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Synthesis (La Plata)

versión impresa ISSN 0328-1205

Synthesis (La Plata) v.11  La Plata ene./dic. 2004

 

RESEÑAS

Patricia Cruzalegui Sotelo. La experiencia platónica en la Inglaterra decimonónica. Oviedo: Septem Ediciones, 2002, 520 pp. (traducción del original en catalán a cargo de Pau Gilabert)

Septem Ediciones, editorial universitaria del Principado de Asturias ( www.septemediciones.com; info@septemediciones.com ) acaba de publicar la traducción al castellano de la tesis doctoral de Patricia Cruzalegui Sotelo (Lima 1955- Barcelona 1997), L'experìència platònica en l'Anglaterra del dinou, publicada por PPU en 1998. Como dice el tópico, toda traducción implica traición y, sin embargo, como traductor mi intención ha sido ser fiel hasta el escrúpulo, convencido como estoy de que, sólo así, el lector puede recibir lo que la Dra. Cruzalegui siempre quiso darle: información, análisis rigurosos, coincidencias y discrepancias con otros grandes investigadores/as del siglo XIX inglés, hipótesis y tesis personales; en suma, todo cuanto es exigible de un trabajo académico riguroso, escrito además de una forma amena antes que solemne, instructiva antes que didáctica, diacrónica sin olvidar la sincronía allí donde "lo exige el guión", y, si se me permite la osadía platónica, escrito "bellamente".
No creo equivocarme si me aventuro a sugerir que, al tiempo que la Dra. Cruzalegui nos habla de un buen número de ilustres decimonónicos ingleses como J. S. Mill, W. Pater y, sobre todo, George Grote, convencidos todos ellos de que el mejor Platón -o el binomio Sócrates-Platón- es el de los diálogos de indagación, de búsqueda, de duda y de protagórico relativismo, ella misma se inclina por una redacción de su tesis donde no falta en verdad el "criterio" final -sólidamente construido en su caso como fruto de una excelente formación universitaria-, pero donde abundan igualmente los matices, las dudas y las tesis que no son sino hipótesis orgullosas de serlo. Se inclina, en resumidas cuentas, por una redacción repleta de sugerencias interesantes que permiten al lector librarse del tormento demasiado frecuente de una lectura pasiva y resignada.
Como traductor me planteé, naturalmente, si debía traducir o no la ingente cantidad de textos en inglés que la tesis contiene. Y no lo hice, porque no se trata tan sólo de las citas insoslayables en cualquier trabajo académico, sino la mayoría de las veces del engarce, hábil, ingenioso y de nuevo ameno de análisis propios con referencias múltiples repletas de términos ingleses, cuya concisión o amplitud semántica convenía no adulterar. También en este caso, pues, he sido fiel a aquello en lo que Patricia Cruzalegui creyó siempre: la formación y preparación real del lector, que, contrariamente a lo que sucede a menudo, conviene no cuestionar. Es cierto que, cuando analiza el platonismo romántico, la semántica de los términos se enriquece con un "plus" poético que a todos nos pone a prueba, pero ahí están sus minuciosas explicaciones para guiarnos en todo momento.
Otra de las características destacables de este trabajo es su intención manifiesta de no presentarnos lisa y llanamente a personajes sobresalientes de la intelectualidad británica decimonónica en su "aproximación a" y "asimilación del" legado platónico, sino de reconstruirlos en su contexto sociopolítico y cultural -lato sensu- de una manera a mi juicio magistral. Del mismo modo que es usual valorar también la calidad de una película por su buena o excelente ambientación, así también P. Cruzalegui consigue presentar en nuestra pantalla cerebral, acicateada por la lectura de su estudio, la imagen nítida, bien de un amplio período cultural, bien de un evento concreto, de personajes y sus circunstancias -como diría Ortega-, de movimientos y corrientes culturales con sus causas y consecuencias, hasta llegar a reproducirnos el ambiente de una velada de la que derivan no pocas páginas ilustres del platonismo decimonónico y victoriano.
Con todo, la ambientación no es un fin, naturalmente, sino tan sólo un medio. El objetivo real de la Dra. Cruzalegui es que el lector pueda asistir, como si de un salto en el tiempo se tratara, a brillantes y complejas discusiones intelectuales entre personajes de primera talla. Si gracias a su paciente investigación nos anuncia que asistiremos al diálogo del historiador británico de Grecia por excelencia, G. Grote, con los eruditos más especializados de la crítica germana, Zeller por ejemplo, eso quiere decir que será exactamente así, que asistiremos a un debate en primera línea, pertrechados de toda la información necesaria, antecedentes y derivaciones incluidas, y jamás hurtándonos su propia y a veces arriesgada valoración personal. O podemos asistir igualmente, página tras página, a lo que podría calificarse de diálogo interior en la persona del gran traductor victoriano de Platón, Benjamin Jowett, sacando a la luz las autocorrecciones, revisiones y todo tipo de cambios introducidos en sus tres ediciones de los diálogos, sin que el ilustre don del Balliol College de Oxford pudiera sospechar jamás que una tenaz investigadora del siglo XX como la Dra. Cruzalegui revelaría además serias contradicciones que él nunca descubrió, sin que por ello dejemos de percibir en ningún momento que, más allá de los deberes ineludibles de la crítica académica, el investigador puede dejarse fascinar, ¡y mucho!, por el personaje analizado.
¿Cuál es el contenido de esta tesis? Sorprende ver que Patricia Cruzalegui no desfalleciera ante el reto autoimpuesto que significaba el análisis "enamorado" de todo un siglo de platonismo británico. Otros sin duda hubieran abandonado el proyecto o, simplemente, jamás se lo hubieran planteado, o, en todo caso, hubieran rebajado drásticamente sus pretensiones iniciales. Pero los trabajos anteriores de P. Cruzalegui, en especial su tesis de licenciatura sobre "El platonismo romántico de Shelley" bajo la dirección del Dr. José María Valverde, la habían forjado como lo que era en realidad, una investigadora incansable, insensible al desaliento, verdadera encarnación ella misma de una amante platónica del saber.
Pues bien, el resultado lo tenemos aquí, en este libro que ahora reseñamos y
a)  gracias al cual constatamos que parte de la sensibilidad decimonónica inglesa "romantizó" a Platón, creando así un platonismo despojado al máximo de racionalismo y marcado por el entusiasmo o inspiración divina, a la manera del Fedro platónico, y despertando a su vez la alarma de cuantos, en un país positivista, empirista y utilitarista como Inglaterra, creían que, sin el contrapeso de la filosofía aristotélica, los platonistas se convertían en auténticos visionarios. Éste es, en efecto, el platonismo de Thomas Taylor, el primer gran traductor inglés de Platón, con un pie todavía en el siglo XVIII, quien, como afirma sin ambages la Dra. Cruzalegui, reinventó a Platón, convirtiéndolo en un mistagogo o iniciador de mentes selectas y sensiblidades más sutiles aún. Traductor de Proclo y Ficino, él mismo llamado "the English Ficino" y "the Modern Plethon" -en alusión al filósofo bizantino- creó en realidad un Platón neoplatónico que, en lugar de indagar, "pontifica" usando un lenguaje oscuro y complicado apto tan sólo para un pequeño círculo de iniciados. De Thomas Taylor dependen en grado diverso el platonismo romántico de Coleridge, que integró el pensamiento filosófico platónico en el mundo de la imaginación poética; el platonismo romántico de Wordsworth quien, al hablar de una reminiscencia de verdades que el alma conoció antes de la encarnación, evidencia un platonismo intuido, el de la anámnesis platónica, al que llegó por vía indirecta merced a su relación estrecha con Coleridge; y de Thomas Taylor depende también el platonismo romántico de Shelley, verdadero paradigma de poeta y razonador que alcanzó el ideal de Novalis, esto es, concebir la Filosofía como el "poema de la inteligencia", de tal suerte que la imagen platónica de la caverna, por ejemplo, inspira o subyace en muchas de sus más celebradas imágenes poéticas.
b)  de la mano de P. Cruzalegui asistimos a la, si se me permite el término, "sofistización" de Platón que G. Grote llevó a cabo en su History of Greece y, sobre todo, en Plato and the Other Companions of Sokrates, es decir, los sofistas Protágoras, Hipias, Pródico, Critias, etc. Los elogios de Grote se circunscriben en este caso al Sócrates y al Platón investigadores e indagadores ansiosos de la verdad, dialogantes impenitentes, profesionales de la duda y del realitivismo protagórico, partidarios de lógos, entendido también como pronunciamiento intelectual, y de su contrario, la antilogía , contrapunto necesario a la tentación dogmática. Gracias a esta tesis, pues, y presentándolo como corolario de lo que significaron los estudios de Grote, contactamos paradójicamente con el platonismo más dogmático y autoritario, el que abandona la indagación constante como si de una parálisis intelectual se tratara, para ofrecer un modelo ideal de Estado y entronizar la Ley. Como es harto sabido, el influjo de Platón en la Cultura Occidental ha sido enorme, de modo que la Dra. Cuzalegui nos guía igualmente por la crítica abundante a su pensamiento hasta llegar a K. Popper y su The Open Society and its Enemies, y abre incluso la caja de Pandora al no descartar el influjo cultural, y sólo cultural, que las veleidades eugenésicas del gran filósofo de Atenas ejercieron en la locura nazi de la Segunda Guerra Mundial.
c)  fruto también de la aventura inglesa de P. Cruzalegui, de sus frecuentes y largas estancias en Oxford, Londres, etc. y de su decidido zambullirse en el marasmo de los Jowett Papers del Balliol College, el enjambre de documentos del gran traductor victoriano de Platón, asistimos en primera línea a una de las operaciones intelectuales más importantes y de mayor repercusión en la Inglaterra decimonónica: "la "victorianización" de Platón o, lo que es lo mismo, la voluntad expresa de convertirlo en referente y modelo de educación moral, pero ajeno según él al dogmatismo excesivo de la Teología, y conseguir así, moldeándola con su ayuda, la mejor clase dirigente de un país orgulloso como la Inglaterra Imperial que se cree llamada a una alta misión civilizadora.
d)  a la sutileza investigadora de la Dra. Cruzalegui le debemos la nítida comprensión del no menos sutil y refinado "platonismo sensual" de W. Pater, de su erotismo estetizante, el de Plato and Platonism, convencido de que los sentidos, no menos que el alma, tienen también misterios que revelar, lo que a su vez implica un giro en la valoración de la filosofía platónica desde la inefable abstracción del espíritu hacia la voluptuosidad deliberada y sutil de la sensibilidad. El genio de Platón consistió, en suma, en combinar la dimensión espiritual de la filosofía con su otra dimensión estética y erotizante.
e)  gracias a esta inteligente tesis vemos con claridad diáfana la enorme contradicción que supuso pedir a quienes vivían en el mundo masculino de los colleges, estudiantes y también profesores, que hicieran caso omiso de la exaltación homoerótica de los diálogos platónicos que leían en las aulas, El Banquete, El Fedro, etc. para evitar así the unspeakable vice of the Greeks, cuando es harto evidente que las respetabilísimas instituciones pedagógicas del país, desde los internados a los colleges universitarios no hacían sino instaurar la "homosociabilidad", fomentar múltiples y sinceros casos de "homoerotismo" -de verdadero amor y estimación entre estudiantes o entre estudiantes y profesores-, y provocar casos inevitables de "homosexualidad", que era justo lo que, paradójicamente, se pretendía evitar. Todo un complejo mundo, en suma, al que el mundo contemporáneo ha abierto los ojos -y nunca mejor dicho- merced en la mayoría de los casos a adaptaciones cinematográficas de novelas homónimas. Me refiero a películas tan conocidas como If de Lindsay Anderson, Another Country de Marek Kanievska, Maurice de James Ivory, Brideshead Revisited de Charles Sturridge, incluso Shadowlands de Richard Attenborough y, por supuesto, El último viaje de Robert Rylands de Gracia Querejeta, entre otras.
f)  gracias a esta tesis constatamos con pesar como quienes mejor capacitados estaban para conocer de primera mano la naturaleza misógina del discurso pederástico griego -y, por descontado, de diálogos platónicos tan significativos en este campo como de nuevo El Banquete y El Fedro-, incurren de hecho en el mismo error que ya cometiera Platón en La República, donde establece ya que la mujer debe recibir la misma educación que el hombre, aunque en realidad la considera inferior e incapaz de alcanzar el grado de excelencia intelectual del hombre. Pocas mujeres habrán sido tan exaltadas como la augusta, digna, venerable y casta -aunque madre- mujer victoriana, a quien se le pide la ablación pura y simple de toda sensualidad, considerándola en el fondo no apta para la discusión intelectual y la acción, de tal suerte que ella no puede ser la auténtica compañera y amiga del varón. Efectivamente, no olvidemos que V. Woolf todavía tuvo que hacerse valer entre sus compañeros de Bloomsbury, y que Charlotte Barlett, la institutriz genuinamente victoriana de A Room with a View de E. M. Forster, explica a su prima Lucy Honeychurch que los hombres veneran y honran a las mujeres cuando éstas les han preparado una buena cena, aunque ellas, claro está, preferirían menos devoción y más consideración auténtica.
g)  gracias a este libro podemos comprender la disidencia platónica del gran humanista oxoniense John Addington Symonds, frustrado y dolido ante la exigencia de una pureza castrante, la del clásico "amor platónico", que él descubre dolorosamente como "asesino" implacable de la dimensión humana del éros. Su propia vivencia de la homosexualidad, aunque tardía, le permite atesorar al fin la experiencia físicoespiritual del amor, indisoluble en su doble composición, que tanto anhelaba.
h) gracias por último a P. Cruzalegui y en lo tocante al en tantos aspectos platónico O. Wilde, tenemos la oportunidad de abandonar la ya archiconocida crónica escandalosa que le acompañó, para sumergirnos en las interioridades del examen de conciencia personal del De profundis y escuchar las sinceras lamentaciones del insigne esteta por no haber sabido cumplir, como amante griego que se sentía, los deberes pedagógicos o de conducción a la virtud de su amado Lord Alfred Douglas, tal como exigía un amor que finalmente osó decir su nombre -pese a las consecuencias-, pero que fracasó en el cumplimiento de sus deberes más elementales.
En suma: un estudio excelente en el ámbito de la "Tradición Clásica" que, a pesar de centrarse en un tema y país concretos, tiene un planteamiento y redacción capaz de despertar el interés general.

Pau Gilabert

Universitat de Barcelona