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Interdisciplinaria

versión On-line ISSN 1668-7027

Interdisciplinaria v.25 n.1 Buenos Aires ene./jul. 2008

 

Estudio preliminar sobre el síndrome de burnout y estrategias de afrontamiento en enfermeras de unidades de terapia intensiva (UTI)

Maricel Soledad Popp*

* Licenciada en Psicología. Tres de Febrero 1342, (3116) Crespo - Prov. de Entre Ríos. República Argentina. E-Mail: maricelpopp@hotmail.com

Resumen

Dado que la enfermería es considerada una profesión altamente estresante y proclive a padecer el síndrome de burnout, los objetivos de este trabajo fueron medir el nivel de burnout en enfermeras de unidades de terapia intensiva (UTI) ya que los profesionales que trabajan en estas unidades conforman un grupo de alto riesgo para desarrollar dicho síndrome, y determinar si el perfil de afrontamiento de las enfermeras difiere en función de los niveles de manifestación del burnout. Como instrumentos de medida se aplicaron el Inventario Burnout de Maslach (Maslach & Jackson, 1997) y el Inventario de Modos de Afrontamiento (Lazarus & Folkman, 1986), utilizando para su evaluación la taxonomía propuesta por Moos y Billings (1982). Mediante la ejecución de un análisis multivariado de variancia (MANOVA) sobre una muestra de 53 enfermeras mujeres, de entre 24 y 54 años de edad de instituciones públicas y privadas de la Provincia de Entre Ríos (República Argentina), se encontraron efectos principales significativos con respecto a las dimensiones despersonalización (F de Hotelling (18, 44) = 3,145; p = .001) y baja realización personal (F de Hotelling (18, 44) = 2,137; p = .021). Las enfermeras que presentaron niveles inferiores de burnout utilizaron estrategias de afrontamiento, tales como: el análisis lógico de la situación problemática, sus causas, consecuencias y posibles soluciones como la ejecución de acciones que resuelvan el problema y el desarrollo de gratificaciones o recompensas alternativas en otro tipo de fuentes de satisfacción, por ejemplo relaciones sociales, actividades y desarrollo personal.

Palabras clave: Síndrome de burnout; Estrategias de afrontamiento; Enfermeras; Unidades de terapia intensiva.

Abstract

Preliminary research on burnout syndrome and coping strategies in intensive care unit (ICU) nurses. Nursing is a field with many satisfactions, but at the same time, the occupational situation in which nurses find themselves increases stress levels compared to other professions. Caregivers commonly deal with life and death situations. The services that the nurses lend are seen aggravated in the intensive care units (ICU), where they are more exposed to painful situations such as death, since they have continuous contact with patients in a critical or terminal state. Due to the demands of working with ICU patients, nurses that work there become a high risk group for developing burnout syndrome. The fundamental feature of this syndrome is emotional depletion, feeling drained by one's contact with other people; furthermore, they express feelings of depersonalization (negative feelings and cynical attitudes toward the recipient of one's service and care) and a lack of personal accomplishment at work (a tendency to negatively evaluate one's own work), as a result of both the stress generated in the occupational environment and of the interpersonal contact that they frequently maintain.
Since nursing has been considered a highly stressful profession and nurses are inclined to suffer burnout, the objectives of this research were: firstly, to measure burnout levels in ICU nurses and, secondly, to determine if the nurses' coping strategies defers burnout levels in order to establish if nurses with higher levels of burnout have a less functional coping profile. The instruments we used were the Maslach Burnout Inventory (Maslach, & Jackson, 1997) and the Ways of Coping Questionnaire (Lazarus, & Folkman, 1986), using for its evaluation the taxonomy proposal by Moos and Billings (1982).
We worked with a sample of 53 female nurses selected through a non probabilistic intentional method, with ages ranging from 24 to 54 years, resulting in an age average of 36 years (SD = 8.32); the sample was taken from both public as well as private health institutions in the province of Entre Ríos (República Argentina). The participants worked between 32 to 80 hours per week, averaging a 46 hour weekly schedule (SD = 9.01), although most nurses worked a 40 hours weekly schedule.
Through a multivariate analysis we found meaningful principal effects concerning two dimensions: depersonalization (F of Hotelling (18, 44) = 3,145; p = .001) and low personal accomplishment (F of Hotelling (18, 44) = 2,137; p = .021).
The nurses that presented lower burnout levels used coping strategies such as: logical analysis of the problematic situation, its causes, consequences and, possible solutions; actions taken that solve the problem; and the development of rewards or alternative remunerations in other type of sources of satisfaction, such as social relationships, activities and personal development. The nurses of ICU in the province of Entre Ríos (Argentina) present low levels of emotional exhaustion, high levels of depersonalization and moderate levels of personal accomplishment.

Key words: Burnout syndrome; Coping strategies; Nurses; Intensive care units.

Introducción

La práctica de la enfermería ofrece muchas satisfacciones a quienes la ejercen; pero, a su vez, la situación laboral en la que están insertos estos profesionales, hace que la incidencia del estrés sea mayor que en otras profesiones. El trabajo de un enfermero implica mucha responsabilidad. Mantiene contacto con los pacientes y sus familiares, con el dolor y también con los problemas organizacionales. Todos estos factores contribuyen a que la enfermería sea considerada como una profesión altamente estresante (Chacón Roger & Grau Abalo, 1997; Fornés Vives, 1994; Laria Jiménez, Anguix et al., 1995; Mingote Adán & Pérez García, 2003; Moreno-Jiménez, Garrosa Hernández & González Gutiérrez, 2000; Pérez Jáuregui & Benasayag, 2001; Tyler, citado por Escribà Agüir et al., 2000). Los servicios que estos profesionales prestan se ven agudizados en las UTI (unidades de terapia intensiva), donde se encuentran más expuestos a situaciones dolorosas como la muerte, pues tienen contacto continuo con pacientes que se encuentran en estado crítico o terminal. Además, en dichas unidades el enfermero se convierte en el personal que está más próximo al paciente y de manera más continua con él, tiene la tarea de resolver problemas inesperados y convive en un ambiente de alta emotividad (Climent & Mendes Diz, 1983, citado por Mendes Diz & Kornblit, 1997). Las exigencias que genera el cuidado en estas unidades hacen que los enfermeros que trabajan allí se conviertan en un grupo de alto riesgo para desarrollar el síndrome de burnout (Da Silva, Vega & Pérez, 1999 y Lomeña, Martínez, Negrillo & Naranjo de la Cruz, 1991, citados por Ibáñez Martínez, Vilaregut Puigdesens & Abio Roig, 2004; Duquette, citado por Solano Ruiz, Hernández Vidal, Vizcaya Moreno & Reig Ferrer, 2002; Faura, Roigé et al., 1995; Macher, citado por Meseguer Felip, González Barrón & Calatuyud Suñer, 1996).
El rasgo fundamental de este síndrome es el agotamiento emocional, la sensación de no poder dar más de sí mismo; pero además, se manifiestan sentimientos de despersonalización, actitudes negativas acerca del sujeto con el que trabaja, lo que los lleva a considerar que en alguna medida merecen los problemas que tienen y a responder impersonal y fríamente, y de falta de realización en el trabajo (Maslach & Jackson, 1997), productos del estrés generado en el ambiente laboral y del contacto interpersonal que los profesionales deben mantener cotidianamente.
La perspectiva transaccional de Lazarus y Folkman (1986) indica que en realidad, no hay situaciones estresantes en sí mismas, sino que dependen de la interpretación o evaluación que el individuo haga de ellas. Si los eventos o situaciones se perciben como amenazantes o peligrosos para el propio bienestar, entonces se desencadena el estrés y frente a éste, el individuo debe responder de alguna manera. Es así que dichos autores introdujeron la consideración de modos de afrontamiento o coping, que hacen referencia a cómo las personas responden a determinadas situaciones cuando no disponen de los recursos para ello; así distinguen entre modos de afrontamiento dirigidos al problema, que buscan definir el problema y encontrar soluciones alternativas y modos centrados en la emoción, que intentan regular la respuesta emocional que surge como consecuencia de la situación. Moos y Billings (1982) sugirieron tres dimensiones. a las ya propuestas por Lazarus y Folkman en 1986 (centrado en el problema y centrado en la emoción) añadieron el afrontamiento centrado en la evaluación, que busca definir el significado para la situación causante de tensión y a reflexionar sobre sus causas y posibles soluciones. Cada dimensión cuenta con tres estrategias de afrontamiento.

El afrontamiento centrado en el problema incluye las siguientes estrategias:
a.- requerimiento de información o asesoramiento a otras personas significativas,
b.- ejecución de acciones que resuelvan el problema, accionando ante la situación o desarrollando planes alternativos y
c.- desarrollo de gratificaciones o recompensas alternativas, creando otras fuentes de satisfacción.

En tanto, el afrontamiento centrado en la emoción se asocia a las siguientes estrategias:
a.- aceptar con resignación la situación y la imposibilidad de provocar cambios en ella,
b.- control afectivo de las emociones que la situación suscita para que no interfiera en otros aspectos de la vida y
c.- descarga emocional, por medio de palabras o acciones tales como llorar, fumar y comer.

Por último, el afrontamiento centrado en la evaluación incluye las siguientes estrategias:
a.- análisis lógico de la situación, sus causas, consecuencias y posibles acciones a realizar para resolverla,
b.- redefinición cognitiva de los acontecimientos encontrándole un significado positivo y
c.- evitación cognitiva mediante el olvido de la situación y la focalización en deseos y fantasías.

Los modos de afrontamiento que tienen menor control sobre la emoción son utilizados generalmente en situaciones que el sujeto valora como amenazantes, lesivas, desafiantes y sin posibilidad de modificación (Lazarus & Folkman, 1986) y junto a la evitación, podría considerárselos como menos eficientes y activos (excepto en aquellos casos en que la persona carece de control sobre el estresor y el tiempo de exposición a él es corto), mientras que el afrontamiento focalizado en el problema conduciría a un mejor ajuste y adaptación ante los estresores de la vida y a experimentar menos síntomas psicológicos.

"Las formas de afrontamiento dirigidas a la emoción pueden dañar la salud al impedir conductas adaptativas relacionadas con la salud-enfermedad" (Lazarus & Folkman, 1986, p. 238).

Este modo de afrontamiento se ha relacionado con niveles altos de burn-out (Burke, 1998; Burke & Greenglass, 2000, citados por Hernández Zamora, Olmedo Castejón & Ibáñez Fernández, 2004).
Las estrategias de afrontamiento activas y directas dirigidas al problema (es decir, las que intentan cambiar la fuente de estrés o a sí mismos) se asocian con niveles de burnout menores que las estrategias de afrontamiento inactivas o indirectas (Burke, 1998; Burke & Greenglass, 2000; Leiter, 1991; Pines & Kafry, 1981, citados por Hernández Zamora et al., 2004). Algunas investigaciones (Ceslowitz, 1989, citado por Moreno-Jiménez & Peñacoba, 1999; Ceslowitz, 1999; Greenglass & Burke, 2001, citados por Hernández Zamora et al., 2004) han hallado estos resultados en personal de enfermería, encontrando que el uso de modos de afrontamiento centrados en el problema trae aparejado mayor satisfacción en el trabajo, menor cansancio emocional y por lo tanto, niveles inferiores de manifestaciones de burnout.
Resulta importante conocer los modos de afrontar las situaciones estresantes de estos profesionales ante diferentes niveles del síndrome de burnout, dado que, además de que el cuidado del paciente podría verse malogrado con niveles altos de burnout, el manejo del estrés de manera adaptativa y funcional conllevaría salud y bienestar al enfermero en el caso de un afrontamiento del estrés adaptativo y funcional, o por el contrario, podría desencadenar y/o mantener la enfermedad en el caso de un afrontamiento desadaptativo (Lazarus & Folkman, 1986). Las estrategias de afrontamiento al estrés

"operan en moduladores o 'amortiguadores' de los estímulos estresantes colaborando a un menor impacto sobre la salud" (Labiano & Correché, 2002, p. 106).

Se considera además que la implementación de modos de afrontamiento funcionales y saludables, que podría lograrse entre otras cosas, a través del reforzamiento de los recursos, podría evitar en parte que se origine el síndrome o bien que no llegue a niveles elevados. Esto repercutiría en su propia calidad de vida, en la de los pacientes a quienes asisten, en la institución en la que trabajan y en la de toda la comunidad con la cual están relacionados. El síndrome de burnout se produce

"como resultado del contexto laboral de esta profesión, de las características personales y del tipo de afrontamiento adoptado" (Moreno-Jiménez et al., 2000, p. 5).

Es así que el afrontamiento disfuncional favorecería la génesis del síndrome de burnout y afectaría negativamente la salud del profesional y de toda la comunidad.

Objetivos e hipótesis

Los objetivos del presente trabajo fueron medir el nivel de síndrome de burnout en enfermeras de UTI y comparar sus modos de afrontamiento ya que presentan diferentes niveles (bajo, moderado y alto) de síndrome de burnout.
Para la realización del estudio se partió de la siguiente hipótesis: Existen diferencias significativas en los modos de afrontamiento entre las enfermeras que presentan diferentes niveles de síndrome de burnout. Las enfermeras que sufren el síndrome en mayor grado muestran un afrontamiento disfuncional frente a las situaciones que evalúan como amenazantes.

Método

Muestra

La muestra estuvo compuesta por 53 enfermeras mujeres que desempeñaban sus actividades en UTI, de diferentes instituciones hospitalarias, sanatorios y clínicas de la Provincia de Entre Ríos (República Argentina), quienes fueron seleccionadas mediante un muestreo no probabilístico intencional.
La edad osciló entre los 24 y 54 años, siendo el promedio de 36 años (DE = 8.32). El 41.5% de las enfermeras se desempeñaba en instituciones públicas, el 43.4% en instituciones sanitarias privadas y el 15.1% en ambos tipos de instituciones.

Instrumentos

Se administró la versión adaptada de Hein (2005) de la adaptación española del Maslach Burnout Inventory (Maslach & Jackson, 1997). El cuestionario es autoadministrable y consta de 27 ítemes representados como afirmaciones sobre las actitudes y sentimientos que mantiene el profesional hacia su trabajo y sus clientes, a partir de tres dimensiones: cansancio emocional (CE), despersonalización (DP) y baja realización personal (RP).
El Inventario Burnout de Maslach en su adaptación española fue aplicado en un estudio anterior (Cabrera, 2002) realizado sobre una muestra de 164 policías de la Provincia de Entre Ríos y se obtuvo un coeficiente de confiabilidad de .84 en la dimensión CE, de .72 en la de RP y de .43 en la subescala DP. En la adaptación española, Maslach y Jackson (1997) indicaron un alpha de Cronbach de .90 para CE, de .79 para la dimensión DP y de .71 para la dimensión RP.
A partir de los datos recabados por Cabrera (2002), Hein (2005) adicionó cinco ítemes a esta última dimensión con el fin de mejorar la consistencia interna de la misma, los cuales son:

1.- Mantengo un trato impersonal y distante con algunas personas a las que doy servicio.
2.- Algunas circunstancias de mi trabajo me llevan a ser emocionalmente frío con las personas.
3.- Creo que me cuesta ponerme en el lugar de las otras personas.
4.- Debido a mi profesión construyo una barrera protectora que me distancia de algunas personas a las que doy servicio.
5.- Siento que en mi trabajo trato los problemas de las personas con un poco de frialdad.

Luego de aplicar el cuestionario con las modificaciones antedichas se replicaron las dimensiones propuestas por Maslach y Jackson (1997) y se obtuvo un coeficiente de confiabilidad de .86 para la escala general, de .78 para la dimensión CE, de .78 para la DP y de .80 para la dimensión RP.
En este estudio el inventario obtuvo una confiabilidad, medida a través del alpha de Cronbach, de .79 para la escala general, de .83 para CE, de .62 para DP y de .69 para la dimensión RP.
También se utilizó el Ways of Coping Questionnaire de Lazarus y Folkman (1986) que consta de 67 ítemes presentados en forma afirmativa, que valoran los diferentes modos de enfrentar los problemas a partir de una escala tipo Likert que expresa lo siguiente: (1) en absoluto, (2) en alguna medida, (3) bastante y (4) en gran medida. A estas cuatro opciones propuestas originalmente por los autores se agregó una quinta opción (no se puede realizar) para que los respondentes señalen las acciones que les resultan irrealizables o los sentimientos que fueran inadecuados para la situación planteada que le haya provocado malestar. En este estudio se obtuvo una confiabilidad con el alpha de Cronbach de .85, en tanto en un estudio llevado a cabo por González (2007) consiguió un coeficiente de consistencia interna de .90. Para su evaluación se utilizó la taxonomía propuesta por Moos y Billings (1982).
A pesar de ser instrumentos ampliamente difundidos y utilizados con múltiples fines, no se han realizado adaptaciones formales a la población argentina de los inventarios administrados y por lo tanto, no se dispone de normas surgidas de muestras de nuestro país. Sin embargo, como se expuso, el cuestionario de burnout ha sido utilizado en estudios llevados a cabo en Argentina (Cabrera, 2002; González, 2007; Hein, 2005) así como también el inventario de modos de afrontamiento (Aparicio, 1999; De Lisa, 2004; González, 2007; Martínez, 2002) y han alcanzado propiedades psicométricas satisfactorias y encontrado correlaciones teóricas esperables, lo cual hace a la validez de constructo de los mismos.

Procedimientos para el análisis de los datos

Contando con la autorización de diferentes instituciones sanitarias para realizar este estudio, se entregaron a las enfermeras que conformaban la muestra los instrumentos de medición en sus respectivos lugares de trabajo, personalmente o por intermedio de la jefatura de enfermería. Se explicaron los objetivos del estudio, que la participación era totalmente voluntaria y anónima y que los datos recabados tendrían carácter confidencial. Una vez administrados los cuestionarios se reemplazaron los datos identificatorios por números.
Según los resultados obtenidos en el cuestionario de burnout, se conformaron tres grupos de sujetos: con baja, moderada y alta presencia del síndrome, tomando en consideración los percentiles 25 y 75 como puntos de corte, con la finalidad de comparar los perfiles de estos grupos con respecto a las estrategias de afrontamiento que cada uno utiliza. El Maslach Burnout Inventory (Maslach & Jackson, 1997) clasifica a las puntuaciones obtenidas con un sistema de percentiles para cada escala. Los sujetos con valores mayores al percentil 75 se incluyen en la categoría alto, entre el percentil 25 y 75, en la categoría medio y por debajo del percentil 25, en la categoría bajo.
Debido a que se trabajó con una muestra relativamente pequeña desde el punto de vista estadístico (N = 53), no fue posible cumplir con la recomendación de incluir al menos 30 individuos en cada grupo, ni consignar el mismo número de sujetos por cada grupo, por lo que los resultados obtenidos deberán ser interpretados como un aporte preliminar que sirva de base para futuros estudios.
Los datos recogidos fueron estudiados con el análisis multivariado de variancia (MANOVA) y se compararon medias y desvíos. Dado el reducido tamaño de la muestra, se calcularon también los índices de tamaño de efecto en los distintos resultados. Este análisis indica la proporción de variancia explicada para cada fuente de variación estudiada. Todos los análisis se llevaron a cabo utilizando el programa Statistical Package for the Social Sciences (SPSS), en su versión 11.5 para Windows.

Resultados

En cuanto a las diferencias en los modos de afrontamiento según el nivel de burnout, en la dimensión cansancio emocional los resultados generales no fueron significativos (F de Hotelling (18, 44) =. 984; p = .494). Sin embargo, los análisis univariados revelaron resultados significativos con relación a control afectivo [ F de Hotelling (2, 31) = 3,814; p = .033; h2 = .197] (ver Tabla 1). Las enfermeras con un nivel medio de cansancio emocional utilizarían en mayor medida el control afectivo que las enfermeras con nivel bajo o alto de agotamiento emocional (ver Gráfico 1).

Tabla 1
Medidas y valores de F para las estrategias de afrontamiento relacionadas con cansancio emocional

Gráfico 1
Comparación de medias de estrategias de afrontamiento según el nivel de cansancio emocional

En tanto, en despersonalización se hallaron resultados generales estadísticamente significativos [ F de Hotelling (18, 44) = 3,145; p = .001] . A su vez, en los análisis univariados se encontraron diferencias significativas en ejecución de acciones que resuelvan el problema [ F de Hotelling (2, 31) = 3,658; p = .037; h2 = .191] y en control afectivo [ F de Hotelling (2, 31) = 3,360; p = .048; h2 = .178] . Los contrastes post hoc revelaron que las diferencias en ejecución de acciones que resuelvan el problema se encontrarían entre las enfermeras con baja y alta despersonalización (p = .040).
Los análisis univariados también mostraron ciertas tendencias en las estrategias de análisis lógico [ F de Hotelling (2, 31) = 2,737; p = .080; h2 = .150] , requerimiento de información o asesoramiento [ F de Hotelling (2, 31) = 3,021; p = .063; h2 = .163] y desarrollo de gratificaciones o recompensas alternativas [ F de Hotelling (2, 31) = 3,292; p = .051; h2 = .175] .
Las enfermeras con baja despersonalización harían mayor uso de estrategias como el análisis lógico que las enfermeras con media y alta despersonalización. La utilización de la estrategia de afrontamiento ejecución de acciones que resuelvan el problema disminuiría a medida que aumenta el nivel de despersonalización (ver Gráfico 2).

Gráfico 2
Comparación de medias de estrategias de afrontamiento según el nivel de despersonalización

El desarrollo de gratificaciones o recompensas alternativas sería más utilizado en un nivel bajo de despersonalización que en niveles más altos.
En tanto, el requerimiento de información o asesoramiento sería más frecuentemente utilizado por enfermeras con niveles altos y bajos de despersonalización. Finalmente, el control afectivo sería más empleado en niveles medios de despersonalización y se utilizaría en menor medida en niveles altos (ver Tabla 2).

Tabla 2
Medidas y valores de F para las estrategias de afrontamiento relacionadas con despersonalización

En realización personal, los resultados hallados fueron estadísticamente significativos [ F de Hotelling (18, 44) = 2,137; p = .021] . Además, los análisis univariados revelaron diferencias en análisis lógico [ F de Hotelling (2, 31) = 5,001; p = .013; h2 = .244] y en ejecución de acciones que resuelvan el problema [ F de Hotelling (2, 31) = 7,160; p = .003; h2 = .316] (ver Tabla 3).

Tabla 3
Medidas y valores de F para las estrategias de afrontamiento relacionadas con realización personal

Los contrastes post hoc mostraron que en el análisis lógico, las diferencias se encontrarían entre las enfermeras con baja y con alta realización personal (p = .016); en tanto que en ejecución de acciones que resuelvan el problema las diferencias se darían entre alta y media realización personal (p = .035) y entre alta y baja realización personal (p = .004).
Además, los análisis univariados mostraron ciertas tendencias sobre el uso de evitación cognitiva [ F de Hotelling (2, 31) = 2,759; p = .079] y control afectivo [ F de Hotelling (2, 31) = 3,057; p = .061] , según el nivel de realización personal.
El uso del análisis lógico y de la ejecución de acciones que resuelvan el problema disminuiría a medida que la realización personal disminuye (ver Gráfico 3).

Gráfico 3
Comparación de medias de estrategias de afrontamiento según el nivel de realización personal

Si bien los análisis multivariados de variancia arrojaron efectos principales significativos en las dimensiones despersonalización y baja realización personal, al realizar un análisis del tamaño del efecto en cada una de estas dimensiones, los eta cuadrado revelaron poco poder explicativo del síndrome de burnout sobre las estrategias de afrontamiento.
Dichos resultados se encontrarían limitados e influidos por la reducida muestra con la que se trabajó, por lo que deben considerarse meramente como preliminares.

Conclusiones

En cuanto a las diferencias en los modos de afrontamiento según el nivel de burnout, se halló que existen diferencias significativas en las estrategias utilizadas entre las enfermeras que presentan diferentes niveles, principalmente en cuanto a las dimensiones despersonalización y baja realización personal. Las enfermeras de UTI tenderían a utilizar estrategias de afrontamiento menos funcionales a medida que aumenta el nivel de burnout.
Las enfermeras con baja despersonalización utilizan en mayor medida el análisis lógico y el desarrollo de gratificaciones alternativas a diferencia de las enfermeras con más despersonalización. El uso de la ejecución de acciones disminuye a medida que aumenta el nivel de despersonalización.
A medida que la realización personal disminuye, decrece el uso del análisis lógico y de la ejecución de acciones que resuelvan el problema.
El análisis lógico ha sido considerado como una estrategia adaptativa para afrontar las situaciones estresantes (Fierro et al., 1999; Chan, 1994; Folkman et al., 1986, citados por Godoy & Moreno, 2002). En tanto, la ejecución de acciones que resuelvan el problema (es decir, ejecutar una acción para estar en contacto con el problema o comprometerse a tratar de hacerlo) dado que se constituye en una subdimensión de los modos de afrontamiento centrados en el problema, podría considerarse como funcional, porque como expresaron varios autores (Pines & Kafry, 1981; Burke & Greenglass, 2000; Leiter, 1991, citados por Hernández Zamora et al., 2004) las estrategias de carácter activo (es decir, las que implican confrontación o son un intento de cambiar la fuente de estrés) y las estrategias directas (aquellas que buscan cambiar la situación estresante) son más efectivas en el afrontamiento del síndrome de burnout, en contraposición con las estrategias de carácter inactivo e indirectas, dado que se asocian a niveles más bajos de éste.
Las enfermeras con moderado cansancio emocional utilizan en mayor medida el control afectivo que las enfermeras con bajo o alto nivel. En las enfermeras con bajo cansancio emocional, dado que no percibirían demasiados estresores, es de esperar que el uso del control afectivo sea bajo. Las enfermeras con nivel medio de cansancio emocional podrían controlarse afectivamente, es decir, controlar las emociones que surgen a partir de las situaciones que se vivencian en las UTI, en pos del bienestar del paciente y su familia. En este caso, controlar las emociones le permitiría funcionar de una manera adaptativa. En contraposición, las que presentan cansancio emocional alto, hacen un menor uso del control afectivo, posiblemente porque no poseen recursos o herramientas ante tan elevado nivel de cansancio emocional.
Las enfermeras con niveles altos de despersonalización hacen mayor uso del requerimiento de información o asesoramiento. Una posible respuesta a esto podría encontrarse en la opinión de carácter funcional de Gil-Monte (2003). Para este autor, la despersonalización daría a la enfermera la posibilidad de no involucrarse en demasía con los problemas de los pacientes, permitiéndole realizar su trabajo, que en algunos casos puede conllevar acciones negativas o lesivas y así no ver afectados sus sentimientos. Esto la conduciría a requerir mayor información acerca de las situaciones que presentan los pacientes de UTI, pidiendo la guía o el apoyo de familiares, amigos o alguna autoridad (supervisores, jefes de enfermería, etc.) para accionar, hablando sobre el problema con ellos y requiriendo algún tipo de ayuda específica para la situación concreta.
Las enfermeras con niveles altos de realización personal hacen mayor uso del control afectivo que las que presentan niveles medios y bajos de realización personal. Dado que su trabajo implica la relación con el paciente y sus familiares, quizás la mejor manera que encuentra para afrontar las situaciones que se viven en UTI (que de por sí tienen un alto nivel de incertidumbre, sufrimiento y dolor) es siendo medidas en su expresión emocional, controlando las propias emociones, de tal forma que no interfieran con el trabajo que deben realizar ni con la vulnerabilidad propia de los familiares y del paciente. Esto las llevaría a evaluarse positivamente en el trabajo y a tener una alta realización personal en éste.
En síntesis, los resultados hallados a partir de una muestra relativamente pequeña desde el punto de vista estadístico podrían constituir un importante aporte para realizar planes de promoción de la salud y de prevención del burnout y del estrés en los enfermeros, un grupo profesional de suma relevancia en la sociedad. Si bien los resultados obtenidos deberían ser interpretados como un aporte preliminar que sirva de base para futuros estudios, estos indicarían que las enfermeras afectadas en mayor grado por el síndrome de burnout tenderían a presentar un perfil menos funcional de afrontamiento, principalmente en cuanto a las dimensiones despersonalización y baja realización personal.
Futuros estudios deberían ser realizados con muestras de mayor tamaño para incrementar el poder generalizador de los resultados, como así también, incluir a enfermeros de sexo masculino.

Referencias bibliográficas

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Fecha de recepción: 6 de diciembre de 2006
Fecha de aceptación: 28 de enero de 2008