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Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani

Print version ISSN 0524-9767

Bol. Inst. Hist. Argent. Am. Dr. Emilio Ravignani  no.33 Buenos Aires Jan./Dec. 2011

 

ARTÍCULOS

Comentarios a la ponencia "Igualdades, desigualdades y derechos", presentada por Mirta Lobato

 

Roberto Benencia

Universidad de Buenos Aires - CONICET

 

Teniendo en cuenta -como advierte Mirta Lobato a los comentaristas- que cuando habla de desigualdades en su ponencia se refiere a que "el trabajo es el eje articulador de estas reflexiones", y sin dejar de reconocer la importancia que cabe a los otros temas y sujetos sobre los que tan bien desarrolla su exposición, quiero centrarme en un grupo que estoy estudiando desde hace unos años, como es el de los inmigrantes limítrofes a la Argentina de fin de siglo XX e inicios del XXI. Para ello, voy a analizar brevemente -como así lo exigen las reglas del comentario- a estos sujetos sociales, a quienes, como también ella afirma, ya los habríamos de encontrar censalmente a inicios del siglo pasado, aunque su visibilidad fuera menor porque aún no habían arribado a Buenos Aires; es decir, al escenario donde "las cosas suceden".

Diremos que la problemática de la alteridad es inherente a toda época histórica, así como estas manifestaciones de desigualdad que repercuten en el otro forman parte del "rechazo" que, de alguna manera, produce el inmigrante en la sociedad local, a pesar de que, en algunas situaciones, su arribo haya formado parte esencial de una política destinada a poblar y transformar la sociedad.

Esto se relaciona con otro condicionamiento estructural que incide en la agentividad de los inmigrantes, y es el que se refiere a la performatividad de los Estados nacionales, especialmente el de destino, que se pone en evidencia en la manera en que sus acciones y normativas construyen a los extranjeros como tales y delinean sus trayectorias a través de diversas prácticas discriminatorias.

Estos condicionantes respecto de los sujetos de la inmigración ya los hemos podido apreciar en numerosos trabajos de historiadores, y en los más recientes de Eugenia Scarzanella, reunidos en Ni gringos ni indios. Inmigración, criminalidad y racismo en la Argentina (1890-1940),1 donde nos muestra cómo se dibuja la imagen del inmigrante en Argentina alrededor del primer centenario de la Independencia:

La imagen del inmigrante en la sociedad argentina se va transformando, y de la simpatía por los extranjeros, juzgados más trabajadores, ahorradores y cultos que los nativos, se pasa a la desconfianza. Las virtudes se transforman en defectos: los recién llegados pasan a ser ávidos, materialistas, introductores de ideas peligrosas. En este vuelco que se percibe en la prensa, la literatura, la ensayística, en los debates parlamentarios, desempeña un papel decisivo el escenario de la ciudad, teatro de luchas sociales, de historias de miseria, criminalidad, enfermedad. Sobre todo es la Capital la que aparece ante los contemporáneos como un lugar peligroso, una Babel, de la cual no había surgido, "brillante y nítida la nacionalidad sudamericana", como lo esperara uno de los fundadores de Argentina, J. B. Alberdi [...] El caos ciudadano se imputaba a los inmigrantes. Era fácil identificar para cada uno de los problemas a un protagonista extranjero: judíos (o rusos) para la prostitución, españoles o italianos para el homicidio y la violencia política, uruguayos (orientales) para el alcoholismo y las peleas. La misma denominación imprecisa de los grupos étnicos (rusos, turcos, napolitanos o, en general, gringos) era el indicador de un prejuicio que igualaba a individuos diversos, reuniéndolos en categorías vagas y sospechosas.

Si bien los estudios "científicos" posteriores que se emprendieron para documentar el nexo entre crimen e inmigración parecieron confirmar en un primer momento el sentido común, luego los criminólogos argentinos reelaboraron las teorías europeas sobre degeneración y atavismo produciendo un saber que, de alguna manera, rehabilitaba al "inmigrante". Y, de hecho:

La ciencia del delito suministraba una serie de causas para la acción criminal, que se podían atribuir, específicamente, a las componentes "nativas" de la población argentina: atavismo para los indios, hibridismo para los mestizos. Esto significaba, entre otras cosas, que las clases dirigentes argentinas podían galardonarse incluso de razones "científicas" para justificar las campañas militares contra los indios. Se trataba de marginar a grupos humanos que o tenían nada que brindar a la nueva nación y que, por el contrario, con sus taras hereditarias, constituían un obstáculo para el desarrollo del país. Pero también los europeos, en algunos individuos, podían encontrarse patologías semejantes a las que marcaban el cuerpo de los nativos, y esto alimentaba la inquietud por la presencia, dentro de la inmigración, de "escorias". Había huéspedes indeseados, existía una inmigración enferma y peligrosa, que podía comprometer la formación de una sana y robusta "raza argentina". Se trataba, por lo tanto de controlar la inmigración y de expulsar del país a aquellos que minaban su seguridad y bienestar [...] El lema de Alberdi "gobernar es poblar" se transforma en "gobernar es poblar bien", discriminando los aportes externos, mejorando la "calidad" del crecimiento interior.

Ahora, refiriéndome a los sujetos sociales que analizo, pienso que en general, en sus inicios, gran parte de los inmigrantes es rechazada y sufre tanto las consecuencias de su acción al dejar su tierra, cuanto las que le hacen sentir los pobladores locales, a pesar de que, desde el punto de vista laboral, por lo general vengan a desempeñar aquellas actividades que los locales no cubren, sea porque no quieren o porque no los dejan.

Discriminación que se traduce en desigualdad de acceso a los derechos básicos: trabajo digno, alimentación, vivienda, salud, escolaridad para los hijos, reconocimiento del ser persona; es decir, no aceptación como un igual.

No obstante, a pesar de esta desigualdad, hemos podido apreciar -al menos en los casos que vengo estudiando desde hace años: los inmigrantes bolivianos- que a medida que algunos de estos inmigrantes van logrando un ascenso económico (aunque sólo en parte en la escala social), es decir, a medida que obtienen éxito en la empresa que han venido a realizar en el "nuevo mundo", adoptan las maneras del discriminador, y a medida que son más exitosos, se muestran aun más explotadores y discriminadores con sus propios compatriotas que los propios discriminadores locales. Mejor dicho, la adopción de "esas maneras o comportamientos" es lo que les ha facilitado una trayectoria exitosa.2

Quiero referirme aquí a la complejidad del problema que se aborda en la ponencia, ya que hemos podido observar un doble proceso de desigualdad laboral que sufren algunos inmigrantes, y que posiblemente pueden haber sufrido los inmigrantes de un siglo atrás: la desigualdad ciudadana respecto de los pobladores locales, sumada a la desigualdad laboral que les imponen sus propios connacionales en el nuevo territorio, a la luz de las reglas generales de la acumulación capitalista.

De manera que, de acuerdo con un Piore3 modificado o complejizado, podemos apreciar que en un inicio los inmigrantes limítrofes se introducen en el mercado laboral como integrantes de uno de sus segmentos, el más degradado, donde la diferenciación no es tecnológica, y donde son víctimas de una mayor explotación por parte de los patrones.

Pero a medida que algunos de ellos van ascendiendo en la pirámide económica a partir de la autoexplotación, y apelando a la influencia de redes de parentesco o de vecindad, lo van haciendo también a través de la explotación de sus propios connacionales, dando lugar a la emergencia de una situación de desigualdad aun mayor en un mercado ahora segmentado étnicamente.

Veamos casos como éstos: horticultores bolivianos que se asientan en ciertas zonas de la Argentina (cinturones verdes), en gran parte de origen chapaco (tarijeños), que trabajan con compatriotas del mismo origen territorial, e inclusive de la misma localidad, pero ejerciendo sobre éstos un nivel de explotación laboral que les ha permitido a ellos elevarse por sobre la mayoría (es decir, son pocos los que pueden destacarse, en virtud de los muchos que continúan sumergidos), estos patrones chapacos crean, a su vez, lo que reconocemos como una nueva forma de segmentación, que denominaríamos segmentación étnica, porque ni siquiera teniendo necesidad de contratar mano de obra, llegan a ofrecer o dar trabajo a los kollas, porque, como ellos mismos lo expresan, "no sabemos qué idioma hablan [...]; no los entendemos, y no podemos traer a la quinta a alguien así", y a éstos les queda el recurso de ingresar a una actividad más degradada y degradante, como, por ejemplo, el trabajo en los hornos de ladrillos, donde ni ellos ni sus hijos van a tener posibilidad de desplegar una estrategia que les permita salir del barro. Y así como esos patrones chapacos no dan trabajo a ciertos compatriotas, tampoco lo hacen con los argentinos pobres...

Es decir que en este segmento de inmigrantes se produciría una fuerte desigualdad persistente basada en la explotación de connacionales y el acaparamiento de oportunidades respecto de ellos.4 Un razonamiento similar, creemos, podría utilizarse para explicar las situaciones de explotación que se aprecian entre compatriotas bolivianos en los talleres de la industria textil de la ciudad de Buenos Aires y del Gran Buenos Aires.

Es decir que, en estos casos, podríamos afirmar se echa mano, además, a diferencias regionales en el país de origen, para recrear desigualdades en el mercado laboral del país de destino a fin de lograr una diferenciación mayor. Dicho de otro modo, en estas situaciones de desigualdad extrema no juega "lo boliviano en el país de destino" como algo que hegemonice, sino que, como algunos autores lo han señalado, las identidades (o mejor dicho, identificaciones) sociales son situacionales, lo que significa que las variaciones contextuales pueden generar transformaciones identitarias, puesto que se trata de procesos llevados adelante por diferentes agentes, mediante diferentes acciones y con diferentes propósitos.5

Notas

1 Editorial Universidad Nacional de Quilmes, Buenos Aires, 2004.

2 Básicamente cuando nos referimos a los resultados de la "escalera boliviana".

3 La teoría de la segmentación del mercado de trabajo es un marco analítico de referencia para analizar la inserción laboral de los extranjeros en el país de destino. Piore, en un estudio clásico relacionado con este abordaje, considera que la dinámica del capitalismo moderno conduce a un mercado de trabajo dual, en el que coexisten el sector primario, con puestos de trabajo bien remunerados y buenas condiciones laborales, y el sector secundario, caracterizado por la inestabilidad, la baja remuneración, los beneficios limitados y las condiciones de trabajo peligrosas. Esta dinámica tiende a producir escasez de trabajadores en el sector secundario, que conduce a los empleadores a buscar trabajadores inmigrantes para cubrir los puestos de ese sector. Michael J. Piore, Birds of Passage: Migrant Labor and Industrial Societies, Cambridge, Cambridge University Press, 1979.         [ Links ]

4 A través de estos ejemplos buscamos hacer referencia a los conceptos delineados por Charles Tilly, La desigualdad persistente, Buenos Aires, Manantial, 2000.         [ Links ]

5 Esto último haciendo referencia al texto de Sergio Caggiano, "Fronteras múltiples: reconfiguración de ejes identitarios en migraciones contemporáneas a la Argentina", Cuadernos del IDES, núm. 1, IDES, Buenos Aires, 2003.         [ Links ]