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Trabajo y sociedad

versión On-line ISSN 1514-6871

Trab. soc.  no.18 Santiago del Estero ene./jun. 2012

 

ESPEJO DE LECTURAS

De la noción de caudillo a la comprensión de un régimen 

 

Ana Teresa Martinez*

* Universidad Nacional de Santiago del Estero-Consejo nacional de Investigaciones Cientíifcas y Técnicas (UNSE-CONICET)

 

A propósito de "El Protector Ilustre y su Régimen. Redes políticas y protesta en el ocaso del juarismo", Maria Isabel Silveti (comp.) (2010), FHCSyS, UNSE, Santiago del Estero.

El trabajo de investigación que sirve de base al conjunto de artículos que compila Maria Isabel Silveti en este libro, es una tarea colectiva que viene realizándose hace diez años con la coordinación local de la autora y en diálogo con investigadores de las universidades de Tres de Febrero, Homero Saltalamaquia y de General Sarmiento, Gabriel Vommaro.

La compilación de artículos, que además de los autores mencionados comprende a Celeste Schnyder y a Mariana Godoy -dos jóvenes investigadoras del grupo- representa un primer punto de llegada del proceso de investigación, pero es también un punto de partida, dada la diversidad de temas y problemas que quedan sugeridos a partir de su lectura. El libro propone una serie de respuestas, de análisis acabados y también abre problemáticas y ofrece sugerencias para continuar trabajando. En este sentido comienza a llenar un casi vacío: el abordaje sociológico del peronismo juarista en la década de 1990, tema sobre el cual sólo existían hasta hoy unos pocos trabajos académicos y dos investigaciones periodísticas (las de Sergio Carreras y Alejandra Dandan). Contábamos hasta ahora con los trabajos historiográficos de Norma Salas y de Mercedes Tenti, los artículos de Marina Farinetti y los de Javier Auyero sobre la protesta social en Santiago del Estero, las reflexiones filosóficas de Alejandro Auat sobre la política local, los acercamientos de Alberto Tasso y un reciente artículo de Ana Teresa Martinez sobre política y religión en los años 1990. Además, algunas tesis de licenciatura en sociología y ciencias políticas. Este conjunto, al que viene a sumar sustantivamente el libro compilado por Silveti, proporciona un piso para avanzar en la comprensión de la historia política reciente de Santiago del Estero y puede ayudar a comprender los procesos políticos de otras provincias argentinas de características similares.

En este libro los autores estudian la política y la sociedad de Santiago del Estero ubicándolas en contextos amplios y en comparaciones que permiten abordar su especificidad sin quedar entrampados en el localismo. Como diría Pierre Bourdieu, tratan de abordar el caso como "caso particular de lo posible", es decir, estudiar el campo de posibilidades donde el caso particular cobra sentido. Los autores abren comparaciones con otros contextos de América Latina, trabajan problemáticas y preguntas de investigación que vienen de esas comparaciones, y además hacen teoría. Teniendo como base un trabajo empírico minucioso, lo elaboran conceptualmente al modo como lo hacen las buenas ciencias sociales, es decir con un razonamiento ideal-típico, manteniendo una comparación implícita que está siempre activa en el proceso de razonamiento. En esta tarea de comparación el marco de referencia (y este me parece que es un segundo acierto) es el de las explicaciones extra céntricas del peronismo. Es decir, se aborda la interpretación del peronismo sin suponer que se trata de un movimiento político homogéneo, sino partiendo de las sociedades donde el desarrollo industrial y los trabajadores sindicalizados no han tenido el peso y la importancia que tuvieron en las zonas centrales del país, que son las que se han tomado largamente como paradigma para comprenderlo.

El libro tiene una estructura singular. Comienza con una introducción historiográfica de Gabriel Vommaro, continúa con un estudio desde la teoría política en el trabajo de Celeste Schnyder y luego avanza con estudios empíricos minuciosos y elaborados acerca de la política local en la década de 1990, propuestos por Mariana Godoy, Gabriel Vommaro, Homero Saltalamaquia y Maria Isabel Silveti. Finaliza proponiendo las interrogaciones comparativas que permiten reflexionar el conjunto en el artículo de Saltalamaquia que cierra el volumen. En este último capítulo, Saltalamacchia resalta la ingenuidad que caracteriza a los estudios de ciencias políticas que se centran en el análisis del sistema político suponiendo un trasfondo normativo y minimizan el juego de fuerzas no explícitamente políticas que lo constituyen. Esta reflexión final pone el conjunto del libro frente al reto de la reflexividad, es decir de superar la tendencia a creer que los sujetos que estudiamos miran el mundo como nosotros lo miramos y tienen la experiencia que nosotros tenemos de él. Se nos recuerda así que a nuestras espaldas, actúan tanto nuestra percepción de investigadores como los prejuicios de nuestra trayectoria social, que impiden ver cuáles son los verdaderos juegos del poder que construyen el sistema político en una sociedad como la de Santiago. Dejamos así de responsabilizar al sujeto que recibe el bolsón de comida, olvidando que todo el sistema -y no sólo su bases empobrecidas- funciona de este modo, a fuerza de favores, intercambios basados en alianzas y prebendas. En el libro que reseñamos se busca superar esta ingenuidad y se explora este juego de alianzas y fuerzas a la vez (que abarca a profesionales, empresarios y empleados estables) y su capacidad para estructurar el sistema político, aprovecharlo, producirlo y reproducirlo.

Desde el comienzo, en el artículo de Celeste Schnyder, se nos advierte que en la configuración del sistema político nacional después de 1983, especialmente del juego de partidos, existieron elementos que permitieron consolidar usos anteriores que se pensaba desaparecerían, dándoles una nueva forma, apropiada para el nuevo contexto. Schnyder nos muestra cómo estas redes de intercambios se fortalecieron en contexto de economía neo-liberal. Desde este punto de vista la descripción bien informada de Mariana Godoy nos va mostrando la construcción de instrumentos jurídicos ad hoc: constitución, cartas orgánicas, leyes electorales. También describe las prácticas políticas, que no se inventaron en los años 1980 y ni siquiera en los años 1940, pero que se consolidaron, y asumieron formas nuevas. La estructura partidaria y la distribución del poder se fundamentó en los años 1990 en las distintas ramas del partido y especialmente en la distribución de cargos de que disponía cada una de ellas, (con un peso particular para la juventud y la rama femenina, especialmente en la última etapa del Juarismo). Del mismo modo, servía a este propósito la organización territorial sobre la base de la red de solución de problemas que articulaban punteros y redes de necesidades. Finalmente, el trabajo de unificación por la celebración de rituales partidarios se hacía especialmente necesario en la medida en que se trataba de la articulación de redes flotantes. Es claro en la descripción que las redes no estaban articuladas de manera piramidal y sin fisuras, sino que eran "flotantes", es decir organizadas en torno a mediadores que guardaban una cierta autonomía relativa. Si finalmente lograban atar en un vértice último, único, que era el jefe del partido que se identificaba con el jefe de gobierno, es porque el mediador, de alguna manera es el punto más débil de la red, ya que necesita todo el tiempo reproducir su capital simbólico, mostrándole al jefe que es capaz de traerle los votos y a la vez mostrarle a sus vecinos, a las personas con las que está haciendo alianza hacia abajo, que puede resolverle los problemas trayéndoles los recursos desde arriba. Ese carácter flotante les daba un suplemento de poder, en la medida que les permitía negociar adhesiones. En la situación de hegemonía juarista, esta capacidad era sin embargo extremadamente reducida. Podríamos decir que el carácter flotante de estas redes fragmentarias y la precariedad de las alianzas, es lo que hacía necesario el trabajo de unificación de las celebraciones rituales reiteradas para poder recuperar aunque sea ritual y simbólicamente una unidad que, de alguna manera, por la crisis de sucesión, estaba puesta en cuestión todo el tiempo, como nos muestra Vommaro.

Al poner el acento en este carácter flotante de las redes, se nos permite imaginar que, si flotan, pueden navegar y moverse de un espacio político a otro, migrar tanto en términos de capital político como de fidelidades. Esto es lo que queda claro cuando analiza el armado político del post juarismo. La crisis de sucesión es la crisis de toda dominación carismática: el problema es quién hereda el carisma, si el carisma es por definición algo que se supone ligado a la persona. Es aquí donde el libro hace estallar sin decirlo la idea de caudillo del sentido común. Al final resulta claro que no se puede seguir hablando ni de un carisma pegado a una persona, ni de un caudillo que pueda hacer suponer que desaparecido el nombre que aglutina, se terminó el sistema político que lo sostenía.

Es esta percepción compleja del proceso de los últimos años del juarismo la que se despliega en el capítulo de Marisa Silveti y Homero Saltalamacchia sobre las Marchas por el esclarecimiento del doble crimen de la Dársena, del año 2003. Se trata de un análisis también minucioso, con mucho trabajo de campo y abundante información, donde se pueden ver etapas, clivajes, procesos de redefinición de objetivos a lo largo del año en que se sucedieron las protestas, hasta llegar a la caída de "los lideres". Aquí se abren varias preguntas sobre la reorganización y la reconfiguración de este panorama político ¿realmente era esperable una reconstrucción y reorganización del sistema? Sabemos que en materia de cultura, siempre se hacen cosas nuevas con retazos de cosas viejas y la cultura política santiagueña no podía ser en esto, una excepción. La cuestión es saber cuánto y en qué condiciones puede ir asomando algo nuevo entre los resquicios de la nueva construcción.

Las condiciones sociales y culturales de la estructura política tampoco han cambiado profundamente luego de la caída del Juarismo y en este sentido el trabajo de Santalamacchia que cierra el libro, nos deja sugerencias importantes para continuar estudiando. Es en este trabajo donde aparecen las comparaciones más amplias y una pregunta teórica con una respuesta de caso en Santiago del Estero. ¿Por qué la pobreza histórica y endémica, la vida al nivel de subsistencia de una buena parte de la población, no genera o no ha generado por el momento, en el mismo grado que en otras sociedades de capitalismo dependiente y marginal, una violencia organizada de las dimensiones que ésta tiene en Brasil, Colombia, México o Puerto Rico? Lo que el trabajo de Saltalamacchia nos deja ver, es que las políticas de reducción del estado y precarización del empleo de la década de 1990 llevaron al borde de procesos de expulsión casi definitiva a una parte importante de la población, especialmente a las generaciones más jóvenes de los sectores sociales más precarizados. Sin embargo subsistían en este caso (y el texto nos muestra cómo) redes sociales que habilitaron la continuidad de cierta integración: militancia política, militancia social, militancia religiosa con acción social, que impidieron que fracciones demasiado amplias de la población, especialmente de la población joven, atravesara el puente hacia la expulsión completa, que genera ese tipo de delincuencia organizada y violencia marginal de la que difícilmente se retorna. Aquí el autor menciona las organizaciones sociales, los movimientos piqueteros en todas sus variedades, las organizaciones políticas de base, etc. Se podría decir que el régimen tenía una especie de carácter bifronte. Aparece aquí el Juárez "padre", el "tata" Juárez, el buen administrador de la pobreza, que era la otra cara del Juárez opresor, malversador del sistema democrático, negociador de los bienes del estado, violador de derechos y libertades, el que "se alimentaba con sangre de niños" según el imaginario popular.

Este carácter bifronte nos deja al final del libro con dos puntos a destacar: en primer lugar, nuevamente recordar cuán poco nos sirve la imagen de sentido común del caudillismo asociado a sociedades "tradicionales", sometidas, poco politizadas. El libro nos muestra que precisamente la de Santiago es una sociedad muy politizada, a partir de un sentido práctico de la oportunidad que permitía sostener las redes que facilitaban un nivel de integración suficiente como para garantizar la subsistencia. Si la idea de líder carismático y de caudillo en el sentido tradicional estalla en el libro a causa de la minuciosidad de los análisis, es para recuperarla luego (porque el sentido común siempre encierra algo de verdad, aunque no pueda dar cuenta de ella) en el punto en que este sentido común ve cierta continuidad con los regímenes de tipo patrimonialista, de larga presencia en la historia de la provincia.

En segundo lugar, en este último capitulo especialmente hay para la sociedad santiagueña un alerta sobre responsabilidades que trascienden las del campo específicamente político. Si se trata de una sociedad donde la mayoría de la población apenas alcanza la situación de subsistencia, con una economía concentrada, y un empresariado que solamente se ocupa de servicios y vive de prebendas del Estado, es imprescindible constituir una alternativa de desarrollo económico capaz de integrar de manera estable a esa mayoría de la población, para que alcance las condiciones económicas, sociales y culturales que supone la democracia como sistema político. Creo que aquí hay responsabilidades que el libro sin mencionar, nos señala. Lo mismo podemos decir sobre los grupos religiosos y las iglesias: en el texto se puede ver a lo largo del relato, el papel que cumplieron las iglesias y en particular la Iglesia Católica, durante el fin de régimen, con su cercanía a las organizaciones que buscaban salidas que favorecieran a las mayorías. Y aquí nuevamente hay una invitación, sin decirlo, a rever el actual retroceso hacia alianzas entre catolicismo y poderes constituidos, fuertemente orientadas a los propios intereses corporativos.

En suma, estamos ante un libro que aporta al conocimiento de la historia, la política y la sociedad de Santiago del Estero y propone pistas importantes para seguir trabajando con seriedad y profundidad acerca de esta etapa de la historia argentina reciente.