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Mundo agrario

versión On-line ISSN 1515-5994

Mundo agr. v.8 n.16 La Plata ene./jun. 2008

 

La construcción de la frontera decimonónica en la historiografía rioplatense

Roberto Schmit

Universidad Nacional de General Sarmiento
Universidad de Buenos Aires
CONICET
rschmit@ungs.edu.ar

The construction of nineteenth century frontier in the Río de la Plata historiography

Resumen
Este estudio está centrado en la evolución y la articulación de los conceptos de frontera en la historiografía americana y rioplatense durante el siglo XIX. En el mismo se analiza la trayectoria de los estudios de frontera y sus abordajes sobre los diversos factores que incidieron en los procesos históricos decimonónicos del Río de la Plata.

Palabras clave: Frontera. Tierra. Historia rural. Historia cultural. Siglo XIX.

Abstract
The study focuses the process of tranference and articulation of frontier concepts in America and Rioplatense historiography during nineteenth century. This articule analyzes the evolution of frontier works and their hypotheses dealing with the factors that could have influence in the Rio de la Plata history process.

Key words: Frontier. Land. Rural history. Cultural history. Nineteenth century.

   Este ensayo plantea, por una parte, las diversas trayectorias de los estudios de frontera hasta la década de 1960. En tanto, por otra parte, muestra el surgimiento de algunas de las nuevas tradiciones, que desde los años ochenta, de manera más homogénea se presentan como renovadas líneas de avance dentro de los trabajos sobre fronteras.

1. Frontera y sociedad en América

1.1. Las propuestas de Turner y Bolton en los estudios de frontera

   Como es bien conocido, la idea de que la frontera jugó un rol significativo en la formación de las sociedades del "nuevo mundo" tiene como referente inicial los estudios producidos a finales del siglo XIX en los Estados Unidos. Este tuvo su punto de partida historiográfico en el notable trabajo de Frederick J. Turner, quien presentó en Chicago en 1893 -en medio de la celebración general de los 400 años del aniversario de los viajes de Colón- el argumento que la existencia de la "tierra libre" en la frontera del oeste resultó fundamental para la historia de Norteamérica. Para el autor lo principal de aquel proceso resultaba la tierra libre de rentas y no el poblamiento en sí mismo, pues era ella la que ofreció oportunidades para lograr una movilidad social que no resultaba posible en Europa. Asimismo, la lucha por la supervivencia en la frontera también habría permitido a los recién llegados la posibilidad de nuevas oportunidades para reconstruir sus sociedades. Por ello, la dinámica social -simultánea de colonización y sobrevivencia sobre las tierras libres de frontera- habría forjado el carácter y las instituciones democráticas americanas. Entonces en función de aquellos paradigmas se habría producido en esos territorios la asimilación de inmigrantes blancos de diferentes grupos étnicos, que habrían consolidado y nacionalizado la sociedad de la joven nación americana, promoviendo los mejores valores de la democracia social y de la política (Turner, 1894).
   Por todo lo señalado, Turner advertía que el poblamiento en América no había dado como resultado una sociedad similar a la "vieja Europa", sino que se gestó la emergencia de "un nuevo producto, que es americano" (Turner, 1968:46-47). Y proponía que esta nueva sociedad sólo sería cabalmente comprensible cuando halláramos "el registro de su evolución social. (el cual) Empieza con el indio y el cazador; sigue explicando la desintegración de la barbarie mediante la aparición del mercader, que abre el sendero de la civilización; leemos los anales de la fase pastoril, en la vida del rancho, la explotación del suelo mediante cultivo sin rotación de maíz y trigo en comunidades muy diseminadas; luego el cultivo intensivo de establecimientos agrícolas más densamente poblados, y, finalmente, la organización de la manufactura, en ciudades y las fabricas" (Turner, 1968:52).
   Asimismo según Turner, el estudio de la frontera ofrecía claves para comprender el desarrollo de la propiedad, del Estado y del mismo sistema político americano; ya que "el efecto más importante de la frontera no había sido solamente su particular carácter socio-económico sino que había sido el de haber fomentado la democracia, [...] como se ha indicado, la frontera es productora del individualismo. La sociedad compleja se desarticula en el suelo virgen en una especie de organización primitiva basada en la familia. La tendencia es antisocial, produce antipatía contra toda forma de control, particularmente si es directa [...] las mismas condiciones ayudan a explicar la dificultad de instituir un gobierno fuerte en el período de la confederación. El individualismo de la frontera ha fomentado la democracia desde el principio" (Turner, 1968:69).
   Actualmente todos esos preceptos turnerianos, como veremos más adelante, han sido criticados por ser mecánicos, y en múltiples sentidos sesgados por una mirada europeo-centrista, pero no obstante lo cual aún continúan siendo un disparador inicial para pensar la formación de las sociedades americanas.(1)
   De modo que desde su aparición y por más de una centuria los investigadores han continuado debatiendo la tesis de Turner, como algo más que un simple uso conceptual para comprender la distintiva característica de la civilización norteamericana. Por ello la tesis no sólo disfrutó de amplia difusión pública, sino que como se ha afirmado, en muchos debates sobre la cuestión, el estudio mismo de la frontera parece haber sido desde entonces "inventado y reinventado" por los historiadores norteamericanos, como una explicación fundamental de su especificidad nacional. Pero al mismo tiempo esos tópicos no han sido una preocupación exclusiva de los investigadores norteamericanos; por ello también la temática influyó de manera muy desigual en toda Latinoamérica, y en varias disciplinas aun continúa siendo inspiradora para repensar la historia del continente.
   A principios del siglo XX dentro de la propia tradición de los estudios norteamericanos surgió otro referente cuando Herbert Eugene Bolton planteó nuevos argumentos sobre la existencia de un proceso paralelo en las fronteras, que era la existencia de una historia común en toda América. Para Bolton, en el sistema colonial las experiencias de Inglaterra, Portugal y España habrían tenido más similitudes que diferencias. Por lo cual el autor aseveró, al mismo tiempo que Franklin Roosevelt lanzaba la política de "buen vecino", que en todas partes los contactos en la frontera con su medio ambiente singular y con sus pueblos nativos habían tendido a modificar a los europeos y a sus instituciones. De ese modo, a diferencia de Turner, para Bolton el significado histórico de la frontera era válido tanto para las excolonias sajonas como latinas (Weber, 1986).
   Por ello, Bolton planteó la necesidad de estudiar la frontera española-americana para aplicar sus resultados y chequear la tesis de Turner. En el mismo sentido actuó Arthur S. Aiton quién realizó sus estudios aceptando el reto de evaluar estas nuevas propuestas. En 1940 Aiton publicó un ensayo en el cual abordo el proceso de colonización de las fronteras en Latinoamérica, obteniendo interesantes generalizaciones para todo el continente. Allí se enfatizaban las diferencias y las similitudes entre el mundo latino y el anglosajón, pero en el balance definitivo su trabajo daba nuevas razones a la tradición que había impuesto la versión turneriana de la frontera, recuperando en definitiva el valor diferencial más positivo que ésta había engendrado sobre todo en el caso de Norteamérica (Aiton, 1940).
   Asimismo otro historiador influenciado por la discusión de la frontera fue Walter Prescott Webb, quien en la década de 1950 reexaminó las zonas de frontera; y sostuvo que todo el continente de Latinoamérica era una inmensa frontera del occidente y de las metrópolis europeas. De ese modo Webb articuló a una escala mucho más amplia sus argumentos, como una extensión de la sugerencia de Turner, de que la frontera en América había afectado incluso a los europeos (Prescott Webb, 1994). Este autor planteó que el desarrollo de las fronteras americanas no sólo había favorecido la democracia, el individualismo y la dinámica social en los Estados Unidos; sino que incluso lo había hecho en el hemisferio occidental entero. De ese modo, aun dentro de una mirada visiblemente europeo-centrista, para este autor la frontera finalmente también había ayudado a fabricar una Europa más democrática, capitalista y dinámica.(2)
   Pero más allá de los principales aportes del estudio de la frontera en la historiografía norteamericana, lo que nos interesa remarcar aquí es que mientras se sucedían aquellos debates fueron pocos los historiadores latinoamericanos que pusieron su atención centrada en las fronteras. Por entonces los últimos estaban abocadas a reforzar los preceptos creados por las historias nacionales de corte liberal decimonónico, y ellos estaban centrados sobre otros paradigmas que giraban sobre el rol de los prohombres en su gran mayoría urbanos habían forjado la nación, estos eran fundamentalmente las elites políticas e intelectuales, por lo cual lejos estaban de abordar o interesarse por el estudio de los sujetos de la frontera, a la cual convirtieron casi en una cuestión a-histórica, por lo cual no hubo grandes aportes que siguieran la tradición turneriana.
   Asimismo no resulta ocioso recordar que mientras los historiadores latinoamericanos -en aquella época- no prestaron casi atención para abordar seriamente el tema de la frontera, si lo hicieron desde la literatura, por lo cual a través de una serie de obras impresionistas se engendró un poderoso "mito" interpretativo sobre cual sería la "naturaleza" de la sociedad fronteriza, la cual luego a través de su difusión alcanzó un peso importante en la cultura popular. Gran parte de esos escritos, para los antiguos territorios españoles, enfatizaron una versión según la cual la frontera era un lugar brutal que subsistía básicamente bajo el imperio de la violencia, donde los actores sociales eran "bárbaros", con predominio de protagonistas que vivían casi en "estado natural", ya fueran indios, gauchos o forajidos. Donde el débil era devorado por el fuerte, y donde la justicia y las demás instituciones públicas eran totalmente manipuladas por los intereses particulares de los más poderosos.(3)
   Junto a aquella producción de notables intelectuales de la literatura latinoamericana, también emergió la prosa de los llamados "viajeros" del siglo XIX, que resultaron otra fuente "cultural" de referencia importante para dar argumentos a una particular mirada "paisajista" de las fronteras del antiguo imperio español. En su gran mayoría estos anglo-europeos, que visitaron Latinoamérica durante aquella centuria con expectativas de descubrir una nueva arena donde realizar sus inversiones y negocios, en la mayoría de los casos confirmaron aquella visión simplificada de un mundo social "cuasi-bárbaro", a través de miradas sesgadas por sus prejuicios etnocéntricos acerca de la naturaleza negativa de la gente y las instituciones de Hispanoamérica.(4)
   Entonces mediante aquellas tradiciones reutilizadas, de la narrativa junto a las triunfalistas historias nacionales, quedó casi consagrada la idea de que en Latinoamérica, sobre todo durante buena parte del siglo XIX, se habría cristalizado una sociedad de frontera estática y atrasada, donde imperaba básicamente el despotismo y la barbarie. El ejemplo más próspero de aquella postura pesimista del legado pos-colonial, que sobrevivió en la sociedad criolla, está representado en la pluma intelectual de Domingo Faustino Sarmiento, quien en 1845 ya había contrastado la "civilización" urbana más "europea" con la de los "bárbaros" gauchos y líderes de la campaña, quiénes poseían como mayor virtud el hábito de dedicarse a cazar ganado salvaje por las provincias argentinas. De modo que en su desdeño o prejuicios por la gente de la campaña y de la frontera, Sarmiento tipificó a buena parte de los intelectuales latinoamericanos de su época, que provenían de las elites intelectuales que equiparaban a la ciudad con el progreso y a las fronteras rurales con la ignorancia y el primitivismo. Discurso paradójico para una realidad latinoamericana donde la población y las actividades rurales representaban a la mayor parte del universo social y producían el grueso de la riqueza económica de sus países.
   Entonces, mientras la historiografía del hemisferio norte había debatido largamente sobre la dinámica de su sociedad de frontera, los historiadores de Latinoamérica recién comenzaron a hacerlo mucho más tarde desde mediados del siglo XX, a través de algunos notables esfuerzos por evaluar las experiencias del continente. Esta influencia se dio con mayor fuerza recién a comienzos de los años 1960 con las traducciones al español de la obra de Turner. Y unos pocos años más tarde, mediante diversos casos como los de la historiadora Hebe Clementi, quien se mostraba muy optimista sobre relevancia del tema, argumentando que la frontera podía resultar una "llave interpretativa" para comprender la sociedad en Latinoamérica (Clementi, 1968a y 1968b).
   Pero al mismo tiempo otros colegas aun sostenían miradas muy disímiles sobre el problema. Así para el historiador mexicano Edmundo O'Gorman, Latinoamérica nunca había sido una tierra de frontera que experimentara una transformación dinámica como había sido planteado en los textos de los historiadores norteamericanos. Incluso para este autor aquellas sociedades en cambio habían sido, más bien, objetos pasivos de transplantación e injerto. En el mismo sentido, en un análisis algo más turneriano, Silvio Zabala tampoco encontró demasiadas similitudes entre las fronteras de los Estados Unidos y de Latinoamérica. Para el último territorio Zabala marcó la sucesión de fronteras hispánicas, que iban desde la misma península ibérica hasta las americanas. En ellas notó que por sus características sólo en unas pocas regiones con población esparcida, como la del norte de México, sur de Chile y en las pampas argentinas, donde los españoles por largos años tuvieron una fuerte hostilidad de los indios hasta final de la era colonial, podían llegar a encontrarse algunas de las cualidades sociales y empresariales de la frontera turnereana. Pero aclarando que no era tanto el desarrollo físico natural lo que diferenciaba los casos, sino que era la naturaleza de las culturas de los indígenas latinoamericanos y su amplia interacción con los españoles lo que explicaba las diferencias entre la lógica de la frontera de Latinoamérica y la norteamericana (O'Gorman, 1961).
   Casi para esa misma época, en 1968, se presentaba en el IV Congreso Internacional de Historia Económica una serie de trabajos que tenían como eje la frontera socio-económica, desde el estudio de la ocupación del suelo, el poblamiento y la producción rural. Esos ensayos en años posteriores se plasmarían en importantes aportes para la historiografía latinoamericana.(5) Más precisamente, Álvaro Jara planteaba que el objetivo de los estudios era analizar las diferentes situaciones de la frontera en Latinoamérica y saber hasta qué punto ellos podían ser utilizados como llave de interpretación de los fenómenos históricos. Para este autor no se podía concebir a la frontera sin tener en cuenta lo que había detrás de ella en su base de sustentación, pero tampoco era posible desdeñar el problema de las estructuras de colonización con las características de los elementos que jugaban en la expansión. Asimismo, esa preocupación se encontraba en los trabajos presentados por Enrique Florescano para México, Tulio Halperín Donghi, Ezequiel Gallo y Roberto Cortés Conde para el caso argentino y Rolando Mellafe para Chile.(6)
   Otro ejemplo de un avance aun más temprano, durante los años 1950-60, en los estudios de frontera en América Latina fueron los trabajos de Sergio Buarque de Holanda para Brasil. El autor presentaba una historia de la frontera en movimiento y desde sus sentidos y valores cotidianos que estaban siempre en mutación, operando sobre ella fuerzas tradicionales y otras nuevas que se entrecruzan produciendo un permanente acomodamiento que mutaba lo viejo y remodela lo nuevo. Por ello la transformación que sufría la sociedad se constituía en una nueva forma de vida a través de un movimiento dentro del cual las tensiones tenían diferentes temporalidades de continuidad y de ruptura. Así la cultura indígena preexistente y el legado de los portugueses eran tensiones permanentes en un movimiento dialéctico, resultando ellas en un nuevo camino y una nueva historia ( Buarque de Holanda, 1957).
   De modo que hasta por lo menos la década de 1950-60 surgieron abordajes y avances historiográficos muy desiguales en Latinoamérica y en Norteamérica sobre la significación de la frontera dentro del análisis histórico nacional. Por ello fue recién desde la última mitad del siglo pasado que emergieron los primeros abordajes sistemáticos sobre los estudios de frontera en Latinoamérica.

1.2. Los estudios de frontera desde la década de 1970

   Aquel esquema clásico turneriano de la frontera norteamericana basado centralmente en los aspectos geográficos -de amplia oferta de tierras- y de carácter sociopolítico emprendedor ha sido fuertemente cuestionado en las últimas cuatro décadas por un nuevo conjunto de trabajos históricos. Estos aportes revisionistas han reubicado en los debates otros aspectos fundamentales de la cuestión fronteriza al introducir entre sus tópicos centrales el rol de las sociedades indígenas, las renovadas prácticas culturales, las políticas estatales, el papel de las compañías comerciales y el mercado financiero para cada región y los diferentes momentos de la ocupación de las tierras de frontera.
   De modo que ha renacido en la historia norteamericana un intenso debate sobre el significado de la "frontera", sobre todo entre los auto-proclamados "nuevos historiadores del oeste". Estos critican duramente las posiciones turnerianas por considerar que ellas representan una tradición ligada al triunfalismo de una narrativa típicamente anglo-céntrica de la conquista continental americana, y por lo tanto estarían enmarcando tras de sí las bases imperialistas que sostiene la tesis de Turner. Sin embargo, los historiadores continúan enfatizando y rescatando el significado importante de la frontera, pero reconsiderándola ahora básicamente como una zona de penetración intercultural.(7)
   En buena parte la reformulación de los nuevos estudios retoma la noción de "borderlands" que estaba fielmente asociada a los ensayos de Herbert Eugene Bolton, cuyo concepto se contraponía con la concepción de la frontera anglo-americana de Turner en la cual el pionero que progresaba necesariamente suponía el retraimiento indio o de lo nativo, en cambio el concepto boltoniano de las fronteras percibía y aceptaba la prolongación de la cohabitación entre los nativos y los recién llegados, llegando incluso los primeros a prevalecer sobre el perímetro de los imperios coloniales europeos.
   Recogiendo aquellas ideas, algunos historiadores recientes han sustituido "borderland" por "fronteras" para el caso Norteamericano, y han producido un enriquecimiento sobre el conocimiento de las complejas y contingentes relaciones interculturales. Por tanto, en lugar de una sencilla conquista de la tierra de frontera se está rescribiendo la historia del asentamiento social como un fruto compuesto entre los "invasores" y los "nativos", produciendo por tanto una sociedad que resultó un híbrido de esa interacción.(8)
   Estas ideas que desde 1920 había propuesto Bolton remarcaron también la necesidad de explorar las fronteras indígenas latinoamericanas, donde a diferencia de Turner, las instituciones coloniales habrían tenido una fuerte influencia en el desarrollo de la sociedad de frontera, entre ellas estaban la misión, el fuerte y el presidio. Aunque inicialmente en este enfoque predominaba un fuerte mito sobre el rol del hombre "blanco" en un papel heroico de soldados y de misioneros españoles, en las últimas décadas ha comenzado a revertirse esa imagen heroica en los nuevos trabajos. Por ello esta corriente tomó impulso en sus estudios de la frontera en Nueva España, California y Texas, y desde los años 70 dejaron atrás la mirada institucional y de prohombres blancos para enfatizar el rol de los indígenas como actores activos, así como a través del aporte de los trabajos de arqueología y etnología, reinterpretaron el peso de las herencias británicas, francesas y españolas como legados culturales validos e híbridos en las fronteras del "nuevo mundo".
   También surgió otra reacción al "mito agrario" turneriano en los estudios de Henry Nash Smith, quién planteaba una crítica explícita a la idea de que el oeste había sido un lugar de migración fácil y de concreción de una sociedad abierta al individualismo y al progreso, en la cual prácticamente no habrían existido grandes conflictos. De ese modo puso en discusión la armonía de la dinámica social y la idea de que la frontera no se habría cerrado en 1890, sino que a partir de esa fecha se daba inició un nuevo período de expansión y emprendimientos pero de una naturaleza diferencial. También se cuestionó que el oeste fuera una región autosuficiente o un lugar de arrastre para todo el este norteamericano, lo que obligaba a revisar las múltiples inter-conexiones de progreso y democracia entre el este y el oeste.
   Pero el debate no se limitó a los espacios y a las dinámicas, sino que también llegó a replantear el rol y el significado de los mismos actores de la sociedad de frontera; por ello en lugar de ver en el oeste un lugar de progreso constante y de armonía comenzó a plantearse con mucha fuerza la violencia imperialista sobre las minorías, las mujeres, los indígenas y el contexto ecológico.
   De aquella línea de revisión de los actores sociales surgió en al década de 1980 la corriente de la New Western History. Estos desde 1989 buscaron nuevas maneras de estudiar al oeste, en lo que ellos llamaron "nuevas rutas y senderos" de la historia de frontera. Parte de sus supuestos han sido:
-Tomar al oeste como una región que a su vez afecta el comportamiento de otras partes de la nación en una interacción que se dio a través de la invasión, la conquista, la explotación y el desarrollo.
-Rechazar el término frontera por contener connotaciones nacionalistas, imperialistas y racistas. En esta reformulación de los estudios se presenta la dicotomía entre región y frontera lo cual provoca un intenso debate dentro de sus estudios, pues el concepto de región resulta un gran problema teórico-metodológico a la hora de definirlo dentro de la historiografía. Los que toman la cuestión de región o los "regionalistas" ven en esta zona una serie de elementos distintivos como ser: una zona árida en al que el agua es el recurso mas valioso. La peculiar presencia del Estado federal, la herencia cultural de la propia experiencia de frontera, la dependencia a largo plazo de las industrias extractivas.
-Plantean también estudiar los procesos o vías de explotación del oeste que fracasaron en su desarrollo.
   De esa manera, se han incorporado en los estudios cuestiones que habían permanecido al margen u oscuras, permitiendo definir otras características propias a los trabajos de frontera y sus diversas conexiones con otros espacios. Así como dar lugar a múltiples actores involucrados en estos procesos, que nos llevan a no eludir los estudios de los conflictos de clase, raza, género, ya sea en sus vínculos materiales o culturales. Lo cual nos lleva al abordaje de los conflictos de poder y de las jerarquías entre los diversos grupos o etnias que habitaban la frontera, siempre teniendo en cuenta que eran ámbitos multiculturales de interacción donde los estudios no pueden centrarse solamente en un grupo. Asimismo, estas líneas de trabajo procuran tener en cuenta en los análisis las experiencias vividas en la frontera y que han impactado en la cultura popular de aquellos pueblos. Sin duda aquí emerge con claridad el problema del "otro" y del genero, en un intento por llegar a las voces y las lógicas que guiaron el comportamiento de las culturas americanas, allí sin duda los aportes de la antropología y la sociología brindan nuevas herramientas para intentar alcanzar interpretaciones que superen las visiones elaboradas por los historiadores.
   Algunas de aquellas nuevas miradas también están siendo tomadas en cuenta en la historiografía rioplatense sobre todo a través de los estudios locales, regionales y de nuevos actores sociales que se proponen reinterpretar las historias nacionales que fueron construidas bajo el ideario liberal decimonónico, que aún perviven sin un gran debate en buena parte de Latinoamérica. Por ello el análisis histórico decimonónico debe incorporar a la frontera a través del estudio del doblamiento, el usufructo y propiedad de la tierra, la constitución del Estado y las instituciones, las dinámicas de los intercambios y el mercado, la alteridad y los abordajes multiculturales para pensar la cohabitación y coexistencia de actores y comportamientos dentro de las dinámicas sociales. En este sentido se apunta a capturar los mestizajes ocurridos en las "tierras nuevas" como una pista fundamental en los estudios americanos.

2. La frontera en el Río de la Plata

   Como mencionamos los nuevos enfoques de la historiografía han ayudado a plantear una revisión de los estudios en el área del Río de la Plata , por lo cual se han abierto gradualmente una serie de discusiones sobre la sociedad decimonónica de frontera.
   En primer lugar las investigaciones comenzaron a examinar el papel que desempeñó la frontera abierta sobre todo en el período tardo colonial y del siglo XIX, en especial en su relación con el doblamiento, las migraciones, la oferta de mano de obra rural y el acceso a la tierra para los campesinos, todo lo que plante ó la necesidad de entender mejor las vinculaciones entre los factores sociales, la producción y los mercados para los distintos tipos de actores. Entonces en torno de aquellas interacciones se sucedió un debate sobre las alternativas que brindaba la frontera para los actores sociales del mundo rural rioplatense.
   A lo largo de los últimos años los estudios sobre las fronteras rurales han cobrado más cuerpo asentándose sobre varios aspectos básicos:
   Por una parte, se están examinando nuevos tópicos :
•  Referentes a las diversas modalidades de poblamiento en espacios regionales y en los estudios locales, es decir cómo en cada zona se fueron poblando las tierras y qué estructuras socio-económicas desplegaron. Dentro de estos se ha enfatizado el rol jugado por las diferentes coyunturas de migraciones, que van desde los asentamientos indígenas y las economías agrarias coloniales hasta las nuevas producciones exportadoras del siglo XIX.(9) Asimismo tiene mucho peso el análisis demográfico, ya sea en cuanto a la morfología de la población como a las prácticas de vinculaciones familiares y formas de agregamiento y dependencia que se establecieron dentro de las múltiples relaciones sociales del mundo rural.(10)
•  Los diferentes radios de la frontera comercial y los lazos mercantiles, económicos y sociales de los notables y los campesinos es otro tópico de análisis en las fronteras rioplatenses.(11)
•  Sin duda todos aquellos problemas no son ajenos a una indagación paralela de las diversas vinculaciones de acceso y explotación de la tierra y de los recursos naturales, las instituciones, las relaciones laborales y las distintas tradiciones culturales y de derechos dentro del mundo rural.(12)
•  La cuestión de la construcción y despliegue del Estado nación sobre los espacios territoriales de las fronteras, con sus consecuentes mutaciones materiales de instituciones y autoridades, así como aspectos culturales en las prácticas y tradiciones políticas.(13)
•  Las relaciones interétnicas en las fronteras indígenas y sus múltiples formas de interacción a lo largo de este período.(14)
   En segundo lugar los estudios han dado lugar al análisis de múltiples actores sociales que hasta ahora no habían sido considerados o que están siendo abordados desde nuevas miradas interculturales.(15)
   En tercer término ha ocurrido un corrimiento y enlace temporal entre los estudios tardo coloniales y los del siglo XIX, lo que permite pensar y abordar desde una nueva perspectiva los cambios y continuidades en la larga transición desde el antiguo orden colonial hasta la constitución de las "modernas" repúblicas en el Río de la Plata.

3. Finalmente emerge la frontera ¿entre Turner y Bolton?

   A lo largo del texto hemos planteado que mientras desde fines del siglo XIX la historiografía norteamericana creaba una poderosa tradición de estudios sobre la historia de la frontera no sucedió lo mismo en los estudios Latinoamericanos. De manera que en aquellos últimos en vez de una aguda reflexión histórica tuvo mayor peso la construcción de relatos provenientes de la literatura y de los informes de viajeros que a la par de la producción de las historia nacionales de corte liberal dieron un escaso protagonismo y un tono negativo a la frontera, a la cual otorgaron un rol inmutable representado a menudo básicamente por la "barbarie", el "atraso" y la simple presencia de la "violencia".
   Hemos planteado que, más allá de muy honrosas excepciones, fue recién a partir de la década de 1950-60 que comenzó a reformularse a través de un conjunto específico de estudios históricos la indagación sobre las fronteras. Desde el decenio de 1970-80, hubo un renacimiento del debate sobre la frontera en la historiografía norteamericana, pero en esta ocasión también se ha visto reflejada una nueva vitalidad en el Río de la Plata. Por lo cual ha surgido una fuerte critica a las historias nacionales, que desde los estudios locales y regionales vinculados sobre todo a la historia rural y a los estudios interétnicos están replanteando los rumbos de la sociedad de frontera. En estos nuevos esfuerzos se proponen nuevos tópicos, actores y cronologías así como conceptos y métodos, que desde apropiaciones de la antropología, la sociología y la economía están brindando una nueva "arena", como una agenda abierta para repensar la historia rioplatense.
   De manera entonces que los estudios rioplatenses están planteado una revisión de los procesos de poblamiento, retomando de alguna manera la vertiente "turneriana" sobre cuál fue el significado de la frontera abierta, el acceso a la explotación de las tierras, las relaciones de producción y el posterior proceso de consolidación de la propiedad, la cultura política, el Estado y el cierre de la frontera. Así como también están explorando un tipo de sociedad en algún sentido "boltoniana" en la cual existe una interpenetración de tradiciones y actores que da como resultado un proceso histórico diferente lleno de legados coloniales y de nuevas tradiciones.

Notas

(1) Por ejemplo: Weber. (1986) y Weber y Rausch (Ed.) (1994), Ratto (2003).

(2) Prescott Webb al enfatizar las transformaciones positivas para Europa a través de la gran frontera se acercaba a alguno de los supuestos de la teoría de la "dependencia" y del análisis del "sistema mundial"; que estaban basados en un razonamiento que tendía a demostrar las maneras por las cuales las metrópolis se beneficiaban del desarrollo de la periferia, manteniendo para el caso de Latinoamérica en un estado de dependencia económica. Asimismo esta tesis provocó a muchos admiradores que pretendían encontrar a través de ella largos patrones históricos sobre la evolución global de una especie de expansión de la civilización que propiciaba el cambio histórico.

(3) Entre otros para el caso argentino en Domingo F. Sarmiento, Civilización y barbarie , (en 1845) en el caso de Brasil Euclides da Cunha, Os Sertoes (en 1902), en Venezuela Rómulo Gallegos, Doña Barbara (en 1929); en Colombia José Eustacio Rivera, La vorágine (en 1924), y Jorge Amado, Terras do sem fim (en 1943). Un ejemplo interesante de las lecturas desde la literatura para el caso argentino es del gaucho, que en sus respectivas miradas representa la producción del estereotipo rural por excelencia; allí es importante destacar las distintas versiones de gauchos que son presentadas por José Hernández en Martín Fierro , por Hilario Ascasubi en Santos Vega y por Martiniano Leguizamón en Calandria .

(4) Entre otros, nos interesan la influencia que han tenido sobre la visión de las zonas rurales rioplatenses los textos de J.A.B. Beaumont, de Joseph Andrews, de Samuel Haigh, o de Willian Mac Cann. Un estudio sobre este tópico se puede ver en Adolfo Prieto, (1996).

(5) Nos referimos a los trabajos de Tulio Halperin Donghi, (1963). Ezequiel Gallo, (1984), Roberto Cortes Conde, (1985). Enrique Florescano, (1990). En estos trabajo predomina el análisis de la sobre la ocupación del territorio por la sociedad "blanca" y no a los complejos resultados sociales entre lo nuevo y lo viejo que se encuentran en ese proceso.

(6) Jara (1973). Dentro de los trabajos que retoman el problema de manera más rica y comparativa esta el estudio de Adelman, (1994).

(7) Para los "nuevos historiadores del oeste" se puede ver: Grossman (1994), Lamar and Thonpson (1981). Robinson (1997). Un balance puede verse en: Adelman y Aron, (1999).

(8) Para acercarse a los trabajos Boltonianos y su influencia, disponemos de: Weber,(1986), Hurtado, (1995).

(9) Entre otros: Garavaglia y Gelman (1995). Fradkin, Garavaglia, Gelman y González Bernaldo, (1997). Mayo ( 1995). Garavaglia ( 1999 a y b) y (2001). Gelman (1998) Garavaglia y Moreno (Comp.) (1993). Bjerg y Reguera (Comps.) (1995).

(10) Mateo (1996) y (1997). Moreno y Mateo (1997). Moreno (1998).

(11) Irigoin y Schmit (2003). Schmit (2004).

(12) Entre Otros: Canedo (2000). Miguez (2000). Fradkin, Canedo y Mateo (2005). Infesta (2003), Valencia (2005), Banzato (2005).

(13) Bandieri (1991), Cansanello (1994 y 1998), Gelman (2000), Areces (2005), Manara (2005), Teruel (2005), Nespolo (2006).

(14) Villalobos, (1982). Solís, (1991). Socolow, (1987). Mandrini, (1994) y (1997).

(15) Entre otros: Ratto, (1994,1996 y 2005). Fernández Bravo (1999). Neumann, (2000). Ortelli, (2000). Cattarruza y Eujanian (2003). Bjerg (2002).

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Fecha de recibido: 14 de marzo de 2007.
Fecha de publicado: 30 de mayo de 2008.