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Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana Dr. Emilio Ravignani

Print version ISSN 0524-9767

Bol. Inst. Hist. Argent. Am. Dr. Emilio Ravignani  no.34 Buenos Aires Jan. 2012

 

RESEÑAS

Hilda Sabato, Buenos Aires en armas. La revolución de 1880, Buenos Aires, Siglo XXI, 2008, 333 páginas

 

Juan Martirén

Becario CONICET – Instituto Ravignani

 

En los procesos de construcción de los estados nacionales en América Latina han sido tradicionalmente los ejércitos las principales variables de análisis, descuidándose al mismo tiempo una institución clave en ese proceso, las milicias. En este sentido, esta obra de Hilda Sabato viene a plantear una visión renovadora al poner el eje de atención en las milicias para analizar el por qué de la recurrencia a las armas por parte de la ciudadanía argentina durante el siglo XIX. Para ello, la autora analiza un episodio central en la vida política decimonónica argentina que puso fin a largas décadas de desavenencias en torno a la cuestión de la capitalización de la ciudad de Buenos Aires: los episodios revolucionarios que estallaron en el mes de junio de 1880, que enfrentaron a las fuerzas de la Provincia de Buenos Aires con las del Estado central.

Utilizando como categoría central a la ciudadanía armada, el análisis de Sabato se vuelca de lleno el debate acerca de la relación entre las provincias y Buenos Aires durante el período de formación del Estado nacional. En este decurso, dialoga y discute con las visiones historiográficas que conferían a la nación un lugar central en la evolución histórica del país. La consolidación del Estado y fortalecimiento del ejército, critica la autora, se habían tomado como procesos graduales estrechamente entrelazados que habrían culminado con la disolución de las milicias provinciales y la definitiva subordinación de la Guardia Nacional al ejército en 1880. En consecuencia, se había interpretado que la vigencia de las milicias conspiraba contra la conformación del estado nación y que el avance de éste implicaba la desarticulación las mismas. En otras palabras, estas visiones habían entendido a los distintos episodios revolucionarios como obstáculos para la consolidación definitiva del país, en el cual la otrora poderosa clase dirigente bonaerense no había conseguido consolidar su estructura de poder ante la emergencia del poder del las elites del interior. De esta manera sus planteos ponen en duda algunas interpretaciones tradicionales que se volcaban por la supuesta inmadurez política o por una determinada "herencia" al respecto para explicar las constantes rebeliones y levantamientos que asediaron el equilibrio del sistema político argentino y latinoamericano. Así, el trabajo plantea una alternativa a la visión canónica del paso de una sociedad tradicional a una sociedad moderna, según la cual los episodios bélicos posteriores a la Independencia habrían sido producto de la imposibilidad del Estado para ejercer el monopolio de la fuerza, lo cual fue interpretado como un proceso de resistencia a la modernidad impulsado por las élites liberales.

La autora logra de este modo presentar una visión alternativa y novedosa. Discute las antiguas interpretaciones haciendo hincapié en el mismo hecho revolucionario de 1880, interpretado como un acontecimiento singular en el cual se entrecruzaron variables estructurales y coyunturales, apoyando así la tesis que deslegitima la idea del carácter violento como un rasgo específico de la política argentina, y mostrando a la vez que este aspecto se extendió a otros países de Latinoamérica. De manera que el aporte del trabajo resulta sustancial en el sentido de que intenta más que medir la violencia política, analizar sus causas y características.

La estructura del libro es por demás interesante. De modo similar a otros trabajos que analizaron la violencia política en el espacio rioplatense1, la autora elabora un audaz esquema de interpretación analítico-descriptivo que ayuda al lector a comprender las causas y características de la violencia, no sin antes elaborar una narración cronológica de los acontecimientos bélicos que son objeto de análisis en el libro. No detallaremos al por menor todas las secciones, puesto que algunas son, lógicamente, relatos que contextualizan el encadenamiento de los hechos.

La obra se compone de nueve capítulos, entre los que alterna la narración de los hechos y el análisis puntual de cada caso, que llama "Entreactos". A partir de un minucioso relato -que comienza desbrozando los episodios acaecidos en el año anterior al estallido de la revolución de 1880 y que son denominados las "vísperas del conflicto"- se pone el eje en la elección de los candidatos presidenciales que debían reemplazar a Avellaneda el año siguiente. Allí Sabato describe la estructura de partidos y candidatos y los pormenores de la agitada campaña de elección de los presidenciables para el ’80. Una vez planteado el cuadro de situación, comienza el primer Entreacto, denominado "Fuerzas Armadas", donde se analiza la organización militar argentina decimonónica, explorando la importancia que tienen sus dos pilares básicos, la Guardia Nacional y el Ejército de línea. Esta división resulta central para la comprensión de los episodios del ’80, ya que ambos sectores serán el ala armada de los enfrentamientos.

Sabato muestra muy bien cómo esta división tenía por su parte aristas políticas que afectaban la relación entre las provincias y el poder central. Por un lado, el Ejército de línea respondía al Poder Ejecutivo Nacional, mientras que la Guardia Nacional en gran medida respondía a los poderes provinciales. Estas dos fuerzas tenían formas diferentes de entender el poder coercitivo del Estado, lo que dio lugar en muchas ocasiones a una relación poco más que problemática al menos hasta 1880, cuando el poder central terminaría por consolidarse. De este modo, en este "Entreacto" el análisis pormenorizado de las milicias ayuda a comprender el proceso de construcción política del Estado Nacional y a la vez a desestimar ideas tradicionales que asociaban al Ejército como una institución clave en el proceso de organización nacional. La autora muestra que en este aspecto que las provincias con frecuencia consiguieron manejar sus recursos militares con bastante autonomía, sobre todo luego de la sanción de la Constitución de 1853, y luego al crearse la ya nombrada Guardia Nacional. Si bien desde 1862 el Estado se vuelve a unificar y se reorganiza el Ejército, la estructura de fuerzas continuó siendo similar. En otros términos, las milicias continuaban operando como redes de organización política descentralizadas, que fragmentaban el poder militar, lo cual quedó demostrado en los episodios del ’80. Este análisis le permite a la autora plantear un cuadro de situación novedoso, mostrando una coexistencia entre ejércitos profesionales y milicias, con distintos sistemas de organización militar, tanto en términos de composición y funcionamiento, cuanto a sus principios básicos.

El Capítulo 2 ya se centra específicamente en los días anteriores y en el de la elección legislativa del primer día de febrero de 1880. Se detallan los trabajos electorales acompasados a la vez con demostraciones de fuerza de parte del bando porteño que hacía suponer una futura escalada de violencia, de una gravedad tal que hasta el mismo Presidente de la Nación intentó intervenir para aplacar los ánimos.

El tercer Entreacto está dedicado al análisis al mundo de las milicias, su organización y su reclutamiento. Allí se muestra cómo el alistamiento de las milicias era impulsado por dirigentes políticos que tenían amplía experiencia tanto en distintos aspectos de la arena política cuanto en la Guardia Nacional o bien el Ejército. Las bases de las milicias abarcaban un variopinto espectro de la población, incluyendo desde clases populares hasta jóvenes pertenecientes a familias de la élite porteña o con aspiraciones políticas. Para 1880, el contexto había llevado a que incluso sectores que tradicionalmente no tenían una participación visible, como los extranjeros, se hubieran plegado a las milicias; podría haber tenido al respecto un cierto papel la coyuntura económica de esos años, a juzgar por algunas notas periodísticas.

El Entreacto 4, denominado "¡Viva Buenos Aires!" se encuadra en el rol que jugó la ciudad de Buenos Aires en los debates políticos que desencadenaron los episodios revolucionarios del ’80. Si bien los conflictos comenzaron por una cuestión de candidaturas, rápidamente fueron mudando de carácter hasta convertirse en una confrontación a gran escala entre el gobierno porteño y el Ejecutivo nacional. De esta manera se muestra la tensión existente entre un Estado central que iba acumulando poder progresivamente y las provincias que procuraban sostener tendencias más autonómicas, entre las cuales Buenos Aires era su principal exponente. En esa trama de poder, el manejo de las milicias se convirtió en el eje principal de disputas, ya que por un lado afectaba la capacidad militar del Estado nacional y por otro afectaba ciertas autonomías estatales. En ese contexto, se retrata muy convincentemente cómo los dirigentes porteños crearon una imagen para la provincia y ubicaron en un lugar simbólico a la ciudad de Buenos Aires, lo cual sirvió de fundamento a su política de resistencia.

El Capítulo y Entreacto 5 se centran el la descripción de los acontecimientos acaecidos en las dos semanas previas a los episodios revolucionarios, que fueron, con matices, preparando el terreno para un desencadenamiento que hasta ese momento ya parecía inevitable. El análisis teórico del concepto de Revolución aparece aquí como argumento central para entender los episodios del ’80. La autora vuelve a interpelar las visiones nacionalistas de buena parte de la bibliografía latinoamericana que entiende a las revoluciones como obstáculos al sendero de consolidación de los Estados nacionales. Para Sábato, por el contrario, el concepto de revolución tuvo un papel central en el lenguaje político de la época, y los acontecimientos ligados a él fueron una parte constitutiva de ese espacio, ya que desde muy temprano en el proceso de formación de las repúblicas, la figura del ciudadano en armas ocupó un lugar destacado tanto en la retórica y en la normativa como en las prácticas políticas. A la par de esta figura surgió una institución, la milicia, y se consagró una práctica, la de la "revolución", asociada al derecho y a la obligación de la defensa del orden republicano por parte de los propios ciudadanos. La noción de revolución ocupó así un lugar importante en la cultura política argentina durante el siglo XIX.

Sin embargo, Sábato muestra que se produjo un giro retórico en el concepto, ya que los porteños en este caso usaron "poco y nada" el término de revolución, cambiándolo por el de "resistencia", pero con un significado similar. Posiblemente el mismo estuviera cambiando debido a las mutaciones que se intentaban imponer desde la dirigencia del Ejecutivo Nacional en las formas de hacer política y entender el Estado2.

Las últimas seis secciones se centran puntualmente en los episodios revolucionarios que se dispararon en la tercera semana de junio y sus consecuencias políticas en los dos meses posteriores. Allí la autora hace una descripción muy completa y lograda tanto de la evolución de los combates cuanto de la composición de los cuerpos políticos en pugna, de sus perfiles y de las lógicas y estrategias utilizadas en los enfrentamientos. Se describen también detalladamente las consecuencias de la revolución –específicamente en los resultados de la violencia y en las pérdidas de vidas humanas- y se retoma asimismo el viejo debate sobre la ahora resuelta "cuestión capital". Allí da cuenta de las numerosas idas y vueltas y las eternas discusiones sobre la capitalización de Buenos Aires a lo largo del siglo XIX, poniendo a su vez en el tapete la importancia que tuvo el desenlace armado para la superación de este dilema.

El libro concluye con un análisis del impacto que tuvo la revolución en sede política, consolidando las imposiciones por parte del bando ganador que no habían sido conquistadas en el plano de las armas. Como bien concluye el libro: "El enfrentamiento por las armas y su resultado inmediato abrieron un escenario político nuevo, pero el final del drama no estaba escrito aún. Fue en los dos meses siguientes que siguieron a los combates de junio cuando, ya lejos del campo de batalla, las dirigencias jugaron a fondo sus posiciones por las vías habituales de la acción política... los roquistas respondieron con intransigencia [frente a las posiciones porteñas] y decidieron usar el poder que habían ganado para cortar de cuajo el que todavía parecían retener los dirigentes porteños y para intentar terminar de una vez con los arrestos de autonomía y las pretensiones hegemónicas de la provincia más rica de la Argentina". Por lo demás, y aunque no es objetivo del libro, resultaría interesante que nuevas investigaciones extiendan el análisis de este proceso hacia variables económicas, sobre todo durante la década de 1880, en la cual, según algunas investigaciones recientes, el poder de la provincia de Buenos Aires en el campo de la economía no habría sido del todo erosionado.3

En conclusión, puede afirmarse entonces, que si bien el caso analizado se refiere a los episodios del ’80, el libro problematiza y a la vez brinda interesantes respuestas para comprender no sólo la cuestión "capital" en la Argentina, sino también el plano de la ciudadanía armada a lo largo de todo el siglo XIX. Más específicamente, el libro brinda, además de un relato histórico muy trabajado, un consistente análisis teórico sobre conceptos como revolución y ciudadanía. Es por ello que esta obra resulta sin dudas una referencia ineludible para quienes quieran analizar o comprender la historia política argentina decimonónica.

Notas

1 Ver J. Chasteen, Heroes on Horseback: A Life and Times of the Last Gaucho Caudillos, Albuquerque, University of New Mexico Press, 1995, pp. 243        [ Links ]

2 Cfr. la clásica referencia de Oszlak respecto de la consideración de las asonadas y movimientos revolucionarios como actos de rebelión o conmoción interior por parte de las autoridades del Estado nacional. Ver Oszlak, O. (1982), La formación del Estado argentino, Buenos Aires, Ed. de Belgrano.         [ Links ]

3 Ver, entre otros, Gerchunoff, P., Rocchi, F. y Rossi, G., Desorden y progreso. Las crisis económicas argentinas, 1870-1905, Buenos Aires, Edhasa, 2008, p. 391.         [ Links ]