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Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani

versión On-line ISSN 1850-2563

Bol. Inst. Hist. Argent. Am. Dr. Emilio Ravignani  n.25 Buenos Aires ene./jul. 2002

 

La concentración de la agricultura entre 1937 y 1988 : El Corn Belt y la pampa maicera argentina

Javier Balsa*

* UNLP-CONICET

"En el largo plazo", se dice, "estaremos todos muertos". Pero no siempre. Para el largo plazo del pasado, nosotros somos el resultado. Estamos aquí, ahora. Nuestro presente es el producto de todas aquellas tendencias de largo y corto término hasta la actualidad.
R. Wimberley
, Trends and dimensions in U. S. agricultural structure.

RESUMEN

En el presente artículo comparamos la evolución del tamaño de las explotaciones agropecuarias y de la superficie que controlaban, en el Corn Belt norteamericano y la zona predominantemente agrícola de la pampa argentina. En primer lugar, cotejamos las estructuras para fines de los años treinta y, luego, analizamos su evolución durante los siguientes cincuenta años. Para ello trabajamos no sólo con la información censal, sino con los informes técnicos de las estaciones experimentales de ambas regiones. Por último, incorporamos algunas hipótesis sobre los diversos factores que pudieron haber incidido sobre el proceso de concentración.

Palabras clave: Agricultura; Concentración; Argentina; Estados Unidos; Comparación

ABSTRACT

This article compares the evolution of farm size and the acreage they occupied in U.S.' Corn Belt and the Agricultural Zone of the Argentine Pampas. The first part devotes to the contrast between both regions in the late thirties. Then, there is an analysis of their evolution during the following fifty years. Along with census data, technical reports of the Agricultural Experiment Stations of both regions were used. Finally, some hypotheses dealing with the factors that could have influenced in the concentration process were introduced.

Key words: Agriculture; Concentration; Argentina; United States; Comparison

En este artículo nos proponemos comparar la evolución, a partir de fines de los años treinta, del tamaño de las explotaciones agropecuarias y de la superficie que controlaban, en las dos áreas de mayor aptitud para la agricultura cerealera del continente americano: el Corn Belt norteamericano y la zona predominantemente agrícola de la pampa argentina.

Comparar el proceso de concentración es nuestro primer objetivo de un proyecto que busca investigar distintos aspectos del desarrollo capitalista en el agro de estas dos regiones, que presentan importantes similitudes a pesar de tener, también, marcadas diferencias. En efecto, por una parte, poseen suelos y climas entre los más aptos del mundo para el cultivo del maíz y de la soja; asimismo, recién a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, esta actividad agrícola se desarrolló con plenitud, y en ambos casos la producción se organizó en torno a unidades familiares de escalas mucho más importantes que las que poseían los campesinos europeos.1 En cambio presentan importantes asimetrías en cuanto al contexto nacional en el que se enmarcan estos desarrollos agrarios: la primera potencia económica mundial, por un lado, y un país dependiente de desarrollo intermedio, por el otro. Además, sin lugar a dudas, la diferencia histórica básica de ambos desarrollos agrarios es el patrón de distribución de la propiedad de la tierra al inicio de la expansión agrícola. Más allá de la existencia de especuladores privados, empresas ferroviarias y algunos terratenientes capitalistas, la mayor parte de la tierra de los estados del Corn Belt norteamericano fue repartida en lotes de 160 acres (65 hectáreas)2 o en todo caso de 320 acres, como ocuparon los primeros colonos.3 Por el contrario, en la región pampeana la mayor parte de las tierras quedaron en manos de unas pocas familias terratenientes.4 Incluso en el norte bonaerense, la propiedad estaba fuertemente concentrada para fines del siglo XIX.5

Partiendo de esta similitud productiva y de sus diferencias iniciales, nos hemos propuesto avanzar sobre dos interrogantes básicos: ¿cómo era la estructura agraria, en términos del tamaño de las explotaciones, al final de la primera expansión productiva (más específicamente hacia 1940)? Y ¿cómo evolucionó durante los siguientes cincuenta años?

Consideramos que este análisis comparativo brinda parámetros para contrastar algunas afirmaciones presentes en la literatura especializada de cada país acerca de la magnitud y las características de los procesos de concentración. Además, la comparación aporta elementos para evaluar en qué medida las economías de tamaño y otros factores técnico-económicos (que aquí se reseñan en un apartado específico) determinaron en el largo plazo la desaparición de las unidades "inviables" y la concentración de la producción en grandes explotaciones. Al respecto, formulamos una serie de hipótesis sobre la incidencia de otro tipo de factores sobre los ritmos y las limitaciones de los procesos de concentración, teniendo presentes las consideraciones teóricas (que sintetizamos a continuación) sobre la relación entre desarrollo capitalista en el agro y concentración productiva.

ALGUNAS CONSIDERACIONES TEÓRICAS

La concentración de la producción y los obstáculos que la frenan constituyen una de las cuestiones más debatidas sobre el desarrollo capitalista en el agro. Kautsky señaló que, además de la posibilidad de aplicar plenamente los avances tecnológicos, la ventaja más importante que se obtiene de la gran empresa es la capacidad de utilizar la división del trabajo entre manual e intelectual, habilitando una "dirección científica" de la explotación. Sin embargo, el propio Kautsky también analizó los obstáculos que existen para la expansión de las grandes unidades agrícolas. Entre ellos destacó que la acumulación ampliada, a diferencia del sector industrial (donde habitualmente precede la concentración), necesita, en el agro, de un proceso previo de concentración debido a su base territorial: para poder constituir grandes explotaciones es necesario que desaparezca, previamente, un elevado número de pequeñas unidades.6 Por lo tanto, mientras el pequeño productor pueda resistir, se constituye en un obstáculo a la concentración capitalista, especialmente si posee la propiedad de su predio.7 En este sentido, la capacidad de los productores familiares de sustraerse a una dinámica completamente capitalista –tal como lo planteó Kautsky y más recientemente Friedmann–8 puede permitirles resistir la tendencia a la concentración, especialmente si el tamaño de su predio no eleva sustancialmente sus costos de producción en relación con las grandes unidades. Al respecto, Madden ha considerado que las explotaciones con un tamaño menor al óptimo no estaban necesariamente forzadas a salir de la producción.9 Además, el incremento de tamaño de las explotaciones agropecuarias es frecuentemente limitado por la incertidumbre y las dificultades de coordinación que aumentan en las explotaciones mayores. En consonancia con estas afirmaciones, Reinhardt y Barlett sostienen que la competitividad de las explotaciones familiares deriva de la interacción de una serie de factores: existencia de deseconomías de escala, límites a la especialización de las tareas, diferente cálculo de los costos y efectos benéficos del ciclo familiar.10

Como vemos, una serie de cuestiones obstaculizan el proceso de concentración en el agro, que no depende entonces simplemente de la innovación tecnológica ni de los movimientos de precios relativos. Entre estas cuestiones podemos mencionar los distintos tipos de tenencia del suelo: una estructura de tenencia con predominio de la propiedad, en principio, dificulta el proceso de concentración (excepto las crisis de las unidades hipotecadas que la facilitarían); en cambio, el arriendo pareciera ser una forma de tenencia más flexible, y su uso permitiría una adaptación más rápida a los requerimientos de las economías de tamaño. También las formas de producción y los tipos de racionalidad económica inciden en los procesos de concentración. Las formas de producción basadas en el trabajo familiar, con una racionalidad más sustantiva en torno a la preservación de la explotación y de un modo de vida rural, y con el objetivo de mantenerse como actores relativamente "independientes" (en el sentido de no tener un patrón ),11 promoverían un desarrollo rural menos favorable a la concentración en unas pocas unidades. Al contrario, formas basadas en el trabajo asalariado y en el cálculo racional de todos los costos de oportunidad de los factores impulsarían la concentración.12 Tampoco debe olvidarse que, para permitir este proceso, es necesaria la existencia, en un momento histórico determinado, no sólo de capitalistas interesados en este tipo de inversiones sino también de un elevado número de individuos preparados para hacerse cargo del gerenciamiento y organización de las tareas agropecuarias de grandes unidades, y que estén dispuestos a trabajar como contratados y no prefieran (o no puedan, por los requerimientos de capital) tentar suerte como productores independientes. Aunque, cabe aclarar que la mayoría de las reflexiones teóricas han dejado de lado esta importante cuestión de la oferta de mano de obra calificada para las tareas gerenciales en el agro. Por último, podemos mencionar la incidencia de las políticas agrarias, que han tenido gran influencia en acelerar o retardar los procesos de concentración.

RECORTE ESPACIAL Y METODOLOGÍA

Hemos acotado la investigación a dos zonas con las áreas de mayor especialización en la agricultura maicera: los Estados de Illinois y de Iowa para el Corn Belt norteamericano, y la zona norte de la provincia de Buenos Aires13 para la región pampeana. Hemos seleccionado estas áreas, a pesar del tamaño desigual que presentan (zona norte: 22.012 km2, Illinois: 146.076 km2 y Iowa: 145.752 km2), ya que históricamente han tenido un uso del suelo relativamente similar: alrededor de dos tercios de la superficie dedicados a cultivos para cosecha. Incluso, dentro de ellos se destaca el maíz en ambos espacios, con un crecimiento de la soja a lo largo de todo el período.

Nuestra metodología ha sido la confrontación de los datos censales sobre la cantidad y superficie de los diferentes tamaños de explotaciones entre 1937 y 1988, prolongando en algunos casos las reflexiones hasta fines del siglo XX. Las fuentes básicas de este trabajo son los Censos Nacionales Agropecuarios de 1937, 1947, 1960, 1969 y 1988 y los Census of Agriculture de 1940, 1950, 1959, 1969, 1979, 1987 y 1997 (todos los gráficos y cuadros se han basado en estas fuentes). Existen importantes diferencias metodológicas entre estos censos, tal como han sido detalladamente analizadas por Azcuy Ameghino.14 En lo que respecta a la comparación de los procesos de concentración, la primera dificultad es que los intervalos de tamaño no coinciden exactamente –unos medidos en acres y otros en hectáreas–. Ni siquiera dentro de un mismo país se respetaron los mismos cortes a lo largo del tiempo. Para solucionar este problema se han elegido los cortes más similares. Así por ejemplo, el primer intervalo que utilizamos es el de hasta 25 hectáreas o hasta 70 acres (equivalentes a 28 hectáreas). No hemos ajustado los intervalos hasta hacerlos coincidentes a través de estimaciones, no sólo por dificultades con algunos supuestos necesarios para ello, sino principalmente porque buscamos mostrar diferencias sustantivas y no discrepancias menores. Para esto alcanza con las grandes disparidades que se visualizan en los gráficos, más allá de pequeñas disimilitudes en las escalas. Tampoco las metodologías de relevamiento y de cómputo fueron coincidentes ni en ambos países ni a lo largo del tiempo; sin embargo, consideramos que las tendencias centrales que surgen no se deben a estos cambios metodológicos sino a transformaciones reales.

Por otra parte, para considerar las economías de escala y otras dificultades económicas de los pequeños y medianos productores de ambas regiones, hemos consultado las publicaciones de las estaciones agrícolas experimentales de Illinois, Iowa, Michigan, Minnesota, Missouri, Indiana y Wisconsin, y de la estación experimental regional agropecuaria de Pergamino, así como otras publicaciones del INTA y de AACREA, desde los años treinta hasta la actualidad.

LOS PROCESOS DE CONCENTRACIÓN SEGÚN LOS ENFOQUES ELABORADOS PARA CADA PAÍS

En relación con la agricultura norteamericana,15 muchos trabajos hacen hincapié en la fuerte concentración que habría ocurrido a partir de los años cuarenta.16 Destacan la notoria reducción en la cantidad de explotaciones agropecuarias que tuvo lugar a partir de entonces: de 6,8 millones en 1935 a 2,2 millones en 1985.17 Si bien a partir de los setenta pareció vislumbrarse cierta disminución en la tendencia decreciente,18 durante los años ochenta la caída de los precios agrícolas golpeó duramente a los productores, muchos de los cuales se habían endeudado durante los setenta.19 El precio de la hectárea se redujo casi tres veces, y un elevado número de explotaciones fueron rematadas.20 Sin embargo, incluso en el estado de Iowa, donde la desaparición de explotaciones fue la más fuerte, esta reducción fue más suave que la ocurrida en los sesenta.21

En cuanto a la distribución espacial de la concentración, se ha encontrado que la reducción en el número de explotaciones disminuye de importancia de este a oeste.22 En lo que respecta al tamaño de las explotaciones, las reducciones han sido más intensas en las unidades de menos de 100 acres (40,5 hectáreas), mientras aumentaba el número de las de más de 1.000 acres. En la Región Central Noreste el número de unidades también se incrementó notoriamente en el intervalo de 400 a 1.000 acres.23 Además, se ha destacado la concentración de la producción hacia las unidades de mayor volumen de ventas.24 También se ha sostenido que a partir de 1940 hubo una concentración del capital dentro de la agricultura: un sector donde la pequeña producción mercantil había sido dominante, estaría en una transición hacia una agricultura capitalista plena.25 Se ha destacado, por ejemplo, que el tamaño medio de las explotaciones norteamericanas pasó de 155 acres (63 hectáreas) en 1935, a 417 acres (169 hectáreas) para 1974. La contracara de este proceso sería la proletarización de la población agraria: entre esas fechas se había cuadruplicado la proporción de productores que debían salir a trabajar fuera de su propia explotación más de cien días al año.26 Esta situación ha llevado a caracterizar el agro norteamericano como tendiente a una estructura dual: grandes unidades capitalistas y pequeñas explotaciones que en realidad se van reduciendo a meras residencias rurales de asalariados. Gladwin lo conceptualiza como semiproletarización: se han transformado los productores mercantiles simples en agricultores part time, que pueden resistir como un sector relativamente marginal en la producción agrícola global, con un bajo nivel de adopción de nuevas tecnologías, reducido endeudamiento, sin comprar tierras, y con mayor proporción de ingresos provenientes de fuera de su propia explotación.27 Esta semiproletarización habría afectado a los pequeños productores ya antes de fines de los sesenta y estaría golpeando (en los ochenta) a los mid-size family farms,28 aunque Gladwin aclara que este proceso podría tomar más de una generación. En este sentido, esta autora retoma el análisis de Cochrane, para quien en 1985 más del 70% de los productores norteamericanos tenían pequeñas explotaciones con ventas brutas anuales de entre 1.000 y 39.999 dólares, cuya sumatoria sólo alcanzaba al 13% del total. Ellos eran clasificados como farmers, pero de hecho hacían poca agricultura: el esposo, la esposa o ambos trabajaban en un empleo urbano. También el trabajo urbano representaba más de la mitad de los ingresos netos de las familias en explotaciones "medias", con ventas de entre 40.000 y 99.999 dólares.29

Existe otra línea de pensamiento que, reflexionando desde distintos marcos conceptuales, no encuentra tan evidente la tendencia hacia una bipolarización de la agricultura norteamericana. Más bien sostiene que tiene lugar una relativa superviviencia de las explotaciones basadas fundamentalmente en el trabajo familiar.30 En este sentido, Gilbert y Barnes, luego de estudiar en panel la evolución entre 1950 y 1975 de una muestra de explotaciones de Wisconsin, concluyen que a pesar de que la mayoría de las family farms tuvo que abandonar el sector, la forma de producción basada en el trabajo familiar se "reprodujo" con un número menor de unidades.31 Esto está en consonancia con el planteo de Friedmann, en el sentido de que el aumento en el tamaño de los medios de producción no debe ser tomado como signo de una transformación, esto es, del reemplazo de una forma de producción por otra.32 Precisamente Madden analizó que la difusión de innovaciones tecnológicas (que permitían la producción eficiente de explotaciones cada vez mayores con unos pocos trabajadores) había abierto la posibilidad de que unidades productivas de tamaños medianos fueran operadas exclusivamente por la mano de obra familiar.33 Estas unidades medias serían las que más se expandieron durante el período estudiado.34

Dentro de esta perspectiva, Salamon ha encontrado dos tipos de productores con diferentes motivaciones (que tienen su raíz en diferencias étnicas, según sus orígenes inmigratorios): yeoman y entrepreneur. Las características de los primeros les habrían permitido continuar con sus explotaciones a pesar de las adversidades, y de este modo se explica buena parte de la persistencia de la mediana explotación en el Corn Belt.35 Más aun Barlett, a partir de su estudio de caso de un condado de Georgia (orientado a la producción de granos y ganado, relativamente similar al Midwest), sostiene que la desaparición de las family farms es un mito. Demuestra que las unidades muy grandes tuvieron mayores dificultades durante la crisis de los años ochenta, de modo que no encuentra una tendencia hacia las large scale industrial-type farms.36

Según esta línea argumental, la concentración se habría desarrollado sobre la base de la unidad familiar y, por lo tanto, las grandes explotaciones no habrían alcanzado un peso significativo.37

En cuanto al agro pampeano, todos los especialistas coinciden en que presentó un patrón inicial muy concentrado no sólo en la propiedad (por cierto muy intenso), sino también en las unidades de producción. El desarrollo de la agricultura habría incidido, durante el período 1914-1937, en un proceso de desconcentración que afectó el latifundio ganadero en favor de un fuerte crecimiento cuantitativo de las explotaciones familiares capitalizadas y de las pequeñas y medianas empresas no familiares ni latifundistas, dedicadas total o parcialmente a la agricultura.38 Sin embargo, la mayor parte de la tierra permaneció en propiedad de los terratenientes, que la entregaban en arriendo o en aparcería.39

Según Barsky y Pucciarelli, durante el período siguiente (1939-1967) la liquidación de las formas de arriendo tradicional provocó un fuerte movimiento de éxodo hacia la ciudad, pero también fue acompañado por una tendencia contrastante de signo opuesto: el acceso a la propiedad de la tierra por parte de ex arrendatarios favorecidos tanto por la legislación agraria como por la política crediticia implantada en la década del cuarenta. Se agudizó el movimiento de subdivisión que afectaba a las grandes unidades de producción de más de 5.000 hectáreas; un grupo que perdió el 30% de la dotación de tierras controlada a fines de la década del treinta, en favor de las unidades de 1.000 a 5.000 hectáreas.40 Slutzky sostiene que durante este período el desarrollo capitalista produjo un proceso de concentración que significó una disminución de la clase media rural, un aumento de la participación de los asalariados en la fuerza de trabajo y una mayor mecanización. Sin negar la existencia de un proceso de adquisición de la tierra por los antiguos arrendatarios, Slutzky destaca el proceso inverso, del abandono o desalojo de la explotación para dar lugar a la reconstitución de unidades de mayor dimensión en manos de los propietarios originales.41 Llovet señala que en estos años se produjo una fuerte crisis de las explotaciones menores a 100 hectáreas, que afectó especialmente a la zona maicera al desplazarse los umbrales de operación. Esta crisis, aunque golpeó más duramente a los arrendatarios y aparceros, habría afectado a todos los pequeños productores familiares.42

Todos los especialistas han coincidido en afirmar que la expansión agrícola de los años setenta y ochenta habría conllevado a la crisis de las pequeñas explotaciones e incluso de muchas medianas.43 Las condiciones de producción agrícola se modificaron notoriamente a partir de los años setenta, afectando la estructura social agraria. En primer término, los requerimientos de capital y extensión de las explotaciones, para un completo aprovechamiento de las innovaciones tecnológicas, habrían hecho muy difícil la situación a los pequeños productores agropecuarios.44 En segundo término, el contexto económico de alta inflación, la caída de los precios ganaderos y las altas tasas de interés también habrían jugado en contra de la estabilidad de estos productores.45 Finalmente este cuadro económico se vio agravado por el retroceso del Estado en su papel de promotor de inversiones y apoyo a los pequeños productores y por las políticas cambiarias e impositivas.46 Otros autores destacan el lugar que tuvo la cúpula terrateniente en la expansión agrícola, articulando la producción con la especulación financiera. De este modo, habrían consolidado (e incluso incrementado) el espacio que ocupaban en el agro regional, aumentando la concentración de la propiedad de la tierra.47 Durante los noventa se agudizó el proceso de concentración, a partir de viejos y nuevos actores, al elevarse la escala necesaria para la reproducción de las explotaciones.48 En un análisis comparativo realizado entre los resultados del Censo Agropecuario Experimental de Pergamino, de 1999, y los datos censales de 1988, se ha encontrado que el número de explotaciones se redujo en un 24%.49 Por otra parte, se destaca la concentración de la producción en base al arrendamiento a muy corto plazo de un conjunto de propiedades de menor dimensión. Este fenómeno ha ido adquiriendo cada vez mayor importancia y sería encabezado por dos tipos de agentes: por un lado, los grandes contratistas, y por otro, los "pools de siembra".50

Hasta aquí los numerosos enfoques producidos para cada país. Mucho más escasas resultan las reflexiones comparativas entre ambos escenarios,51 a pesar de que el agro norteamericano se mantuvo siempre como un punto central de comparación para los argentinos.52 Encontramos referencias comparativas aisladas en algunos estudios agrarios. Así Taylor, en su análisis de la vida rural en Argentina, señala ocasionales diferencias con el agro del norteamericano.53 Barsky destaca el retroceso tecnológico argentino frente al agro norteamericano entre otros países, especialmente en los años cuarenta y comienzos de los cincuenta.54 Este autor, en otro trabajo, señala que en el agro pampeano la crisis que sufrieron los agricultores en los setenta y ochenta no se había traducido en un fenómeno de quiebras masivas y rápida concentración (como sí habría ocurrido en los Estados Unidos, donde los productores fuertemente endeudados vieron perder sus unidades): en el caso argentino las dificultades se expresaban en la imposibilidad de renovar los equipos de maquinarias, descapitalizándose, pero no generándose normalmente la pérdida de la propiedad de la tierra.55 Por su parte, Azcuy Ameghino menciona que en los noventa, durante la vigencia de la convertibilidad, habrían desaparecido cerca de un tercio de las explotaciones agrarias de la región pampeana, mientras que en el mismo período, en la zona núcleo del agro estadounidense, la eliminación de farms alcanzó el 5,9%.56 Este autor es el único que se aboca a un estudio comparativo muy cuidadoso de las estructuras agrarias del Corn Belt y la región pampeana a fines de los años ochenta.57 En su trabajo, coteja Iowa (con algunas referencias a Kansas) y la provincia de Buenos Aires, focalizando luego sobre la zona norte de esta última y los condados más agrícolas de Iowa. Esta investigación trabaja de un modo sincrónico sobre un único momento histórico (1987/1988) e incluye un reprocesamiento del censo agropecuario de 1988, a fin de hacer idénticos los intervalos de tamaño argentinos con los de Estados Unidos.

Como hemos visto, existen varios trabajos que analizan la concentración de la producción agrícola y sus ritmos durante el siglo XX tanto en la Argentina como en los Estados Unidos. Sin embargo, consideramos que los análisis ganarían solidez y se podrían resolver algunas de las controversias existentes si se avanzase en el estudio comparativo de ambos desarrollos. Para ello, comenzamos el análisis con la confrontación de la estructura existente al final de los años treinta en el Corn Belt y en la pampa maicera bonaerense.

LA SITUACIÓN A FINES DE LOS AÑOS TREINTA

No sólo el patrón de distribución inicial de la tierra había sido muy diferente entre ambas regiones (tal como ya hemos comentado), sino que las tendencias durante las primeras décadas del siglo XX fueron claramente distintas. En el Corn Belt se desarrolló cierto proceso de concentración de la producción, mientras que en la pampa maicera encontramos desconcentración. En Iowa, si bien entre 1850 y 1870 el tamaño medio de las explotaciones había descendido58 y luego se había estabilizado (después de un pequeño aumento en la década de 1880, el tamaño medio se estabilizó en torno a los 156 acres), a partir de 1920 se desarrollaron procesos de consolidation, fusión de pequeñas unidades con otras de tamaño mediano. Entre 1920 y 1945 se redujo fuertemente la cantidad de unidades de 50 a 174 acres, mientras que creció el número de las explotaciones mayores a los 260 acres, y especialmente las de más de 500 acres.59 Por su parte en Illinois el tamaño medio se elevó de 124 acres en 1900 a 145 acres en 1940, y llegó a 173 acres en 1955. Durante estos 55 años se duplicó el número de unidades mayores a 500 acres, mientras que las reducciones más significativas ocurrían en el intervalo de 50 a 99 acres.60

En el caso de la zona norte de la provincia de Buenos Aires, no se ha detectado un proceso de concentración sino más bien una desconcentración: entre 1914 y 1937 las unidades de más de 1.000 hectáreas perdieron un 20% de la superficie total agropecuaria, y la mayor parte se dirigió al estrato de explotaciones de 100 a 500 hectáreas.61

Pero ¿hasta qué punto estas tendencias disímiles llegaron a borrar las notorias diferencias iniciales? Una primera aproximación a los datos censales disponibles para realizar la comparación pareciera indicar que al final de los años treinta no había grandes diferencias entre ambas zonas: la proporción de explotaciones por intervalos de tamaño es relativamente similar, tal como puede observarse en el gráfico 1.

Gráfico 1: Explotaciones según tamaño, 1937/1940

Sin embargo, al cotejar los tamaños medios de las explotaciones encontramos que este promedio era mucho mayor en el norte de Buenos Aires (99 hectáreas) que en los dos estados norteamericanos (59 hectáreas en Illinois y 65 hectáreas en Iowa). La causa de esta discrepancia en las medias se debe al peso de las grandes explotaciones en la pampa maicera. Si bien eran escasas en número –en relación con el total de unidades–, las explotaciones de más de 625 hectáreas concentraban alrededor del 28% de la superficie de la zona,62 tal como puede verse en el gráfico 2. Merece destacarse que la zona norte de la provincia de Buenos Aires era una de las subregiones pampeanas con menor peso entre las explotaciones de gran extensión. 63 Mientras tanto, en ambos Estados del Corn Belt las unidades con más de 405 hectáreas (1.000 acres) apenas poseían el uno por ciento del área estadual.

Gráfico 2: Superficie según tamaño, 1937/1939

En Illinois y Iowa las explotaciones de 28 a 105 hectáreas daban cuenta de dos tercios de la superficie agropecuaria (destacándose el peso de las explotaciones menores a 73 hectáreas). Se confirma así el éxito del modelo jeffersoniano de las mid-size farm, que se tradujo en el Midwest en la venta de predios de 160 acres (65 hectáreas). 64 A partir de este punto de partida se habría logrado consolidar un desarrollo agrario basado en la pequeña producción mercantil.65 Mientras tanto, el estrato equivalente para el caso pampeano detentaba sólo un 30% del área, constituyendo las clásicas pequeñas explotaciones maiceras,66 la mayoría de las cuales se basaban en la aparcería de predios que estaban en manos de grandes terratenientes.67 Otro elemento de contraste con el Corn Belt era la importancia de las unidades medianas-grandes: las explotaciones de 200 a 625 hectáreas detentaban el 16% de la superficie total. Por su parte, Taylor destacaba que las explotaciones de la pampa maicera, en arriendo de 150 a 300 acres (61 a 122 hectáreas) y con un tamaño medio de 260 acres, eran de "gran escala en comparación con las del Corn Belt norteamericano". También señalaba la diferencia con Iowa en la presencia de grandes estancias ganaderas –resabios de un período puramente ganadero– en medio de los campos agrícolas.68

Esta mayor concentración se revela también en las curvas de Lorenz, que detallan la relación entre el porcentaje de explotaciones ordenadas según su tamaño, y la superficie que acumulaban (gráfico 3). Se puede observar que la primera mitad de las explotaciones (esto es, las de menor tamaño) tenían sólo una octava parte de la superficie agropecuaria del norte bonaerense, mientras que la primera mitad daba cuenta de una cuarta parte de Iowa y una quinta parte de Illinois. En el otro extremo, el 5% de mayor tamaño detentaba el 40% de la pampa maicera, pero sólo el 15% de los Estados del Corn Belt.

Gráfico 3: Explotaciones, 1937/1940

También es posible sintetizar aritméticamente estas diferencias en la distribución de la superficie agraria a través de un coeficiente de desigualdad. La distribución de la superficie era mucho menos equitativa en la pampa maicera: el coeficiente de Gini es del orden del 0,615 para el norte de Buenos Aires, frente al 0,413 para Illinois y el 0,351 para Iowa, bastante más cercano a la igualdad.69 Evidentemente, el éxito del modelo de desarrollo agrario norteamericano no sólo se reflejaba en un mayor acceso a la propiedad del suelo por parte de los productores rurales (en Illinois el 56% de los productores eran propietarios, y en Iowa el 52%, frente a sólo 28% en el norte bonaerense), sino también en una distribución más equitativa de la superficie entre todas las unidades de producción, más allá de su forma de tenencia.

LOS FACTORES QUE ALENTARON LA CONCENTRACIÓN SEGÚN LOS ESTUDIOS AGRONÓMICOS

Durante la segunda mitad del siglo XX tuvo lugar una profunda transformación en las tecnologías de producción agrícola. Sus efectos sobre la estructura agraria fueron rápidamente considerados por los especialistas destacados en las estaciones experimentales del Corn Belt, como así también por los de la estación de Pergamino.

Todos los análisis efectuados en el Corn Belt encontraron que los costos se reducían intensamente al incrementarse la extensión de las unidades. En los trabajos realizados durante los años cincuenta, el tamaño óptimo (la extensión en la cual el costo por unidad de producto es menor) se ubicaba en torno a las 142 hectáreas (350 acres),70 aunque algunas estimaciones que incluían ajustes globales según la relación oferta-demanda llevaban estos tamaños a niveles tres veces superiores.71 En los estudios de los años ochenta, el costo de producción más bajo se encontraban en torno a las 256 hectáreas.72 Sin embargo, los costos de producción por unidad de producto no presentaban grandes diferencias en un amplio rango de tamaños en torno al óptimo. Según los distintos estudios, éstos se elevaban considerablemente por debajo de las 80 a 120 hectáreas, pero por encima de esta escala no diferían significativamente en relación a las explotaciones más grandes. Incluso si se considera que la mayor parte de los pequeños productores computaban el trabajo propio y el de su familia como costo fijo, las unidades de 65 hectáreas se mantenían en un nivel relativamente competitivo,73 pero este requerimiento de tamaño fue aumentando.74

Por otra parte, además del tamaño óptimo, existían limitaciones a la incorporación de maquinaria a las explotaciones: muchas de las nuevas máquinas necesitaban de importantes extensiones para que su compra fuera rentable.75

A los problemas de las economías de escala se agregaban las dificultades que tenían las pequeñas explotaciones, e incluso muchas medianas, para obtener un ingreso que les permitiera a las familias solventar un nivel de vida estándar, ya que los ingresos netos por unidad de producción se fueron reduciendo intensamente a lo largo de las décadas estudiadas. Así, una explotación en el centro de Illinois recibía 3,15 dólares por cada bushel de maíz en 1941-1942; 0,61 dólares en 1959-1960; y sólo 0,12 dólares en 1974-1980, a valores constantes de 1980.76 Varios trabajos han cotejado los ingresos rurales en comparación con los de un asalariado urbano o con los requerimientos para un nivel de vida estándar de un productor rural medio: en general, se evaluó que la extensión mínima para obtener estos ingresos era de 70 a 90 hectáreas (entre 170 y 220 acres),77 y esta superficie era mayor para los años ochenta.78

Una última limitación para que los pequeños productores no quedaran fuera de los avances tecnológicos era el incremento del capital necesario para comenzar una explotación. Así, por ejemplo, a comienzos de los años ochenta una unidad de 300 acres requería de un millón de dólares en inversiones, incluyendo la compra de la tierra.79

En el caso del agro pampeano, las investigaciones son mucho menos numerosas. 80 En líneas generales, entre las 100 y las 200 hectáreas se encontraron importantes reducciones en los costos de producción, evidenciándose un incremento en la escala óptima a lo largo del período analizado.81

Una preocupación recurrente en los estudios argentinos parece haber sido determinar el tamaño necesario para que fuera rentable la incorporación de los avances tecnológicos, especialmente la opción entre compra y contratación de servicios. Se estimó que sólo por encima de las 90 hectáreas era preferible la cosecha mecánica del maíz, en relación con la recolección manual,82 mientras que se calculó en 83 hectáreas el tamaño mínimo para que fuera rentable la cosecha a granel.83 Otro estudio estimó que para menos de 50 hectáreas cultivadas era mejor la contratación del tractor; entre 60 y 125 hectáreas aconsejaba utilizar caballos, y sólo por encima de las 125 hectáreas de maíz o girasol y de las 165 de trigo, lino o sorgo granífero sugería el tractor e implementos propios.84 Por su parte Frank estableció que entre 253 y 326 hectáreas resultaba indiferente la utilización de maquinaria propia o contratada; por debajo de las 253 hectáreas era aconsejable contratar equipos externos, y por encima de las 326, no hacerlo.85

Por otra parte, también se analizaron los problemas que ocasionaba el tamaño en los ingresos de los pequeños y medianos productores. A comienzos de los sesenta se estimó que algo más de la mitad de las explotaciones con 100 a 200 hectáreas "no dispusieron de un remanente para retribuir el trabajo del agricultor, sufragar cuotas de depreciación del capital y afrontar riesgos, una vez descontados los gastos, el valor del trabajo familiar no remunerado y el interés por el capital utilizado".86 Una década más tarde un estudio clasificó como "minifundistas" a los predios que permitían un ingreso menor o igual al del salario de un oficial tractorista, y encontró que se correspondía con las explotaciones de menos de 46 hectáreas (lo que equivale a 99 acres). La mayoría de éstas presentaba una productividad de la tierra similar a las de mayor tamaño.87

Como hemos podido observar, en ambas zonas las economías de tamaño (asociadas al desarrollo tecnológico) y los bajos ingresos que percibían los pequeños productores (al potenciarse la escasa superficie con la indiferenciación productiva y las economías de tamaño) habrían afectado gravemente a las explotaciones por debajo de las 100 hectáreas, e incluso a las de 100 a 200 hectáreas en la pampa maicera. Pero ¿en qué medida estos condicionantes económicos produjeron realmente un proceso de concentración de la producción en ambas regiones?

LA CONCENTRACIÓN HASTA FINES DE LOS AÑOS OCHENTA

Durante los cincuenta años siguientes a 1940 se produjo, en ambas regiones, una fuerte reducción en el número de explotaciones. Encontramos que para fines de los ochenta sólo quedaban alrededor de la mitad de las presentes a fines de los años treinta.

Detrás de esta reducción en el número de explotaciones y del consiguiente aumento del tamaño medio ¿cuál ha sido el cambio en la composición de las unidades? El gráfico 4 permite avanzar en este sentido, a partir de la equiparación del área de los Estados norteamericanos a la superficie del norte bonaerense. La reducción había sido más drástica en los estados del Corn Belt, y especialmente intensa la crisis de las explotaciones de 28 a 105 hectáreas que tanto peso tenían al comienzo del período: sólo quedaba, en 1987, una de cada cuatro de estas unidades presentes en 1940. Resulta entonces evidente la crisis del modelo de la Homestead Act, con sus unidades de 160 acres (65 hectáreas) para el Midwest.88 En cambio, en el norte de Buenos Aires quedaban la mitad de las unidades de esta escala. Cabe recordar que en la pampa bonaerense, al comienzo del período, las explotaciones de 25 a 100 hectáreas tenían una importancia mucho menor que en el Corn Belt. Por lo tanto se arribó a una relativa equiparación en la significación numérica de esta escala de unidades en ambas regiones, constituyendo algo más de un tercio del total de explotaciones (como se observa en el gráfico 4).

Gráfico 4: Explotaciones según tamaño, 1937/1940

Por otra parte, resultó de similar magnitud la reducción en el número de muy pequeñas unidades (menores a las 25 hectáreas): tanto en Illinois como en la pampa norteña quedaron una de cada dos de estas explotaciones presentes en 1937/1940 (en Iowa la reducción fue un tanto menor). En cuanto a las unidades de 100 a 200 hectáreas, observamos que en el norte bonaerense tuvo lugar una reducción significativa (quedó algo más de la mitad), mientras que en Iowa el número de estas explotaciones se incrementó levemente, y en Illinois se redujo sólo un poco. Vemos entonces cómo en el caso de la pampa maicera la concentración afectó a estas unidades medianas de un modo que no ocurrió en el caso norteamericano.

Por último, en las tres zonas estudiadas creció la cantidad de explotaciones mayores a las 200 hectáreas. Sin embargo, este fenómeno fue mucho más intenso en el Corn Belt que en la pampa norteña: en Iowa, por cada unidad de esta escala presente en 1940, había ocho explotaciones en 1987, y en Illinois había siete unidades, mientras que en el norte bonaerense sólo había dos unidades con más de 200 hectáreas por cada explotación presente en 1937. De este modo, la expansión de las unidades más grandes en el Corn Belt (junto con la crisis de las unidades mediano-pequeñas) condujo a cierta igualación en la estructura de ambas zonas, tal como puede observarse comparando las columnas de 1987/1988, del gráfico 4.

Aunque, como hemos visto, para 1987/1988 se habían reducido las diferencias en la distribución de las explotaciones según el tamaño, persistía la asimetría en la importancia territorial de las grandes unidades.89 Como podemos observar en el gráfico 5, las explotaciones con más de 810 hectáreas (más de 2.000 acres) tenían un peso marginal en el agro del Corn Belt, mientras que las mayores a 1.000 hectáreas ocupaban más de un cuarto de la pampa norteña. En cambio, en el Corn Belt eran mucho más importantes las unidades de 50 a 400 hectáreas: concentraban alrededor de dos tercios del área censada, mientras que en la pampa maicera sólo detentaban el 42%.

Gráfico 5. Superficie según tamaño, 1987/88

Un análisis más detallado –obviando las simplificaciones que exige la comparación entre los datos censales de ambos países– permite observar más claramente cómo en el Corn Belt la superficie agropecuaria se había concentrado en las unidades de más de 203 hectáreas (cuadro 1). Este estrato, que en Illinois, en 1940, sólo controlaba el 7% del área, para 1987 tenía más del 60%, y en Iowa el incremento fue del 5% al 50%. En cambio, las explotaciones con menos de 105 hectáreas pasaron de controlar el 67% de Illinois al 18% de la superficie; en Iowa el retroceso fue del 69% al 21%. Entonces, resulta claro el proceso de concentración en favor de las unidades medianas y mediano-grandes: las explotaciones de 203 a 810 hectáreas detentaban en 1987 el 54% de la superficie agraria de Illinois y el 47% de la de Iowa.

Cuadro 1. Distribución de la superficie censal según el tamaño de las explotaciones, Illinois y Iowa

Mientras tanto, en el norte de la provincia de Buenos Aires también se generó un incremento –aunque no tan intenso como en el Corn Belt– de la importancia territorial de las unidades mayores a 200 hectáreas, que pasaron de detentar el 51% de la zona en 194790 al 71% en 1988 (cuadro 2). La mayor parte de este incremento se ubicó en las explotaciones de 400 a 1.000 hectáreas, que captaron un 16% de la superficie total de la zona. Como contracara, las explotaciones de 25 a 200 hectáreas sólo tenían el 26% del área, cuando cuarenta años antes poseían el 46%. Vemos que no sólo perdura un patrón concentrado históricamente, tal como lo destaca Azcuy Ameghino,91 sino que éste se ha incrementado. Sin embargo, entre las grandes unidades tuvo lugar un retroceso en la importancia de las muy extensas: las explotaciones de más de 2.500 hectáreas redujeron en un 10% su peso territorial, confirmando las afirmaciones de Barsky y Pucciarelli92 (una extensión relativamente similar a la que captaron las unidades de 1.000 a 2.500 hectáreas).

Cuadro 2: Distribución de la superficie censal según el tamaño de las explotaciones, norte bonaerense

Como resultado de la concentración que se desarrolló entre 1937/1940 y 1987/ 1988, el nivel de desigualdad se agravó, especialmente en el Corn Belt, aunque continuó siendo más intenso en el norte bonaerense. El coeficiente de Gini para Illinois pasó del 0,413 al 0,549, el de Iowa de 0,351 a 0,494, mientras que en la zona norte se incrementó levemente, de 0,615 a 0,644. En términos gráficos, las curvas de Lorenz muestran más detalladamente esta relación. Comparando el gráfico 6 con el 3 es posible observar que en Illinois la mitad de las explotaciones que tenían menor tamaño, en 1987, detentaban sólo el 12% del área, mientras que en 1940 habían tenido el 21%. En el otro extremo, el 5% de mayor tamaño pasó a ocupar el 24%, mientras que en 1940 había dado cuenta del 16% de la superficie. En el caso de Iowa, la mitad de las explotaciones más pequeñas pasó de controlar el 26% de la superficie a sólo el 15%, al tiempo que el 5% de mayor tamaño llegó a detentar el 19%, frente al 14% que tenían en 1940.

Gráfico 6: Explotaciones, 1987/1988

En el norte de Buenos Aires los cambios fueron de menor magnitud, la primera mitad de las explotaciones pasó de detentar el 12% de la superficie en 1937, al 9% en 1988. En cambio el 5% de las unidades mayores continuó concentrando el extraordinario porcentaje del 40% de la tierra de la zona.

En síntesis, hemos podido constatar un intenso proceso de concentración que generó la desaparición de gran parte de las pequeñas explotaciones, pero que no implicó el desarrollo de las unidades grandes, al menos si consideramos como tales a las de más de 810 o 1.000 hectáreas, que como vimos tenían una notoria significación en la pampa maicera durante todo el período. En cambio, hasta fines de los años ochenta en ambas regiones la concentración se dirigió fundamentalmente hacia las unidades medianas o mediano-grandes, con superficies de 200 a 810/1.000 hectáreas. Cabe aclarar que esto tampoco significó la completa desaparición de las unidades más pequeñas. Aunque la cantidad de explotaciones pequeñas que desaparecieron fue más elevada en el Corn Belt, en 1987 todavía subsistía un importante número de unidades de menos de 100 hectáreas en esta región (en Iowa, por ejemplo, el 57% de las explotaciones tenía este tamaño y daba cuenta del 21% de la superficie agropecuaria). También en el norte bonaerense en 1988, el 60% de las unidades no llegaba a tener 100 hectáreas, aunque aquí ocupaba sólo el 14% del área total.93

LOS RITMOS EN EL PROCESO DE CONCENTRACIÓN

El proceso de concentración presentó algunas disparidades en los ritmos entre ambas regiones, tal como puede observarse en el gráfico 7. En el Corn Belt, la desaparición de unidades productivas fue especialmente brusca en las décadas del cincuenta y del sesenta: para 1969 sólo quedaban en Illinois el 60% de la cantidad de explotaciones presentes en 1940, y en Iowa el 66%. En cambio, esta reducción había sido menor en la zona norte de Buenos Aires, donde las unidades de 1969 representaban el 85% del número existente en 1937.

Gráfico 7: Cantidad de explotaciones, escala semilogarítmica Base 100 = años 1937/1940

La menor concentración de la agricultura en la pampa maicera argentina estaría relacionada con las políticas agrarias que se sucedieron desde 1942 y hasta 1967. En el caso argentino se desarrolló toda una legislación tendiente a evitar el desalojo de los arrendatarios y aparceros. Esto permitió, en general de modo indirecto, que alrededor de la mitad de estos productores accedieran a la propiedad de sus predios.94 En cambio, en el caso norteamericano, si bien se implementaban costosas políticas de auxilio a los productores, al mismo tiempo se proponía el aumento de la escala y se favorecía el abandono de las pequeñas explotaciones (el farm size adjustment, como se titulan varios de los trabajos de las estaciones experimentales del Corn Belt entre los años cuarenta y sesenta). Las políticas de subsidios a los productos agropecuarios no incorporaron ninguna medida que exceptuara a las grandes unidades y, de este modo, atenuara el proceso de concentración. De hecho la favorecía, porque a mayor producción, mayores beneficios.95 La tensión entre los ideales liberales –que promovieron las family farms– y la búsqueda de eficiencia propia de una economía capitalista,96 parece haberse inclinado hacia este último lado a partir de los años cuarenta, a medida que el tamaño originalmente previsto para estas explotaciones iba resultando escaso para el desarrollo tecnológico. El único intento de poner un límite a la recepción de la ayuda estatal fue llevado adelante en 1949, por Charles Brannan (el secretario de agricultura de Truman, de tendencias liberales). Su plan preveía implementar un subsidio en efectivo limitado hasta un cierto volumen de producción, que estimamos equivalente a la cosecha de unas 150 hectáreas de maíz en el Corn Belt. Sin embargo, el Plan Brannan nunca se concretó pues terminó en un fracaso legislativo.97

Como resultado de estas distintas intensidades en el proceso de concentración y del acceso a la propiedad de buena parte de los ex arrendatarios o aparceros en la región pampeana, para fines de los años sesenta las estructuras de ambas regiones se habían asemejado: el tamaño medio de las unidades en el norte bonaerense era sólo levemente superior al del Corn Belt (ver cuadro 3), y las explotaciones en propiedad ahora eran mayoría, también en la pampa maicera. Al mismo tiempo, el clima político argentino parecía favorecer el apoyo estatal a un desarrollo agrario basado en la pequeña y la mediana propiedad organizada en base a la fuerza de trabajo familiar. Consideramos que se había abierto una segunda posibilidad para construir un desarrollo farmer en las pampas (la primera había sido cuando se distribuyeron las tierras en la segunda mitad del siglo XIX).

Cuadro 3. Tamaño medio de las explotaciones agropecuarias, 1937/1999. En hectáreas

Sin embargo esta oportunidad fue dilapidada. Desde 1974, y especialmente a partir de 1976, comenzaron a implementarse políticas totalmente opuestas a este ideario. El agro no fue ajeno al proceso social regresivo que comenzó con la última dictadura militar y que continuó luego, esencialmente con el menemismo.98 En este sentido no sólo fueron políticas agrarias puntuales, sino la imposición de todo un modelo ideológico indiferente a los efectos que tenían una serie de factores (como el desarrollo tecnológico, la liberalización financiera y la retracción de las políticas estatales de apoyo al productor, entre otros) sobre la estructura agraria y la comunidad rural.

Estos temas, en cambio, fueron motivo de profundos debates académicos y políticos en los Estados Unidos, con una importante movilización de los productores afectados y sus comunidades en general, especialmente a partir de la crisis de los primeros años de la década de 1980.99 Con altibajos –presidencia de Reagan mediante– se lograron políticas favorables y una intensa preocupación institucional por el desarrollo comunitario.

El resultado de ambos derroteros se sintetiza en el aumento de velocidad en la concentración que se produjo en las pampas, y su desaceleración en el Corn Belt. Como podemos ver en el gráfico 7 y en el cuadro 3, durante los setenta y los ochenta el proceso de concentración fue más intenso en la pampa norteña. Según nuestras estimaciones (extrapolando la evolución de Pergamino al resto de la zona), esta diferencia en los procesos de concentración se habría intensificado en los noventa,100 y para 1999 en el norte bonaerense sólo quedaría la mitad de las unidades existentes en 1969, mientras que dos tercios de las unidades habrían sobrevivido en los Estados norteamericanos analizados. Para fin de siglo las unidades promedio del norte bonaerense serían 59% más grandes que las de Iowa, y 53% mayores que las de Illinois, como se puede observar en el cuadro 3.

REFLEXIONES FINALES

Como hemos visto, al comienzo del período analizado (hacia 1940) resultaba palpable el éxito que había tenido en el Midwest el modelo de las family farms propietarias de predios mediano-pequeños, y el tamaño más elevado de las unidades de la pampa maicera (en general en aparcería), e incluso la presencia de explotaciones de gran extensión dentro de un área de gran aptitud agrícola. El modelo norteamericano no sólo había garantizado la propiedad a los pequeños y medianos productores, sino también una distribución más equitativa de la superficie agropecuaria, más allá de la forma de tenencia del suelo que presentaban las unidades productivas.

Durante los siguientes cincuenta años, tanto en el Corn Belt como en la pampa maicera el proceso de concentración fue muy intenso: desaparecieron más de la mitad de las explotaciones agropecuarias que existían en 1940. En ambas regiones, entre 1937/1940 y 1987/1988 el fenómeno más importante ha sido la pérdida de la mayor parte de la superficie que controlaban las explotaciones menores a 100 hectáreas. La similitud de ambos procesos y la tendencia siempre creciente en el tamaño medio remiten directamente al efecto de los factores técnico-económicos, ya que las escalas más afectadas fueron aquellas que, según los estudios revisados, presentaban claras deseconomías de tamaño y niveles de ingresos por debajo de los requerimientos de consumo de las familias rurales.

Coincidentemente, en términos de reducción en el número de pequeñas explotaciones y de superficie perdida, la concentración fue más drástica en los dos estados del Corn Belt que en el norte bonaerense, donde las pequeñas unidades tenían menos importancia al comenzar el período estudiado. La tenencia en propiedad, si bien pudo haber favorecido la resistencia de algunos, no constituyó un reaseguro para la mayoría de los pequeños productores norteamericanos. Esta crisis de las pequeñas unidades no siempre significó la pérdida de la propiedad, ya que la concentración se realizó sobre todo en base a la expansión en arriendo. La forma de tenencia que más creció durante estas décadas ha sido la de los part-owners (quienes combinan una parte de su explotación en propiedad con el arriendo de otra u otras parcelas): en 1950 controlaban el 21% de la superficie de Iowa, y para 1987 poseían el 55%, mientras que en el caso de Illinois pasaron de tener el 29% al 60%.

Sin embargo, esta mayor intensidad de la concentración en el Corn Belt no alcanzó a borrar la diferencia estructural inicial, pues en la pampa maicera, a pesar de que el patrón era ya muy concentrado en los años treinta, la concentración afectó incluso a las unidades de 100 a 200 hectáreas, y en los años noventa también a las de 200 a 500 hectáreas. De este modo, si en el Corn Belt el tamaño medio pasó de las 60 a las 140 hectáreas para fines de siglo XX, en el norte bonaerense tuvo lugar un incremento de similar intensidad, ya que la explotación promedio alcanzó las 220 hectáreas, cuando a fines de los treinta tenía unas 100.

Si bien se ha confirmado el intenso proceso de concentración y su semejanza con los ajustes dictados por la innovación tecnológica, esto no debe interpretarse como la desaparición de la totalidad de las pequeñas y mediano-pequeñas explotaciones, pues, como hemos visto, gracias a la combinación de una serie de factores, muchas lograron resistir.

En segundo lugar, la concentración no significó necesariamente la constitución de grandes explotaciones. Al menos hasta los años ochenta, en ambas regiones la concentración se dirigió hacia las unidades de 200 a 810/1.000. Entonces los desplazamientos de superficie fueron hacia las moderate size farms, tal como lo planteaba una de las visiones y no hacia las explotaciones de mayor tamaño, según sostenían otros investigadores norteamericanos. De hecho el contraste con la situación del agro pampeano pone de relieve la significación marginal de las grandes explotaciones en el Corn Belt.101 Además, no sólo no existió una clara expansión de las grandes explotaciones en esta región, sino que tampoco se observa el dualismo en el extremo inferior: las explotaciones mediano-pequeñas en crisis no se convirtieron en pequeñas unidades (como planteaban algunos autores), sino que el número de éstas también se redujo. Es cierto, sin embargo, que en 1997 el 46% de los pequeños productores (con menos de 105 hectáreas) poseían trabajos fuera de la explotación en los que trabajaban de forma permanente (más de 200 días al año). Incluso el 60% de estos productores han declarado que su principal actividad económica no era agropecuaria.102

En tercer lugar, este incremento en la importancia de las unidades medianas y mediano-grandes en ambas regiones no debe interpretarse como equivalente a una transformación de las formas de producción familiares en empresas típicamente capitalistas, ya que la mecanización permitió la expansión en superficie de las  unidades trabajadas con sólo dos trabajadores. Especialmente en el Corn Belt la gran mayoría de las explotaciones de 200 a 810 hectáreas no tenía asalariados permanentes. Sin embargo esta transformación sí parece haberse producido en el norte bonaerense.103 Se observa entonces cierta indeterminación de la organización social del trabajo en relación con la extensión de las unidades104 (cuestión que nos proponemos investigar en una próxima etapa de nuestro proyecto).

Por último, a lo largo del período estudiado, los ritmos de la concentración fueron distintos entre ambas zonas. Durante las primeras décadas, especialmente los cincuenta y los sesenta, la reducción en la cantidad de explotaciones fue mucho más intensa en el Corn Belt, mientras que a partir de los años setenta la concentración fue más fuerte en el norte bonaerense. Tal como hemos comentado, parece ser clara la incidencia de las políticas agrarias sobre estos ritmos. Sin embargo consideramos que la mayor concentración en la pampa argentina en las últimas décadas se debió, además de los factores políticos, a la combinación de otras dos causas. Por un lado, la concentración fue favorecida por la presencia de nuevas formas de empresas capitalistas orientadas a la producción agrícola (grandes contratistas, propietarios mediano-grandes volcados ahora a la agricultura, "pools de siembra",105 entre otros agentes). Un heterogéneo conjunto de productores (todavía no muy bien caracterizados ni mensurados) que indudablemente logran, en distinta medida, combinar economías de escala, enormes recursos financieros y de comercialización, y división del trabajo con profesionalización de cada una de las tareas agropecuarias dentro y fuera de la explotación (tal como preconizara Kautsky). En el caso del Corn Belt norteamericano no parecen encontrarse este tipo de productores. Recordamos entonces nuestra hipótesis de que, para que se desarrollen los procesos de concentración a determinada escala, siempre es necesario que existan los sujetos históricos capaces de hacerse cargo de las grandes unidades productivas y la mano de obra especializada y dispuesta a asalariarse o a emplearse bajo alguna otra forma de subordinación al capital.

Por otro lado, nuestra hipótesis es que la concentración más intensa en la pampa puede haberse facilitado por la pérdida de la capacidad de resistencia de los pequeño-medianos y medianos productores que no han mantenido su perfil familiar. El modo de vida rural, tan apreciado por el farmer norteamericano, no ha merecido el mismo cuidado por parte de los productores pampeanos. La mayoría de estos últimos se han radicado en las ciudades cercanas a su explotación.106 Con la urbanización del productor, se abandonaron todas las actividades de producción para el autoconsumo, al tiempo que se disolvió la familia como equipo de trabajo, se incrementó la racionalidad formal (en detrimento de una racionalidad material),107 y tuvo lugar un aumento en la asalarización y/o la tercerización de las labores, el despoblamiento de los campos, la muerte de las pequeñas localidades y el cierre de escuelas rurales. En síntesis, estos elementos, junto con la implementación de políticas neoliberales, se han ido combinando en un proceso de retroalimentación que disminuye la capacidad de resistencia de los pequeños y medianos productores.108

Ante la completa inacción estatal y la despreocupación de numerosos sectores sociales,109 se favoreció la penetración del capital financiero en el campo, la concentración de la producción y una drástica reducción de los efectos multiplicadores de la circulación de los beneficios producidos por la agricultura en las comunidades locales. De este modo, la Argentina desperdició, por segunda vez, la oportunidad de construir un desarrollo agrario similar al del Midwest norteamericano, estructurado en la simbiosis entre propiedad, producción y empresas familiares, incluso cuando éstas presentaban una escala con menores problemas de economías de tamaño que las explotaciones del Corn Belt.

Notas

1. Las explotaciones dedicadas sólo a la agricultura, en la región pampeana, tenían un tamaño medio de 46 ha en 1895 y de 194 ha, en 1914, y en Iowa e Illinois se ubicaban en torno a las 65 ha. En cambio, el tamaño medio de todas las fincas agropecuarias en Francia, en 1892, era de 9 ha, en Alemania era de 7 ha en 1895, y en Gran Bretaña de 25 ha, según los datos consignados en Karl Kautsky, La cuestión agraria, México, Siglo XXI, 1983 (primera edición de 1899).        [ Links ]

2. Recordemos que un acre equivale a 0,405 hectáreas.

3. W. G. Murray, "Struggle For Land Ownership", en A Century of Farming in Iowa, 1846-1946 (elaborado por los miembros del Iowa State College y de la Iowa AES), Ames, Iowa, The Iowa State College Press, 1946.        [ Links ]

4. Romain Gaignard, La pampa argentina, Buenos Aires, Ediciones Solar, 1989.        [ Links ]

5. Así, por ejemplo, en Baradero (un distrito de antigua ocupación de la zona norte de la provincia de Buenos Aires), en 1864, el 54,9% del partido contaba con propiedades de más de 5.000 ha. Si bien este porcentaje había bajado al 24,2% para 1890, todavía entonces (cuando el 42% de la superficie se dedicaba a la agricultura) el 73,6% del partido estaba constituido por propiedades de más de 1.000 ha. Véase Roberto Cortés Conde, El progreso argentino, 1880-1914, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1979, p. 114.        [ Links ]

6. Kautsky, La cuestión..., p. 169.

7. Mann y Dickinson, en cambio, sostienen que la razón de la continuidad de la pequeña producción mercantil dentro del capitalismo desarrollado se encuentra en que existe un exceso de tiempo de producción en relación con el tiempo de trabajo efectivamente empleado, situación que genera problemas graves para el capital. Véase Susan Mann y J. Dickinson, "Obstacles to the Development of a Capitalist Agriculture", Journal of Peasant Studies, vol. 5 (4), 1978. El debate continuó con otros artículos como el de Michael Perelman, "Obstacles to the Development of a Capitalist Agriculture: A Comment on Mann and Dickinson", Journal of Peasant Studies, vol. 7 (1), 1979) y el de E. Singer, G. Green y J. Gilles, "The Mann-Dickinson thesis: reject or revise?", Sociologia Ruralis, vol. 23 (3/4), 1984.        [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]

8. Kautsky, La cuestión..., pp. 124-129 y p. 198. Harriet Friedmann, "World Market, State, and Family Farm: Social Bases of Household Production in the Era of Wage Labor", Comparative Studies in Society and History, vol. 20 (4), oct. 1978.        [ Links ]

9. Estas unidades pueden continuar mientras que su beneficio potencial sea suficiente para cubrir los costos de oportunidad y el precio de reserva del pequeño productor. Los costos de oportunidad generalmente se mantienen bajos para muchos productores que no tienen las habilidades, la educación y la movilidad para ser atraídos en empleos fuera de la explotación. Los productores probablemente continúen asignando un bajo precio de reserva a su capacidad organizativa de unos pocos trabajadores, e incluso a su función empresarial en pequeñas explotaciones. Véase Patrick Madden, Economies of Size in Farming, U.S. Department of Agriculture, Agricultural Economic Report, 1967, p. 18.        [ Links ]

10. Nola Reinhardt y Peggy Barlett, "Family farm competitiveness in United States agriculture", en C. Gladwin y K. Truman (ed.), Food and Farm, Lanham, University Press of America, 1989.        [ Links ]

11. Patrick Mooney, My Own Boss? Class, Rationality, and the Family Farm, Boulder and London, Westview Press, 1988. Sobre el debate generado por el enfoque de Mooney pueden consultarse Susan Mann y J. Dickinson, "One furrow forward, two furrows back: a Marx-Weber synthesis for rural sociology?", Rural Sociology, vol. 52 (2), 1987; Patrick Mooney, "Desperately seeking: onedimensional Mann and Dickinson", Rural Sociology, vol. 52 (2), 1987, y Susan Mann y J. Dickinson, "Collectivizing our thoughts: a reply to Patrick Mooney", Rural Sociology, vol. 52 (2), 1987.        [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]

12. Sonya Salamon, "Persistence among middle-range Corn Belt farmers", en C. Gladwin y K. Truman (ed.), Food and Farm...

13. Incluimos en esta zona a los partidos de Baradero, Bartolomé Mitre, Carmen de Areco, Capitán Sarmiento (en 1937 formaba parte de Bartolomé Mitre), Colón, Chacabuco, General Arenales, Junín, Pergamino, Ramallo, Rojas, Salto, San Antonio de Areco, San Nicolás y San Pedro. Éstos son los partidos de la provincia de Buenos Aires que constituyen la zona "predominantemente agrícola", según la regionalización de Pedro Gómez y otros, "Delimitación y caracterización de la región", en O. Barsky (ed.), El desarrollo agropecuario pampeano, Buenos Aires, INDEC-INTA-IICA, 1991.        [ Links ]

14. Eduardo Azcuy Ameghino, "Los censos agropecuarios en EE.UU. y Argentina: comparaciones, problemas y debates", Ciclos, n° 13, 1997.        [ Links ]

15. Cabe señalar que en el caso norteamericano abundan los trabajos que se refieren al conjunto del país, mientras que para la Argentina, los estudios, en general, se focalizan más regionalmente.

16. Lenin había sostenido que, ya a comienzos del siglo XX, estaba teniendo lugar la eliminación de las que denominó explotaciones pequeñas y medianas por las grandes, por las de tipo capitalista (175 a 999 acres, es decir, 71 a 404 ha), aunque declinaban los latifundios (mayores a 1.000 acres). Véase V. I. Lenin, "Nuevos datos sobre las leyes de desarrollo del capitalismo en la agricultura. El capitalismo y la agricultura en Estados Unidos de Norteamérica", en Obras Completas, t. XXII. Buenos Aires, Cartago, 1960 (1a ed. 1917).        [ Links ]

17. Willard Cochrane, "The need to rethink agricultural policy in general and to perform some radical surgery on commodity programs in particular", en J. Molnar (ed.), Agricultural Change, Boulder and London, Westview Press, 1986.        [ Links ]

18. Ronald Wimberley, "Trends and dimensions in U.S. agricultural structure", en Molnar (ed.), Agricultural..., p. 101.

19. En 1986, el 38% de los productores de Iowa tenía deudas que superaban el 40% de sus bienes y las tasas de endeudamiento eran más elevadas entre los productores más jóvenes. Véase Richard Kirkendall, "An history of american agriculture from Jefferson to revolution to crisis", en Glenn L. Johnson y J. Bonnen (ed.), Social Science Agricultural Agendas and Strategies, East Lansing, Michigan State University Press, 1991, pp. 18-19; y Mark Friedberger, Farm Families & Change in 20th Century America, Lexington, The University Press of Kentucky, 1988, pp. 191-192.        [ Links ]         [ Links ]

20. A diferencia de los años treinta, no era posible absorber los déficit a través de las remuneraciones al trabajo, que ahora tenían una incidencia menor en los costos de producción. Una ola de suicidios de productores y algunos asesinatos conmovieron a la región, y recién hacia 1986 comenzó a salirse de la crisis. Véase Friedberger, Farm Families...

21. Kirkendall, "An History...", pp. 19-21. Por otra parte, la concentración, al menos durante los ochenta, habría sido más elevada en los condados donde tuvo lugar una mayor intensificación en la agricultura y en la mecanización, véase Don Albrecht, "The Correlates of Farm Concentration in American Agriculture", Rural Sociology, vol. 57 (4), 1992.        [ Links ]

22. En los estados de la Región Central Noreste (conformada por los estados de Wisconsin, Illinois, Indiana, Michigan y Ohio) quedaban para 1978 sólo el 40% de la cantidad de explotaciones presentes en 1900 (cuando alcanzó su máximo histórico). En cambio, en la Región Central Noroeste (integrada por los Estados de North Dakota, South Dakota, Nebraska, Kansas, Minnesota, Iowa y Missouri) permanecía un 52% de las existentes en 1930 (su momento máximo). Véase J. C. van Es, D. Chicoine y M. Flotow, "Agricultural technologies, farm structure and rural communities in the Corn Belt: policies and implications for 2000", en L. Swanson (ed.), Agriculture and Community Change in the U.S., The Congressional Research Reports, Boulder and London, Westview Press, 1988.        [ Links ]

23. Van Es y otros, "Agricultural technologies...", p. 138.

24. En este sentido, se ha resaltado que en 1969 las explotaciones con un nivel de venta superior a los 20.000 dólares (a precios de 1964) pasaron a concentrar el 76% del total de ventas del sector, mientras que cuarenta años antes sólo vendían el 15%. En el otro extremo, las unidades con ventas anuales por debajo de los 10.000 dólares, que representaban el 96% de las explotaciones, sólo concentraban el 9% de las ventas de 1969. Véase Eugene Havens, "Capitalist development in the United States: State, accumultion, and agricultural production systems", en E. Havens y otros, Studies in the Transformation of U.S. Agriculture, Boulder, Colorado, Westview Press, 1986. Otro trabajo destaca que las 50.000 explotaciones de mayor tamaño concentraban el 23% del total de ingresos en 1960, pero para 1977 daban cuenta del 36%. Véase Lyle Schertz, "Farming in the United States", en U.S. Department of Agriculture, Structure Issues of American Agriculture, Agricultural Economic Report 438. Washington DC, 1979, p. 27.        [ Links ]         [ Links ]

25. K. Goss, R. Rodefeld y F. Buttel, "The political economy of class structure in U.S. agriculture: a theoretical outline", en F. Buttel y H. Newby (ed.), The Rural Sociology of the Advanced Societies. Allanheld Osmun, 1980.        [ Links ]

26. Goss y otros, "The political...", pp. 111-112.

27. Christina Gladwin, "The case for the disappearing mid-size farm in the U.S." en C. Gladwin y K. Truman (ed.), Food and Farm...

28. Gladwin realiza una interesante conceptualización de las mid-size farms, identificándolas con explotaciones que generan un ingreso equivalente al intervalo entre la mitad de la mediana de los ingresos de los hogares de Estados Unidos y una vez y media su valor. Véase Gladwin, "The case...". Sin embargo, no encontramos útil esta metodología para catalogar las explotaciones pampeanas. Hemoshecho la estimación correspondiente con datos de 1997, de una muestra para las localidades pampeanas con más de 5.000 habitantes, incluyendo la Capital Federal (Encuesta de Desarrollo Social del SIEMPRO). La existencia de una elevada proporción de los hogares por debajo de la línea de pobreza genera que queden como "grandes explotaciones" unidades de producción con superficies cultivadas muy reducidas (por ejemplo sólo 75 ha de maíz alcanzarían para proveer los ingresos 1,5 veces la mediana general).

29. Cochrane, "The need...", p. 394.

30. Una síntesis de esta perspectiva puede consultarse en Ricardo Abramovay, Paradigmas do capitalismo agrário em questão, São Paulo-Campinas, Editora Hucitec-Editora da Unicamp, 1998, y en Kirkendall, "An history...".

31. Jess Gilbert y Roy Barnes, "Reproduction or transformation of family farming?", Paper presented at the 51st annual meeting of the Rural Sociological Society, Athens, GA, 1987.        [ Links ]

32. Friedmann, "World market...".

33. Madden, Economies of size...

34. Fueron las explotaciones medias (moderate, con ventas anuales de 100.000 a 199.999 dólares de 1982) las que más crecieron en cantidad de establecimientos entre 1969 y 1982, al tiempo que incrementaban su participación relativa en las ventas mucho más que las unidades very large –con ventas por encima del medio millón– y sólo algo por debajo del incremento de las unidades large. Por otra parte, para 1978 las moderate-sized full-time family farms constituían el 30% del total de explotaciones y producían el 45% del total de ventas. Véase Abramovay, Paradigmas...

35. Salamon, "Persistence...". Del mismo modo, un estudio de productores desplazados durante los ochenta en la zona triguera evidencia que no habrían existido diferencias estructurales con los que lograron permanecer, sino disparidades en sus características personales (edad, estado civil, tamaño de la familia, educación y año de inicio en la actividad). Véase R. Rathge y otros, "Farmers displaced in economically depressed times", Rural Sociology, 53 (3), 1988.        [ Links ]

36. Peggy Barlett, "The 'disappearing middle' and other myths of the changing structure of agriculture", en Molnar (ed.), Agricultural...; y Peggy Barlett, American Dreams, Rural Realities, Family Farms in Crisis, Chapel Hill and London, The University of North Carolina Press, 1993.        [ Links ]

37. Las corporate farms realmente grandes (con ventas mayores al medio millón de dólares, y con un tamaño medio de 2.193 ha) tan sólo ocupaban el 1,8% de la superficie agropecuaria de los Estados Unidos, en 1974. Véase Abramovay, Paradigmas..., pp. 156 y 160; y Kirkendall, "An History...", p. 21.

38. De este modo, las unidades con más de 1.000 ha, que concentraban el 61% de la superficie pampeana en 1914, retenían el 42% en 1937. Las explotaciones de 100 a 500 ha pasaron del 24% al 36%. Véase Osvaldo Barsky y Alfredo Pucciarelli, "Cambios en el tamaño y el régimen de tenencia de las explotaciones agropecuarias pampeanas", en Barsky (ed.), El desarrollo...

39. Javier Balsa, "Tierra, política y productores rurales en la pampa argentina, 1937-1969", Cuadernos del PIEA, vol. 9, 1999.        [ Links ]

40. Barsky y Pucciarelli, "Cambios en el tamaño...".

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47. Véase Eduardo M. Basualdo y Miguel Khavisse, El nuevo poder terrateniente, Buenos Aires, Planeta, 1993; Eduardo M. Basualdo, "El nuevo poder terrateniente: una respuesta", Realidad Económica, n° 132; Eduardo Basualdo, "Características e incidencia de los terratenientes bonaerenses", Informe de Coyuntura, n° 36, CEB, La Plata, 1998. Sin embargo, este análisis ha sido discutido por otros especialistas: Mario Lattuada, "Una lectura sobre el Nuevo Poder Terrateniente y su significado en la Argentina actual", Realidad Económica, n° 132, 1994; y Osvaldo Barsky, "La información estadística y las visiones sobre la estructura agraria pampeana", en O. Barsky y A. Pucciarelli, El agro pampeano. El fin de un período, Buenos Aires, FLACSO-CBC, UBA, 1997.        [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]

48. Mario Lattuada, "Un nuevo escenario de acumulación. Subordinación, concentración y heterogeneidad", Realidad Económica, n° 139, 1996.        [ Links ]

49. En estos once años dejaron su lugar en la producción un 41% de los productores con explotaciones de hasta 25 ha, un 28% de los que poseían entre 25 y 100, y un 20% de 100 a 500 ha; incrementándose al mismo tiempo el número de las mayores de 500 ha, en un 24%, véase Eduardo Azcuy Ameghino, "Las reformas económicas neoliberales y el sector agropecuario pampeano (1991- 1999)", Ciclos, n° 20, 2000, pp. 204-205. En este partido, entre 1960 y 1999 desapareció algo más del 70% de las explotaciones con menos de 100 ha, según Gabriela Martínez Dougnac, "Un nuevo sujeto social? Aportes para la definición del 'chacarero' pampeano en la segunda mitad del siglo XX", Ponencia presentada a las VIII Jornadas Interescuelas/departamentos de Historia, Salta, 2001.        [ Links ]         [ Links ]

50. Los 130 pools identificados, con una extensión promedio de 24.000 ha, habrían llegado a concentrar el 17% del área sembrada en la región pampena. Véase Marcelo G. Posada, "Agricultura, economía y sociedad: pools y fondos de inversión en la pampa argentina", Informe de Coyuntura, n° 36, CEB, La Plata, 1998.        [ Links ]

51. Los trabajos comparativos más significativos sobre la Argentina han sido realizados con Canadá y se centran en la primera expansión agropecuaria. Véase Jeremy Adelman, "Frontier development: land, labour and capital on the wheatlands of Argentina and Canada, 1890-1914", Thesis Submitted for the Degree of Doctor of Philosophy at the University of Oxford, 1989; y Carl Solberg, The Prairies and the Pampas: Agrarian Policy in Argentina and Canada, 1880-1930, Stanford, 1987. También existe una compilación de trabajos comparativos de los desarrollos económicos argentino y australiano, véase John Fogarty y otros, Argentina y Australia, Buenos Aires, Instituto Torcuato Di Tella, 1979. Otros autores han considerado las visiones comparativas que los especialistas formularon acerca de los desarrollos agrarios de la Argentina y los Estados Unidos, o analizaron las diferencias en los costos de producción entre 1890 y 1914, favorables para la región pampeana. Véase Tulio Halperin Donghi, "Canción de otoño en primavera: previsiones sobre la crisis de la agricultura cerealera argentina (1894- 1930)", Desarrollo Económico, vol. 95, 1984; y José Villarruel, "Las ventajas competitivas de una estepa humedecida: la pampa, 1890-1914", Ciclos, n° 3, 1992.        [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]

52. Comparación planteada de un modo más explícito en la pregunta incluida en el título del trabajo de Guillermo Flichman, Notas sobre el desarrollo agropecuario en la región pampeana argentina (o por qué Pergamino no es Iowa), Buenos Aires, CEDES, 1978.        [ Links ]

53. Carl Taylor, Rural Life in Argentina, Baton Rouge, Lousiana State University Press, 1948. A lo largo del presente artículo hemos transcripto algunas de sus comparaciones con el Corn Belt.        [ Links ]

54. Osvaldo Barsky, "La caída de la producción agrícola en la década de 1940", en Barsky y otros, La agricultura...

55. Osvaldo Barsky, "Explotaciones familiares en el agro pampeano: procesos, interpretaciones y políticas", en O. Barsky (comp.), Explotaciones familiares en el agro pampeano, Buenos Aires, CEAL, 1992.        [ Links ]

56. Eduardo Azcuy Ameghino, "Las reformas económicas...".

57. Azcuy Ameghino. "Buenos Aires, Iowa, y el desarrollo agropecuario en las pampas y las praderas", Cuadernos del PIEA, vol. 3, 1997. Haremos mención a los hallazgos de este trabajo cuando abordemos el período analizado allí.        [ Links ]

58. El tamaño promedio se redujo de 185 acres en 1850 a 134 acres para 1870, gracias a que tanto los ferrocarriles como los especuladores individuales habían vendido sus lotes en fracciones más pequeñas. Véase Earl Heady, Pattern of Farm Size Adjunstment in Iowa, Agricultural Experiment Station, Iowa State College of Agriculture and Mechanic Arts, Research Bulletin 350, Ames, Iowa, 1947, pp. 291-292.        [ Links ]

59. Heady, Pattern of Farm Size...

60. M. L. Mosher, Farms are growing larger, Agricultural Experiment Station, University of Illinois, Bulletin 613, Urbana, Illinois, 1957.        [ Links ]

61. Barsky y Pucciarelli, "Cambios en el tamaño...", p. 339.

62. Tanto en los Estados Unidos como en la Argentina hemos calculado la superficie ocupada por cada estrato a partir del valor medio del intervalo, ya que para 1937 y 1940 sólo se contó con el número de explotaciones por estrato de tamaño.

63. Barsky y Pucciarelli, "Cambios en el tamaño...".

64. Una descripción de estas explotaciones familiares maiceras y criadoras de porcinos de Iowa, para los años veinte y treinta, se encuentra en Friedberger, Farm Families..., pp. 16-20.

65. Terence Byres, Capitalism from Above and Capitalism from Below, An Essay in Comparative Political Economy, Londres, Macmillan Press, 1996.        [ Links ]

66. Una descripción detallada de estas unidades para el período de la primera expansión agrícola se encuentra en Alfredo Pucciarelli, El capitalismo agrario pampeano, 1880-1930, Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, pp. 109-114; y para los años cuarenta en Taylor, Rural Life..., pp. 6-9.        [ Links ]

67. Javier Balsa, "Las formas de producción predominantes en la agricultura pampeana al final de la primera expansión agrícola (1937). ¿Una vía 'argentina' de desarrollo del capitalismo en el agro?", Mundo Agrario, n° 3, 2001 (www.mundoagrario.unlp.edu.ar).

68. Taylor, Rural Life..., pp. 6-7 y pp. 226-227.

69. El coeficiente de Gini es el doble del área de inequidad (que mide la superficie entre la curva de Lorenz y la diagonal). Alcanza valor nulo si la curva se superpone con la diagonal; en este caso, todas las explotaciones tendrían igual tamaño (coincidiendo, para cualquier tamaño, la proporción de unidades productivas con la proporción de la superficie que ocupan). En cambio, el coeficiente toma valor cercano a la unidad cuando la curva se solapa con los lados inferior y derecho del cuadrado; en esta eventualidad, casi la totalidad de las explotaciones serían tan pequeñas que no detentarían más que una ínfima proporción de la superficie total, mientras que unas pocas unidades productivas acapararían prácticamente la totalidad de la superficie agropecuaria.
Acerca de la curva de Lorenz y el coeficiente de Gini corresponde formular una aclaración interpretativa, ya que, como todas las técnicas de resumen de la información, presentan ventajas y desventajas. Su base de construcción son los casos presentes en un determinado tiempo y lugar. De este modo, si en un espacio sólo hubieran existido unas pocas explotaciones grandes, pero todas de un tamaño relativamente similar, la curva se acercaría a la diagonal y el coeficiente al cero. En algunos casos, podría llegar a ocurrir que esta técnica muestre que se ha reducido la desigualdad al comparar dos momentos, si ha ocurrido una drástica reducción del número de pequeñas unidades.

70. Así, por ejemplo, un estudio de comienzos de los años sesenta calculó que el tamaño óptimo en Iowa para alcanzar el costo mínimo eran 680 acres (275 ha), véase Earl Heady y R. Krenz, Farm size and cost relationships in relation to recent machine technology, An analysis of potential farm change by static and game theoretic methods, Agricultural an Home Economics Experiment Station, Iowa State University, Research Bulletin 504, Ames, Iowa, 1962. Para la zona oeste de Minnesota se encontraron costos siempre decrecientes, que se reducían sustancialmente hasta los 800 acres. Véase L. Rixe y H. Jensen, Cost advantages to size of farm in Red River Valley farming, University of Minnesota, Agricultural Experiment Station, Station Bulletin 469, 1963. Incluso en la actividad lechera, el tamaño óptimo para un tambo se había estimado en 756 acres, según Boyd Burton y H. Jensen, Economies of Size in Minnesota Dairy Farming, Agricultural Experiment Station-University of Minnesota, Station Bulletin 488, 1968.        [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]

71. En un amplio estudio, se estimó cuál hubiera sido el tamaño óptimo para 1959 en cada uno de los estados del Corn Belt, utilizándose dos estimaciones. La primera (minimum-costs reorganization), considerando las cuestiones meramente técnicas, ubicó el óptimo en los 342 acres para Illinois y 360 para Iowa. La segunda estimación (market-clearing reorganization), realizando un nuevo ajuste a partir del mercado (ya que el aumento de la producción, debido a la mayor eficiencia de las unidades mejor organizadas, habría llevado a un exceso de oferta), estimó un óptimo mucho más elevado: 924 y 801 acres, respectivamente. Véase Robert Muckenhirn, Efficient organization of the farm industry in the North Central Region of the United States in 1959 and 1980, Agricultural and Home Economics Experiment Station, Iowa State University, Research Bulletin 560, Ames, Iowa, 1968.        [ Links ]

72. T. Miller y otros, Economies of Size in U.S. Crop Farming, Washington, Department of Agriculture, Agricultural Economic Report N° 472, 1981.        [ Links ]

73. Según un estudio focalizado en la mitad norte de Illinois, por encima de los 260 acres (105 ha) perdían importancia los incrementos en la eficiencia debidos al tamaño, véase Mosher, Farms are growing... Estudios realizados a mediados de los años cincuenta para la zona central de Iowa (especializada en la producción de granos) afirmaban que las diferencias de costos por el uso de diferente maquinaria no resultaban lo suficientemente importantes como para determinar el tamaño, especialmente en el caso de las unidades basadas en el trabajo familiar: una unidad con 160 acres podía coexistir con otras de 240 o 360 acres. Véase Earl Heady y otros, Farm size adjustments in Iowa and cost economies in crop production for farms of different sizes, Agricultural Experiment Station, Iowa State College, Research Bulletin 428, Ames, Iowa, 1955. Sin embargo, estudios realizados unos años más tarde encontraron que los costos se elevaban abruptamente por debajo de los 320 acres, incluso considerando al trabajo familiar como un recurso fijo en el corto plazo. Véase Heady y Krenz, Farm Size... Coincidentemente, nuevos trabajos estimaron que el costo se incrementaba aun cuando se recurriese a servicios de maquinaria contratados (al menos por debajo de los 160 acres). Véase Loren Ihnen y E. Heady, Cost functions in relation to farm size and machinery technology in Southern Iowa, Agricultural and Home Economics Experiment Station, Iowa State University, Research Bulletin 527, Ames, Iowa, 1964.        [ Links ]         [ Links ]

74. Los estudios realizados a comienzos de los años ochenta, encontraron que en el Corn Belt las economías de tamaño no parecen haber afectado a las unidades por encima de las 296 acres de superficie cultivable, ya que las explotaciones de este tamaño captaban el 90% de la tasa de ganancia de las unidades de 639 acres, que eran las de tamaño óptimo. Véase Miller y otros, Economies of Size..., p. 20.

75. Así, por ejemplo, ya en 1929, se había calculado que eran necesarios al menos 200 acres para obtener un uso eficiente del tractor, incluso uno de tamaño pequeño. Véase John Hopkins, Horses, Tractors and Farm Equipment, Agricultural Experiment Station, Iowa State College, Bulletin 264, Ames, Iowa, 1929, pp. 386-387. Por otra parte, en los años sesenta, se estimó que por debajo de los 200 acres no era rentable comprar una cosechadora, excepto que se saliera a cosechar campos vecinos. Consultar John Scott y C. Cagley, The economics of machinery choice in corn production, Agricultural Experiment Station, University of Illinois, Bulletin 729, Urbana, Illinois, 1968, pp. 18-19.        [ Links ]         [ Links ]

76. W. B. Sundquist, K. Menz y C. Neumeyer, Corn production technology: implications for resource use, supply vulnerability and farm structure, University of Minnesota, Department of Agricultural and Applied Economics, Staff Papers Series, St. Paul, Minnesota, 1983.        [ Links ]

77. Para fines de los cincuenta se estimó que se necesitaban 214 acres dedicados a la agricultura en aparcería en el sudoeste de Iowa para obtener los ingresos de un obrero urbano. Véase Earl Heady y otros, Plans for beginning farmers in Southwest Iowa with comparison of farm and nonfarm income opportunities, Agricultural and Home Economics Experiment Station, Iowa State College, Research Bulletin 456, Ames, Iowa, 1958. Por otra parte, en Illinois los ingresos de las unidades de 50 a 99 acres eran la mitad de los de un asalariado, y para alcanzar los gastos denominados "estándar" de un productor familiar (con tres hijos, una casa moderna, asegurar el retiro y la continuidad de la explotación) era necesario como mínimo una unidad de 180 a 339 acres. Véase Mosher, Farms are growing... En Iowa las unidades de 80, e incluso las de 160 acres, tan sólo podían maximizar sus recursos buscando algún empleo urbano complementario, quedando como opción realizar tareas fuera de la explotación, con la maquinaria sobrante. Véase Gerald Dean, E. Heady y H. Yeh, An analysis of returns from farm and nonfarm employment opportunities on Shelby-Grundy-Haig soils, Agricultural Experiment Station, Iowa State College, Research Bulletin 451, Ames, Iowa, 1957. Al mismo tiempo, en la explotación promedio había casi el doble de la fuerza de trabajo de la requerida por un nivel aceptable de eficiencia. Véase H. B. Howell, "Adjustments in farm size and resources in Iowa agriculture", en E. Heady y J. Heer (ed.), A Basebook for Agricultural Adjustment in Iowa, Part II, Prospects for the years ahead, Iowa State College, Special Report 21, Ames, Iowa, 1957.        [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]

78. Mientras la mediana de los ingresos anuales de los hogares norteamericanos, en 1978, era de 15.064 dólares (según consta en Gladwin, "The case...", p. 269), a una explotación de 76 acres (31 ha) en el Corn Belt sólo le restaban 7.400 dólares como ingresos del productor (incluyendo la retribución por la propiedad de la tierra, el trabajo del productor y su familia, la ganancia del capital y toda otra retribución de los factores que no requerían desembolsos efectivos); una unidad de 140 acres (56 ha) lograba ingresos de 13.750 dólares, y una de 270 acres (109 ha), 31.489 dólares. Véase Miller y otros, Economies of Size.....

79. Sundquist y otros, Corn production...

80. Hemos hallado tan sólo dos estudios dedicados especialmente a las economías de escala en la región pampeana. Uno centrado en la zona mixta del sur de la provincia de Buenos Aires, que no registra la existencia de economías de escala en la agricultura, al menos para los establecimientos encuestados, de 161 a 500 ha. Véase Juan Carlos Manchado, "Estimación de economías de escala y eficiencia técnica en la zona mixta cerealera" (mimeo), 1988. El otro estudio analizó la actividad tambera y estimó la existencia de deseconomías de tamaño relativamente importantes, con rendimientos decrecientes a mayor escala, consultar Gabriel Parellada y G. Rusch, Economías de escala y respuesta productiva en el tambo argentino: algunas evidencias para la formulación de políticas sectoriales, Buenos Aires, INTA, 1989.        [ Links ]

81. Con respecto a las economías de tamaño, un estudio de fines de los cincuenta encontró una rentabilidad 2,6 veces mayor en las unidades mayores de la muestra (de 102 a 136 ha) en Pergamino que en las más pequeñas (de 37 a 48 ha). Además, en las pequeñas no se podía utilizar todo el trabajo familiar disponible. Véase Walter Schaefer, Análisis económico de las explotaciones agrarias, Buenos Aires, INTA, 1960. Lo mismo se concluyó a comienzos de los sesenta para las unidades de Pergamino con menos de 100 ha. Véase Edgardo Gilles y J. A. Nocetti, Organización y resultados económicos de predios rurales en un área de extensión, Pergamino, Argentina, 1960, Pergamino, INTA, 1962. Por otra parte, a fines de los sesenta se encontraron, en los partidos de Pergamino, Salto, Rojas y Bartolomé Mitre, costos totales por hectárea decrecientes al aumentar el tamaño de los predios. En el caso de la producción agrícola se reducían hasta un 57% respecto de los valores del estrato "chico" (50 a 120 ha), y un 86% en la producción ganadera. Más que un decrecimiento progresivo, se halló un salto que se producía en torno a las 200 ha. Sin embargo, se descubrió que los ingresos por hectárea eran decrecientes al aumentar el tamaño. El resultado final era una escasa variación de los ingresos netos por hectárea y en la rentabilidad, en relación con el tamaño de las explotaciones analizadas. Véase Alejandro Peyrou, "La adopción del cambio tecnológico y la intensidad del uso de la tierra en el área maicera de la zona pampeana", Tesis de Maestría de la Escuela para Graduados en Ciencias Agropecuarias de la República Argentina, Castelar (inédita), 1971. A comienzos de los ochenta, podemos ver que los costos de cosecha de trigo se incrementaban en un 51% al pasar de 100 a 200 ha; los del maíz un 49% al pasar de 140 a 280 ha; y los de la soja un 48% de 140 a 280 ha, según los datos que constan en José Pizarro y Miguel Ángel Cacciamani, Evaluación económico-financiera de una alternativa de inversión en maquinaria agrícola, Informe Técnico 171, Pergamino, INTA, 1981.        [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]

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84. Juan Nocetti, Costos comparativos de tres alternativas para realizar labores culturales en predios de la zona de Pergamino, Informe técnico 20, Pergamino, INTA, 1963. En este mismo trabajo se estimó que el tamaño óptimo para la plena utilización del tractor eran 185 ha de maíz o 267 de trigo.        [ Links ]

85. Rodolfo Frank, "La administración eficiente de la maquinaria (3). Capacidad de trabajo y contratistas", Proyección Rural, n° 7, 1968. Sin embargo, dos estudios basados en grandes unidades ubicadas en la zona oeste de Buenos Aires elevan sustancialmente la estimación del tamaño aconsejado para la utilización de equipos propios, véase Bernardo Ostrowski, "Cálculo de eficiencia física y económica de maquinaria agrícola", Revista CREA, n° 25, 1970; y Arturo Santamarina, "Análisis económico de los equipos de maquinaria agrícola", Revista CREA, n° 32, 1971.        [ Links ]         [ Links ]         [ Links ]

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87. Juan Carlos Torchelli, "El minifundio de la región maicera argentina", Tesis de Maestría de la Escuela para Graduados en Ciencias Agropecuarias de la República Argentina, Castelar (inédita), 1972.        [ Links ]

88. Según los estudios de la estación agrícola experimental de Iowa, a mediados de los años cincuenta, la "consolidación" en el sudoeste de ese Estado se había producido por la adquisición de unidades de 160 acres de tamaño medio por parte de unidades de 252 acres, que presentaban un mayor nivel de mecanización, de utilización de fertilizantes y de complemento asalariado que las absorbidas. Véase Randall Hoffmann y E. Heady, Production, income and resource changes from farm consolidation, Agricultural an Home Economics Experiment Station, Iowa State University, Research Bulletin 502, Ames, Iowa, 1962.        [ Links ]

89. Azcuy Ameghino ya había destacado que en 1987/1988, en Iowa, existía un fuerte peso de las unidades productivas de 105 a 404 ha (68% de la superficie), en comparación con la zona norte de Buenos Aires, donde sólo ocupaban el 33%. Al mismo tiempo, señalaba que en esta zona predominaban las unidades de más de 404 ha (con el 52% del área), que tenían escasa importancia en Iowa (15%). Este autor analizaba, además, la distribución de la superficie agrícola, destacándose el norte bonaerense porque casi la mitad de la superficie implantada con cultivos anuales se concentraba en unidades mayores a las 404 ha, mientras que este tipo de explotaciones sólo detentaban el 15% de la superficie cosechada en los condados agrícolas de Iowa. Era en el estrato de 105 a 404 ha donde se encontraban dos tercios de la superficie cosechada de este estado norteamericano. Véase Azcuy Ameghino, "Buenos Aires, Iowa...", p. 57.

90. Utilizamos el año 1947 y no 1937, porque para el primero contamos con intervalos similares a los de 1988 y, además, está especificada la superficie de cada intervalo.

91. Azcuy Ameghino, "Buenos Aires, Iowa...", p. 85.

92. Barsky y Pucciarelli, "Cambios en el tamaño...".

93. Según nuestras estimaciones realizadas a partir del Censo Experimental de Pergamino de 1999, en el norte bonaerense las unidades de menos de 100 ha constituían el 53% del total de explotaciones, pero sólo daban cuenta del 10% del área. Mientras que en Iowa, en 1997, continuaban siendo el 57% de las unidades y ocupaban el 17% de la superficie censada.

94. Javier Balsa, "Tierra, política...".

95. Así, por ejemplo, en 1969, el 42,4% de los beneficios gubernamentales fueron hacia el 5% más rico, mientras que el 20% más pobre de los productores rurales sólo recibió el 1,1%. Véase S. Mann y J. Dickinson, "State and agriculture in two eras of american capitalism", en Buttel y Newby (eds.). The Rural...

96. Ada S. de Nemirovsky, "Debates sobre la perdurabilidad de los farmers en Estados Unidos", Ruralia, n° 6, 1995.        [ Links ]

97. Esta iniciativa naufragó en el Congreso, ante un rechazo generalizado de casi todos los sectores políticos y corporativos, con excepción de la National Farmers Union (la única entidad, junto con algunas unidades del movimiento granger, que durante esas décadas demandaba medidas que frenasen el proceso de concentración). Sobre el Plan Brannan pueden consultarse Murray Benedict, Farm policies of the United States, 1790-1950, A study of their origins and development, New York, The Twentieth Century Fund, 1953; David Brewster, "Historical notes on agricultural structure", en U.S. Department of Agriculture, Structure Issues...; y Virgil Dean, "Why not the Brannan Plan?", Agricultural History, vol. 70 (2), 1996.        [ Links ]         [ Links ]

98. El concepto de proceso social regresivo permite comprender la dictadura militar no sólo como un fenómeno destructivo, sino como el intento de transformar las bases sociales del poder que habían predominado desde mediados de siglo. Véase Juan Villarreal, "Los hilos sociales del poder", en E. Jozami y otros, Crisis de la dictadura argentina (1976-1983), Buenos Aires, Siglo XXI, 1985.        [ Links ]

99. Friedberger, Farm Families...

100. Alrededor del 11% de la superficie agropecuaria de la zona norte habría pasado durante los años noventa de las unidades de 25 a 500 ha hacia las de 500 a 2.500 ha (destacándose el intervalo de 1.000 a 2.500, que absorbió el 7% del área). En el Corn Belt norteamericano también se acentuó el proceso de concentración, entre 1987 y 1997, en favor de las unidades grandes y en perjuicio no sólo de las pequeñas unidades, sino también de las explotaciones medianas (incluso sobre las unidades de 203 a 405 ha).

101. Por ejemplo, en 1997 tan sólo el 1% de la superficie censada en Illinois y Iowa estaba en manos de explotaciones de más de 2.025 ha (5.000 acres), a pesar de que duplicaron su importancia entre 1992 y 1997.

102. Resulta importante destacar que el 21,7% de las explotaciones familiares (sin aporte asalariado) de la zona agrícolo-ganadera del norte bonaerense (incluyendo casi los mismos partidos que nuestra selección) presentaban en 1988 pluriactividad del productor. Véase Guillermo Neiman, S. Bardomás y D. Jiménez, "Estrategias productivas y laborales en explotaciones familiares pluriactivas de la provincia de Buenos Aires", en G. Neiman (comp.), Trabajo de campo, Buenos Aires, Ediciones Ciccus, 2001.        [ Links ]

103. En Illinois y Iowa, en 1997, sólo un 23% de estas unidades contrataban asalariados por más de 150 días al año, y las que lo hacían, tomaban en promedio algo menos de dos trabajadores. En cambio, en la pampa maicera para 1988, el 78% de las unidades de 200 a 1.000 ha contrataban asalariados permanentes (en un promedio de 1,6 trabajadores por establecimiento). Incluso si consideramos cualquier tipo de contratación de asalariados (sin importar los días que trabajaron), en el Corn Belt sólo el 56% de estas unidades contrataban asalariados, mientras que en la pampa norteña lo hacía el 82%.

104. En este mismo sentido, si bien en ambas zonas la mayoría de las explotaciones de mayor tamaño tenía asalariados permanentes, el número de empleados por unidad era casi tres veces mayor en el caso del norte bonaerense. En la pampa maicera casi la totalidad de las explotaciones con más de 1.000 ha tenían asalariados permanentes, y aquí su cantidad alcanzaba un promedio de ocho por establecimiento. Asimismo, el 70% de las unidades de más de 810 ha en Illinois, durante 1997, contrataban personal asalariado de forma permanente (más de 150 días al año), y en Iowa este porcentaje era del 62%. Pero, cabe aclarar que cada una de estas unidades tan sólo tenía alrededor de tres asalariados permanentes (un umbral un tanto bajo para considerarlas empresas plenamente capitalistas), según Parvin Ghorayshi, "The identification of capitalist farms. Theoretical and methodological considerations", Sociologia Ruralis, vol. 26 (2), 1986.        [ Links ]

105. Más allá del debate existente acerca de su importancia en el conjunto de la producción y de su perdurabilidad, no deja de ser un dato asombroso la presencia en la agricultura pampeana de gigantescos "pools de siembra", que logran –sin la necesidad de concentrar la propiedad de la tierra– enormes economías de tamaño (trabajan entre 10.000 y 60.000 ha). Sobre este tema consultar Posada, "Agricultura, economía...".

106. Para 1988, en el norte bonaerense tan sólo el 37% de los productores de 200 a 400 ha residía en su establecimiento, mientras que, en esta escala, el 85% en Iowa y el 82% en Illinois vivían en su explotación en 1997. Incluso entre los productores con más de 810 ha, en Iowa, el 79% residía en su establecimiento, y el 64% en el caso de Illinois; en tanto que sólo el 18% de los productores con más de 1.000 ha vivían en su explotación en el norte bonaerense, en 1988.

107. Al respecto, ver las consideraciones sobre los farmers del Midwest elaboradas por Mooney, My Own...

108. Javier Balsa, "Transformaciones en los modos de vida de los productores rurales medios y su impacto en las formas de producción en el agro bonaerense, 1940-1990", ponencia editada en las actas de las XVII Jornadas de Historia Económica, Tucumán, septiembre del 2000 (CD-Rom).        [ Links ]

109. Recién en los últimos años han cobrado cierta notoriedad luchas, movimientos de resistencia y debates académicos que, desde distintas perspectivas, reclaman la necesidad de pensar acerca del modelo de desarrollo agrario deseado para la Argentina. Una interesante muestra de estas propuestas han sido las mesas redondas de las Segundas Jornadas Interdisciplinarias de Estudios Agrarios y Agroindustriales (realizadas en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, en noviembre de 2001) donde los pequeños y los medianos productores no sólo explicaron sus luchas, sino que propusieron explícitamente reanalizar el desarrollo agrario argentino.