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Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani

versión On-line ISSN 1850-2563

Bol. Inst. Hist. Argent. Am. Dr. Emilio Ravignani  n.29 Buenos Aires ene./jun. 2006

 

Pablo Buchbinder, Historia de las Universidades Argentinas, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2005, 255 páginas.

El lector que se acerca a este libro tiene en sus manos el resultado de una investigación académica ambiciosa, erudita y suficientemente exhaustiva, empeñada en construir un relato con pretensiones de síntesis sobre la historia de las universidades argentinas. Una iniciativa que da continuidad a un desafío que ya asumieron otros autores en esta colección de Historia Argentina, dirigida por José Carlos Chiaramonte, haciendo foco en problemas y objetos de estudio que, tras algo más de dos décadas de renovación historiográfica y contando con abundante acervo de investigaciones empíricas, requerían de nuevas interpretaciones integrales, de largo alcance espacial y temporal (tal como puede constatarse en las historias del agro, la Iglesia católica, las minorías religiosas, la inmigración, o la familia).

Quizá, lo primero que habría que señalar en este comentario es que uno de los principales méritos de Pablo Buchbinder fue producir un saludable relato despojado de los apriori del sentido común "reformista" y "modernizador" que dominaron y dominan una buena porción de las reflexiones académicas sobre las universidades argentinas, demostrando inclusive que es posible reconocerse tributario de aquellas tradiciones políticas e intelectuales (en la defensa de la educación pública, la autonomía universitaria, el co-gobierno, la excelencia académica), sin por ello comprar su propia visión del mundo a la hora de analizar distanciadamente la historia. Previamente, el autor produjo la historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires desde su creación en 1896 hasta 1966, y se ocupó en detalle de aspectos de la historia de la universidad porteña relacionados con los procesos de reforma de principios del siglo XX a la década de 1920. Aun contando con esta trayectoria, con un mérito hoy infrecuente, no temió abandonar la delimitada y cómoda circunscripción de un objeto eruditamente regado por fuentes de primera mano, y se lanzó a la escritura de una historia de síntesis que, necesariamente, debe servirse de interpretaciones de segunda y tercera mano, resultando de esta iniciativa un trabajo original que se instala en un campo de conocimientos donde sólo existen reconocidas y serias producciones reconcentradas en un período determinado, en ciertos proyectos, instituciones, disciplinas y actores sociales.

Pero este extenso recorrido bibliográfico por el que debe transitar para alcanzar su objetivo, presenta ciertas dificultades a la hora de interpelar a los numerosos interlocutores que constituyen su principal insumo. En la medida en que un campo de estudios sobre la universidad y la educación superior argentina sólo está en vías consolidación, el autor debió abrevar en diversos y dispersos debates historiográficos, sociológicos y de otras disciplinas sociales, poniendo en diálogo preocupaciones definitivamente autorreferentes, que privilegian y discuten cuestiones muy diferentes y, por demás, indiferentes entre sí. Recurrió a historias institucionales oficiales, críticas políticas, y a otras historias de manufactura académica; a historias de las ideas, culturales y de las ciencias. Consultó trabajos historiográficos concentrados en problemáticas específicas de ciertos períodos en un lapso que abarca cuatrocientos años de historia en el Río de la Plata y en la Argentina. Se sirvió del estudio sociológico de las relaciones entre intelectuales y política, y de otros sobre el gobierno y las elites universitarias, políticas y estatales. También del relevamiento y análisis de la legislación de educación superior, de las recientes políticas de evaluación, acreditación y financiamiento, entre otras cuestiones sólo privilegiadas por aquellos trabajos que en los últimos diez años se interesaron en la agenda universitaria abierta tras la aprobación de la Ley de Educación Superior en 1995. La calidad de estas contribuciones es despareja, y ello redunda en la erudición e intensidad con que aborda los diferentes períodos. Veamos en detalle esta cuestión.

Los dos primeros capítulos, referidos a los orígenes de la Universidad de Córdoba y la de Buenos Aires (fundadas en 1623 y 1821, respectivamente) se benefician de la productividad de la historiografía sobre el período colonial, posrevolucionario y de constitución del Estado nacional, además de contar con la útil consulta de primera mano de algunas valiosas fuentes de la época. Esa opción por una interlocución abierta con investigaciones abocadas a diferentes esferas de la vida social, es solidaria con una hipótesis aplicable a ambas universidades en este extenso período; esto es, si bien poseían legalmente el monopolio de la formación en derecho, medicina y teología, e incorporaron luego estudios en artes e ingeniería, competían desigualmente con otros espacios de socialización que aspiraban a convertirse en referencia natural en la producción y reproducción de conocimientos, tales como academias y corporaciones profesionales y científicas, algunos organismos estatales especializados, círculos literarios, clubes políticos, entre otras agencias. Así pues, una idea clave podría extraerse de estos capítulos: las universidades no necesariamente fueron el referente por excelencia e interlocutores legítimos para diferentes actores sociales en materia cultural y científica. Por el contrario, si llegaron a ocupar esa localización privilegiada en el Estado y sociedad nacional fue como resultado de un largo y conflictivo proceso de alianzas y luchas sociales cuyos resultados no estuvieron dados (ni lo están hoy) de una vez y para siempre.

El capítulo cuatro está centrado en el análisis del proyecto fundacional y en los primeros años de vida de la Universidad Nacional de La Plata. Creada en 1905, esta nueva institución tenía por objeto concretar una propuesta orgánica de desarrollo de las funciones de formación profesional y científica de la universidad, así como la introducción de tareas de extensión a la comunidad. Esta innovadora experiencia encontraría limitaciones en su implementación efectiva, toda vez que la reproducción de la lógica profesionalista y corporativa que dominaba en Córdoba y Buenos Aires pronto se instalaría en el ámbito platense, constituyendo, además, una matriz fundamental que determina y tensiona el desenvolvimiento del conjunto de la educación superior argentina hasta el presente. Esa matriz se encuentra en el centro de un debate polémico en el que se confrontan con desigual énfasis la ponderación de la producción de conocimientos científicos, en oposición con la primacía otorgada a la formación de profesionales liberales como abogados y médicos y, más recientemente, de docentes de educación media y superior. O también se expresa en la defensa de la autonomía de la universidad para definir su gobierno y agenda de prioridades académicas, versus la valoración de la necesaria interlocución e integración de las instituciones universitarias públicas con el Estado, el mercado y los actores de la sociedad civil.

Los capítulos tres y cinco, que se ocupan de la formación y sociabilidad de las élites políticas y profesionales liberales entre la sanción de la Ley Avellaneda (1885) y la Reforma Universitaria (1918), se sirven de buenos interlocutores y se enriquecen, sobre todo, gracias al conocimiento directo y especializado de Buchbinder sobre estas temáticas en el ámbito porteño. Estos dos capítulos dan cuenta en profundidad de tres ejes temáticos que sirvieron al autor para interpelar ese universo bibliográfico heterogéneo, y alrededor a los cuales se organizan argumentos fuertes desplegados en el libro. Esos ejes tienen que ver con las funciones que las universidades desempeñaron en relación con el Estado y la sociedad nacional en diferentes períodos; y también se ligan a procesos sociales, políticos, económicos y culturales como la formación, sociabilidad y reclutamiento de las elites políticas, estatales y culturales, la promoción social de las clases medias y de segmentos de los sectores populares, y el protagonismo de los actores universitarios en la política argentina. En este sentido, y con buen suceso, el autor se sustrae de las explicaciones unilaterales que campean en ciertas interpretaciones, excesivamente concentradas en la reproducción a-crítica de las enunciaciones programáticas manifestadas por los actores sociales de la época y/o en los proyectos institucionales de las universidades y sus unidades académicas. Pero también se aleja de aquellas otras interpretaciones que encuentran en los procesos y acontecimientos ligados a la política, el Estado, el mercado y la estructura social, las causas fundamentales que determinan el curso de la vida universitaria. De este modo, reconoce con sutileza cuáles fueron las mediaciones y formas históricas específicas que dieron por resultado esa imbricación de dimensiones sociales objetivados en las instituciones y actores universitarios, atendiendo a su impacto en la conformación de los claustros y el gobierno, así como en el desempeño de las funciones de formación profesional, producción de conocimientos, y en su relación con la sociedad y el Estado.

El capítulo seis considera de forma original -si nos atenemos a las hipótesis dominantes en los estudios de educación superior- un extenso período que comprende los años 1918 a 1943, integrando un continuo temporal definido por la implantación y consolidación del proyecto de las elites universitarias "reformistas". Repasando algunas de las ideas centrales trabajadas hasta aquí por Buchbinder, repararemos, por un lado, en el hecho de que buena parte de las propuestas de los "reformistas" del dieciocho abrevaron en el programa del movimiento estudiantil y del liberalismo reformista de principios del siglo XX, tal como lo atestigua una reflexión sobre la reforma del estatuto de la Universidad de Buenos Aires de 1906, las huelgas estudiantiles que la precedieron, y el proyecto de creación de la Universidad Nacional de La Plata. Por otro lado, el autor enfatiza que el golpe de estado de 1930 -que abrió un prolongado e inestable período de discontinuidades institucionales en la Argentina- no constituyó un acontecimiento bisagra en las universidades. Así pues, si bien diferentes vertientes intelectuales y políticas conservadoras y del ascendente nacionalismo católico -apoyadas en gobiernos nacionales autoritarios que intervinieron las casas de estudio- rivalizaron con los "reformistas"; al mismo tiempo, estos últimos consiguieron revalidar su hegemonía en las universidades hasta 1943 o, más precisamente, hasta que el gobierno del general Perón las intervino, reorganizó, e impulsó un nuevo ordenamiento legal que dio lugar a un movimiento de renuncias y cesantías masivas de profesores "reformistas" entre 1946 y 1947, a la conformación de una oposición estudiantil inspirada en esta orientación, y a la aceptación pasiva de las nuevas políticas por la mayoría de los profesores y estudiantes.

De modo que, el peronismo introdujo las fuertes modificaciones que son objeto del capítulo siete. Las lecturas que las ciencias sociales produjeron sobre este proceso han estado, en buena medida, dominadas por una comprensión que toma como referencia la experiencia intelectual y política de los "reformistas". Experiencia que, a su vez, fue apropiada y resignificada entre 1955 y 1966 por las nuevas camadas de universitarios que se reconocieron herederos de esta tradición. Ya se ha dicho que el autor se distancia de estas perspectivas y trata de abordar la política de educación superior del peronismo sin demonizarla. Consigue, así, una interpretación que reúne aportes sustantivos sobre un período donde no abundan investigaciones académicas sobre la universidad; un hecho, por cierto, bastante curioso, si reparamos en la cantidad de trabajos existentes sobre las políticas públicas, la industria, el agro, los sindicatos, la educación básica, entre otros temas relevantes, durante las primeras presidencias de Perón. Buchbinder se detiene a observar no sólo aquellos tópicos significativos y recurrentes de la época, tales como las prácticas autoritarias del Estado nacional sobre la oposición, la visible presencia pública de nacionalistas católicos y peronistas en las Facultades de ciencias humanas, sociales y jurídicas, la organización y la resistencia intramuros de los estudiantes y extra-muros de los académicos. También merecen su atención el desarrollo de nuevos discursos y formas institucionales (o la profundización de otras apenas esbozadas hasta entonces), tales como una explicitada y ponderada separación entre política y academia, la redefinición y limitación de la autonomía universitaria mediante la afirmación de su pertenencia orgánica al Estado nacional en tanto institución pública, la formación de un sistema de ciencia y tecnología, la diversificación de la oferta en educación superior, la consolidación y extensión de la carrera académica, la supresión de aranceles estudiantiles y del examen de ingreso, y la masificación del acceso a la universidad. Al tiempo que, además, llama la atención sobre aquello que permaneció inmodificado en la educación superior del peronismo, como la organización curricular y los métodos de enseñanza en la formación profesional, las actividades de algunas instituciones científicas dedicadas a la investigación en el campo de la ingeniería, medicina, las ciencias exactas y naturales.

La reflexiones presentadas en los dos capítulos anteriores habilitan al autor a encarar en el capítulo ocho el estudio de la denominada "época de oro" de la universidad argentina, 1955 a 1966, sin erigirse en un apologista del proyecto "modernizador" dominante en aquel período. Por un lado, destaca que los combates librados desde 1955 en las universidades fueron predominantemente expresivos, al igual que en tiempos del peronismo, de posicionamientos partidarios y de otros definidos frente a acontecimientos de la política nacional, antes que fundados en proyectos institucionales. El predominio de una lógica política que negaba cualquier entidad positiva al rival y lo convertía en un enemigo a eliminar, se impuso en la vida universitaria durante un extenso período que se extiende hasta la apertura democrática de 1983. Así pues, si las autoridades que encararon la normalización de la Universidad de Buenos Aires entre 1955 y 1958 se propusieron revitalizar la autonomía y el co-gobierno universitario, la actividad académica y científica de excelencia, la creación de nuevas ofertas de formación, la expansión de dedicaciones exclusivas, y la organización de las unidades académicas por departamentos; también se dieron una ofensiva política de "desperonización" de la universidad que comprendía la evaluación de la "honradez" y "moralidad" de los candidatos a concurso, esto es, que les imponía la obligación de demostrar públicamente que no disponían de antecedentes comprometidos con el régimen peronista. Una estrategia política e institucional de este corte, bien podría ser analizada como el reverso de la "peronización" activamente buscada por el Estado nacional diez años antes. Una vez más, aun cuando esos posicionamientos "modernizadores" pudiesen despertar alguna simpatía en ciertos lectores universitarios actuales, Buchbinder opta por distanciarse de aquéllos y no construye un relato preocupado por tomar partido por unos u otros; por el contrario, compone un escenario histórico de complejas alianzas y luchas políticas que se dieron en las universidades y en la sociedad nacional.

El período siguiente, 1966-1983, da cuenta de los límites del movimiento "modernizador", del despliegue del proceso de radicalización y faccionalización política de segmentos del profesorado, investigadores y estudiantes universitarios, y de las renovadas tentativas autoritarias del Estado nacional sobre las universidades que culminaron en nuevas intervenciones y en una política abiertamente represiva con la última dictadura militar. Si bien la historia política ha construido una temporalidad que suele señalar, de forma canónica, el año 1976 como una bisagra entre un pasado signado por la herencia del desarrollismo, la industrialización sustitutiva de importaciones y las políticas de bienestar, y un futuro dominado (hasta el año 2001 para algunos, o hasta el presente para otros) por políticas neoliberales en un sistema político democrático, una economía basada en la producción primaria de exportación y una sociedad crecientemente excluyente. A la hora de pensar la temporalidad específica de la historia universitaria, Buchbinder deja en claro que, dadas las características centrales que definen el período 1966- 1983, se concluye que el trayecto 1976-1983 queda definitivamente subsumido en aquel otro más abarcador. Siquiera puede decirse que los influjos de la "primavera camporista" del año 1973 sobre la Universidad de Buenos Aires escaparon a las tendencias dominantes en ese período: radicalización y faccionalismo en la comunidad universitaria, y políticas autoritarias, intervencionistas y represivas del Estado. Tal como hizo en anteriores capítulos, el autor se preocupa por ligar los actores e instituciones universitarios con otros actores y dimensiones sociales del Estado y la sociedad, pero reconociendo cuál fue la forma particular que esa relación asumió en la universidad. De allí que defina unas temporalidades que no siempre coinciden con los cambios en los gobiernos nacionales, en los modelos de acumulación económica o en la estructura social. Cuando traza continuidades entre 1966 y 1983, al igual que entre 1918 y 1943, está más bien concentrado en identificar la configuración y predominio de unas "culturas académicas" universitarias históricamente definidas.

Por último, el capítulo diez se ocupa del período 1983 al presente. Al igual que el tratamiento de los años 1976-1983, las políticas de educación superior y el denominado proceso de normalización universitaria entre 1983-1986, constituyen momentos escasamente trabajados por las ciencias sociales. El autor debe apoyarse, así, en las contribuciones existentes e intentar con ellas dar continuidad a los ejes de análisis privilegiados hasta aquí. Por cierto, el número de interlocutores se amplía al abordar la definición de una nueva agenda universitaria en los años noventa, la aprobación de la nueva Ley de Educación Superior, su implementación mediante las políticas del gobierno, y la resistencia ofrecida a las mismas por los universitarios de muchas casas de estudios. Pero el enfoque de esos trabajos con frecuencia está demasiado apegado (bien para convalidar, bien para oponerse radicalmente) a los problemas consagrados en la actual agenda pública de educación superior; una agenda fijada por los organismos multilaterales de crédito, el Estado nacional y por los tanques de pensamiento privados y no gubernamentales que intervienen en el diseño, gestión y evaluación de la misma. En este sentido, la notable ausencia en esos interlocutores de un diálogo intenso con las producciones académicas correspondientes a períodos anteriores, así como la superficial incursión que realizan en la definición de la dimensión histórica de las problemáticas universitarias que abordan, deja en manos de Buchbinder una materia prima relativamente más escasa que aquella disponible para efectuar un análisis pormenorizado de tiempos pretéritos.

Para finalizar, dos comentarios adicionales antes de terminar la reseña. En primer lugar, una reflexión más bien política. Ya se ha enfatizado suficientemente que este trabajo no sólo interpela a los especialistas en la historia de las universidades argentinas, sino también a los analistas de las elites políticas y sociales, de las clases medias, de las relaciones entre ciencia y política. Pero no quisiera pasar por alto que, además, plantea interrogantes y ofrece algunas respuestas a dilemas acuciantes de las universidades en la actualidad, interpelándonos como docentes e investigadores, graduados, estudiantes y no docentes, pues los problemas políticos relatados en esta historia, si bien sería impropio afirmar que se repiten invariablemente, dicen mucho acerca de nuestro presente. Me refiero, por ejemplo, a temas clave como la controversia sobre la autonomía de la universidad pública y su relación con el Estado y la sociedad nacional; a la cuestión de la representación de los claustros en el co-gobierno universitario; o a la tensión planteada entre el privilegio otorgado a la formación de profesionales liberales para el mercado y la administración estatal versus la valorización de la formación, recursos humanos y materiales para un sistema de ciencia y tecnología.

En segundo lugar, quisiera mencionar que, conforme a lo largo del siglo XX se fueron creando nuevas universidades, primero en diferentes regiones y luego en cada provincia, el sistema de educación superior argentino se tornó más extenso y heterogéneo. Esa diversidad institucional, que desde la década de 1960 se vio ampliada por la emergencia y multiplicación de las universidades privadas, fue salvada por Buchbinder recurriendo a información oficial, pública, ensayos y algunas investigaciones, con lo cual su análisis evitó estar unilateralmente centrado en las Universidades de Buenos Aires, Córdoba y La Plata, es decir, en aquellas más antiguas y que captan una cantidad notablemente superior de estudiantes, profesores e investigadores, poseen más graduados y financiamiento. Sin embargo, este esfuerzo quedó limitado en el libro a pocas referencias, no sólo (ni fundamentalmente) debido a la escasez de investigaciones empíricas que tengan por objeto esas otras instituciones; sino, también, por la dispersión del campo de estudios que el analista debe aprehender si pretende dar cuenta de ese complejo escenario institucional. Decía arriba que, la reciente conformación de un campo de estudios sobre las universidades argentinas, obliga a abrevar en diferentes ámbitos de producción y circulación de conocimientos, diseminados en variados grupos científicos, instituciones y publicaciones periódicas, que no necesariamente se reconocen solidarias en sus aportes, ya que sólo algunas tienen por objeto la universidad y otras se concentran en problemas y objetos relacionados con aquella, como la historia y sociología de la ciencia y la tecnología, la historia de las ideas y la historia política. De allí que no quepa a esta historia de síntesis la crítica del inventario, esto es, el recuento de aquello que no fue mencionado ni analizado en el libro. Sin dudas, el especialista en tal o cual tema podrá repasar sus páginas y reconocer afirmaciones controversiales que pueden y merecen ser confrontadas. Pero ello no va en desmedro del desafío y la propuesta asumida. Costará a otros investigadores del presente y el futuro sustraerse a las influencias de este pretencioso y bien logrado relato de síntesis en el cual muchos abrevarán hipótesis y revisarán productivamente sus resultados en más detalladas investigaciones empíricas y en nuevos ensayos de interpretación. En este sentido, sirviéndonos de la jerga futbolística, bien podría decirse que Pablo Buchbinder se luce aquí como un hábil número cinco, que detiene la pelota en el centro del campo, sopesa los diferentes posicionamientos de los otros, piensa y ordena la jugada hacia delante. En ello reside su principal fortaleza y potencial. Seguramente, entonces, la Historia de las Universidades Argentinas será bien recibida no sólo por los lectores no iniciados a los que fue dedicada, sino también por numerosos especialistas.

Germán Soprano

Universidad Nacional de General Sarmiento / Universidad Nacional de La Plata