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Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani

versión On-line ISSN 1850-2563

Bol. Inst. Hist. Argent. Am. Dr. Emilio Ravignani  n.30 Buenos Aires ene./dic. 2007

 

Jorge Ricardo Ponte, De los caciques del agua a la Mendoza de las acequias. Cinco siglos de la historia de acequias, zanjones y molinos (INCIHUSA-CONICET, Mendoza, 2005), 441 pp.

La obra de Ponte constituye un trabajo trascendente para la historiografía cuyana y particularmente la mendocina. Su título es más representativo de la segunda parte: se trata de la historia de cinco siglos de acequias, zanjones y molinos. Pero aún así no refleja todo lo que contiene. En efecto, el trabajo no se limita a examinar los cursos de agua citados, sino que ha sido complementado con planos sobre las cuencas hidrográficas de los ríos Mendoza y Tunuyán y con un análisis del sistema de cuencas aluvionales en el pedemonte del área metropolitana. Pero también contiene las conexiones de la citada área con el sistema lagunar del Rosario o de Guanacache, con magníficos planos históricos (más bien esquemas o dibujos) de esa zona (desde la cordillera hasta el Río Quinto y desde el Río San Juan hasta el Tunuyán) entre 1753 y 1800, copiados de archivos como los de Chile e Indias o de otros textos como la geografía de Gez para San Luis. Sin embargo, el grueso de la investigación está referida al Gran Mendoza (Capital, Godoy Cruz, Guaymallén, Luján de Cuyo, Maipú y Las Heras).

El trabajo es interdisciplinario, ya que contiene aspectos técnicos -propios de la formación de Ponte- referidos básicamente a la conformación del sistema hídrico y, por otro lado, los de carácter histórico propiamente dicho.

Su análisis comienza en el nacimiento del sistema hídrico antes de la colonia, período en el cual trata de diferenciar las técnicas incas de las huarpes agregando, a las teorías conocidas, sus propias hipótesis. También señala sus opiniones acerca de la ubicación de la ciudad y la participación en ella de españoles y huarpes (estos a través de las tierras cedidas). Allí trata de identificar las acequias y los territorios de cada uno de los caciques mencionados en la documentación analizada. Como resultado, establece en un primer plano de su creación (n° 7) la futura área metropolitana de Mendoza desde el Río Mendoza (allí llamado de Cuyo) hasta la hijuela la Chimba y desde el pedemonte hasta la zona de Barrancas.

Pero existen algunas inconsistencias. Así, por ejemplo, se consignan las tierras de Coria y su acequia y se aclara que se trata de las tierras de Juan Hilario de Coria Bohórquez, cuando éste fue el hijo menor de Juan de Coria y si bien es cierto que éstas fueron sus tierras, ello ocurre después de su casamiento hacia 1620. Por otro lado, el autor no considera otras opiniones sobre la ubicación de las tierras del Inca y aún de las chacras, como lo son las de Bárcena en su trabajo sobre "La dominación incaica en Cuyo" y las nuestras propias en "La chacra colonial mendocina".

El trabajo intenta ubicar el curso de todas y cada una de las acequias para lo cual señala sus argumentos y supuestos. También da su opinión sobre tapones y tomeros y señala algunos antecedentes históricos sobre la administración del agua en tiempos hispánicos y los primeros independientes.

El capítulo segundo se refiere a planos por litigios que muestran acequias y aquí sí hay, al tratarse de plano reales, un aporte invalorable del arquitecto Ponte en cuanto a su lectura e interpretación acerca de la ubicación de las propiedades. El autor ha tomado planos, dibujos o esquemas que constan en juicios realizados entre 1750 y 1793 obrantes en diferentes archivos ubicando en ellos no sólo acequias sino calles, hospitales, viñas y casas de vecinos, lo que aporta un material excepcional particularmente para el estudio territorial de la segunda mitad del siglo XVIII no sólo en la Ciudad, sino en Godoy Cruz, Guaymallén y Luján.

El tercer capítulo se ocupa del Zanjón y su origen (sea natural o artificial), del Tajamar, de la toma en la boca del río entre otros temas y de las acequias que aparecieron en el siglo XVIII. En el siguiente se ocupa de las acequias, zanjones y molinos en los planos de la ciudad de 1802 a 1896 entre otros, con su clásico estilo de análisis e identificación de su ubicación en la traza actual. Pero es en el quinto, con todos los datos cartográficos recopilados, que se ocupa más acerca de los molinos hidráulicos por lo cual, repasa el estudio de la cuestión en cuanto a antecedentes historiográficos regionales y fuentes inéditas y editadas para entrar de lleno en el análisis de la producción triguera y de pan y los aspectos de tecnología de molinos. Finalmente, revisa los antecedentes reunidos sobre cada molino a lo largo de los siglos desde el de Alonso de Videla (1607 según el autor, aunque en realidad ya existía desde 1588 según el testamento de Alonso de Reinoso) hasta el de Castaños y Marini en 1909. Este constituye uno de los grandes méritos al margen de análisis económicos poco felices. Se trata de un esfuerzo ímprobo para detectar la ubicación y los datos históricos posibles de encontrar de un total de 80 establecimientos de molienda en diversas épocas y lugares.

La sexta división del libro habla sobre la cultura de las acequias en un análisis comparado con otras regiones y la última se refiere a la administración del agua de riego. En síntesis, una obra de lectura y/o consulta imprescindible en el tema de acequias y molinos, con una faz cartográfica extraordinaria por la pulcritud y amplitud en general, con muchos aportes y al ser tan dilatada, con algunas cosas para repasar.

Luis Coria