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Andes

versión On-line ISSN 1668-8090

Andes  n.16 Salta ene./dic. 2005

 

La institucionalización de la arqueología desde Olavaria.

 Diana Leonis Mazzanti*

"Una parte importante de mi búsqueda, cada vez más preocupante, ha sido la de encontrar el sentido de lo que hago. No sólo apuntar a la explicación de fenómenos a través del "que es esto" o "por qué ocurre así", sino también "para qué busco esto"
(Madrazo 2002:26).

* Laboratorio de Arqueología Regional Bonaerense, Universidad Nacional de Mar del Plata.

La participación del Dr. Guillermo Madrazo en el desarrollo de la arqueología de la Región Pampeana, precisa necesariamente de una contextualización en el marco ideológico y socioeconómico que atravesaba Argentina durante la época de su formación universitaria y su temprana praxis profesional. Lo ocurrido en esos años permite, en cierta manera, elucidar la emergencia de un científico como Guillermo Madrazo, quien construyó su trayectoria de manera sólida y congruente con su posicionamiento ideológico, teórico y de práctica disciplinar. Su constante preocupación por la responsabilidad social que asumió como profesional y su solidaridad indeclinable para sus colegas en los varios gobiernos dictatoriales, le valió el respeto y reconocimiento de muchos antropólogos e historiadores.
Su postura y actitudes como científico lo llevaron a intervenir tempranamente en el ámbito social y cultural de Olavarría. Desde esa ciudad del interior bonaerense pudo activar y proyectar a la comunidad científica nacional las ideas y debates modernos de la antropología. Esa labor la realizó a través de la organización del Museo Etnográfico "Dámaso Arce" y posteriormente con la creación del Instituto de Investigaciones Antropológicas de Olavarría (IIAO).
Durante los años de su labor institucional en Olavarría (1963-1971) promovió el desarrollo de la arqueología regional, el carácter interdisciplinario y sistemático de la investigación científica y fomentó varios estudios antropológicos en localidades del noroeste argentino. Los logros de las investigaciones en las diversas ramas de la antropología y de otras disciplinas vinculadas fueron divulgados a través de una sección editorial y desde las salas del Museo Etnográfico con diversas tareas de difusión a las escuelas locales (Madrazo 2002). Guillermo Madrazo comenzó su labor en Olavarría con una rápida estructuración académica, facilitando la inserción de diversas especialidades de la antropología.
Personalmente, Guillermo Madrazo se interesó por indagar colecciones arqueológicas y en realizar trabajos de campo (prospecciones, sondeos y excavaciones) en distintas localidades de la provincia de Buenos Aires. Ese camino le favoreció
investigar sitios arqueológicos como Cerro El Sombrero, Quequén Chico y Zanjón Seco, entre otros, que surgieron de sus vínculos con el Sr. Gesué Noseda, director del Museo de Lobería (Madrazo 1972, 1973, 1979). A través de esa práctica y de sus ideas renovadoras, provenientes del enfoque teórico llegó a proponer un nuevo modelo interpretativo para la arqueología de la Región Pampeana.
El Dr. Guillermo Madrazo se graduó en Historia en la Universidad de Buenos Aires en 1963 y previamente se había formado en la arqueología bajo la dirección del Dr. Ciro René Lafón en el Instituto de Ciencias Antropológicas de esa universidad (Márquez Miranda  1960-61). Perteneció a una generación de profesionales formados teóricamente en el marco de las ciencias sociales comprometidos con los gobiernos democráticos. En el caso de la antropología, estos intelectuales fueron los que iniciaron el alejamiento de las definiciones del "Humanismo" con que coincidía la antropología oficial en esos años.
Durante las últimas dictaduras militares fueron numerosos los egresados de antropología de la Universidad de Buenos Aires que debieron radicarse en el exterior o ejercieron su profesión en otras instituciones del interior del país buscando nuevas alternativas para continuar con el desarrollo de una antropología que analizara e interviniera en la resolución de problemas contemporáneos (Ratier 1998).
A pesar del golpe militar del Tte. General Juan Carlos Onganía y de la llamada "noche de los bastones largos" ocurrida en 1966, Guillermo Madrazo pudo continuar con la labor emprendida en Olavarría desde donde facilitó que otros investigadores, que no pudieron proseguir en la Universidad de Buenos Aires, desarrollan su profesión o se formasen en las especialidades de la antropología en ese ámbito científico y cultural del interior. Su apertura teórica-metodológica fue el estimulo sustancial para que se lograra constituir en Olavarria un grupo de investigación relevante e impulsara una política interinstitucional con otros museos u organismos culturales bonaerenses.
No fue casual que los nuevos enfoques teóricos, conceptos, estrategias metodológicas y técnicas modernas que circulaban en ese grupo de trabajo condujeran en pocos años al descubrimiento del sitio arqueológico Estancia La Moderna y a la propuesta de Palanca et al (1972 y 1973) sobre la coexistencia del Hombre con fauna pleistocénica. Fue la primera vez que se planteaba, con evidencias científicas sólidas, la posible convivencia del Hombre con megafauna extinguida en la provincia de Buenos Aires.
Así, surgió un espacio de investigación y debates relevantes en el interior de la provincia y con una importante inserción comunitaria. A tal punto que en varias oportunidades esta característica fue destacada por representantes de los pueblos originarios, como el caso de la cacique Magdalena Elena Cayuqueo de la tribu del Cacique Coliqueo de Los Toldos, Provincia de Buenos Aires 1.

La Antropología en Olavarría: los inicios con el Museo Municipal "Dámaso Arce"

Los antecedentes de la fundación del Museo Municipal "Dámaso Arce" datan de las exhibiciones y colecciones recolectadas por un residente olavarriense, de profesión platero y autodidacta de las ciencias naturales y humanas de la época, el Sr. Dámaso Arce. En 1920 Arce abrió sus colecciones al público de esa ciudad (Ratier 1991-1992). Luego de su muerte, ese museo particular fue cerrado y recién en 1961 una comisión local impulsó su reapertura promoviendo la fundación de otro museo dentro de la órbita estatal.
Así se creó una unidad que tomó a su cargo la generación de investigaciones antropológicas sostenida por una Comisión de Cultura Municipal, un grupo de colaboradores locales e investigadores de las ciencias antropológicas. Ellos contaron con el apoyo del Dr. Enrique Palavecino, entonces director del Museo Etnográfico de la Universidad de Buenos Aires, quien estimuló el carácter profesional de la nueva institución y colaboró intensamente para que estuviera bajo la órbita municipal. Para ello donó una significativa colección etnográfica, acompañó la organización y delegó la responsabilidad de la dirección en Guillermo Madrazo, quien en ese entonces era docente de la Universidad de Buenos Aires con una importante experiencia en la arqueología del noroeste argentino.
La primera actividad del Museo Municipal Dámaso Arce tuvo gran impacto posterior en la antropología y especialmente en la arqueología nacional. Durante la inauguración del Museo, el 8 de septiembre de 1963, se llevó a cabo una Mesa Redonda con el fin de debatir los problemas y los métodos de la antropología Argentina. Esa mesa estuvo integrada por el Dr. Eduardo Casanova, Dr. Alberto Rex González, Prof. Pedro Krapovickas, Prof. Delia Millán de Palavecino, Prof. Enrique Palavecino y el Prof. Guillermo Madrazo. Estos investigadores acordaron llevar esas discusiones a una escala nacional mediante la organización de la Primera Convención Nacional de Antropología, la que fue coordinada por la Universidad de Córdoba y realizada en la ciudad de Carlos Paz en 1964. Sus resultados fueron publicados y formaron parte, durante décadas, de muchos estudios arqueológicos.
Guillermo Madrazo puso en marcha en Olavarría una intensa tarea académica mediante la programación de investigaciones, la generación de una política editorial y su correlato en la divulgación cultural hacia la comunidad local y pueblos adyacentes. Su labor arqueológica desde este museo estuvo destinada a continuar sus investigaciones en distintos sitios de puna, valles y quebradas de la provincia de Jujuy, y a iniciar los estudios en la pampa (Madrazo 1965, 1966, 1967, 1968, Madrazo y Otonello 1965, entre otros trabajos). En ambas regiones utilizó un enfoque novedoso, proveniente de la ecología cultural, e insistió en realizar investigaciones regionales integrales centradas en el estudio en los procesos de cambio que vinculasen a varias especialidades como arqueología, etnohistoria, historia y antropología social. Por ello, desde el Museo Dámaso Arce fomentó los trabajos en esas disciplinas, como también de otras que destinaros sus esfuerzos en analizar algunos aspectos climáticos y geográficos de la Región Pampeana. En este caso, facilitó la integración de un grupo local de profesoras de geografía dirigidas por la Prof. Zunilda González van Domselaar de Buenos Aires, encargadas de un estudio de geografía urbana. De esta manera, dinamizó al sector educativo y cultural de esa ciudad brindando espacios y formando grupos de trabajo. En esta primera etapa institucional organizó cursos, mesas redondas, charlas, muestras itinerantes por pueblos cercanos y numerosas escuelas visitaban las salas del museo.
Los comienzos de su labor arqueológica en la pampa húmeda y desde el Museo de Olavarria la realizó mediante la exploración y algunos sondeos en los sitios: Sierras
Bayas, Gruta del Oro, Laguna La Barrancosa, Laguna La Tigra, Sierra Dos Hermanas, Laguna Adolfo Alsina, Cochicó y Del Monte y Sierra La Ventana, entre otros.

La labor editorial: la divulgación científica y el espacio para debates

En enero de 1965 apareció el primer volumen de la Revista Etnia como órgano difusor del museo y destinada a informar semestralmente el desarrollo de las ciencias antropológicas en Argentina. Su director fue el Prof. Enrique Palavecino hasta su muerte acaecida en 1966, luego de lo cual lo reemplazó Guillermo Madrazo. El primer número reunió, en una sección inicial, diversos trabajos de investigadores del país que dieron a conocer información sobre: los yacimientos de altura, el arte rupestre de San Juan y Norte de Mendoza, la dispersión de industrias precerámicas del territorio argentino y aspectos de las investigaciones en Caspalá. Una segunda sección denominada Noticias trató la gama de iniciativas que desarrollaba el Museo.

"El papel de esta publicación, por el pluralismo con que abrió sus páginas, como así también las de su suplemento (Actualidad Antropológica), es de gran importancia, sobre todo en los períodos en que ese clima de pluralidad no existía en nuestras universidades." (Garbulsky 1991-1992:21).

Esta revista tuvo continuidad hasta el año 1979, luego del cual su edición fue interrumpida como consecuencia de la desestructuración de la antropología en Argentina durante la dictadura militar iniciada en 1976. Fue posible su reedición en 1984 cuando se estableció nuevamente el gobierno democrático en la Argentina.
Actualidad Antropológica fue un boletín que se generó también en 1965, como suplemento de la Revista Etnia. Su función básicamente fue la de discutir en notas breves, algunos aspectos de las nuevas corrientes teóricas de la época y comunicar semestralmente diversas noticias del quehacer de la antropología en la Argentina. Sus directores fueron en esos años los licenciados en antropología Mirta Lischetti y Hugo Ratier y el coordinador editorial fue Guillermo Madrazo. Este suplemento también difundió proyectos en curso, informes de investigaciones, comentarios sobre congresos, reuniones científicas, reseñas, reportajes, bibliografía ingresada y una última sección estuvo destinada al correo antropológico.
Actualidad Antropológica fue el marco en el cual se realizó una encuesta a los antropólogos argentinos sobre el por qué y el para qué de la antropología. Sus resultados fueron expuestos por los editores con un interesante cuestionamiento de la diversidad de actitudes de antropólogos y arqueólogos que valían para la reflexión y autocrítica del campo profesional y laboral que los incluía (Ratier 1971). No casualmente su edición fue interrumpida entre 1976 y 1984.
La Serie Monografías creada en 1966 publicó trabajos extensos sobre investigaciones llevadas a cabo en el noroeste argentino. En su labor arqueológica en la pampa y en el noroeste argentino Guillermo Madrazo buscó relacionar los procesos prehispánicos y las interpretaciones ecológicas del pasado con situaciones etnográficas o sociales actuales (Madrazo 1969). Este aspecto lo trasladó a su práctica docente y sus resultados se vieron reflejados en varios volúmenes de Monografías. Las palabras de antropólogos como Hugo Ratier (1998:44) ilustran este perfil científico de Guillermo Madrazo:

"Casi todos los estudiantes nos iniciamos en el trabajo de campo participando en campañas arqueológicas. Por eso no es de extrañarse que quienes nos apoyaron en nuestras inquietudes antropológico-sociales fueran arqueólogos con posiciones teóricas disímiles, como el que motiva estas líneas [Alberto Rex González], Ciró René Lafón o Guillermo Madrazo. Ellos prohijaron y en algunos casos participaron de relevamientos etnográficos en poblaciones actuales, llevando alumnos a terrenos donde antes habían practicado solo arqueología. La iniciativa despertó resquemores entre colegas de los audaces, que veladamente acusaban a los transgresores de ejercicio ilegal de la antropología del viviente" (la aclaración entre corchetes es nuestra).

Mediante la compra y el canje de las series de publicaciones periódicas se logró, además, crear una Biblioteca especializada con un gran número de volúmenes. Se había alcanzado reunir un reservorio de libros actualizados sin precedente en el interior bonaerense.

El crecimiento científico descentralizado

1. El contexto nacional

Hacia mediados de la década de 1960, ya inmerso en la problemática de la Región Pampeana, Guillermo Madrazo llevó adelante un plan de investigación sistemático orientado al estudio del área central de la pampa bonaerense. En Tandilia y Ventania y sectores de la llanura interserrana realizó diversos trabajos de campo, sondeos y en menor medida, excavaciones arqueológicas. Esta labor sistemática (Madrazo 1967, 1968, 1972, 1973, y 1979) lo condujo a discutir los aspectos cronológicos de la propuesta de Menghin y Bórmida (1950), quienes décadas atrás habían definido el complejo cultural Tandilense, e introdujo conceptos derivados de la escuela Ecológica Cultural de J. Steward.
La labor creativa que emprendió Guillermo Madrazo desde el interior bonaerense impulsó nuevas orientaciones y consolidó las innovaciones en la arqueología pampeana.
Este proceso fue consecuente con la generación de profesionales de diversas ciencias que se formaron y se iniciaron en la antropología durante un momento histórico muy particular de las universidades argentinas. Me refiero al período posterior al golpe de estado militar autodenominado "Revolución Libertadora" de 1955. A partir del gobierno de Frondizi en 1958, se inició una nueva trayectoria política con períodos eleccionarios 2 durante la cual se consolidó la antropología en el marco de un constante crecimiento universitario y científico en general. El debate teórico era permeable a discusiones innovadoras que estimularon a esa generación de profesionales a otra dinámica profesional. La lectura, los cuestionamientos y la práctica social de la antropología estuvieron impulsadas, además, por los contactos interdisciplinares con las otras disciplinas de las ciencias sociales. A pesar de estos movimientos intelectuales aún coexistían ideas y enfoques tradicionales de preeminencia idealista y positivista.
Finalizada la última dictadura militar Guillermo Madrazo (1985) analizó el desarrollo de la antropología argentina, proponiendo una sucesión de períodos y condicionantes sociopolíticos que explicaban los rumbos de la disciplina en esos años. El período que él definido como "apertura teórica" (1955-1966) con numerosas consideraciones políticas e ideológicas, corresponde a la etapa durante la cual él se graduó en la universidad e inició la institucionalización de la arqueología en Olavarría.
Otros antropólogos que compartieron una misma época formativa y de desarrollo profesional, mencionan a ese período como la "década liberal" de la universidad (1956-1966) adjudicándole gran creatividad y crecimiento universitario (Tarragó 2003). En general se la menciona como un decenio diverso en la formación de antropólogos y propicio al campo cultural y científico debido a los cambios políticos que favorecieron la modernización tecnológica y cultural. Algunos ejemplos fueron: la creación, en 1958, del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), de varias carreras en ciencias sociales como las licenciaturas en Ciencias Antropológicas de la Universidad de Buenos Aires y de Universidad Nacional de La Plata, o las orientaciones en Antropología para el profesorado de Historia de la Universidad Nacional de Rosario. Como consecuencia de los nuevos cambios políticos de 1963 se instalaron las ideas reformistas en las universidades, se democratizó el funcionamiento académico y se recuperó la autonomía universitaria.
Los programas desarrollistas aplicados en el ámbito intelectual se explicaron en el marco basado en la "Alianza para el Progreso". Este acuerdo continental estuvo destinado a incentivar el compromiso de los estados latinoamericanos para llevar adelante políticas de desarrollo económico y social, aunque bajo la preeminencia de los Estados Unidos. En Argentina se puso el acento en el desarrollo científico-tecnológico a través de la asignación de mayores recursos económicos que favorecieran la consolidación de la ciencia, lo que trajo aparejado también el cuestionamiento de la función de la universidad y de la ciencia en la sociedad (Calderari y Funes 1997). A pesar que se acrecentaba la relación de dependencia de la ciencia, por otra parte se produjeron algunos logros en ese campo que no fueron despreciables. Se institucionalizaron numerosos equipos de trabajo en diversas unidades de investigación (universidades, institutos, centros y museos), se reforzaron áreas del conocimiento como las ciencias sociales y se alcanzaron ciertos niveles de participación universitaria que impactaron favorablemente en el desarrollo general del país.
La antropología, en esos años, estuvo orientada hacia una mayor apertura teórica, especialmente desde centros del interior que propiciaron el ingreso de enfoques teóricos modernos y de la actividad interdisciplinaria (Tarragó 2003). Este proceso de descentralización en la formación y en la labor arqueológica surgió con fuerza durante el transcurso de la década de 1960, asumiendo la condición de nuevas carreras u orientaciones, como por ejemplo en las ciudades de Rosario, Córdoba, Salta y Mar del Plata. En algunas de sus universidades se crearon institutos de investigaciones y/o museos que promovieron programas de vanguardia en la arqueología Argentina.3
Este avance en la dinámica de las ciencias sociales tuvo su punto de inflexión y formó parte de una recurrencia notoria.  La cual indica que, durante la vigencia de regímenes de facto, existieron prácticas de persecuciones intelectuales hacia muchos profesionales que sufrieron cesantías de los ámbitos universitarios (Madrazo 2002).
Con la dictadura militar del Tte. General Juan Carlos Ongania en 1966, las universidades fueron intervenidas perdiendo su autonomía. La represión policial a los integrantes de los claustros universitarios hizo resurgir masivamente la "ética de la renuncia", una tradición universitaria que en Argentina sucedió al inicio de cada gobierno de facto (Calderari y Funes 1997). Estas actitudes, en el caso de los antropólogos los identificaba como distantes a la escuela Histórico-Cultural o de la fenomenología que asumía hegemonía durante esas etapas políticas. Ese golpe militar puso fin a los muchos movimientos renovadores y de democratización intelectual que se habían desarrollado en el ámbito universitario. Comenzó entonces un rápido proceso de retorno en la antropología hacia la ortodoxia teórica de la escuela histórica-cultural, principalmente en los centros capitalinos, y volvió a ser referente en la formación antropológica pese a su anacronismo científico y descrédito internacional 4. Quienes adhirieron teóricamente a ese enfoque integraban mayoritariamente el claustro docente de la Universidad de Buenos Aires y en menor medida el de la Universidad Nacional de La Plata. Esta situación provocó, por ejemplo, que los conocimientos teóricos y metodológicos que el Dr. Alberto Rex González había obtenido del neoevolucionismo norteamericano, fueran excluidos de la carrera de antropología con sede en Buenos Aires.
Bajo la preeminencia del pensamiento "Humanista" de la antropología oficial no se admitía la interdisciplina, tampoco las técnicas modernas, ni los métodos rigurosos de análisis. No hubo espacios para esas discusiones en la mayoría de las cátedras de la Universidad de Buenos Aires y en algunas de la Universidad de La Plata. Esa orientación continuó y produjo que muchos antropólogos procuraron buscar otros interlocutores o referentes profesionales alejados de las explicaciones de esa concepción anacrónica y orientada a la búsqueda de los valores "occidentales y cristianos" (Arenas 1998). 
En ese ambiente de autoritarismos y de resistencias Guillermo Madrazo renunció a su cargo docente en la Universidad de Buenos Aires y buscó alternativas que descentralizaran aún más a la arqueología pampeana. Su práctica arqueológica en la pampa se constituyó en una paradoja en esos años al ser el precursor de cambios renovadores, tras varias décadas de la vigencia del mismo modelo explicativo proveniente de la escuela histórico-cultural. Madrazo cuestionó las cronologías de la secuencia Tandiliense-Blancagrandense presentando evidencias arqueológicas, paleontológicas y geológicas. Su propuesta teórica-metodológica fue la primera crítica, fundamentada teórica y empíricamente, sobre las conjeturas realizadas por Menghin y Bórmida (1950), las que habían sido el marco referencial de la arqueología pampeana durante dos décadas.
Con sus críticas teóricas y el cuestionamiento a la base empírica del modelo hegemónico en contextos políticos autoritarios, Guillermo Madrazo, llevó a la práctica una de las actitudes que Mario Bunge (1982) definió como "coraje intelectual".

2. Creación del Instituto de Investigaciones Antropológicas (IIAO)

Se creó en 1969 a propuesta de Guillermo Madrazo el Instituto de Investigaciones Antropológicas de Olavarria en la misma órbita pública y edilicia del Museo D. Arce. Debido al volumen alcanzado y a la necesidad de incorporar nuevos investigadores, en los fundamentos de su creación se mencionó la necesidad de concentrar la investigación en una entidad específica, que hasta entonces dependía del Museo Etnográfico. Su inauguración oficial fue el 4 abril de 1970.
Pasaron a depender del IIAO todos los proyectos de investigación, en tanto el museo concentró las tareas de exhibición y extensión cultural a la comunidad. Ambas entidades quedaron articuladas dependientes del mismo director y teniendo en común a la serie de publicaciones periódicas.
A partir de entonces, todos los estudios arqueológicos se desarrollaron desde planes o diseños de investigación claramente formulados, orientados a la interdisciplina y al trabajo en equipo. Estas condiciones fueron reflejadas en la práctica arqueológica realizada de manera sistemática y crítica (Madrazo 1971, 2002). El instituto contaba con dos secciones: antropología social y otra compuesta por la arqueología y etnohistoria. Desde el IIAO propuso un proyecto de investigación marco destinado al análisis del "Proceso socio- cultural en la Región Pampeana" con dos períodos (Indígena y el post contacto). Además, continúo con las investigaciones arqueológicas y sociales en la provincia de Jujuy, lugar que, más tarde, determinaría su trayectoria profesional.
En poco tiempo logró conformar un equipo estable de investigadores y estudiantes rentados por el Estado, y dedicados a varias especialidades: antropología social, etnohistoria, arqueología, geografía y geología; estas dos últimas disciplinas destinadas a estudios paleoecológicos y cronológicos. Además, brindó asesoramiento científico a museos o centros vinculados a la antropología de la provincia de Buenos Aires. La labor arqueológica de Guillermo Madrazo y de su equipo en el sitio Estancia La Moderna, las prospecciones regionales y el análisis de puntas "cola de pescado" de la cima del Cerro El Sombrero fueron investigaciones destacables, porque se constituyeron en la base de las investigaciones futuras sobre el poblamiento temprano (finales del Pleistoceno) de la Región Pampeana.
El municipio de Olavarría invirtió una importante suma en infraestructura edilicia para el instituto y la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Buenos Aires colaboró económicamente con la labor arqueológica en Olavarría. Ambas instituciones públicas otorgaron contratos renovables a los graduados y estudiantes avanzados de las ciencias antropológicas. Este fue un logro muy significativo para la arqueología bonaerense porque permitió el trabajo sistemático, la formación de recursos humanos y la legitimación institucional del quehacer arqueológico fuera de los ámbitos universitarios. Fueron contratados los antropólogos Leonardo Daino, Floreal Palanca, la geógrafa Delia Alejandra Perfumo y una estudiante avanzada de la carrera de Antropología, Delia Irusta, y el joven Gustavo Politis que obtuvo una beca municipal de estímulo para tareas de clasificación tipológica. El equipo estuvo también integrado, en calidad de ad honorem, por la antropóloga social Cristina Soruco y dos estudiantes, Srta. Liliana Gau y Aldo Pankonin. El cuerpo de asesores científicos provenía de disciplinas de las ciencias naturales, entre los cuales se hallaban, los geólogos Mario Teruggi, Francisco Fidalgo, Gustavo Moscatelli y Juan Carlos Salazar, los paleontólogos Jorge Zetti y Eduardo Tonni y la Ing. agrónoma Graciela Rosetti. En el último tramo de su gestión frente al IIAO, Guillermo Madrazo se esforzó para lograr que esas designaciones temporarias fueran permanentes (Madrazo 1971).
A pesar del retroceso teórico que en eso años se había instalado en la antropología nacional, el interés por la reflexión crítica y la búsqueda de alternativas produjo que algunos proyectos académicos continuaran el camino de la descentralización de los ámbitos hegemónicos oficiales y en algunos de ellos Olavarría no estuvo ausente.
El primer ejemplo los constituyó la realización del XXXVII Congreso Internacional de Americanistas realizado en septiembre de 1966, tres meses después del golpe militar. Esa situación política dictatorial generó el repudio de los organizadores de esa reunión científica, quienes decidieron cambiar la sede del congreso para evitar la participación de las nuevas autoridades en los actos de apertura y cierre (Politis 1992). Su nueva sede fue la ciudad de Mar del Plata, y quienes participaron lograron construir un espacio de relevancia en la discusión académica de la arqueología y antropología americana. En el acto de apertura se explicitaron públicamente los hechos ocurridos (González 1968) asumiendo los costos que vendrían. Sus fuertes ingredientes de renovación de ideas impactaron favorablemente en quienes eran estudiantes y, muchos graduados jóvenes cesanteados tuvieron oportunidades para reacomodarse laboralmente en el exterior (Garbulsky 1991-1992). Guillermo Madrazo fue Miembro Titular, participando de la Mesa Redonda "Fronteras Áridas de la Civilización" bajo la coordinación de Pedro Armillas, y fue invitado a exponer en el Simposio coordinado por Jorge Hardoy "El Proceso de Urbanización en América desde sus Orígenes hasta Nuestros Días", en el cual presentó los resultados de sus investigaciones en la Puna Jujeña en colaboración con M. Otonello. Esas investigaciones las llevó a cabo, en parte, desde el Museo de Olavarria y fueron publicadas en la Serie Monografías.
Un segundo ejemplo lo constituyó la creación, en 1969, de la carrera de Antropología en la Universidad Nacional de Mar del Plata bajo la dirección inicial del Dr. Güemes, y en 1972 se cambió el plan de estudios para crear las dos orientaciones (sociocultural y arqueología). El Departamento de Antropología estuvo dirigido por Eduardo Menéndez y colaboraron como equipo docente varios antropólogos sociales y arqueólogos. En la orientación arqueológica dictaron cursos de la especialidad: Floreal Palanca (IIAO), Myriam Tarragó y María Teresa Carrara (Universidad Nacional del Litoral, sede en Rosario). Todos eran arqueólogos provenientes del interior del país.
El IIAO y la carrera de Antropología de la Universidad Nacional de Mar del Plata, estuvieron de alguna manera ligados teóricamente a través del arqueólogo Floreal Palanca que fue simultáneamente investigador del IIAO y docente de esa carrera. Además, fue quien al inicio del año 1972 reemplazó a Guillermo Madrazo en la dirección de ambas instituciones. En tanto, Hugo Ratier y Mirta Lischetti que colaboraban con la sección editorial del IIAO, fueron también docentes de la orientación sociocultural en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Quienes estudiábamos antropología en esa universidad nos nutrimos de esas referencias académicas y en varias cátedras se sugerían las consultas de las publicaciones editadas en Olavarria. Este proceso que articuló la investigación antropológica y la docencia universitaria desde localidades del interior, tuvo coherencia teórica y prácticas profesionales críticas, y permite discriminar ciertos motores en este proceso de institucionalización de la antropología que se había logrado en el interior bonaerense.
Guillermo Madrazo renunció a su labor en Olavarria a fines de 1971 y para hacerse cargo de la creación de la Dirección Provincial de Historia y Antropología, a propuesta del Gobierno de Jujuy. Allí fue donde volvió a iniciar nuevos caminos creativos, especialmente en las provincias de Jujuy y Salta.

Un ejemplo opuesto: Las acciones disolventes durante la última dictadura militar

Las innovaciones académicas que ambos centros (IIAO y Museo) demostraron alcanzar, fueron blanco de la intolerancia política-académica que produjo la dictadura militar desde 1976. Por un lado llevaron a la disolución de la carrera de Antropología de Mar del Plata y por el otro, a desarmar el carácter profesional y de investigación  de los centros culturales de Olavarría.
El proceso de cierre de la carrera de Antropología en Mar del Plata implicó primero el cierre definitivo de la inscripción (1975), luego las cesantías docentes y la represión generalizada con el exilio de varios docentes (1976), se estableció un plazo para finalizar la cursada (1981) y como estandarte, el Departamento de Antropología pasó a denominarse "Departamento de Ciencias del Hombre" 5 cuyo director fue Benigno Martínez Soler. El objetivo de quienes asumieron los roles en esta transición 6 fue disolver la carrera, y en esos asuntos fueron exitosos. En tanto, quienes tomaron el Museo e IIAO desde 1976 desestructuraron el perfil profesional que se había logrado. No pudieron alcanzar la dinámica de la investigación ni de la divulgación científica que Guillermo Madrazo había logrado, tampoco desearon continuar con el espacio de debate y difusión editorial.
Esto sucedía por la lógica centralista a la que no le interesaba el desarrollo de centros de investigaciones en el interior porque se les diluía el control efectivo de la producción de conocimientos, de la divulgación y de la formación de investigadores.

Palabras finales

Guillermo Madrazo desde Olavarría logró la institucionalización de la arqueología y antropología social, construyó junto a varios colaboradores un espacio de solidez académica, de dinámica profesional y de ideas novedosas. Sus esfuerzos en la investigación arqueológica no pudieron ser borrados ya que de una u otra forma, fueron retomados, tiempo después, por varios investigadores de la pampa (ver Politis en este volumen). La experiencia de quienes tuvieron que alejarse y pudieron retornar a Olavarría aportaron nuevos ingredientes en el nuevo marco social y político del estado de derecho. En este sentido, y a pedido de las autoridades municipales de Olavaria, Guillermo Madrazo retomó, en 1984 tan solo por unos meses, la dirección de ambos centros de Olavarria. Nuevamente sus acciones dejaron importantes realizaciones, como un convenio de colaboración mutua con la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.
La trayectoria de Guillermo Madrazo en el Museo "Dámaso Arce" había generado las bases académicas óptimas que facilitaron tiempo después la creación de la carrera de antropología en la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Centro de la Provincia de Buenos Aires, con sede en Olavarría. El interés público logró que desde 1988 la ciudad de Olavarría cuente con una carrera universitaria de grado en antropología en sus dos orientaciones (sociocultural y arqueología), y en el año 2005 se inició la carrera de postgrado con el Doctorado en arqueología. Esos espacios de formación profesional los dirige actualmente el Dr. Gustavo Politis, quien se inició en la investigación, cuando finalizaba sus estudios secundarios, en el equipo dirigido por G. Madrazo.
En el mes de noviembre del año 2000 el II Congreso de Arqueología de la Región Pampeana Argentina se realizó en la ciudad de Mar del Plata y fue motivo para que la comunidad arqueológica de la pampa tuviera oportunidad de realizarle en vida un reconocimiento público a su importante labor en Olavaria. Esa reunión científica y la edición de un volumen especial se realizaron en homenaje a Guillermo Madrazo por su trayectoria profesional y su calidad humana.
Retomo las propias palabras de Guillermo Madrazo (1998:203) que expuso en ocasión de referirse a otro investigador, porque las considero auténticamente aplicables a su propia persona:

"¿Que mejor homenaje que esa muestra de cariño unida a la evidencia del efecto multiplicador de sus enseñanzas? Indagación científica profunda, creación de teoría, transmisión de conocimiento, formación de investigadores y compromiso: toda una trayectoria para confirmar con esas pocas palabras el perfil de un maestro" .

Citas y Notas

1 Carta publicada en el Correo Antropológico de Actualidad Antropológica Nº 6,1970.

2 Se cuestiona la definición de democracia plena debido a las sucesivas proscripciones políticas en los actos eleccionarios.

3 Un caso que merece mención es el Instituto de Antropología de Rosario, desde el cual se emprendieron diversos proyectos arqueológicos, dirigido por Alberto Rex González, luego por Eduardo Cigliano y más tarde por Pedro Krapovickas. Se indagaban diversas problemáticas sociales del pasado y presente en diversos valles del noroeste argentino. Su correlato más visible fue el impulso logrado poco tiempo después por varios profesionales de ese instituto, quienes en 1968-69 organizaron el Museo Arqueológico de Cachi (Salta) (Díaz 1972 y 1973). Ese proceso gestó, desde el interior del país, otro ejemplo de institucionalización de la arqueología y de la antropología social en autonomía teórica y metodológica respecto de los paradigmas oficiales. 

4 El antropólogo italiano Marcelo Bórmida, asilado en Argentina luego de la posguerra, fue quien sostuvo una orientación idealista de la Escuela histórico-cultural. Ocupó en esa época los cargos de Director del Instituto de Ciencias Antropológicas, del Departamento de Antropología y del Museo Etnográfico "J. B. Ambrosetti",  todas unidades dependientes de la Universidad de Buenos Aires. Además, presidió la Comisión Asesora de Antropología e Historia del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) (Garbulsky 1991-1992)

5 Esta denominación enfatizaba el marco teórico "Humanista" de Imbelloni y trasladado a la década de 1970.

6 Modificaron el plan de estudios (OCS 50/77) con el fin de sustituir el Seminario de Antropología Económica (orientación Sociocultural) por el Seminario de Teorías Biológicas (Evolución) y Paleoantropología", en cuyos fundamentos se resaltaba la importancia de los aspectos raciales y sistemáticos de la especie humana. Esta materia fue creada además, para que fuese dictada por la Prof. Josefa Patti de Martínez Soler.

Bibliografía:

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