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Trabajo y sociedad

versión On-line ISSN 1514-6871

Trab. soc.  no.19 Santiago del Estero jul./dic. 2012

 

MIGRACIONES INTERNACIONALES Y RELIGIOSA

Los que se van y los que se quedan: trabajo y condiciones de vida en hogares de migrantes tucumanos

Those who left and those who stay: work and life conditions in tucuman´s migrant households

 

Matías Berger* , Dora Jiménez** y Elena Mingo***

* Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL). Correo: mberger@ceil-piette.gov.ar
** Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL). Cooreo: djimenez@ceil-piette.gov.ar
*** Centro de Estudios e Investigaciones Laborales (CEIL). Correo: emingo@ceil-piette.gov.ar

 


Resumen

El objetivo de este artículo es analizar y comprender los elementos que condicionan y hacen posible las migraciones laborales transitorias de trabajadoras/es tucumanas/os a Mendoza. La relevancia de la pregunta radica en que la migración temporaria para conseguir trabajo implica una serie de decisiones y/o iniciativas que ocasionan un proceso de transformación o adaptación de los grupos domésticos y se expresan en una reorganización que haga posible la migración.
Nuestro interés es analizar el hogar en tanto unidad articuladora de estrategias laborales y de la participación económica de sus miembros. Así, nos hemos propuesto analizar la forma en que los grupos domésticos generan las condiciones que hacen posible la inserción laboral y/o la migración de algunos miembros del hogar entendiendo que el análisis de la organización de los hogares aclara las conexiones entre producción y reproducción como también los condicionamientos y tensiones entre ambos ámbitos.

Palabras Clave: Trabajadores migrantes; Hogares; Inserciones laborales

Abstract

In this article we analyze and try to understand the elements that condition and make possible temporary labor migrations of tucuman´s workers to Mendoza. This is an important question because temporary migrations to get a job implies a certain number of decisions and initiatives that brought about change and adaptation process's of domestic groups that are reflected in some reorganization which makes migration possible.
Our interest is to analyze households as units that articulated labor strategies and economic participation of their memberships. Then, we propose to analyze the way domestic groups generates conditions that makes possible labor insertions or migration of household´s memberships   understanding that household organization makes more clear the connection between production and reproduction and conditions and conflicts between both spaces.

Keywords: Migrant workers; Households; Labor insertions


 

Sumario: Introducción. 1. Algunos elementos descriptivos de las migraciones y los trabajadores migrantes. 2. "Y queda así, mirando" ¿Por qué, cuándo y cómo se decide migrar? 3. ¿Quiénes migran? Los que se van. 4. Los que se quedan: la organización de la casa y la vida cotidiana. Reflexiones Finales. Bibliografía.  

Introducción

El objetivo de este artículo es analizar y comprender los elementos que condicionan y hacen posible las migraciones laborales transitorias de trabajadoras/es tucumanas/os a Mendoza. La relevancia de la pregunta radica en que la migración temporaria para conseguir trabajo implica una serie de decisiones y/o iniciativas que ocasionan un proceso de transformación o adaptación de los grupos domésticos y se expresan en una reorganización que haga posible la migración.
Los arreglos y decisiones suceden tanto en momentos previos como durante y con posterioridad a la migración. Quiénes van a migrar, cuánto tiempo durará la estadía fuera y a qué será destinado el dinero obtenido constituyen ejemplos de ese proceso constante. Sin embargo, algunos de esos arreglos y decisiones se presentan con mayor intensidad en un momento determinado. De este modo, nos proponemos explorar aquellas condiciones y 'arreglos' referidos a:
1. Cómo, cuándo y por qué se decide migrar y qué condiciones impulsan a migrar a los trabajadores,
2. Quién o quiénes pueden ir, quiénes se quedan, qué elementos se ponen en juego para tomar dicha decisión, qué hacen los que se quedan y cómo se arreglan,
3. Cómo se organiza el cuidado de los menores, de la casa y la vida cotidiana.
Desde el inicio de la indagación y durante los subsiguientes trabajos de campo, nos hemos preguntado acerca del carácter social de los procesos de asalarización, en particular en los casos comprendidos dentro del desarrollo de la migración laboral que implica soportes y arreglos de carácter grupal. Este hecho nos orientó a analizar la asalarización como un proceso que no se concreta en forma exclusivamente individual sino que es parte de decisiones que son resultado de estrategias grupales de sobrevivencia (Roldán, 1982).
En esta línea, nuestro interés se ha posado sobre el hogar para analizar en qué medida es una unidad articuladora de estrategias laborales y de la participación económica de sus miembros, personas que comparten techo, presupuesto y vivencias en el proceso de organizar su reproducción cotidiana y generacional de forma conjunta (García y Oliveira, 2006). Constituyen, de esta forma, no sólo un espacio de subsistencia sino también y principalmente un espacio de producción y reproducción social, política y cultural (Jódar, 1997).
Asimismo, nos hemos propuesto analizar la forma en que los grupos domésticos generan las condiciones que hacen posible la inserción laboral y/o la migración de algunos miembros del hogar y no de otros entendiendo que el análisis de la organización de los hogares aclara las conexiones entre producción y reproducción como también los condicionamientos y tensiones entre ambos ámbitos (Wilson, 1986), iluminando, en forma particular, la comprensión de las inserciones  laborales de las mujeres. El género en tanto expresión social de los roles sexuales, es construido históricamente a través de prácticas sociales que, al repetirse y legitimarse, delinean la presencia de varones y mujeres en todos los aspectos de la vida social, incluido el laboral. Asimismo, como herramienta de análisis, no solamente explica la relación entre varones y mujeres sino que además examina la participación de instituciones, símbolos y sistemas político-económicos en los que se producen y reproducen dichas prácticas sociales (Mingo, 2010).
Incorporar al hogar como aspecto relevante del análisis va en línea con demostrar que la estructura del proceso de trabajo se halla influenciada por relaciones y procesos sociales externos al propio proceso de trabajo (Thomas, 1992) y que la ciudadanía y el género no sólo afectan la distribución de los trabajadores en dicho proceso sino que también generan desigualdades que los empleadores aprovechan para la creación y mantenimiento de diferentes procesos laborales (Ojeda Macías y otros, 2007).
El material empírico sobre el que se basa esta ponencia es producto de cuatro trabajos de campo, dos de ellos realizados en Mendoza, principalmente en la zona del Valle de Uco y, los otros, en varias localidades del sur de la provincia de Tucumán (Concepción, Aguilares, Santa Ana y Trinidad). En Mendoza hemos entrevistado a informantes clave (funcionarios, técnicos de programas, productores, comerciantes y agentes sanitarios y de educación) y tuvimos un primer acercamiento a los trabajadores migrantes consignando datos generales. Luego de dos trabajos de campo en Mendoza, realizados en diciembre de 2009 y marzo de 2010, hemos decidido trabajar en las mencionadas localidades de Tucumán, por tratarse del lugar de origen de los migrantes que hemos encontrado en el Valle de Uco. En diciembre de 2010 y septiembre de 2011 entrevistamos a diez trabajadoras/es migrantes hablando con su grupo familiar e indagando diferentes aspectos vinculados a su vida laboral y las migraciones laborales.

1. Algunos elementos descriptivos de las migraciones y los trabajadores migrantes

Según los distintos informantes entrevistados, los trabajadores migrantes llegan al Valle de Uco desde el mes de octubre. A partir de ese mes habría tres momentos en que arriba una gran cantidad de migrantes: a principios y mediados de diciembre (para la cosecha de cerezas), a principios de enero (para la cosecha de peras, manzanas y duraznos) y en febrero (cosecha de uva). Enero y febrero son los meses en que más trabajadores arriban a la zona. Permanecen hasta fin de marzo o principios de abril y, en algunos casos, se quedan durante el año hasta la próxima temporada. Uno de los informantes de la Municipalidad de Tunuyán ha estimado que, durante la temporada, llegan al Valle de Uco alrededor de 4500 trabajadores migrantes contratados por todo tipo de establecimientos.
Hay coincidencia en señalar que la mayoría de los migrantes es originaria de la provincia de Tucumán y de Bolivia y que, en menor proporción, provienen de Salta, Jujuy y Santiago del Estero. Algunos de los entrevistados han asignado atributos a los migrantes asociándolos con su lugar de procedencia, vinculados al desempeño laboral, al uso del tiempo libre, a la forma de comprender las relaciones laborales y a los propios objetivos de la migración. También han identificado tendencias en el desempeño en ciertas producciones específicas.
No hay certeza con respecto a si los migrantes que vienen año a año son los mismos. En este sentido, no parece que exista una regla por la cual la relación de trabajo de los migrantes sea todos los años con el mismo establecimiento. Sin embargo, tampoco es posible descartar que algunos establecimientos tengan por norma intentar contactar y contratar a los mismos trabajadores. Tanto la demanda de fuerza de trabajo de los establecimientos como las propias migraciones laborales parecen estar sujetas a una alta variabilidad.  
Ha resultado difícil obtener precisiones acerca de las formas de vincularse con los establecimientos que emplean los trabajadores. El sector público ha implementado una política para relacionar a los establecimientos y trabajadores con el objeto de regular el flujo de trabajadores, controlar las condiciones de transporte y habitacionales y aumentar la tasa de trabajadores registrados. Esta acción impulsa que las empresas soliciten al Municipio (el de Tunuyán específicamente) la cantidad de trabajadores que habrán de requerir por un tiempo determinado. El Municipio traslada ese pedido a la provincia de Tucumán y esta envía los trabajadores en ómnibus especialmente contratados para ese fin. Si bien los obreros que han sido registrado años anteriores tienen prioridad no es posible saber si esa prioridad es empleada por los propios trabajadores. Por otro lado, el empleo no registrado es importante.
Parece haber una alta movilidad de la fuerza de trabajo temporaria migrante que consiste en la rotación por diversos establecimientos en la misma o en distintas temporadas e inclusive por diferentes productos y lugares. La forma de acceder a un puesto de trabajo es muy variable pero parecería predominar la figura del 'cuadrillero' o intermediario. Esta figura va acompañada de diferentes 'instituciones' no excluyentes, como por ejemplo las cooperativas de trabajo y las empresas de contratación de servicios eventuales. Tal vez la principal diferencia que es posible señalar en este sentido es entre pequeñas y grandes empresas y se refiere a la forma de vincular establecimiento-empresa de servicios-cuadrillero y a las tareas asignadas en cada caso.
No hay mucha precisión sobre la edad de los trabajadores migrantes. En los registros de los organismos públicos es posible hallar sus características demográficas y, al parecer, predominan los hombres que tienen entre 20 y 40 años, caracterización coincidente con la descripción realizada en "Tucumanos y tucumanas" (Giarracca y otros, 2000). Los entrevistados se han referido a migrantes que vienen en grupo y con otros miembros de la familia, inclusive hijos pequeños, aunque la mayor proporción parece venir en grupos y corresponder a hogares sin hijos pequeños. Según algunos informantes, en los últimos años habría disminuido la cantidad de trabajadores migrantes que viajan con sus familias.
Los trabajadores se alojan predominantemente en habitaciones alquiladas cuyo costo oscilaba, en marzo de 2010, entre los 40 y 100 pesos por persona por mes, y en las que viven en forma grupal. En algunos casos también residen en las mismas fincas. Hay muchos alojamientos de bajo costo construidos, sobre todo, en las localidades cercanas a las zonas de fincas y en las afueras de los centros poblados de mayor tamaño. Los trabajadores se alojan en estas viviendas y también en campamentos dentro de los establecimientos. En ambos casos, las condiciones habitacionales suelen ser malas. Cuando el alojamiento es en la misma finca se afirma que es gratuito. Cuando no es en la finca es pago y puede ser en terrenos de personas vinculadas a la relación laboral.
En definitiva, no hay una regla que indique que los contratantes se tengan que ocupar del alojamiento aunque puede haber arreglos cuando la finca o el cuadrillero proveen vivienda. En los casos en que resulta posible, los trabajadores tratan de vivir con la gente con la que han venido o con conocidos de ellos. Pero, cuando no es posible, se alojan en una misma habitación con personas que no conocen.
Según lo relatado por los entrevistados y lo observado, los trabajadores agrícolas se ocupan de siete u ocho de la mañana hasta la cerca de la una y luego continúan de cuatro a siete. Trabajan entre ocho y nueve horas aunque, en ciertos momentos, es posible que lo hagan más horas ya que si la tarea es al tanto tratan de lograr el mayor rédito posible en el día pues las fincas tienen urgencia en sacar la producción (entre otras cosas es uno de los motivos por el que pagan al tanto).
Los entrevistados han mencionado algunos cambios en el espacio local vinculados, fundamentalmente, a la presencia de más personas. En las pequeñas localidades, los comerciantes han destacado un aumento de las ventas, estimando que crecen entre un 50% y un 100%. En las  localidades de mayor tamaño la afluencia de estos trabajadores se nota a su llegada, en la terminal de ómnibus y los fines de semana en que van a las mismas a realizar compras y a pasar sus ratos de ocio.
Los trabajadores migrantes tucumanos son de origen predominante urbano con períodos de desocupación estival en su lugar de origen. Esos períodos coinciden con la etapa de desocupación en los principales cultivos del lugar de origen: limón y caña. En el caso de la caña, cuya época de cosecha va de mayo a noviembre, se presenta en coincidencia con Salta y Jujuy, de modo que, cuando no trabajan en ella, no tienen empleo. Sin embargo, la cosecha de caña está mecanizada aunque en las fincas pequeñas y en los casos en que se usa para semilla se cosecha manualmente. También hay trabajos indirectos como el de limpieza.
En el caso del limón, la recolección empieza a fines de marzo y dura hasta fin de septiembre. La misma coincide con el final de la cosecha de uva en zonas del Valle de Uco. Por eso, a veces, no finalizan esa cosecha. Además, algunos trabajadores de Tucumán refieren que en el limón están 'fichados', o sea registrados, como permanentes de temporada; por eso, para no perder esa ocupación, deben regresar cuando los llaman.
Varios trabajadores han comparado las condiciones de contratación y de trabajo en Mendoza y en Tucumán. Unos afirman que en Tucumán el trabajo en la caña es más pesado y a algunos no les gusta trabajar en el limón debido a las espinas. En el caso de la caña ganan más dinero (oscila entre 150 y 200 pesos por día). En el limón ganan más o menos igual que lo que se paga el día en Mendoza que en marzo de 2010 era entre 70 y 85 pesos. Otros tucumanos dicen que el trabajo en la fruta en Mendoza es más descansado que las tareas propias de Tucumán.
Contrariamente, otros que en Tucumán están registrados en el limón se han quejado tanto de la contratación de trabajadores en negro como del peligro y la incomodidad del transporte (en camionetas), así como de las pésimas condiciones para almorzar durante la permanencia en Mendoza. Han dicho que en Tucumán se trabaja registrado durante las temporadas y están obligados a transportarlos en colectivos para que tengan comodidad y seguridad.

2. "Y queda así, mirando" ¿Por qué, cuándo y cómo se decide migrar?

En este apartado analizamos los motivos para migrar, la forma y el momento expuestos por los trabajadores en el transcurso de las entrevistas. Entendemos que los tres aspectos mencionados nos permiten comprender las condiciones constantes que los impulsan a migrar, vinculadas fundamentalmente a las posibilidades y condiciones laborales en el lugar de origen (en lo que se observa una diferencia entre varones y mujeres), a los niveles de ingreso y a las posibilidades de mejorar sus condiciones generales de vida así como aquellos elementos que hacen a evaluaciones del momento o a cuestiones no previstas. En primer lugar expondremos los motivos expresados por las mujeres y luego los presentados por los varones, para así tener una dimensión comparativa de ambos.
Cuando las trabajadoras comentan los motivos de la migración se refieren a tres principales: la falta de trabajo, la necesidad de ingresos y el mejoramiento de la vivienda. Gabriela, de 24 años, relató que durante el verano de 2010 fueron a Mendoza con su marido y su hijo de 10 años. Ese fue el segundo año consecutivo que fueron ambos aunque anteriormente ella había ido sola y también con su familia. Ella nos cuenta por qué tomaron la decisión de ir a Mendoza en el año 2009, el primero en el que ella y su marido fueron juntos:
"Justamente, queríamos juntar plata para empezar la casita; entonces, eso fue lo que nos llevó. [...] estamos tres meses, sí, [...] porque acá, en ese tiempo no hay nada; usted ha visto ahora, no hay  trabajo, no; no hay nada. Se acaba la cosecha de la caña, se acaba el limón, se acaba el arándano y... Y queda así, mirando. [...] Y porque bueno, para terminar de hacer la casa, para tener un poco de plata para subsistir, digamos, hasta que ¿cómo es? Y eso."
Los motivos enunciados permiten comprender las posibilidades laborales y las dificultades que las condiciones laborales generan para la vida cotidiana y el futuro del grupo familiar. Gabriela y su familia viven en una pequeña localidad cercana a los pueblos de Trinidad y Medinas, al sur de Tucumán. Su marido trabaja 'temporario, en el limón, más o menos desde abril hasta agosto-septiembre, él tiene trabajo'. Después de eso sigue de temporario en la papa, el arándano y la caña, 'todo temporario', nos aclara ella. En el limón es temporario 'fichado', es decir registrado, por lo que cobra el plan interzafra1. Pero aún con ese subsidio, la merma de ingresos por la falta de trabajo los obliga a buscar otras fuentes de ingresos.
La primera vez que vimos a Gabriela en Tucumán (12-2010) no tenía trabajo allí y agregó que por eso también viajaba: porque "tengo mi trabajo, mi sueldo, aunque sea por tres meses pero ya es algo mío". La segunda vez que la entrevistamos en Tucumán (9-2011) Gabriela trabajaba haciendo la limpieza y cuidando niños en una casa particular.
Si bien la falta de trabajo afectaba tanto a Gabriela como a su marido su situación laboral era diferente. Él tenía trabajo durante seis meses, luego hacía changas y finalmente completaba con tres meses de trabajo en Mendoza. En tanto Gabriela no trabajaba durante la mayor parte del año hasta que iban a Mendoza y allí podía hacerlo por tres meses y disponer así de su propio dinero así como lograr juntar para comprar materiales y mejorar la vivienda. Además de esos ingresos y de su nuevo trabajo Gabriela cobra la Asignación Universal por Hijo (AUH). Cuando hablamos con ella en septiembre de 2011 nos comentó que no había ido a Mendoza pero no aludió como motivo la falta de trabajo sino que el patrón no les pudo dar casa por una intervención del Ministerio de Trabajo que dictaminó que las viviendas no estaban en condiciones.
También Miriam, entrevistada de 29 años, comenta que su ex marido iba a Mendoza con el papá porque en Tucumán no había trabajo y que, por lo mismo, ella lo alentó para que fueran juntos en 2010, para conseguir más ingresos ya que sólo tenían la AUH:
"Ah, a irse, la situación de ellos, también es como que ya no hay nada; digamos, el padre también es cosechero y ya no tenían nada. Y bueno; el padre lo ha llevado a él y se han ido los dos nada más y con varios chicos que han salido de ahí también. [...] Y bueno, yo le he alentado a él para que vamos porque bueno, aquí ya no había nada ¿qué íbamos a hacer? Yo, solamente con el salario para los chicos, no íbamos a estar. Bueno, la mamá de él, en ese entonces yo estaba en la casa de él; estábamos todos ahí pero la madre era la única que tiene una pensión, entonces digo yo 'No vamos a vivir de la pensión de tu mamá y yo solamente con el salario, no'."
En diciembre de 2010, Miriam tenía tres hijos de 8, 4 y 1 año y estaba esperando su cuarta hija. Cuando la entrevistamos en Trinidad, vivía en la casa de su madre, de 54 años, en una casa hecha por el Instituto Provincial de Vivienda, entregada hace 20 años, por la que pagan cuotas de 50 pesos.
Tanto Gabriela como Miriam expresaron sus deseos de ir a trabajar a Mendoza y se presentaron como impulsoras de esa idea en relación a sus cónyuges. Sin embargo, mientras Gabriela sostuvo que ella iría de todos modos aunque su marido no fuera, Miriam expresó que 'alentaba' a su ex-marido señalándole que no podían vivir sólo de la AUH y de la pensión de su madre; recuperaba así la historia de las prácticas migratorias de la familia de su ex-marido. Por su parte, Silvia relata que fue a Mendoza con una amiga, mientras su marido estaba en Río Negro. Ambos tienen 29 años y han tenido cuatro hijas. Ella fue en busca de trabajo para mejorar sus ingresos. Trabajaba en una casa de familia haciendo la limpieza pero avaluaba que le convenía más ir a Mendoza:
"No tenía trabajo acá, no alcanzaba la plata, teníamos cuentas; nos llegaba la luz, que el cable, que las chicas que iban a entrar a la escuela y ya son más y más gastos; por eso. [...] la primera vez que he ido a trabajar, no pensaba que era tan así, sacrificado. No es que es sacrificado, porque el sacrificio lo ves y cuando tenés la plata, es como que no es tanto el sacrificio por lo que... Acá gano 500 en un mes y allá, 350 / 450 en una semana. [...] Y le digo yo 'No; prefiero venirme acá, a Mendoza que ganás el doble en una semana o en dos semanas llego a tener el sueldo que tengo en un mes; que tengo que esperar un mes'. Eso es lo que yo le decía a mi patrona; yo tengo que esperar para ganar 500, en dos semanas gano 500 y más si hacés horas extra y todo eso."
El marido de Silvia va todos los años a trabajar a Mendoza y a Río Negro, práctica que inició al ver que sus hermanos iban y mejoraban su situación:
"Desde los 17 años trabaja; va a Mendoza, a Río Negro; de Mendoza vuelve a Río Negro y ahora está en Mendoza; ahora viene el 20 ó el 22, una cosa así viene. [...] Por los hermanos. Los hermanos han empezado a ir y han visto que progresaban en la casa y que traían de allá plata y que traían y venían y podían comprar las cosas al contado. Como no teníamos tarjeta de crédito, nada; no teníamos un sueldo fijo, comprábamos las cosas al contado. Sí o sí; no nos dan crédito."
Cuando el marido de Silvia está en Tucumán hace changas como cocinero y también en trabajos agrícolas y ella trabaja como empleada doméstica, aunque también ha trabajado en la agricultura. En el relato siguiente compara los ingresos obtenidos mediante los trabajos en Tucumán con los obtenidos en Mendoza:
"No; no le ingresa ni la cuarta parte de lo que gana allá. Si él, cuando hace hace trabajos por semana, mire, $ 50 y a veces es mucho. A veces es mucho porque acá no están pagando bien. [...] el arándano, sí; ahí sí. Ahí gana 300, 350 es lo mucho que puede ganar en la semana. En la semana. Pero él tiene que llevar comida y tiene que llevar un agua; está durante el día ahí. [...] sí; ha ido, ha estado en el limón; nosotros hemos venido de allá y ha ido al limón, ahí se gana casi igual que en Mendoza, en el limón."
Gregoria, de 43 años, va a Mendoza con su marido y parte de la familia desde hace tres años. Ambos trabajan cuando van a Mendoza. En Tucumán, su marido trabaja como plomero y, a veces, como albañil y, esporádicamente, va a la cosecha del limón y al arándano. Ella también trabaja allí en algunas tareas rurales. Gregoria cuenta que una de sus hijas va a Mendoza porque tiene trabajo y gana más. Por ejemplo, cuando la entrevistamos estaba trabajando como empleada doméstica y ganaba 20 pesos por día mientras que en Mendoza ganaba 80 pesos por día.
Por su parte, Joana, de 20 años, migra todos los años con su esposo Víctor (25 años) y llevan también a sus hijos. Allá trabajan en pareja para ganar mejor. En la uva cosechan juntos y les pagan lo que hacen entre los dos, en cambio en la cosecha de manzana le pagan por día a cada uno. En Tucumán, Víctor trabaja en el limón y la caña o haciendo changas. Viven en el fondo del terreno donde está la casa de la madre de ella. También ellos van por la falta de trabajo y Joana destaca:
"Y, porque aquí no hay nada y nunca podemos comprar nada ya. ¿Ve? Ahora no hay laburo en ningún lugar; buscás y no encontrás; no pueden ganar lo que ellos quieren. Es que es otra vida allá; eso es lo que pasa; aquí no hay vida. Aquí pasa de la cosecha a la fábrica; nada más. En enero se  van todos; el que puede ir, se va y vuelve cuando hay algo aquí; es así. yo siempre quiero ir... por los chicos, todo; si no, si nos quedamos, acá no tengo nada."
Ella comenta que si bien es molesto irse todos los años no queda otra posibilidad:
"Molesta un poco pero hay que ir y así, porque uno no remedia nada con quedarse. [...] me gustaría quedarme y tener plata acá pero no se puede. Si me quedo, se queda él y no nos mantenemos."
Al igual que Miriam, Joana parece alentar a su marido para migrar. Cuando la entrevistamos en diciembre de 2010 él estaba trabajando en Mendoza en la poda, volvería a fin de ese mes y en enero se irían todos. Ella, que actualmente no tiene trabajo en Tucumán, relató que antes de conocer a Víctor iba a Mendoza con toda su familia.
En síntesis, las mujeres que han migrado y trabajado destacan entre los principales motivos para hacerlo la posibilidad de conseguir trabajo ya que en Tucumán no lo consiguen durante el año. Esto a su vez les permite tener dinero propio y planificar mejoras en la casa. Además pueden tener mejores ingresos durante los meses que migran ya que de conseguir trabajo en Tucumán estos son peor pagados. Por otro lado, algunas de ellas han manifestado ser impulsoras y alentar la migración destacando que si ellas se quedaran, los varones tal vez no irían. En sus relatos, ellas ocupan un lugar de impulso pero no de decisión, acción que queda reservada al varón.
A diferencia de las mujeres, para quienes la migración reviste cierto carácter excepcional, para los varones la migración resulta un complemento del ciclo laboral durante el año. Es el caso de Luis, quien relata que va a Mendoza cuando no tiene trabajo en Tucumán. Fue por primera vez a los 16 años, dejó de ir un tiempo y hace ocho años (2002) ha empezado a ir nuevamente. En Tucumán trabaja de albañil y viaja a Mendoza sólo si no tiene trabajo. Sin embargo, también relata que en este momento están construyendo la casa así que debe ir porque allí gana y junta más dinero:
"En este mes [diciembre] ya lo voy decidiendo. [...] De acuerdo a lo que tengo que gastar, comprar. Ahora, por ejemplo, estoy terminando la pieza esa que me falta, la cocina y así... Y una pieza para aquel lado o sea que todo lo que hago, ya se ha decidido conseguir sí o sí; quiera uno o no quiera."
Durante 2010, Luis consiguió trabajó de albañil aunque en forma discontinua y calcula que ganó entre 300 y 350 pesos por semana:
"Yo soy albañil. He estado trabajando hasta la semana pasada, antes que me fui a Catamarca, he estado trabajando. Pero justo nos hemos quedado sin trabajo, se ha cortado, así que ahora estamos esperando que consiga algo acá para volver a empezar a trabajar de vuelta. [...] No; hay veces que hay un mes o dos meses que no hay nada."
La esposa de Luis no trabaja porque él no quiere ya que prefiere que se encargue del cuidado de los nueve hijos y, además, porque ganaría poco:
"No, no, no; porque yo no quiero... No y aparte que acá no... Para la mujer no sirve el trabajo. Te explotan mucho; laburás ocho horas y te dan $ 20. [...] Claro; en casas de familia, te dan $ 20; por ahí, lo más que llegan a pagar son $ 200 al mes. Es pesado hacer; entonces yo le dije a mi mujer que se dedique a trabajar acá, en la casa; ella sabe armar los almohadones; ahí tiene una máquina de coser ella."
Los primeros años que Luis fue a Mendoza lo hizo para conocer y cambiar de ambiente. Actualmente va porque necesitan comprar los materiales de construcción para su casa y señala el carácter diferente de la remuneración y de los gastos cuando va a Mendoza:
"Lo que gano allá es más importante; claro. Lo que pasa es que por ejemplo, yo, cuando yo gano acá 300 ó 400 a la semana, cuando llego acá se fue y hay que comprar ... En cambio, allá es distinto porque allá, uno dice 'He ganado $ 900' y ahí está; guarda 800 y 100 dejo; guardo 800 y 100 dejo.  
Allá, en dos quincenas ya tengo $ 1.600 guardados, ahorrados ¿y acá? Acá no; acá uno tiene amigos, o sea, me voy, ya vuelve al otro día; ya gastaste más de $ 100. Por ejemplo, acá, por semana, uno saca $ 400; allá por semana, uno saca 900 / 1.000; es muy mucha la diferencia."
De modo que durante el año 2010 Luis estuvo desocupado en enero, trabajó en Mendoza entre febrero y mayo, desde mayo a agosto hizo changas como albañil, entre septiembre y noviembre estuvo en Mendoza trabajando en el raleo y durante parte de noviembre y diciembre volvió a trabajar de albañil en forma discontinua.
En el relato de Luis, es posible observar, como veíamos anteriormente con los otros informantes, el origen de las prácticas migratorias. Las mismas están generalizadas en los barrios de trabajadores agrícolas y en otros sectores de trabajadores informales como la construcción, el comercio ambulante y el servicio doméstico pues resulta un recurso conocido por todos y empleado por muchos grupos familiares para sortear los momentos de desempleo.
Otro elemento a destacar del relato de Luis es su señalamiento de la diferencia entre lo que hace con el dinero ganado en Mendoza: "guarda". En este caso, la migración rinde frutos si quien migra logra sostener su disposición para ahorrar y llevar un dinero acumulado de regreso. La particularidad que destaca en relación a cuando está en Tucumán remite a que allí 'uno tiene amigos', hecho que señala que la estancia en Mendoza reviste un carácter especial para que emerja la disposición al ahorro, elemento fortalecido porque los ingresos representan en general algo más del doble de lo habitual.
Por su parte, Juan, de 27 años, piensa dejar de migrar cuando consiga un trabajo estable en Tucumán, donde por el momento trabaja en las cosechas de caña, limón, arándano y como albañil. Cuenta que a veces pasan uno o dos meses desde que termina una ocupación hasta que comienza otra nueva.
Juan reside en un barrio en los alrededores de la localidad de Trinidad, en una casa de barro que construyó en un terreno propiedad de su padre, en el que se asientan varias casitas de distintos miembros de la familia. Vive con su esposa y sus dos hijos. Migra solo o con alguno de sus hermanos y lo hace desde los 20 años, cuando comenzó a viajar con su hermano mayor. Cuando viaja lleva algo de dinero para los gastos iniciales y abre una cuenta en el almacén hasta que cobra los primeros salarios. Comenta que no le gustaría quedarse a vivir en Mendoza porque "me gusta ir por un tiempo, nomás". "Aquí es mi provincia; allá no; no sé si me acostumbraría".
Esta enunciación del 'lugar propio' se completa con el cambio de la forma de vida cotidiana que produce el hecho de migrar narrado por Luis:
"Lo único malo es que uno está lejos de la familia, nada más. De ahí, nada más. O sea, lo que más se extraña estando allá, es la familia. Ella, los chicos; la casa. Uno llega acá y sabe que trabaja y llega a la casa y la comida está preparada; el agua la tengo lista para bañarme. Allá, no; allá llego y tengo que prepararme yo '¿Qué hago de comer? ¿Qué hago?' Llegar, calentar el agua, bañarme. He llegado y... 'Bueno, voy a ponerme el colchón en el suelo' y bueno, acá me voy a mi cama. Cambia mucho. Pero hay que hacerlo, lamentablemente; uno tiene que hacerlo. [...] hasta que termine mi casa. Termino mi casa y no me voy más."
En el relato de los varones, la migración constituye un complemento de las ocupaciones temporarias generalmente en los sectores agrícola y de la construcción. A diferencia de las mujeres, no parece constituir para ellos una alternativa a la desocupación durante el año sino fundamentalmente durante el período de seis meses que va de los meses de octubre a marzo, cuya menor intensidad de actividad parece registrarse entre diciembre y febrero.
La estancia durante la migración es observada como un momento para ahorrar o hacer una diferencia. Algunas mujeres permanecen en Tucumán con la expectativa de que sus cónyuges  regresen con dinero para realizar mejoras en la casa, comprar electrodomésticos o simplemente sortear con mayor tranquilidad los momentos de desempleo complementando los ingresos originados en la asistencia estatal.

3. ¿Quiénes migran? Los que se van

La migración implica una serie de consideraciones y decisiones vinculadas a las condiciones de trabajo y de vida, tanto en el lugar de 'origen' como en el 'espacio migrante', que los miembros del hogar expresan en diferentes motivaciones y expectativas puestas en juego en el grupo familiar, constituyendo al hogar en un ámbito de intercambio, disputa y actualización de sentidos, prácticas, relaciones y jerarquías.

La migración y la escuela

Los mayores requerimientos de fuerza de trabajo en Mendoza se registran entre los meses de enero y marzo. En consonancia con la duración de la cosecha y de los mayores requerimientos de trabajo, algunos trabajadores saben con anticipación que se quedarán en Mendoza alrededor de tres meses.
Eso genera una dificultad en el caso de los trabajadores que tienen trabajo en Tucumán para cosechar limón, pues esta última se inicia a fines de marzo o principios de abril y se superpone con el final de su estancia en Mendoza. También implica una dificultad para quienes van con hijos en edad escolar ya que las clases se inician en los primeros días de marzo. Parte de los inconvenientes que ocasiona migrar con los hijos se encuentra en la irregularidad de su asistencia a la escuela, a pesar de que las autoridades escolares son comprensivas. De ello nos habla Gabriela que tiene un hijo de diez años y lo ha llevado a Mendoza:
"Y, no tenemos problemas, lo han aceptado bien pero ya el otro año, ya es más pesadito; si pasa a tercero ya es más pesado, es más... Es más complicado, pero creo que sí, sí lo van a recibir bien".
Estas especulaciones se comprenden mejor cuando consideramos que muchos migrantes realizan el viaje de ida a Mendoza en micros rentados por el gobierno de Tucumán, reduciendo los gastos de traslado. En cuanto al regreso, los trabajadores explican que las fincas reconocen el pago del pasaje de regreso a Tucumán cuando los trabajadores se quedan desde el inicio hasta el fin de la cosecha. Para los casos de hogares cuyos hijos concurren a la escuela, estos arreglos implican que: o bien los hijos en edad escolar no migran, caso en el cual debe permanecer un miembro adulto a su cuidado (las madres en la mayoría de los casos, un pariente mayor en otros o los hermanos de más edad), o bien los hijos en edad escolar regresan cuando lo hacen sus padres, perdiendo entre un mes y dos de asistencia a la escuela o abandonando la escuela al menos por ese año, o bien un miembro adulto regresa con el o los hijos pagando la suma de sus pasajes, alternativa esta última que no hemos registrado.
Entre las negociaciones y tensiones que se plantean cuando se toma la decisión de migrar una de las más difíciles de resolver es qué se hace con los hijos. Si son muy chiquitos hay que contar con quién los cuide tanto en su casa como en Mendoza.
La presencia de hijos pequeños constituye un argumento importante en la justificación que dan los varones para que las mujeres no viajen. Por ejemplo, Juan argumenta que la esposa tiene que cuidar a los hijos y por lo tanto no tiene sentido que migre junto a él ya que no podrá trabajar:  
"Ella sí; antes, cuando era más chica; con la madre iba; antes de que me conociera a mí iba. No, ahora no. No, porque tengo los hijos chicos y allá, para que vaya ella, tiene que trabajar; si no, para estar allá los cuatro, se queda acá".
Es preciso lograr un equilibrio ente miembros que viajan y miembros que trabajan con el objetivo de no alterar la proporción de gastos y remuneraciones pues el objetivo principal de la migración es conseguir un fondo de ahorro.
También hay consideraciones vinculadas a las expectativas futuras para los hijos, como las que comenta Luis, quien a pesar de tener hijos más grandes se niega a llevarlos para trabajar:
"No, no; los chicos más que todo. No; yo prefiero sacrificarme yo y ninguno de ellos. No me gusta cómo hacen otros que llevan a los hijos a pasar frío, a veces hambre, porque hay veces que uno va de acá y no hay trabajo; no es que no hay trabajo sino que no comienza la temporada, que tienen que esperar, que no tienen para comer o que no tienen dónde estar; entonces, no. No quiero eso yo para mis hijos, por lo menos, no. Ellos, ya porque es así; están en un lado, están en otro lado. Pasan frío, hambre; uno ya se acostumbra pero los chicos, no. Mis hijos quieren ir, quieren ir a trabajar; el que tiene 10 años quiere; cuando tengan 18, 19 años, los llevo".
Por otro lado, en Mendoza es frecuente que las familias se alojen en habitaciones de alquiler en las que no queda ningún mayor en horario de trabajo. En ese caso el trabajo de la madre no es tan productivo porque muchas veces pierde días de labor, tal como relata Joana:
"Por ahí nos han dicho que los deje pero nunca los dejamos... No, no, son pegotes a uno... Sí. Nos corrió porque un día no he ido yo porque se me había enfermado el changuito y no tenía con quién dejarlo y él ya me hizo quedar y le he dicho que estaba enfermo el chico pero lo mismo nos corrió".
Para acompañar a su marido, Miriam dejó a dos de sus hijos con su madre y llevaron a la nena más pequeña, de apenas un año. Ella deseaba ir a trabajar a la cosecha de fruta y demás alentaba a su marido a ir. Ya en Mendoza, una señora alojada en las mismas 'colectivas' de la finca donde ellos estaban la ayudaba cuidando a la bebé. Aún así había días en que Miriam no podía ir a trabajar:
"Cuando yo iba, por ejemplo, que había días que la señora no la podía cuidar a la bebé o ya estaba enfermita y yo no me iba. Porque a ella le ha hecho mal el agua de allá y entonces vivía con diarrea; vivía enfermita por una cosa u otra; entonces, yo casi no iba; él iba nada más".

Las condiciones de vida

Las condiciones de vida y de trabajo también son un argumento empleado por los varones al momento de explicar los motivos para que las mujeres no migren aludiendo tanto a las malas condiciones a las que no es apropiado exponer a una mujer como a los celos masculinos originados en las condiciones de habitabilidad carentes de la suficiente privacidad o en el salir del espacio doméstico y compartir espacios de trabajo con otros varones. En ello se fundamente la actitud masculina que tiende a proteger a su mujer y sus hijas de la convivencia con otros varones. Así lo relata Gregoria, quien a pesar de estar con su marido hace muchos años recién empezó a acompañarlo en el 2010:
"Y, ahí él no nos llevaba a nosotros por el tema que decía que dormía en el piso, que a veces estaban en un galpón y dividían con cajones, no tenían, decía él, 'la privacidad para que vivas vos conmigo y por ahí te estás cambiando y el otro ...entra cualquiera'. Entonces iba él; siempre se iba solo".
En el caso de los hogares en que migra todo el grupo familiar se plantean contradicciones con las condiciones que posibilitan hacerlo así, ya que generalmente estos hogares tratan de viajar a fincas  en las que saben que les proveerán de una pieza por la que no pagan alquiler, hecho que reduce los costos. Pero para acceder a ellas deben establecer contacto con alguien de las fincas o con algún intermediario que anota y reúne trabajadores para ellas, hecho que implica establecer un compromiso con la finca y con el intermediario mediante el cual el empleador se asegura la disponibilidad de fuerza de trabajo durante la temporada y el trabajador no corre con los gastos de pasajes y habitación durante su estancia.
Cuando la finca está alejada de localidades o centros urbanos en los que haya comercios, los trabajadores generalmente dependen de un comercio vinculado a la finca que les provee de garrafa y mercadería a cuenta que los trabajadores pagan con su primer cobro, tal como relata Miriam:
"Ahí nos daban una piecita, no pagábamos nada; en ese sentido, menos mal porque entre alquiler y la comida que mmm, era todo caro. No bien hemos llegado, nos han dado la garrafa y ahí ya disponés, sin que empecemos a trabajar pero ya está disponible el negocio. O sea que uno, ahí nomás, antes de que empecemos a trabajar, ya estábamos empeñados, hasta la quincena que uno cobraba. Ni bien hemos llegado nos han dado el gas y bueno, de ahí, buena parte que nosotros habíamos llevado una cajita de mercadería. Nosotros habíamos llevado cosas porque nos decían que era bastante caro, hasta que uno empiece a trabajar. Pero lo mismo, uno, por una cosa o por otra, sacaba ya fiado pero lo primero que hemos sacado ha sido el gas que era esencial para la chiquita, que necesitábamos para la leche porque ella nunca ha tomado el pecho, entonces hemos tenido que andar con los termos con agua, esas cosas. [...] Ellos, los del negocio, le repartían a cada pieza, por supuesto el que tenía la cocina porque algunos hacían fuego, que no llevaban cocina."
En algunos casos pueden pasar varios días hasta que los obreros empiecen a trabajar, días que no son pagados por las fincas y durante los cuales acumulan deuda en el comercio que les provee. Este último es otro elemento que se incluye en la consideración al momento de decidir quiénes migraran.
Así, al indagar por la decisión de migrar, sobre quiénes han migrado y sobre los motivos para que ese o esos miembros migren podemos observar perspectivas diversas que entran en tensión y en las que los integrantes del hogar exponen sus intereses. En este sentido, el hogar es un espacio surcado por relaciones de género y generacionales en el cual podemos observar diferentes posiciones ocupadas por sus miembros y relacionadas de forma asimétrica.
Esto lo observamos al preguntar por la decisión acerca de quiénes migran y quiénes trabajan, decisiones en las cuáles en muchos casos se impone la palabra del varón, situado en una posición de privilegio en relación a los restantes integrantes del hogar fundada en la confluencia de motivos socio-culturales que constituyen las relaciones de género. Esta posición es reforzada cuando el grupo familiar está compuesto por hijos pequeños, las mujeres no disponen de redes de ayuda o las redes de las que disponen son muy limitadas. Esto no significa que la palabra del varón sea la única ni que siempre sea acatada pero si indica una asignación de prioridad en la consideración del grupo ante la que podemos encontrar sumisión o reacción.
Es interesante el caso de Silvia, que había acompañado a su marido en otros viajes e incluso había llevado sus hijas, pero no había trabajado. El año pasado, mientras su marido estaba en Río Negro participando en la cosecha de fruta, ella se animó a ir a Mendoza, con una amiga que la entusiasmó. Una frase de Silvia es ilustrativa:
"Y este año me he ido yo por mi voluntad....Me quiero ir al mismo lugar con mis cuatro hijas. Ahora sí, llevo a las cuatro porque el año pasado era que no...Las quiero llevar a las cuatro".
Sin embargo, este año no viajó a pesar de su propósito. El marido, contrariado por aquella acción, nos dijo que, en aquel momento, ella se había ido sin que él lo supiera y, al enterarse, la fue a buscar. No quería que sus hijas estuvieran solas en Tucumán, a pesar de que habían quedado al cuidado de su abuela materna y tampoco acordaba con que las hijas migren junto con ellos.  
Las mujeres evalúan en forma positiva otros aspectos de las condiciones de vida en los espacios de migración evidenciando su preferencia por la estadía en Mendoza asociada a la actividad laboral, al esparcimiento y a la mejor alimentación:
"Porque es tranquilo, hay trabajo y otra, que allá hay más vida; para mí, hay más vida allá. Otra, que los chicos se crían sanos, no como aquí... Otra es que gozan de la fruta, de todo; nunca les falta nada allá. Y aquí no; yo cobro, sí pueden tener; póngale, cobro un lunes, pueden tener toda esa semana". (Gregoria).
Al igual que en el caso de Gregoria, que resalta que en Tucumán dispone de dinero para alimentar bien a su familia sólo una semana, Joana asocia la posibilidad de trabajar con una mejor alimentación para sus hijos:
"Más me parece a mí por los chicos porque uno tiene plata allá y uno les quiere comprar alguna cosa y todo el día están con el yogurt; en cambio, acá, esta no es zona de yogurt ... Allá sí se gasta más; uno tiene plata y...."  

Cuando migrar permite adelantar

En familias más numerosas, en las que hay hijos ya mayores, ocurre que alguno de ellos viajan y otros se quedan. Los que viajan pueden hacerlo para trabajar o para ayudar en las tareas domésticas (compras, cocina, limpieza) alivianando la carga de los que están ocupados e incluso permitiendo la incorporación al trabajo de más integrantes del grupo familiar. Cuando esto sucede, se observan surgir las tensiones que ya hemos mencionado para la asistencia escolar. Se suma entonces un nuevo elemento que consiste en la puesta en común de las vivencias y la aparición de tensiones entre los padres y los jóvenes que desean migrar para trabajar. Así, cuenta Gregoria la experiencia con dos de sus hijos, un varón y una mujer, que viajaron y luego relataron su experiencia a sus hermanos:
"No; ahora se quieren ir. Por el tema de que Jesús habla; él les cuenta, les dice cómo es allá; Estefanía también. Entonces, ellas se emocionan y quieren ir y Jesús, cuando ha venido de allá 'es lindo', dice; 'vieran; hay fruta, hay de todo allá; vas a un arroyo por ahí, te bañás. Y no hay nadie malo; toda la gente de ahí son buenitos'; allá hay toda gente buena".
La visión positiva que transmite el que ya ha ido mueve los deseos de los que han quedado y presionan ante el padre para ir en grupo. Esta tensión entre los intereses de cada uno se produce porque los motivos para irse o quedarse son muy variados. Se ponen en juego elementos como situaciones de salud, el peligro de dejar la casa sola, cumplir con obligaciones de estudiante, deseos de tener su propio dinero, edad permitida para trabajar, etcétera.
En otros casos, la migración de los adultos, con o sin hijos, remite a la posibilidad de que ambos trabajen aumentando las ganancias de la temporada y de ese modo puedan afrontar gastos extraordinarios (con frecuencia se trata de la construcción, terminación o mejoramiento de la vivienda). Tal es el caso de la uva en donde la mujer llena el tacho con los racimos que corta y el marido "tachea", o sea que lo lleva corriendo para volcarlo en el bin. Es el caso de Gabriela y su marido, quienes estaban de acuerdo en ir ambos. A pesar de ese consenso, ello sostuvo que "de todos me iba a ir, con él o sin él, porque no hay nada". Viajar juntos les daba la posibilidad de hacer una mayor diferencia, aunque además ella argumentaba que le gusta viajar y tener lo suyo y él sostenía que una vez que hubieran terminado de arreglar la casa ya no sería necesario que viajen ambos. El ejemplo nos sirve para mostrar las funciones que se atribuyen a cada miembro de la pareja de acuerdo al género y al lugar que ocupan en el hogar pero también para observar como ciertas condiciones abren perspectivas diferentes. Gabriela tiene sólo un hijo y la  posibilidad de dejarlo con la madre o, dado que no es tan pequeño, de llevarlo con ella; Esto le permite un mayor margen para plantear y sostener su posición.
Como vimos en el caso de los hijos de Gregoria, cuando los hijos crecen también plantean sus deseos y analizan sus posibilidades. Así sucede con Jorge, de 14 años, quien en 2010 no migró con su padre pero en 2011, alentado por su hermano menor que viajó en 2010, migró a Mendoza para hacerse unos pesos y construir su pieza con su hermano:
"Este año sí; ya se quieren ir. Él se quiere ir porque él dice que quiere trabajar; quieren trabajar los dos para que hagan en su pieza solos ahí porque ya tenemos un terrenito así que..."
Jorge asiste a la escuela y a pesar de haber perdido algunos años le ha ido bien. Su hermano Jesús, en cambio, regresó de Mendoza a fines de abril de 2010, perdió el año y no desea volver a estudiar. En los adolescentes hay una contradicción entre el deseo de tener su propio dinero, para lo cual quieren ir a trabajar, y la obligación de ir al colegio, pues el comienzo de las clases es en la época en que todavía no han terminado las cosechas.
Por otra parte, muchos de nuestros informantes dicen que los jóvenes tendrían que empezar a migrar a los 18 años pero, en la práctica, van desde los 14 o 15 años. Uno de los aspectos negativos de la migración que señalaron fue el hecho de extrañar a la familia; por lo tanto llevarlos con ellos es una forma de cuidarlos y de iniciarlos en las labores de cosecha. Si bien todos saben que, legalmente, los menores no pueden trabajar la realidad es que muchos de ellos lo hacen ayudando a sus padres o, ya adolescentes, desenvolviéndose por su cuenta, a la par de los adultos.
Salvo las grandes empresas, muchos productores permiten el trabajo infantil y, en esos casos, el grupo familiar trabaja como un conjunto y se le paga una suma global. Aparentemente, en donde se dan estos casos con más frecuencia es en la cosecha de uva porque los chicos pueden arrancar los racimos ubicados en la parte más baja de la planta y colocarla en el tacho para que el padre lo traslade. Los menores también pueden participar de la cosecha:
"Y, hay patrones que sí, porque tienen pera, la manzana, la uva y tienen plantación de tomate y los chicos agarran el tomate. Pero ¿sabe qué pasa? Yo, conversando con la gente que ya vive ahí, después me han dicho a mí. Porque yo, la primera vez que iba, tenía el recelo de dejarlos ahí; entonces, ahí, como a él, Jesús, le gusta hacer amistades... así que él ya quería trabajar en el tomate, que estaba de ahí, de la finca, más para abajo la finca del tomate; también es de ellos"  

4. Los que se quedan: la organización de la casa y la vida cotidiana

Cuando uno o más integrantes de la familia migran, los que se quedan deben administrar la casa, continuar con sus actividades cotidianas y cuidar a los más pequeños. Ante la ausencia de los asalariados, las principales fuentes de sostén económico resultan ser la Asignación Universal por Hijo, las pensiones y jubilaciones y las remesas que envían quienes han migrado.
Cuando de la asignación universal se trata y ambos adultos viajan, lo que hacen es dejar la tarjeta para que puedan retirar el dinero, como ha relatado Silvia:
"Tengo que mandar; tenemos que mandarles sí o sí. El año pasado, como estaba en negro, les he dejado la tarjeta del salario para que cobren y lo mismo hemos mandado plata porque acá yo tenía cuentas y cuando vamos, siempre dejamos cuentas. Que la luz, el gas, el almacén, que el cable. Porque acá, las chicas tienen cable y tienen dibujitos y ven esas cosas así que sí o sí, tenemos que mandar".
Si uno de los miembros adultos se ha quedado, dispone de esos ingresos, como en el caso de la esposa de Luis. En algunos casos, para complementar esos ingresos, guardar el dinero o pagar deudas los trabajadores envían remesas a través de giros bancarios, mediante el correo, a través de las empresas de transporte o con algún amigo o conocido que regresa.
La cuestión no se reduce a los ingresos, pues quienes permanecen en la casa deben asumir la responsabilidad de la organización y el cuidado. Hay casos en que permanece uno de los integrantes de la pareja, casos en que los hijos mayores quedan a cargo y casos en que algún abuelo, generalmente también mujer, asume esa responsabilidad. En todas las circunstancias, cambian algunos aspectos de la administración doméstica así como también se generan nuevas conductas, aprendizajes y disposiciones entre los hijos. Así relata Gregoria lo que ocurre cuando sus hijas quedan a cargo del manejo de la casa:
"Y sí; sí, porque siempre somos nosotros los que andamos ¿pasa algo? Damos nosotros la cara, salimos adelante, todo. Pero cuando ya no hemos estado nosotros, ya han tenido que ir y salir ellos; ya tienen que saber qué fecha tienen que pagar la luz, qué fecha agua, que cómo es, si había, como ser los créditos, ellos tenían que ir, pagar. La más grande, así que ella es la mayor. Depende, las decisiones que ella toma. Si no le gusta a la que queda con ella, ahí discuten. No, por ahí, cuando se enferma uno, siempre tengo que salir yo y ya sale mi hijo más grande y al no quedar ninguno de los dos, siempre yo les encargo a ella, que ella ... Siempre quedan al mando de ella porque inclusive, el domingo, el bebé se ha puesto grave, entonces, ella ha quedado; los atendió a ellos, todo. Y así ha sido hasta el lunes, martes que se ha compuesto bien."
Fundamentalmente en el caso de las hijas mujeres, sea que queden a cargo por completo, junto a su madre o junto a otro adulto, ese momento implica asumir las tareas domésticas y atender al cuidado de los más pequeños. Muchas veces se comenta un cierto relajamiento de las reglas o una mayor oposición de los hijos o cumplir con ciertos mandatos, el más común parece ser ir a la escuela. Ello también es parte de los movimientos y tensiones que produce la ausencia de los padres
Las dificultades no se manifiestan sólo cuando se va la gente sino que hay problemas que surgen cuando termina la temporada de migración. Se observan algunas tensiones en el momento en que vuelven los trabajadores de Mendoza. Los que se quedan no siempre consideran positivo el resultado de la migración, sobre todo si para ellos ha resultado un esfuerzo o un sacrificio. Se produce un conflicto porque las expectativas de los que no migran no se cumplen al regreso de los migrantes.
Una madre que se había quedado con sus nietos se sentía desilusionada por la escasa cantidad de dinero que había traído la pareja. No pudo usar la tarjeta para cobrar el salario porque su hija había sido registrada en Mendoza y el beneficio había sido suspendido de modo que tuvo que recurrir a la ayuda de su propia madre que cobra una pensión:
"Sí, todo; todo ha cambiado porque yo me hacía ilusión que yo iba a cobrar la plata de ella y que iba a andar bien pero después yo he tenido que traerla a mi mamá para que yo pueda seguir cosiendo; yo tengo mi máquina de coser, soy costurera y bueno; arreglaba ropa. Y bueno, me daba vuelta con lo poco que tenía. Porque a mi mamá, menos mal que a ella le dan el bolsón. Ella tiene la pensión de ama de casa y es lo mínimo; entonces, acá, a los jubilados que cobran lo mínimo, les dan el bolsón; ese bolsón, mi mamá me lo pasaba para mí porque venía la leche. La leche, el azúcar. Bueno, siempre lo más esencial para la casa; el aceite, la yerba, el azúcar, la leche".
Y agrega: "Y yo dele renegar porque ella se ha ido con una idea de que iban a traer algo como para pasar, terminar de pasar el verano, porque toda la gente se va con esa ilusión; dicen 'Trabajamos, trabajamos y vamos a traer algo de dinero', hasta que empieza la cosecha del ingenio, de la caña, de las otras frutas. Pero ¿qué pasa? Se van, les dan una libreta dicen y todos los gastos, todo lo que trabajan, para mantenerse, como ella me contaba. Me dice 'Mamá, no sufrimos de hambre'; bueno, pero te has venido "desnuda", porque le digo que han venido con lo puesto. Porque ella dice 'Bueno, vamos a comprar la mochila, los útiles para Nahuel' ¿qué? Ni un lápiz han traído."  
Otro ejemplo de esta insatisfacción lo encontramos en Santa Ana, en el hogar de José, pues su esposa tiene que trabajar de lavandera a pesar de contar con la Asignación Universal:
"Yo le mando a la escuela a la nenita y yo salgo a buscar trabajo así y salgo a lavar por ahí. Y yo, lavando, la gente me da $ 20, $ 30. Y así me las rebusco cuando él no está aquí... yo traigo para acá la ropa a lavar y ahí, cuando se seca, la llevo... que lo único que sí, que por ahí, algunas veces, él no trabaja bien y no me puede mandar de allá."
Estos ejemplos nos permiten comprender la necesidad de los arreglos y acuerdos de ayudas entre integrantes de la familia, sean o no de un mismo hogar, con el objetivo de generar un soporte para la partida de los migrantes y para la permanencia de los que se quedan. Estos arreglos permiten observar las alteraciones y tensiones por las que atraviesan los grupos ante la ausencia de uno o más de sus integrantes, alteraciones y tensiones no sólo ni exclusivamente vinculadas a los ingresos, sino también a las expectativas que generan las migraciones entre los que se quedan. Esas tensiones se vinculan en muchos casos a las dificultades para sostener las reglas y actividades de los distintos miembros de la familia y a los intercambios de favores que establecen obligaciones morales entre distintos integrantes de la familia que muchas veces refuerzan posiciones y relaciones asimétricas. Recordemos que, al menos en la mitad de los hogares que hemos analizado, los grupos familiares residen en la casa de sus padres o localizan su casa en terrenos de sus padres.

Reflexiones finales

En el caso de los tucumanos que hemos entrevistado, el tiempo de la migración comprende dos excepcionalidades. La excepcionalidad en el lugar de pertenencia, en el lugar propio, que es el tiempo sin ocupación, en el que no hay trabajo y hay que achicarse más de lo habitual. Esa excepcionalidad es poco notoria para algunas mujeres, que tienen menos posibilidades que los varones en los mercados de trabajo, tanto agrícolas como no agrícolas, además de estar determinadas al trabajo doméstico en sus hogares, subsumidas en la figura de madre/esposa.
Además, observamos la excepcionalidad del lugar al que se migra, en el que es tiempo de hacer la diferencia, de guardar para adelantar en el lugar de origen. En este caso la excepcionalidad se acrecienta para las mujeres que migran porque pueden conseguir trabajo, tener un sueldo, tener lo propio y, en los mejores casos, obtener mejores remuneraciones.
Un elemento constante hilvana ambos momentos, el del lugar propio y el de la migración, representado en la administración del hogar, el cuidado de la casa y la familia. En la migración del grupo o de algunos miembros están los que se van y los que se quedan, está la continuidad de lo cotidiano y de las trayectorias presentes en la concurrencia a la escuela, en la expresión de los afectos y en el aprendizaje moral y vital comprendido en el seno del grupo familiar. Nuevamente, esa constante recae con más potencia en las mujeres.
La migración depende del funcionamiento de la familia. Ésta funciona como un todo en el que las partes se unen por lazos o redes flexibles o elásticas en los que se observa, a veces, una tensión que, por lo menos en los casos estudiados, no llega a desembocar en un conflicto que corte dichos lazos.
De los miembros que pueden llegar a migrar, el más indicado y apto para separarse de la casa es el varón cuyo compromiso de atención a la familia es mucho menor que el de proveer su sustento. En una situación equivalente están los hijos mayores, aunque su obligatoriedad de contribuir a los ingresos es menor; se divide entre la satisfacción de sus necesidades de hombre joven, en las que a veces se cuenta la de mantener algún hijo que muchos tienen cuando son muy jóvenes, aún adolescentes, y la obligación de contribuir al mantenimiento de la casa en la que viven.  
Un escalón más abajo se ubican las hermanas jóvenes que están capacitadas para viajar cuando no son madres. Esta situación, si bien les restringe su posibilidad de trabajo también las obliga a conseguir ingresos. En los casos observados las hijas acompañan a sus padres y éstos manifiestan que lo ideal es que no se vayan solas a trabajar.
Las madres, generalmente organizadoras de la administración doméstica, tienen más limitaciones para viajar a trabajar. Pueden hacerlo solamente cuando tienen quien las reemplace en esa función, sobre todo si la familia es extensa y en ella conviven varias generaciones; en ese caso alguna hija mayor puede asumir el rol organizador y de responsabilidad frente a sus hermanos.
Cuando la familia es nuclear, al menos debe contar con quien le cuide los niños. Aunque pueda llevarlos con ella no se soluciona el problema pues en Mendoza no siempre cuenta con una "cuidadora". En este caso, a veces, afloran ciertos lazos o redes de solidaridad pues puede haber alguna parienta o conocida que resida en el lugar y le haga ese favor.
Hemos observado diversas actitudes con respecto a la migración familiar. A veces llevan los chicos y la mujer va sólo para acompañar al marido y cocinar, lavar la ropa, etc., pues su compañía hace más fácil la estadía del hombre y resuelve problemas como el envío de dinero.
Por otra parte, otra actitud familiar es aquella que no ve la razón de que la mujer viaje si no puede trabajar allá porque esto sale caro. En otros casos la mujer trata de encontrar la forma de migrar y trabajar aunque sea en forma esporádica, dando batalla a la jerarquización por género (Giarracca y otros, 2000).
Estas restricciones a la migración femenina, cuyos fundamentos se encuentran en el papel que cumple dentro del hogar, se hacen evidentes en el caso de un hombre viudo que tiene que dejar de viajar cuando muere su padre. Ya no puede dejar solo a su hijo con la abuela porque ésta es una persona mayor; por lo tanto, debe asumir las funciones de la mujer y se le imponen las mismas restricciones.
Si bien la migración se explica claramente por la falta de trabajo e ingresos en cierta época del año, las características de esta migración se pueden explicar solamente en función del tipo de familia, las obligaciones existentes entre sus miembros y las redes internas que organizan su funcionamiento. También se deben tener en cuenta los lazos tendidos hacia fuera de la familia, ya sea en su lugar de origen como en destino (Ramella, 1995).
Entre esos lazos están los establecidos con familiares y amigos pero también los que se establecen con los contratistas, cuadrilleros y ciertas instituciones como el Gobierno y los sindicatos. Las redes que les brindan información y sustentan sus posibilidades de conseguir ciertos fines conforman el marco en el que se desenvuelve el comportamiento del migrante. No podemos estudiarlo fuera del mismo. El interés se centra en ver en qué forma influyen o impactan las relaciones sociales sobre ese simple esquema basado sólo en el peso de los mercados de trabajo y la disponibilidad de mano de obra.
Ante la constante necesidad de viajar para trabajar, conseguir dinero y subsistir, el hogar constituye una unidad que mediatiza ese proceso, que genera, reproduce y/o modifica sentidos y formas de hacer. Así, la permanente migración se ve influida por variaciones que impulsan la incorporación de nuevos migrantes, que trastocan sentidos y prácticas y que delimitan, abren o cierran posibilidades año tras año, moviéndose sobre un campo de condicionamientos signado por la vulnerabilidad.
La familia, unidad doméstica, cuenta inicialmente con un escaso y poco o nada diversificado capital (en el mejor de los casos un terreno, vivienda y capital social). Entonces, se observan unas estrategias de reproducción orientadas a permitir la ocupación del mayor número de miembros posibles. En este sentido, las propias estructuras del mundo económico (mercados de trabajo) tienden a reproducir las condiciones generales de la fuerza de trabajo dificultando incluso las  posibilidades de acceso a las instituciones escolares, en las cuales además ingresan en desventaja dado el bajo capital cultural inicial heredado que merma su 'aptitud escolar' (Bourdieu, 1997).
La migración es un momento en que resulta posible el incremento del ingreso familiar ya sea mediante el aumento de las personas ocupadas por familia, el trabajo de miembros desempleados o la posibilidad de mejores remuneraciones para algunos. Pero también la migración, a pesar del sostenimiento o leve mejoría de ingresos, tiende a la reproducción de las estructuras del mundo económico, inclusive sólo considerando la eventualidad e inestabilidad del vínculo laboral.
Si bien aquí no hemos tratado de estrategias de reproducción orientadas a reproducir la posición en el espacio social de una categoría o grupo, es preciso sin embargo considerar el estado de los mecanismos de reproducción en los mercados de trabajo y en las instituciones escolares (Bourdieu, 2011). En tal sentido, para transformar las condiciones de ocupación y reproducción de los trabajadores migrantes resultaría necesaria una intervención en los mercados de trabajo pero también en los mecanismos que permitan transformar las condiciones de constitución de la fuerza de trabajo que se delinean previamente a su llegada como tal (como fuerza de trabajo) a los mercados de trabajo. Y ello implica también una transformación anterior a las condiciones de arribo a las instituciones escolares.
Es decir, no son solamente las dinámicas institucionales y las relaciones sociales involucradas en esas dinámicas las que deben ser transformadas sino las condiciones de clase de los agentes las que también deben transformarse. La transformación debe abordar tanto las condiciones objetivas como sus disposiciones y posibilidades económicas y políticas. Sólo atenuando 'la presión de la necesidad económica' sobre la familia y a la vez redefiniendo los mecanismos de estructuración de los mercados de trabajo y de las instituciones escolares (y estatales en general) es posible la redefinición de ambos términos y la desnaturalización de la miseria y el sufrimiento como 'componentes inevitables de las existencia' (Bourdieu, 2006) de los trabajadores.

Notas

1 El programa interzafra está dirigido a trabajadores de temporada registrados de la producción primaria y la agroindustria. Consiste en un subsidio que obra como compensación de ingresos para los trabajadores de temporada de los sectores citrícolas, azucareros, de la industria de la alimentación y tabacaleros. Se otorga durante los cuatro meses de interzafra a los trabajadores temporarios registrados mayores de 18 años que tienen de dos a ocho meses de aportes en la última zafa. El gobierno de Tucumán también ha incluido a trabajadores con un solo mes de aporte. En 2010 alcanzaba la suma mensual de doscientos cincuenta pesos.

Bibliografía:

1. Bourdieu, Pierre (1997) Razones prácticas. Sobre la teoría de la acción, Anagrama, Barcelona.         [ Links ]

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3. Bourdieu, Pierre (2011) las estrategias de la reproducción social, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires.

4. García, Brígida y Oliveira, Orlandina (2006) "La familia y el trabajo: Principales enfoques teóricos e investigaciones sociodemográficas" en De la Garza Toledo, E (comp.) Tratado Latinoamericano de Sociología, Ed. Anthropos.

5. Giarracca, Norma; Gras, Carla; Bidaseca, Karina; y Mariotti, Daniela (2000) Tucumanos y tucumanas: zafra, trabajo, migraciones e identidad, Editorial La Colmena, Buenos Aires.

6. Jodar, Pere. (1997) "Más allá de Braverman. El enfoque del proceso de trabajo y el problema de la reproducción" en Sociología del Trabajo, num. 29, Madrid.

7. Mingo, Elena (2010) Las inserciones laborales femeninas en la agricultura del Valle de Uco, Provincia de Mendoza, Tesis de Maestría, FLACSO (Sede Argentina).

8. Ojeda Macías, Nancy; Kroshus Medina, Laurie; y Millard, Ann V. (2007) "Estrategias de la familia y el grupo doméstico en la migración agrícola internacional", en David Robichaux (comp.) Familias mexicanas en transición. Unas miradas antropológicas, Universidad Iberoamericana, Biblioteca Francisco Xavier, Clarigero, México.  

9. Ramella, Franco (1995) "Por un uso fuerte del concepto de red en los estudios migratorios", en María Berg y Hernán Otero (compliladores) Inmigración y redes sociales en la Argentina moderna, CEMLA - IEHS, Tandil.

10. Roldán, Martha (1982) "Subordinación genérica y proletarización rural: un estudio de caso en el noreste mexicano", en Magdalena León (ed.) Las trabajadoras del agro: debate sobre la mujer en América Latina y el Caribe, vol.2, Asociación colombiana para el estudio de la población, Bogotá.

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12. Wilson, Fiona (1986) "La mujer y las transformaciones agrarias en América Latina: Revisión de algunos conceptos que fundamentan la investigación" en León, Magdalena y Deere, Carmen Diana, La mujer y la política agraria en América Latina, Siglo XXI ACEP, Bogotá.  

Recibido: 11.11.11
Aprobado definitivamente: 21.4.12