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Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani

versión On-line ISSN 1850-2563

Bol. Inst. Hist. Argent. Am. Dr. Emilio Ravignani  n.30 Buenos Aires ene./dic. 2007

 

Pablo Buchbinder, Caudillos de la Pluma y hombrres de acción. Estado y política en Corrientes en tiempos de la organización nacional, Buenos Aires, UNGS, Prometeo, 2004, 174 páginas.

Con el explícito propósito de indagar acerca de las causas de la progresiva marginación que, traducida en empobrecimiento económico e inestabilidad política, se verifica en Corrientes desde la segunda mitad del siglo XIX, el autor de Caudillos de la pluma y hombres de acción... revisita desde la perspectiva de un estudio de caso, y para un momento diferente, tanto una provincia como un problema. En otras ocasiones y con relación al problema de la organización nacional, el caso correntino concitó la atención de la reflexión historiográfica, en virtud de la temprana vocación por la unificación política manifiesta en sus elites durante la primera mitad de aquel siglo. Entre las conclusiones más relevantes al respecto se ha advertido que la misma expresaba una elaborada conciencia sobre los límites que imponía el autonomismo provincial a una economía mercantil, con base más diversificada y hasta entonces, sólo parcialmente orientada a la exportación ganadera. Y por lo tanto, aquélla se revelaba más como la proyección de unos intereses particulares que cifraban en la organización nacional grandes expectativas de desarrollo económico y social. Sin embargo y tal es el contrapunto que nos sugiere Caudillos de la pluma..., la activa convergencia de Corrientes en las sucesivas alianzas que lideran el proceso político abierto en 1853, coincide con otro que, además de defraudar aquellas esperanzas, revierte definitiva y negativamente muchos de los rasgos que la habían caracterizado, durante buena parte de su vida autónoma.1

Por su propia formulación y delimitación temporal, el tema propuesto presupone un nexo causal entre la decadencia correntina y el impacto del proceso de construcción del Estado nacional. Y al efecto de su dilucidación, el autor se plantea considerar tanto los mecanismos por los cuales aquél se apropia de sus correspondientes funciones y atribuciones, alterando no pocas variables de la vida económica y política interna, como las estrategias desplegadas por las propias elites locales, ante las interacciones que determina el inestable escenario político que sigue a Caseros. En esa línea, las particulares expectativas, proyectos y, sobre todo, los conflictos internos de la elite correntina constituyen la variable central de la indagación que, además, se postula al servicio del esclarecimiento de cuestiones más generales. Ya que penetrar en profundidad en los procesos de implantación del Estado Nacional, pero reduciendo la escala de observación a los espacios provinciales, implica -desde la perspectiva escogida- recuperar el necesario papel de las dirigencias locales en la configuración de la estructura de poder que se fue conformando para la Argentina moderna. El caso induce, asimismo, a contemplar un marco más amplio. Atento a que la contemporaneidad del proceso de formación de un sistema de estados nacionales en la cuenca del Plata, coloca inmediatamente a esa provincia -limítrofe y fluvial- en órbitas que por definición competen a un Estado central que, al mismo tiempo, debe afirmar un dominio territorial, resolver límites y superar una larga tradición de intromisiones recíprocas con sus vecinos. De allí que el objeto sea insistentemente situado en todo lo que el contexto implica de redefinición de las condiciones y posibilidades no sólo para el desarrollo socio económico sino, también, para el protagonismo político. Porque ellas, además, habrán de dirimirse bajo las nuevas restricciones institucionales y pautas para la regulación de los ámbitos provinciales que implica la Constitución de 1853. En este orden, la supresión de las aduanas interiores y la expropiación de las exteriores, la concentración en el Estado Nacional de la suprema potestad militar y otros parámetros de naturaleza política y administrativa habrán necesariamente de condicionar el espectro de opciones.

A lo largo de 8 capítulos, el relato se estructura en una secuencia que registra los modos de integración de la provincia a las nuevas realidades nacionales que suponen, primero, la confederación urquicista y luego, la fase liderada por el liberalismo porteño. Con el fin de identificar las sensibles áreas de tensión que se interponen entre el poder central y las provincias, dos de aquellos -cap. 3 y 5-, en rigor, se dedican a describir el cuadro general antes aludido, enfatizando sobre las políticas y vicisitudes por medio de las cuales se instalan en el país las potestades nacionales en materia militar, rentística, judicial, comunicaciones, comercio, etc.. Mientras que en lo que concierne específicamente al caso, merecen destacarse cuatro aspectos desde los cuales el autor analiza y caracteriza la acción de las elites correntinas en el proceso estudiado.

El primer aspecto se refiere a las bases sociales desde las cuales se construye el poder político durante el período. Y ellas remiten a la evolución por la cual, desde las décadas del ´30 y el ´40, Corrientes experimenta -frente al resto del litoral- el más tardío ascenso de los sectores rurales vinculados a la expansión ganadera y localizados en los territorios del SE provincial. Así, el autor recupera la cuestión de las implicancias políticas de una configuración regional fruto del efecto combinado de los procesos que marcan, hasta los primeros años pos independientes, la baja intensidad de la ocupación y control de los territorios litorales y una geografía que obstruye las comunicaciones internas, escindiendo al espacio en dos áreas de perfiles bastante diferenciados. No sólo porque aquella expansión ganadera contrasta con la más diversificada y tradicional estructura productiva de la zona dominada por la ciudad -NO.-, hallando en circuitos extraprovinciales una mejor articulación con sus mercados; sino porque con ella emerge una nueva elite de base local y orígenes sociales modestos, en la que el propio Estado recluta una burocracia sumaria, poco diferenciada y de impronta predominantemente militar. Afianzado durante la confrontación con el rosismo, un conjunto de liderazgos departamentales, que repetirían los estereotipos del caudillismo, se manifiesta con suficiente autonomía como para desafiar a la tradicional elite urbana y desplegar sus propias estrategias de alianzas, en la cuales las identidades locales parecen preponderar sobre las más inestables lealtades políticas. La relevancia adquirida por esos nuevos actores se revela ineludible para enlazar a Corrientes tanto en la política de Urquiza como en la de Mitre.

El segundo aspecto refiere al modo en que la diversificación de las bases sociales del poder político se traduce en la incapacidad de los dirigentes para acordar la regulación del orden interno, con una estructura estatal adaptada a las condiciones institucionales y financieras que impone la existencia de un poder central. Tal dificultad es, referenciada en términos de los conflictos de intereses que repercuten en los alineamientos políticos que pugnan por dominar el espacio provincial a lo largo de las décadas del ´50 y el ´60. Desde esa perspectiva, se analizan las oposiciones despertadas en torno al proyecto que, diseñado por la letrada elite gobernante de los años ´50, procura emprender la modernización del Estado y la sociedad con prescindencia de los nuevos actores y fuerzas económicas en ascenso. En la resistencia tanto a centralizar y desmilitarizar la organización político administrativa interna, como a implementar un sistema de recaudación sustentado en la producción local, el autor halla las claves endógenas que conllevan a la caída del "federalismo" correntino en 1861. Hecho éste que confiere particulares matices al "liberalismo" que se instala en el poder, más por efecto de la confluencia de los liderazgos rurales y una fracción de la vieja elite urbana que de la presión militar externa. Esa coalición construida sobre un fondo de coyunturales afinidades negativas no logra, sin embargo, superar las tensiones derivadas de su dualidad constitutiva. La que, según este punto de vista, seguiría alimentando entre sus componentes resentimientos y desconfianzas recíprocos, sólo temporalmente neutralizados por el influjo creciente de los factores nacionales. Estos median y arbitran aparentando conciliaciones entre dos mundos cuyos dirigentes se reservan roles específicos: las elites urbanas -los caudillos de la pluma- el gobierno y la representación; las departamentales -los hombres de acción- la gestión local y las funciones coactivas, ahora articuladas con el ejército nacional. De allí que, en lo institucional, ese liberalismo contribuya a debilitar aún más al aparato estatal en beneficio de unos poderes departamentales, particularmente renuentes a la racionalización del sistema tributario.

El tercer aspecto refiere a las motivaciones subyacentes a la activa alineación de Corrientes en las alianzas dispuestas a la organización del Estado nacional, a fin de desentrañar la esencia del vínculo entre ambas esferas. El presupuesto de la temprana conciencia de las elites sobre sus limitaciones para promover el desarrollo, es retomado para argumentar que, debido al carácter de provincia limítrofe y fluvial, un poder central se presume imprescindible al efecto de una más eficiente defensa de las fronteras -tensionadas por la presión de paraguayos y brasileros- y de una fuerte activación del comercio, por la implantación definitiva de la libre navegación fluvial y la consiguiente equiparación de los puertos. Desde esta perspectiva, que sugiere nuevamente la preeminencia de unos objetivos e intereses más bien provinciales, es explicado el deterioro del vínculo entre Corrientes y la Confederación. Ya que en la insatisfacción de aquellas expectativas puestas en la organización nacional germinaría la oposición que objeta el alineamiento atento a los intereses específicos que su política lesiona, aun cuando la misma obedeciera a las urgencias militares y financieras de un Estado nacional inviable sin el sometimiento de la disidencia porteña. En el mismo sentido, en cuanto a la etapa liberal, el autor postula la hipótesis de que la coalición que la encarna expresaría un acuerdo básico en torno a los motivos que justifican, también, la adhesión al mitrismo. El mismo renueva en parte las demandas insatisfechas en la etapa anterior pero, fundamentalmente, se traduce en un conjunto de proyectos de infraestructura -ferroviaria, vial- y de desarrollo de áreas productivas y comerciales incentivados desde el nuevo gobierno nacional. Sin embargo, pese a la relevancia atribuida a dichas iniciativas, de lo dilatado y parcial de su concreción se infiere que son otros aspectos, igualmente destacados por el autor, más decisivos en la determinación de esos vínculos durante el período considerado.

Por último, la fragmentación de las elites correntinas y su consiguiente incapacidad para establecer las pautas del orden interno, junto con la lógica de sus adhesiones en las alianzas nacionales conllevan al deterioro del estado provincial y a la consiguiente pérdida de su autonomía. Este proceso, que el autor califica como "nacionalización de la política local", es reconstruido, en primer lugar, mediante el pormenorizado estudio de los presupuestos fiscales de la década del ´60; los que documentan la irremediable dependencia financiera de un Estado cada vez más urgido de cubrir su déficit con subsidios del tesoro nacional. En segundo término, se analiza el creciente influjo ejercido por actores externos y representativos del orden nacional. Así se observa que, al igual que en otras provincias, la progresiva expansión de la red de agencias estatales -civiles y fundamentalmente militares- de un Estado nacional ya plenamente ingresado en su etapa de afirmación, no se limita a irradiar una nueva influencia institucional, sino que introduce nuevos interlocutores y variables de negociación que comprometen y subordinan la política provincial a intereses y alianzas que la exceden ampliamente. En este sentido la guerra del Paraguay implica un momento clave de la puesta en marcha de esa dinámica que evidencia, de allí en más, la imposibilidad de afirmar una hegemonía política sin "la complicidad tácita o explícita del poder federal".

Finalmente, el lugar marginal que ocupará Corrientes en el escenario político desde fines de la década del ´60 se explica porque con el ocaso de la hegemonía de la vieja elite urbana no logra estabilizarse del todo un nuevo sistema de dominación, controlado por los actores que pretendían sustituirla. Los intereses y estilo político de los mismos impiden tanto reestructurar al Estado provincial como afirmar un núcleo de poder capaz de arbitrar en lo interno y de actuar como eficaz mediador con el poder nacional. Tal conclusión se sostiene en los cuatro aspectos señalados que confieren coherencia interna a la explicación del fenómeno considerado. Igualmente, podemos puntualizar que, a nuestro criterio, en ella se trasmite una imagen algo rígida del contraste entre esas elites urbanas y departamentales que tiende a reducir la dinámica política al enfrentamiento entre dos mundos sociales aparentemente antagónicos. En este orden, la incidencia de las tradiciones facciosas -en particular del federalismo en la década del ´60- queda un tanto diluida en cuanto variable más estrictamente política que aportaría a la comprensión de los fraccionamientos de las dirigencias de ambos contextos, como de sus intercambios y sucesivos alineamientos.

Notas

1 Ausencia de un régimen de caudillos; regularidad institucional; Estado eficiente en el mantenimiento del orden interno y en el manejo de los recursos públicos sustentados en los aranceles al comercio. Sobre el particular: J. C. Chiaramonte, Mercaderes del Litoral. Economía y sociedad en la provincia de Corrientes, primera mitad del siglo XIX, Buenos Aires, FCE, 1991.

Liliana Chaves

Universidad Nacional de Córdoba