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Trabajo y sociedad

versión On-line ISSN 1514-6871

Trab. soc.  no.19 Santiago del Estero jul./dic. 2012

 

MUJERES Y JÓVENES : ESCENAS Y PROCESOS

Envejecimiento demográfico y participación laboral femenina

Demographic Aging and Female Labour Participation

 

Gabriela Adriana Sala*

* Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina - Instituto de desarrollo económico y social (CONICET-IDES). Correo: gabrielasala67@hotmail.com y gabriela_adriana67@yahoo.com.ar  

 


Resumen

Este artículo analiza la participación laboral de las mujeres de 60 y más años residentes en áreas urbanas argentinas, a partir de procesamientos especiales de la Encuesta Permanente de Hogares del tercer trimestre del 2009. Con este propósito, se enfatiza el análisis de la ocupación principal, entre quienes trabajaban y de la última ocupación entre las desempleadas. Se evalúa la percepción de beneficios previsionales y la intensidad de la ocupación en diferentes edades en aquellos grupos ocupacionales que concentraban a la mayoría de las ocupadas.
El articulo muestra la dualidad del perfil de las ocupadas, porque entre las que carecían de educación universitaria predominaba la inserción en los servicios de limpieza domésticos y no domésticos, la comercialización directa, la gestión administrativa planificación y control, la producción industrial y artesanal, en ocupaciones de la salud y sanidad, del cuidado y la atención de personas y de los servicios gastronómicos. Por otra parte, entre las más escolarizadas prevalecían la vinculación a ocupaciones de la educación, la salud, la dirección de pequeñas y medianas empresas, la gestión administrativa y la comercialización.

Palabras Clave: Participación laboral; Envejecimiento; Género; Beneficio previsional; Adultos mayores

Abstract

This article analyzes the labour participation of women aged 60 years and over residing in Argentine urban areas, from special tabulations of the Permanent Survey of households in the third quarter of 2009. To this end, the analysis of the main occupational groups among the occupied and the last occupation among the unemployed is emphasized. Also the perception of social security benefits and the intensity of the occupation at different ages and occupational group are evaluated.
The article shows the duality of the profile of the aged women occupied, because them who lack of high education predominated the inclusion in occupation linked to domestic and non-domestic cleaning services, the direct commercialization, administrative planning and control, industrial and handicraft production, health and sanity, people care and gastronomic services occupations. On the other hand, among the most educated women prevailed those occupation linked to the education, health, management of small and medium companies directive occupations, administrative management and commercialization occupations.

Keywords: Labour force participation; Aging; Gender; Retirement benefit; Aged people


 

Sumario

I- Introducción. II- Antecedentes teóricos. III- Panorama laboral y previsional argentino hacia fines de la década. IV- Participación laboral de las mujeres de la tercera edad de áreas urbanas argentinas. V- Intensidad de la ocupación y desempleo. VI- Reflexiones finales. Líneas futuras de investigación. Bibliografía.

I- Introducción

En relación con otros países de América Latina, en Argentina la transición de la fecundidad y la mortalidad fueron precoces y graduales. Por este motivo, desde la segunda mitad del siglo XX la población argentina muestra señales claras de envejecimiento. Según las estimaciones y proyecciones de población del Centro Latinoamericano de Demografía (CELADE), en el año 1975 el 11% de la población argentina tenía 60 y más años, mientras que en el año 2005 este porcentaje ya llegaba al 14%. Siguiendo estas proyecciones, la participación de los adultos mayores en la población argentina llegaría al 16% en 2025 y al 25% en 2050 (CELADEa).
Pese a la reconocida escasez de estudios sobre la situación laboral de los adultos mayores latinoamericanos (Bertranou, 2001 y Bertranou y Velasco, 2003), fueron señalados algunos rasgos de la participación en la actividad económica de esta población. Poppolo (2001), por ejemplo, menciona la mayor concentración de adultos mayores latinoamericanos ocupados en actividades por cuenta propia -no técnicas ni profesionales- y el descenso de la participación entre los asalariados a medida que avanza la edad. Asimismo, destaca la precariedad de esta inserción laboral y la percepción de menores ingresos con idéntica carga horaria. También señala que la baja cobertura de los sistemas previsionales y el bajo monto de los beneficios otorgados promueven la participación laboral de los adultos mayores. No obstante, señala que no son los más desfavorecidos quienes participan con mayor intensidad y destaca la mayor participación de quienes se encuentran por encima de la línea de pobreza en comparación con los pobres e indigentes. También considera la existencia de otros factores condicionantes de la participación laboral asociados al nivel socioeconómico, como el estado de salud y la discriminación laboral por edad y refiere la relación inversa entre cobertura previsional y tasas de participación económica entre los varones. Por otro lado, Guzmán (2002) destaca la menor nitidez de la relación entre la participación laboral femenina y la cobertura previsional, debido a la interacción con otros factores, ya que las mujeres podrían percibir beneficios previsionales por viudez.
En Argentina, un aporte pionero en el estudio de la participación laboral de los adultos mayores es el de Bertranou (2001), quien analiza la transición de la actividad laboral al retiro de los trabajadores del GBA de cincuenta y cinco y más años, desde mediados de los setenta a mediados de los noventa. En ese trabajo, identifica el momento, las modalidades y los determinantes de las decisiones de retiro, considerando diferencias por género, nivel educativo, cobertura de la seguridad social, composición del hogar, tipo de empleo y cantidad de horas trabajadas.
En otro trabajo, este autor señala que, desde el inicio de los noventa hasta principios de 2000, entre los mayores de 60 años argentinos crecieron marcadamente la participación laboral, la desocupación y la inserción en ocupaciones informales y al mismo tiempo que disminuyó la duración de la jornada laboral entre los ocupados. También comenta que la participación laboral de las mujeres de 65 y más años creció más que la de los varones y, entre ellas, aumentó la proporción de asalariadas. Finalmente, señala que Argentina registraba la mayor tasa de desocupación entre los adultos mayores latinoamericanos en el año 2003 (13%) y observa una tendencia a la asalarización (Bertranou y Velasco 2003 y OIT, 2006).
En su trabajo anterior, Bertranou (2001) analiza esta transición entre los adultos mayores del Gran Buenos Aires a partir de datos de la Encuesta de Desarrollo Social de 1997. Allí concluye que la edad está negativamente asociada con la probabilidad de participar en la fuerza laboral; que la cantidad de miembros del hogar está positivamente asociada entre los varones y negativamente entre las mujeres; que la condición de jefe del hogar aumenta la probabilidad de participación en ambos sexos y que la convivencia en pareja la reduce, en el caso de las mujeres, y aumenta entre los varones y que las enfermedades crónicas y las discapacidades reducen las chances de participación laboral y la cantidad de horas trabajadas. Otro punto importante que señala es que la cantidad de horas de trabajo está positivamente asociada con el ingreso laboral y negativamente con el previsional. También señala que la asociación entre la duración de la jornada laboral y la edad y la jefatura del hogar es positiva entre los varones y negativa entre las mujeres. Finalmente, concluye que no existen evidencias claras de una disminución gradual o de un retiro paulatino a través de la reducción de horas trabajadas o cambios en la modalidad del empleo.
A su vez, Redondo (2003), a partir de datos de la E.P.H 2001, señala diferencias en la categoría ocupacional de los ocupados de 65 y más años según condición de pobreza. Muestra que los mayores no pobres son mayoritariamente empresarios, profesionales y asalariados con descuentos jubilatorios, mientras que los pobres presentan un porcentaje elevado de trabajadores por cuenta propia y asalariados sin descuentos previsionales. En suma, sugiere que la permanencia en el mercado laboral está fuertemente condicionada por la carencia de beneficios previsionales y la necesidad de aumentar los ingresos familiares.
A partir de datos de la Encuesta de la tercera edad sobre estrategias previsionales (ETEEP) del 2003, el Banco Mundial señala que los principales determinantes de la participación laboral de los adultos mayores de áreas urbanas argentinas son los ingresos no laborales -principalmente los previsionales-, el estado de salud, los arreglos domiciliarios y la ocupación. En este documento compara atributos de los adultos mayores argentinos jubilados económicamente activos e inactivos y no jubilados. Concluye que los activos tienen más chances de ser hombres, de menor edad, de gozar de un mejor estado de salud y de residir en hogares con un mayor número de hijos y menos personas jubiladas. Los inactivos no pensionados son considerablemente más pobres y tienen un número menor de bienes de consumo duraderos. Compara el trabajo actual del grupo activo con el último trabajo de grupo inactivo y observa mayor participación de los activos en la construcción, transporte, servicios y comercio y entre los trabajadores por cuenta propia. Los activos trabajan a tiempo completo, tienen una presencia de larga data en el mercado laboral, menor intermitencia en el empleo y menor densidad de aportes a la seguridad social (World Bank, 2007).
Por su parte, Alós et. al. (2008) consideran que la forma de organización de los sistemas previsionales condiciona el nivel de participación laboral de los adultos mayores y que el desempeño del sistema de pensiones influye en las decisiones de retiro y permanencia en el mercado laboral. Para medir el desempeño enfatizan dos dimensiones: el alcance, entendido como cobertura, y la intensidad, referida al monto de los ingresos provistos.
En este trabajo identifican algunos determinantes de la participación laboral de los adultos mayores en el Gran Buenos Aires a partir de datos de la Encuesta del Banco Mundial de 2003. También analizan información de la EPH para caracterizar la evolución de la participación laboral de los adultos mayores entre 1974 y 2006. Al respecto, concluyen que la probabilidad de participar en el mercado de trabajo entre los mayores de 60 está inversamente relacionada con haber completado la cantidad mínima de años de aportes requerida para acceder a la jubilación y positivamente con ser varón y soltero o viudo, con la buena salud y con haber alcanzado estudios universitarios. Señalan que entre quienes gozan de beneficios previsionales, la probabilidad de permanecer económicamente activo está fuertemente condicionada por el monto de éstos, la edad y el estado de salud. Finalmente, señalan que el setenta por ciento de los participantes en la fuerza de trabajo declara tener ingresos previsionales insuficientes (Alós et all., 2008).
Paz (2010) constata el incremento en el porcentaje de adultos mayores asalariados y una caída del porcentaje de cuentapropistas entre 1980 y 2006. También destaca la mayor incidencia de la informalidad entre los adultos mayores argentinos y la mayor propensión a estar ocupados en firmas formales, en relaciones informales, a partir de información obtenida a través del Módulo sobre Informalidad Laboral en el año 2005.
También, fue señalado que las mujeres mayores latinoamericanas, generalmente tienen menor escolaridad, reciben menores ingresos que los hombres durante su vida laboral, por lo que llegan a la vejez acumulando desventajas derivadas tanto de las peores condiciones laborales femeninas, como del funcionamiento de los sistemas de seguridad social que no incluyeron una perspectiva de género (Henchuan, 2010).
Existen desigualdades de género en el acceso a los beneficios previsionales. En primer término, porque el derecho a jubilaciones ordinarias depende de la densidad de las contribuciones durante la vida activa, estrictamente asociada a la inserción formal en el mercado de trabajo. En este sentido, la mayor precariedad de la participación laboral femenina restringe el acceso a beneficios contributivos. Por otra parte, también existen inequidades en el acceso a las pensiones por viudez. En esta línea, Birgin y Pautassi (2000) afirman que las mujeres casadas con trabajadores formales "protegidos por la seguridad social" gozan de mejores prestaciones de la seguridad social que las mujeres casadas con "maridos desprotegidos" y que la "mujeres solas". También señalan que estas inequidades se traducen en situaciones de duplicación y carencia de haberes previsionales, porque algunas mujeres tienen con jubilación propia, por haber tenido inserción formal y a la vez, pensión por viudez de esposos con empleos formales y por otro, mujeres carentes de beneficios previsionales.
Luego de este recorrido por los estudios previos, a continuación se describe el panorama laboral y previsional argentino hacia fines del 2010.

III- Panorama laboral y previsional argentino hacia fines de la década

La salida del Plan de Convertibilidad inauguró en Argentina un ciclo de recuperación de la producción, las exportaciones, el empleo, los salarios y el consumo. Durante ese período expansivo, que duró aproximadamente tres años, aumentó la cantidad de puestos de trabajo totales y, en particular, de los registrados. Entre 2007 y fines de 2008, la economía continuó creciendo a tasas elevadas, aunque disminuyó notablemente el ritmo de crecimiento del empleo, especialmente del no registrado. El sector servicios fue el único con capacidad de creación de empleo, aunque a un ritmo también decreciente (Campos et. al., 2009). Pese a la recuperación del empleo, la precariedad laboral continuó siendo alta.
Antes de ser reformado, el sistema previsional argentino presentaba una multiplicidad de regímenes de jubilaciones, gran generosidad en la concesión de beneficios sin la correspondiente base contributiva, sistemas y fórmulas de cálculo de jubilaciones que consideraban sólo una parte de tiempo de trabajo y que tendían a privilegiar a quienes tuviesen carreras ascendentes (Medici, 2003).
En los primeros años de la década del noventa fueron introducidas algunas modificaciones previas a la Reforma Previsional de 1994, orientadas a reducir la excesiva fragmentación del sistema y homogeneizar los distintos regímenes administrativos. Fueron aumentadas las edades mínimas para jubilaciones, pasando de 60 a 65 años entre los hombres y de 55 a 60, entre las mujeres y extendido el plazo mínimo de las contribuciones, que pasó de 20 a 30 años entre las mujeres y a 35, entre los hombres. Sin embargo, la modificación más relevante fue el pasaje de un régimen de repartición simple a un sistema de pilares múltiples, que incluía un sistema de capitalización individual. Pocos años después quedaron en evidencia algunos efectos negativos de la restructuración del sistema previsional. El pasaje a un sistema de pilares múltiples, al basarse en un esquema contributivo, en una economía con elevado desempleo e informalidad tendió a ser cada vez más excluyente y agudizó el déficit de cobertura, tanto de la población económicamente activa y de la proporción de beneficiarios de jubilaciones y pensiones dentro de la población en edad de retiro (Medici, 2003).
A inicios de la primera década del siglo XXI, la situación previsional en Argentina mostró la profundidad del deterioro. El endurecimiento de los requisitos jubilatorios, luego de dos décadas de desempleo y precariedad, dificultó el acceso a los beneficios previsionales a muchas personas en edad de retiro. La cobertura previsional, es decir la proporción de personas en edad jubilatoria que recibían una jubilación o pensión, alcanzó su punto más bajo en 2005 (55,1% de las personas en edad jubilatoria). Ese año el Gobierno Nacional promovió dos programas orientados a mejorar la inclusión de los adultos mayores en el sistema previsional. A través de los programas de Inclusión Previsional y de Moratoria, las personas en edad jubilatoria que carecían de años de aportes formales, pudieron acceder a una prestación previsional. Hacia el año 2009 la cobertura previsional era ya del 81,4%. Del total de jubilados, el 41,2% accedieron a este beneficio a partir de los planes de recuperación de aportes creados desde 2005 (Anses, 2010).
En la segunda mitad de la década se produjo una recomposición de los haberes jubilatorios y una ampliación de la cantidad de beneficiarios a partir de los Programas de Inclusión y Moratoria Previsional, por lo que, hacia fines de la presente década, un porcentaje cercano al 80% de adultos mayores eran beneficiarios de jubilaciones o pensiones. Sin embargo, el bajo monto de ambas y la aceleración inflacionaria de fines de la década impulsaron a muchos en edad de jubilarse a permanecer en el mercado laboral a y a muchos jubilados y pensionados a retornar a él.

IV- Participación laboral de las mujeres de la tercera edad de áreas urbanas argentinas

A continuación se analizan los principales indicadores de participación en la actividad económica de los adultos mayores en los aglomerados urbanos argentinos, relevados en el tercer trimestre de 2009 en la Encuesta Permanente de Hogares. Según la información provista por esta fuente, en el total de aglomerados urbanos, el 12,6% de los varones y el 16,4% de las mujeres tenían 60 y más años.
Entre los adultos mayores de Argentina se observa una reducción del nivel de actividad con la edad desde los 60 años, de modo especialmente notable a partir de los 65 años, entre los varones y de los 60, entre las mujeres, coincidentemente con la edad mínima requerida para acceder a las jubilaciones ordinarias. En concordancia con lo señalado en la literatura latinoamericana, los adultos mayores estaban menos afectados por la desocupación que la población de otras edades. En cuanto a la desocupación, ésta alcanzaba un valor máximo entre los 65 y 69 años en ambos sexos y, en este tramo de edades, afectaba al 8% de los varones y al 7% de las mujeres (Cuadro 1).

Cuadro 1
Aglomerados urbanos de Argentina. Mujeres de 60 y más años ocupadas, por nivel de instrucción, según grupo de ocupaciones. Tercer trimestre de 2009

Entre los adultos mayores, el acceso a beneficios previsionales juega un rol central en la decisión de participar en la actividad económica. El gráfico 1 contiene las tasas de actividad por grupos de edad de la población de 55 y más años de áreas urbanas argentinas, según percepción o no de jubilación, sexo y condición de actividad económica. Este gráfico muestra que la participación laboral de los varones y mujeres que no recibían ingresos derivados de jubilación o pensión era mayor que la de sus congéneres de las mismas edades que sí los percibían. Por otro lado, entre los beneficiarios y no beneficiarios, la participación laboral desciende con la edad.
Con respecto a las mujeres no perceptoras, si bien muchas de 60 a 64 años habían alcanzado la edad mínima requerida para jubilarse, tal vez no habían completado la cantidad de años de aportes o bien pospusieron la jubilación ordinaria para mantener el nivel de ingresos. Por otra parte, muchas de ellas aún tenían a su cónyuge vivo, por lo que no recibían pensiones en caso de fallecimiento de éste. Finalmente existe otro factor, vinculado a la desinformación sobre las posibilidades de tramitar la jubilación a través del Programa de Inclusión previsional.
El mayor nivel de ocupación entre las mujeres no beneficiarias corresponde al tramo 55-64 años. La semejanza en la distribución de la condición de actividad por edad de los varones y mujeres beneficiarios de jubilación o pensión muestra que la percepción de este beneficio tiende a instalar un comportamiento similar en relación al mercado de trabajo en ambos sexos. Entre quienes habrían accedido a estos beneficios antes de la edad mínima, el porcentaje de ocupados desciende con la edad y crece la inactividad, aunque con una ligera caída entre los 60-64 años. Entre los beneficiarios de jubilaciones, con la edad cae el porcentaje de ocupados y crece el de inactivos (Gráfico 1).

Gráfico 1
Aglomerados urbanos de Argentina. Tasas de actividad por grupos de edad, según sexo y percepción o no de jubilación. 2009

Distribución ocupacional

Existen diferencias en la intensidad y la forma de participación laboral y en las posibilidades de acceder a beneficios previsionales contributivos determinadas por las características de cada ocupación. Por su parte, el acceso a las ocupaciones está condicionado por atributos individuales como la edad, escolaridad, sexo, origen migratorio, estado conyugal, entre otros. Las posibilidades de que los adultos mayores permanezcan o retornen al mercado laboral dependen en gran medida del tipo de ocupaciones desarrolladas a lo largo de su vida activa.
El cuadro 1 muestra la distribución de las trabajadoras de la tercera edad según grupo ocupacional y nivel de instrucción1. La primera conclusión que se desprende de este cuadro es que la mayoría de la trabajadoras de la tercera edad tenía bajo nivel de instrucción, es decir que había concluido estudios primarios y en algunos casos, asistido a establecimientos de nivel medio sin llegar a concluir ese nivel (37%). En segundo lugar permite detectar una fuerte concentración en un número reducido de ocupaciones, más acentuada entre las mujeres con estudios superiores completos.
Casi la mitad de las mujeres de sesenta y más años con estudios primarios incompletos se desempeñaban en servicios domésticos (47%). También estaban concentradas en servicios de limpieza no domésticos (17%), la comercialización directa (12%), la reparación de bienes de consumo y los servicios gastronómicos (5%, en ambos casos). Por su parte, quienes habían completado estudios primarios sin llegar a concluir estudios de nivel medio se desempeñaban en ocupaciones del servicio doméstico (30%), la comercialización directa (21%), los servicios de limpieza no domésticos y la salud y la sanidad (8%, en ambos casos), servicios gastronómicos (7%), el cuidado y la atención de las personas (6%) y la producción industrial y artesanal (5%) (Cuadro 1).
Las mujeres con nivel de escolaridad medio trabajaban en la gestión administrativa, planificación y control (23%), la comercialización directa (12%), la producción industrial y artesanal y la educación (10% en ambos casos), los servicios de limpieza no domésticos (9%), cargos directivos de pequeñas y
microempresas (8%), la salud y sanidad y del cuidado y la atención de las personas (5%, en ambos casos) y servicios domésticos (4%) (Cuadros 1).
Las ocupaciones relacionadas con la educación concentraban a la mayoría de las mujeres con estudios universitarios o terciarios completos (19%). También se congregaban en las ocupaciones relacionadas con la salud y sanidad (18%), la gestión administrativa, planificación y control (15%), la dirección de medianas empresas privadas productoras de bienes y servicios (7%) y la comercialización directa (5%) (Cuadro 1).
Este cuadro muestra la dualidad del perfil de las mujeres mayores ocupadas, ya que una porción significativa de ellas estaba vinculada a ocupaciones relacionadas con el servicio doméstico, el cuidado y la atención de personas, los servicios gastronómicos y la reparación de bienes de consumo, ocupaciones que son altamente precarias, que requieren bajo nivel de calificación, caracterizadas por la baja remuneración, la intermitencia en la contratación y que suponen una utilización intensa de las capacidades físicas. Por otra parte, entre los más escolarizadas se observa un perfil laboral más diversificado, aunque la mayoría de ellas se vinculaba a ocupaciones relacionadas con la educación, la salud, la dirección de pequeñas y medianas empresas y la gestión administrativa, planificación y comercialización, en las que, probablemente, disfrutaban de mayor estabilidad y mejores condiciones laborales.
Como puede verse en el cuadro 2 las asalariadas predominaban entre las trabajadoras de mayor edad (65%); mientras que eran trabajadoras por cuenta propia 29% de ellas. También se observa mayor incidencia del cuentapropismo que en el total de ocupados, en coincidencia con la relación establecida por Bertranou y Saraví (2009) entre la edad y la probabilidad de estar auto empleado. Eran obreras o empleadas la mayoría de las ocupadas en servicios domésticos, la gestión administrativa, de planificación y control, la salud y sanidad, los servicios de limpieza no domésticos, la educación, el cuidado y la atención de las personas y los servicios gastronómicos. A su vez, las trabajadoras por cuenta propia predominaban entre las ocupadas en la comercialización directa y la producción industrial y artesanal (Cuadro 2).

Cuadro 2
Aglomerados urbanos de Argentina. Mujeres de 60 y más años ocupadas, por categoría ocupacional, según grupo de ocupaciones. Tercer trimestre de 2009

Edad y ocupación

Como fue expresado, la participación en la actividad económica está estrechamente asociada a la edad, por la relación de este atributo con la posibilidad de acceder a los beneficios previsionales, por la posibilidad de acumular mayores recursos a lo largo de la vida y por la pérdida de salud y capacidades requeridas para el trabajo asociadas al envejecimiento.
Por su parte, Bertranou (2001) analiza la situación en el mercado de trabajo de personas de diferentes cohortes sintéticas, formadas por individuos que nacieron en el mismo quinquenio, en tres puntos en el tiempo. Concluye que los varones y mujeres que nacieron más tarde tienen menores tasas de empleo a una edad determinada que quienes nacieron más temprano y que cada generación tiene una situación más desventajosa que la anterior.
El desempeño en cada ocupación requiere atributos que varían con la edad y la escolaridad de las personas. En general las ocupaciones que requieren menor calificación suponen un uso intensivo del cuerpo, jornadas de trabajo de mayor duración y peores condiciones laborales, por lo que la mayor edad y la pérdida de salud dificultan el cumplimiento de las tareas. En las ocupaciones que requieren mayor calificación, la edad no tiene tantas desventajas, sin embargo los adultos mayores enfrentan limitaciones para permanecer en el mercado de trabajo relacionadas con la obsolescencia de sus conocimientos ante el rápido avance tecnológico y la mayor escolaridad de los trabajadores más jóvenes.
La permanencia en el mercado de trabajo en edades avanzadas también depende del grado de control sobre los medios de trabajo a lo largo de la vida activa. Así, los patrones y trabajadores por cuentapropia tienen más chances de permanecer ocupados aún a mayor edad. Este es el caso de las ocupaciones directivas, de la comercialización directa y de la producción industrial y artesanal, entre las mujeres
Dicho esto, resulta pertinente analizar la distribución según edades en aquellas ocupaciones en las que se concentraba la mayoría de ellas. Al respecto, cabe señalar que este análisis constituye un punto de partida necesario para futuros abordajes de los factores que permiten la permanencia en el mercado laboral hasta edad avanzada.
Las ocupaciones que albergan los mayores porcentajes de varones con setenta y más suponen mejor calificación que las que incluyen a las mujeres mayores, por lo que podría suponerse que ellas trabajan empujadas por la necesidad, más que por placer o expectativas de realización personal (Sala, 2011)2.
Los mayores porcentajes de mujeres ocupadas con 70 y más años corresponden a la producción industrial y artesanal (36%), al cuidado y la atención de las personas y a la dirección de pequeñas y microempresas (21%, en ambos casos). También albergaban un porcentaje destacable de trabajadoras de setenta y más las ocupaciones de la salud (13%), de la gestión administrativa (12%), de los servicios domésticos (11%) y de la educación (9%) (Cuadro 3).

Cuadro 3
Aglomerados urbanos de Argentina. Mujeres de 60 y más años ocupadas, por grupos de edad, según grupo de ocupaciones. Tercer trimestre de 2009

 

Al respecto, las ocupaciones directivas, de la salud, de la gestión administrativa y de la educación involucran tareas que no requieren un uso intensivo del cuerpo, sino que implican la puesta en juego de habilidades menos afectadas por la edad, como la capacidad de comunicar, organizar, tomar decisiones y transmitir conocimientos, habilidades que podrían estar menos expuestas a los prejuicios que afectan a la vejez. Estas ocupaciones serían favorables para la permanencia de personas de edad avanzada, porque en ellas precisamente se valoran sus atributos. Las ocupaciones del cuidado de personas y del servicio doméstico podrían permitir la entrada o el retorno al mercado de trabajo a mujeres mayores y su expansión está asociada al proceso de envejecimiento y al aumento de la participación laboral de mujeres jóvenes, en situaciones en las que el estado tiene una respuesta institucional deficiente para el cuidado de niños y ancianos.
La permanencia en el mercado de trabajo en edades avanzadas también depende del grado de control sobre los medios de trabajo a lo largo de la vida activa. Así, los patrones y trabajadores por cuenta propia tienen más chances de permanecer ocupados, aun a mayor edad. Este es el caso de las ocupaciones directivas, de la comercialización directa y de la producción industrial y artesanal, entre las mujeres.
En conclusión, en un contexto de elevada precariedad, las ventajas comparativas como trabajadores, para un adulto mayor, son menores y pueden competir con éxito sólo en aquellas ocupaciones en las que se valora su experiencia. La contratación de adultos mayores tanto en las ocupaciones que requieren menor calificación, como en las que convocan a trabajadores más calificados y la demanda de los bienes y servicios ofrecidos por los trabajadores de mayor edad también están condicionadas por el grado de prejuicio hacia el trabajo de las personas mayores y la sobrevaloración de la juventud en la esfera laboral.

Lo expuesto permite concluir que las posibilidades de las mujeres de la tercera edad de permanecer ocupadas varían con la edad, la escolaridad, el acceso a beneficios previsionales y el tipo de ocupaciones desarrolladas. A continuación se analizara el perfil ocupacional según percepción de haberes previsionales.

Empleo y jubilación

En principio, la literatura de los países desarrollados señala la asociación negativa entre la percepción de beneficios jubilatorios y la propensión a participar en la actividad económica. No obstante, en Latinoamérica, el bajo monto de las pensiones y jubilaciones incentiva la continuidad de la participación laboral (Poppolo, 2002). Al respecto, Bertranou (2005) identifica en doce países una asociación negativa entre la cobertura previsional y la participación laboral de los adultos mayores.
Por otro lado, para el Banco Mundial, la historia de la participación en el mercado de trabajo y de las contribuciones al sistema de seguridad social son determinantes fundamentales de la cobertura previsional. Señala que los ancianos que no reciben beneficios en promedio tienen menor cantidad de años de trabajo y menor tiempo de contribuciones y que la carencia de cobertura entre los adultos mayores manifiesta la exclusión durante la vida laboral (World Bank, 2007).
En la actualidad, si bien el acceso a la jubilación ordinaria supone haber alcanzado una edad mínima de 60 años, para las mujeres, y 65, para los varones, es un hecho que personas más jóvenes pudieron acceder a estos beneficios debido a la existencia de diversos regímenes jubilatorios especiales o por el otorgamiento de pensiones por invalidez o fallecimiento del cónyuge. Las pensiones, a excepción de aquellas por edad avanzada, pueden percibirse sin haber alcanzado la edad mínima, siempre que la persona reúna los requisitos exigidos en cada caso. Por otra parte, también hay que señalar que, hasta la revisión de las normas previsionales en 1994, las modalidades de acceso a las jubilaciones anticipadas por discapacidad y a las pensiones fueron muy flexibles.
En su reporte, el Banco mundial indaga los motivos de retiro de los adultos mayores entrevistados en el año 2003. Entre los varones la mayoría había accedido a los beneficios previsionales por haber alcanzado la edad requerida, mientras que la mayoría de las mujeres lo hicieron por la muerte del cónyuge. En ambos sexos, una porción importante informó enfermedades crónicas como la principal razón para retirarse (World Bank, 2007).
La información de la Encuesta Permanente de Hogares del tercer trimestre de 2009 muestra un elevado porcentaje de perceptoras de beneficios previsionales entre las ocupadas de mayor edad, ya que casi la mitad de ellas percibía ingresos en concepto de jubilación o pensión. Como es de esperar, la proporción de perceptoras crece con la edad en la mayoría de los grupos ocupacionales. Sin embargo, algunos de estos grupos muestran elevados porcentajes de ocupadas, que habiendo alcanzado la edad mínima, no perciben ingresos previsionales. El porcentaje de mujeres de 70 y más años vinculadas al servicio doméstico y de la salud y sanidad que carecen de ingresos previsionales es notoriamente elevado (60% y 36% respectivamente); porcentajes que son incluso superiores a los de las cohortes de 65-69 años de las mismas ocupaciones (Cuadro 4).

Cuadro 4
Aglomerados urbanos de Argentina. Mujeres ocupadas no perceptoras de ingresos de jubilación o pensión, según grupo de ocupaciones y edad (%). Tercer trimestre del 2009

En estos grupos ocupacionales la situación es heterogénea en términos requerimientos educativos, ingresos y condiciones laborales, por lo que existen varias explicaciones posibles de la carencia de beneficios entre las ocupadas con más edad que la mínima exigible para acceder a jubilaciones ordinarias.
La baja densidad de las cotizaciones, derivada de la irregularidad de los aportes previsionales por una inserción laboral más endeble, es una limitación para quienes aspiran a jubilaciones ordinarias. Pero si la expectativa es acceder a jubilaciones enmarcadas en los Planes de Inclusión Previsional y, en consecuencia, a ingresos jubilatorios ligeramente inferiores a los de las jubilaciones ordinarias mínimas, esta baja densidad no es un obstáculo significativo.
Así, las ocupadas de mayores ingresos optarían por jubilaciones ordinarias proporcionales a sus ingresos. En esta situación se encuentra la fracción más escolarizada de las ocupadas en la salud, para quienes la opción por trabajar hasta edades avanzadas está relacionada con la mayor extensión del período de preparación para el empleo y las mejores oportunidades laborales asociadas a su calificación. Por otra parte, para muchos de ellas la edad esta asociada a mejoras en las carreras profesionales y en los ingresos, por los que optan por continuar en actividad.
Por otro lado encontramos a las ocupadas en el servicio doméstico, ocupación que requiere menor calificación y plantea perspectivas de desarrollo profesional que no mejoran con la edad ni la experiencia. Puesto que en esta ocupación la condición de jubilada no es un obstáculo para el ingreso y la permanencia, es posible pensar que la carencia de haberes previsionales puede vincularse más a la falta de información para tramitar los beneficios de los Programas de Moratoria e Inclusión previsional entre las mayores de setenta años vinculadas a este grupo ocupacional. Cabe señalar que este Programa se popularizó con el nombre de "jubilación del ama de casa", por lo que es esperable que muchas ocupadas no asociaran estos beneficios a su condición.

V- Intensidad de la ocupación y desempleo

Bertranou (2001) comenta que algunos de los estudios referidos a la transición del empleo a la inactividad analizan si este pasaje es abrupto o si existe una lenta reducción del nivel de participación laboral. A partir de la Encuesta de Desarrollo Social de 1997, analiza la transición del empleo al retiro entre los adultos mayores del Gran Buenos Aires y detecta que la cantidad de horas de trabajo está positivamente asociada al ingreso laboral y negativamente con el previsional. Al respecto, señala que la asociación entre la duración de la jornada laboral y la edad y la jefatura del hogar es positiva entre los varones y negativa entre las mujeres. Concluye en que no existe evidencia de una disminución gradual o retiro paulatino, ni a través de la reducción de horas trabajadas ni de cambios en la modalidad del empleo.
Entre las mujeres se observan dos tendencias. Por un lado, se detectan niveles crecientes de sobreocupación hasta los 70 años en el servicio doméstico y los servicios de limpieza no domésticos y hasta los 65 años, en las ocupaciones de la gestión administrativa planificación y control, el cuidado y la atención de las personas, la producción industrial y artesanal y los servicios gastronómicos. Por otro lado, se observa una caída en el nivel de sobreocupación entre las vinculadas a la comercialización directa y a la salud y la sanidad al pasar de la cohorte de 55-59 años a la de 60-64.
Entre las mujeres de 55 a 59 años vinculadas al servicio doméstico y al cuidado de las personas es remarcable la subocupación demandante (26% y 43%, respectivamente). En ambos grupos ocupacionales, estos porcentajes son menores a los de las mujeres de mayor edad, situación que indica que la percepción de beneficios previsionales mitiga la necesidad de trabajar más horas.
En las ocupaciones mencionadas, la baja remuneración y la precariedad de las condiciones de trabajo se traducen en situaciones de sobre y subocupación horaria demandante. En el primer caso, la insuficiencia de recursos conduce a desarrollar jornadas laborales de larga duración. En el segundo, existe un interés manifiesto por trabajar más horas. Tanto la mayor intensidad del trabajo como la demanda de empleo parecen atenuarse con la obtención de beneficios previsionales.
El análisis de las variaciones en la intensidad de la ocupación en diferentes edades, muestra que las mujeres exhiben niveles de sobreocupación elevados y crecientes con la edad y, en menor grado, de subocupación en ocupaciones que requieren baja calificación. Además de la insuficiencia de la remuneración, es probable que el aumento de la sobreocupación se relacione con la substitución del ingreso de otros contribuyentes, motivada por la viudez o la salida de los hijos adultos del hogar.
Por otra parte, el incremento de la subocupación horaria en el servicio doméstico y el cuidado y la atención de personas pone de manifiesto que aunque las mujeres mayores se consideran aptas para trabajar más horas en ocupaciones que requieren resistencia física y habilidades corporales, encuentran limitaciones para que podrían estar relacionadas con la sobreoferta de trabajadoras más jóvenes y la existencia de situaciones de discriminación laboral a la hora de ser contratadas, en ocupaciones que funcionan como refugio para desempleadas y puerta de entrada para nuevas trabajadoras poco calificadas.
Respecto al desempleo entre los mayores, Oddone (1994) señala que, a pesar de su menor incidencia, tiene mayor duración y a veces está oculto en la inactividad. Menciona las mayores dificultades que afrontaron durante los años ochenta los trabajadores de mayor edad, en un contexto caracterizado por el desempleo y el subempleo, las transformaciones rápidas del aparato productivo y las mejoras en el nivel de instrucción y calificación de la población activa. También considera los prejuicios que limitan la contratación de adultos mayores, a quienes se les atribuyen dificultades para incorporar la cultura organizacional, menor rendimiento, poca resistencia física y menor rapidez en la ejecución, dificultades de adaptación y aprendizaje y mayores riesgos frente a accidentes y enfermedades.
A continuación se analizan algunas características de las desocupadas de 60 y más años residentes en aglomerados urbanos argentinos en el año 2009, con la finalidad de detectar situaciones de mayor vulnerabilidad frente a la pérdida del empleo en grupos ocupacionales específicos.
Como se observa en el siguiente gráfico, la desocupación masculina supera a la femenina entre los perceptores y no perceptores de haberes previsionales de todas las edades. Sin embargo, entre los no perceptores de 60 a 69 años no se observan diferencias significativas según sexo. Estas diferencias se acentúan a partir de los 69 años, por el mayor nivel del desempleo masculino y la estabilidad de femenino alrededor del 7%. Entre los beneficiaros, la desocupación femenina es mayor que la masculina en todas las edades a partir de los 65 años (Gráfico 2).

Gráfico 2
Aglomerados urbanos de Argentina. Tasas de desocupación por grupos de edad, según sexo y percepción de ingresos de jubilación o pensión. 2009


Fuente: Encuesta Permanente de Hogares. Tercer trimestre de 2009

Entre los varones no perceptores la incidencia de la desocupación crece con la edad hasta alcanzar su punto máximo entre los mayores de 69 años. El otorgamiento de jubilaciones y pensiones atenúa notablemente la búsqueda de empleo ya que entre los beneficiarios la desocupación alcanza su punto mas bajo entre los mayores de 69.
La desocupación de las mujeres no beneficiarias de 60 y más años es superior a la de las más jóvenes y su punto máximo corresponde a las de 65-69 años. La obtención de beneficios previsionales es un paliativo entre las de 60-64, pero entre las mayores, las tasas vuelven a crecer, situación que sugiere que la pérdida de otro perceptor de ingresos del hogar, por muerte del cónyuge o salida de los hijos del hogar, empuja a las mujeres beneficiarias a buscar un empleo sin encontrarlo (Gráfico 2).

Como fue señalado antes, el desempleo en las personas de más edad es menor que entre los más jóvenes. Sin embargo las mujeres de 60-64 años que habían trabajado en el servicio doméstico, la salud y la sanidad y el corretaje comercial y la venta domiciliaria experimentan con mayor intensidad la desocupación que las personas de otras edades vinculadas a los mismos grupos ocupacionales. En situación semejante se encuentran las mujeres de 65 a 69 años, antiguamente ocupadas en servicios domésticos y en la comercialización directa. La mayoría de las mujeres desempleadas de 60 y más años había tenido como última ocupación el servicio doméstico. Este grupo ocupacional concentra a seis de cada diez mujeres de 65 a 69 años, a un tercio de las de 60-64 y al 3,5% de las de setenta y más. También es relevante el porcentaje de quienes se habían desempeñado en la salud y la sanidad (40% de de 60-64 años), la comercialización directa (31% de las de 65-69 años) y del cuidado y la atención de personas (97% de de setenta y más) (Cuadro 5).

Cuadro 5
Aglomerados urbanos de Argentina. Ocupación anterior de las desocupadas por edad. Tercer trimestre de 2009

Respecto a esto último, la enorme proporción de mujeres ancianas ex cuidadoras de personas muestra que, a pesar de su edad avanzada, continuaban buscando empleo, probablemente en ocupaciones como las que habían desarrollado, aún cuando muchas de ellas probablemente necesitaban ese tipo de cuidados.
Entre las desocupadas antiguamente vinculadas al servicio doméstico, el cuidado y la atención de personas, la comercialización directa y el corretaje y venta directa es posible suponer una historia laboral caracterizada por la precariedad. Esto es porque las trayectorias laborales precarias durante las edades activas plenas hacen más endeble la inserción laboral a medida que las personas envejecen, ya que la edad fortalece los obstáculos para su contratación en ocupaciones con exceso de oferta de trabajadores. Por otro lado, la demanda en estas ocupaciones depende del comportamiento de los ingresos y gastos de los hogares. Las trabajadoras que a ellas se vinculan están expuestas a periodos de contratación intermitentes, desempleo, sub y sobre ocupación. En ellas, las mujeres mayores, como otros trabajadores secundarios (jóvenes, mujeres de todas las edades y migrantes) muestran mayor flexibilidad y menor costo a la hora de ser contratados y despedidos. Sin embargo, múltiples mecanismos inciden en la preferencia de los empleadores por trabajadores con determinados atributos de sexo, edad y origen migratorio.
Con respecto a la ocupación anterior, la mayoría de las mujeres mayores de 59 años había trabajado antes en un empleo transitorio y sus empleadores no efectuaban descuentos jubilatorios. La finalización de un trabajo temporal fue la razón principal por la que dejaron de trabajar las mujeres de setenta y más; mientras que la mayoría de las mujeres de 60 a 64 atribuyó su alejamiento del último empleo, en primer lugar, a la jubilación y, en segundo término, a la finalización del trabajo temporario. La razón principal mencionada por las mujeres de 65-69 años fue el despido por cierre del establecimiento.

VI- Reflexiones finales. Líneas futuras de investigación

La revisión de la literatura sobre participación laboral en edades avanzadas sugiere otras facetas de la problemática no exploradas en esta presentación, relacionadas con la precariedad de la inserción laboral. Al respecto, cabe esperar que las mujeres mayores se encuentren en peor situación que los varones con la misma educación, al insertarse en ocupaciones más precarias, percibir ingresos menores y estar más expuestas a la subocupación horaria, porque sus trayectorias laborales estuvieron marcadas por la segregación en ocupaciones de peor calidad y por interrupciones asociadas al ciclo de vida de la familia.
Otra dimensión de análisis que no fue abordada en esta oportunidad, es la relación entre participación en la actividad económica y características de los hogares. Por una parte, porque la cantidad de perceptores se asocia a la probabilidad de caer en la pobreza y por otra, porque mientras para las mujeres, la presencia de otros miembros del hogar disuade la participación laboral por los requerimientos de trabajo doméstico, para los varones esta presencia es un incentivo. En la misma línea, es muy valioso el análisis de la influencia de los arreglos familiares y de las transferencias inter generacionales en la decisión de continuar económicamente activo.
También merece un análisis cuidadoso la relación entre el estado de salud y la participación laboral, puesto que la longevidad va acompañada por mayor incidencia de las enfermedades crónicas y de la discapacidad y que ambas limitan las posibilidades de trabajar. Esta dimensión tiene mayor relevancia en el análisis de la participación laboral femenina, porque las mujeres viven más y tienen peor salud que los hombres.

VI- Reflexiones finales. Líneas futuras de investigación

La revisión de la literatura sobre participación laboral en edades avanzadas sugiere otras facetas de la problemática no exploradas en esta presentación, relacionadas con la precariedad de la inserción laboral. Al respecto, cabe esperar que las mujeres mayores se encuentren en peor situación que los varones con la misma educación, al insertarse en ocupaciones más precarias, percibir ingresos menores y estar más expuestas a la subocupación horaria, porque sus trayectorias laborales estuvieron marcadas por la segregación en ocupaciones de peor calidad y por interrupciones asociadas al ciclo de vida de la familia.
Otra dimensión de análisis que no fue abordada en esta oportunidad, es la relación entre participación en la actividad económica y características de los hogares. Por una parte, porque la cantidad de perceptores se asocia a la probabilidad de caer en la pobreza y por otra, porque mientras para las mujeres, la presencia de otros miembros del hogar disuade la participación laboral por los requerimientos de trabajo doméstico, para los varones esta presencia es un incentivo. En la misma línea, es muy valioso el análisis de la influencia de los arreglos familiares y de las transferencias inter generacionales en la decisión de continuar económicamente activo.
También merece un análisis cuidadoso la relación entre el estado de salud y la participación laboral, puesto que la longevidad va acompañada por mayor incidencia de las enfermedades crónicas y de la discapacidad y que ambas limitan las posibilidades de trabajar. Esta dimensión tiene mayor relevancia en el análisis de la participación laboral femenina, porque las mujeres viven más y tienen peor salud que los hombres.

Notas

1 Nivel de instrucción muy bajo: hasta primaria incompleta. Nivel de instrucción bajo, primaria completa o secundaria incompleta. Nivel de instrucción medio: secundaria completa o terciaria o universitaria incompleta. Nivel de instrucción alto: educación universitaria o terciaria completa.

2 Las ocupaciones que albergaban a los varones mayores de 70 años congregaban a quienes tenían nivel de instrucción alto, a diferencia de las mujeres de mayor edad, que presentaban una distribución según ocupaciones semejante a la de quienes tenían baja escolaridad (Sala, 2011).

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Recibido: 10.06.11
Aprobado definitivamente: 12.10.11