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Temas medievales

Print version ISSN 0327-5094

Temas mediev. vol.19 no.2 Buenos Aires Dec. 2011

 

Peter HEATHER, Empires and Barbarians: The Fall of Rome and the Birth of Europe, Oxford-Nueva York, Oxford University Press, 2010 (XVII + 734 pp.).

Empires and Barbarians es un nuevo capítulo de una inquietud académica ya casi bicentenaria: la reconfiguración del mapa europeo tras la caída del Imperio Romano. Peter Heather retoma esta vieja discusión, asumiendo la titánica tarea de rehabilitar la teoría de la Völkerwanderung (migración de los pueblos). El autor analiza el fenómeno como catalizador del nacimiento de los primeros Estados europeos, con especial acento en los pueblos eslavos, desde su aparición hasta su cenit político y cultural. Según él declara, el objetivo del libro es mostrar de qué forma, en el surgimiento de una Europa "más o menos reconocible", intervinieron migración y desarrollo cultural, argumentando que ambos fenómenos "deben considerarse juntos y no separadamente como distintas teorías". En el primer capítulo, Migrants and Barbarians, el historiador propone algunas coordenadas básicas, adscribiendo firmemente su trabajo a los estudios sociales y colocándolo en el centro del espectro teórico. A partir de entonces, cuestiona algunas teorías previas sobre el tema, como la que concierne a la invasión y limpieza étnica y algunas explicaciones alternativas al modelo de migración masiva -por ejemplo, la transferencia de élites y el desarrollo cultural-. También se detiene en el problema de la identidad de grupo, repasando desde el modelo de una "milenaria homogeneidad absoluta e invariable", celebrada por las ideologías nacionalistas, hasta la reducción del concepto al campo de lo perceptivo, despojándolo de la necesidad de una expresión material concreta.

En los siguientes capítulos, Heather avanza cronológicamente, estudiando cómo las dinámicas políticas y culturales de los diferentes grupos bárbaros fueron moldeando Europa: los movimientos germánicos sobre la frontera romana desde el siglo II al V de nuestra era, la llegada de los hunos, la expansión franca y anglosajona, culminando con la aparición de los escandinavos y eslavos en el continente hacia los siglos VI y VII, su expansión, desarrollo y hegemonía hacia finales del milenio. En cada caso, el autor analiza la evolución política y cultural, así como los cambios económicos y sociales sufridos por estos grupos a raíz de sus actividades y contactos. Cierra su trabajo describiendo la consolidación de los primeros Estados europeos al final de la era de migraciones a causa de los cambios producidos por éstas. De comienzo a fin, el autor procura demostrar cómo muchas de las teorías desarrolladas para explicar el nacimiento de los 206 Estados europeos fueron ofuscadas por las agendas políticas o los intereses nacionalistas de los investigadores; su afán es particularmente claro en el excelente capítulo que dedica a los eslavos, donde se detiene enumerando las intrigas académicas que colorearon el estudio de este pueblo y las convenientes interpretaciones de sus colegas durante la Guerra Fría.

Como es habitual, Heather trabaja, más que nada, con evidencia arqueológica, abrumándonos por momentos con datos sobre cerámicas, yacimientos y ajuares funerarios. Sin embargo, su investigación no se apoya únicamente en esa ciencia, incluye también documentación lingüística, filológica, química e, incluso, genética. Emplea la evidencia literaria con mesura y cautela ejemplar, argumentando caso a caso su validez. En la medida en que la teoría tradicional (old narrative) se apoyó, durante décadas, en textos literarios, resulta entendible la necesidad del historiador de marginar -en la medida de lo posible- los documentos "oficiales" (por ejemplo, del Imperio Romano), con el fin de escribir su revised narrative sobre el movimiento de los grupos germánicos.

El uso que hace Heather de la evidencia es excelente pero, como él mismo dice "esta no es una historia que pueda ser contada directamente". La frase, empleada para describir la falta de información en torno al surgimiento de la identidad cultural dentro de ciertos grupos germánicos, podría encabezar muchos capítulos de Empires and Barbarians. En casi todas las páginas, encontramos precauciones relativas a la falta de evidencia y frases como "la evidencia es fragmentaria, como poco", "no contamos con evidencia explícita" o "la evidencia no es tan sólida o abundante como quisiéramos". En consecuencia, el historiador se abre camino a través de las lagunas con interpretaciones personales, de una lógica argumentativa impecable pero avaladas únicamente por lo que su sentido común le indica; así, en ocasiones, el autor debe confesar que su razonamiento se basa en "juiciosas suposiciones", "visiones" o "convencimientos personales" que lo llevan incluso a apostar sobre lo que pudo haber pasado allí donde falta evidencia material.

Tras haber leído la mitad de este grueso volumen, uno comienza a preguntarse si Empires and Barbarians no debería llamarse en realidad Barbarians and Barbarians o Barbarians a secas. Si bien el autor busca trazar una historia política, enfocada exclusivamente en germanos, eslavos 207 y escandinavos, fueron griegos y latinos los que definieron "bárbaro" como categoría antropológica y, en la Edad Media, aquellos que recibieron la herencia cultural del Imperio Romano, los que usaron el término para denominar a la multitud de "otros" en el horizonte, que no compartían su identidad religiosa, política y cultural. En función del título del libro, uno podría pensar, por tanto, que las dos perspectivas estarían contempladas; sin embargo, las pocas páginas que el autor dedica -no del todo exclusivamente- a los romanos dejan la impresión de que el imperio fue apenas el decorado del escenario en el que se movieron los pueblos germánicos durante los siglos II al V. Sin duda, como dijimos más arriba, las fuentes escritas cuentan la verdad "oficial" de las grandes potencias políticas y, si bien es loable la intención del historiador por describir la "versión bárbara" de los hechos, es preocupante la parquedad con la que Heather trata a los romanos y las dinastías carolingia y otoniana.

No sólo Carlomagno es un extra en esta historia, también lo es el cristianismo; es ésta una de las ausencias más notables y cuestionables del libro porque, sin duda, la religión representó un papel de cierta relevancia en la "transformación de la Europa bárbara durante el primer milenio A.C." Al leer Empires and Barbarians, uno podría creer que el arrianismo fue un fenómeno trivial y la conversión de Clodoveo, un hecho casi anecdótico y sin ninguna importancia en la unificación de los reinos francos. Son varias las omisiones desconcertantes: a Carlos Martel, el autor le dedica medio párrafo y, a Ricimerio, el suevo arriano que se convirtió en emperador de facto del imperio romano durante el s. V, el llamado "hacedor de reyes", ni siquiera lo menciona.

Uno de los aspectos más desconcertantes del libro, sin embargo, es el humor. Heather salpica su trabajo con apreciaciones irónicas y a veces despiadadas sobre sus colegas ("Kossina - dread founder of culture history") y comentarios humorísticos, algunos de ellos, verdaderamente ocurrentes: "¿con instrucciones así de detalladas, cómo podría uno errarle al objetivo?", se pregunta al repasar unas indicaciones -increíblemente vagas- para llegar a Groenlandia, dadas por un "manual islandés de la Edad Media" (que, dicho sea de paso, no cita). Llama "happy hippies" a los eslavos descriptos por algunos de sus colegas, interesados en retratar a este pueblo como modelo de cortesía con los vecinos y, en general, epítome de todas las 208 virtudes. Encontramos también juegos de palabras y guiños literarios (el quinto capítulo se titula Huns on the run y, un apartado del octavo, Pride and Prejudice). Es también sorprendente la invitación a considerar, por ejemplo, las relaciones políticas internas de las bandas de guerra germánicas "en términos de Hollywood"; así, El Padrino, Los Siete Magníficos e, incluso, la reciente animación Beowulf, sirven para ilustrar diversos puntos. Estas observaciones, sin embargo, son relativas al estilo y no hay que malinterpretarlas: el humor presente en Empires and Barbarians es desconcertante porque, en general, no lo encontramos en textos académicos similares pero, en ningún caso, Heather abusa de la paciencia o inteligencia del lector. Estos paréntesis humorísticos son esporádicos y nunca alteran la narración ni la trivializan; al contrario, refrescan la lectura.

Creemos innecesario detenernos en aspectos formales, como la poco feliz decisión editorial de ubicar los mapas y las notas al final o la naturaleza de estas últimas (no siempre explicativas, sobre todo en cuanto a las fuentes primarias), en general, demasiado extensas, acumulando referencias bibliográficas sobre la información de todo un párrafo e, incluso, página, y que hacen morosa y frustran la lectura de un libro cuya presentación es, al margen de estos detalles, excelente.

Empires and Barbarians es un trabajo formidable, erudito e increíblemente ambicioso; no obstante, amigable con el lector, pues permite una lectura fluida y gratificante. Precavidos sobre el desbalance entre el título y los contenidos, la investigación de Heather es exhaustiva, destinada, por sus características y la profundidad del debate que plantea, a un público si no especialista, al menos familiarizado con el tema. El libro consigue su objetivo en tanto propone una revisión del papel que representaron los movimientos migratorios en la reconfiguración del mapa europeo, desde la caída del imperio romano hasta el final del primer milenio. Sin embargo, dudo que sea la última investigación que se publique sobre el tema, siendo como es este trabajo, audaz, cargado de conjeturas, con ausencias notables y excesivamente confiado en poder aplicar el conocimiento recabado por las ciencias sociales acerca de la migración moderna a un fenómeno ocurrido hace más de mil quinientos años.

Victoria Herrera

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