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Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani

versión impresa ISSN 0524-9767

Bol. Inst. Hist. Argent. Am. Dr. Emilio Ravignani  no.34 Buenos Aires ene. 2012

 

RESEÑAS

Francisco Chacón Jiménez y Juan Hernández Franco (editores), Espacios sociales, universos familiares. La familia en la historiografía española. XXV aniversario del Seminario de Familia y élite de poder en el Reino de Murcia. Siglos XV-XIX. Murcia, Ediciones de la Universidad de Murcia, 2007, 315 páginas

 

Ricardo Cicerchia

SEPHILA/Instituto Ravignani Universidad de Buenos Aires/CONICET

 

Novedades y disputas en el campo de la historia de la familia.

La primera observación, como era de esperar en un historiador de las formas familiares, se refiere a la prolífica obra del Seminario en beneficio del campo y la historiografía española. Una trayectoria vindicada durante más de dos décadas por los más notables especialistas de género, desde Peter Laslett a Giovanni Levi, y hoy por hoy proyectada en una nueva embestida, la creación de la Red de Familia con base en la Universidad de Murcia (REFMUR). Frente a las grandes osamentas de la Historia Social española, el triunfo pírrico de este grupo investigadores liderados por Francisco Chacón.

Agotada mi reacción inmediata y recibido el libro medité sobre una fórmula para entenderlo y explicarlo. Se trata de una colección de textos homenaje. Dos elementos son de notar en esta crítica. El primero en torno a la acentuación implícita del camino recorrido, indudable, contundente. Luego, la manera de abordar los desafíos que advierte desde hace tiempo la Historia de Familia. Tal vez, una discusión académicamente más confidencial.

Por lo demás, conviene no olvidar muchos de los trayectos americanos que vuelven a encontrase en esta obra, coincidentes en la tarea de configurar un retrato verosímil de los desarrollos y representaciones familiares: grupos domésticos, ciclos familiares, prácticas, redes sociales, estrategias. Frente a los indicios de convergencia, asomará en mi reflexión el debate sobre las figuras conceptuales que han colonizado una indagación histórica necesariamente revisitada para vislumbrar aquellos elementos de verdad que incorpora esta disputa por la reconstrucción del pasado.

Sin mencionarlo, la "Presentación" de Antonio Domínguez Ortiz ubica los últimos treinta años de la investigación sobre la familia en una de las luchas por la historia. De un lado las visiones tradicionales y los efectos de funcionalismo sobre el objeto, y por el otro, la vitalidad de los estudios orientados a organizar una cartografía familiar española. Bien señala Francisco Chacón en su "Introducción", los dos ejes sobre los que se apoyó la investigación. Uno institucional en el marco de la Universidad de Murcia, definido como experiencia universitaria; y otro epistemológico, continuidad y renovación de un debate genuinamente abierto al juego comparativo e interdisciplinario. Un extenso "Apéndice 1" de los libros publicados, acompañado por un índice de autores y de participantes en el Seminario, da fiel testimonio.

El texto agrupa los trabajos en tres descriptores: Análisis teórico y conceptual; Estudio de los grupos y actores; y Fuentes. El criterio, la necesidad de una síntesis y aproximación a los diversos enfoques. Por lo que toca a las estaturas y en este orden, concluyentes, problemáticos y descriptivos.

Francisco Chacón abre los ensayos con "Familia, casa y hogar". Su tesis, la familia como manera de aproximación a la organización social española. La resignificación de los conceptos de familia, casa y hogar, ha sido un elemento vital en la discusión de las lógicas modélicas de la estructura social. Revisión derivativa de esa idea poderosa desarrollada en torno a la razón doméstica del parentesco, el habitat y el trabajo. El mismo alcance redentor tiene esa inocultable pasión por las metodologías híbridas. Aquellas que combinan redes, costumbres y etnografías. Desandar la noción de familia, es para el autor una tarea sobre sus alcances y significaciones. En el campo de batalla, Alfonso X, Nebrija y Caro Baroja, entre otros. El resultado, una corriente de análisis de las formas de vivir la familia que a partir de las fuentes genealógicas define la morfología, penetración y devociones de un parentesco disponible.

En "De la teoría de las élites a la historia de la élites" Pedro Carasa desarrolla una perspectiva de la historia social contemporánea en clave de historia cultural. El texto, la descripción de una renovación historiográfica en un registro casi evolutivo. Terminologías, paradigmas, fuentes y enfoques que, desde la segunda mitad del siglo XIX, se proponen la búsqueda de élites históricas verosímiles. Se comprende que, cuando por fin se estableció una mirada más pragmática sobre las clases dominantes, la discusión virara, con acierto, hacia la temática del poder. Y aquí, el mayor logro del artículo. Definición que ensancha necesariamente el campo de la historia de las élites y la aloja en la trama de la localidad, las prácticas concretas que impone la vida y el universo simbólico de cada sociedad, como bien demuestra el ejemplo castellano.

El grueso de las colaboraciones está contenido en la segunda sección. Variedad que tal vez necesite un reagrupamiento. A mi juicio, de pertinencia y eficacia. Notable el trabajo de Francisco García González sobre la historia de la familia rural. Una deliberación muñida de concisas alusiones historiográficas europeas a los modelos de reconstrucción demográfica y de reproducción social. Y en el centro de la escena, las economías domésticas. No es tan segura, hoy por hoy, la garantía que ofrecen estos factores. Pero en cualquier caso, la saga de la vida material de los sujetos, resulta clave en la comprensión de las dinámicas y lógicas sociales. Tanto el abordaje a las clases dominantes como esta materialidad bien se engarzan con el texto de David Martínez López sobre la herencia en la sociedad agraria decimonónica. Aunque algo esquemática, la relación establecida entre tipos y sistemas familiares y modelos de transmisión patrimonial demuestra el peso no sólo de los sistemas jurídicos sino del avance de las reglas de juego capitalista sobre las formas familiares, la división de la herencia y la fragmentación de la tierra.

A mi juicio, cierto nexo temático es alterado con la inclusión de los trabajos sobre la sociedad del Antiguo Régimen. Parece aquí acordarse una entrada más propiamente sociológica de dos actores, marineros y comerciantes. La descripción de un tipo cultural en el primer caso, y la renovación de la historia económica y social españolas de las décadas del 70 y 80, en el segundo, mantienen esa línea de interpretación ya bien conocida sobre el efecto aglutinador y estamental de las estructuras mercantiles en los grupos profesionales. Para los marinos, se me impone una referencia obligatoria y ausente, el notable libro de Greg Dening sobre el motín del Bounty, Mr. Bligh’s Bad Language (Cambridge, 1992). En la misma dirección se confirma "Mujer y familia en la Edad Moderna" de M. Victoria López-Cordón. Los estudios de género han aportado un marco de interpretaciones en torno a las formas familiares que iluminaron al menos dos de sus aspectos fundamentales. Las juegos y roles de organización del poder en las fronteras de lo público y lo privado; y los efectos diferenciados de los procesos de secularización e individuación. Un progreso que por cierto se encuentra bien amarrado en las historiografías latinoamericanas, las de México y Brasil particularmente.

Juan Hernández Franco y Sebastián Molina Puche retoman en "Mantenerse arriba", el papel de las familias dominantes en la estructura social de Castilla moderna y esa preocupación por los métodos que imprime desde siempre el Seminario. Está definida la cuestión sobre el impacto de la demografía histórica y la antropología cultural sobre el campo. En mi opinión, los de mayor proyección. Sin embargo, los autores asumen, una vez más, una óptica sociológica en las definiciones culturales sobre la reproducción social, las solidaridades clientelares y las estrategias de dominación de clase. Una apuesta que intenta la observación de prácticas y hábitos verticales y horizontales de los grupos hegemónicos en su batida por la cohesión del poder.

Con la mirada también en la Modernidad española, Antonio Irigoyen López describe las fluctuantes condiciones sociales de la relación entre clero y familia. De un lado la penetración de la Iglesia sobre la sociedad, y por el otro, el estado eclesiástico como estrategia familiar. Y con su reafirmación a la hora de definir la interacción de esferas institucionales y sociales, una figura estelar: las capellanías.

En el final, los "Fondos documentales" de Vicente Montojo Montojo. Un ejercicio de archivística sobre las familias de la pequeña nobleza española, y la inmersión en un caso ciertamente típico y a la vez excepcional, el de los Garre García de Cáceres de Cartagena. En definitiva, severo llamado de atención sobre la importancia de realizar una aproximación crítica a las escrituras notariales en el métier del oficio de historiar.

A modo de conclusión, Espacios sociales, universos familiares marca correctamente el territorio de un forcejeo sobre las potencialidades del campo, sus encrucijadas y por qué no, su envejecimiento. Pienso en una serie de premisas-consigna que ya había desarrollado en alguno de mis trabajos anteriores y que pueden resumir los contenidos de una futura querella. Aquí las sintetizo: reafirmar el carácter patriarcal y el impacto decisivo de la lógica económica de los discursos de la modernidad sobre la organización familiar; revisitar la hermenéutica de la razón familiar; reinterpretar las prácticas familiares como expresión de un sistema cultural con eje en la espacialidad y las identidades; y profundizar el desafío propuesto por el giro lingüístico a la narrativa histórica. Movimiento polémico que me lleva a concluir que estamos en presencia de un libro cálido, preocupado y sobre todo, optimista.