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Andes

versión On-line ISSN 1668-8090

Andes  n.16 Salta ene./dic. 2005

 

Apellidos en casabindo entre los siglos XVII y XX. Continuidades y cambio

Emma Laura Alfaro, María Ester Albeck, José Edgardo Dipierri

A la memoria de Guillermo Madrazo quien fue el primero en reflexionar sobre el sistema nominativo de los casabindo

Resumen
El propósito de este trabajo es presentar un conjunto de datos obtenidos a partir del análisis de registros de población, tomando como eje el estudio de los apellidos de un grupo propio de la puna de Jujuy, Argentina. Se plantea el seguimiento de los casabindo y sus descendientes a lo largo de cuatro siglos a partir del registro y el análisis de las transformaciones experimentadas por los apellidos formas de denominación de este grupo. Este seguimiento permitirá, indirectamente a través del comportamiento de los antropónimos, analizar la dinámica poblacional en la zona de casabindo entre el siglo XVII y el XX. La profundidad temporal de este estudio representa una considerable ventaja ya que permitiría evaluar procesos de larga duración experimentados por los casabindo durante el período analizado.

Palabras claves: Antroponimia; Apellidos; Casabindo; Puna de Jujuy.

Abstract
This paper presents data collected from population records, starting from the analysis of some specific surnames that are assumed to belong to the Casabindo, a group that lived in the Jujuy's  Puna, Argentina. The Casabindo and their descendants are traced back along four centuries from the analysis of the transformations of this group's  surnames. This study shows the population dynamics that affected the region between the seventeenth and the twentieth century. The great length of time analysed permits to evaluate the long-term processes occurred to the Casabindo in the period studied.

Key words: Anthroponimy; Surnames; Casabindo; Jujuy's Puna

Antecedentes

Los apellidos constituyen en la actualidad un recurso metodológico importante de la bioantropología y de la genética de poblaciones humanas ya que permite tener una visión global de la estructura de las poblaciones pasadas y/o actuales, visión que no siempre es posible lograr utilizando otros métodos más costosos, lentos o difíciles (Pinto Cisternas y Castro de Guerra, 1988). De acuerdo a Pinto Cisternas y Castro de Guerra (1988) los apellidos pueden ser utilizados para estudios biológicos y sociales de distintas maneras: 1) como discriminante étnico o sociocultural; 2) como elemento analítico; 3) y desde el campo de la lingüística.
Como discriminante étnico, los apellidos ofrecen la posibilidad de evaluar la miscegenación o mezcla genética experimentada por las poblaciones en tanto permiten, en función de su origen étnico, separar a las mismas en distintos subgrupos y ponderar la contribución de cada uno a la conformación  génica de la población. Chakraborty et al. (1989) evaluaron, en aymaras de Chile y Bolivia, el grado de certeza de la clasificación étnica de los individuos por sus apellidos y la mezcla genética experimentada por estas poblaciones. Estos autores observaron que existe una razonable correspondencia entre la clasificación étnica por apellidos y el fenotipo de los individuos establecido por marcadores moleculares.
En función de su origen étnico, los apellidos también revelan identidad y parentesco biológico y permiten rastrear los mismos a través del tiempo. Marcadas discontinuidades en la distribución de los apellidos pueden ser producidas por migración de las poblaciones y relocalización de los grupos étnicos y, por lo tanto, flujo génico (Sokal et al., 1992). El análisis de la distribución espacial y temporal de los apellidos permitiría también ponderar, aproximadamente, cuantos individuos pueden estar viviendo en el área donde estuvieron asentados sus ancestros cuando comenzaron a ser utilizados los apellidos (Manni et al., 2005). En otras palabras, la distribución de los apellidos revelaría los efectos no sólo de la  migración reciente sino también de la del pasado (Mascie Taylor y Lasker, 1990).
Los apellidos de la puna de Jujuy y de Casabindo en particular están siendo estudiados desde fines de la década de 1990. Son varios los trabajos realizados sobre el tema, entre los cuales se destaca el análisis, a partir de los apellidos, de la estructura poblacional de los cuatro curatos de la Puna de Jujuy (Alfaro et al., 1998; 2001), el estudio de la consanguinidad y de la identidad de los casabindo a través del origen de sus apellidos (Alfaro et al.1999,  Albeck et al., 2000) la comparación de la antroponimia entre Casabindo y Atacama (Albeck et al. 2000), el seguimiento de los apellidos y de los cambios en la estructura sociodemográfica de la población de Casabindo por más de 400 años (Albeck et al. 2004; 2005a y b).

Los casabindo

Los casabindo fueron uno de los grupos prehispánicos del Período Tardío - Desarrollos Regionales e Inca (1000 a 1535) que poblaron el sector central de la puna de Jujuy en el siglo XVI. Después de la llegada de los españoles fueron encomendados en una fecha temprana, antes de mediar el siglo XVI, aunque permanecieron sublevados hasta la última década de dicho siglo 1. A principios del siglo XVII fueron reducidos y la encomienda se hizo efectiva, ésta termina en manos de Pablo Bernárdez de Ovando en 1654 para continuar bajo el Marquesado de Tojo durante toda la época colonial (Madrazo 1982, Palomeque y Tedesco m.s., Zanolli 2005).    
La documentación colonial del siglo XVII muestra a los casabindocomo el grupo más importante en la puna de Jujuy, tanto política como numéricamente, quedando los cochinoca como una entidad subordinada. Su autoridad principal había logrado el reconocimiento colonial de "Governador y cacique principal" y lideraba a ambos "pueblos de indios" de Casabindo y Cochinoca, cargo que se heredaba dentro de una descendencia o linaje, al menos en los siglos XVI y XVII (Palomeque e.p.). Esto se revierte en el siglo XVIII, quedando Casabindo subordinada a Cochinoca, al menos en lo administrativo, aunque cada pueblo mantiene su gobernador.
Como grupo lograron mantener el tronco de la población originaria hasta principios del siglo XIX. En dos padrones (1786 y 1806), realizados después de las reformas borbónicas, se destaca Casabindo como caso único en toda la puna jujeña por la ausencia de registro de "indios forasteros" 2. En 1786, momento en que se empadronaron tanto los indios originarios como los forasteros en un mismo padrón, aparece claramente que en Casabindo figuran exclusivamente "originarios con tierras" mientras en Cochinoca se registra población de ambas categorías (originarios y forasteros). En 1806, momento en que nuevamente se censa ambas categorías, pero separando en padrones distintos a los originarios de los forasteros, nuevamente la información es coincidente en tanto la población de Casabindo vuelve a figurar únicamente como "originarios con tierras" (Palomeque 1994). Lo destacable es que en Casabindo en 1806 no residían familias donde ambos cónyuges eran forasteros. Esto permitiría suponer que la totalidad de la población de Casabindo de principios del siglo XIX descendía, bien por línea paterna o materna, de la población originaria del siglo XVI. Esto distingue a Casabindo de las demás localidades de la Puna de Jujuy registradas a fines de la época colonial (Cochinoca, Yavi, Rinconada y Santa Catalina).

Las fuentes

El documento más antiguo con una serie de nombres nativos de Casabindo corresponde al año 1557, poco más de 20 años después de la entrada de Diego de Almagro. Se trata del bautismo del cacique de Casabindo, su mujer, su hija y otras cuatro niñas (Martínez 1992). Si bien se trata de un registro breve, a los fines de este trabajo, lo que interesa es la presencia de un conjunto de nombres, tanto masculinos como femeninos, utilizados en una fecha muy temprana. Aunque los bautizados en esa oportunidad fueron pocos, se registraron los nombres de los progenitores de todos ellos. Por esta razón, para este primer período se cuenta con los nombres de 7 individuos de sexo masculino y 12 de sexo femenino.
El segundo documento corresponde al padrón que se realizó al pasar la encomienda de casabindos y cochinocas a Pablo Bernárdez de Ovando en 1654 (Palomeque y Tedesco, m.s.). Dicha encomienda había quedado vacante con la muerte de Fernando de Sanabria en 1653. En el documento se hace referencia a padrones anteriores (1630 y 1636) que no se han localizado hasta el momento. Del texto surge claramente que el empadronamiento de 1654 fue realizado teniendo como base los padrones previos, a los cuales se hace referencia en varias oportunidades. En dicho padrón se corrigen las denominaciones de unos pocos individuos que anteriormente habían sido registrados en forma errónea y el mismo comprende un total de 396 individuos para Casabindo, estimándose que estos corresponden al total de la población en ese momento. En el mismo documento, además de identificar a cada habitante por nombre, se detalla la edad, estado civil y cargos ("cacique", "alcalde") o funciones ("señalado para cantor", "danzante"). El empadronamiento fue realizado por categoría tributaria incluyendo la familia y en la serie aparecen notables recurrencias entre los nombres autóctonos. Los individuos registrados en esta oportunidad portaban un nombre de origen español y otro autóctono, solo excepcionalmente no se registra nombre indígena (4 casos en varones y 19 en mujeres sobre un total de 396 personas). En ese entonces se registran 65 nombres masculinos y 42 nombres femeninos.
El tercer documento es el Padrón de la encomienda de Juan Joseph Campero de Herrera realizado por Miguel Bernárdez de Ovando con asistencia de Joseph de Rentería  en 1688, poco más de 30 años después del anterior. En este documento se consigna para cada individuo nombre, edad, estado civil y cargos ("cacique","sacristán" ,"alguacil") o funciones ("maestro cantor", "cantor"). Se registran 182 varones y 163 mujeres, aparecen 47 nombres diferentes en varones y sólo 26 en mujeres. En este padrón se dice expresamente que no se registran las viudas y los huérfanos.
El documento considerado para la segunda mitad del siglo XVIII es el padrón de tributarios de 1786 levantado por Josep de Medeyros. Allí se distingue entre originarios y forasteros y suma una población de 1471 personas. El registro se hizo según las categorías tributarias incluyendo con cada categoría la familia nuclear a cargo y listando aparte los huérfanos. Se consignó la edad, estado civil, parentesco, cargos ("gobernador", "segunda persona") y los individuos cuentan con un nombre cristiano y un apellido (a diferencia de los registros de 1654 y 1688 todos los antropónimos que figuran en segundo término son nombres de familia y se transmiten a la descendencia). Al considerar los apellidos portados por la población masculina, éstos ascienden a 51 y, tomando el conjunto de la población femenina, el número de apellidos distintos asciende a 71.
El segundo Censo Nacional de Población fue realizado en 18953 y para el área de Casabindo comprende un total de 1051 individuos, 551 mujeres y 500 varones, entre los cuales se reconocen 85  y  101 apellidos respectivamente. Se registra localidad, apellido y nombre, sexo, edad, estado civil, nacionalidad y para algunos individuos ocupación (cura, sacristán, comerciante, médica) o características particulares (sordo, ciega, rengo, muda, loco).
La última fuente consultada corresponde al Padrón Electoral de 1982, donde los electores se encuentran discriminados en mesas masculinas y femeninas. Para cada individuo consta el apellido, nombre, número de documento, ocupación y lugar de residencia, a lo cual se agrega la "clase" o año de nacimiento en el caso de los varones. Los individuos considerados ascienden a 1725  repartidos en 697 varones y 1028 mujeres con 81 y 99 apellidos diferentes respectivamente.

El área de estudio

En la época colonial, los casabindoocuparon el espacio de la puna jujeña ubicado en las áreas aledañas a la localidad actual del mismo nombre, antigua reducción colonial que data de 1602 (Vergara 1961) y, como "pueblo de indios colonial" continuaron en su territorio original hasta principios del Siglo XIX. Durante la colonia, según los lugares mencionados en los padrones de tributarios, el área ocupada por los casabindocomprendía la cuenca del río Doncellas, la falda oriental de la sierra de Casabindo, la falda occidental de la sierra del Aguilar, la cuenca inferior del río de las Burras y la margen oriental de la laguna de Guayatayoc. Sin embargo, hay que recordar que posiblemente corresponda al área donde fueron "reducidos" y que su espacio original, previo a la conquista, haya sido más amplio y menos compacto debido a la presencia de otros grupos.
En este trabajo se utilizará como unidad de análisis el área ocupada por los casabindo durante la colonia. Dicho espacio no es enteramente coincidente en los diferentes registros trabajados. En el del bautismo del cacique (1557), se hace referencia al "valle de Casabindo", sin poder establecerse, a ciencia cierta, a qué lugar podría corresponder. En el padrón de 1654 figura como localidad de empadronamiento "Santa Ana de Casabindo" que era el nombre de la reducción que, espacialmente, coincide con el actual pueblo de Casabindo; otro tanto ocurre en 1688. Ambos padrones discriminan únicamente entre Casabindo y Cochinoca, sin detallar otras localidades menores. No obstante, es muy probable que los empadronados habitaran también algunas de las áreas colindantes. Esto último se observa claramente en el registro de fines del siglo XVIII.
En 1786 se discrimina la población según su residencia en diferentes lugares, tanto para el "Pueblo y Viceparroquia Asumpción de Nuestra Señora de Casabindo" como para Cochinoca. Los pobladores son empadronados en Casabindo y Doncellas, Barrancas y Rangel, Colorados y Saladillo. Como se puede observar en la Figura 1, el espacio ocupado rodea en gran medida la cuenca del Río Doncellas, la laguna de Guayatayoc y las Salinas Grandes (al menos las áreas que limitan a estas últimas por el norte, oeste y este).


Fig. 1: El área de estudio y la ubicación espacial de los registros de población analizados

En 1895 se incluye la población censada en las localidades registradas en las etapas previas, aunque tan sólo se discrimina entre Casabindo y Abralaite para el área de interés. En los Padrones electorales de 1982 se seleccionaron los Circuitos homologables al área ocupada por los casabindo en el siglo XVIII. Dichos Circuitos son: Casabindo, Agua Caliente, Abralaite, Tusaquilla, Abdón Castro Tolay (Barrancas) y Rinconadillas en el Departamento de Cochinoca y Colorados en el Departamento de Tumbaya.

Los datos

Los nombres registrados en 1557 corresponden a una muestra reducida - tal vez ínfima - de la población, pero permiten realizar algunas observaciones que resultan de interés. En épocas precoloniales, los casabindo aparentemente carecían de patronímicos o apellidos y contaban exclusivamente con nombres, obviamente de origen indígena. Entre éstos se destacaba el uso de nombres compuestos, tanto entre los varones como entre las mujeres (Catihilamas, Asli Sula). También es notable la recurrencia de algunos nombres femeninos (Tandor, Asli, Capisi), aún en la reducida serie con que se cuenta.
Casi cien años después (1654) se observa que entre los casabindoaún continúa el uso exclusivo de nombres con total ausencia de apellidos. Con la evangelización y el bautismo, sin embargo, pasaron a tener, además, un nombre de origen español, generalmente relacionado al cristianismo. Así, se observa la modalidad de utilizar un nombre español antepuesto a uno autóctono. Es decir, nombres españoles masculinos antepuestos a nombres indígenas masculinos y lo mismo ocurría con los nombres femeninos españoles y autóctonos. Entendemos que estos nombres aún no son "apellidos" en nuestra concepción actual, en tanto no se transmiten a los descendientes por vía paterna o materna, ya que los descendientes tienen un segundo nombre, diferente al de los progenitores.
Los nombres en uso a mediados del siglo XVII comprenden un registro variado, entre los cuales continúa el uso de nombres compuestos, tanto femeninos como masculinos (Sulapanalay, Chiritulay) y algunos que podrían catalogarse como apodos o sobrenombres entre los varones adultos (Lamas Feo, Guarcondi Ballestero). Se trataría de un registro completo de la población de Casabindo (al menos la que había sido reducida hasta ese momento)4. Comprende un total de 395 individuos, 214 varones y 181 mujeres, entre los cuales se registran 71 nombres masculinos y 43 nombres femeninos. Resulta destacable la ausencia de nombres de origen quechua o aymara. Del padrón de 1654 se seleccionaron los 27 nombres masculinos que perduraron como apellidos en la Puna o áreas vecinas en los siglos siguientes. Estos nombres son los siguientes: Abichocoar, Abracaite, Alarcaqui5, Alavar, Barconte, Cachi, Cachisumba, Caiconde, Chocobar, Lacsi, Lamas, Liquin, Patagua, Poco, Pocapoca, Quipildor, Repe, Sarapura, Socomba, Sumbaine, Tabarcachi, Tabarcondi, Tinte, Toconas, Tolai, Vilte y Yonar 6 (en cursiva y subrayados los que se registran desde el siglo XVI). 7
El registro de 1688 resulta sumamente interesante, en tanto pone en evidencia la transformación de los nombres indígenas masculinos en apellidos. Entre las familias registradas se observan tres modalidades, a) casos donde se continúa con el sistema precolonial y colonial temprano: el uso de nombres indígenas a los cuales se antepone un nombre español, donde no existe transmisión, b) casos en los cuales los varones portan el nombre indígena del padre y las mujeres, el de la madre y c) casos en los cuales tanto varones como mujeres llevan como segundo nombre el nombre indígena del padre. Esto significa que los nombres indígenas masculinos se transforman en apellidos con transmisión a la descendencia. Como resultado de esto, las mujeres pasan a portar nombres que tradicionalmente eran de uso masculino y que, consecuentemente, irán desapareciendo paulatinamente los nombres femeninos.8 Otro aspecto interesante está dado por el primer registro de apellidos de origen español (Alejandro, Marcos y Ledesma con un portador cada uno), quechua (Quispe con tres individuos) y aymara (Tolaba con 5 individuos) (Medinacelli 2003, págs. 335 y 339), si bien corresponden a una ínfima parte del total de la población. Continúa el uso de nombres o apellidos compuestos, a veces integrando uno de origen indígena con un segundo de raigambre hispana.
A casi un siglo del anterior registro analizado, el padrón de 1786 acusa una población marcadamente mayor para Casabindo con un total de 76 apellidos diferentes. Veinticinco de éstos son de origen español y 10 pertenecen a otros grupos (7.1%) o a gentilicios o topónimos de otras áreas (0.1%) mientras que más del 80% se halla registrado desde 1654 en Casabindo.
Resulta oportuno remarcar algunas particularidades observadas en la conformación de los nombres autóctonos de Casabindo. Como se señala más arriba, son frecuentes los nombres compuestos, estos aparecen desde 1557 y a fines de la época colonial continúan siendo frecuentes los apellidos compuestos (Cachi Zumbaine, Lamas Caicondi). Sin embargo, resulta curiosa la reiteración de determinados morfemas que pueden combinarse de diferente manera en los nombres (Tabarcachi, Cachisumba, Sumbaym, Tabarcondi, Lamascondi) y que, en algunos casos, pueden aparecer aislados (Lamas, Cachi). Dichas combinaciones tal vez correspondan también a nombres compuestos.
Algunos nombres muy populares entre los casabindo como Vilti, Quipildor y Chocoar han sido catalogados como atacameños (Sica com. pers., Martínez 1998, Nardi 1986). Sin embargo, la alta frecuencia con que aparecen estos nombres entre los casabindo desde mediados del siglo XVII y su perduración en el área, indicaría que esta aseveración debería tomarse con cierto recaudo, hasta tanto se conozcan mejor los registros de las zonas vecinas como atacama 9, chichas, lipes y omaguaca.

Procesamiento de los datos

Para los 5 registros analizados entre 1654 y 1982 se consideró el total de población y se discriminaron los nombres o apellidos según su registro como originario en 1654, español u otro origen andino. A los fines de este trabajo, la serie de antropónimos de 1557 no permite un tratamiento más exhaustivo. Se trata de una muestra cuya representatividad es difícil de evaluar al desconocerse la población total de los casabindo para esa fecha, y se encuentra sesgada, al contar con un mayor número de individuos de sexo femenino (12 mujeres vs. 7 varones). A pesar de esto, resulta interesante el registro de nombres para evaluar su perduración dentro del grupo en los siglos subsiguientes. La serie comprende un total de 9 nombres femeninos y 7 masculinos. Considerando que Sula corresponde a Sulapa 10 , sólo dos nombres de mujeres (Capisi y Ulca) no se encuentran registrados en el padrón de 1654. Del conjunto de nombres masculinos, y considerando a Catihilamas representado por Lamas, a mediados del siglo XVII no se registran tres de ellos (Coyacona, Corotare y Caquitula). 11
En el padrón de 1688 se observa una merma de población pero esto, seguramente, obedece a que no fueran registrados las viudas y los huérfanos como destacamos más arriba. A pesar de la incorporación de nombres españoles e indígenas procedentes de otras zonas andinas, se manifiesta la continuidad del patrón observado para 1654. Se inicia el uso de la transmisión del segundo nombre, de origen indígena, a la descendencia.
Casi un siglo después, a fines del siglo XVIII, se evidencia la imposición de la transmisión del apellido por vía paterna. Los pobladores de Casabindo de entonces se hallan individualizados con su correspondiente nombre español y un apellido, la mayoría de la veces de origen autóctono. Si se considera su origen, se observa que, frecuentemente, derivan de los nombres indígenas utilizados en Casabindo a mediados del siglo XVII. A éstos se agregan escasos apellidos de origen español y algunos de origen aymara y quechua. Un análisis más detenido de los apellidos autóctonos permite reconocer que los nombres autóctonos femeninos, ya a fines de la época colonial, habían desaparecido por completo.
Al comparar las cinco series resulta abrumadora la mayoría de apellidos "originarios"12 en vigencia desde mediados del siglo XVII hasta fines del XVIII. La sorpresa se da al comparar el registro de este último siglo con el Segundo Censo Nacional de Población de 1895 donde la frecuencia de los apellidos de origen español supera ampliamente las otras dos categorías (Fig. 2). Sin embargo, al comparar los totales de población (Fig. 3) se evidencia un crecimiento armónico entre las diferentes categorías. Esto no ocurre, no obstante, al comparar los registros de 1786 y 1895, donde resulta notable el descenso de la categoría "originarios" en el segundo Censo Nacional de Población de 1895. Lo mismo fue observado al considerar la presencia de apellidos originarios, casi el 50% de los 27 apellidos considerados desaparece del área de Casabindo entre 1786 y 1895 (Albeck et al., 2005).


Fig. 2: Porcentaje sobre total de población, discriminados según las tres categorías analizadas


Fig. 3: Cantidad de individuos discriminados según las tres categorías analizadas

Se podría pensar que la abrumadora mayoría de apellidos españoles corresponde a antiguos "forasteros" no registrados en los primeros padrones, en tanto se registraba tan sólo los tributarios (originarios con tierras). Sin embargo, se deberá recordar que el padrón de Medeyros, realizado después de las reformas borbónicas, toma en cuenta esta categoría tributaria y que precisamente Casabindo se destacaba por la ausencia de individuos asignados a dicha categoría. Otro dato interesante que apoya esta interpretación es que la gran mayoría de los apellidos de origen español son portados por un único individuo, lo que estaría apuntando a una migración reciente. Resulta notable al comparar estos apellidos únicos con Alejo (originalmente Alejandro) con 1 individuo en 1688, registrado en la zona desde fines del siglo XVII, con 8 en el padrón de 1786, 25 portadores de Alejo en 1895 y 74 individuos con el apellido Alejo en la zona de estudio en 1982.
Los datos aportados por el Padrón electoral de 1982 generan frecuencias casi idénticas a las observadas casi un siglo antes. En ambos casos, a pesar de un mayor registro de apellidos de origen español, los de origen indígena (originarios y otros apellidos andinos) son mayoría. También resulta notable que los apellidos pertenecientes al conjunto de los 27 registrados desde mediados del siglo XVII representan casi una tercera parte de la población del área de Casabindo en la segunda mitad del siglo XX.13

Discusión

La antroponimia de los casabindo en los últimos 5 siglos se caracterizaría por la persistencia en el territorio colonial y zonas circundantes de un núcleo original de 27 apellidos identificados a mediados del siglo XVII que aparentemente contaría con raíces en épocas prehispánicas. De éstos, sólo dos (Abichocoar y Poco) desaparecen totalmente de los registros del NOA (Albeck et al. 2004). Estos apellidos constituyen casi la tercera parte de la población en la segunda mitad del siglo XX en lo que fue el espacio ocupado por los casabindo durante la época colonial.
En los 2 primeros siglos se observa una población medianamente estable en la que se van restringiendo los nombres únicos pero que mantiene fuerte su tronco originario. Esto se revierte marcadamente en el registro de fines del siglo XIX donde el tronco originario se ve marcadamente disminuido frente a la incorporación de población con apellidos españoles o con otros apellidos andinos.
Como consecuencia de diferentes procesos de disrupción étnica (Lorandi y Otonello, 1992), la puna jujeña sufrió importantes cambios en su población nativa, evidenciados en particular, por la abundancia de "forasteros" a fines del siglo XVIII y principios del XIX (Palomeque, 1994) que se manifiesta por el aumento, en las fuentes analizadas, de apellidos españoles y de denominaciones no europeas (aymara, quechua, etc.) utilizadas en las áreas circundantes a Casabindo. A pesar de estos acontecimientos sociodemográficos y de la dinámica antroponímica de los casabindo, el núcleo original logró conservarse en lo que fue su territorio colonial hasta el siglo XX y albores de XXI (Albeck et al. 2005).
En este contexto se observa que para los registros analizados, la etapa que se percibe como crítica y de mayor desestructuración corresponde al lapso comprendido entre fines del siglo XVIII y fines del XIX. Dicho lapso corresponde a los últimos años de la etapa colonial, incluidas las guerras de la Independencia, y la posterior instalación de la administración republicana.14 En síntesis, el panorama que ofrece la antroponimia de los casabindo a lo largo de más de 400 años, es el de una población que, afectada por múltiples procesos históricos, políticos y económicos logra perdurar en su área original y mantener una importante representatividad en la población actual.

Citas y Notas

1. Palomeque m.s. 2003

2. Se entiende por "indios originarios" a aquellos que permanecen en el mismo pueblo donde sus ancestros fueron reducidos por las autoridades coloniales; y como "forasteros" a aquellos que han abandonado el pueblo de origen.

3. Se consideró el Segundo Censo Nacional en tanto en el Primero, de 1869, realizado durante el gobierno de Sarmiento, toda la población fue censada bajo Cochinoca, no pudiéndose discriminar la parte correspondiente a Casabindo.

4. "con lo cual se acabo este padron y Don Juan Quipildor governador y casique principal y Pablo Tabar, casique alcalde que se hallaren presentes y dixeron que no ay mas indios ni xente ni saven ni tienen noticia de otros mas presentes y ausentes y que este padron se a hecho con toda rectitud fidelidad sin ocultar persona alguna..." (Palomeque y Tedesco m.s.)

5. Se plantea a título de hipótesis que el apellido Alarcaqui se transformó en Alancay en épocas posteriores.

6. Se considera que Leonar y Yonar corresponden a diferentes grafías de un mismo nombre.

7. De estos apellidos sólo dos (Abichocoar y Poco) no han perdurado en el Noroeste Argentino hasta el siglo XX (Albeck et al. 2005a y b)

8. En el Censo Virreinal de 1778/79 figuran tan sólo cuatro mujeres con nombres indígenas femeninos (Sulapa y Sisa). En 1786 ya han desaparecido por completo de los registros.

9. En el caso de Atacama (1683) se ha trabajado la frecuencia de los nombres compartidos con Casabindo (1688). Excepto un par de casos, los nombres compartidos acusan una gran frecuencia en uno de los registros versus un registro ínfimo en el otro (Albeck et al. 2000 m.s.).

10. En los registros de Atacama (1683) y de Cochinoca (1675) Sulapa aparece con la grafía Sulab

11. En el caso que Corotare y Caquitula también correspondan a nombres compuestos se podrían descomponer en Coro - Tare y Caqui - Tula. Todos estos nombres perduran como apellidos o como parte de apellidos compuestos a principios del siglo XXI en el NOA. No obstante no se consideran en este trabajo por no repetirse su registro en los demás documentos tratados para  Casabindo.

12. Se considera al total de individuos de 1654 como portadores de nombres originarios, en tanto no se cuenta aún con elementos suficientes  para realizar la discriminación étnica de los mismos. Un elevado porcentaje de estos primeros "nombres" perdura como apellidos en épocas posteriores. 

13. En uno de los circuitos electorales los apellidos correspondientes al tronco originario supera el 50% de la población.

14. Es probable que los cambios ocurridos con la administración republicana hayan servido como disparadores de la migración hacia las áreas vecinas. Esto, sin  embargo, deberá ser avaluado a partir de un análisis minucioso de los padrones y demás registros que cubran el lapso entre 1786 y 1895.

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