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Synthesis (La Plata)

versión On-line ISSN 1851-779X

Synthesis (La Plata) vol.16  La Plata set. 2009

 

RESEÑAS

SIMONE WEIL (José Luis y María Teresa Escartín Trads.). La fuente griega, Trotta, Madrid, 2005. 158 pp.

Adrián Ferrero

Universidad Nacional de La Plata

Una cultura tan remota y rica en matices y significados, de tal relevancia para la configuración posterior de lo que sería la así llamada "Cultura Occidental", no puede sino allegarse a nuestros días sino fragmentariamente y a través de múltiples mediaciones, operaciones de intervención sobre dichos materiales, sean textos, monumentos, testimonios, en fin, de esa fructífera época. Cuando me refiero a la riqueza no aludo necesariamente a ideales de felicidad y dicha, equitativos, sanos y saludables para la totalidad de la población griega, sino a grados de relevancia en la influencia sobre la contemporaneidad y el pasado más remoto y más reciente de dicha cultura así llamada helénica.
Ahora bien ¿cómo salva la autora el riesgo de anacronismo de toda interpretación del pasado, así como el de usurpación de sentido de todo texto ajeno propio de la crítica literaria y filosófica, al que se suma la filológica en este caso? ¿cómo admitir las felonías de una cultura vistas desde la nuestra? En principio con un calibrado y hondo conocimiento del tema que aborda así como de un abordaje respetuoso y no unidireccional, autoritario. Más urde la posibilidad de un sentido entre otros, cuya apertura deja en suspenso.
El presente volumen no fue publicado como tal, esto es, como una decisión autorial totalizante. Es, en cambio, una construcción producto de la reunión de una serie de textos cuya afinidad evidente (el versar sobre la literatura y la filosofía griegas, con el consentido y declarado afán de "popularizarla" más aún que la francesa contemporánea a la de la autora de estas páginas) ha posibilitado el hecho editorial de su conformación.
Pero ¿acaso todo texto, sea libro, volumen, artículo, investigación, no se constituye en un gesto proclive a las posibilidades y permisos de las lógicas enunciativas de su época y a un afán que lo organiza como globalidad en tanto que núcleo de sentido, de dicciones y contradicciones de un mismo autor o autora, de atribuciones falsas o verdaderas, de manipulaciones anteriores o posteriores a su escritura y la vida y muerte de su creador o creadora? Los textos, los sabemos por Foucault, son funciones que la Historia admite o repudia, impulsa o imposibilita según la etapa por la que atraviesa y según el sujeto enunciador y su posición en el macrocosmos social.
Se trata de un corpus de textos muy heterogéneos, emanados de una egresada de la carrera de Filosofía de la Sorbonne, donde los tres se diploman, fallecida a los treinta y cuatro años pero de resplandeciente y prolífica obra, llamativamente compleja y madura pese a su prematura muerte. Se trata de Simone Weil, frente a quien sus compañeros de estudios Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre se sentían "intimidados por su severidad y austeridad", según han declarado ambos filósofos y escritores de ficción.
Profundamente admiradora de las figuras de la antigüedad clásica griega, de sus textos canónicos, en especial de la Ilíada, esto es, su épica guerra, por considerarla una obra cuyo centro es "la fuerza manejada por los hombres", Weil hominiza a los dioses y a Dios, según su cosmovisión, y deifica a los hombres y mujeres.Asiste con perplejidad tanto como con devoción y sacralidad al espectáculo de las obras helénicas y post-helénicas, al nacimiento de la escritura sistemática, la pedagogía, la dramaturgia asociada a las justas y a lo sagrado, pero, afirmaría yo, su intención es en principio subrayar la calidad, la relevancia, la honda significación de estos textos y quienes detrás de ellos latieron, brindando su tiempo, su energía y su fuerza para hacerlos posibles. La presente cita dará la pauta de su cosmovisión del texto de Homero: "En la Ilíada los hombres no están divididos en vencidos, esclavos y suplicantes, por un lado, y vencedores y jefes por otro; no hay en ella un solo hombre que no se vea, en algún momento, obligado a doblegarse bajo la fuerza" (p. 22). Como vemos, Weil más que trazar distinciones hurga tras los conceptos unitivos, aquello que se universal traza y dibuja un texto de la esencia de epopeya griega.
La intención de Weil es clara: volver inteligible, legible como texto y como significación social para las masas populares un tipo de cultura confinada tristemente a la academia y ciertos favorecidos en vez de desplegarse hacia "du peuple", "les gens", para utilizar sus palabras. De modo que se trata más que un trabajo académico, que de hecho también cumple ese requisito, un tipo de intervención discursiva orientada a difundir, divulgar, en torno de públicos y lectorados más amplios y prismáticamente amplios, los cimientos de lo que ella considera más relevante ser conocido. Para ello no duda en traducir por sí misma, interpretar, criticar, discutir, discernir, inhibir y promover discursos consagrados, lo sabemos, por siglos de autoridades y custodios.
El corpus es tanto literario como filosófico, insiste en una hermeneusis que aborda esos textos no con el ánimo de volverlos más enigmáticos, más secretos, más aristocráticos, en el sentido griego del término, sino de restituirles el sentido primigenio de textos escritos para ser leídos que todo texto porta como significado implícito, más allá de que las multitudes estén exentas de ese privilegio.
El libro se inicia paratextualmente con un prólogo aclaratorio del traductor/editor donde de alguna manera explicita las condiciones de producción, el contexto por cierto problemático y no exento de dilemas y desvelos de este material semántico, así como la intencionalidad claramente pedagógica crítica de la autora.
Investido de presente, de nuevas lecturas y nuevos significados, esos textos podríamos decir metafóricamente que renacen, como si fueran rebautizados y lanzados al universo custodiados por un ojo contemporáneo que los sacude de lo recóndito y los reviste de un carácter incisivo, como un espejo en el que poder contemplar dilemas, estigmas, problemáticas y asuntos profundamente afincados en esa actualidad.
Precisamente, experimentado como privilegio, el ostentar la sabiduría de las lenguas clásicas y, en particular del griego clásico, la vuelven una mediadora capaz de situarse en el origen y de transportar, mediante el discurso moderno, a los significados sociales a una actualidad que ella considera las merece y las necesita, las demanda y las requiere como textos fundantes de la modernidad y, agregaríamos según los recientes y últimos debates, la postmodernidad.
Ausente de los debates sobre las etimologías o las formalidades, Weil va al centro de las cosas: su vigencia, su trascendentalidad, la que percibe en la sacralidad de textos politeístas y son la punta del hilo del monoteísmo de ese entonces, en el que escribe, como un episodio que trasunta y pone en evidente la misma historicidad humana, nuestra condición de seres temporales, atravesados por la física, el curso los astros, la bioquímica. Esas cosmogonías que pone en vinculación la vuelven alguien que ejerce un tipo de comparatismo avant la lettre, pero también una forma de poner en contacto, en comunicación, en interacción, trazos de la cultura, públicos, que mediante su escritura y sus intervenciones editoriales por cierto aisladas y fragmentarias que son interpelados sin subestimación ni prejuicios.
A la altura de las circunstancias, Weil les habla a las masas o a los públicos, si así se prefiere, en virtud de lo restringido de los lectores de libros y revistas intelectuales, del modo que todo ser humano merece: respetuoso, directo, amable, gentil sin perder en ese itinerario ni precisión ni erudición ni justeza, e instala un debate en torno de lo que mucho más tarde desvelaría a los intelectuales bajo la forma de distinciones conceptuales netamente polémicas, conceptualmente distinguibles bajo los lexemas de "cultura popular", "cultura de masas" y "alta cultura".
Este libro y algunos de sus artículos, además de neutralizar pero evidenciar la ya mencionada dilemática opción entre alta cultura o cultura aristocrática, culta, para minorías y cultura de masas o popular, pone sobre el tapete en la mayoría de los trabajos la universalidad del destino humano, su carácter mortal, dependiente de circunstancias no voluntariamente elegidas, así como la valentía con que unos pocos osan afrontar las coyunturas, las crisis, las desavenencias y adversidades con que dicho destino nos castiga o nos premia, de modo siempre ambiguo.
Otros autores analizados en los estudios de Simone Weil son Sófocles, los presocráticos, Platón y, especialmente, son de destacar sus notas sobre Cleantes, Ferécides, Anaximandro y Filolao.
Si bien el libro, como decíamos más arriba, se constituye en "una construcción editorial" y una decisión ajena a la autora, que no lo concibió como tal, sí es posible advertir por detrás de la idea de compilar estos textos, una intencionalidad atenta a la semiosis de los textos griegos clásicos, sea literarios, sea filosóficos, esto es, una preocupación latente que puede ahora volverse tangible como materia e inteligible como textualidad totalizante: la de libro.
La cultura humana, leída desde el presente hacia atrás es interpretable como un campo geológico, con capas superpuestas donde ideas, textualidades, conceptos, polémicas, han litigado o bien han trazado alianzas recíprocas. Este libro es un mapa posible, entre otros, ora de esa batalla, ora de esa paz, donde el poder de decir, de callar, de acallar, de nombrar y ser nombrado organiza el futuro que vendrá.

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