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Mundo agrario

versión On-line ISSN 1515-5994

Mundo agr. v.8 n.15 La Plata ago./dic. 2007

 

Aproximaciones comparativas sobre los talleres metalúrgicos para la vitivinicultura moderna. Los pioneros Antonio Baldé, Gil Miret y Carlos Berri en Mendoza

Pérez Romagnoli, Eduardo

Instituto de Ciencias Humanas, Sociales y Ambientales - CONICET
Universidad Nacional de Cuyo
perezrom_e@lanet.com.ar

Comparative approaches on the shops metallurgists for the modern viniculture. The pioneer Antonio Baldé, Gil Miret and Carlos Berri in Mendoza

Resumen
Este trabajo propone una comparación entre las características principales de los dos talleres metalúrgicos pioneros en la producción de instrumentos y equipamiento para bodegas y destilerías industriales, en los comienzos de la vitivinicultura moderna en Mendoza. Los socios catalanes Antonio Baldé y Gil Miret comenzaron en 1885 y el italiano Carlos Berri en 1888. Se presenta un panorama general sobre el equipamiento de los talleres y los objetos que producían, las características de la mano de obra, la formación metalúrgica de los propietarios, la inserción de las dos firmas en la región, una referencia a otras actividades económicas desarrolladas por los empresarios y algunas cuestiones complementarias.

Palabras claves: Región vitivinícola. Metalurgia artesano-industrial. Vitivinicultura moderna. Geografía histórica. Historia regional.

Abstract
This paper proposes a comparison among the main characteristics of the two shops pioneer metallurgists in the production of instruments and equipment for wineries and industrial stills, in the beginnings of the modern viniculture in Mendoza . The Catalan partners Antonio Baldé and Gil Miret began in 1885 and the Italian Carlos Berri in 1888. A general panorama is presented on the equipment of the shops and the objects produced, the characteristics of the labor, the formation in metallurgy of the proprietors, the insert of the two firms in the region, a reference to other economic activities developed by the managers and some complementary questions.

Key words: Wine region. Handmade-manufacturer metallurgy. Modern viticulture. Historical geography. Regional history.

1. Introducción

   A comienzos de la década de 1880, en los oasis irrigados de Mendoza predominaba la ganadería comercial con agricultura subordinada. El sistema productivo imperante condujo a que alrededor del 80% de la superficie cultivada correspondiera a la alfalfa para engordar el ganado proveniente del Sur de Córdoba y Santa Fe y que principalmente era comercializado en Chile. El resto de la superficie valorizada estaba ocupado por cultivos anuales -maíz, trigo- y por vid y frutales. La vid -alrededor de un 4% del espacio cultivado- recibía cuidados mínimos, salvo excepciones. Con ella se elaboraba de modo artesanal un vino que era consumido principalmente en el lugar y ocasionalmente en San Luis y Córdoba, sitios hacia donde también se comercializaban harina y otros productos locales (Richard-Jorba, 1999-2000).
   La inmigración europea a fines del siglo XIX, promovida por el grupo social hegemónico, fue portadora de profundos cambios socioeconómicos y espaciales en la provincia de Mendoza. El modelo de ganadería comercial con agricultura subordinada empezó a ser sustituido por la vitivinicultura moderna, actividad que fue conducida y en la que invirtieron muchos de los miembros del grupo social mendocino dominante, una élite económica básicamente mercantil. En su interior hubo un sector modernizante que impulsó y participó en el nuevo modelo de desarrollo. Esos dirigentes locales eran criollos pero su apertura se tradujo en la admisión de inmigrantes de afluencia temprana, es decir, anteriores a 1870. Los empresarios locales constituyeron el núcleo de una burguesía industrial regional, a la que se sumarían algunos de la nueva inmigración.(1) Entre otros aspectos, el tránsito hacia la especialización vitivinícola significó la expansión acelerada y la modernización del sistema de riego artificial que buscaba un uso más racional del agua, a la vez que aumentaba la superficie destinada al viñedo y se difundía la bodega industrial -sustituta de la artesanal-, productora de un vino para la conquista del nuevo mercado nacional. Desde el punto de vista económico, el capital productivo pasó a tener más importancia que el comercial (Richard-Jorba, 1998).
   La bodega industrial fue incorporando tecnología inexistente en la región (Richard-Jorba y Pérez Romagnoli, 1994). Desde los comienzos del modelo vitivinícola, las redes comerciales de las empresas europeas fabricantes de máquinas y equipos para bodegas y destilerías industriales y de otros bienes (vasijas de madera de roble, por ejemplo), incorporaron a Mendoza -y a la vecina San Juan, donde también se desarrollaba la vitivinicultura moderna- como un mercado seguro para sus productos. No era para menos. Según el Segundo Censo Nacional de 1895, había en Mendoza 433 bodegas (231 en San Juan), aunque muchas aún conservaban su carácter artesanal y algunas no elaboraban todos los años. El Tercer Censo Nacional (1914) consignaba 1.398 bodegas (499 en San Juan) (Pérez-Romagnoli y Richard-Jorba, 1994). Un buen número de éstas no podía considerarse todavía como industrial por su débil equipamiento y modo de producción y, en consecuencia, era mínima su incorporación de tecnología. Pero, signo ineluctable de la tecnificación, ya en 1910 en la zona núcleo de difusión de la vitivinicultura moderna (constituida por los departamentos de Capital, Belgrano, Las Heras, Guaymallén, Maipú y Luján) existían cincuenta y seis bodegas con una capacidad instalada para producir más de 10.000 hectolitros de vino, incluyendo cuatro con más de 50.000 hectolitros de capacidad, ubicadas en los departamentos de Belgrano y Maipú (Richard-Jorba, 1999-2000).

   La producción industrial de vino y de alcohol vínico dio origen a actividades complementarias en el lugar, principalmente las industrias inducidas, consideradas por Jean Labasse (1973) como "industrias físicamente regionales y que obedecen a exigencias de proximidad relativamente imperiosas y dictadas por el mercado". La principal actividad inducida fue la metalurgia. Sin desconocer que hubo artesanos metalúrgicos antes de 1885,(2) los verdaderos iniciadores de la metalurgia regional surgieron después de ese año, es decir, con posterioridad a la articulación ferroviaria del oasis norte de Mendoza con Buenos Aires. Inmigrantes europeos -en particular italianos, españoles y franceses-, que habían aprendido el trabajo del metal en sus países de origen, abrieron pequeñas unidades de reparación y producción metalúrgica en esta provincia situada al pie de los Andes y a mil kms de la Capital Federal. Por lo menos 15 talleres, la mayoría con un equipamiento muy simple pero impulsores de un "brote" industrial, habían sido puestos en marcha hasta 1900. Se localizaban principalmente en los departamentos de Capital y Belgrano (hoy Godoy Cruz). Aunque no estaban especializados, todos en mayor o menor medida, reparaban y producían partes y algunos instrumentos para la vitivinicultura. Estos talleres -y los que fueron fundados después de 1900- se beneficiaron de una ventaja resultante de su localización, proveniente de una cierta protección "natural" por su distancia a Buenos Aires y otros núcleos productores. En efecto, además de los trabajos de reparación de los bienes importados -actividad que está en el origen de varios talleres- ofrecían con prontitud y eficiencia piezas para hacer frente a las demandas de los industriales del vino y destiladores de alcohol. Esto era evidente cuando, por diversas circunstancias, no había en el mercado partes de repuestos para hacer funcionar máquinas y equipos, hecho notable después del período considerado. Asimismo, el precio de las piezas y de los instrumentos producidos localmente podía competir con los importados y algunos fabricados en Buenos Aires y Rosario, ya que estos últimos se encarecían por el flete ferroviario.
   Se destacaron principalmente los talleres fundados por los socios catalanes Antonio Baldé y Gil Miret y el de los hermanos italianos Carlos y Héctor Berri, aunque, en este caso, el conocedor y conductor de la actividad metalúrgica era el primero. Durante dos décadas -y uno durante más tiempo aún-, fueron los dos talleres mejor equipados y con una producción metalúrgica más variada, a partir de la imitación de los diseños importados de Europa. Y, aunque no fueron los únicos, compartieron el rasgo de ser importantes proveedores de bienes y servicios al Estado.
   Apoyándonos en nuestras investigaciones precedentes y en la recuperación de nueva información,(3) el objetivo de nuestro trabajo es referirnos a algunos aspectos sobre los comienzos y consolidación de la actividad de los tres pioneros metalúrgicos.(4) Ello incluye comparaciones que consideramos representativas de su modalidad de instalación, de la producción de máquinas y equipos y servicios así como a otros rasgos de los fundadores y sus unidades de producción. Asimismo, pretendemos mostrar un panorama sobre las características de los que probablemente fueron los dos principales talleres metalúrgicos localizados fuera del espacio pampeano, en los tres o cuatro primeros quinquenios de la vitivinicultura moderna en nuestro país.

2. Similitudes y diferencias en la comparación

2.1. Inserción local diferente

   Se desconoce el monto del capital invertido por los fundadores de los talleres inicialmente, en una época en que no existía el crédito para esta actividad. Pero las cédulas censales del Segundo Censo Nacional (1895) nos dan una idea al respecto, pues los propietarios de ambas unidades de producción declararon cifras similares con relación a las inversiones: $20.000 m/n para los inmuebles y $25.000 para las máquinas-herramientas y las materias primas existentes en el año anterior al Censo.(5)
   Antonio Baldé y Gil Miret se radicaron en Mendoza en 1885. A fines de ese año inauguraron el negocio de ferretería en el centro comercial de la capital provincial, en la calle San Luis y a metros de la céntrica Avenida San Martín; a las pocas semanas, en un local contiguo, abrieron su taller metalúrgico donde Gil Miret se desempeñó como jefe. Carlos y Héctor Berri -el primero ya estaba en la provincia en 1884- pusieron en marcha el suyo en 1888 en el departamento de Godoy Cruz, en el límite con el de Capital, en las adyacencias de la Plazoleta del Retiro, actual Plazoleta Barraquero. El canal Tajamar actuó como factor de localización de la pequeña unidad de producción pues los Berri instalaron una turbina para emplear el agua como fuente de energía, con una capacidad para producir una fuerza de hasta 60 HP (Pérez Romagnoli, 2005).
   La inserción local de los tres inmigrantes propulsores de la metalurgia fue diferente. Carlos Berri se desempeñó entre 1885 y 1888 como ingeniero en el Departamento de Irrigación y Obras Públicas de Mendoza,(6) recorriendo departamentos del oasis norte donde se mejoraba y extendía el sistema de riego artificial al difundirse la vitivinicultura moderna. Ello le permitió estar en contacto con vitivinicultores y beneficiarse de su función para ser conocido como "mecánico-metalúrgico", desarrollando actividades privadas que determinaron su alejamiento del cargo público por incompatibilidad.(7) Probablemente orientaba cierto tipo de reparaciones en instrumentos metalúrgicos y asesoraba a productores, antes de abrir su pequeña unidad de producción.(8)
   En cambio, los socios catalanes, una vez instalados en Mendoza, se dedicaron a la actividad metalúrgica prácticamente desde un comienzo -junto al mencionado negocio de ferretería- y la mantuvieron hasta que se desprendieron del taller. El de los Berri se inició con la fabricación de baldosas, actividad que dominaba Héctor y a las pocas semanas incorporó la sección metalúrgica, la que sería decisiva en la marcha del establecimiento. Si Baldé y Miret disolvieron la sociedad metalúrgica en 1904, cuando retornaron definitivamente a su país, la de los hermanos italianos sólo duró hasta 1892.

2.2. Conocedores de metalurgia y mecánica desde sus países de origen

   Los tres inmigrantes eran conocedores de la metalurgia al llegar a la provincia. Los dos catalanes la habían aprendido en su región natal en distintos establecimientos, pero se desconoce cómo y dónde se formó Carlos Berri, proveniente del Norte de Italia, probablemente de Milán. No está claro si en Mendoza trabajaron como metalúrgicos. Todo indica que sólo tuvieron obreros a cargo pero no trabajaron el metal, salvo, probablemente, Gil Miret.
   Es interesante destacar algunos aspectos del itinerario de los pioneros catalanes. Antonio Baldé y Prat nació en 1855 en San Pedro de Vilamajor, pueblo del Vallés Oriental de Cataluña. Aprendió mecánica en Cardedeu, un núcleo cercano. Escapando a las levas forzosas durante la tercera guerra carlista pero también atraído por la percepción que tenía de la Argentina , se embarcó hacia Buenos Aires desde el sur de Inglaterra, probablemente en 1875. Fue acompañado por su primo Mateo Baldé, mecánico. Aunque no hay datos muy precisos, antes de instalarse en Mendoza, Antonio Baldé realizó diversos trabajos y probablemente tuvo un corto tiempo un taller metalúrgico en Capital Federal, donde habría conocido a Gil Miret. Junto a su primo Mateo y a Gil Miret, quien aceptó acompañarlo, Antonio Baldé decidió trasladarse a la ciudad de Rosario, puerto sobre el Paraná, en la provincia de Santa Fe. Allí, los Baldé -las fuentes no dicen nada acerca de Miret- fueron socios en una jabonería con Manuel Guitó, otro catalán, pero la actividad no prosperó (Torres Baldé, 2001). El próximo paso fue el traslado de los tres coterráneos a Mendoza, donde comenzaría otra etapa. Convencido de la buena marcha del taller y el negocio de ferretería, Antonio Baldé fue el iniciador de una cadena migratoria familiar. En efecto, llamó a sus dos hermanos carpinteros residentes en Cataluña, Tomás y Salvador, los que se incorporaron al establecimiento metalúrgico, aunque el primero abandonó Mendoza después de algunos años.
   Gil Miret era originario de Rubí. Sus padres lo enviaron primero a Sabadell y luego a Martorell para que aprendiera un oficio, pasando de aprendiz a oficial "manyá", fabricante y ajustador de piezas de hierro (cerraduras, llaves, piezas de precisión, herrería de construcción). Después de haber realizado el servicio militar, trabajó un tiempo en la Maestranza de Artillería de Barcelona. Con su oficio de mecánico ajustador emprendió viaje hacia la Argentina cuando tenía, probablemente, 23 años.(9)

2.3. La razón social

   Una diferencia entre las dos firmas pioneras se refiere a la razón social. Baldé y Miret la mantuvieron sin modificaciones hasta que vendieron el establecimiento metalúrgico. En cambio, la firma de los hermanos Berri tuvo varios cambios, al extremo de que puede afirmarse que éstos, en los primeros tiempos, fueron una de sus características. A los meses de haberse constituido, en 1899, ingresa el italiano Evaristo Dell'Oro a la sociedad, denominándose Berri y Compañía .(10) Luego, también en 1899 y después que la abandonara Dell'Oro, se incorporó como socio Luis Goria, otro italiano, quien se encargaría de la dirección técnica del taller. La empresa se llamó Berri y Goria . En 1890, los únicos socios eran nuevamente los dos hermanos Berri,(11) situación que duró hasta 1892, cuando se separaron. Carlos continuó con el taller y Héctor Berri abrió una ferretería industrial y una fábrica de baldosas en el departamento Capital. A fines de la década de 1890 ingresó nuevamente Evaristo Dell'Oro a la empresa metalúrgica, quien aportó $15.000 m/n. La firma pasó a denominarse Carlos Berri y Compañía y puede interpretarse que, por la modalidad de reincorporación del socio, enfrentaba problemas financieros. En 1901 fallece Carlos Berri y Dell'Oro se convierte en el principal propietario de la Sucesores de Carlos Berri y Compañía durante un tiempo. Baldo Balducci, otro "ingeniero" italiano que también se desempeñó en el Estado provincial -fue director de las obras de defensa de la capital contra los aluviones e intervino en obras sobre el río Mendoza- sustituyó a Dell'Oro como socio capitalista y fue gerente de la firma durante varios años. Posteriormente, al comenzar la segunda década del siglo XX, Cipolletti y Bonoli, otros italianos, dirigieron la empresa (Pérez-Romagnoli, 2005).
   En 1888, a los dos años de haber iniciado labores el taller, Antonio Baldé y Gil Miret protocolizaron la constitución de la sociedad Antonio Baldé y Compañía ,(12) la que se llamaba así desde sus comienzos. En los hechos, era Baldé y Miret , denominación que, además de figurar en los avisos periodísticos, estaba inscripta en los diversos instrumentos y equipos fabricados por su taller.

2.4. El equipamiento de los talleres

   Las fichas censales del Segundo Censo Nacional (1895) y algunas notas e informaciones periodísticas locales permiten conocer algunos aspectos sobre el equipamiento de los talleres. Ambas firmas contaban con su propia fundición de hierro, cobre y otros metales. Utilizaban barras de metales importadas -Baldé y Miret las comercializaban en su ferretería industrial- pero también eran permanentes recuperadores de la chatarra obtenible en el medio, necesidad de la que, por cierto, no escapaban los demás talleres ante las dificultades para aprovisionarse de materia prima durante esos años. A partir de sus propias fundiciones y utilizando moldes de madera,(13) los dos talleres producían piezas y armaban el bien metalúrgico terminado.
   En 1902, la fundición tenía un horno que trabajaba un día por mes fundiendo de 6 a 8 mil kilos de hierro y fabricaba piezas de hasta 6 mil kilos de peso. Los motores funcionaban mediante una rueda hidráulica. Cuando el agua del canal Tajamar disminuía su nivel y no podía utilizarse como fuente de energía, se empleaba una caldera a vapor. El equipamiento era completado por cuatro fraguas, dieciséis tornos para ajustadores, una máquina para cepillar, una para mandrilar y perforar, otras dos perforadoras de diferente tamaño, cuatro máquinas de torno cilíndrico para piezas de hasta seis cms de largo, una para doblar planchas, un molejón. El equipamiento del taller incluía la carpintería de los modelistas con cuatro bancos y numerosas herramientas.(14)
   Además de los equipos que generaban energía para el taller, el de Carlos Berri contaba en 1895 con 16 máquinas-herramientas.(15)

2.5. La producción metalúrgica

   En general, mientras existieron ambos talleres, produjeron instrumentos y equipos similares aunque el de Baldé y Miret parece haber tenido una mayor diversificación. En efecto, se inició como un taller productor de distintos tipos de balanzas y básculas. En 1887 producían balanzas para pesar carros, zorras y vagones para molinos ( El Ferrocarril , 01-07-1887). También produjo cajas de hierro para caudales y, por cierto, máquinas y equipos para bodegas y destilerías industriales.
   A comienzos de 1902, la "gran especialidad" del taller de Baldé y Miret era la fabricación de máquinas y aparatos para la industria vitivinícola: prensas, bombas para trasiego, estrujadoras, alambiques, pasteurizadores, filtros, vaporizadores, moledoras. También fabricaba grifería en cobre (clapets, canillas) para bodegas y destilerías industriales. La producción de algunas máquinas comprendía varios modelos; por ejemplo las prensas para orujo sistema Marmonier o Mabille eran de tres tamaños: 0,70, 0,95 y 1,35 metros de diámetro. Las bombas Fafeur reformadas eran de 40, 60 y 80 hectolitros de capacidad por hora.(16) Un hecho destacable es que, a principios del siglo XX, Baldé y Miret fabricaban prensas para marcar a fuego el fondo de las bordelesas y una máquina para lavar vasijas de madera, respondiendo así a las necesidades de las bodegas de la región y complementando la producción de otra actividad regional inducida por la vitivinicultura moderna: la tonelería. Además de la especialidad, del taller salían malacates, ruedas hidráulicas, poleas, transmisiones, engranajes y continuaba, a comienzos del siglo XX, con la producción de balanzas y básculas para pesar hasta 8 mil kilos ( El Debate , 03-04-1902).
   El taller de Carlos Berri produjo tempranamente instrumentos para bodegas, como prensas, moledoras, bombas para trasiego, alambiques -aunque éstos muy probablemente sólo en los primeros años-, pero, a diferencia de los socios catalanes, no hay evidencias de que haya producido ni balanzas ni básculas. En cambio, desde los comienzos, construyó compuertas de hierro de distintos tamaños para el sistema de riego artificial en expansión, tanto para demandantes particulares que las empleaban en el interior de sus explotaciones agrícolas como para canales que construía y equipaba la Oficina Hidráulica , sobre todo en el oasis Norte. También proveyó al Estado de diversas piezas para máquinas importadas y de ciertos equipos utilizados en obras públicas (crucetas, martinetes...), como cajas de hierro completas para medidores de agua.(17) En la década de 1890 sus anuncios periodísticos ofrecían turbinas fabricadas en el taller.
   La producción de instrumentos agrícolas parece haber sido una orientación marginal en ambos talleres. Baldé y Miret produjeron rastrones; probablemente fue la única herramienta agrícola que salió de su taller. Por su parte, el de Berri armó pulverizadores de tracción animal pero ello ocurrió a comienzos de la década de 1920, veinte años después del fallecimiento de su fundador (Pérez Romagnoli, 2005). En cambio, ambos talleres reparaban diversas herramientas agrícolas.
   Una producción realmente llamativa -por lo prematura- del taller de Carlos Berri a comienzos del siglo XX fue la producción de cohetes (o cañones) para la lucha antigranizo.(18) En 1901, cuando Evaristo Dell'Oro conducía la empresa, produjo el cañón contra el granizo El Argentino , asegurando en los avisos periodísticos que alcanzaba los 2.500 metros de altura; si era así, estaba lejos de atrapar la base de las nubes graniceras, pues la meteorología moderna demostraría más tarde que el piso de estas nubes se encuentra a una altura superior.(19) Los cohetes antigranizo producidos por el taller de Sucesores de Carlos Berri y Compañía competían con los importados de Italia, entre ellos los que comercializaba Héctor Berri en su ferretería industrial. Una ley provincial de 1900 influyó seguramente en la producción local y en la importación de cohetes antigranizo, pues ella aseguraba el descuento de un 20% del impuesto territorial a los propietarios que protegieran totalmente las viñas con estos instrumentos; se consideraba que estaban protegidas las viñas que tenían un cañón cada 15 hectáreas o fracción. Seguramente tuvo mucho que ver en ello la organización de una "Unión de defensa colectiva contra el granizo", a cuya cabeza se encontraban importadores de materiales e instrumentos para bodegas y destilerías, seguros beneficiarios del negocio que emanaba de la ley. En 1902, ya no se hablaba de la fabricación local de los cañones antigranizo (Pérez Romagnoli, 2005).
   Baldé y Miret suministraron piezas de repuesto para máquinas importadas y otros productos al Departamento de Obras Públicas de la Provincia de Mendoza. En 1893 realizaron un contrato con Obras de Salubridad para la colocación de cañerías en el municipio Capital. Al iniciarse el siglo XX, obtuvieron otro contrato para colocar y reparar las cañerías de agua potable en el mismo municipio ello ocurrió cuando la ciudad de Mendoza fue incluida en un proyecto para proveer del líquido a nueve capitales de provincia.(20) Sin embargo, parte del material empleado en ese trabajo no era producido en su taller.
   El taller de Carlos Berri siempre funcionó en el mismo lugar pero a fines de la década de 1890 Baldé y Miret trasladaron el suyo del sitio inicial a la calle Salta, entre Santa Fé y Jujuy. Ocupaba 6.500 m2 de los cuales, a principios del siglo XX, 2.000 m2 estaban techados, siendo una superficie mucho mayor que la de la localización precedente. Como se dijo, la relocalización significó que aprovecharan el canal Tajamar para instalar una turbina y producir energía a partir del agua, al igual que el taller de Berri.
   La organización interna del trabajo en ambos talleres contaba, a pesar de su modestia, con secciones. A la cabeza del taller había un jefe técnico o "ingeniero mecánico". Además de las funciones técnicas que cumplía en el taller Gil Miret desde los orígenes, en 1903 Julio Nicolaiev Marienhoff dirigía la sección alambiques, jerarquizando sin duda el establecimiento de los socios catalanes.(21) Desde 1892 -después de la ruptura de la sociedad con su hermano Héctor- y durante un tiempo que no podemos precisar, Ernesto Glaser se desempeñó como director técnico del taller de Carlos Berri.
   Fabricaban objetos pequeños en grandes cantidades (por ejemplo, la grifería para bodega) y algunos, a veces, en cantidades mínima hasta agotarlos, como bombas para trasiego, prensas, moledoras... Pero lo dominante era la producción por encargo (o a pedido). En ocasiones, esta modalidad suponía un contrato entre el taller y el comprador del bien metalúrgico, en el que el fabricante adquiría responsabilidades especificadas en el contrato de construcción. Es lo que ocurría con los alambiques producidos por Baldé y Miret.(22) La producción por encargo era propia de la mayoría de los talleres de la época, no solamente en Mendoza, tal cual lo afirma Lucio Geller (1975, citado por Richard-Jorba, 1998:284).

2.6. Una amplia inserción comercial regional

   Entre los aspectos compartidos por ambas firmas se debe destacar su amplia inserción comercial regional. En efecto, sus productos eran comercializados principalmente en el oasis Norte de Mendoza pero, a través del ferrocarril, integrador del territorio, también en el oasis Sur (San Rafael) y en el oasis principal de la vecina provincia de San Juan, el del río homónimo. Hasta ahora, no hemos encontrado otra firma metalúrgica regional que, entre 1885 y 1900, hubiera comercializado sus productos fuera del oasis Norte.(23) En 1891, casi al mismo tiempo, tanto Baldé y Miret como Carlos Berri publicitaban detalladamente sus productos en periódicos de la ciudad de San Juan y el segundo tenía en ella un representante comercial, el que, en 1892, era Pedro Richet, un conocido cobrero francés productor y reparador de alambiques que trabajaba allí desde el decenio precedente y que también fue vitivinicultor (Pérez Romagnoli, 1998-1999). Al finalizar la década de 1890, ambas firmas continuaban con sus avisos publicitarios en la provincia vecina ( La Provincia, 11-01 y 19-01-1897). Baldé y Miret también anunciaban sus productos en periódicos de la ciudad de San Rafael ( Ecos de San Rafael , 04-11-1899).
   Los fundadores de ambos talleres publicitaban aspectos indicados en la introducción: que sus productos para las bodegas industriales eran similares en calidad a los importados pero contaban con el beneficio del menor precio pues no debían pagar el flete ferroviario desde Buenos Aires a Mendoza, que los encarecía. Además, afirmaban que sus talleres aseguraban la provisión de repuestos en todo momento, lo que no ocurría con las partes para los bienes importados.

2.7. La mano de obra

   Aunque hubo establecimientos metalúrgicos que al comenzar la segunda década del siglo pasado superaron el número de trabajadores de los dos talleres de los que nos ocupamos, éstos integraron el grupo de los que tuvieron una mayor cantidad de obreros entre 1885 y comienzos del siglo XX. En 1895, el taller de Baldé y Miret empleaba veinte asalariados de los cuales catorce eran extranjeros y de los veinticinco del taller de Carlos Berri, veinte no eran argentinos, desconociéndose, en ambos casos su nacionalidad.(24) Años más tarde, las dos firmas habían aumentado el número de trabajadores, llevándolo a veintinueve -incluyendo dos capataces- el de los socios catalanes y a treinta el de Berri; en este segundo, diecinueve eran extranjeros y tres aprendices nacidos en el país eran hijos de extranjeros.(25) Los trabajadores recibían un salario pero en algunos talleres eran pagados a destajo, práctica, esta segunda, difundida en las actividades laborales durante esos años en la provincia, especialmente entre los trabajadores agrícolas europeos.(26) En 1902, en el taller de los socios catalanes la jornada de trabajo se extendía durante diez horas y los obreros ganaban entre $4,20 y 1,80 por jornada ( El Debate , 03-04-1902). En el caso del taller de Berri, en 1903, también trabajaban diez horas diarias, con descanso dominical. Los que más ganaban diariamente eran los fundidores, los ajustadores y los torneros: $4,20; los herreros $3,50 y todos los aprendices que trabajaban el metal recibían $1,00 (Bialet Massé, 1968).

2.8. Otras actividades

   Tanto Baldé y Miret como Carlos Berri realizaron otras actividades paralelas a la producción metalúrgica, expresivas de su accionar con rasgos empresariales. Berri fue representante de empresas europeas fabricantes de máquinas e instrumentos metalúrgicos, en particular provenientes de empresas del norte de Italia. A comienzos de la década de 1890 tuvo la representación de los arados españoles Oliver , para los cuales producía algunas piezas en su taller. En 1910, Sucesores de Carlos Berri tenía la exclusividad en Argentina de las turbinas hidráulicas Calzoni (Bologna) ( La Industria , 13-02-1912) y en 1912 vendían las vías Decauville -producidas en Paris- por donde corrían los carritos volcadores que transportaban la uva y el orujo en el interior de las bodegas;(27) también fueron utilizadas por algunas empresas para transportar la uva desde el viñedo hacia la bodega, cuando ambos eran contiguos (por ejemplo: El Trapiche y Tomba ) (Richard-Jorba y Pérez Romagnoli, 1994). En Mendoza, por esos años, además de otros talleres metalúrgicos,(28) algunas bodegas también instalaban turbinas hidráulicas aprovechando los cursos de agua para producir energía; hay que señalar que los canales de riego como factor de localización de industrias son precedentes a esta etapa, pues, con anterioridad a 1885, el agua era utilizada para hacer funcionar molinos harineros (Richard-Jorba, 1998). Sucesores de Carlos Berri también eran representantes de la casa Franco Tosi (Legnano), la que fabricaba motores y calderas a vapor, y eran agentes exclusivos en la provincia de Agar Cross y Compañía Limitada .(29)
   Además de la ferretería industrial, Baldé y Miret incursionaron en otras actividades económicas al finalizar el siglo XIX. Se acogieron a las leyes de exención del impuesto territorial promulgadas entre 1881 y 1895 y adquirieron un terreno en el distrito de Rodeo del Medio, en Maipú, uno de los departamentos donde se difundía con mayor fuerza la vitivinicultura moderna. Allí, en distintas etapas, plantaron una viña que en 1899 alcanzaba las 30 hectáreas , y construyeron una pequeña bodega. El mismo año, Baldé Hermanos y Miret operaban la estación termal de Cacheuta ("Baños de la Boca del Río"), enclavada en la cordillera andina, a orillas del río Mendoza, localizada a 30 kms de la capital provincial. La sociedad Baldé Hermanos , sin Miret, instaló un lavadero de ropa a mediados de 1890 en la capital mendocina, pero la experiencia duró un corto tiempo (Pérez Romagnoli, 2005). Asimismo, Baldé y Miret adquirieron en la ciudad de Mendoza varios inmuebles. Los socios catalanes formaron parte del grupo de empresarios surgidos de la inmigración. Este grupo estaba integrado principalmente por comerciantes e industriales vitivinícolas, aunque más tarde, minoritariamente, se sumarán algunos vinculados con otras industrias inducidas por la vitivinicultura moderna, como algunos toneleros.
   Carlos Berri y Gil Miret fueron activos participantes en actividades relacionadas con sus respectivas colectividades en la provincia. En 1888, Berri era miembro de la Comisión Directiva de la Sociedad Italiana de Socorros Mutuos de Mendoza, constituida varios años antes. Por su parte, la gravitación de Gil Miret en su colectividad se expresaba en su desempeño como presidente del "Orfeón Español"; esta institución realizaba diversos aportes culturales y sociales. A Miret le cupo un papel central en la construcción de la "Casa de España", a principios del siglo XX.(30)
   Fuera del período considerado, en las primeras décadas del siglo XX, cuando aún no existía la enseñanza técnico-metalúrgica en colegios de Mendoza, el taller de Carlos Berri funcionó como una escuela para varios aprendices y artesanos que después abrieron sus propias pequeñas unidades de producción metalúrgica en distintos departamentos del oasis norte provincial. Uno de ellos, fue el español José Martín Aguirre, con taller en el departamento de Godoy Cruz desde comienzos de la década de 1920. Martín Aguirre se destacó por la fabricación de bombas para trasiego de vinos y accesorios para bodegas, además de otros bienes.(31) Entre los talleres donde se formó Roque Primitivo Ghellinaza -argentino pero de abuelos italianos- figuraba el de los Sucesores de Carlos Berri . En la cabecera del departamento de San Martín y desde 1924, Ghellinaza tuvo durante varias décadas el que, sin duda, fue el taller metalúrgico más importante del Este mendocino. Reparó y produjo instrumentos agrícolas y máquinas y accesorios para bodegas, equipando a un gran número de ellas (Villarreal, s/f). En las fuentes consultadas no hemos encontrado trabajadores del taller de Baldé y Miret que se hayan independizado y hayan abierto su propia unidad de producción metalúrgica, pero ello ocurrió probablemente.

2.9. Talleres que ya no están

   Los destinos de los pioneros y sus dos talleres fueron distintos. Como se dijo, Carlos Berri falleció en Mendoza en 1901, siendo, probablemente, joven aún. Sus sucesores mantuvieron el taller en funcionamiento hasta comienzos de la década de 1960, en el mismo lugar donde había empezado a trabajar en 1888. En 1904 los socios catalanes vendieron su taller metalúrgico a Stroppiana y Jorba y su viñedo y bodega a otros compradores (Pérez Romagnoli, 2005). Estimulado por un viaje que había efectuado a su tierra natal en 1898 y ante las carencias de la Mendoza de la época para el porvenir de sus hijos y otras causas, Gil Miret retornó definitivamente a Cataluña en 1905 y se instaló en Barcelona (Miret, s/f). Allí invirtió en inmuebles urbanos, constituyendo un ejemplo de lo que hacían muchos inmigrantes de distintas regiones españolas que regresaban (Sánchez Alonso, 1995). Antonio Baldé le precedió en 1904. Continuaron con la sociedad en la ferretería, incorporando como socio a Lincoln Pagés, quien ya trabajaba en la empresa como tenedor de libros (Miret, s/f). A principios de la segunda década del siglo XX, la firma era Lincoln Pagés y Compañía, Sucesores de Baldé y Miret.(32) Se mantuvo hasta 1920, cuando los socios la disolvieron.

3. Palabras finales

   Antonio Baldé, Gil Miret y Carlos Berri fueron generadores de una actividad metalúrgica superadora de la metalurgia artesanal precedente. Se trató de pequeñas unidades de producción pero de un valor central por su participación decisiva en la puesta en marcha de la metalurgia artesano-industrial proveedora de herramientas y equipos para la vitivinicultura moderna -que en la década de 1890 había iniciado un proceso de tecnificación- y de otras demandas. Reforzadas por otros talleres en las primeras décadas del siglo XX, sus unidades de producción constituyeron el punto de partida de la actual industria metalmecánica mendocina.(33) Los pioneros fueron actores sociales que intervinieron en otras actividades económicas, con un claro comportamiento empresarial. Estos empresarios participaron en el desarrollo de la agroindustria vitivinícola conducente a una economía regional especializada, contribuyendo a la reestructuración de la economía provincial. En el caso de Baldé y Miret, la actividad comercial marchó, desde un principio, a la par de la metalurgia. Por cierto, en esta actividad, no todos los inmigrantes metalúrgicos posteriores a los considerados tuvieron la experiencia exitosa de Antonio Baldé y Gil Miret, quienes retornaron a su país a vivir sus últimos años del fruto de sus actividades económicas en Mendoza.

Agradecimientos

El autor agradece las sugerencias efectuadas por los evaluadores de Mundo Agrario.

Notas

(1) Richard Jorba, 1999-2000. Acerca del comportamiento de Eusebio Blanco, Tiburcio Benegas, Elías Villanueva, Francisco y Emilio Civil y otros integrantes del sector dirigente y empresarial local véase también Richard-Jorba, 1998.

(2) Con talleres localizados principalmente en la ciudad de Mendoza y algunos núcleos del Norte provincial (Barriales, en el departamento de Junín, por ejemplo), reparaban y producían braseros, rejas para viviendas, alambiques y otros objetos. También reparaban instrumentos agrícolas importados (Pérez Romagnoli, 2005)

(3) Principalmente en el Archivo General de la Provincia de Mendoza y en la Biblioteca Pública General San Martín.

(4) Si bien Héctor Berri fue iniciador del taller en la sociedad con su hermano, no lo consideramos como pionero pues su orientación no era la metalúrgica.

(5) Archivo General de la Nación (AGN ), Segundo Censo Nacional, 1895, Económico y Social, Fichas Censales, Provincia de Mendoza, Legajo 109, Industrias, Boletín 32, tomo 8.

(6) Archivo General de la Provincia de Mendoza (AGPM ), Carpeta nº 154, Época Independiente, Sección Obras Públicas, años 1888-1890, Documento nº 2.

(7) Ibidem. Berri renunció como "segundo vocal ingeniero" el 07-11-1888, cuando ya funcionaba su taller metalúrgico.

(8) En una nota fechada el 15-11-1888 dirigida por A. Degoulet, director de Obras Públicas, al ministro de Gobierno, donde expone los antecedentes que motivaron la presentación de la renuncia de Carlos Berri a su cargo, se interpreta que éste no cumplió siempre sus funciones como correspondía o como pretendía su jefe. La nota -escrita cuando Berri ya había abierto el taller- señala que "la misma cosa se ha venido repitiendo cada vez que se lo ha mandado [a Carlos Berri] salir de la ciudad donde tiene asuntos particulares" (Ibidem, fojas 1).

(9) Estos datos referidos a Gil Miret han sido obtenidos de Recuerdos , mimeo, sin fecha, escrito por Francisco Miret, hijo de Gil Miret y facilitado por la Profesora Ana Maria Miret.

(10) La sociedad se forma para "continuar con la explotación del taller mecánico que el Señor Carlos Berri tiene en el departamento de Belgrano"... ( AGPM , Protocolo 612, notario Francisco Álvarez, 1899, t.2, folio 395, escritura 249, 08-04-1899). El protocolo aclara que el taller era de Carlos Berri y no menciona a su hermano Héctor, quien formaba parte de la sociedad pero se ocupaba de la fabricación de baldosas.

(11) A fines de la década de 1890, Luis Goria era propietario de una destilería en el departamento Belgrano ( Los Andes , 18-02-1898).

(12) El 60% del capital de la sociedad pertenecía a Baldé y el 40% a Miret distribuyéndose en la misma proporción los beneficios entre los socios. "El socio Baldé es obligado a desempeñar de administrador y director de la sociedad... y el socio Miret obligado a desempeñar el cargo de director del taller y del trabajo, atendiéndolo todos los días y horas hábiles... el presente contrato durará el término de cinco años..." ( AGPM , Protocolo 432, Artemio Corvalan, 1888, tomo 2, Ciudad, folio 851, 11-11-1888).

(13) Desde comienzos del siglo XX, los talleres que no tenían fundiciones y armaban algunos instrumentos, dependían de otras fundiciones para obtener las piezas, relación que se extendió durante mucho tiempo.

(14) El Debate , 03-04-1902. Los moldes para hacer las piezas eran de madera en los talleres que tenían fundición y en las fundiciones.

(15) AGN , segundo Censo Nacional, 1895, Económico y Social, Fichas Censales, Provincia de Mendoza, Legajo 109, Boletín 32, tomo 8. La fuente no discrimina entre las máquinas-herramientas.

(16) El Debate , 03-04-1902. En 1907, una bodega de Chacras de Coria, departamento de Luján, vendía "una moledora sistema Baldé y Miret"... ( Los Andes , 22-01-1907).

(17) AGPM , Carpeta nº 7, Época Independiente, Obras Varias, Expedientes nº 124/178, Oficina Hidráulica, 1896; Carpeta nº 6, Obras Públicas: Aguas Corrientes, Potable y Filtros, 1902.

(18) El granizo es uno de los dos accidentes climáticos -el otro es la helada- que debe soportar el viñedo de Mendoza.

(19) Lo sorprendente es que un grupo de adquirentes de los cohetes antigranizos -entre los que se encontraban renombrados vitivinicultores de la época- felicitaba a la firma porque los habían usado y habían dado un buen resultado (Pérez Romagnoli, 2005).

(20) Comprendía un plan para ampliar la red de agua potable (Coria, 2005).

(21) Marienhoff, un inmigrante ruso, se radicó en Mendoza a fines del siglo XIX. Cumplió un papel destacado en la modernización de las destilerías. Después de haber trabajado con los socios catalanes, en 1907 patentó y comenzó a fabricar en su propio taller un "alambique cónico" que tuvo una muy buena aceptación entre los destiladores regionales. Desde fines de la primera década del siglo XX, este instrumento formaba parte del equipamiento de numerosas destilerías mendocinas (Pérez Romagnoli, 2005).

(22) "Aparatos destiladores de Baldé y Miret, San Martín, agosto 2 de 1903. Sr. Julio N. Marienhoff, Mendoza, muy señor nuestro. Certificamos que la columna contínua que hemos comprado a los señores Baldé y Miret, construída en los talleres de dichos señores, bajo su dirección, nos ha resultado inmejorable siendo la cantidad de alcohol que produce superior a lo especificado en el contrato, saludamos a Ud muy atentamente, Lerena y Carniglia" ( Los Andes , 07-08-1903).

(23) En la primera década del siglo, el francés Pablo Ramonot, con taller en el distrito Barriales del departamento de Junín, fabricaba arados de varias rejas para tracción animal. Llegaba también con sus productos a los otros dos oasis (Pérez Romagnoli, 2005).

(24) AGN , Segundo Censo Nacional, 1895, Económico y Social, Provincia de Mendoza, Legajo 109, Industrias, Boletín 32, tomo 8.

(25) El Debate , 03-04-1902 y Bialet Massé, 1968. Hubo un taller metalúrgico que en 1895, según las cédulas censales, ocupaba 50 obreros. Se trata del taller de reparaciones mecánicas de Roger Michel, localizado en el departamento de Junín, distrito Barriales. Las fichas no aclaran si este taller reparaba y producía herramientas agrícolas o efectuaba sólo reparaciones. No hay otra información sobre el taller, pero sí sobre Michel. Era un empresario dedicado al comercio y a la vitivinicultura. Y en 1902, año de crisis de la vitivinicultura provincial, el taller del argentino Moisés Rodríguez, ubicado en el departamento Capital, ocupaba 40 personas, incluyendo los niños de la escuela de aprendices. Después de ese año, este taller deja de figurar en las fuentes (Pérez Romagnoli, 2005).

(26) Sobre el trabajo a destajo véase Richard-Jorba, 2006.

(27) Los carritos volcadores se importaban pero en la década de 1920 eran fabricados por otros talleres metalúrgicos mendocinos ( Pescarmona los armaba con ruedas fijas , y Ozcoidi Hermanos , con ruedas giratorias) (Pérez Romagnoli, 2005).

(28) Los talleres de Pablo y Mario Casale y la fábrica de hielo de Enrique Casale también empleaban turbinas a comienzos del siglo XX ( Los Andes , número especial, 1921).

(29) El Debate , 14-01-1912; Boletín , nº 52, enero 1910, Centro Vitivinícola Nacional, Buenos Aires

(30) El Debate , 14-01-1905 y 08-04-1905; Miret, Francisco, Recuerdos .

(31) En 1929 patentó un tipo de clapets o válvulas enteras (Pérez Romagnoli, 2005).

(32) Boletín , Centro Vitivinícola Nacional, nº 67, abril de 1911, Buenos Aires.

(33) Es oportuno señalar que la metalmecánica mendocina sufrió, desde la segunda mitad de la década de 1970, las inevitables consecuencias de políticas estatales desindustrializantes, las que, sumadas a los propios problemas de la vitivinicultura regional, han afectado sensiblemente la producción metalúrgica, conduciendo al cierre de varios talleres y a la disminución de la actividad en otros. Se agrega a ello, por cierto, la irrestricta apertura de la economía argentina a comienzos de la década de 1990, la que repercutió negativamente sobre la metalúrgica mendocina fabricante de equipos para bodegas -y de modo diferenciado sobre la producción de instrumentos agrícolas- debido a la comercialización de los bienes importados, de tecnología más avanzada (Pérez Romagnoli, 2005). Los cambios en la economía nacional iniciados en 2002, confirman una recuperación en la metalmecánica mendocina, al extremo de que se registra una escasez de mano de obra en varios establecimientos que trabajan a pleno

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Fecha de recibido: 21 de marzo de 2007.
Fecha de publicado:
30 de noviembre de 2007.