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Interdisciplinaria

versión On-line ISSN 1668-7027

Interdisciplinaria v.21 n.2 Buenos Aires ago./dic. 2004

 

Neuroticismo, extraversión y estilo atribucional en veteranos de guerra: una aproximación desde el estrés postraumático

Alejandro Enrique *

* Licenciado en Psicología. Moreno 153, (3150) Nogoyá, Entre Ríos - República Argentina. E-Mail: alejoenrique@hotmail.com

Resumen

   Las personas que experimentan un evento traumático (guerra, desastres naturales, abuso sexual, entre otros), a menudo suelen desarrollar un tipo específico de patología clínica conocida como Síndrome de Estrés Postraumático que frecuentemente está asociada a una serie de trastornos con una fuerte incidencia negativa en la mayoría de los casos, en todos los aspectos de la vida cotidiana de quienes lo padecen. En particular en el caso de los veteranos de la guerra de las Islas Malvinas, que no tuvieron la posibilidad de contar con asistencia psicológica y contención emocional post-guerra, la presencia de este síndrome se encuentra asociada a un estilo atribucional desadaptativo o pesimista, como así también a mayores niveles de neuroticismo y menores de extraversión en comparación con la población general, lo que se traduce en mayores niveles de ansiedad flotante, escasa capacidad de control de los impulsos, inestabilidad emocional e incapacidad para generar y mantener relaciones sociales estables, con respecto a los excombatientes que no desarrollaron estrés postraumático.

Palabras clave: Veteranos de guerra; Estrés postraumático estilo atribucional; Neuroticismo; Extraversión.

Abstract

   The people who go through a traumatic experience such as: war, natural disastrers, and sexual abuse, among others, are prone to develop a specific kind of clinical pathology known as Post-traumatic Stress Disorder (PTSD). This pathology, with its particular characteristics, frequently appears in tandem with a series of associated disorders, as well as a strong incidence (negative in most cases) in every aspect of the daily lives of the people who suffer from it. In the particular case of the Falckland Islands war veterans, the presence of the syndrome in the people who did not have the possibility of psychological assistence and post war emotional contention, is associated to a pessimistic or disadaptative attributional style, as well as to higher levels of neuroticism and lower levels of extraversion when compared to the normal population. As a result, they suffer from higher levels of floating anxiety, poor impulse control, emotional instability and incapability of generating and maintaining steady social relationships. On the other hand, those veterans who showed the symptoms presented meaningful differences, in same variables, as opposed to the war veterans that did not develop PTSD. War veterans who suffered PTSD showed higher levels of neuroticism and lower levels of extraversion when compared to the war veterans that did not develop PTSD; the first group of veterans also showed an more disadaptative attributional style when compared to the veterans without PTSD. The presence of PTSD in the veteran group is associated with a series of high risk health behaviors, such as adictive-dependient behavior and others relationed to evasive and disadaptative coping. Veterans with PTSD developed higher levels of neuroticism and showed more susceptibility to negative stimulation and stress vulnerability. Thus, they also show a higher tendency to experience anger and problems to control their desires and impulses. On the other hand, lower levels of extraversion make it more difficult for a person to experience interpersonal intimacy, to enjoy the company of other people and experience feelings like happiness, joy and excitement. There too is a relationship between PTSD and a unadaptative attributional style with an internal, global and stable causality to explain failure; this is the same attribu-tional style of depressive patients. This attributional style like a beliefe system is associated with the tendency to develop psychological problems.

Key words: War veterans; Post-traumatic Stress Disorder attributional style; Neuroticism; Extraversion.

Introducción

   En tiempos de paz, la vida bajo las normas de la disciplina militar es muy diferente con respecto a las condiciones normales de la vida civil. La guerra constituye un hecho traumático para la sociedad en general, pero particularmente para sus participantes más directos, es decir, los soldados. Esta deja secuelas y marcas de consecuencias muy difícilmente predecibles (Borini, González Trejo, Solano & Madrid, manuscrito no publicado). La reinserción en la sociedad luego de una guerra requiere considerables modificaciones en los hábitos y actitudes de los ex-soldados (Young, 1969), sobre todo aquellos que resultan más expuestos a las secuelas (tanto físicas como psicológicas) derivadas de un evento traumático de esta magnitud.

Estrés: Consideraciones generales

   Según los encuadres teóricos, una gran cantidad de investigadores han definido al estrés desde perspectivas muy diferentes. Las primeras conceptualizaciones se encuentran desde las ciencias físicas (Hinkle, cf. Lazarus & Folkman, 1986). Cannon (cf. Fierro, 1996) en una de las primeras aproximaciones al estudio sistemático del estrés en seres humanos, describe lo que denominó respuesta de huída, para hacer referencia a la reacción del organismo ante cualquier demanda. Seyle (1936, cf. Fierro, 1996), uno de los pioneros de la investigación en esta temática, definió al estrés en términos fisiológicos como una respuesta corporal ante la demanda de una situación cualquiera y denominó a este conjunto de reacciones fisiológicas Síndrome General de Adaptación.

   Algunos investigadores se contraponen a Seyle y sostienen que determinados estímulos productores de estrés generan un perfil específico del cambio hormonal (Lazarus, 1980).

Investigaciones posteriores se orientaron al estudio de diferencias individuales, tanto en lo que se refiere al tipo de factores que desencadenan la respuesta al estrés, como así también a la naturaleza de dicha respuesta. Entre la presencia del estresor y la respuesta al estrés debe ocurrir algo que permita explicar las condiciones en que un individuo presentará tales manifestaciones (Fierro, 1996).

   Si las reacciones al estrés no dependen totalmente de lo que ocurre en sí, sino más bien de cómo se perciben los acontecimientos, la forma en que se sienten se debe en gran medida a la forma en que se piensa sobre los eventos que suceden. Lazarus (Lazarus & Folkman, 1986) define al estrés psicológico como:

"la relación particular entre el individuo y el entorno que es evaluado por éste como amenazante o desbordante de sus recursos y que pone en peligro su bienestar" (p. 43).

   El núcleo central de la interacción entre el individuo y el entorno está dado por un conjunto de procesos a través del cual el individuo valora el nivel de equilibrio entre él y el entorno e intenta mantener o reestablecer dichos equilibrios a niveles adaptativos.

Síndrome de Estrés Postraumático

   Se ha diferenciado un tipo particular de estrés cuyo estudio comenzó a desarrollarse sistemáticamente con posterioridad a la Guerra de Vietnam (Hyams, Wignall & Roswell, 1996). Esta sintomatología denominada Síndrome de Estrés Postraumático (Post-Traumatic Stress Disorder - PTSD) inicialmente llamada Síndrome Post-Vietnam, se refiere a las consecuencias a largo plazo de la exposición a un estresor psicológico extremo.

   El concepto de PTSD ocupó un importante vacío en la teoría y práctica psiquiátrica. El cambio significativo que se introdujo fue la estipulación de un agente etiológico que se encuentra fuera de la persona (el even-to traumático) en contra de un déficit inherente a ella (neurosis traumática). Para entender el concepto de PTSD se debe partir del concepto de trauma. El evento traumático fue considerado como un estresor catastrófico que se encuentra fuera del rango de la experiencia humana común (Friedman, 1997). En el DSM-IV (APA, 1995) sus criterios diagnósticos incluyen una historia de la exposición a un evento traumático y características particulares de los tres grupos diferentes de síntomas: Reexperimentación, evitación y aumento de la activación.

   Van der Kolk, Mc Farlane y Wiesaeth (1996) sostienen que la diferencia que existe entre quienes desarrollan el síndrome y quienes sufren de estrés transitorio radica en que los primeros organizan su vida en torno al trauma. Por lo tanto lo que rige las dimensiones biológicas y psicológicas del síndrome es la persistencia de los recuerdos intrusivos y angustiantes, más que la experiencia del evento traumático.

   Beck y Emery (1985) puntualizan que la vulnerabilidad, más específicamente la percepción de la misma, es central en el desarrollo del estrés postraumático ya que las amenazas son percibidas como más peligrosas de lo que realmente son, por la cantidad de esquemas cognitivos empleados para hacer esa evaluación. Se puede concebir a la vulnerabilidad como una potencial amenaza que se transforma en activa cuando realmente pone en peligro al individuo (Lazarus & Folkman, 1986). Un evento traumático vivido le demostró que no fue capaz de defenderse ante el trauma y por lo tanto es nuevamente vulnerable (Beck & Emery, 1985). El PTSD es único entre otros diagnósticos psiquiátricos porque en él ocupa un lugar importante el evento traumático como agente etiológico. La experiencia traumática es filtrada a través de procesos cognitivos y emocionales antes de ser apreciada como extremadamente amenazante. Esto ocurre porque existen diferencias individuales en este proceso de apreciación; las personas parecen tener diferente susceptibilidad al trauma, algunas más protegidas y otras más vulnerables al desarrollo de síntomas luego de la exposición a una situación extremadamente estresante (Friedman, 1997).

   Algunos investigadores sugieren que el PTSD es la consecuencia de una interrupción en el proceso normal de recuperación; esto es crucial para el desarrollo y mantenimiento del síndrome. Por otro lado hacen hincapié en dos cogniciones disfuncionales básicas que intervienen en su desarrollo: que el mundo es completamente peligroso y que uno mismo es totalmente incompetente (Foa & Riggs, 1993; Foa, Steketee & Rothbaum, 1989, cf. Foa, Tolin, Ehlers, Tolin & Orsillo, 1999). La presencia de conceptos rígidos sobre uno mismo y sobre el mundo (ya sean positivos o negativos) tornan a los individuos vulnerables al PTSD, ya que ellos no tienen la capacidad de readaptar sus esquemas cognitivos, lo que dificulta la asimilación de la experiencia traumática. (Foa et al., 1999).

Criterios diagnósticos del Estrés Postraumático

   Los criterios que establece el DSM-IV (American Psychiatric Association, 1995) para el diagnóstico del PTSD identifican tres grandes grupos de síntomas, teniendo en cuenta que previamente debe haber existido exposición a un evento, caracterizada por muertes o amenazas para la integridad física propia y de los demás y una respuesta de desesperanza, temor u horror intensos ante este evento:

1.- Reexperimentación del evento traumático a través de recuerdos reiterados o pensamientos intrusivos y sueños de carácter recurrente que provoquen malestar clínicamente significativos. Keane, Wolf y Taylor (1987) plantearon la posibilidad de reproducir los síntomas del síndrome en laboratorio, exponiendo a los individuos afectados a estímulos traumáticos auditivos o visuales.

2.- Evitación de estímulos asociados al trauma como pueden ser los esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el evento traumático, esfuerzo por evitar lugares o personas que motiven el recuerdo del trauma, reducción del interés o participación en actividades significativas, sensación de desapego, restricción de la vida afectiva, entre otros.

3.- Aumento de la activación con síntomas tales como dificultades para conciliar y mantener el sueño, irritabilidad, dificultades para concentrarse, hipervigilancia.

   Una serie de estudios acerca de los efectos del PTSD en la adaptación del individuo al curso normal de la vida muestran la comorbilidad de este trastorno con otras patologías. Kofoed, Friedman y Peck (1993) demostraron que entre un 60 y un 80% de veteranos de la Guerra de Vietnam sufren problemas por abuso de alcohol. Individuos que padecen PTSD y que tienen problemas de abuso de alcohol pueden presentar con posterioridad desórdenes tales como ataques de pánico, fobias, depresiones, déficit atencional, trastornos de personalidad antisocial, entre otros. Chilcoat y Breslau (1998) y Brown, Stout y Gennon-Rowley (1998) afirmaron que existe un aumento en el riesgo o dependencia de drogas en personas que padecen PTSD. Su presencia aumenta también el riesgo de manifestar problemas de somatización (Andraski, Chilcoat & Breslau, 1998) o de sueño (Neylan et al., 1998).

Estilo atribucional

   La explicación de las causas de los eventos y las conductas se denomina atribución y se refiere a un proceso cognitivo interno por medio del cual un individuo establece el origen causal de un hecho (Nieto, 1993).

   Particularmente Seligman (1990) considera al estilo atribucional como un rasgo de personalidad que se adquiere en la infancia, se desarrolla a lo largo de la vida y se manifiesta como una tendencia a realizar determinadas inferencias atributivas. Algunos autores sostienen que el estilo atribucional puede considerarse como un rasgo de personalidad (Mercado, García, Fernández & Gómez, 1993).

   Inicialmente Heider (1958) identificó dos categorías de atribuciones: internas y externas. Estudios posteriores en el campo de la atribución ampliaron las categorías. Weiner (cf. Hewstone, 1992) desarrolló un planteo multicausal y posteriormente perfeccionó la estructura de causalidad percibida, determinando así un sistema de clasificación basado en tres propiedades llamadas estructuras o dimensiones causales: locus, estabilidad y controlabilidad o control (Wallace, 1997).

-Locus:Se refiere al origen de la atribución y su emplazamiento puede ser interno o externo al individuo.

-Estabilidad: Es la segunda dimensión causal y alude a la duración de la atribución.

-Controlabilidad o control: Describe el grado de control que un individuo tiene sobre el evento.

   Abramson y colaboradores (1978 cf. Hewstone, 1992) postularon la existencia de otra dimensión causal: la globalidad y ella se refiere a que las causas que explican los eventos pueden ser percibidas como globales o universales en contraposición con las específicas.

   Cada atribución consiste en alguna combinación de las estructuras causales. La atribución causal tiene un impacto significativo sobre las consecuencias emocionales y psicológicas de un evento (Weiner, 1994).

Funciones de la atribución

   Con respecto a la función de control, Lefcourt (cf. Hewstone, 1992) sostiene que aun en el caso de que la percepción de control sea ilusoria, fortalece la capacidad del individuo para hacer frente a los estímulos adversos. Esto mantiene la sensación de control. La capacidad de control asociada a los sentimientos de eficacia y confianza está vinculada a la salud y al instinto de conservación, como así también a la felicidad (Powerlean & Rodice, cf. Myers, 1994).

   La segunda función a considerar es la autoestima. Las atribuciones internas, en lo que se refiere a los acontecimientos positivos y externos relacionados con los eventos negativos, fortalecen el normal funcionamiento del individuo, lo contrario afectaría el desarrollo social de la persona.

   Con respecto a la función de autopresentación, el individuo es capaz de controlar la visión que los demás tienen de él, dado que puede manejar las atribuciones para lograr la aprobación social.

   Las diversas teorías atributivas plantean la posibilidad de tres tipos de consecuencias que pueden acarrear los distintos estilos atribucionales:

a.- Las consecuencias cognitivo-enjuiciadoras (Wells, cf. Hewstone, 1992) que están íntimamente relacionadas con la percepción de vulnerabilidad por parte del sujeto (Davis, 1997).

b.- Las consecuencias conductuales que influyen en las expectativas interpersonales, como así también en las profecías autosatisfactorias.

c.- Las consecuencias afectivas que hacen hincapié en dos temas fundamentales tales como las reacciones emocionales ante el éxito y el fracaso y la depresión.

   Las atribuciones pueden influir en el modo de sentir (Weiner, 1985). La consecuencia afectiva más grave ligada a la atribución causal es la depresión clínica, centrada principalmente en el modelo depresivo reformulado de la indefensión aprendida (Abramson et al., cf. Hewstone, 1992; Anderson & Arnoult, 1985). Williams, Lees-Harvey y Brown (1997) sostienen que la atribución causal afecta las respuestas afectivas y conductuales en lo que se refiere a las respuestas ante los eventos traumáticos.

Personalidad: Consideraciones generales

   Allport (1937) definió a la personalidad como:

"la organización dinámica, dentro del individuo de aquellos síntomas psicofísicos que determinan sus ajustes únicos a su ambiente" (p. 65).

   Aunque esta definición pueda parecer abarcativa, cada teórico dentro del campo de la psicología presenta una definición propia, de acuerdo con su paradigma de estudio.

El Modelo de los Cinco Factores: El enfoque léxico

   El enfoque léxico constituye una forma indirecta de formar los atributos de la personalidad o las cuestiones básicas de su estructura. En primer lugar está centrado en términos lingüísticos en los cuales las propiedades se encuentran codificadas. El supuesto básico del enfoque es que las diferencias más sobresalientes y socialmente relevantes en la vida de las personas, han quedado de alguna forma codificadas en sus lenguajes naturales (Widiger & Trull, 1997). Cuánto más importantes sean estas diferencias más probable es que se expresen por medio de palabras (Goldberg, cf. Aria & Sánchez Bernardos, 1995).

   El análisis de este lenguaje cotidiano, considerado como fuente principal de todos los posibles descriptores de la personalidad, ha llevado a la construcción de diferentes listados de términos, principalmente adjetivos, diseñados para examinar las diferencias individuales (Caprara, Barbaranelli & Borgogni, 1995). Originada en este proceso y en el análisis factorial de los más importantes tests factoriales surge la Teoría de los Cinco Factores de la Personalidad. Estos grandes elementos significativos e independientes entre sí parecen resumir las diferentes facetas de la personalidad humana normal (Aria & Sánchez Bernardos, 1995).

   Costa y Mc Crae (cf. Vinet &  Saiz, 1997) le dieron a esta teoría una proyección mucho más amplia ya que consideran al Modelo de los Cinco Factores como una taxonomía de los rasgos de la personalidad y definen a los rasgos como tendencias relativamente estables que presentan formas características de actuar o reaccionar frente a una variada cantidad de situaciones y se manifiestan concretamente en actitudes, hábitos, patrones de interacción interpersonal, motivos e intereses. Ellos presentan así una nómina de cinco factores: Neuroticismo, Extraversión, Apertura a la experiencia, Cordialidad (o amabilidad) y Responsabilidad, destacando particularmente la importancia de Neuroticismo y Extraversión. Acerca de su estudio se informa en el presente trabajo.

Neuroticismo

   Desde la perspectiva del modelo, el neuroticismo es una de las cinco dimensiones más importantes de la personalidad y deriva de los análisis factoriales originales. El neuroticismo constituye un factor muy amplio de la personalidad en general y su núcleo es la sensibilidad a los estímulos negativos (Enns & Cox, 1997). En la personalidad se contrasta el ajuste o estabilidad emocional con el desajuste y el neuroticismo. En tendencias generales se experimentan efectos negativos como miedo, tristeza, enojo o aversión, más una tendencia a la labilidad emocional. Este factor se encuentra representado por escalas que recogen las notas de ansiedad, hostilidad, depresión, autoconciencia, impulsividad y vulnerabilidad (Pelechano, 1996).

   El neuroticismo es un factor que se encuentra íntimamente relacionado con la depresión clínica, especíificamente con la prognosis de la misma (Enns & Cox, 1997). Se correlaciona positivamente con reacciones hostiles a acontecimientos estresantes (Caprara et al., 1995) y también está íntimamente relacionado con respuestas de afrontamiento maladaptativas (Faber & Eisenberg, 1997; Van Eck, Nicolson & Berkhof, 1998).

Extraversión

   Extraversión es el segundo de los grandes factores identificados por Eynsenck (Vinet & Saiz, 1997) y representa uno de los polos de la concepción junguiana Introversión/Extraversión.

   Jung afirmaba que las personas introvertidas estaban orientadas hacia su mundo interior subjetivo, mientras que las personas extravertidas se encontraban orientadas hacia el mundo exterior objetivo (Papalia & Wendkos Olds, 1993).

   Aunque la bipolaridad Extraversión/Introversión está orientada a aspectos conductuales relacionados con la personalidad, otros autores consideran que no se referiría al estilo social que presentan los individuos, sino a la dirección de su atención e interés; no se orienta a tipos de motivación ni a conductas interpersonales, sino más bien a estilos cognitivos (Millon, 1997). Dentro del modelo de los cinco factores, la extraversión es considerada como una dimensión del temperamento caracterizada por la emocionalidad positiva, la energía y la dominancia (Enns & Cox, 1997). Los extravertidos son personas asertivas, activas y conversadoras, sienten agrado por la excitación y la estimulación y tienen tendencia a la animosidad y al optimismo (Vinet & Saiz, 1997). El factor extraversión está representado por seis facetas: Calidez, Sentimiento Gregario o Gregarismo, Autoestima, Actividad, Búsqueda de emociones-entusiasmo, Emociones positivas.

   El factor extraversión se encuentra frecuentemente asociado con el uso de formas más adaptativas de afrontamiento (Hookey, Costa & Mc Crae, cf. Faber & Eisenberg, 1997), también se correlaciona con la tendencia a planear acciones racionales, con pensamientos positivos y con la tendencia a desdramatizar mediante el humor (Caprara et al., 1995). Este factor muestra un comportamiento opuesto al neuroticismo con respecto a la depresión, ya que los sujetos depresivos presentan un incremento significativo en extraversión al momento de la recuperación (Enns & Cox, 1997).

Síndrome de Estrés Postraumático, estilo atribucional, neuroticismo y extraversión

   Si bien hay trabajos en los cuales se observa la relación entre algunas de las variables en estudio, no se encuentran investigaciones que relacionen todas las variables consideradas en el presente trabajo.

   Los altos puntajes en neuroticismo están relacionados con la vulnerabilidad al estrés, como así también con la posibilidad de desarrollar sintomatología del PTSD (Davies & Clark, 1998; Morgan, Matthews & Winton, 1995) y también con la presencia de depresión clínica (Enns & Cox, 1997). Por otro lado, tanto los pacientes depresivos como aquellas personas que padecen PTSD muestran un estilo atribucional desadaptativo. Solomon, Weisenber y Schwarzwald (1985, cf. Makulincer & Solomon, 1988) sostienen que la presencia de PTSD se encuentra asociada con la aparición de emociones tales como el enojo y la hostilidad, presentes en el factor neuroticismo.

   Con respecto a la atribución causal, la atribución de los eventos negativos como internos, incontrolables y estables pueden estar asociados a la aparición de PTSD; podría haber una relación circular en la cual el PTSD y un estilo atribucional desadaptativo tiendan a intensificarse mutuamente. Por otro lado, los sujetos con PTSD ven sus éxitos causados por factores externos, no relacionados con su motivación o eficacia (Makulincer y & Solomon, 1988). Mingote, Machón, Isla, Perris y Nieto (2001) sostienen que un estilo atribucional disfuncional favorece la aparición de la sintomatología de estrés postraumático y en estos sujetos se puede destacar una elevada necesidad de dependencia, intensa ambivalencia y un insuficiente control de impulsos.

MetodologÍa

Muestra

   La muestra estuvo integrada por 120 sujetos que conformaron un subgrupo experimental de 60 sujetos veteranos de guerra del sexo masculino, residentes de la Provincia de Entre Ríos y de la Capital Federal (Argentina) cuyas edades oscilaban entre los 38 y los 40 años y un subgrupo control para el que se seleccionaron 60 sujetos del sexo masculino, no veteranos de guerra, también residentes de la Provincia de Entre Ríos, los cuales fueron apareados por edad con el grupo experimental.

   La selección se efectuó con un muestreo no probabilístico. La edad promedio de la muestra fue de 38.87 años, con un desvío estándar de .50. Se observó a su vez que la edad más representativa fue 39 años (n = 88). Para determinar las características de la muestra se utilizó el análisis de distribución de frecuencias y porcentajes.

Instrumentos

   Se aplicaron las siguientes pruebas: el Cuestionario de Cogniciones Postraumáticas (PTCI) de Foa y colaboradores (1999), el Cuestionario de Estilo Atribucional (ASQ) de Seligman (1982, cf. Seligman, 1990) y las Escalas de Neuroticismo y Extraversión de la Adaptación Argentina del Neo-Pi-R de Richaud de Minzi, Lemos de Ciuffardi y Oros de Sapia (2001).

Cuestionario de Cogniciones Postraumáticas

   Para medir la presencia o ausencia de estrés postraumático en el grupo de veteranos se utilizó el Cuestionario de Cogniciones Postraumáticas (Post-traumatic Cognitions Inventory - PTCI) de Foa y colaboradores (1999). Se seleccionó esta prueba porque si bien no mide directamente el estrés postraumático, discrimina muy bien entre individuos que, al atravesar por una experiencia traumática, desarrollan PTSD y aquellos que no lo desarrollan.

   Este cuestionario fue traducido del idioma inglés al español adaptándolo a la cultura y circunstancias de la investigación y contiene 36 afirmaciones, de las cuales 33 se agrupan en tres sub-escalas: Pensamientos negativos sobre sí mismo, Pensamientos negativos sobre el mundo y Autoculpabilización. Su consistencia interna es alta, presentando un alfa de Cronbach para el puntaje total de .97 y para las escalas Pensamientos negativos sobre sí mismo de .97, Pensamientos negativos sobre el mundo de .88 y Auto-culpabilización de .86.

   Los puntajes altos en esta prueba indican la presencia de estrés postraumático.

Cuestionario de Estilo Atribucional

   El Cuestionario de Estilo Atribucional (ASQ) de Seligman y colaboradores (1982, cf. Seligman, 1990) mide la forma en que los adultos hacen atribuciones conforme a las tres dimensiones propuestas: locus, estabilidad y globalidad. El ASQ contiene afirmaciones que describen 48 situaciones hipotéticas. La mitad supone eventos negativos y el resto positivos, que a su vez especifican situaciones vinculadas con las tres dimensiones causales.

   La dimensión Estabilidad (Estable-Inestable) es medida por las escalas PmG y PmB. La dimensión Globalidad (Global-Específico) es medida por las escalas PvG y PvB y Locus (Interno-Externo) por PsG y PsB. Mayores puntajes en los B (PmB, PvB y PsB) indican un estilo atribucional más indefenso, mientras que puntajes mayores en G (PmG, PvG y PsG) indican lo opuesto.

   Seligman da cuenta de una confiabilidad moderada para el puntaje total (alfa de Cronbach: .58), que se incrementa para los ítem que plantean temas positivos (.75) y negativos (.72), por separado.

Cuestionario de personalidad

   Para medir personalidad se utilizaron las escalas de Neuroticismo y Extraversión de la Adaptación Argentina del Neo-Pi-R de Richaud de Minzi, Lemos de Ciuffardi y Oros de Sapia (2001). Cada factor o escala consta de 48 ítem que a su vez están subdivididos en seis facetas cada uno. Se administraron solamente estas dos escalas por ser las que mayor relación tenían con la problemática planteada.

   El factor Neuroticismo está subdividido en las siguientes facetas: ansiedad, hostilidad, depresión, autoconciencia, impulsividad y vulnerabilidad.

   El factor Extraversión está integrado por las siguientes facetas: cali-dez, sentido gregario, autoestima, actividad, búsqueda de emociones y emociones positivas. La consistencia interna se situó en un alfa de Cronbach entre .60 y .90. La estabilidad temporal fue medida con test-retest a tres meses, obteniéndose un índice de correlación de Spearman de .79 para el factor neuroticismo y de .79 para el factor extraversión, con un nivel de significación estadística alfa igual a .001. La confiabilidad para neuroticismo es .82 y para extraversión es .67, según el alpha de Cronbach.

Procedimiento

   A ambos grupos se les explicó el objetivo de la investigación y las características de los instrumentos. La administración de las pruebas para el grupo experimental fue grupal y en varias sesiones. Con el grupo control se trabajó en forma individual.

Procesamiento estadístico

   Se procesó la información obtenida con el paquete estadístico SPSS para Windows Versión 10.0. Se llevaron a cabo los siguientes análisis estadísticos:

1.- MANOVA: Para comparar Neuroticismo, Extraversión y Estilo Atribucional entre veteranos y no veteranos.

2.- Mediana: Para subdividir el grupo de veteranos entre los que presentaban estrés postraumático y los que no lo presentaban.

3.- MANOVA: Para comparar Neuroticismo, Extraversión y Estilo Atribucional entre veteranos con estrés postraumático y sin estrés postraumático.

4.- Gráficos.

Resultados

Análisis de los factores neuroticismo y extraversión en ambos grupos

   En el MANOVA que compara el grupo de veteranos con el grupo de no veteranos en las distintas facetas del factor Neuroticismo, se observó que existen diferencias significativas entre ambos grupos [F Hotelling (6,113) = 2.832; p = .013].

   Los contrastes post hoc indicaron que hay diferencias significativas en las facetas Depresión [F Hotelling (1,118) = 4.960; p = .028] e Impulsividad [F Hotelling (1,118) =  4.039; p = .047] y en las facetas Hostilidad [F Hotelling (1,118) = 9.313; p = .003] y Vulnerabilidad [F Hotelling (1,118) = 7.237; p = .008] presentaron diferencias muy significativas, siendo el grupo de los veteranos el que presentó los mayores niveles de neuroticismo (ver Figura 1 y Tabla 1).

Figura 1

Perfiles de las medias del factor Neuroticismo

Tabla 1

Comparación de las seis facetas del factor Neuroticismo entre ambos grupos

   Mediante un MANOVA, se pudo observar que también existen diferencias significativas entre ambos grupos en las facetas que componen el factor Extraversión [F Hotelling (6,113)  = 3.452; p = .004]. Se observaron diferencias significativas en Calidez [F Hotelling (1,118) = 14.160;  p = .000] y Emociones Positivas [F Hotelling (1,118) = 9.984; p = .002] tal como lo muestran la Figura 2 y la Tabla 2.

Figura 2

Perfiles de las medias del factor Extraversión

Tabla 2

Comparación de las seis facetas del factor Extraversión entre ambos grupos

Análisis de las dimensiones causales entre ambos grupos

   Se pudo observar mediante un MANOVA que existen diferencias significativas entre veteranos y no veteranos en la variable estilo atribucional [F Hotelling (6,113) = 5.341; p = .000].

   Hay diferencias significativas en Estabilidad para eventos positi-vos-PmG [F Hotelling (1,118) = 19.351; p = .000], Estabilidad para eventos negativos-PmB [F Hotelling (1,118) = 13.682; p = .000], Globalidad para eventos positivos-PvG [F Hotelling (1,118) = 6.987; p = .009], Globalidad para eventos negativos-PvB [(F Hotelling (1,118) = 9.071; p = .003], sin embargo no se observan diferencias significativas en las dimensiones de Locus (ver Figura 3 y Tabla 3).

Figura 3

Valores medios de las dimensiones causales entre ambos grupos

Tabla 3

Comparación de las dimensiones causales

Análisis interno del grupo de veteranos

   En el grupo de veteranos se aplicó la mediana para hacer la subdivisión, teniendo en cuenta los puntajes totales de cada sujeto obtenidos en la prueba PTCI. Este procedimiento se utilizó para determinar quienes presentaban Estrés Postraumático, así se conformaron dos grupos.

   El grupo con PTSD presentó una media total de 106.97 y una desviación estándar de 10.79, mientras que en el grupo sin PTSD se observaron una media de 57.60 y un desvío de 8.61.

   El MANOVA aplicado a ambos grupos mostró que existen diferencias significativas en las tres escalas que componen el PTCI [F Hotelling (3,56) = 133.619; p = .000]. Hay diferencias significativas en las escalas de Pensamientos negativos sobre uno mismo-Ncas [F Hotelling (1,58) = 192.035; p = .000], Pensamientos negativos sobre el mundo-Ncaw [F Hotelling (1,58) = 243.824; p = .000] y Autoreproche-Sb [F Hotelling (1,58) = 80.861; p = .000]. El grupo con PTSD presentó los valores más altos (ver Figura 4 y Tabla 4).

Figura 4

Valores medios en las tres escalas del PTCI

Tabla 4

Valores parciales y totales de cogniciones postraumáticas (PTCI) en veteranos con y sin PTSD

   En el factor Neuroticismo [F Hotelling (6,53) = 3.024; p = .013] sólo se observa una diferencia significativa en la faceta Hostilidad [F Hotelling (1,58) = 4.441; p = .040], presentando el grupo con PTSD los mayores valores, como se observa en la Figura 5 y Tabla 5.

Figura 5

Valores medios de las seis facetas de Neuroticismo en veteranos con y sin PTSD

Tabla 5

Comparación de las seis facetas de Neuroticismo de veteranos con y sin PTSD

   Existen diferencias significativas entre ambos grupos, en cuatro de las seis facetas del factor Extraversión [F Hotelling (6,53) = 3.171; p = .010] y son las siguientes: Calidez [F Hotelling (1,58) = 16.569; p = .000], Sentido Gregario o Gregarismo [F Hotelling (1,58) = 4.193; p = .045], Búsqueda de Emociones [F Hotelling (1,58) = 4.303; p = .043] y Emociones positivas [F Hotelling (1,58) = 6.874; p = .011]. El grupo de veteranos sin PTSD presenta los valores más altos (ver Figura 6 y Tabla 6). También se encuentran diferencias entre ambos grupos en la variable Estilo Atribucional [F Hotelling (6,53) = 6.199; p = .000]. El MANOVA aplicado muestra que existen diferencias significativas en Estabilidad para eventos positivos-PmG [F Hotelling (1,58) = 22.877; p = .000], Estabilidad para eventos negativos-PmB [F Hotelling (1,58) = 20.163; p = .000], Globalidad para eventos positivos-PvG [F Hotelling (1,58) = 9.447; p = .003], p = .005)] y en Locus para eventos negativos-PsB [F Hotelling (1,58) = 7.466; p = .008)] (ver Figura 7 y Tabla 7).

Figura 6

Valores medios en el factor Extraversión en veteranos con y sin PTSD

Tabla 6

Comparación de las seis facetas de Extraversión de veteranos con y sin PTSD

Figura 7

Valores medios de las dimensiones causales entre ambos grupos

Tabla 7

Comparación de las dimensiones causales entre veteranos con y sin PTSD

Discusión

   La guerra, como la mayoría de los desastres, es un suceso extraordinario que genera daños irreversibles, físicos y psíquicos, tanto en las personas que participan directamente en el conflicto (soldados, personal médico, auxiliares mecánicos, etc.) como en la sociedad en su conjunto.

   Este tipo de evento deja una gran cantidad de damnificados que requiere atención médica y muy frecuentemente, asistencia psicológica, muchas veces sobrepasando la capacidad de respuesta de un sistema sanitario que no se encuentra preparado para enfrentar esta situación.

  
Estos soldados sufren frecuentemente una serie de manifestaciones psicológicas tales como miedo, ansiedad, sentimiento de culpa, de pérdida, depresión y también incapacidad para enfrentar determinadas situaciones o hechos que podrían recordar o rememorar aquella experiencia.

   El impacto psicológico que puede generar la exposición a situaciones extremas, se encuentra relacionado con una multiplicidad de factores tales como el grado de exposición al evento estresante, la percepción de amenaza a la integridad y los recursos psicológicos de cada sujeto. En general los recursos psicológicos habituales suelen resultar ineficaces frente este tipo de situaciones, por ello quizás se presentan diversas manifestaciones sintomáticas vinculadas con el evento traumático.

   Con respecto a los veteranos de guerra argentinos, más allá de que no contaron con una asistencia psicológica e incluso médica, se produjo en torno a ellos un vacío social, como así también un proceso de desmalvinización por parte de las autoridades.

   En la presente investigación los veteranos presentaron niveles más altos en neuroticismo y más bajos en extraversión; esto indica que tienen una mayor sensibilidad para ser afectados por sentimientos negativos tales como ansiedad, enojo y también por situaciones estresantes que se manifestará en desajuste e inestabilidad emocional. En cuanto a las diferencias encontradas en los niveles de extraversión (los veteranos presentan valores significativamente inferiores al grupo control), se mostraron menos abiertos hacia el mundo, a su vez se pueden ver en ellos comportamientos relacionados con pensamientos negativos, baja participación social y baja autoestima.

   Ahora bien ¿por qué los veteranos muestran esta diferencia con respecto al grupo control? Puede haber dos razones: en primer lugar, previa-mente a la guerra, algunos habrían presentado valores más altos en neuroticismo y más bajos en extraversión que el resto de la población general y la sobre-exposición a estímulos estresantes, podría haber potenciado estas características, haciéndolas perdurables a lo largo del tiempo. En segundo lugar, quizás los veteranos habrían presentado valores previos a la guerra relativamente similares a los de los no veteranos, tanto en neuroticismo como en extraversión y la exposición a estos estímulos extraordinarios sumada a la falta de recursos para enfrentarlos, podría haber modificado los valores existentes previos a la guerra ya que, si un evento traumático puede producir cambios en los pensamientos y las creencias de quienes lo experimentan (Foa et al., 1999), también puede generar cambios en ciertas características de la personalidad íntimamente relacionadas con el evento y la respuesta al trauma. Ambas posibilidades son factibles, pero en ellas es importante la influencia del evento traumático sobre el neuroticismo y la extraversión.

   Además, entre veteranos y no veteranos se presentan diferencias con respecto al estilo atribucional. En los primeros es desadaptativo, asumiendo una causalidad interna, global y estable para los eventos negativos. Este tipo de estilo atribucional puede perjudicar el normal funcionamiento del individuo afectando su desarrollo social, influyendo además en sus reacciones afectivas y emocionales con el entorno. Su presencia se puede manifestar con una tendencia a responsabilizarse por todo lo negativo que le sucede y lo que es peor muchas veces de lo que sucedió en la guerra, como por ejemplo de la muerte de un compañero de armas.

   Investigaciones realizadas con veteranos en otros países muestran que si bien todos los ex-combatientes atraviesan por la misma experiencia, no todos desarrollan la sintomatología propia del estrés postraumático. Lo mismo ocurre con los veteranos argentinos, ya que la presencia de PTSD no se observa en la totalidad de ellos. Esto se debe a que existen diferencias individuales en la vulnerabilidad previa, como ya se explicó en el caso del neuroticismo y la extraversión.

   Los veteranos que presentan PTSD son los que supuestamente eran ya más vulnerables al estrés. La presencia de estrés postraumático conlleva muchas veces la aparición de conductas desadaptativas, algunas de ellas de alto riesgo para la salud, como las conductas adictivo-dependientes (afrontamiento evasivo de la amenaza) (Chilcoat & Breslau, 1998; Kofoed, et al., 1993), ya que presentan también cierta incapacidad para controlar los impulsos (forma desadaptativa de afrontar a través del descontrol emocional).

   No sólo la experiencia traumática y la vulnerabilidad, entre otros factores, intervienen en la aparición del PTSD, también hay manifestaciones de elementos de post-exposición tales como la falta de contención social y de asistencia médica y psicológica (Borini, González Trejo, Solano & Madrid, manuscrito no publicado). El grupo que presenta PTSD muestra una mayor vulnerabilidad al estrés y una mayor incapacidad para generar y mantener relaciones interpersonales. La presencia del PTSD se asocia también a déficit relacionales, que se traducen muchas veces en problemas de pareja o violencia familiar. Mingote y colaboradores (2001) sostienen que en los hombres, los trastornos psiquiátricos asociados más frecuentes son: abuso o dependencia de alcohol, otras adicciones, trastornos depresivos, de ansiedad y de personalidad antisocial. Concretamente, los veteranos con PTSD presentan niveles más altos en neuroticismo, aunque no significativos, mostrando una mayor susceptibilidad a los estímulos negativos y mayor vulnerabilidad al estrés (de hecho son los que han desarrollado el trastorno), como así también una mayor tendencia a experimentar enojo y dificultades para controlar impulsos y deseos. Además, los niveles de extraversión son significativamente más altos en los veteranos que no presentan PTSD. Ellos muestran una mayor capacidad para manifestar intimidad interpersonal, para disfrutar de la compañía de los demás y también una mayor inclinación a experimentar alegría, felicidad o excitación.

   Por otro lado, existe una relación entre la presencia de PTSD y un estilo atribucional desadaptativo centrado en una causalidad interna, global y estable frente al fracaso y que es el mismo que presentan los pacientes depresivos. Se debe tener en cuenta que un estilo atribucional irracionalmente optimista resulta también inadecuado.

   Es llamativo que después de más de 20 años de la guerra, muchos veteranos presenten síntomas de estrés postraumático, cuando no trastornos asociados al mismo, como depresión o dificultad para controlar los impulsos. Esto evidencia una falencia del sistema sanitario para hacer frente a las demandas de los ex-combatientes luego de terminado el conflicto.

   El testimonio de las víctimas de guerra puede constituir una herramienta terapéutica importantísima. En la misma línea está la construcción de una memoria colectiva de los hechos, los memoriales y actos de mitigación del daño y reparación social de la dignidad de las víctimas (Mingote et al., 2001).

  
La presencia de PTSD frecuentemente está asociada con la aparición de otra serie de trastornos de personalidad, como así también con conductas adictivas. Por ello sería conveniente estudiar en futuras investigaciones el Síndrome de Estrés Postraumático y su relación con diferentes trastornos en poblaciones de mayor tamaño, para facilitar la generalización de resultados.

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Facultad de Humanidades, Educación y Ciencias Sociales. Universidad Adventista del Plata (UAP). Villa Libertador San Martín . Entre Ríos - República Argentina

Fecha de recepción: 12 de agosto de 2003

Fecha de aceptación: 12 de marzo de 2004