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Mundo agrario

On-line version ISSN 1515-5994

Mundo agr. vol.11 no.22 La Plata Jan./June 2011

 

RESEÑAS

Ricardo Robledo (ed.) 2010. Sombras del progreso: las huellas de la historia agraria. Barcelona: Crítica, 504 pp.

Ricardo Robledo (ed.) 2010. Shadows of progress: the traces of agrarian history. Barcelona: Crítica, 504 pp.

 

Fernando Collantes

Universidad de Zaragoza
collantf@unizar.es

 

Este libro brinda un merecido homenaje a Ramon Garrabou, una figura relevante como pocas en el desarrollo de la historia agraria en España. Sus trece capítulos se agrupan en tres partes, cada una de ellas próxima a la investigación realizada por Garrabou a lo largo de las décadas: las transformaciones de las sociedades campesinas, las distintas sendas de cambio rural y los aspectos ambientales del crecimiento agrario.
La primera parte, sobre la transformación de las sociedades campesinas, nos lleva a través de diferentes capítulos desde la Edad Media hasta el presente. El capítulo de Isabel Alfonso estudia las luchas campesinas de la Edad Media desde una perspectiva novedosa, que combina el análisis de la realidad social y económica con una indagación de las mentalidades de los sujetos históricos. A través de diversos estudios de caso locales, la autora pone en cuestión el esquema, excesivamente lineal, que relaciona las luchas campesinas contra el diezmo y el poder señorial, por un lado, con disidencias religiosas y actitudes anticlericales, por el otro. En la Castilla medieval, sin embargo, los casos rescatados por Alfonso apuntan en una dirección más compleja: más bien parece que los campesinos y los clérigos locales utilizaban los recursos religiosos que articulaban su visión del mundo para formalizar acciones colectivas. Dichas acciones encontraron la oposición de las autoridades eclesiásticas por tener un fuerte contenido económico.
En su vigorosa contribución, Ángel García Sanz nos recuerda la dureza de las condiciones de vida de los campesinos castellanos del siglo XVI. Conmemoraciones recientes de los tiempos de Carlos V y Felipe II han distorsionado profundamente la memoria colectiva, al proponer una imagen de grandeza que casa mal con la precaria realidad económica en que se desarrollaba la vida de la mayor parte de la población. García Sanz nos presenta tres imágenes de la pobreza campesina en la comarca de Sepúlveda: primero, la de los mendigos y las instituciones locales de caridad; segundo, la de una población diezmada por la emigración y la mortalidad que debía enfrentarse a una considerable carga tributaria; y, tercero, la de un campesinado enfrentado a exacciones por valor de más de la mitad de su producción. Aunque una parte sustancial de estas exacciones era la simiente necesaria para reproducir el ciclo productivo (y, por tanto, puede considerarse un factor tecnológico), una parte aún mayor eran exacciones de carácter social: la renta de la tierra, los diezmos y los impuestos reales.
El capítulo de Domingo Gallego, Iñaki Iriarte y José Miguel Lana trata sobre la interacción que se estableció entre el Estado y las sociedades rurales entre comienzos del siglo XIX y la proclamación de la Segunda República en 1931. Sintetizando una gran cantidad de investigaciones realizadas en los últimos años para distintas partes de España, y basándose en los importantes casos de la política de comercio exterior y la política forestal, los autores proponen no exagerar la influencia del Estado sobre la trayectoria de las sociedades rurales y, en su lugar, subrayan el papel de las redes vecinales y los lazos interfamiliares como modos de coordinación alternativos al mercado y al Estado. Las políticas públicas habrían tenido un sesgo mercantilizador y elitista durante buena parte del siglo XIX, pero desde finales de dicho siglo y durante las décadas iniciales del XX abrieron un mayor margen de maniobra político y comercial para el campesinado y las comunidades rurales.
Ricardo Robledo analiza la reforma agraria redistributiva planteada por los gobiernos de izquierda de la Segunda República (1931-36). Robledo subraya que dicha reforma agraria, al buscar impulsar la pequeña explotación, habría conducido a una intensificación del cultivo y a una sociedad rural más equilibrada, con problemas menos acentuados de desempleo estacional y desigualdad en la distribución de la renta agraria. Obstáculos políticos y financieros impidieron, sin embargo, que este proyecto de reforma se desarrollara en lo sustancial, con el agravante de que la posterior guerra civil de 1936-39 se convirtió en el escenario perfecto para las represalias hacia quienes se habían posicionado a favor de la reforma agraria.
Para cerrar la primera parte del libro, Josep Fontana analiza los problemas de la agricultura y el desarrollo rural en el mundo de comienzos del siglo XXI. Tras revisar los principales hechos de la crisis desatada por la brusca subida de precios de los alimentos en 2006-2008, Fontana ofrece una interpretación crítica de algunas de las soluciones propuestas, en especial el fomento de la gran explotación altamente capitalizada en el mundo en vías de desarrollo. En sintonía con los planteamientos históricos que otros autores defienden con sus estudios de caso a lo largo del libro, Fontana argumenta que la pequeña explotación puede ser viable desde el punto de vista económico y sostenible desde el punto de vista ambiental.
La segunda parte del libro presenta estudios de caso sobre el cambio agrario en tres regiones españolas (Cataluña, Valencia y Galicia) e Italia. El estudio de caso catalán, de Rosa Congost, Jordi Planas, Enric Saguer y Enric Vicedo, subraya el importante papel del pequeño campesino en las positivas transformaciones productivas ocurridas en la agricultura de los siglos XVIII, XIX y XX. Tanto en las estrategias de crecimiento agrario antes de la industrialización (la expansión de la viña y la paulatina desaparición del barbecho en el cultivo cereal) como a partir de mediado el siglo XIX (diversificación productiva y paulatina incorporación de nuevos inputs), los pequeños campesinos desarrollaron un papel activo.
También el estudio de caso valenciano, de Salvador Calatayud y Jesús Millán, enfatiza el papel activo de los pequeños campesinos en el cambio agrario, tanto antes de las reformas liberales de la primera parte del siglo XIX como después de las mismas. Los autores investigan las bases sociales del dinámico capitalismo agrario valenciano y encuentran una gran diversidad. Por un lado, nos presentan sociedades rurales dominadas por elites (locales y urbanas) que controlan la propiedad de la tierra. Por el otro, nos presentan unos pequeños campesinos que, pese a acceder sólo de manera muy lenta y gradual a la propiedad de la tierra, tampoco se encuentran abocados a la proletarización total o al autoconsumo gracias a la generalización del arrendamiento.
El estudio de caso sobre la región de Galicia, por parte de Lourenzo Fernández Prieto y David Soto, muestra la gran incidencia que las condiciones ambientales tenían sobre el desarrollo de las agriculturas orgánicas. Dado que Galicia pertenece a la España atlántica, húmeda, su senda de cambio agrario durante el siglo XIX y el primer tercio del siglo XX fue distinta a la de la mayor parte del país. Aquí se produjo una clara intensificación de los sistemas de rotaciones de cultivos y una mayor tendencia al crecimiento ganadero. Un rasgo interesante de este cambio es que sus bases tecnológicas fueron en buena medida endógenas (basadas en el conocimiento local) o, cuando menos, resultantes de una interacción provechosa entre el conocimiento local y las aportaciones de unos técnicos sensibles a las inquietudes locales. Este sistema de innovación sería tras la guerra civil sustituido por otro de carácter más centralizado y tecnocrático, al tiempo que las instituciones locales que habían vertebrado a la comunidad campesina eran eliminadas o desactivadas.
Para concluir con esta segunda parte, Franco Cazzola sintetiza, con estilo ágil, la evolución de la cuestión de la tierra en Italia. Durante el periodo moderno se produjo, con algunas excepciones (como las zonas de montaña), una "conquista urbana de la tierra" que redujo la importancia de la propiedad campesina y los bienes comunales. La posterior "revancha campesina" tuvo lugar ya en el siglo XX, en dos oleadas: primero, durante las peculiares circunstancias del "bienio rojo" (1919-20); y, segundo, en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando los nuevos gobiernos de la Italia democrática aplicaron medidas encaminadas a fortalecer la pequeña propiedad campesina y aliviar las tensiones sociales en el campo.
La tercera parte del libro está dedicada a los aspectos ambiéntales del cambio agrario. El capítulo de Jesús Sanz trata sobre los paisajes de la región de Castilla y León durante el periodo comprendido entre el Neolítico y el Calcolítico. Con un estilo claro, muy conveniente para los que nos acercamos a este periodo desde un desconocimiento casi absoluto, Sanz sintetiza las principales novedades historiográficas de los últimos años, entre ellas que el Neolítico es más antiguo de lo que se pensaba y que el modelo de Ester Boserup de cambio agrario puede ser muy útil para comprender la evolución de las bases productivas de estas sociedades.
De vuelta al periodo contemporáneo, Manuel González de Molina plantea una interpretación estilizada del cambio agrario en España durante la parte final del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX. Ilustrando sus ideas con nítidos estudios de caso, el autor argumenta que, mientras que la escasez de mano de obra fue inicialmente el principal cuello de botella de los sistemas agrarios (que, pese a todo, mostraron capacidad -y no sólo extensiva- de crecimiento), para finales del siglo XIX la falta de estiércol se había convertido ya en el principal problema, abriendo la puerta a la introducción de abonos químicos y, por tanto, a la utilización (directa o indirecta) de fuentes de energía inorgánicas en los sistemas agrarios.
El capítulo de Enric Tello sintetiza los planteamientos y resultados de la línea de investigación que, junto con otros autores, viene desarrollando en los últimos años. Se trata de analizar la transformación histórica de los paisajes agrarios mediterráneos desde un punto de vista que integre dos mundos que tradicionalmente eran estudiados por separado: las transformaciones ambientales y paisajísticas, por un lado, y los cambios sociales y económicos, por el otro. El estudio de caso de la comarca catalana del Vallès entre mediados del siglo XIX y finales del XX ilustra las crecientes demandas energéticas de los sistemas agrarios conforme se produce su "modernización" tecnológica. También incide sobre la tendencia paralela a la desintegración de los usos del suelo: lo que antes era un conjunto integrado de usos agrícolas, ganaderos y forestales ha ido transformándose en una yuxtaposición de espacios desarticulados: especializados y altamente productivos en términos económicos, pero descoordinados desde el punto de vista territorial y peligrosos desde el punto de vista ambiental.
El capítulo final del libro, escrito por José Manuel Naredo, presenta los resultados de una detallada investigación empírica sobre la transformación de los usos del suelo en la región de Madrid durante el último medio siglo. Con la ayuda de numerosos datos cuantitativos y unos mapas muy elocuentes, Naredo muestra cómo se ha pasado de una situación inicial en la que unas pocas manchas urbanas se dispersaban por un amplio espacio agrario a una situación final inversa, en la que son los espacios agrarios los que se ven paulatinamente cercados por los usos urbanos. La región de Madrid avanzó durante el último medio siglo hacia un modelo de conurbación difusa en el que no sólo se expandieron notablemente los usos urbanos directos, sino también los usos indirectos. El autor sitúa estos cambios en el contexto de las sucesivas burbujas especulativas inmobiliarias en que basó su crecimiento la economía española, así como de la ausencia de voluntad política para mejorar los procedimientos de gestión y ordenación del territorio.
No cabe duda del interés de este libro, que reúne contribuciones de algunos de los principales historiadores agrarios españoles. Algunos capítulos tienen una orientación sintética que será muy útil para quienes se aproximen por primera vez a los debates de la historia agraria hecha en España, así como para quienes deseen ponerse al día. Otros capítulos están basados en mayor medida en la presentación de nuevos resultados y nuevas reflexiones, lo cual contribuye al equilibrio del conjunto. Resulta especialmente notable el avance registrado en los últimos años por las investigaciones de historia ambiental. Como muestran los trabajos contenidos en la última parte del libro, en la actualidad se ha superado ya la fase de sustentación teórica y definición de objetivos. Incluso se ha superado una primera fase empírica de identificación de variables y procesos básicos. Y ahora los historiadores ambientales se encuentran en una fase más sofisticada, especialmente visible en el trabajo de Tello, que obliga a los lectores a un esfuerzo suplementario, pero que también va a recompensarlos con una comprensión más profunda de las transformaciones contemporáneas.

Fecha de recibido: 22 de febrero de 2011.
Fecha de aceptado: 22 de febrero de 2011.
Fecha de publicado: 1 de junio de 2011.