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Trabajo y sociedad

On-line version ISSN 1514-6871

Trab. soc.  no.17 Santiago del Estero winter 2011

 

ESPEJOS DE LA HISTORIA

La sequía de 1937 en Santiago del Estero. Antecedentes y consecuencias de un acontecimiento ambiental

The drought of 1937 in Santiago del Estero. Antecedents and consequences of an environmental event

 

Alberto Tasso*

* CONICET, UNSE, El Colegio de Santiago, Biblioteca Amalio Olmos Castro. Correo: yleret@gmail.com

 


RESUMEN

Durante los años 1935 a 1937 se produjo una importante sequía que afectó duramente a las regiones áridas y semiáridas del noroeste argentino, así como de México y Estados Unidos. En esta nota se estudia la repercusión de ese acontecimiento ambiental sobre la economía y la sociedad de Santiago del Estero, que marca un antes y un después en su historia agraria. Hasta ese año se consolidó el modelo agroforestal surgido entre 1880-1900, que combinaba el obraje, la finca y la economía campesina. La gran sequía hizo fracasar dos cosechas seguidas, y disminuyó el stock ganadero vacuno y caprino en un 80%. Esto tuvo consecuencias catastróficas en una sociedad rural, cuya dieta dependía en gran medida de su propia producción, desatando la hambruna más notable en la historia contemporánea de esta provincia. Entre las numerosas consecuencias de esta sequía, estudiamos sus efectos en la población, la economía y las políticas públicas. Las iniciativas del Estado fueron dispersas y tardías, y no pudieron contener los problemas de miles de familias que enfrentaron el hambre y el desamparo social. Este drama regional adquirió dimensión nacional a través de la prensa oral y escrita, que en los últimos meses de 1937 promovió una campaña solidaria en gran escala. El éxodo inauguró un sendero migratorio hacia las zonas fabriles de Berisso, Ensenada y el Gran Buenos Aires. La sequía también estimuló la construcción de los diques Los Quiroga (1949) y la presa de embalse de Río Hondo (1968). La literatura también recogió este tema como símbolo del drama campesino en el imaginario colectivo.

Palabras clave: Sequía; Hambre; Políticas; Solidaridad

ABSTRACT

During the years 1935 to 1937 there was a significant drought that hit the arid and semiarid regions of northwestern argentina, as well as from Mexico and the United States. This note discusses the impact of this environmental event on the economy and society of Santiago del Estero, which marks a before and an after in its agricultural history. Until that year was consolidated on agroforestry model emerged between 1880-1900, which combined obraje", la finca and peasant economy. The great drought was followed two failed crops and cattle stock decreased cattle and goats by 80%. This had catastrophic consequences in a rural society, whose diet depended heavily on their own production, most notably triggering famine in the contemporary history of this province. Among the many consequences of this drought, we study their effects on population, economics and public policy. State initiatives were sparse and late, and could not contain the problems of thousands of families facing hunger and social deprivation. This regional drama became a national dimension through the print and broadcast media, which in the last months of 1937 initiated a large-scale solidarity campaign. The exodus has opened a path of migration to the industrial zones of Berisso, Ensenada and Buenos Aires. The drought has also spurred the construction of levees Los Quiroga (1949) and the dam reservoir of Rio Hondo (1968). The literature also included this issue as a symbol of peasant drama in the collective imagination.

Key words: Drought; Hunger; Policies; Solidarity


 

SUMARIO

Problema y objetivos. Materiales y métodos. Estado de la cuestión. Fotografías. Clima social y metereológico en la prensa. La visita del senador Alfredo L. Palacios. El tratamiento que dio la prensa nacional a la sequía Solidaridad, donaciones y compromisos. Conclusiones. Anexos. Bibliografía.

Problema y objetivos

En los últimos años, distintos acontecimientos ambientales han vuelto a replantear los vínculos entre la sociedad y el "mundo natural". Al aprovechar las ofertas y multiplicar los rendimientos de la naturaleza viva, la sociedad humana también se expone a sus restricciones, y superarlas o mitigar sus efectos ha sido y es uno de los acicates para formular políticas sociales apropiadas, así como para el desarrollo tecnológico.

Como otras sociedades agrarias en la región semiárida, en Santiago del Estero se observa una fuerte sensibilidad hacia la presencia o ausencia de agua. Abundante, normal, o escasa, el agua encarna aquí el nudo de la supervivencia. Definida por muchas generaciones como "un problema", el agua y las formas de manejarla han dejado rastros en la economía y en la cultura.

Uno de ellos es la intensa sequía de los años 1935-37, acerca de la cual existen testimonios numerosos, pero que aún no ha recibido el tratamiento historiográfico que merece. En esta nota señalo algunos de los aspectos de mayor interés desde mi lectura: ambiental, económico, social, y político. Al describir este acontecimiento me propuse resaltar su singularidad, dentro de los aspectos comunes a otras crisis ambientales; además quería colocarla en una lectura de larga duración, señalando sus antecedentes y las consecuencias que podían apreciarse en décadas sucesivas. Los objetivos de esta nota son los siguientes:

• Tratar un tema poco examinado destacando su influencia en distintos planos durante las siguientes décadas, identificando las fuentes para su abordaje.
• Presentar perfiles del drama social.
• Destacar el papel de la prensa (diarios, periódicos, radio) en la campaña de solidaridad y asistencia de 1937.
• Analizar una instancia inicial de las políticas públicas ante la desigualdad social y regional, dentro de un amplio espectro de búsqueda de soluciones.

Materiales y métodos

He utilizado como fuente principal el discurso de la prensa, complementándola con censos y estadísticas de época, así como estudios contemporáneos. Muchas entrevistas me ayudaron a recuperar relatos que ilustran sobre el problema. Una fotografía del 'asalto' al tren ha sido utilizada como motivo para una reflexión inicial.

Estado de la cuestión

El problema en estudio propone descubrir conexiones entre distintas dimensiones de la vida ambiental y social, profundamente imbricadas hasta el punto de justificar la 'ecología humana' que postuló Amos Hawley (1950). Algunas de las principales fuentes que tomé en cuenta son las siguientes.

El tema propiamente ambiental o climatológico es insoslayable, y forma parte importante del contexto de explicación, para el caso argentino. En esos años se inició un período de escasez hídrica que se extendió hasta 1960 (Carballo 2002). A la intensa sequía que afectó a La Pampa en 1930, sucedió la de Santiago del Estero y Jujuy entre 1935-37. Otros autores han señalado las causas de este fenómeno que hoy es comprendido en sus dimensiones ambientales globales (Jorba et.al, 1988; Davis 2006; Glantz 2009).

El impacto económico local de la sequía puede apreciarse en Olmos Castro (1937, 1939). Este autor señaló el descenso de la natalidad. Su impacto en los sectores populares rurales de las regiones campesinas se tradujo en hambre y éxodo, que describo según textos aparecidos en la prensa de la época (Dossier 1937). La migración en cadena que se inició desde Loreto hacia las nuevas regiones fabriles de Berisso y Ensenada (Lobato, 1988) y el conurbano de Buenos Aires ha sido estudiada por otros autores (Lattes, 1966; Zurita, 1998).

La forma en que esta sequía fue analizada por la prensa de la época ayuda a comprender el clima de ideas y sensibilidades que confrontaban entonces, en un contexto de crisis internacional y nacional, que se expresaba en desocupación, la sequía, el hambre, la langosta, y la migración del campo a la ciudad. Así como esa década fue adjetivada como "infame" en alusión al quiebre de la institucionalidad (Repetto, 1964), otros factores contribuyeron a señalarla como un período de dificultades.

Fotografías

El control del agua de los ríos Dulce y Salado tiene un remoto origen que ha sido fechado entre los años 800 y 1200, en sitios reconocidos como pertenecientes a las culturas Sunchituyoj y Averías. En los períodos de creciente el agua era conducida hacia represas definidas por montículos de tierra, donde se sembraba (Wagner y Wagner, 1934; Lorandi, 1970). Con escasas variantes, este procedimiento era aún practicado en Matará, Manogasta, Loreto, Atamisqui y Salavina cuando se produjo la conquista española, y en esos sitios se formaron poblaciones para controlar la producción de esas áreas de riego. La primera acequia que regaba las casas y las quintas de Santiago del Estero se construyó hacia 1580. Aunque durante el período colonial los documentos registran especialmente las situaciones de inundación y de sequía, los intentos de dar soluciones más estables y en gran escala datan de la segunda mitad del siglo XIX. La primera red de riego constituida por acequias privadas se construye entre 1870 y 1890.

Entre los años 1876 y 1911 se traza la red ferroviaria que al incursionar entre los bosques permitirá establecimientos humanos "artificiales", es decir abastecidos por el agua que el propio ferrocarril transportaba. Se comprenderá que a medida que se expandía el riego y la población, el manejo del agua fue ganando cada vez más espacio en el discurso público. Se comenzó a discutir el uso monopólico que hacían los grandes finqueros, y la protección que el estado provincial les otorgaba. La sequía de los años 1924 a 1926 motivó la protesta de los medianos y pequeños productores, dando lugar a un importante movimiento de acción colectiva impulsado por colonos españoles de La Banda. (Tasso, 2003).

El ferrocarril atravesaba zonas en las que no se disponía de agua. La población que allí se concentró, movilizada por la estructura ocupacional que el obraje forestal generaba, debía abastecerse de agua que el propio ferrocarril transportaba. En el período de sequía o durante el lapso que va desde fines del invierno hasta el comienzo de la estación lluviosa, la población asediaba los trenes, luchando por obtener el "precioso líquido", según lo denominan los periodistas de la época.

Tengo a la vista tres fotografías. En una hay doce personas trepadas a un vagón aguatero. Son principalmente hombres y chicos, y sólo una mujer. Solo dos o tres de ellos miran hacia la cámara y en sus rostros se lee una mezcla de excitación, curiosidad y preocupación. En otra se está repartiendo agua; hay un grupo de mujeres y chicos con baldes arracimados en torno al vagón. Una mujer de unos cincuenta años ya ha llenado su balde y viene hacia la cámara. Tiene un pañuelo blanco atado atrás que le cubre la cabeza y la frente. En esta segunda foto el sentido dramático está más apagado. Así como en la primera campeaba la ansiedad y la lucha, en esta se lee la aceptación de la escasez que muestran habitualmente los rostros de tantos santiagueños del campo o la ciudad. En la tercera, cuatro mujeres haciendo cola junto al vagón. Todas tienen la cabeza envuelta con pañuelos blancos. Son morenas, de tobillos delgados. Los vestidos, también blancos, son largos: a una le llega hasta los tobillos, de modo que parece una túnica. Esto confiere a la escena una luz oriental, y la certeza de estar en una de las fronteras de Occidente. Las imágenes fueron obtenidas en Laprida, departamento Choya. Los asaltos de trenes y sus peleados repartos se repitieron en el ramal Frías-Santiago así como en el de Añatuya-Campo Gallo.

Clima social y metereológico en la prensa

Una modalidad caracterizó a la prensa de los años ´30 es la presencia de corresponsalías en pueblos pequeños del interior. A diferencia de la actual, donde los textos son elaborados en su mayor parte por periodistas profesionales y "de ciudad", en los diarios de entonces proliferan las pinceladas pueblerinas. ¿Cabe alguna duda que el mundo presenta distintas coloraciones según se lo vea desde el campo o desde la ciudad? Allí están los testimonios de estos corresponsales que dan cuenta, sobre todo, de los avatares del agua: "Es riego lo que más falta en la zona de Icaño"; "Puede faltar agua a los vecinos"; "Escasea ya el agua"; "Gran miseria amenaza al pueblo"; "Sin riego perdería su fuente de recursos"; "En Vinará persiste aún la sequía"; "El problema del agua". Pero el agua no sólo es referencia por lo escasa: "Las últimas lluvias inspiran confianza a los agricultores", "Las recientes lluvias han mejorado los campos", "Ha hecho llover la providencia para que renazca la esperanza de los pobladores".1

El noticiario periodístico centrado en uno de los pueblos agrícolas santiagueños revela no sólo lo que sucedía, sino también la sensibilidad de la conciencia pública hacia aquello que era digno de llegar a la letra de molde. El robo de hacienda y los crímenes son temas clásicos entre 1929 y 1940. Pero también se da testimonio de otra clase de conflictos sociales cuyo tratamiento no hubiera desdeñado la novela policial. Los desbordes de autoridad de los jefes policiales remiten al antiguo y problemático tema del control social en una provincia dilatada, donde pequeños pueblos aislados albergan pasiones y enfrentamientos que una visión idealizada de la vida rural santiagueña no siempre consiente en admitir. La historia rural santiagueña registra múltiples casos de funcionarios despóticos que con menos títulos pero con más eficacia que Luis XIV pudieron sentir que el Estado eran ellos.

La máxima autoridad departamental, el Jefe Político, y los jefes de policía, monopolizaban el poder local. Ellos podían beneficiarse con el comercio de hacienda o de frutos del país, proteger a los cuatreros con los que se aliaban hasta el punto de simular detenciones y posteriores huidas, y manejar a su arbitrio los derechos de las personas. Estos funcionarios, hombres del lugar enriquecidos a la modesta escala de estos pueblos pobrísimos, eran también punteros de tal o cual dirigente político de la ciudad. Debían su reconocimiento a su carácter de "hombres fuertes", de su dominio de la población autóctona, a la que conocían en sus sentimientos, su lenguaje y sus debilidades. Si bien es cierto que esta categoría de dirigentes nativos tiene matices, son múltiples los testimonios que avalan la existencia del tipo descripto. No solo los diarios los reflejan: algunos sonados casos, como el de Juan Jiménez en el departamento del mismo nombre, fueron extensamente tratados en la Legislatura provincial.2

Fueron los comerciantes sirios y libaneses quienes comenzaron a disputar el poder de estos autócratas pueblerinos, y en algunos casos lograron reemplazarlos, a veces aprovechando una transición política. El caso de los Nassif en Icaño muestra el espacio de influencia de la prensa. Como corresponsales de Noticias Gráficas, La Prensa, y de los diarios santiagueños El Liberal y El Combate, denunciaron el robo de agua del río que algunos agricultores practicaban, perjudicando a los colonos de aguas abajo en Real Sayana, Icaño y Colonia Dora, que en su mayoría eran judíos, alemanes, y árabes. También se enfrentaron con el comisario Palavecino, y pudieron darle trascendencia provincial y nacional a estos casos locales.3

La historia económica señala el impacto de la crisis de 1929-30 sobre la economía argentina, y ahora advertimos cómo se hizo sentir en Santiago del Estero.

La visita del senador Alfredo L. Palacios

En cuatro extensas intervenciones -15, 17, 22 y 24 de junio de 1937- el senador Alfredo Palacios informó al Congreso de la Nación sobre los viajes que acababa de realizar a Santiago del Estero, Tucumán, Salta Jujuy, Catamarca y La Rioja. Se trata de una pieza de gran valor, que a pesar de su menor extensión es comparable en muchos puntos al que Juan Bialet Masse había presentado tres décadas antes.4 Se trata de un retrato sociológico de casos de gran efecto por sus detalles y precisiones, junto a datos cuantitativos y fotografías, centrado en los niños que asisten a la escuela.

El estudio del problema de la infancia desnutrida fue el móvil de mi viaje. (...) Muchas veces he repetido en este recinto (...) que hay indicios alarmantes de que nuestra raza declina, en las provincias del Norte sobre todo, calificadas, certeramente, de provincias pobres.

En otras intervenciones destacará que la expresión "provincias pobres" fue utilizada por primera vez por Joaquín V. González. Al plantear esta desigualdad regional, incorpora una mirada étnica y de clase, aludiendo a los sectores populares rurales como "la raza que ha poblado nuestro suelo".

Un criterio equivocado e inhumano, y una política extraviada de los verdaderos intereses nacionales han conducido al país a una inflación ostentosa en las grandes urbes a costa del olvido de las condiciones de existencia de las provincias del interior, a la vez que un refinamiento y selección de los ganados junto a un empobrecimiento progresivo de la raza que ha poblado nuestro suelo y que con su abnegación y sacrificio ha cimentado y nutrido la grandeza del país.

En cada provincia aplicó el mismo método: visita a las autoridades provinciales, entrevista al Director de Trabajo y a un funcionario de Salud, a los que pedía informes técnicos. En las escuelas que visita es acompañado por el personal de salud, que pesan y miden a niños y niñas. Su encuesta aparece a veces en el informe; cuando pregunta "¿Por qué hay tan pocos niños?", una maestra le responde que están en las cosechas, otra que están enfermos, pues hay una epidemia de paludismo. De igual modo se revelan tracoma, chagas, así como distrofias, desnutrición y un estado general de apatía y tristeza. Este dato surgido de la observación le sirve para comparar las diferentes actitudes que muestran los niños según la alimentación que reciben, y desde luego el ambiente en que son criados, su familia, su vivienda, su clase.

Cuando dice "No hace falta consultar a un psicólogo para que nos diga que un niño con hambre no puede aprender" está diciendo que basta la observación para comprobarlo. Las fotografías de los niños, junto a las tablas que incluyen nombre, edad, peso, talla y lugar de residencia, han sido insertadas en el diario de sesiones.5 Palacios veía a la niñez como bisagra entre generaciones, y no dejó de señalar que "...estos son niños argentinos, hijos de padres argentinos, nietos de abuelos argentinos. Y algunos de nosotros, señores senadores, hemos venido ayer". Y no dejó de señalar las graves consecuencias de esta situación: "Si tuviésemos que cruzar de nuevo los Andes, el patriotismo sería el mismo, pero no la resistencia orgánica a la prueba". Observemos que Palacios pone mucho énfasis en el cuerpo, como lo había hecho Bialet Massé, pero además le presta gran atención a la expresión, el porte, la apariencia, en una mirada donde se cruzan el médico con Georg Simmel. Su terminología es precisa y denota una familiarización con el habla técnica. Ha consultado a médicos como Salvador Mazza -que ese momento residía en Jujuy-, a educadores, y a todo otro especialista que conociese. Los viajes de Palacios despertaron mucha expectativa dada la relevancia que ya entonces tenía su trayectoria pública, y fueron acompañados por numerosas voces de aliento; recordemos, entre otras causas, su apoyo a la ley de sufragio femenino.

La primera provincia que visité fue Santiago del Estero, regazo de misterio y de leyenda, el más característico de los pueblos de la República, que vive lejos del Atlántico y de los Andes, adentrado, como dice Rojas, en el corazón de la República...

Se entrevistó con Antenor Álvarez, ex-gobernador, médico y estudioso de notable trayectoria, que en ese momento tenía 70 años y presidía la Cruz Roja a quien llama "figura consular de aquella provincia". También destaca la labor de Amalio Olmos Castro, Director de Trabajo, "dignísimo funcionario de Santiago del Estero" y transcribe partes del informe que preparó a su pedido sobre la situación de los trabajadores. Encomia la labor de José F. Castiglione, "que ha realizado una tarea inteligente y tesonera en favor de los niños", a la sazón presidente del Consejo General de Educación y de la asociación Los Amigos de la Educación. Menciona también al diputado (Antenor) Ferreira, al profesor Domingo Maidana, al coronel Augusto Pereyra, y a muchos otros funcionarios, sin omitir maestras.

Los pobladores piden agua angustiosamente. En Atamisqui escuché el reclamo insistente. Se pide un canal de 26 kilómetros. Se trata de setenta poblaciones en cuyo seno hay miles de familias, las que necesitan esta pequeña obra que les permita aprovechar las aguas del río Dulce.

Analiza el analfabetismo primero, y las tasas de mortalidad infantil después; de 0 a 1 año son 1.563, que representa el 320,81 por mil. Como vemos, su informe combina imágenes y cifras, mediante un enfoque que combina positivismo, crítica histórica, y formulación de políticas. Creemos que este informe tuvo mucho impacto, y encontramos muchas afinidades entre sus ideas y las que aparecen en la prensa en los meses sucesivos.

El tratamiento que dio la prensa nacional a la sequía

Entre otros tópicos, un artículo compara a la provincia con regiones desérticas de otros países y otros continentes:

Es que el gobierno no advierte que la tragedia desesperante de los desiertos del Tibet, de la Libia o del Sahara, se encuentra en el corazón de la República. La tierra agrietada por el sol y los hombres en caravana buscando agua. Visiones de Texas y del Arizona de hace un siglo, son realidades en nuestro país, en este año de 1937.

En realidad Texas y Arizona, así como los estados del norte de México, fueron tan afectados como Santiago del Estero, La Rioja y Jujuy. Pero el nivel de información acerca de la ecuación ambiental no permitía un enfoque global. Al abordar las circunstancias regionales surge la crítica al obraje.

No es ésta en realidad la única sequía catastrófica de Santiago del Estero, ya tuvo que sufrir varias veces la falta desastrosa de la lluvia. Pero hoy el desastre es mayor porque el progreso se llevó la defensa natural y dejó a la provincia más pobre y desolada que nunca. La necesidad de postes, de durmientes y de leña, taló los bosques, arrancó los árboles y dejó la tierra libre, sin protección del follaje, para que la calcinara el sol. Cuarenta años que el hacha del obraje fue ampliando la pradera, hasta los confines de Chaco. Las sequías periódicas coincidieron con un cambio de las condiciones físicas de la provincia y el desastre cayó, como una calamidad, sobre sus moradores. El clamor de ese pueblo ha llegado hasta hacerse eco a los habitantes de todo el país que se mueven en sentido humanitario de ayuda y apoyo.

El contraste entre la "Buenos Aires rica" y "Santiago del Estero pobre" es parte de la crítica al gobierno nacional que desconoce la desigualdad regional, enfoque que ya mencionamos.

Bienvenido sea lo que vaya a calmar la tragedia de ese pueblo, pero no es caridad deprimente y efímera lo que necesita una provincia argentina. Santiago del Estero dio al engrandecimiento nacional toda su riqueza. Aportó la madera excepcional de sus bosques y el esfuerzo de su pueblo macizo como el quebracho de sus llanuras, fue a manejar el hacha en los obrajes y el machete en los ingenios y hoy, con delicadeza, junta el oro blanco en todas las regiones.

Las propuestas no faltan:

Los dineros que el gobierno central malgasta en edificios y en avenidas, podrían utilizarse en la construcción de la gran red de riego que se necesita en Santiago y otras provincias donde la sequía no ha llegado todavía a las condiciones de tragedia. El dinero gastado para comprar los créditos congelados, es decir, las trampas de cuatro figurones de influencia, hubiese sido suficiente para crean una gran red de canales y de diques que partiendo de Suelta, trasformaran la visión desolada de Santiago del Estero.
Es indispensable que el gobierno se ocupe de replantar los bosques de la provincia y es también necesario que se impida la explotación de los obrajes que no replanten una proporción de bosques. Y también que se inicie en gran escala las plantaciones de secano, cuyo ensayo por los F.F.C.C. dio tan buen resultado en
esta provincia y que el gobierno central debía impulsar con dinero que no falta.

La inauguración de la avenida 9 de Julio y el Obelisco fue vista como un símbolo de la opulencia del gobierno nacional, que contrastaba con las carencias de las provincias.

Una avalancha de millones... y el pueblo muere de sed y asalta trenes aguateros. Broma pesada de un gobierno que no hará gracia a las generaciones futuras. En sólo el año que termina hemos gastado en edificios tanto como lo empleado en el primer tercio del siglo, hasta la llegada del gobierno de las brillantes operaciones financieras. ¡Sabe Dios cuántos millones de pesos hemos gastado durante 1937! Sólo los magos pueden saber el monto al que ascenderán los pleitos que provienen de la construcción de la Avenida Solitaria, o de ensanche de Corrientes, o de las expropiaciones de palacios para ministerios o para cualquier cosa. Un cerebro humano no puede abarcar estas cifras, por más que se encuentre en los entretelones del Ministerio de Hacienda y se tutee con el Directorio del Banco central, que es el hospital de los "quebrados" de apellido.

Las aguafuertes rurales de Roberto Arlt

A comienzos de diciembre de 1937 Roberto Arlt llegó a Añatuya, como corresponsal del diario El Mundo. Conocía a Homero Manzi, que también firmaba la nota "S.O.S." publicada en La Nación por Bernardo Canal Feijóo. Luis Manzione, hermano de Homero, lo acompañó en varias de sus salidas al campo. Luego viajó a Santiago del Estero, donde conoció a Moisés Carol, que lo recuerda así:

Fuimos a tomar un café con Roberto Arlt en el bar Tokio. Estaban también Pablo Rojas Paz, el poeta González Carbalho y el cuentista Gregorio Guzmán Saavedra, que narró con detalle las actividades de la secta de los ulalos, que desde hace un tiempo tiene soliviantada a esta población. Se trata de un culto antiquísimo que se nutre del magisterio de la iguana y congrega a los muertos que están interesados en hacer obras de puro beneficio espiritual. Por este motivo, mediante la colaboración de los sepultureros que quitan los tornillos a las tapas de los ataúdes, pueden salir con facilidad para desempeñar sus actividades. (Moisés Carol: La gran sequía, Buenos Aires, 1991 [1967]).

Carol opina que ante el aumento del drama social provocado por la gran sequía los ulalos tenían mucho más trabajo para asistir a tanta población desprotegida. Luego dice que le pidieron a Arlt que contara algo de lo que había visto en Santiago del Estero. Comenzó diciendo que estuvo en un lugar donde vender huesos es la única manera de ganar un centavo para la gente extremadamente empobrecida, ya que se han terminado las vizcachas perseguidas por el valor de su cuero que está siendo subsidiado como ayuda social, pagándose 0,15 centavos el cuero que antes valía 0,10. Entrevistó a un comprador de osamentas, que abundan y hieden. Entre los huesos que le traía una señora, había un fémur y una calavera humana, desenterrados de un antigal. También narró que vio un chancho comiéndole las tripas a una vaca muerta. Pero de pronto la vaca levantó la cabeza, y la volvió a recostar en el suelo. Estaba siendo devorada viva.

Los títulos de las notas que Arlt publicó en El Mundo entre el 10 y 1l 13 de diciembre llevan por título: "Un hueso de caballo como alimento", "Todavía vamos a llegar al canibalismo", "Ante el avance de la sequía se ha quebrado el aguante gaucho", y "Después de la sed vuelve ¡el hambre!". Son muy buenos ejemplos del género que él llamó "aguafuertes", en este caso ambientadas en una región rural que le resultaba tan exótica como el África.

Solidaridad, donaciones y compromisos

La campaña de donaciones que se inició desde fines de septiembre se intensificó semana a semana, mediante el envío de víveres, medicamentos y dinero en efectivo. En este apartado incluyo notas que dan cuenta de las numerosas personas e instituciones que las promovieron, y algunos de los problemas que se plantearon en su realización. Se trataba de iniciativas solidarias concebidas con sentido de beneficencia, o filantrópico, en las que intervinieron figuras de relieve en el campo institucional, terratenientes, empresarios de la industria, y muchos otros donantes anónimos que contribuían hasta con monedas en toneles dispuestos como alcancía en algunos puntos de la ciudad de Buenos Aires.

La crítica de muchos influyentes, periodistas y comunicadores había contrastado el drama rural de Santiago del Estero con las inversiones millonarias que el estado nacional había realizado esos años en la capital federal. Tras esa dicotomía latía un problema que distaba de ser nuevo, pero que en esos años se reformuló considerablemente. Se trataba del papel -y el lugar- de Buenos Aires en relación con el resto del país, que pudo ser visto como "esos trece ranchos", el "interior", o meramente "las provincias de arriba", ya que la Patagonia era todavía una frontera de interés para viajeros, naturalistas, criadores de ovejas, delincuentes, petroleros y militares, pero aún no una región con estatuto pleno de civilidad que alcanzaría en décadas siguientes.6

El crecimiento de la Buenos Aires durante el período 1880-1914 no parece haber sido tan discutido como lo fue después de 1920, ya fuera por efecto de la ley Sáenz Peña y la mayor inclusión social que caracterizó al radicalismo7, o como consecuencia del clima de impugnación y cambio que caracterizó a esa década, el pensamiento social y político había cambiado. No poco había contribuido la inmigración extranjera y sus múltiples efectos, tanto si consideramos su participación en la inversión, en la estructura ocupacional, o en la formación del socialismo, del cual era heredero Alfredo Palacios. Y ya en los 30, la restauración oligárquica había encontrado apoyo en el sector militar, el nacionalismo, y entre los radicales antipersonalistas: la "concordancia", un complicado sinónimo de "acuerdo". Por esta última razón, encontramos en muchos textos periodísticos la posición de crítica al gobierno nacional, pero que ahora comienza a ser asociada a enfoques más estructurales que discuten, por decirlo así, no sólo lo que hacen los gobernantes sino "el modelo" que proponen o los inspira.

Entre las numerosas perspectivas que registra esa crítica cabe citar a Bernardo Canal Feijóo en Nivel de historia (1934), quien objeta la hegemonía de Buenos Aires sobre las provincias "que viven en función de la capital", al mismo tiempo que la "aritmética política", expresión en la que puede aludir tanto al acuerdismo como a lo que otros llamaron "fraude patriótico". Como sabemos por su obra posterior sobre el pensamiento de Alberdi, este autor sostenía que el federalismo sólo podía sostenerse sobre la estructura "orgánica" del país, que desde 1880 había sido desvirtuada, o negada, tras otro proyecto estructurante: era la "tercera anécdota" que había arrasado con los bosques de la provincias, y acaso también con el sentido de provincia. Por esto decía en el libro citado que vivir en provincia debía ser "algo más que una abjuración o un destierro".

La crítica de los provincianos a Buenos Aires incluye la obra de Ezequiel Martínez Estrada, especialmente en La cabeza de Goliat (...), donde presenta la idea de hipertrofia en términos demográficos y territoriales semejantes a los que varios años después utilizaría Alejandro Bunge en Una nueva Argentina (1940).

En paralelo con estas obras, pero a cierta distancia en términos disciplinares e ideológicos, Raúl Scalabrini Ortiz fundó un amplio campo de crítica revisionista con su historia del ferrocarril, que sirvió para marcar una divisoria de aguas con el tono celebratorio del centenario. En efecto, el antes ponderado ferrocarril comenzará a ser visto como un vector negativo en la vida nacional, del mismo modo que la adhesión complaciente de la economía argentina a los intereses económicos de Inglaterra, que en ese momento habían sido remozados por el pacto de exportación de carnes firmado por Julio A. Roca (hijo) con el ministro Runciman. Algunos de estos argumentos serán utilizados más tarde por Ricardo Ortiz en El ferrocarril, obra que habría de constituir un fundamento de la nacionalización de la red ferroviaria, durante la primera presidencia de Juan Perón.

Scalabrini Ortiz también es autor de El hombre que está solo y espera (1931), una obra que introducirá la sensación de desubicación, rebeldía o desaliento que podían caracterizar a los tipos humanos de Buenos Aires, pero también a los de una generación. El teatro y el tango, no menos que la poesía de González Tuñón y la obra de Roberto Arlt, informa de un registro distinto de la crisis, en una dimensión intimista, de claras connotaciones espirituales y morales. De un modo u otro, estas obras y el pensamiento que expresan parecen haber gravitado en el tratamiento que la prensa dio a la sequía, y en la identificación de culpas que todo drama provoca. En los textos que citamos, esa culpa la tiene Buenos Aires, y también, menos ostensiblemente planteado, ciertos sectores sociales cuyos intereses representa el gobierno. La noción de egoísmo -social y territorial- que esta crítica exponía, puede haber estimulado una respuesta altruista en aquellos que se sintieron aludidos.

La nómina de integrantes de la Junta de Socorro al Poblador de Santiago del Estero menciona en primer lugar a su presidente Mariano de Vedia y Mitre, intendente de la ciudad de Buenos Aires, y luego del de Jorge Santamarina, presidente del Banco de la Nación Argentina. Recordemos que Santamarina, Tornquist, Zuberbüler y otros formaban parte del sindicato de capitalistas que décadas antes había comprado a valores irrisorios varios millones de hectáreas en la región forestal noroeste de Santiago del Estero. Otros integrantes de la Junta se apellidan Unzué y Anchorena.

El 29 de noviembre el Diario Siriolibanés publica la propuesta de Husain Ali Hallar, "caracterizado connacional, de reconocida reputación, consa