste, según se cuenta en las Vidas, llegó hasta la ciudad en compañía de comerciantes griegos provenientes de la tierra natal de Paulo, quienes hicieron la visita acostumbrada al obispo, y entonces Paulo, después de interrogarlo acerca de su origen y parentela, pudo reconocer en el joven a su sobrino91.
Los casos citados más arriba (Nanctus y Donato, Paulo y Fidel, los comerciantes griegos), nos hablan de numerosos contactos con Oriente a través de viajeros que, remontando los ríos llegaban hasta Mérida -verdadero "foco de bizantinismo", según F. Presedo92-, siguiendo el curso del río Guadiana, a Córdoba y Sevilla remontando el Guadalquivir, o a Zaragoza siguiendo la ruta del Ebro93. Ello demuestra que las vías comerciales eran también, como siempre, vías de difusión cultural94. Las relaciones intelectuales del reino visigodo con el África y el oriente bizantinos explican no sólo el auge cultural del reino a fines del siglo VI y comienzos del VII sino también prerrenacimientos literarios en la periferia del reino de Toledo. Cada navegante, además, podía constituirse en una rica fuente de información acerca de la situación política y económica del Mediterráneo oriental.
Es preciso recordar que la noticia de la caída de Cartago y derrota de los vándalos por los bizantinos, se conoció en el reino visigodo gracias a un navegante africano, cuyo navío abandonó el puerto el día mismo de la ocupación95. No se trata de un hecho aislado, pues ya Hidacio (c. 395-c. 470) en el siglo anterior registró, que en Hispania, en 456, se supo de la derrota del pueblo de los lazas en manos del emperador Marciano (450- 457), gracias a unas naves procedentes de Oriente y que habían llegado a Sevilla96. La excepcionalidad de estos casos radica en que nos quedó un testimonio escrito, pero deben haber sido muchas las informaciones que se transmitían por vía oral, por lo que un hispanogodo bien conectado podía estar al tanto de lo que contemporáneamente acontecía en el Mediterráneo.
Ahora bien, los testimonios relativos a Mérida son aplicables al caso de Sevilla97, en particular, y de la Bética, en general, la que, como apunta J. Fontaine, fue desde antiguo una verdadera encrucijada de civilizaciones98. A pesar de la escasez de documentación, los contactos económicos y culturales de la España meridional, con seguridad, fueron en el siglo VII tan intensos -o tal vez más- que en la centuria anterior99.
En efecto, Sevilla, desde antiguo, fue una ciudad con vocación de puerto de descargue y trasvase de mercancías, de activo intercambio, una encrucijada de culturas100, como ya se dijo, donde en medio de la agitación comercial, se arremolinaban los curiosos ávidos de detalles y rumores acerca del vasto mundo que se abría más allá del Guadalquivir. La Sevilla de san Isidoro era una "zona fronteriza" de la cultura occidental, con todo lo que supone dicha situación para el fronterizo en cuanto a posibilidades de intercambio101. Hispania, todavía en época de san Isidoro, manifiesta su vocación norteafricana y oriental, de donde recibía su inspiración cultural102.

Comencíolo

La ocupación bizantina de parte del sur y este de la Península Ibérica no debió implicar una migración masiva de griegos en el suelo hispano. En efecto, el asentamiento supuso solamente el arribo de soldados y autoridades imperiales griegas103. Dado el carácter de la inmigración, no hay que hacerse muchas ilusiones respecto de la influencia cultural que tal tipo de población pudo ejercer en Hispania104. Sin embargo, no hay que despreciar el contacto permanente de la población hispanogoda con los recién llegados de Oriente; a pesar de todo, y más allá de las escaramuzas bélicas ocasionales, la provincia de Spania puede considerarse un foco de orientalización105 aunque sus efectos directos -modestos ciertamente- son difíciles de precisar. La verdad es que la influencia más profunda se explica por los intercambios que hemos detallado líneas atrás y no por la presencia del contingente militar estacionado en España.
No obstante lo anterior, no debe dejar de mencionarse un caso singular: la presencia de Comencíolo en tierra hispana bizantina. En el año 1658, en el claustro de Santa María de las Mercedes, en Cartagena, se descubrió la siguiente inscripción conmemorativa:

Cualquiera que seas quien mires los elevados pináculos de las torres
Y la entrada de la ciudad fortalecida con una doble puerta,
A tu derecha y a tu izquierda los dos pórticos, los dos arcos,
Por encima de los cuales se encuentra una cámara curva y convexa:
Comencíolo, el patricio, ordenó hacer estas obras,
Enviado por Mauricio Augusto contra los enemigos bárbaros,
Generalísimo en jefe de Hispania, grande por su valor.
Ojalá España siempre se felicite con un tal gobernador,
Mientras los polos [de la tierra] giren y mientras el sol [discurra alrededor del orbe]
Año VIII del Augusto, indicción VIII106

Dejando de lado algunos problemas que plantea a los especialistas este vestigio arqueológico107, lo concreto es que en ella se conmemora la restauración de los muros de Cartagena, capital de la Spaniabizantina, labor encomendada por Comencíolo, gobernador de la provincia y, tal como se lee en la inscripción, enviado en 589 por el emperador Mauricio108. Es pro bable que la restauración de los muros haya estado en relación con un recrudecimiento de las hostilidades entre visigodos y bizantinos en época de Recaredo109, cuestión a la que aludiría san Isidoro cuando se refiere a la "insolencia romana" a la que tuvo que hacer frente el rey110.
Ahora bien, recordemos que la Crónica de Monemvasía nos habla, precisamente de un funcionario bizantino de alto rango, llamado Comencíolo, el mismo al que aluden en varias ocasiones Teofilacto Simocatta111 y Teófanes112, y que encontramos combatiendo en nombre del imperio o actuando como embajador, tanto en la región danubiana y los Balcanes como en Persia113. Por otra parte, está documentada la existencia de un "Gloriosus Comitiolus"114, a quien hace referencia el papa san Gregorio Magno, a propósito de la deposición y exilio de los obispos Genaro y Esteban, tras un juicio considerado injusto y arbitrario, promovido por el tal Comitiolus115. Tales acciones habría que entenderlas, tal como la restauración del muro, en este caso en el plano religioso, como una ofensiva bizantina en suelo peninsular116. Ya P. Goubert había planteado, hace más de medio siglo, el problema de la identidad de estos personajes, dejando abierta la cuestión117; no obstante, hay buenas razones para creer que el Comencíolo de la Crónica de Monemvasía y otras fuentes bizantinas, el Comencíolo de la inscripción de Cartagena y el Comitiolus de la correspondencia de san Gregorio, sean la misma persona118.
De Comenc íolo sabemos que, en época del emperador Mauricio, hizo una brillante carrera militar, alcanzando el rango de magister militum (tal como se lee en la inscripción), gracias a sus victorias en los Balcanes119. Según se desprende del testimonio de los historiadores bizantinos, era un hombre cercano al emperador120, tanto como para permanecer a su lado durante los turbulentos acontecimientos que llevaron a su deposición en manos de Focas (602-610), en el año 602121. Inmediatamente después de la rebelión, Comencíolo fue ejecutado, al igual que el depuesto emperador122.
Ahora bien, tal como recalcan los citados M. Vallejo, J. Orlandis y J. Vilella, y mucho antes que ellos F. Presedo123, gran parte de su carrera Comencíolo la hizo antes de 589 (fecha de la inscripción de Cartagena) y entre ese año y el 600, cuando lo encontramos en Bizancio nuevamente, no se sabe de ninguna actividad suya en Oriente. Teniendo en cuenta los datos cronológicos, este Comencíolo es el mismo Comitiolus de san Gregorio, quien gobernó Spania aproximadamente entre 589 y 600, y la diferencia de nombre se debería sólo a un error de transcripción124.
Así, pues, y confiando en el análisis precedente, contamos -aparte de los viajeros ocasionales- con un caso de excepcional valor para nuestro objetivo: un protagonista de las guerras contra los ávaro-eslavos en los Balcanes permaneció cerca de una década en la Península Ibérica, pudiendo proporcionar noticias fidedignas y de primera mano acerca de lo que ocurría entonces en aquellas regiones. Son de distinta índole, pues, las pistas que nos permiten asegurar que en Hispania se podía estar bastante bien informado de lo que sucedía en el imperio bizantino y esa corriente de noticias -de la cual se benefició san Isidoro de Sevilla al redactar su Chronica-, antes y después de Comencíolo -recordemos que la influencia bizantina se reaviva en tiempos de Sisebuto-, debió ser ininterrumpida, circulando por doquier de boca en boca.

Notas acerca de la actitud de la historiografía visigoda frente a Bizancio125

Como ya hemos apuntado más arriba, la postura de la población hispanogoda frente al imperio bizantino fue ambigua: si, por una parte, no se pudo evitar el influjo bizantino y el gran poder de seducción de su cultura, por otro lado se consideraba a los imperiales como invasores indeseables que debían ser expulsados del territorio peninsular. La historiografía del período, ciertamente, da cuenta de la misma actitud.
Sus dos representantes más conspicuos son los ya citados Juan de Biclara e Isidoro de Sevilla. En ambos se puede descubrir una alta consideración hacia el imperio, como que permanentemente refieren hechos del Oriente bizantino. La doble cronología de Juan de Biclara -años del emperador, años del rey visigodo- así como el permanente interés del santo hispalense por los sucesos orientales, nos hablan de una concepción histórica, geográfica y cultural, que considera dos grandes polos en torno a los cuales se desenvuelve la historia: el imperio romano y el reino visigodo de Toledo -que, como ya hemos visto con insistencia, sigue el modelo del primero-.
Se podría decir que, mientras el biclarense es más "imperialista", san Isidoro es más "nacionalista" -o goticista, si se prefiere-; mientras el primero -sobre todo en los iniciales años de su Crónica- exalta el imperio, el segundo hace lo propio con la unificación peninsular a manos de los godos. En ambos autores, en todo caso, se percibe una retórica que tiende a centrarse en el reino godo e ir dejando de lado, poco a poco y en la medida que discurre el relato, el imperio. El "modelo bipolar" se debilita según se avanza cronológicamente en el relato, en la misma medida en que el reino visigodo se fue fortaleciendo desde la segunda mitad del siglo VI. Se puede apreciar, pues, cómo se forja una ideología ligada al proceso de "imperialización" de la monarquía toledana y que impregna, a la historiografía del momento.
Juan de Biclara nunca manifiesta un sentimiento negativo frente al Imperio. No obstante, se puede descubrir una velada crítica en el plano religioso cuando, al referirse al III concilio de Toledo (589) y a la conversión de Recaredo, no sólo compara al rey con Constantino el Grande (305- 337), sino que, aun más, dice que éste fue superado por aquél, puesto que el rey godo fue capaz de extirpar de raíz y en forma definitiva la herejía arriana. Es, pues, en el Occidente latino donde se pudo restaurar la ortodoxia de Nicea y no en el Oriente griego, cuna de la herejía.
En el caso de san Isidoro de Sevilla, su postura antibizantina parece ser bastante más clara y explícita, seguramente marcada por su experiencia personal. Oriunda de Cartagena, su familia tuvo que emigrar a la Bética, exilio que parece explicarse -según las pocas "precisiones imprecisas" que entregan las fuentes126- por el desembarco de las tropas imperiales en 552 y el convulsionado ambiente que culminó con la ocupación de la ciudad.
Si Isidoro en sus obras históricas alaba a los primeros emperadores, no oculta su crítica hacia los que, temporalmente, le son más cercanos. Tales reparos tienen relación, por un lado, con los problemas religiosos y, por el otro, con el rechazo a la ocupación bizantina del sur peninsular. Es sintomático de su actitud que el Hispalense a veces no menciona directamente a los "romanos" (o bizantinos) sino que se refiere a ellos como milites ("soldados", resaltando el carácter militar de una ocupación que considera ilegítima). La alabanza a Hispania que abre la Historia de los Godos expresa de manera clara -y casi ideológicamente- la adhesión de san Isidoro a la unificación peninsular llevada a cabo por los godos, en oposición al imperio.
Para el Hispalense, la romanidad -particularmente latina- se ha refugiado en España y por ello llega a referirse al imperium de los godos, en un claro desafío a Constantinopla. La oposición a Constantinopla queda reflejada en lo que podríamos llamar la respuesta isidoriana a Comencíolo: a los "enemigos bárbaros" de la inscripción de Cartagena, que responde a la visión bizantina del mundo -los godos pueden ser ya católicos pero no dejan de ser bárbaros-, se contrapone la acusación de "insolencia romana" de san Isidoro, que no hace sino resumir la actitud visigoda hacia el expansionismo bizantino.
Como ya adelantáramos, en su obra histórica san Isidoro parece complacerse en el relato de los reveses del imperio, frente a la consolidación de la monarquía goda y, para ello, debía estar, claramente, bien informado de los avatares que afectaban entonces a Bizancio.

Recapitulación en torno al Chronicon de san Isidoro

Del análisis precedente podemos concluir que, durante la segunda mitad del siglo VI y comienzos del VII, hay evidencias seguras de que a la Península Ibérica llegaban -junto a las mercancías- libros y noticias procedentes del oriente del Mediterráneo, con amplia circulación en el reino. La animadversión hacia Bizancio, considerada una potencia invasora, se resuelve sobre todo a nivel político e ideológico; no obstante, en el ámbito cultural e intelectual, el influjo de Oriente fue bastante poderoso. Una expresión clara -quizá la más evidente- del problema, es el hecho de que los mismos reyes, desde Leovigildo hasta Suintila, que combatieron de manera denodada los bizantinos hasta expulsarlos del territorio peninsular, fueron los que llevaron adelante el proceso de "imperialización" de la monarquía siguiendo, precisamente, el único modelo viable y visible en el Mediterráneo: Bizancio.
Por otro lado, hemos visto también que muchos viajeros iban y venían, hacia y desde Oriente; entre ellos, recordemos, se contaba el propio hermano de san Isidoro, san Leandro. Entre África y el sur peninsular existió un activo intercambio y, en los puertos de Mérida o Sevilla, circulaban de boca en boca las noticias procedentes de diversos rincones del Mediterráneo. Conspicuos personajes -monjes unos, futuros obispos los otros- llegaban a Hispania, muchas veces cargados de libros que enriquecían las bibliotecas locales. Todo ello, además de la presencia permanente de tropas imperiales, la vida fronteriza siempre rica en intercambios de diversa índole y, caso notable, la presencia de funcionarios bizantinos que estaban muy al tanto de lo que en Oriente acontecía, más aún si consideramos a Comencíolo, quien se había desempeñado como comandante en el frente oriental. Más tarde, hacia 615, Cesáreo sería el contacto en Spania, con quien los visigodos establecieron relaciones diplomáticas.                 Son, en definitiva, muchas las vías a través de las cuales san Isidoro de Sevilla pudo estar bien informado de la situación de los Balcanes, como para incluir una noticia a todas luces confiable respecto de las invasiones eslavas en aquella región, en su Chronica Universal.

Nos queda, todavía, una cuestión por resolver: ¿conocía san Isidoro la lengua griega como para interactuar de manera eficaz con los viajeros procedentes de Oriente o como para, eventualmente, leer a cronistas bizantinos?
Aunque es raro, podemos encontrarnos con estudiosos que suponen que, entre los siglos VI y VII, en el reino visigodo se contaba con un buen
conocimiento de la lengua griega. Normalmente es bibliografía ya antigua la que afirma que el clero hispano, en general, conocía el griego, lo que sostiene por ejemplo C. Dubler al afirmar que los textos griegos podían ser correctamente interpretados127. Mencionemos, por último, la Historia de España de R. Menéndez Pidal, donde se afirma que no sólo había buenos helenistas en la España visigoda sino que también se estudiaba el griego en las escuelas de Sevilla128. Antonio Bravo agrega que "autores como S. Cirac Estopañán y R. Rodríguez Seijas, por sólo mencionar un par de ellos, parecen inclinarse más o menos decididamente por el conocimiento del griego por su parte, aunque Díaz y Díaz es de la opinión de que tanto él como Julián de Toledo es muy dudoso que pudieran traducirla"129.
Sin embargo, es difícil, aparte de algunas excepciones como en todo, pensar en un desarrollo de las letras griegas en la España visigoda130. A juzgar por las lecturas de san Isidoro, como también por sus comentarios etimológicos, todo parece indicar que si acaso conocía la lengua griega, dicho conocimiento debe haber sido bastante vago y superficial131. De hecho, si conocía obras griegas, normalmente era a través de traducciones latinas, como en el caso de los textos de san Juan Crisóstomo132. Cabe agregar que san Ildefonso de Toledo, su biógrafo, nada dice sobre el conocimiento de las letras griegas por parte de san Isidoro133. Según J. Fontaine, dada la presencia de comerciantes y prelados de origen oriental que había en la Bética, si san Isidoro lo hubiera querido, podría haber encontrado ocasión de aprender el griego; si no lo hizo, fue simplemente porque no quiso134, lo que se explicaría, siempre siguiendo a Fontaine, por su antibizantinismo, ya sea por su experiencia personal o por sus convicciones teológicas135.
Ahora bien, debemos reconocer que, en un primer momento, nos pareció que dicha constatación atentaba directamente contra la idea que nos llevó a todo el análisis precedente, esto es, que san Isidoro recoge en el Chronicon información fidedigna acerca de la invasión eslava en los Balcanes. Si él no sabía griego, si era incapaz de leer a los historiadores bizantinos contemporáneos, ¿cómo pudo, entonces, enterarse de aquello? La verdad es que no parece necesario, finalmente, que el Hispalense fuera versado en lengua griega.
En efecto, un examen atento de las circunstancias de la época nos lleva a constatar que, todavía en la segunda mitad del siglo VI y comienzos del VII, Bizancio era un mundo en gran medida bilingüe. Como señalara H. Schlunk, "las tropas bizantinas no sólo hablaban griego, sino que gran parte de ellas hablaba latín"136. De hecho, la inscripción de Comencíolo está, justamente en dicha lengua. Por otro lado, por una necesidad propia de su oficio, era normal que los comerciantes sirios o griegos que arribaban a los puertos peninsulares, pudieran expresarse en una u otra lengua.
Por cierto, es necesario precisar que no es posible determinar claramente qué fuentes usa san Isidoro en la última parte de su Chronicon, aun si tomamos en cuenta la opinión de J. Martín, para quien san Isidoro se apoyó en una crónica italiana hoy perdida y desconocida para nosotros y que, aparte de los asuntos italianos, habría registrado información del Oriente, lo que habría permitido a san Isidoro continuar, completar y actualizar las palabras de Juan de Biclara137. Por otra parte, el Hispalense emplea la palabra sclavi y no sclaveni, lo que puede llevar a concluir, como hace F. Curta en un notable análisis de los textos de la época, que la fuente de información -oral o escrita- es constantinopolitana138.
No cabe duda, entonces, de que san Isidoro no sólo pudo recibir noticias ciertas de lo que sucedía en los Balcanes a comienzos del siglo VII sino también de que éstas las pudo recibir en su propia lengua, para verter luego esa información en el Chronicon. Creemos que, al decir "los eslavos quitaron Grecia a los romanos", san Isidoro recoge literalmente una información transmitida de manera oral y que, en términos generales, se inserta de forma coherente en la información que, paralelamente, consignan los historiadores bizantinos contemporáneos.

Notas

*Este trabajo es parte del proyecto de investigación FONDECYT, Nº 1070334, 2007-2008.

1 "Eraclius dehinc sextum decimum agit imperii annum. Cuius initio Sclaui Graeciam Romanis tulerunt..." -Chronicon, A.M. 5813 (ed. Martín, CCEL, Turnhout, Brepols, 2003, p. 203).         [ Links ] Véase nuestro "Grecia y los eslavos en el Chronicon de San Isidoro de Sevilla", próximo a aparecer en Acta Historica et Archaeologica Mediaevalia.         [ Links ]

2 Véase F. PRESEDO, La España Bizantina, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2003, p. 96.         [ Links ]

3 Véase A. FREIXAS, "España en los historiadores bizantinos", Cuadernos de Historia de España, Nº XI-XII (1949), 5-24.         [ Links ]

4 L. GARCÍA MORENO, "Organización militar de Bizancio en la Península Ibérica (ss. VIVII)", Hispania, N° 33 (1973), p. 8.         [ Links ]

5 P. DÍAZ, "En tierra de nadie: visigodos frente a bizantinos. Reflexiones sobre la frontera", en I. PÉREZ y P. BÁDENAS (eds.), Bizancio y la Península Ibérica. De la Antigüedad Tardía a la Edad Moderna, Madrid, CSIC, 2004, p. 37 (Nueva Roma, 24).         [ Links ]

6 Véase P. BÁDENAS, "Informe sobre los estudios bizantinos en España", en La filologia medievale e umanistica graeca e latina nel secolo XX, Roma, 1993, vol. II, pp. 753-768, trabajo parcialmente actualizado en [http://www.filol.csic.es/bizantinos/bizesp.html].         [ Links ]

7 L. GARCÍA MORENO, "La historia de la España Visigoda: líneas de investigación (1940- 1989)", Hispania, N° 175 (1990), 619-636.         [ Links ]

8 P. BÁDENAS DE LA PEÑA, "Los estudios bizantinos en España", en M. CORTÉS (ed.), Toledo y Bizancio, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2002, p. 28.         [ Links ]

9 Véase, en general, P. GOUBERT, "Byzance et l'Espagne wisigothique (554-711)", Etudes Byzantines, II (1944), 5-78;         [ Links ] F. MALLEROS, El Imperio Bizantino 395-1204, Santiago de Chile, Centro de Estudios Bizantinos de la Universidad de Chile, 1987 (1951), pp. 114-116;         [ Links ] J. J. SAYAS ABENGOCHEA, y L. GARCÍA MORENO, Romanismo y Germanismo. El despertar de los pueblos hispánicos (siglos IV-IX), Barcelona, Labor, 1982 (1981), pp. 330 y ss. (vol. II de la "Historia de España de M. Tuñón"         [ Links ]); A. VASILIEV, History of the Byzantine Empire 323-1453, Madison y Milwaukee, University of Wisconsin Press, 1964 (1928), p. 137 y ss.         [ Links ]; E. A. THOMPSON, Los godos en España, Madrid, Alianza, 1979 (Oxford, 1969), p. 365 y ss.         [ Links ] Véase también L. G. DE VALDEAVELLANO, "La moneda y la economía de cambio en la península ibérica desde el siglo VI hasta mediados del siglo XI", Settimane di Studi Sull'Alto Medioevo. Moneta e scambi nell' Alto Medioevo, Spoleto, Centro Italiano di Studi sull' Alto Medioevo, 1961, p. 216.         [ Links ] Según P. GOUBERT, los bizantinos llegaron incluso a ocupar en dos ocasiones -primero entre 567 y 572 y, luego, entre 579 y 584- la ciudad de Córdoba; no obstante, hoy en día tal idea es rechazada, ya que la rebeldía de la población cordobesa frente la monarquía visigoda es vista más bien como un problema de localismo que no tenía que ver, en principio, con la presencia extranjera. Véase DÍAZ, op. cit., p. 40 y ss.; también J. ORLANDIS, Historia del reino visigodo español, Madrid, Rialp, 2006 (2003), p. 63.         [ Links ]

10 GOUBERT, op. cit., pp. 14 y 19; THOMPSON, op. cit., p. 367 y ss.

11 Véase GOUBERT, op. cit., p. 69 y ss.; THOMPSON, op. cit., pp. 194 y 383; ORLANDIS, op. cit., p. 94 y ss. Como se puede apreciar, el período de la dominación bizantina coincide, prácticamente, con la vida de san Isidoro.

12 Véase, aparte de la bibliografía citada, L. GARCÍA MORENO, Historia de España visigoda, Madrid, Cátedra, 1998, p. 100 y ss.         [ Links ]; R. COLLINS, La España Visigoda (409-711), Barcelona, Crítica, 2005 (2004), p. 43 y ss., esp. p. 45, donde plantea que pudo ser el mismo Agila quien llamó a los bizantinos.         [ Links ]

13 Véase W. POHL, "Justinian and the Barbarian Kingdoms", en M. MAAS (ed.), The Age of Justinian, Nueva York, Cambridge University Press, 2005, p. 459 y ss.         [ Links ]

14 PRESEDO, op. cit., p. 36.

15 Hay dudas respecto de la participación de Liberio en estos hechos. Véase, sobre el particular, ibid., p. 38 y ss.; GARCÍA MORENO, "Organización militar…", p. 18, donde se refiere a Liberio como el "hipotético" primer gobernador de la España Bizantina.

16 W. TREADGOLD, A History of the Byzantine State and Society, Stanford, Stanford University Press, 1997, p. 208 y ss.         [ Links ]; también THOMPSON, op. cit., p. 369 y ss.

17 Véase DÍAZ, op. cit., passim; ORLANDIS, op. cit., p. 60 y ss.

18 PRESEDO, op. cit., p. 37.

19 España Visigoda (414-711), desde ahora HEV, por M. TORRES, O. GIL, R. PRIETO, R. GIBERT, M. LÓPEZ, J. PÉREZ DE URBEL, E. CAMPS Y J. FERRANDIS, vol. III de la Historia de España dirigida por R. MENÉNDEZ PIDAL, Madrid, Espasa-Calpe, 1963, p. XXIII y ss.         [ Links ]; M. VALLEJO, "Las relaciones políticas entre la España visigoda y Bizancio", en CORTÉS (ed.), op. cit., p. 91.

20 J. ORLANDIS, Historia social y económica de la España visigoda, Madrid, Fondo para la Investigación Económica y Social de la Confederación Española de Cajas de Ahorro, 1975, p. 42.         [ Links ]

21 Véase C. DUBLER, "Sobre la Crónica arábigo-bizantina del 741 y la influencia bizantina en la península Ibérica", Al-Andalus, Vol. 11, Nº 2 (1946), p. 291;         [ Links ] PRESEDO, op. cit., p. 42; también R. CASTILLO, "Bizancio en España", PORFURA, Nº 3 (2004), p. 47 y ss. [http://www.imperiobizantino.it]         [ Links ].

22 Véase DÍAZ, op. cit., p. 55, n. 53.

23 Véase SAN ISIDORO, Etym., VIII, V (PL, t. LXXXII, col. 289 y ss.; trad. de L. Cortés y Góngora, Madrid, BAC, 1951, p. 192 y ss.).

24 El origen del problema est á en el edicto imperial de los Tres Capítulos, llamado así porque se componía de tres capítulos o parágrafos consagrados a condenar la doctrina de tres teólogos del siglo V, pero el sentido primitivo de la calificación se olvidó pronto y los Tres Capítulos significaron Teodoro, Teodoreto e Ibas. VASILIEV, op. cit., vol. 1, p. 153. Véase J. FONTAINE, Isidoro de Sevilla. Génesis y originalidad de la cultura hispánica en tiempos de los visigodos, Madrid, Encuentro, 2002, p. 282 y ss.         [ Links ]; J. FONTAINE, "Isidoro de Sevilla frente a la Hispania Bizantina", Actas de la V Reunió de Arqueología Cristiana Hispánica (Cartagena, 1998), Barcelona, 2000, p. 34;         [ Links ] M. VALLEJO, "La rivalidad visigodo-bizantina en el Levante español", en BÁDENAS-EGEA (comps.), Oriente y Occidente en la Edad Media. Influjos bizantinos en la cultura occidental, Bilbao, Universidad del País Vasco, 1993, p. 113.         [ Links ]

25 Véase GOUBERT, op. cit., p. 15.

26 HEV, p. 445; L. MUSSET, Las invasiones. Las oleadas germánicas, Barcelona, Labor, 1982 (1965), p. 214.         [ Links ]

27 J. M. LACARRA, "La península Ibérica del siglo VII al X: centros y vías de irradiación de la civilización", en Settimane di Studi Sull'Alto Medioevo. Centri e vie di Irradiazione della civiltà nell' Alto Medievo, Spoleto, Centro Italiano di Studi sull' Alto Medioevo, 1964, p. 237;         [ Links ] R. TEJA, "Los símbolos del poder: el ceremonial regio de Bizancio a Toledo", en CORTÉS (ed.), op. cit., p. 114 y ss.

28 PRESEDO, op. cit., p. 43.

29 JUAN DE BICLARA, Chron., a. 570, 571, 572 (ed. CARDELLE, CCSL, CLXXII A, Turnhout, Brepols, 2001, pp. 62 y ss.; PL, t. LXXII, col. 864; MGH, AA. AA., XI, Chronica Minora (saec. IV, V,VI, VII )(II), ed. MOMMSEN, Berlín, 1894, p. 212 y ss.; ed. Irene ARIAS, Cuadernos de Historia de España, X (1948), p. 131 y ss.). También A. RUCQUOI, Histoire Médiévale de la Péninsule Ibérique, Paris, Seuil, 1993, p. 37;         [ Links ] COLLINS, La España Visigoda.., p. 49.También DÍAZ, op. cit., pp. 46 y ss.; ORLANDIS, Historia del reino…, p. 66.

30 M. VALLEJO, Bizancio y la España Tardoantigua (ss. V-VIII): un capítulo de historia mediterránea, Alcalá, Universidad de Alcalá de Henares, 1993, p. 475 y ss.         [ Links ]; P. D. KING, Derecho y Sociedad en el reino visigodo, Madrid, Alianza, 1981 (1972), p. 31;         [ Links ] GOUBERT, op. cit., p. 15; J. N. HILLGARTH, "Historiography in visigothic Spain", en Settimane di Studi Sull'Alto Medioevo, Centro Italiano di Studi sull' Alto Medioevo, Spoleto, Vol. XVII: La Storiografia Alto Medievale, 1970, p. 270;         [ Links ] J. FONTAINE, "Conversion et culture chez les wisigoths d'Espagne", en Settimane di Studi Sull'Alto Medioevo. La conversione al Cristianessimo nell' Europa dell' Alto Medioevo, Spoleto, Centro Italiano di Studi sull' Alto Medioevo, 1967, p. 102;         [ Links ] SAYAS ABENGOCHEA-GARCÍA MORENO, op. cit., p. 309 y ss. Referencias generales también en R. COLLINS, España en la Alta Edad Media, 400-1000, Barcelona, Crítica, 1986 (1983), p. 71; HEV, pp. 276 y 444 y ss.         [ Links ]; LACARRA, "La península...", p. 235; A. PERTUSI, "Bisanzio e l'irradiazione della sua civiltà in Occidente nell'Alto Medioevo", en Settimane di Studi Sull'Alto Medioevo. Centri e vie di Irradiazione della civiltà nell' Alto Medievo, Spoleto, Centro Italiano di Studi sull' Alto Medioevo, 1964, p. 127;         [ Links ] P. DÍAZ, "Visigothic political institutions", en AA.VV., The Visigoths. From the migration period to the Seventh century, an Etnographic perspective, San Marino, The Boydell Press, 1999, p. 337;         [ Links ] J. ORLANDIS, Historia del reino…, p. 68 y ss.; GARCÍA MORENO, Historia de España Visigoda, p. 114 y ss.; R. IZQUIERDO, "Toledo en época visigoda", en M. CORTÉS (ed.), op. cit., p. 52 y ss.

31 J. ORLANDIS, Historia Social y Económica…, p. 147; J. M. LACARRA, "Panorama de la historia urbana en la península Ibérica desde el siglo V al X", en: Settimane di Studi Sull'Alto Medioevo. La Città nell' Alto Medioevo, Spoleto, Centro Italiano di Studi sull' Alto Medioevo, 1959, pp. 319-357;         [ Links ] H. SCHLUNK, "Relaciones entre la península Ibérica y Bizancio durante la época visigoda", Archivo Español de Arqueología, XVIII (1945), p. 191.         [ Links ]

32 RUCQUOI, op. cit., p. 38.

33 SAN ISIDORO, Historia de Regibus Gothorum, Wandalorum et Suevorum, 51 (PL, t. LXXXIII, col. 1071; MGH, AA. AA., XI, Chronica Minora (saec. IV, V, VI, VII) (II), ed. MOMMSEN, Berlín, 1894, p. 288; Las Historias de los godos vándalos y suevos, ed. de C. Rodríguez Alonso, León, Archivo Histórico Diocesano de León, 1975, p. 258): "         [ Links ]...primusque inter suos regali ueste opertus solio resedit, nam ante eum et habitus et consenssus communis ut genti, ita et regibus erat". Véase también KING, op. cit., p. 43; GOUBERT, op. cit., p. 15; SAYAS ABENGOCHEA-GARCÍA MORENO, op. cit., p. 311 y ss.; PRESEDO, op. cit., p. 156.

34 J. ARCE, "Ceremonial visigodo/ Ceremonial "bizantino": un tópico historiográfico", en PÉREZ y P. BÁDENAS (eds.), op .cit., p. 105.

35 Ibid., p. 112.

36 Véase también TEJA, op. cit., p. 116 y ss.

37 Véase GARCÍA MORENO, Historia de España Visigoda, p. 120.

38 Ibid.; VALLEJO, Bizancio y la España..., p. 168 y ss.; FONTAINE, "Isidoro de Sevilla frente a...", p. 33; SCHLUNK, op. cit., p. 191.

39 PRESEDO, op. cit., p. 43.

40 GARCÍA MORENO, Historia de España Visigoda, p. 120; VALLEJO, Bizancio y la España..., p. 168 y ss.

41 PRESEDO, op. cit., p. 155.

42 Véanse las subscriptiones del III Concilio de Toledo, en J. MANSI, Sacrorum Conciliorum Nova et Amplissima Collectio, Florencia, 1763, vol. IX, col. 1000.         [ Links ] Cfr. SAYAS ABENGOCHEA- GARCÍA MORENO, op. cit., p. 325; J. VILELLA, "Gregorio Magno e Hispania", Studia Ephemeridis Augustinianum, 33 (1991), p. 174.         [ Links ]

43 Véase SAYAS ABENGOCHEA-GARCÍA MORENO, op. cit., p. 318 y ss.

44 SAN ISIDORO, Hist. Goth., 51 (PL, t. LXXIII, col. 1071; ed. Mommsen, p. 288; ed. Rodríguez Alonso, p. 259); Juan de Biclara, Chron., a. 578 (PL, t. LXXII, col. 866; ed. Mommsen, p. 215).

45 Véase GARCÍA MORENO, Historia de España Visigoda, p. 120; VALLEJO, Bizancio y la España..., p. 177 y ss.; ARCE, op. cit., p. 115; GOUBERT, op. cit., pp. 15 y 50 y ss.; KING, op. cit., p. 31, n. 67; FONTAINE, Isidoro de Sevilla. Génesis y..., p. 76. Véase también F. FERNÁNDEZ, "Aportación al estudio de Recópolis", Archivo español de arqueología, 55 (1982), 119-136, esp. p. 133: "         [ Links ]Las dimensiones de Recópolis intentaron ser explicadas por el Biclarense con el empleo de términos como "moenia" y "suburbana", pues aunque Leovigildo fundara otras ciudades, ninguna tuvo las dimensiones de Recópolis. Incluso se podría dar paso a la consideración de una "bizantinización" del reino visigodo en el siglo VI (…). Dietrich Claude, quien expone en su artículo la idea de la "bizantinización" del reino visigodo, llega a comparar Recópolis con Justiniana Prima, obra del emperador bizantino [Justiniano]".

46 COLLINS, La España Visigoda..., pp. 52-53.

47 SAN ISIDORO, Chron., A.M. 5813 (PL, t. LXXXIII, col. 1056; MGH, AA.AA., XI, Chronica Minora (saec. IV, V, VI, VII) (II), ed. Mommsen, Berlín, 1894, p. 480; la ed. de Martín no incluye el pasaje 416a). Véase el interesante análisis de GARCÍA MORENO, Historia de España Visigoda, p. 148: "La efeméride -considerada por Isidoro digna de ser consignada en su suscinta Chronica Mundi- era un paso más en la imitación constantinopolitana de la Urbs regia toletana. Pues la basílica dedicada a la hasta entonces insignificante mártir local... [se hizo] a imitación así de la Hagia Sophiaconstantinopolitana. La religiosidad así de Sisebuto se nos presenta más que como algo sentido en la intimidad de su alma como una consecuencia de su concepción monárquica. Pero es que, además, ésta debía sentirse muy teñida de esperas escatológicas y visiones apocalípticas muy en voga [sic] en el mundo mediterráneo del momento, sometido a la terrible crisis del invasor sasánida de todo el oriente y a los resultados todavía inciertos de la titánica reconquista de Heraclio". El paralelismo entre este emperador y el rey godo no hace más que confirmar que en el reino de Toledo se estaba muy bien informado de los acontecimientos orientales.

48 GARCÍA MORENO, Historia de España Visigoda, p. 112 y ss.; SAYAS ABENGOCHEA-GARCÍA MORENO, op. cit., p. 311 y ss.; COLLINS, España en la Alta..., p. 71; HILLGARTH, "Historiography...", p. 270; P. DÍAZ, et al., Hispania Tardoantigua y Visigoda, Madrid, Istmo, 2007, p. 364 y ss. (Vol. V de la Historia de España dirigida por A. Alvar);         [ Links ] H. WOLFRAM, Histoire des Goths, París, Albin Michel, 1990 (1979), p. 260: "         [ Links ]Le règne de Léovigild vit l'aboutissement d'une évolution qui transforma le regnum wisigoth en un imperium hispanique...".

49 THOMPSON, op. cit., p. 37.

50 Véase VALLEJO, Bizancio y la España..., p. 448 y ss.

51 Véase SAN ISIDORO, De Viris Illustribus, XXXI, 1-6 (ed. de Carmen Codoñer, El De Viris Illustribus de Isidoro de Sevilla. Estudio y Edición Crítica, Salamanca, CSIC, 1964, p. 151).         [ Links ] En otras ediciones figura como el cap. XLIV, 62; PL, t. LXXXIII, col. 1105. También la ed. de H. Flórez, España Sagrada, Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1859, vol. 5, apéndice V, p. 446.

52 J. CAMPOS, Juan de Biclaro, obispo de Gerona. Su vida y su obra, Madrid, CSIC, 1960, p. 17.         [ Links ]

53 HILLGARTH, op. cit., p. 267.

54 Por ejemplo COLLINS, España en la Alta Edad Media…, p. 62 y ss., donde se sostiene que Juan vivió en Constantinopla entre 562 y 579, lo cual difiere de las fechas dadas por otros autores (559-576); J. FONTAINE, "Fins et moyens de l'enseignement ecclésiastique dans l'Espagne wisigothique", en Settimane di Studi Sull'Alto Medioevo. La Scuola nell' Occidente Latino dell' Alto Medioevo, Spoleto, Centro Italiano di Studi sull' Alto Medioevo, 1972, t. I, p. 158;         [ Links ] HEV, pp. XXIV y 457. Hay quienes proponen también dieciséis años: MALLEROS, El Imperio…, p. 116; THOMPSON, op. cit., p. 97. Más recientemente -aunque recordemos que la obra original es de 1954- se inclina también por diecisiete años, PRESEDO, op. cit., pp. 101 y 135.

55 Por ejemplo: COLLINS, La España..., pp. 48 y 152; FONTAINE, "Conversion et culture...", p. 106; SAYAS ABENGOCHEA-GARCÍA MORENO, op. cit., p. 308; S. TOVAR, Biografía de la lengua griega, Santiago de Chile, Centro de Estudios Bizantinos y Neohelénicos de la Universidad de Chile, 1990, p. 71.         [ Links ] HILLGARTH, en su artículo ya citado, frente a tan divididas opiniones, señala que el Biclarense habría estado, al menos, nueve años en Constantinopla, entre 568 y 577. LACARRA ("Panorama de la historia urbana…", p. 334), F. LOT (El fin del Mundo Antiguo y los comienzos de la Edad Media, México D.F., UTEHA, 1956, p. 249) y MUSSET (op.         [ Links ] cit., p. 214), aluden al viaje de este religioso, pero sin señalar fecha alguna.

56 CAMPOS, op. cit., p. 17 y ss.

57 Véase la nota correspondiente a la edición ya citada del De Viris Illustribus a cargo de C. Codoñer. También la "Introducción" de C. CARDELLE DE HARTMANN a la Crónicade Juan de Biclara, op. cit., p. 125*, n. 243.

58 Ibid., p. 125*. También P. GALÁN, El género historiográfico de la chronica. Las crónicas hispanas de época visigoda, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1994, p. 81.         [ Links ] Agreguemos solamente como referencia a COLLINS, La España visigoda..., p. 47, quien señala que "las razones de este viaje no están claras, pero el hecho en sí mismo caracteriza la continua apertura de la sociedad mediterránea durante el siglo VI".

59 "Occubuit Constantinopoli, ueneno (ut ferunt) extinctus ab aemulis...". SAN ISIDORO, De Viris…, XXIX, 6-7 (ed. Codoñer, p. 151; PL, t. LXXXIII, col. 1104; ed. Flórez, p. 446). Véase FONTAINE, "Fins...", p. 158; IDEM, "Conversion...", pp. 99 y 101; GOUBERT, op. cit., p. 27; HEV, p. 448; LACARRA, "Panorama…", p. 344; THOMPSON, op. cit., pp. 35 y 38; VALLEJO, Bizancio y España..., p. 426 y ss., 448; FONTAINE, "Isidoro de Sevilla frente a...", p. 35; ORLANDIS, op. cit., p. 148; RUCQUOI, op. cit., p. 40; PRESEDO, op. cit., p. 101 y ss.

60 Acerca de San Leandro véase SAN ISIDORO, De Viris…, XXVIII (ed. Codoñer, p. 149 y ss.; PL, LXXXIII, col. 1103; ed. Flórez, p. 444). Sobre su viaje, SAN GREGORIO MAGNO, Moralium libri, Exp. in Librum b. Job, I, 1 (PL, t. LXXV, col. 510 y ss.): "Reuerendissimo et sanctissimo fratri Leandro coepiscopo, Gregorius seruum seruorum Dei. Dudum te, frater beatissime, in Constantinopolitana urbe cognoscens, cum me illic sedis apostolicae responsa constringerent, et te illuc injuncta pro causis fidei Uisigothorum legatio perduxisset". Para el texto en castellano, U. DOMÍNGUEZ DEL VAL, Leandro de Sevilla y su lucha contra el arrianismo, Madrid, Ed. Nacional, 1981, p. 416: "         [ Links ]Gregorio, servidor de los siervos de Dios, a su muy reverendo y santo hermano Leandro, colega suyo en el episcopado. Hace ya mucho tiempo, mi bienaventurado hermano, que os conocí en Constantinopla, época en la que los intereses de la Sede Apostólica me retuvieron allí y a donde os había conducido a vosotros la obligación de intervenir a propósito de la fe de los visigodos". En general, véase COLLINS, España en la Alta..., pp. 68, 69, 84; FONTAINE, "Fins...", p. 158; FONTAINE, "Conversion...", p. 100 y ss.; GOUBERT, op. cit., p. 26 y ss.; HILLGARTH, "Historiography...", p. 270; HEV, pp. XXVI y 450; LACARRA, "La península…", p. 242; LACARRA, "Panorama…", p. 334; MUSSET, op. cit., p. 214; J. ORLANDIS, "Gregorio Magno y la España visigodo-bizantina", en Estudios en homenaje a don Claudio Sánchez-Albornoz en sus noventa años, Buenos Aires, Instituto de Historia de España, 1983, vol. I, p. 331; THOMPSON, op. cit., pp. 34, 38 y 82; VALLEJO, Bizancio y la España..., p. 455; VALLEJO, "De exilios y exiliados béticos", Actas del III Congreso de Historia de Andalucía, Córdoba, 2003, tomo IV, p. 306 y ss.         [ Links ]; T.C. LOUNGHIS, Les ambassades byzantines en Occident dépuis la fondation des états barbares jusq'au Croisades (407-1096), Atenas, K. Mihalas, 1980, p. 95;         [ Links ] A. BLANCO FREJEIRO, Historia de Sevilla. La ciudad antigua (de la prehistoria a los visigodos), Sevilla, Universidad de Sevilla, 1984, p. 191;         [ Links ] R. COLLINS, "Merida and Toledo: 550-585", en E. JAMES (ed.), Visigothic Spain: new approaches, Oxford, Clarendon Press, 1980, p. 216 y ss.         [ Links ]; P. GOUBERT, Byzance avant l'Islam, Tome Second: Byzance et l'Occident sous les successeurs de Justinien, II: Rome, Byzance et Carthage, París, A. et J. Picard, 1965, p. 130;         [ Links ] FONTAINE, Isidoro de Sevilla. Génesis y..., p. 76 y ss.; RUCQUOI, op. cit., p. 39; ORLANDIS, Historia Social..., p. 148; A. BRAVO, "La España visigoda y el mundo bizantino: aspectos culturales y teológicos", en M. CORTÉS (ed.), op. cit., p. 140.

61 Véase GARCÍA MORENO, op. cit., p. 124 y ss.; COLLINS, La España Visigoda..., p. 55; PRESEDO, op. cit., p. 48 y ss.; VALLEJO, "Las relaciones políticas entre la España…", p. 95 y ss.

62 GREGORIO DE TOURS , Histoire des Francs, V, 38 (ed. de R. Latouche, París, Les Belles Lettres, 1999, I, p. 301).         [ Links ]

63 Del testimonio de san Gregorio Magno se desprende que eran muchos los hispanorromanos que viajaban por el Mediterr áneo, de modo que los pocos casos que conocemos con identificación clara, con toda seguridad son representativos de un movimiento más amplio. SAN GREGORIO MAGNO, Dialogorum Libri, III, 31: "Sicut multorum qui ab Hispaniarum partibus veniunt relatione cognovimus, super Hermenegildus rex, Leuvigildi regis Wisigothorum filius, ab arriana herese ad catholicam fidem, viro reverentissimo Leandro hispalitano episcopo, dudum mihi in amicitiis familiariter iuncto, praedicante, conversus est" (PL, t. LXXVII, col. 289). Texto en castellano en U. DOMÍNGUEZ DEL VAL, op. cit., p. 434: "Hemos conocido por referencia de muchos que vienen de España cómo el rey Hermenegildo, hijo de Leovigildo rey de los visigodos, hace poco que se ha convertido de laherejía arriana a la fe católica por la predicación del obispo de Sevilla, Leandro, al que estoy unido desde hace algún tiempo en íntima amistad". Véase también PAULO DIACONO, Vita Sancti Gregorii Magni, 8 (PL, t. LXXV, col. 45).

64 Véase SAN ISIDORO, De Viris…, XXVII, 17-19 (ed. Codoñer, p. 149; PL, t. LXXXIII, col. 1102; ed. Flórez, p. 443).

65 Véase GOUBERT, Byzance avant l'Islam, p. 148 y ss.

66 Al menos es lo que sugiere un pasaje de SAN ISIDORO, De Vir. Ill., XXVI, 6-8 (ed. Codoñer, p. 148; PL, t. LXXXIII, col. 1102; ed. Flórez, p. 443). Véase HEV, p. 451. Según HILLGARTH, "Historiography...", p. 270, n. 34, san Leandro podía leer el griego; LACARRA, "La península...", p. 242, por su parte, sostiene que no hay indicios que permitan afirmar tal cosa. Más adelante volveremos sobre el tema del conocimiento del griego entre el clero peninsular.

67 "...ingressus est ad nos quidam ex haeresi acephalorum, natione Syrus, (ut asserit ipse) epicopos..." -J. MANSI, Sacrorum Conciliorum Nova et Amplissima Collectio, Florencia, 1768, vol. X, col. 651-. Para una traducción al castellano de la parte más relevante del canon XII, FONTAINE, Isidoro de Sevilla. Génesis y..., p. 96. Otras referencias en KING, op. cit., p. 222; FONTAINE, "Isidoro de Sevilla frente a...", p. 34 y ss.; VALLEJO, Bizancio y la España..., p. 450; J. FONTAINE, Isidore de Seville et la culture classique dans l'Espagne Wisigothique, París, Édt. Augustiniennes, 1959, vol. II, p. 848.         [ Links ]

68 ¿Predicar acaso su herejía en la Bética? Véase, además de la bibliografía citada en la nota precedente, P. UBIERNA, "Les chrétientés orientales dans la chronique Pseudoisidoriana. Nouveaux apports sur les suriani", Temas Medievales, 14 (2006), p. 223, n. 68: "         [ Links ]L'existence d'une communauté de marchands suriens monophysites serait la raison de la présence d'un évêque "acéphale" au II Concile de Séville en 619".

69 M. VALLEJO, "El exilio bizantino: Hispania y el Mediterráneo occidental (siglos V-VII)", en PÉREZ y BÁDENAS (eds.), op. cit., p. 144 y ss.; VALLEJO, "De exilios y exiliados…", p. 310.

70 FONTAINE, Isidoro de Sevilla. Génesis y..., p. 96.

71 DÍAZ, "En tierra de nadie: visigodos frente a…", p. 58.

72 Ibid., p. 57.

73 FONTAINE, "Fins...", p. 165, n. 33; LACARRA, "La península...", p. 239; ORLANDIS, Historia Social..., p. 146; ORLANDIS, Historia del Reino Visigodo Español, p. 182 y ss.

74 Véase FONTAINE, Isidore de Seville et la culture..., p. 846 y ss.; ORLANDIS, Historia Social..., p. 145; ORLANDIS, Historia del Reino Visigodo Español,p. 249; PRESEDO, op. cit., p. 96.

75 VALLEJO, "Las relaciones políticas entre la España…", p. 93.

76 M. DÍAZ Y DÍAZ, "La cultura en la España visigótica del siglo VII", en: Settimane di Studi Sull'Alto Medioevo. Caratteri del Secolo VII in Occidente, Spoleto, Centro Italiano di Studi sull'Alto Medioevo, 1958, t. II, p. 814;         [ Links ] FONTAINE, "Fins...", p. 165; FONTAINE, "Conversion...", p. 96; HEV, p. 444; LACARRA, "La península…", p. 239; LACARRA, "Panorama…", p. 334; THOMPSON, op. cit., p. 36; VALLEJO, "La rivalidad...", p. 112; VALLEJO, "El exilio bizantino…", p. 140 y ss.; FONTAINE, Isidoro de Sevilla. Génesis..., p. 58; VALLEJO, Bizancio y la España..., p. 458; ORLANDIS, Historia Social y..., p. 50; FONTAINE, Isidore de Seville et la culture..., p. 855 y ss.; ORLANDIS, Historia del Reino Visigodo Español, p. 249; PRESEDO, op. cit., p. 183; BRAVO, op. cit., p. 145.

77 SAN ILDEFONSO DE TOLEDO, Liber de Viris Illustribus, III, 1-6: "Donatus et professione et opere monachus... Hic uiolentias barbararum gentium imminere conspiciens atque ouilis dissipationem et gregis monachorum pericula pertimescens, ferme cum septuaginta monachis copiosisque librorum codicibus nauali uehiculo in Hispaniam commeavit" -ed. de C. CODOÑER, El "De Viris Illvstribvs" de Ildefonso de Toledo. Estudio y Edición Crítica, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1972, p. 121, con traducción al español en p. 122: "Donato, monje por vocación y dedicación… Él, dándose cuenta de que amenazaba la violencia de los pueblos bárbaros, y sintiendo un fuerte temor ante la dispersión de sus ovejas y los peligros de la grey de sus monjes, se trasladó a Hispania por vía marítima, con unos setenta monjes y abundantes códices literarios"-. También en PL, t. XCVI, col. 200; ed. H. Flórez, España Sagrada, Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1859, vol. 5, p. 456 y ss. Agrega Ildefonso que Donato construyó un monasterio y lo dotó de una regla, quizá la de San Agustín, como se pretendió siglos más tarde. Véase J. MARÍN, "Notas preliminares para una relectura de la Regula Agustini", Intus Legere, 2 (1999), p. 33.         [ Links ]

78 HEV, p. 444; LACARRA, "La península…", p. 239; LACARRA, "Panorama…", p. 334; THOMPSON, op. cit., pp. 36 y 99; ORLANDIS, Historia Social y..., p. 49; ORLANDIS, Historia del Reino Visigodo Español, p. 249; PRESEDO, op. cit., p. 183; FONTAINE, Isidore de Seville et la culture..., p. 856; VALLEJO, Bizancio y la España..., p. 458; VALLEJO, "El exilio bizantino…", p. 140 y ss.; BRAVO, op. cit., p. 145.

79 Acerca de Nanctus, Véase Vitas S. Patrum Emeritensium (VSPE), III, 2, 3-6 (ed. de J. GARVIN, The Vitas Sanctorum Patrum Emeritensium, Washington D.C., The Catholic University of America Press, 1946, p. 156; PL, t. LXXX, col. 126; ed. H. FLÓREZ, España Sagrada, Madrid, 1816, vol. 13, p. 343): "...temporibus Leuvigildi Visegothorum regis ab africanis regionibus in provinciam Lusitaniae Nanctus nomine advenisse abbatem..." Agradezco al Prof. Diego Melo, de la Universidad Adolfo Ibáñez, por haberme facilitado una copia de la ya clásica edición de J. Garvin. Existe traducción al español de Isabel VELÁZQUEZ, Vidas de los santos Padres de Mérida, Madrid, Trotta, 2008, p. 66: "…en tiempo del rey de los visigodos Leovigildo, desde las regiones africanas había venido a la provincia de Lusitania un abad llamado Nancto…".

80 FONTAINE, "Conversion...", pp. 94-96; FONTAINE, "Fins...", p. 165; LACARRA, "La península…", p. 240.

81 Significativo es el caso de V íctor Tunonense, exiliado en Egipto, véase SAN ISIDORO, De Vir. Ill., XXV (ed. Codoñer, p. 147; PL, t. LXXXIII, col. 1101; ed. Flórez, p. 442). Véase también VALLEJO, "La rivalidad...", p. 113; IDEM, "El exilio bizantino…", p. 141 y ss.

82 Véase GARCÍA de VALDEAVELLANO, op. cit., p. 213 y ss.; DÍAZ Y DÍAZ, op. cit., p. 841; HEV, pp. 171, 444; LACARRA, "Panorama…", p. 334 y ss.; A. LEWIS, "Mediterranean maritime commerce: A.D. 300-1100. Shipping and Trade", en Settimane di Studi Sull'Alto Medioevo. La Navigazione Mediterranea nell' Alto Medioevo, Spoleto, Centro Italiano di Studi sull' Alto Medioevo, 1978, t. II, p. 488;         [ Links ] MUSSET, op. cit., p. 214; H. PIRENNE, Mahoma y Carlomagno, Madrid, Alianza, 1981 (1957), p. 67 y ss.; SAYAS ABENGOCHEA-GARCÍA MORENO, op. cit., p. 338 y ss.; THOMPSON, op. cit., p. 35 y ss.; ORLANDIS, Historia del Reino Visigodo Español, p. 249; PRESEDO, op. cit., p. 183 y ss.; BRAVO, op. cit., p. 133.

83 VSPE, IV, III, 2 (ed. Garvin, p. 168; ed. Velázquez, p. 73; PL, t. LXXX, col. 131; ed. Flórez, p. 345).

84 F. RETAMERO, "As coins go home: towns, merchants, bishops and kings in visigothic hispania", en AA.VV., The Visigoths..., p. 271; J. M. HOPPE, "La sculpture visigothique et le monde byzantin", en BÁDENAS y EGEA (eds.), op. cit., p. 204; GARCIA de VALDEAVELLANO, op. cit., p. 216 y ss.; WOOD, op. cit., p. 197; SCHLUNK, op. cit., p. 191; COLLINS, "Mérida...", p. 202; ORLANDIS, Historia del Reino Visigodo Español, p. 247 y ss.; PRESEDO, op. cit., p. 97 y ss.

85 COLLINS, "Mérida...", p. 203 y ss.; ORLANDIS, Historia del Reino Visigodo Español, p. 247 ¿Mármol, seda, artesanías, joyas, objetos preciosos, a cambio de plata, aceite, garum y cereales?.

86 VSPE, V, III, 12 (ed. Garvin, p. 196; ed. Vel ázquez, p. 90; PL, t. LXXX, col. 140; ed. Flórez, p. 360): "...in diem sacratissimum paschae quum ad ecclesiam procederet, plurimi pueri clamides olosericas induentes coram eo, quasi coram rege incederent..." [...en el santísimo codía de la Pascua, cuando se dirigía en procesión a la Iglesia, muchos niños vistiendo capas de seda pura caminaban delante de él, como ante un rey....]. Acerca de la riqueza de la iglesia emeritense, se puede consultar L. GARCÍA IGLESIAS, "Las posesiones de la Iglesia Emeritense en época visigoda", Anejos de Gerión, II (1989), 391-401.

87 LACARRA, "Panorama...", p. 339; COLLINS, "Mérida...", p. 197 y ss.; SCHLUNK, op. cit., p. 191; ORLANDIS, Historia Social..., p. 150; A. LAIOU, "Exchange and Trade, Seventh- Twelfth Centuries", en The Economic History of Byzantium. From the Seventh to the Fifteenth Century, Washington D.C., Dumbarton Oaks Studies, 39, 2002, vol. 2, p. 702 y ss.         [ Links ]

88 FONTAINE, "Conversión...", p. 96.

89 RUCQUOI, op. cit., p. 52.

90 VSPE, IV, I, 1-2 (ed. Garvin, p. 160; ed. Velázquez, p. 70; PL, t. LXXX, col. 128; ed. Flórez, p. 345): "Referunt multi sanctum virum nomine Paulum natione graecum arte medicum de Orientis partibus in Emeretensem urbem advenisse" [Refieren muchos que un santo varón de nombre Paulo, griego de origen y médico de profesión, vino de la región de oriente a la ciudad de Mérida].

91 VSPE, IV, III (ed. Garvin, pp. 168-170; ed. Velázquez, p. 73 y ss.; PL, t. LXXX, col. 131; ed. Flórez, p. 348). Acerca de estos dos obispos, en general v. HEV, p. 445; LACARRA, "Panorama...", p. 338; ORLANDIS, Historia Social..., pp. 51 y 149; RETAMERO, op. cit., p. 271; WOOD, op. cit., p. 194 y ss.; SCHLUNK, op. cit., p. 191; COLLINS, "Mérida...", p. 202; RUCQUOI, op. cit., p. 39; FONTAINE, Isidore de Seville et la culture..., p. 846 y ss.; PRESEDO, op. cit., p. 147 y ss.

92 Ibid., p. 50.

93 GARCIA de VALDEAVELLANO, op. cit., p. 216; FONTAINE, "Conversion...", p. 107; HEV, p. 445; U. DOMÍNGUEZ DEL VAL, "Características de la Patrística Hispana en el siglo VII", en La Patrología Toledano Visigoda, Madrid, CSIC, 1970, p. 11.         [ Links ]

94 Véase J. VILELLA, "Le transport maritime des voyageurs et de correspondence entre l'Espagne et l'extérieur pendant l'Antiquité Tardive", Pact, 27 (1990), p. 60 y ss.         [ Links ]

95 PROCOPIO, De bello Vandalico, III, xxiv, 7-12 (ed. de H. B. DEWING, Londres, Harvard University Press, 1961, p. 196 y ss.         [ Links ]). PRESEDO, op. cit., p. 98.

96 IDACIO, Continuatio Chronicorum Hieronymianorum, 177 (MGH, AA. AA., XI, Chronica Minora saec. IV, V, VI, VII (II), ed. Th. MOMMSEN, Berlín, 1894, p. 29: "Orientalium naues Hispalim uenientes per Marciani exercitum caesos Lazas nuntiant". También Chronique (ed. de A. Tranoy, París, Cerf, 1974, Sources Chrétiennes Nº 218, vol. 1, p. 156 y comentario en p. 106). Hay versión en castellano: Julio CAMPOS, Idacio, Obispo de Chaves. Su Cronicón, Salamanca, Calasancias, 1984, p. 107.         [ Links ]

97 FONTAINE, Isidore de Seville et la culture..., p. 832; WOOD, op. cit., p. 194.

98 FONTAINE, Isidoro de Sevilla. Génesis y..., p. 23 y ss.

99 COLLINS, "Mérida...", p. 203

100 FONTAINE, Isidoro de Sevilla. Génesis y..., p. 68 y ss.

101 FONTAINE, Isidore de Seville et la culture..., p. 832.

102 ORLANDIS, Historia Social y...,p. 147.

103 VALLEJO, Bizancio y la España..., p. 450; LACARRA, "Panorama...", p. 335; HOPPE, op.cit., p. 203; SCHLUNK, op. cit., p. 190; ORLANDIS, Historia social y..., p. 147.

104 Véase PRESEDO, op. cit., p. 38.

105 KING, op. cit., p. 223.

106 "Quis quis ardua turrium miraris culmina/ vestibulumq(ue) urbis duplici porta firmatum/ dextra levaq(ue) binos porticos arcos,/ quibus superum ponitur camera curva convexaq(ue):/ Comenciolus sic haec iussit patricius/ missus a Mauricio Aug. contra hostes barbaros,/ magnus virtute magister mil. Spaniae/ sic semper Hispania tali rectore laetetur,/ dum poli rotantur dumq. sol circuit orbem/ Ann.VIII Aug. Ind. VIII". El texto se puede consultar en E. HüBNER, Inscriptiones Hispaniae Christianae, Nueva York, George Olms verlag, 1975, p. 57, nº 176;         [ Links ] J. VIVES, Inscripciones cristianas de la España Romana y Visigoda, Barcelona, CSIC, 1969, p. 126, nº 362.         [ Links ] También en A. PREGO DE LIS, "La inscripción de Comitiolus del Museo Municipal de Arqueología de Cartagena", en Actas de la V Reunió de arqueología cristiana hispánica (Cartagena, 1998), Barcelona, 2000, p. 383 y ss.         [ Links ]; GARCÍA MORENO, "Organización militar…", p. 12, nota 30; M. VALLEJO, "Comentiolus, magister militum Spaniae missus a Mauricio Augusto contra hostes barbaros. The Byzantine Perspective of the Visigothic Conversion to Catholicism", Romanobarbarica, 14 (1996-1997), p. 292, n. 6; VALLEJO, "Las relaciones políticas entre la España…", p. 99; VALLEJO, Bizancio y la España..., p. 234, con traducción al castellano; lo mismo en PRESEDO, op. cit., p. 62 y ss.; así también en Textos y documentos de Historia Antigua, Media y Moderna hasta el siglo XVII, selección de L. GARCÍA MORENO et alt., vol. XI de la Historia de España de M. Tuñón, Barcelona, Labor, 1984, p. 179 y ss.         [ Links ] Una fotografía de la pieza epigráfica en FONTAINE, Isidoro de Sevilla. Génesis y..., p. 394, fig. 35, con traducción al castellano en p. 382 y ss.

107 Según VIVES, op. cit., p. 126, tal vez no se trate del original, dadas las correciones que se advierten en la piedra. PREGO DE LIS, op. cit., p. 383 y ss. señala que en el siglo XVIII la inscripción fue recincelada, alterando el original.

108 Véase L. BRÉHIER, El Mundo Bizantino. Vida y Muerte de Bizancio, México, UTEHA, 1956, p. 37 y n. 193;         [ Links ] HEV, p. 97; LACARRA, "La península…", p. 237; LACARRA, "Panorama…", p. 341; MALLEROS, El imperio…, p. 114; SAYAS ABENGOCHEA-GARCÍA MORENO, op. cit., p. 327; THOMPSON, op. cit., p. 379; P. GOUBERT, Byzance avant l'Islam, II.- Byzance et l'Occident sous les successeurs de Justinien, I: Byzance et les Francs, París, A. et J. Picard, 1955, p. 13.         [ Links ]

109 Véase VALLEJO, "Comentiolus...", p. 291; VILELLA, "Gregorio Magno...", p. 183; VALLEJO, "La rivalidad...", p. 108 y ss.; GARCÍA MORENO, op. cit., p. 140.

110 ISIDORO, Hist. Goth, 54 (PL, t. LXXXIII, col. 1072; ed. Mommsen, p. 290; ed. Rodríguez Alonso, p. 264).

111 SYMM., I, 4, 7; I, 5; I, 6, 1-3; I, 7, 3-6; I, 8, 11; II, 10, 8, etc. (Hemos consultado la siguiente edici ón: The History of Theophylact Simocatta, ed. de Michael y Mary Whitby, Oxford, Clarendon Press, 1997).

112 THEOPHANES, Chron., A.M. 6076, 6092, 6093 (The Chronicle of Theophanes Confessor. Byzantine and Near Eastern History A.D. 284-813, ed. de Cyril Mango y Roger Scott, Oxford, Clarendon Press, 1997, pp. 376, 4403, 408). Véase también P. GOUBERT, Byzance avant l'Islam, I.-Byzance et l'Orient sous les successeurs de Justinien. L'Empereur Maurice, París, A. et J. Picard, 1951, p. 116 y ss.         [ Links ]

113 Véase A. KAZHDAN (ed.), The Oxford Dictionary of Byzantium, Oxford, Oxford University Press, 1991, vol. II, p. 1138 y ss.         [ Links ]

114 GREG., Epist XIII, 47, 7 (MGH, Epist., II, ed. HARTMANN, Berlín, 1890, p. 411; PL, t. LXXVII, col. 1295).

115 VILELLA, "Gregorio Magno...", p. 181 y ss.

116 Ibid., p. 184.

117 GOUBERT, "Byzance et l'Espagne...", p. 64 y ss.

118 Véase VALLEJO, "Commentiolus...", p. 291 y s., n. 5; ORLANDIS, "Gregorio Magno...", p. 342 y ss.

119 SYMM, Hist., I, 7, 4 y I, 8, 11, entre otros pasajes (ed. Whitby, pp. 29-31); THEOPH., Chron., A.M. 6079 (ed. Mango, p. 376).

120 SYMM., Hist., I, 4,7 (ed. Whitby, p. 25)

121 THEOPH., Chron., A.M. 6092 y 6093 (ed. Mango, pp. 403-408).

122 Véase también VILELLA, "Gregorio Magno y...", p. 343.

123 PRESEDO, op. cit., pp. 62-77, donde analiza en detalle el caso de Comencíolo.

124 Véase ORLANDIS, "Gregorio Magno y...", p. 343.

125 Para elaborar las reflexiones de este apartado, además de las obra ya citadas, nos hemos servido de: CAMPOS, op. cit., p. 55; RODRÍGUEZ ALONSO, "Introducción" a Las Historias de los Godos..., p. 14 y ss.; FONTAINE, "Isidoro de Sevilla frente a...", passim; HEV, passim; VALLEJO, Bizancio y la España..., p. 476 y ss.; VALLEJO, "Commentiolus...", passim; PRESEDO, op. cit., p. 134 y ss.; FONTAINE, Isidoro de Sevilla. Génesis y..., passim; F. GARCÍA ALVAREZ, "Tiempo, religión y política en el «Chronicon» de Ioannis Biclarensis", En la España Medieval, VII (1997), p. 9 y ss.         [ Links ]

126 La expresión es de FONTAINE, San Isidoro de Sevilla. Génesis y originalidad…, p. 66. Véase también J. FONTAINE y P. CAZIER, "Qui a chasse de Carthaginoise Severianus et les siens? Observations sur l'histoire familiale d'Isidoro de Seville", en Estudios en homenaje a don Claudio Sánchez-Albornoz en sus noventa años, pp. 349-400.         [ Links ]

127 DUBLER, op. cit., p. 291 y ss.

128 HEV, p. 451; También TOVAR, op. cit., p. 71.

129 BRAVO, op. cit., p. 143. Las obras de los dos autores aludidos son, respectivamente: "Estudio de la bizantinística en España", Universidad, 16 (1939); "San Isidoro en la pedagogía", Revista española de Pedagogía, 6 (1948).         [ Links ]

130 Véase P. COURCELLE, Les Lettres Grecques en Occident. De Macrobe à Cassiodore, París, de Boccard, 1948, p. 390;         [ Links ] BRAVO, op. cit., p. 140.

131 Véase FONTAINE, Isidore de Seville et la culture..., p. 849 y ss.; DÍAZ Y DÍAZ, Enciclopedismo e Sapere Cristiano tra Tardo-antico e alto Medioevo, Milán, Jaca Book, 1999, p. 125 y ss.         [ Links ], esp. p. 136: "Mostra [Isidoro] una acentuata predilezione per gli accostamenti a vocaboli greci, non perché conoscesse tale lingua, ma perché condivideva l'idea che il greco fosse la più illustre en assoluto, e più armoniosa del latino e di qualsiasi altra"; BLANCO FREJEIRO, op. cit., p. 193; DIAZ Y DIAZ, op. cit., p. 841 y ss.; HILLGARTH, "Historiography...", p. 310, n. 202; DOMINGUEZ DEL VAL, op. cit., p. 18. Cf. P. BADENAS, "Andanzas y peripecias del griego en el medievo occidental", Byzantion Nea Hellás, 22 (2003), p. 90.         [ Links ]

132 SAN ISIDORO, De Vir. Ill., VI (ed. Codoñer, p. 137; PL, t. LXXXIII, col. 1093; ed. Florez, p. 434). LACARRA, "La península Ibérica...", p. 242; FONTAINE, Isidore de Seville et la culture..., p. 849.

133 SAN ILDEFONSO, De Vir. Ill., VIII (ed. Codoñer, p. 129; PL, XCVI, col. 200 y ss.; ed. FLÓREZ, España Sagrada, Madrid, Imprenta de José Rodríguez, 1859, vol. 5, pp. 459-460).

134 Ibid., p. 850.

135 Ibid., p. 850 y ss.

136 SCHLUNK, op. cit., p. 190. También LACARRA, "Panorama...", p. 335.

137 Véase MARTÍN, op. cit., pp. 32*-35*. También J. MARTÍN, "La transmisión del saber durante la Edad Media y la labor filológica", Cuadernos del Marqués de San Adrián, Nº 1 (2001) [http://www.uned.es/ca-tudela/revista/n001/art_2.htm]         [ Links ]: "Isidoro fue un gran compilador, pero no un espíritu original, por lo que tanto en su Crónica como en su Historia de los Godos, son muy pocas las noticias que le debemos a él y que no han sido tomadas de otros autores. Para los últimos años abarcados por su Crónica, entre 590 y 615/6 y luego 626, Isidoro ha debido de servirse de una crónica italiana hoy perdida, además de incluir noticias redactadas por él mismo. En fin, durante la revisión de su Crónica entre el 625 y el 626, Isidoro no añade nuevas fuentes, sino que se limita a añadir más noticias de las mismas fuentes de las que ya se había servido en el a. 615/6, según el procedimiento general en la Antigüedad de alargar los textos con ocasión de su revisión, nunca de abreviarlos".

138 F. CURTA, The Making of the Slavs. History and Archéology of the Lower Danube Region, c. 500-700 A.D., Cambridge, Cambridge University Press, 2001, p. 55, n. 2;         [ Links ] también F. CURTA, "Female dress and "Slavic" Bow Fibulae in Greece", Hesperia, Nº 74 (2005), p. 118;         [ Links ] F. CURTA, "Barbarians in Dark-Age Greece: Slavs or Avars?", en Tsvetelin Stepanov and Veselina Vachkova (eds.), Civitas Divino-Humana. In honorem annorum LX Georgii Bakalov, Sofia, Centar za izsledvaniia na balgarite Tangra TanNakRa IK, 2004, p. 520.         [ Links ]