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Interdisciplinaria

versión On-line ISSN 1668-7027

Interdisciplinaria v.26 n.2 Buenos Aires ago./dic. 2009

 

ARTÍCULOS

Debates sobre la modularidad en Psicología del Desarrollo: ¿Hacia un nuevo constructivismo?

Constanza Ruiz-Danegger*

* Licenciada y Magister en Ciencias de la Educación. Diploma de Estudios Avanzados en Psicología Evolutiva y de la Educación por la Universidad Autónoma de Madrid. Doctoranda en Humanidades en la Universidad Nacional de Salta. Profesora Adjunta de la Cátedra de Psicología del Desarrollo I en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta. Santiago del Estero 248, (4400) Salta - República Argentina. E-Mail: crdanegg@unsa.edu.ar

Resumen

El presente trabajo informa acerca del estado de los debates sobre la modularidad y sus implicaciones en Psicología del Desarrollo, en particular aplicada a la comprensión del desarrollo cognitivo. En primer lugar se examina el surgimiento y desarrollo de una hegemonía modularista dentro de la Psicología Cognitiva del Desarrollo, revisando hipótesis acerca de la arquitectura mental que surgen del trabajo teórico de Fodor (1983 / 1986) y de la investigación empírica que indica la existencia de estructuras y contenidos innatos en bebés. Las contribuciones del paradigma modularista llevan al reconocimiento de diferencias entre la consideración del bebé como tabla rasa, propia de las teorías piagetiana y conductista y un nuevo bebé innatista con competencias iniciales mucho más poderosas. Explicar en qué consiste el desarrollo cognitivo implica ahora un difícil equilibrio, ya que cuantas más propiedades de dominio específico se reconozcan en la mente del bebé, es decir, cuanto más modularizada esté la mente al comienzo del desarrollo, menos creativo y flexible será el sistema posterior. La hipótesis de la modularización de Karmiloff-Smith (1992 / 1994) puede servir para considerar la modularidad (redefinida) como el producto natural del proceso mismo de desarrollo. Es necesario continuar el debate para replantear un modelo constructivista, más aquí o más allá de la modularidad a lo Fodor, pero también de Piaget y del paradigma computacional, que responda al mismo tiempo a las actuales posibilidades de investigación de la Neurobiología del Desarrollo. Como consecuencia, probablemente el mismo papel de la Psicología del Desarrollo en el debate lleve a redefinir el alcance de esta disciplina, trascendiendo (aunque sin abandonar) su marco computacional de referencia.

Palabras clave: Modularidad; Constructivismo; Innatismo; Desarrollo cognitivo.

Abstract

Debates on modularity in Developmental Pychology: To a new constructivism?. This work communicates some discussions on modularity and its implications in Developmental Psychology, particularly applied to the understanding of cognitive development. First, we review some reasons for the emergence and expansion of a modular hegemony within the Developmental Cognitive Psychology the last two decades. We examine both assumptions about the mental architecture arising from the theoretical work of Fodor (1983 / 1986), as well as empirical research that indicates the existence of innate structures and contents in babies. While reviewing critically various modular models, we consider such hegemony and open lines of the debate. Progress of the modularity has led in different directions and disciplines within the cognitive sciences. On the one hand, much of the psychological research was conducted to search for modules, going against the general domain paradigm of long tradition. Theorizing was a dramatic turnaround beyond Fodor, assuming the hypothesis of massive modularity, which maintains the mind consists essentially (or may be completely) by innate modules for specific purposes. Modularity also appears as encouragement of investigations in the field of Neurobiology, working steadily on pathological cases such as double dissociations or atypical development (vg. Williams Syndrome). There are also positions of soft modularity, like the assumption of modularization of Karmiloff-Smith -which seems to have marked a turning point in the dynamics of theorizing and experimentation on the subject in question. Contributions from the paradigm of modularity led to estimate the differences between baby's consideration as a blank slate without any previous knowledge- the Piagetian and behaviorist babies, and a new nativist baby, initially much more powerful. For the standard constructivism, mind development occurs by general changes that affect the general structures of representation for all domains, and that operate on all aspects of cognitive system similarly, from a few processes biologically determined and functional processes as invariant. For the nativist / modular thesis, the baby is much better equipped from this starting, and is programmed to understand specific sources of information; their further development will be restricted by the specific innately modules established for each domain. To explain cognitive development would involve a difficult balance: while there are more specific domain properties in the baby's mind, less creative and flexible will be their cognitive system. Neuroscience of development and recent experiments with babies, provide elements to try reconciliation between their explanation of the constructivist legacy and the new findings about the innate background of the babies. The evolutionary specialization of human beings would be characterized precisely by a relative lack of expertise at birth, and a very lengthy development during which our brains learn and configure out. So, it would be possible to stay (or return) to constructivist positions, without abandoning the notion that there is something innate -although not necessarily coincident with the Fodor's view. This approach is borrowing heavily from the idea of modularization of Karmiloff-Smith (1992 / 1994). She proposed that the domain expertise and modularity (re-defined) may well be understood as the natural product of the process of development. According to this author, modularization is the result of a process of representational redescription, a phased-development mechanism, able to give an account of the genesis of flexibility and variety of human cognition. Perhaps the challenge will be continuing with the debate in order to figure out the core features of a renewed constructivism, within or beyond the Fodorian modularity, but also of Piaget and computational paradigm, that considers modularistic contributions, and it is compatible with psychological and neurobiological theories. As a result, probably the same role of Developmental Psychology in this debate will lead to redefine the scope of this discipline, transcending (but not abandon) its computational framework.

Key words: Modularity; Constructivism; Nativism; Cognitive development.

Introducción

Este trabajo tiene como objetivo comunicar el estado actual de los debates sobre la modularidad, en particular aplicada a la comprensión del desarrollo cognitivo.
Interesa en primer lugar revisar las razones del surgimiento y desarrollo de una suerte de hegemonía modularista dentro de la Psicología Cognitiva del Desarrollo en las dos últimas décadas. Para ello se examinarán diversos modelos, lo cual implica repasar críticamente tal hegemonía e indicar líneas abiertas de debate.
Se advertirán luego las implicaciones que tiene la noción de modularidad en la de desarrollo cognitivo, más concretamente la disociación de los modelos clásicos de desarrollo de dominio general (v.gr. el piagetiano) y los modelos modular / innatistas; se considerará la noción de modularización de Karmiloff-Smith (1992 / 1994) como punto de inflexión para conciliar presupuestos y estudios.
Será necesario continuar el debate para desentrañar los aspectos que debería tener en cuenta un renovado constructivismo que atienda los aportes realizados por la investigación desde la perspectiva modularista y sea a la vez compatible con teorías psicológicas y neurobiológicas. Asimismo, es probable que como parte del debate la misma Psicología del Desarrollo deba redefinir su alcance, trascendiendo (aunque sin abandonar) su marco computacional de referencia.

El impacto de la modularidad a lo Fodor

En palabras de Igoa, uno de los traductores españoles de Fodor (2003, p. 529):

"La Modularidad de la Mente [...] es, probablemente, una de las obras más célebres de la bibliografía de las ciencias cognitivas, hasta el punto de ser quizás el libro de psicología teórica más citado de las últimas dos décadas, sobre todo en psicología cognitiva.

Desde entonces la noción de modularidad ha interesado a diversas disciplinas, aunque el mismo Igoa, por ejemplo, pareciera no estar de acuerdo:

"Sin embargo, [La modularidad de la mente] ha sido una obra poco influyente, en la mayor parte de las áreas de estudio de las disciplinas cognitivas, en lo que hace al seguimiento de sus propuestas por parte de los investigadores en estas materias" (2003, p. 529).

Sólo tres años después de esta autorizada opinión, como en contrapunto, escribe el no menos autorizado Gómez:

"El modularismo fue una de las ideas más influyentes y 'de moda' en la psicología evolutiva de los 80 y 90. [...] La noción de modularidad había llegado a la ciencia cognitiva de la mano del filósofo Jerry Fodor en 1983, con su libro La modularidad de la mente" (2006, p. 246).

Si Igoa se refiriera a que quizás la mayor parte de las veces que los psicólogos citan a Fodor es para criticarlo o rebatirlo, podríamos estar de acuerdo; pero por ello mismo parece justo, aunque sea a regañadientes, reconocer a este "aguafiestas" y "pesimista" (García-Albea, 2003, p. 515) el mérito de haber actuado como el tábano sobre la ciencia cognitiva, especialmente sobre la Psicología, desenterrando antiguas nociones y poniendo sistemáticamente agudas zancadillas que han llevado más lejos la investigación teórica y empírica.
En este artículo se examinará la hegemonía modularista en la Psicología del Desarrollo, esbozando la génesis de su progresivo encanto o desencanto, hasta llegar a formular algunas de las líneas en que ha decantado la modularidad. El debate actual tiene el atractivo de volver a poner sobre el tapete diversas posiciones acerca de la arquitectura mental, de la posibilidad misma y las perspectivas de la noción de desarrollo cognitivo y de la interdisciplinariedad entre Psicología y Neurobiología.
La noción fodoriana de módulo es correlativa de una concepción de la arquitectura mental humana, es decir de "los rasgos invariantes del sistema de procesamiento humano" (Karmiloff-Smith, 1992 / 1994, p. 18 de la versión española). Para Fodor, la mente humana está compuesta por módulos o sistemas de entrada de datos genéticamente especificados, que funcionan independientemente y están dedicados a propósitos específicos. Define un módulo como un

"sistema computacional informacionalmente encapsulado, un mecanismo inferencial cuyo acceso a la información de fondo está restringido por rasgos generales de la arquitectura cognitiva" (1983 / 1986, p. 2 de la versión española).

La información proveniente del mundo ingresaría al sistema cognitivo por un sistema de transductores sensoriales, cuya función es transformar los datos para darles el formato que puede procesar cada sistema especializado de entrada, esto es, cada módulo. Tal información sería de dominio específico: no tanto por referirse a un dominio o ámbito específico del mundo sino por ser procesada por un sistema con una especificidad innata (Enesco & Delval, 2006a). Según Fodor, los módulos de entrada están preestablecidos, poseen una arquitectura nerviosa fija, son rápidos, autónomos, obligatorios, automáticos, se activan por el mismo estímulo, producen datos poco elaborados y son insensibles a las metas cognitivas de los procesos centrales. Cada módulo produciría datos en un formato común adecuado para un procesamiento central de dominio general, en el que tendrían lugar operaciones y cómputos tales como pensamientos, deseos y creencias (Fodor, 1975 / 1984).
Esta teoría sobre la estructura y funcionamiento humano, que según su autor tiene como antecedente la decimonónica psicología de las facultades, se mostró desde el principio sumamente sugerente. La conjugación de dos sistemas actuando en paralelo para el procesamiento de datos de diferente nivel de información parecía poder explicar desde una perspectiva computacional, por ejemplo, el fenómeno de las ilusiones perceptivas. En una de las más conocidas ilusiones ópticas (citada por el mismo Fodor), la de Müller-Lyer, sabemos (con nuestro sistema de procesamiento central) que las dos líneas que tenemos ante los ojos tienen igual longitud pero no podemos dejar de ver una más corta que la otra. Ello se debería al procesamiento diferencial realizado por el módulo correspondiente a nuestra percepción de tal estímulo y sus cómputos específicos, por un lado; y por otro, al procesamiento de nuestros conocimientos previos sobre la naturaleza de lo que estamos viendo, hasta el punto de poder realizar operaciones tan diversas como admirar el maravilloso efecto de la ilusión, estimar mentalmente la diferencia de las magnitudes o comparar la explicación fodoriana con la gestáltica.
Por otra parte, en el campo de la Psicología del Desarrollo se cultivaron desde fines de la década de 1950 nuevas metodologías de investigación, cuyos resultados convergían con estos aportes de la Psicología teórica1. En efecto, habían comenzado a utilizarse y a refinar métodos que hacían posible investigar sobre la infancia temprana, más precisamente acerca de los sistemas de entrada mediante los cuales los niños recién nacidos y los bebés computan datos en diferentes dominios cognitivos.

"Las nuevas técnicas experimentales se diseñaron para superar los problemas de las investigaciones inspiradas en Piaget en las que se requería que los niños demostrasen sus capacidades mediante actividades de búsqueda manual. Los recién nacidos y los bebés pequeños no pueden aún usar sus manos para buscar cosas. En cambio, lo que hacen muy bien es chupar y mirar [...]. Los nuevos métodos de investigación se basan en estas capacidades. [...] [Por ejemplo] En el paradigma de habituación y deshabituación, se presenta repetidamente al niño la misma estimulación hasta que da muestras de perder el interés empezando a prestar atención durante periodos de tiempo más breves [medido ello mediante la duración de la mirada o la amplitud de la succión]. Entonces se presenta un estímulo nuevo. Si el niño da muestras de renovado interés atendiendo durante un periodo de tiempo mayor, podemos concluir que la diferencia entre el estímulo anterior y el nuevo es captada (percibida, comprendida) por el niño. [...] Manipulando hábilmente las variables de forma, color, tamaño, etc., el investigador puede acabar dando con la naturaleza de la diferencia a la que el niño es sensible" (Karmiloff- Smith, 1992 / 1994, pp. 30-31 de la versión española).

El resultado de los estudios, enormemente sorprendente en su momento, fue que muchas de las habilidades cognitivas que habían sido hasta entonces atribuidas a niños de mayor edad ya se hallaban en estadíos muy precoces de desarrollo. En otras palabras, se encontraron (o se creyó encontrar), con enorme fascinación, conocimientos a priori o al cabo de relativamente poca experiencia vital o, como se prefirió a veces decir, conocimientos innatos, en diversidad de dominios (Mehler & Dupoux, 1990 / 1992). Todo ello comenzó a dar en el reconocimiento de diferencias entre la consideración clásica del bebé como tabla rasa sin ningún conocimiento preestablecido, propia del bebé piagetiano y conductista (Karmiloff-Smith, 1992 / 1994; cf. Piaget, 1957 / 1965; Skinner, 1953)2, y un nuevo bebé innatista con competencias iniciales mucho más poderosas3.
El innatismo, por tanto, después de haber sido innombrable en la Psicología durante décadas, volvía de la mano de avances teóricos y de hallazgos empíricos. Karmiloff-Smith ironiza el estado de la cuestión (1992 / 1994, p. 17 de la versión española) por entonces:

"¿Se ha parado a pensar alguna vez en la gran cantidad de psicólogos infantiles que son reacios a atribuir predisposiciones innatas al bebé humano? Estos psicólogos, en cambio, no dudarían en hacerlo con respecto a la hormiga, la araña, la abeja o el chimpancé. ¿Por qué iba la Naturaleza a dotar a todas las especies, excepto a la humana, de predisposiciones específicas?"

Enormes panoramas quedaban abiertos para la investigación.

Más allá de Fodor

Quedaban abiertos también serios interrogantes. Uno crucial para la Psicología del Desarrollo, para su misma existencia y sentido, era si es posible o no el desarrollo, concretamente el desarrollo cognitivo. La fuerza de su negación tenía dos vías de argumentación: el innatismo de los módulos y la incognoscibilidad de los procesos no modulares. La versión más fuerte derivada del enfoque fodoriano, emparentada con una versión igualmente fuerte de la analogía mente-computadora, conducía de modo inequívoco a teorizar que no puede haber desarrollo en sentido estricto, bajo la premisa de que los módulos son innatos y por lo tanto no se desarrollan. Si se pretendía ir más allá del sentido común que indica que es obvio que sí existe el desarrollo, más allá de la demostración experimental de que a lo largo del tiempo los sujetos humanos experimentan cambios cognitivos cualitativos y cuantitativos, parecía ahora que debía ponerse el acento en la explicación de los módulos. En efecto, luego de formulada la Ley de Fodor sobre la inexistencia de la ciencia cognitiva, que postula que "cuanto más global es un proceso cognitivo, tanto menos se comprende" (1983 / 1986, p. 151 de la versión española)4, si se pretendía hacer Psicología científica había que apostar por la aceptación, o no, de la propuesta de recorte teórico con su correlato empírico de no pretender abarcar procesos que no fueran específicos, es decir, dejar de lado los procesos de índole general investigados hasta entonces.
La modularidad ha avanzado históricamente en diferentes direcciones y disciplinas dentro de las ciencias cognitivas. Buena parte de la investigación psicológica se dirigió a la búsqueda de módulos, yendo contra los paradigmas de dominio general de larga tradición, de la mano sobre todo de la nueva investigación con bebés y al amparo también de otras ideas boyantes como la del estudio comparativo de expertos y novatos. Como resultado de investigación propia y ajena, Wellman y Gelman (1992, p. 338) expresaron:

"Cada vez se acepta en mayor medida que el conocimiento puede diferir de forma sustancial en diferentes áreas o dominios (Chomsky, 1975; Fodor, 1983 / 1986; Gallistel, 1990). En época reciente se han presentado argumentos a favor de: una facultad única para adquirir el lenguaje, diferentes sustratos neuronales para el conocimiento acerca del espacio, predisposiciones en la infancia para atender a los números frente a las caras o frente al habla, una inteligencia social de primate muy evolucionada y la existencia de islas específicas de pericia sobre asuntos tales como dinosaurios, física o ajedrez. La afirmación general es que la mente está de alguna manera compartimentalizada o 'modularizada'; es decir que la comprensión conceptual humana de un tipo (por ejemplo, sobre el espacio) es probablemente muy diferente en carácter, estructura y desarrollo de la comprensión de otro tipo (por ejemplo, sobre el lenguaje)."

Si bien amplios sectores en Psicología de la Educación parecen haberse mantenido al margen de la polémica, fieles al estilo del New Look impulsado por Bruner (García-Albea, 2003), les llegaron igualmente ramalazos del debatirse de la Psicología Cognitiva que se comenta aquí a través de la consideración (para algunos, un lugar común desde los estudios neopiagetianos) acerca de la diferencia determinada por los contenidos correspondientes a diversos dominios de la realidad.
La teorización sobre los módulos se trasladó también a los estudios en Psicología Evolucionista y allí dio un vuelco espectacular más allá de Fodor, asumiendo la hipótesis de una modularidad masiva según la cual la mente "está compuesta esencialmente (o puede que completamente) por 'módulos' o mecanismos computacionales innatos, de propósitos específicos" (Samuels, 2000, p. 13). La explicación aplica la lógica de la adaptación a la filogénesis de la arquitectura cognitiva: hemos llegado a tener esta mente como al cabo de milenarios procesos de adaptación, por lo cual

"no venimos al mundo con un pan debajo del brazo, sino, según la metáfora de Cosmides y Tooby (1994 / 2002), con una 'navaja suiza' compuesta de múltiples dispositivos cognitivos específicos para solucionar los problemas que nuestra especie hubo de resolver para llegar aquí, hasta escribir y leer estas líneas" (Pozo, 2003, p. 85).

Cada una de las partes de la 'navaja suiza' serían módulos especializados a la manera innatista de Fodor de 1983, encapsulados e innatos. Tomasello (1999) denuncia versiones barrocas de esta hipótesis, en las cuales no hay función sin órgano, ni resultado experimental sin su correspondiente módulo. Se menciona a Pinker5 (1997 / 2000) y a Cosmides y Tooby (1994 / 2002) como algunos de los autores más representativos del enfoque de la modularidad masiva.
La modularidad llevada a su extremo también parece haber sido el aliento de múltiples investigaciones en el campo de la Neurobiología6, que ha trabajado sostenidamente sobre casos patológicos; a partir de casos de pacientes con daño cerebral se busca inferir cómo funciona la mente humana, por medio de la detección de la existencia de funciones mentales diferentes para distintas tareas7. Se han estudiado especialmente las disociaciones dobles con este propósito:

"Se expresan cuando un tipo de afección cerebral incide en la ejecución de una tarea A (por ejemplo el reconocimiento visual de caras), pero no en una tarea B (por ejemplo, reconocimiento de objetos), mientras que otro tipo de afección incide precisamente al revés (en la ejecución de B pero no de A). [...] La existencia de disociaciones dobles se ha considerado, generalmente, como prueba suficiente para concluir que cada tarea es ejecutada por una función cognitiva diferente, asumiendo una modularidad de procesamiento" (Enesco & Delval, 2006a).

Asimismo se investiga sobre casos de desarrollo atípico por ejemplo, el Síndrome de Williams (v.gr. Karmiloff-Smith, 1998).
Hay también posturas de modularidad moderada (soft modularity). Por ejemplo, Geary y Huffman (2002) sugieren precisamente la existencia de dispositivos específicos de dominio, consistentes no sólo en un sistema de creencias sino en mecanismos de cómputo especializados, que puedan ser revisados o parcialmente desencapsulados y reconstruidos mediante procesos de aprendizaje explícito. Algunos autores evolucionistas se refieren a módulos darwinianos (Murphy & Stich, 2000), como

"especializaciones cognitivas que responderían a las nuevas condiciones ambientales en el proceso de hominización, de forma que en algún momento de la evolución debió generarse una capacidad de conectar o integrar la información procesada por cada uno de esos módulos permitiendo un procesamiento más global o independiente de contexto" (Pozo, 2003, p. 119).

Desde esta perspectiva, los módulos serían innatos pero dejarían lugar a un sistema de procesamiento central. Dentro de este conjunto de los moderados se debería situar a Karmiloff-Smith y su hipótesis de modularización, que parece haber marcado un punto de inflexión en la dinámica de la teorización y la experimentación sobre el tema que se trata. Retomaremos este punto más adelante.
Se deja ver que bajo distintos formatos la modularidad se ha ido acomodando a los resquicios de la necesidad de los investigadores, hijos de su tiempo pero también de su tradición de investigación, hasta convertirse en algo así como un amplio telón de fondo dominante, hegemónico, del paradigma dominante en la ciencia cognitiva y en la Psicología Cognitiva del Desarrollo. Una prueba indirecta de su fuerza es la misma cita de Igoa mencionada al comenzar; junto con Fodor, la noción de modularidad es referida anywhere aun implícitamente.

¿Modularidad versus desarrollo?

Un aspecto específico del debate, ya aludido, es que la concepción innatista / modularista del bebé tiene implicaciones radicalmente distintas y plantea desafíos a las concepciones mantenidas por la tradición constructivista. Se trata de una cuestión afín a la que considera los modelos de desarrollo desde la óptica de su relación con el aprendizaje.
La tesis constructivista clásica es solidaria con la idea del desarrollo de una mente en la cual los cambios que afectan las estructuras de representación son generales para todos los dominios y operan similarmente sobre todos los aspectos del sistema cognitivo. Según Piaget, la génesis de la inteligencia se daría a partir de unos pocos procesos biológicamente determinados (los reflejos) y unos procesos funcionales (las invariantes funcionales). El bebé comenzaría su actividad en relación con el mundo poniendo en juego sus re flejos innatos aunque ese sería sólo el inicio de la formación de esquemas de acción, cuya progresiva complejización e integración jerárquica va generando estructuras (generales) de cada vez mayor nivel.
Para la tesis modular / innatista, el bebé estaría mucho mejor equipado en su punto de partida, programado para entender fuentes de información específicas gracias, precisamente, a los módulos de entrada. Esta postura defiende que el aprendizaje posterior estará guiado por principios innatamente establecidos y específicos para cada dominio y que tales principios determinarán las entidades sobre las que tendrá lugar el aprendizaje posterior (Gelman, 1990; Spelke, 1991).
Incluso aceptando que existe el desarrollo cognitivo, explicar en qué consiste requiere un difícil equilibrio: la premisa que está en juego, establecida por Chomsky (1987 / 1989), es que cuanto mayor sea la cantidad de propiedades de dominio específico de la mente del bebé y cuanto más modularizada sea ésta en el comienzo del desarrollo, menos creativo y flexible será el sistema posterior. De este modo, la posición innatista, a pesar de su enorme atractivo, terminaría siendo poco explicativa de la impresionante variedad a que puede conducir el desarrollo humano.
La tesis constructivista clásica, al enfatizar la pobreza inicial del equipamiento del niño, tiene desde esta perspectiva la ventaja de no encerrar el desarrollo posterior en los límites de lo preformado. Enesco y Delval (2006b) avanzan al definir la posición constructivista como emergentista,

"en el sentido de que implica las siguientes asunciones: (1) nuestro cerebro-mente es general de partida en el sentido de que emplea mecanismos generales no preespecializados ni con un objetivo particular, (2) estos mecanismos son sensibles al contexto, por lo que, (3) se van especializando con la experiencia o práctica específica y (4) lo hacen a lo largo de un periodo muy extenso de desarrollo. Sus resultados son producto de la interacción entre las propiedades funcionales del sistema [...] y la experiencia prolongada con distintos aspectos del entorno" (p. 290).

Una cuestión clave es cómo hacer frente a la apuesta por reconciliar el legado piagetiano (Beilin, 1994; Enesco, Lago & Rodríguez, 2003) y su constructivismo con los nuevos hallazgos sobre la dotación innata de los bebés. Tanto la neurociencia del desarrollo como los recientes experimentos con bebés brindan elementos a favor de esta jugada. Por un lado, la dirección que apuntan la fisiología del cerebro y la perspectiva conexionista en los estudios recientes hace menos plausible su modularidad que su plasticidad (Elman et al., 1996); por otro, nuevos modelos de aprendizaje online parecen poder explicar cómo bebés muy pequeños pueden ir cambiando sus expectativas dentro de un experimento a medida que se desarrollan los eventos, lo cual no haría necesaria la asunción de que tienen conocimientos o expectativas a priori.
Karmiloff-Smith contesta la pregunta planteada más arriba en relación con la especificidad de la arquitectura de la cognición humana y lo que le ha dado la Naturaleza al bebé humano (como le ha dado a la hormiga, la araña, la abeja y el chimpancé). La especialización evolutiva de los seres humanos se caracterizaría precisamente por una relativa falta de especialización al nacer y un desarrollo muy prolongado durante el cual aprender y configurar nuestro cerebro (Karmiloff, K. & Karmiloff-Smith, A., 2001).
Ello implica tornar las piezas del debate en el plano de los modelos de desarrollo. Sería posible mantenerse, o quizás regresar, a posiciones constructivistas sin abandonar la idea de que hay algo innato, aunque no coincidente con lo pautado por la modularidad a lo Fodor. Este nuevo enfoque es deudor en gran medida de la noción de modularización de Karmiloff-Smith (1992 / 1994). Esta autora ha trabajado sobre los límites y posibilidades de su paradigma de partida, el piagetiano (cf. Karmiloff-Smith & Inhelder, 1974 - 1975 / 1984), pero ahora posicionada claramente dentro de las ciencias cognitivas, poniendo esta formación en conjunción con las propuestas modular / innatistas y con abundantes resultados de investigación en los campos antes mencionados. Su propuesta básica es que la especialización de dominios y la modularidad (redefinida), lejos de ser un producto artificial de insensatas tendencias innatistas, bien puede entenderse como el producto natural del proceso mismo de desarrollo (Núñez, 2006)8.
La modularización, como concepción acerca del desarrollo cognitivo, va más allá de la noción clásica de distinción de estadíos de dominio general y se acerca más bien a la noción de que el desarrollo se realiza de modo más local y específico, de modo recursivo. Los dominios no estarían definidos a priori más que en aspectos estructurales muy básicos y se daría una modularización precisamente en el sentido de que, por medio de la experiencia, en concreto por el mecanismo estrictamente humano de la redescripción representacional9, se daría un proceso de desarrollo en fases capaz de dar cuenta de la génesis de los aspectos más flexibles y variados de la cognición.

"La idea de que la especialización ocurre de manera interactiva proporciona una base biológica para entender la especificidad de dominio desde una perspectiva constructivista" (Núñez, 2006, pp. 279-280).

Conclusiones

No es sencillo encontrar negativas francas a la modularidad sino más bien aceptaciones o negativas parciales. Se reconoce que hay posturas extremas hasta llegar a la modularidad masiva y posturas moderadas de diverso corte, según la disciplina que las sustente.
En Psicología del Desarrollo Cognitivo es clave la cuestión sobre las implicaciones de la modularidad como modelo teórico. La teorización y la investigación empírica del paradigma modular / innatista son ahora imprescindibles aportes, pero se hace necesario compaginarlas con una explicación capaz de dar cuenta de la variedad y flexibilidad a que puede conducir el desarrollo humano.
Lo que parece más claro es que el paradigma modularista está cambiando con la fuerza y el ritmo del debate y que ha desdibujado su fuerza hegemónica inicial. Probablemente, al menos en la Psicología del Desarrollo Cognitivo, esté virando hacia un constructivismo que reconozca numerosas restricciones innatas de partida del desarrollo.
Como bien plantean Enesco y Delval (2006a, p. 249)

"Aceptando que el problema de cómo se desarrolla la mente sigue abierto, insistimos en la necesidad de explicaciones del desarrollo que sean plausibles psicológica y biológicamente, un requisito que, desde nuestro punto de vista, cumplen mejor los modelos actuales constructivistas que los innatistas".

Pareciera que el desafío estará en los próximos tiempos en (re)plantear un modelo constructivista en sentido estricto, más aquí o más allá de la modularidad a lo Fodor, pero también de Piaget y del paradigma computacional, que dé respuesta al mismo tiempo a las actuales posibilidades de investigación de la neurobiología del desarrollo.
La Psicología del Desarrollo, en tanto da cuenta de la dimensión histórica del sistema cognitivo humano, parece constituir una pieza insoslayable y casi obvia en este debate y por ello es necesario hacer una última precisión. Es conocido que el enfoque computacional clásico, al haberse alejado de ese análisis genético (Pozo, 2003), marca límites estrechos para la consideración del desarrollo cognitivo, y con ello también del conocimiento propiamente humano, su adquisición y generación. Parece entonces necesario trabajar sobre el alcance que tendría la propia Psicología del Desarrollo dentro de las ciencias cognitivas, trascendiendo (aunque sin abandonar) un marco computacional de referencia. La noción de modularización y el modelo cognitivista al que está asociado parece una vía interesante también desde esta perspectiva. Con aportes muy diversos, el antiguo debate sobre el innatismo sigue pujantemente abierto.

Agradecimientos: La autora agradece a la Dra. Ruth Campos, Profesora de la Universidad Autónoma de Madrid y a la Prof. Yolanda Fernández Acevedo, Profesora Extraordinaria Consulta de la Universidad Nacional de Salta, la atención de su lectura y el comentario generoso de algunas ideas contenidas en este trabajo.

Notas

1 Los filósofos prefieren hablar de filosofía de la mente para referirse a este campo de estudio.

2 Karmiloff-Smith (1994) no se recata de equiparar las posturas de Piaget y Skinner aunque sean conocidas habitualmente como irreconciliables, y contrapone un enfoque de generalidad de dominios con su propia propuesta de explicación del desarrollo, basada en la especificidad de dominios. Numerosos estudios indican la existencia de restricciones específicas en el comienzo del desarrollo en diversidad de dominios (por ejemplo, número, lenguaje, seres vivos, personas, objetos físicos); ello ha supuesto una imagen del bebé mucho más matizada y precisa que la que considera que el recién nacido "no difiere demasiado de un amasijo poco organizado de reflejos" (Martí, 2005, p. 111).

3 Las interpretaciones del paradigma de investigación con bebés parece haber ido en ocasiones más lejos de lo que los resultados experimentales daban de sí. Enesco y Delval (2006a) exponen las críticas que se hace actualmente a esta suerte de entusiasmo inicial: "A partir de estos hallazgos muchos autores han dado por hecho que la precocidad con que aparecen estas competencias constituye una prueba de la naturaleza innata o no aprendida (como prefiere matizar Spelke, 1999) de capacidades conceptuales y no meramente perceptivas" (p. 257). Ello no invalida todo lo dicho sobre los "espectaculares descubrimientos" sobre ciertas competencias incluidas en nuestro "equipamiento cognitivo de serie" (Pozo, 2001, p. 77) y la importancia de los estudios con bebés.

4 "La cual, expresada de un modo más optimista, podría formularse diciendo que podremos seguir avanzando en el conocimiento de la mente cognitiva en la medida que podamos identificar sistemas cognitivos que sean suficientemente modulares y, por tanto, suficientemente locales en su modo de operar" (García-Albea, 2003, p. 509).

5 Puede resultar de interés resaltar la prolongada polémica, al parecer ya agotada desde el punto de vista editorial, entre Pinker (1997 / 2000, 2005a, 2005b) y el mismísimo Fodor (2000 / 2003, 2005).

6 O quizás mejor, neurociencia del desarrollo (Scerif, 2006).

7 No todos los estudios neurobiológicos que remiten a la modularidad aceptan sin más este paradigma, sino que en ocasiones tratan de refutarlo o encontrar sus límites y ello tiene un valor teórico indudable. El caso más notable en este sentido quizás sea el de Karmiloff-Smith, desde hace varios lustros dedicada estratégicamente al estudio de desarrollo atípico (v.gr. Síndrome de Williams).

8 Una referencia concreta del debate es la consideración de los módulos y los dominios como artefactos (Enesco & Delval, 2006a) o como productos del desarrollo (Núñez, 2006).

9 La redescripción representacional es "una forma específicamente humana de obtener conocimiento", que "consiste en que la mente explote internamente la información que tiene almacenada (tanto innata como adquirida) mediante el proceso de redescribir sus representaciones o, para ser más precisos, volviendo a representar iterativamente, en formatos representacionales diferentes, lo que se encuentra representado por sus representaciones internas. [...]. El desarrollo y el aprendizaje parecen [...] adoptar dos direcciones complementarias. Por una parte, se basan en el proceso gradual de procedimentalización (es decir, hacer que el conocimiento sea más automático y menos accesible). Por otra, implican un proceso de 'explicitación' y accesibilidad cada vez mayor del conocimiento" (Karmiloff-Smith, 1992 / 1994, pp. 35-36 de la versión española).

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Facultad de Humanidades. Universidad Nacional de Salta (UNSA). Salta - República Argentina

Fecha de recepción: 9 de junio de 2008
Fecha de aceptación: 10 de junio de 2009