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Agriscientia

versión On-line ISSN 1668-298X

Agriscientia v.23 n.1 Córdoba ene./jun. 2006

 

Bancos de semillas en el suelo

De Souza Maia, M.; F.C. Maia y M.A. Pérez

M. de Souza Maia, Depto. Fitotecnia, Faculdade de Agronomia Eliseu Maciel, Universidade Federal de Pelotas, Caixa Postal 354, 96100-090, Pelotas-RS, Brasil. F.C. Maia, Fundação Estadual de Pesquisa Agropecuária, Centro de Pesquisa da Região Sul, BR 392, km 36, Domingos Petrolini, 96200-970, Rio Grande-RS, Brasil. M.A. Pérez, Facultad de Ciencias Agropecuarias, U.N.C., CC. 509, 5000 Córdoba, Argentina. maiams@ufpel.edu.br

RESUMEN

En las comunidades vegetales, el banco de semillas en el suelo (BSS) constituye el potencial regenerativo. La reposición de los individuos a partir del BSS puede tener un efecto marcado en la composición y en los patrones de vegetación de la comunidad. Numerosas investigaciones se han llevado a cabo en bancos de semillas en hábitats agrícolas o en comunidades naturales. Esta revisión tiene como objetivo analizar los conceptos relacionados a BSS, los procesos de formación de éstos, las implicancias agrícolas y cómo esta información puede ser usada para la conservación de los sistemas productivos.

Palabras clave: Banco; Semillas; Suelo; Longevidad; Persistencia.

De Souza Maia, M.; F.C. Maia and M.A. Pérez, 2006. Soil seed banks. Agriscientia XXIII (1): 33-44

SUMMARY

In plant communities, the soil seed bank (SSB) represents their regenerative potential. The replacement of individuals from the seed bank may have profound effects on the composition and patterns of the vegetation within the community. Many investigations about seed banks have been made within agricultural habitats or in natural communities. The attempt of this review about the seed banks in the soil is to analyze the concepts related to SSBs, their formation, the agricultural implications and how this information might be used for the conservation of the productive systems.

Key words: Bank; Seeds; Soil; Longevity; Persistency.

Fecha de recepción: 23/03/06; fecha de aceptación: 05/07/06

INTRODUCCIÓN

El banco de semillas en una comunidad vegetal es la reserva de semillas maduras viables, en la planta (banco de semillas aéreo), enterradas en el suelo y las presentes en los residuos vegetales (banco de semillas del suelo), según lo propuesto por Roberts (1981). Particularmente, Henderson et al. (1988) se refieren al banco de semillas en el suelo (BSS) como el conjunto de semillas que representan el potencial regenerativo de las comunidades vegetales. Al respecto, Cook (1980) sostiene que la presencia de semillas en cantidad y tipo en un área específica resulta dependiente de la historia de la vegetación de cobertura y de la edad de la flora en el suelo.

En relación a ello, se deduce que el BSS es un componente importante de la dinámica vegetal y una estrategia de sobrevivencia de las especies a lo largo del tiempo. Sucesivas investigaciones han demostrado estrecha relación entre los BSS y la dinámica poblacional de las especies (Milberg, 1992; Boccanelli & Lewis, 1994; Bakker et al., 1997; Bekker et al., 1997; Kalamees & Zobel, 1997; Morgan, 1998; Favreto et al., 2000; Loge, 2001; Maia et al., 2003, 2004). Así el conjunto de semillas sumado a la estructura vegetativa aseguran, en el caso de los sistemas agropastoriles, la perennidad de la mayoría de las especies que constituyen la diversidad florística.

Además de la importancia productiva, el BSS puede cumplir un papel fundamental en la recuperación de áreas que sufrieron drásticos procesos de disturbio, por lo que se hace necesaria la implementación de prácticas de manejo y conservación de los bancos de semillas, para el mantenimiento de la diversidad florística y la sustentabilidad social y ecológica de estos ecosistemas.

La importancia del conocimiento de la ecología de las semillas y de sus reservorios para el estudio de las comunidades, ha sido abordada por numerosos autores (Heydecker, 1973; Harper, 1977; Roberts, 1981; Fenner, 1985, 2000; Leck et al., 1989; Bekker, 1998);así como se registran estudios sobre longevidad de BSS (Bekker, 1998; Vyvey, 1989a,b; Bernhardt & Poschlod, 1993; Milberg, 1990; Thompson et al., 1997). En la actualidad no hay ningún área de la ecología vegetal moderna que no considere el estudio y análisis de los BSS, debido a su vinculación directa en la ecología de recuperación de especies y comunidades (Bakker et al., 1996). Debido a la creciente preocupación ocasionada por la intensa degradación antrópica, creció el interés en estudiar los BSS con el objetivo de desarrollar modelos de predicción de sucesión vegetal más reales (Medeiros, 2000).

El objetivo de esta revisión es brindar una visión integrada de los conocimientos actuales sobre los BSS y sus posibles implicancias en la agricultura.

Formación de los bancos de semillas en el suelo

La formación del BSS se inicia con la dispersión y finaliza con la germinación o muerte de las semillas (Jeffrey, 2005). Su dispersión alrededor de la planta que le dio origen, establece una distribución determinada en la superficie de suelo (Phillips, 1954). Respecto a ello, la agregación de las semillas que caen en un área particular depende de una variedad de factores tales como la altura, la distancia y la distribución de la fuente de semillas, de los agentes de dispersión y la capacidad de dispersión de las semillas (Harper, 1977).

Según Glenn-Lewin et al. (1992), el éxito en la dispersión depende de cinco factores estrictamente vinculados a las semillas: cantidad producida, forma de transporte, periodo y distancia de dispersión e índice de semillas dispersas. Al respecto, Mortimer (1974) demostró que la traslación horizontal de las semillas, en algunos casos de hasta 38 cm por día, se debe a la acción de los animales, la lluvia o la forma redondeada de la semilla, que facilita su rodamiento en superficie. Mientras que el movimiento vertical se puede explicar ya que las semillas penetran en el suelo a través de canales o ralladuras de origen biológico, ya sea por la acción animal o en espacios dejados por raíces muertas. Asimismo, semillas pequeñas pueden penetrar en el suelo por acción de las lluvias o alojarse en grietas provocadas por la sequía. En particular, las plantas herbáceas son excepcionales colonizadoras y su gran capacidad de dispersión está asociada a un conjunto de atributos o estrategias biológicas, las que se detallan en la Tabla 1 (Cook, 1980).

Tabla 1. Estrategias biológicas de las especies para el logro de su dispersión en el espacio y en el tiempo.

Además de las estrategias de dispersión, otro mecanismo que contribuye a la sobrevivencia de las especies y establecimiento de bancos de semillas, es la distribución de la germinación en el tiempo. De esta manera, todas las semillas producidas y dispersadas en un determinado año no necesariamente germinarán al año siguiente. Muchas de esas semillas pueden permanecer en estado de dormición o presentar inhibición de la germinación, después de caer en el suelo (Mayer & Poljakoff-Mayber, 1989). En su conjunto las semillas que caen y permanecen en el suelo, dormidas o no, después de la diseminación constituyen los llamados bancos de semillas.

Tipos de bancos de semillas en el suelo

Diferentes autores proponen clasificar a los BSS teniendo en cuenta características tales como la viabilidad y la longevidad, que hacen a la persistencia de los bancos. Así, Thompson & Grime (1979) clasifican a los BSS de acuerdo a la viabilidad de las semillas en las siguientes categorías:

BSS transitorio: es aquél en el cual, ninguna de las semillas persiste viable por más de un año.

BSS persistente: es aquél que contiene semillas viables por más de un año.

Los mismos autores, al comparar estudios morfofisiológicos de la germinación de las semillas presentes en los bancos, amplían su clasificación con las siguientes categorías:

BSS tipo I: son bancos transitorios con especies estivales. Incluye este grupo un gran número de gramíneas cuyas semillas se dispersan hacia el final de la primavera y durante el verano, para luego germinar de manera sincronizada en las condiciones frescas y húmedas del otoño. Las especies encontradas en los estudios realizados por Thompson & Grime (1979) fueron: grandes y perennes como Arrhenatherum eliathus L., Bromus erectus L., Dactylis glomerata L., Festuca rubra L., Helictotrichon pratense L., Lolium perenne L.; gramíneas menores como Briza media L., Festuca ovina L., Koeleria cristata Pers.; y especies anuales como Bromus mollis L., B. sterilis L., Hordeum murinum L., Lolium multiflorum Lam. y Vulpia fasciculata (Forssk.) Samp.

Las especies que forman este tipo de banco no presentan dormición, pero sí elevada capacidad de germinar en una amplia gama de temperaturas, tanto en oscuridad como con luz. Es evidente que con tales características las semillas logran germinar rápidamente luego de su dispersión.

En estos bancos los mecanismos regenerativos aseguran la reposición de plantas durante la estación favorable, afectadas sólo por los niveles de mortalidad previsibles.

Los bancos tipo I responden por sus características, al comportamiento de las pasturas sometidas a disturbios estacionales ocasionados por la sequía o pastoreo.

BSS tipo II: son bancos transitorios con especies de regiones continentales de zonas templadas. En estas áreas geográficas, el crecimiento de las plantas hacia el final del otoño y durante el invierno es restringido por las bajas temperaturas. Las semillas son relativamente grandes (Heracleum sphondylium L., Mercurialis perennis L., Pimpinella major (L.) Huds., P. saxifraga L.); germinan en un amplio rango de temperaturas y en ausencia de luz. Este tipo de bancos representa una adaptación específica que retrasa la germinación hasta el inicio de la estación de crecimiento.

BSS tipo III: son bancos persistentes en los cuales muchas de las semillas germinan después de la dispersión, y las que no lo hacen se incorporan al suelo. Este modelo incluye especies pequeñas de herbáceas anuales como Arabidopsis thaliana (L.) Heynh. y Arenaria serpyllifolia L., y gramíneas como Poa annua L. y P. trivialis L.

BSS tipo IV: son bancos persistentes en los cuales pocas semillas germinan inmediatamente después de la dispersión, y las especies mantienen un BSS cuyo tamaño está estrechamente relacionado con la producción de semillas anuales (Calluna vulgaris L., Juncus effusus L., Milium effusum L., Origanum vulgare L.).

Entre los bancos tipo III y IV, aun cuando ambos son persistentes, existen diferencias en lo relativo a la fisiología de las semillas que los constituyen. Además, presentan variaciones entre años y localidades que determinan las proporciones de semillas que se incorporan al reservorio. Si bien la mayoría de las semillas son de tamaño pequeño, hay algunas especies con semillas grandes que poseen mecanismos de dormición innata, que aumentan las posibilidades de ser enterradas, como es el caso de Galium palustre L., Galium saxatile L., Potentilla erecta (L.) Raeusch. y Trifolium repens L. Al respecto, la acción de los animales favorece la incorporación de las semillas en el suelo, al acelerar su enterramiento (Mortimer, 1974).

El diagrama de la Figura 1, propuesto por Thompson & Grime (1979), representa de manera clara los cuatro tipos de BSS establecidos por estos autores. El banco tipo I formado por pastos anuales y perennes de hábitats secos o perturbados; el tipo II, representado por hierbas anuales y perennes, que colonizan los espacios vegetativos en la primavera tempranal; el tipo III, conformado por especies que germinan en el otoño, pero que mantienen un pequeño banco de semillas persistentes y el tipo IV, constituido por hierbas y arbustos anuales y perennes con un gran número de semillas persistentes. La clasificación desde la perspectiva de Thompson & Grime (1979), presenta la desventaja de no aportar elementos acerca de la longevidad, ni sobre las posibles prácticas que establezcan manejos adecuados para la restauración de los ambientes. Una versión modificada de esta clasificación fue propuesta por Bakker (1989) y Bakker et al. (1991), descrita por Thompson (1992) y Jeffrey et al. (2005), y divide a los BSS en tres tipos:


Figura 1
. Diagrama representativo de la caracterización de cuatro tipos de bancos de semillas (I, II, III y IV), de acuerdo a su comportamiento estacional. Áreas sombreadas: proporción de semillas capaces de germinar inmediatamente. Áreas blancas: proporción de semillas viables pero que no germinan inmediatamente. (Thompson & Grime, 1979).

Transitorios: bancos cuyas especies persisten en el suelo menos de un año, normalmente pocos meses.

Persistentes de corto plazo: bancos con semillas de especies que persisten en el suelo por lo menos un año y hasta 5 años.

Persistentes de largo plazo: bancos con semillas de especies que persisten en el suelo por lo menos 5 años. Este tipo, originalmente denominado "permanente" por Bakker (1989), es el único que contribuye a la regeneración de comunidades vegetales degradadas o destruidas.

En la Figura 2 se presenta una clave dicotómica que permite identificar estos tres tipos de BSS. Una clasificación posterior (Figura 3) involucra la dinámica del BSS considerando el comportamiento estacional, distribución en profundidad y la lluvia de semillas de las especies establecidas (Poschlod & Jackel,1993).

Figura 2. Clave dicotómica para identificar los tres tipos de bancos de semillas propuestos: transitorio, persistente de corto plazo persistente de largo plazo.


Poschlod & Jackel,1993
Figura 3. Dinámica de bancos de semillas en el suelo de acuerdo al comportamiento estacional, distribución en profundidad y la lluvia de semillas de las especies establecidas.

Las clasificaciones de los BSS deben ser realizadas en sentido amplio, a fin de ser usadas como herramientas por los investigadores para reconocer las características de los sistemas en estudio, para poder determinar la metodología adecuada e interpretar su dinámica.

Persistencia y dormancia

La persistencia de las especies en un determinado ambiente está asociada, entre otros factores, a su estrategia de colonización, y consecuentemente, involucra al banco de semillas almacenado en el suelo (Miles, 1978).

Para la mayoría de las especies, el papel de la dormición en la persistencia de las semillas es solamente el de regular la época del año en la cual una semilla puede responder a los estímulos, desencadenando el proceso de germinación o bien inhibiéndolo después de la dispersión (Fenner & Thompson, 2005). Así, muchas especies persisten en el suelo años o décadas como semillas no dormidas (Thompson, 2000). Cabe destacar que la inhibición de la germinación puede deberse a la ausencia de condiciones ambientales adecuadas, principalmente luz, durante parte del periodo en el cual las semillas no están dormidas, pero no germinan. El único tipo de dormición que puede indudablemente ser responsable de la persistencia de las semillas es la dormición física, debida a la presencia de tegumentos impermeables (Baskin & Baskin, 2001).

El análisis realizado por Thompson et al. (2003) establece la relación entre semillas dormidas y su persistencia en el suelo. Dicho análisis demuestra que, aunque las semillas no dormidas manifiesten una leve tendencia a ser menos persistentes, la dormición no es condición necesaria ni suficiente para la conformación de un BSS persistente. Así todas las combinaciones de persistencia y dormancia son posibles. Al respecto, Baskin & Baskin (2001) demostraron de manera convincente que las especies con semillas de gran persistencia pueden pasar por repetidos ciclos estacionales de dormición (e.g. Lamium purpureum), estar inicialmente dormidas para luego perder esta condición y así permanecer (e.g. Rumex crispus), o bien desde el comienzo no estar dormidas (e.g. Digitalis purpurea). Del mismo modo, semillas que permanecen en el suelo durante un corto periodo pueden estar profundamente dormidas durante la dispersión (e.g. Heracleum sphondylium). Por lo expuesto resulta evidente, y de acuerdo a lo propuesto por Thompson (2000), que la persistencia de las semillas en el suelo no es directamente dependiente de su estado de dormición.

Persistencia y longevidad

La composición del banco de semillas depende de la presencia y producción de las especies de la comunidad vegetal anterior y presente (Marone et al., 2000), así como de la longevidad de las semillas en las condiciones locales (López-Mariño et al., 2000). Al respecto, semillas de especies perennes no permanecen viables en el suelo tanto tiempo como las anuales (Roberts, 1970; Pettit & Froend, 2001), que pueden presentar periodos de vida extremadamente largos (Cook, 1980). Así, semillas de la mayoría de las especies de gramíneas pueden germinar inmediatamente después de desprenderse de la planta madre, y pocas exhiben dormición prolongada o retienen la viabilidad en el suelo por largos períodos (Grime et al., 1981; Howe & Chancellor, 1983; Williams, 1984). Solamente pocas especies de gramíneas con semillas pequeñas (e.g. Agrostis spp., Poa annua L., Holcus lanatus L.) forman grandes bancos que se concentran próximos a la superficie del suelo (Douglas, 1965; Howe & Chancellor, 1983).

En todos los casos, la persistencia depende del hecho de evitar la germinación en circunstancias inapropiadas (Thompson, 2000), y existe una marcada variación inter e intraespecífica en un mismo hábitat (Sarukhán, 1974; Thompson et al., 1997).

Según lo propuesto por Alexander & Schrag (2003), la sobrevivencia de las semillas así como el tamaño del BSS, dependen de las condiciones de enterramiento y hábitat, edad de la semilla, densidad y predación, que afectan el flujo de entrada de semillas en el suelo. Se considera que el paso crucial en la formación de un banco persistente es el hecho de enterrar la semilla, ya que si permanece en la superficie probablemente germine o sea objeto de predación. Una vez enterradas, ambas situaciones se vuelven menos probables, dado que la mayoría de las especies germinan en presencia de luz o aparece éste como un requerimiento inducido al estar bajo el suelo (Wesson & Wareing, 1969a, 1969b). Además, la mayoría de los predadores son herbívoros de superficie (Thompson, 1987; Van der Wall, 1994; Price & Joyner, 1997). Cabe destacar que las semillas más pequeñas son enterradas más fácilmente (Peart, 1984; Thompson et al., 1994), representan un alimento más difícil para los predadores (Hulme, 1998) y requieren mayor estímulo lumínico para poder germinar (Milberg et al., 2000).

Es de conocimiento general que tanto el tamaño de las semillas como la dispersión están negativamente correlacionadas con la persistencia. Según Rees (1993) las semillas persistentes más pequeñas poseen menor probabilidad de ser efectivamente dispersadas. Las características de las semillas persistentes de ser pequeñas y compactas, ofrecen la posibilidad de poder predecir la persistencia a través de simples mediciones del tamaño y forma seminal (Leck, 1989; Tsuyuzaki, 1991; Thompson et al., 1993; Bekker et al., 1998a; Funes et al., 1999; Kyereh et al., 1999; Dalling & Hubbell, 2002; Cerabolini et al., 2003; Peco et al., 2003).

Sin embargo, Leishman & Westoby (1998), en sus estudios realizados en Australia, sostienen que no existe relación entre el tamaño de la semilla y su persistencia. Esto puede ser explicado por la alta frecuencia de aparición de semillas duras (Fenner & Thompson, 2005). Analizando los datos aportados por Leishman & Westoby (1998), se observa que existe una alta frecuencia de aparición de semillas duras; entre ellas, las persistentes son de mayor tamaño expresado en peso (3-30 mg) respecto a las semillas persistentes sin dureza (< 3 mg).

Otra característica a tener en cuenta es que la impermeabilidad de los tegumentos en semillas grandes persistentes, cumple la función de defensa ante predadores (Fenner & Thompson, 2005). Al respecto, Van der Wall (1993, 1995, 1998) ha demostrado que los roedores son capaces de detectar a las semillas por el olfato, pero son incapaces de detectar a las semillas secas enterradas. Además, el consumo selectivo por los animales granívoros repercute en la variación temporal de la presencia de especies preferidas por los mencionados predadores (Henderson et al., 1988).

Respecto al contenido de humedad de semillas enterradas, los estudios realizados por Vázquez-Yanes & Orozco-Segovia (1990) han demostrado que semillas de cinco especies tropicales pioneras, de alta sobrevivencia en el suelo, permanecieron viables después de siete años de almacenamiento en estado de imbibición, mientras que las semillas secas de las mismas especies murieron después de los tres años. Este comportamiento puede explicarse teniendo en cuenta que, por encima de determinado contenido de humedad, mayor es la longevidad con el aumento de la humedad y la disponibilidad de oxígeno, cuando la germinación y los patógenos son controlados (Thompson, 2005). En estas condiciones, la semilla presenta el metabolismo alto y se activan más rápidamente los mecanismos de reparación (Villiers & Edgecumbe, 1975). En relación a ello, y de acuerdo con lo propuesto por Priestley (1986), en climas húmedos donde las semillas absorben y pierden agua, la persistencia en el suelo depende de los mecanismos de reparación, por lo que las semillas en un banco persistente están aparentemente inactivas, y es un error asumir que están inertes. Sumado a ello, recientes estudios han establecido una intensa síntesis proteica en semillas enterradas (Gonzalez-Zertuche et al., 2001), lo que pone en evidencia una elevada actividad metabólica seminal.

Por otra parte, el contenido de agua en el suelo puede afectar la sobrevivencia de las semillas, modificando la composición y el tamaño de los BSS (Ibrahim & Roberts, 1983; Maia et al., 2004). Existen evidencias de que la sobrevivencia en suelos saturados disminuye drásticamente en especies de plantas de hábitat terrestre (Skoglund & Verwijst, 1989), o bien no disminuye entre especies que crecen en sustratos saturados (Van der Valk & Davis, 1976). Este último comportamiento puede explicarse, si se tienen en cuenta las adaptaciones metabólicas que permiten a las semillas sobrevivir y hasta germinar en condiciones de completa anaerobiosis (Kennedy et al., 1980; Bekker et al., 1998c).

Se ha sugerido también que la composición química de las semillas puede influenciar tanto en la dispersión como en la persistencia (Lokesha et al., 1992). La acumulación de lípidos parece favorecer la dispersión anemocórica, debido a una reducción gravimétrica y a la mayor disponibilidad de energía por unidad de peso, respecto al aporte de las proteínas y carbohidratos. Lokesha et al. (1992) sugieren además que semillas oleaginosas pueden presentar menor longevidad debido a la susceptibilidad a la peroxidación lipídica en semillas secas. No hay evidencias experimentales de que dicho proceso sea la causa de la disminución de la longevidad en semillas oleaginosas embebidas (Thompson, 2000). Asi mismo, la producción de metabolitos secundarios tales como ortho-dihidroxifenol y otros fenoles vegetales incluyendo a los taninos, pueden ejercer un efecto repelente contra predadores y por lo tanto actuar alargando la longevidad (Hendry et al., 1994).

Además de considerar como principales riesgos de las semillas enterradas a los factores bióticos, sería un error ignorar los efectos climáticos sobre la persistencia de las semillas (Funes et al., 2003). En los estudios sobre BSS de acuerdo al gradiente altitudinal realizados por Cavieres & Arroyo (2001), se establece que existe una interacción muy compleja de los efectos de la genética y del ambiente en la persistencia de las semillas. Un aspecto muy interesante a ser considerado es si la persistencia se trata primeramente de una característica particular de la semilla o de ciertos ambientes. Al respecto, Fenner & Thompson (2005) sugieren que la persistencia de las semillas, si bien es una característica de la especie, puede ser modificado de acuerdo a las condiciones ambientales a las cuales la semilla esta expuesta. Poco se sabe acerca de los efectos potenciales de las alteraciones climáticas en los bancos de semillas. En la intención de correlacionar la persistencia de las semillas con el clima, es casi imposible separar los efectos directos sobre el banco de los efectos indirectos que se ocasionan sobre las plantas adultas (Fenner & Thompson, 2005), por lo que se hace necesario realizar mas estudios en vinculación a este tópico. En particular en áreas desérticas, la distribución altamente heterogénea de semillas en el suelo, está estrechamente vinculada a las características del microhábitat analizado (Marone et al., 2004).

Cabe destacar que la longevidad de las semillas está altamente correlacionada con el índice de extinción de determinadas especies (Stocklin & Fischer, 1999). Así, la longevidad de las semillas es un aspecto muy importante a tener en cuenta para las prácticas de manejo que tengan como objetivo la recuperación de áreas degradadas (Bekker et al., 1998a, 1998b; Bakker & Berendse, 1999). Además, se constituye en un rasgo de vulnerabilidad de la vegetación en extinción, inclusive la de sus BSS, atendiendo a la necesidad de su conservación y la posibilidad de regeneración (Bekker et al., 1998c). La relación entre la composición del BSS y la vegetación es particularmente importante en áreas que sufren diferentes tipos de manejo (López-Mariño, 2000; Shaukat & Siddiqui, 2004).

CONSIDERACIONES FINALES

El BSS debe ser entendido como el conjunto de semillas viables sobre y en el suelo, lo cual implica la existencia actual de unidades reproductivas, así como el potencial regenerativo de una comunidad vegetal.

La formación de un BSS, está determinada por los movimientos horizontal y vertical de las semillas. Si bien éstos están afectados por una serie de factores, la penetración de las semillas en el suelo resulta crucial. De esta manera, el aumento en la probabilidad de enterramiento está ligado al incremento de la persistencia de las semillas. Numerosos estudios han demostrado la estrecha relación entre el tamaño de las semillas y la factibilidad de penetración en el suelo. Sin embargo, la incorporación mecánica por acción del hombre hace que las semillas se vuelvan persistentes independientemente de su tamaño.

Por otra parte, los estudios de semillas enterradas naturalmente pueden proveer evidencias directas sobre la longevidad de las semillas e inferir con razonable precisión si una especie creció en un área determinada. Además, la distribución vertical de las semillas en el suelo ofrece una evidencia indirecta de la longevidad, ya que se asume que las semillas más viejas son las que se encuentran a mayor profundidad. En este simple análisis se debería tener en cuenta el efecto de los factores bióticos en el movimiento de transporte vertical.

La capacidad de las semillas de poder persistir en el suelo les posibilita germinar, aún cuando no lo hayan podido hacer en una primera instancia. La interpretación de los datos aportados por diferentes investigadores, conduce a conclusiones controvertidas sobre la persistencia de las especies en diferentes hábitats y por ende la identificación de un BSS como transitorio o persistente.

Es evidente el escaso conocimiento acerca de los efectos potenciales de las alteraciones climáticas sobre los BSS, ya que es dificultoso separar los efectos directos sobre el mismo reservorio de aquellos efectos ocasionados sobre las plantas madres que le dieron origen. Así mismo, las relaciones entre persistencia, dispersión, tamaño de las semillas y predación han sido discutidas por los investigadores en términos de combinaciones adaptativas. Sin embargo, no debe descartarse la simple restricción biofísica que determina límites posibles para asegurar la persistencia.

De acuerdo a lo expuesto se concluye que los estudios de los BSS según las variables temporales y espaciales resultan de sumo interés y de vital importancia para comprender la dinámica de las poblaciones y el establecimiento de las plantas. Cabe destacar que los BSS son altamente ventajosos en comunidades vegetales anuales típicamente agrícolas, que deben soportar alteraciones y mayor cantidad de disturbios, y en las cuales la persistencia de las semillas es mayor respecto a especies perennes. El manejo cultural de estas áreas por el hombre debe estar orientado según el conocimiento de la dinámica de los BSS que actúan como reservorios naturales.

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