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Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani

versión On-line ISSN 1850-2563

Bol. Inst. Hist. Argent. Am. Dr. Emilio Ravignani  no.32 Buenos Aires ene./jun. 2010

 

RESEÑAS

Miguel Ángel Rosal, Africanos y Afrodescendientes en el Río de la Plata. Siglos XVIII-XIX, Buenos Aires, Dunken, 2009. 270 páginas

Alex Borucki

Emory University, Atlanta

Al menos 70.000 esclavos llegaron al Río de la Plata tan sólo durante el período virreinal, tanto directamente desde África como a través de los puertos brasileños. Su presencia fue esencial para el desarrollo de la sociedad rioplatense colonial y de la temprana independencia, en las ciudades o en la campaña. Miguel Ángel Rosal, que ha publicado una veintena de artículos sobre este tema en casi treinta años, brinda aquí una mirada de conjunto sobre la historia de los africanos y sus descendientes en la región. El autor evita tópicos tradicionales de la historiografía sobre la esclavitud en el Plata, como la victimización de los sujetos o su "folclorización". Asimismo, no se detiene a debatir acerca de si los esclavos eran bien o mal tratados, una cuestión que es más ilustrativa sobre las actitudes de los amos que sobre la vida de los esclavos. En cambio, Rosal analiza cuestiones centrales para la experiencia de los africanos, como el tráfico de esclavos, el trabajo, la adquisición de inmuebles, la vida asociativa, y su religiosidad. Aquí también el autor se diferencia de buena parte de la literatura local sobre estos temas, en tanto que si bien estudia las formas en que los esclavos obtenían la libertad, esta cuestión no articula su trabajo sino que constituye sólo uno de entre varios aspectos del análisis.

Este estudio se divide en dos partes, una dedicada a cuestiones esencialmente materiales y otra a factores culturales. En la primera sección Rosal analiza las condiciones de arribo de los esclavos al Río de la Plata, las vinculaciones entre el tráfico esclavista y la sanidad colonial, los precios de los esclavos en el mercado porteño, las formas de subsistencia de los esclavos y negros libres, su participación en los gremios coloniales, la adquisición de inmuebles en Buenos Aires por los afrodescendientes y las asociaciones negras (adjuntando planos e ilustraciones), la compra de esclavos por parte de negros libres e incluso por otros esclavos. El autor señala en esta parte, por último, las estrategias de los esclavos para obtener la libertad, y vincula esta cuestión a los avances y retrocesos del proceso abolicionista en la región.

El estudio de la religiosidad de los africanos y sus descendientes articula la segunda sección del libro. Allí Rosal analiza minuciosamente testamentos de afrodescendientes en pos de buscar rastros sobre su religiosidad, su participación en las asociaciones africanas, y fundamentalmente en las cofradías. Debemos mencionar la generosidad del autor al incluir anexos documentales en donde presenta un resumen de listas de padrones de varios gremios del Buenos Aires tardo-colonial, un listado de compraventas realizadas por sociedades africanas de la ciudad, y una lista de ochocientos testamentos de afroporteños de los siglos XVIII y XIX.

El análisis del acceso a la propiedad trae a la luz un sector de la población que habitualmente permanece invisible: los afrodescendientes libres. Al no haber sido propiedad de terceros, los negros y pardos libres generalmente están subrepresentados en los registros coloniales, siendo difícil identificarlos incluso en los padrones. Sin embargo, Rosal pinta una imagen vívida sobre la vida de los negros libres, sus formas de subsistencia y acumulación de propiedad. El autor también brinda un análisis de las razones que llevaron a la fundación de un gremio de zapateros de morenos y pardos separado del de blancos en la capital virreinal. Su estudio de la propiedad constituye una ventana sobre la vida familiar de los negros libres, y aunque libres, su relación cotidiana con los esclavos a través de lazos familiares con personas aún sujetas por esta institución. La historia de dos africanos que arribaron esclavizados a Buenos Aires, se casaron, y una vez libres llegaron a poseer siete esclavos, ilustra cómo se pueden construir pequeñas biografías de afrodescendientes y desafiar la fragmentación típica de los registros notariales y judiciales (99-102). En ese apartado, Rosal expone los modos de vida independiente de los esclavos de la ciudad, y es muy sugerente en lo relativo a cómo el trabajo para terceros y la acumulación de capital transformó los patrones de sociabilidad de los esclavos al crear cierto espacio de movilidad y resistencia entre ellos y sus amos.

Personalmente considero la segunda parte de este trabajo como la más disfrutable, debido a la riqueza de hallazgos documentales y de su análisis. Allí el autor realiza una introducción sobre la bibliografía estadounidense y latinoamericana en torno a la participación de los negros libres y esclavos en las cofradías, analizando el caso brasileño e hispanoamericano antes de detenerse en la situación de Buenos Aires. De igual forma, revela patrones de comportamiento religioso y de sociabilidad vinculados a la pertenencia a las cofradías, lo cual determinaba entre otras cosas la mortaja y la iglesia en donde los afrodescendientes deseaban ser enterrados. Los esfuerzos de los negros libres en pos de diferenciarse de los esclavos en estas asociaciones también quedan al descubierto en esta sección. Tanto el análisis de las asociaciones africanas como el de las cofradías exhiben la intensa vida asociativa negra de Buenos Aires. Esta sociabilidad no se limitaba a los libres sino que incluía a los esclavos, quienes en ocasiones constituían el primer agente de socialización de otros esclavos. Por ejemplo, en 1836 un amo liberó a un esclavo nacido en Mozambique con la condición de "enseñar a rezar a los negritos bozales como hasta aquí" (148).

Los casos que presenta Rosal son representativos de las múltiples y a veces superpuestas redes sociales y procesos de identificación de la población de origen africano. En 1844, la negra libre Joaquina de la Patria pidió ser enterrada en "la sepultura de la nación Munllolo a que pertenece" (161). Si bien era africana y llegó al Plata como esclava, Joaquina seguramente cambió su apellido a "de la Patria" durante el período revolucionario. En la lista de testamentos de afrodescendientes reproducidos al final de esta sección figuran otros dos sujetos con el apellido "de la Patria", lo cual testimonia una de las varias estrategias de identificación de los negros libres bajo el régimen republicano. A pesar de ese cambio de apellido, Joaquina continuó una vinculación imaginaria o real con África a través de su participación en la asociación Munllolo, la cual poseía un sitio propio de enterramiento en el cementerio. De este modo, el autor articula la preocupación de los afrodescendientes por una "buena muerte", una inquietud generalizada en toda la población, con aspectos propios de la experiencia negra de Buenos Aires.

Una de las referencias más sorprendentes es que algunos africanos recordaban vívidamente el nombre africano de sus progenitores, y que así lo querían registrar en sus testamentos (148). Este detalle puede resultar menor, pero manifiesta la voluntad de los africanos en pos de recordar a sus ancestros, algo difícil de registrar a través de la papelería colonial o republicana. Asimismo, los propios esclavos y negros libres querían ser recordados, lo cual se evidencia en la ingente inversión que algunos hacían en legados a las instituciones religiosas, hospitalarias y de caridad. Si bien pertenecían a los sectores populares, algunos afrodescendientes querían dejar un legado para ser recordados, como lo especificó la parda María Josefa de la Higuera, que entre las varias mandas testamentarias legó un monto "para la cera del Santísimo Sacramento de Nuestra Señora de Montserrat […] a fin de que sirvan estas limosnas en bien y memoria de mi alma y de la de mi hermana Gregoria" (149). Cabe preguntarse en qué medida estas expresiones fueron resultado del discurso notarial o de la voluntad de los testadores, lo cual constituye una cuestión de difícil resolución.

A pesar de su título, este libro narra una historia de la ciudad de Buenos Aires. Rosal realiza un excelente trabajo al exponer la experiencia de los africanos y sus descendientes en la ciudad, así como enriquece su análisis con referencias a la campaña y a otras regiones del Río de la Plata. No obstante, resta conocer en qué medida fue diferente la experiencia de los esclavos en Buenos Aires, o inclusive la esclavitud, que en Córdoba o en la Banda Oriental. Si bien el autor hace un uso frecuente de los estudios regionales sobre este tema, no los integra a su narrativa central. De igual forma, y aunque Rosal hace ricos apuntes sobre la decreciente partición negra en las cofradías, falta cierta dimensión temporal al analizar la experiencia negra en el Plata. Cabe preguntarse en qué cambió la esclavitud desde los años 1760 a la década de 1790, si es que así ocurrió, o tras la Revolución de Mayo. La dimensión de cambio más importante que articula su narrativa es el proceso abolicionista. En cierto modo, es difícil encontrar en este estudio la identificación de cambios en la experiencia afrodescendiente vinculados a la dimensión espacial o temporal, lo cual no obstante no le resta validez a sus enunciados.

Este trabajo es, por tanto, un estudio sobre la esclavitud urbana. Rosal sugiere que la participación de los esclavos en la agricultura rioplatense, en la campaña, no fue tan intensa como lo hubiera querido la corona a través de los proyectos borbónicos para el incremento de la producción y el comercio (45-47). Sin embargo, la cuestión de la esclavitud en la campaña de Buenos Aires aún permanece abierta para la investigación. Varios historiadores se han tropezado con los esclavos al investigar el funcionamiento de las estancias tardo-coloniales, de la economía triguera, del mercado de mano de obra rural, y de la justicia en la campaña de Buenos Aires. No obstante, todavía no ha surgido un estudio que articule todos esos aspectos de la historia de los afrodescendientes en la campaña. Este panorama es similar al de la historiografía reciente de Rio Grande do Sul, en donde a partir de estudios sobre la economía rural colonial se renovó la visión sobre la inserción del trabajo esclavo en la campaña, y se avanzó desde allí hacia estudios específicamente dedicados a los afrodescendientes en el medio rural. La experiencia de los esclavos en las fronteras de Buenos Aires también aguarda investigación, a pesar de los apuntes realizados por el autor. Cabe preguntarse si la frontera de Buenos Aires constituía un espacio de esclavitud o de libertad, si era un lugar en donde los esclavos podían guarecerse de sus amos a través de la fuga, o un espacio de reesclavizamiento y pérdida del poco amparo que la ley colonial les brindaba en la ciudad, sin dejar de mencionar su relacionamiento con las poblaciones amerindias no sujetas al control español. En otras palabras, hay un libro que espera ser escrito sobre los esclavos, tanto hombres como mujeres, en la campaña de Buenos Aires entre el período virreinal y el rosismo.

Por último, el uso de términos como "raza africana" o "proporción sanguínea" para referirse a si un sujeto era registrado en los documentos como negro, pardo o mulato no auxilia al análisis, sino que obscurece el entendimiento de cómo esas categorías funcionaban en el mundo colonial y de la temprana independencia. Más allá de este escollo, la obra de Rosal manifiesta que los problemas vinculados a la esclavitud y la libertad aunque eran importantes constituían uno de entre los múltiples aspectos de la historia afrodescendiente. Por tanto, este libro es de consulta ineludible para entender la diversidad y riqueza que tuvo la experiencia negra en la ciudad de Buenos Aires.