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Cuadernos de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Jujuy

versión On-line ISSN 1668-8104

Cuad. Fac. Humanid. Cienc. Soc., Univ. Nac. Jujuy  n.17 San Salvador de Jujuy nov. 2001

 

Imaginarios sociales y análisis semiotico. Una aproximacion a la construccion narrativa de la realidad

Social imaginaries and a semiotics analysis an approach to the narrative building of reality

Pedro Arturo Gomez *

* Universidad Nacional de Tucumán (UNT)
* Universidad Catolica de Santiago del Estero (UCSE)

RESUMEN

La nocion de "imaginarios sociales" ha sido utilizada con frecuencia en la investigacion sociologica en general y los estudios de la comunicacion mediática en particular, sin alcanzar un estatuto conceptual claro y preciso que permita su utilizacion como una categoría de análisis cuyo significado cuente con un acuerdo generalizado en la comunidad de investigadores. Para una Semiotica del discurso en cuanto proceso social, hace falta un abordaje que sistematice el concepto de imaginarios sociales, en relacion con los procesos de produccion de sentido y construccion social de la realidad a través de las prácticas comunicativas, con particular referencia a la comunicacion mediática. En este marco, la semiosis es descripta en tres niveles de investidura de sentido: (i) bases de la representacion (nivel de los imaginarios), (ii) representaciones (nivel de los textos) y (iii) sistemas de representaciones (discursos y regímenes de significacion). Especial atencion se presta a las funciones de la narratividad en cuanto esquema cognitivo básico de percepcion e interpretacion del mundo, en relacion con los relatos audiovisuales mediáticos y la legitimacion del poder simbolico.

ABSTRACT

The notion of "Social Imaginaries" has frequently been utilized in the sociological research in general, and in the studies of media communication, in particular, without obtaining a conceptual statute clear and precise that may allow its utilization as a category of analysis whose meaning could count with a generalized agreement in the community of researches. For a discourse Semiotics in a social process, it needs an approach that systematizes the concept of social imaginaries, in relation to processes of production of a sense and social construction of reality through communicative practices, with special reference to the media reference. In this frame, semiosis is descriptive at three levels of sense investiture (I) bases of the representation (level of the imaginaries) (II) representation (text level) and (III) representation systems (discourses and regimen of signification). Special attention is paid to the functions of narration in all basic, cognitive outline of perception and interpretation of the world, in relation to audiovisual media stories and the legitimation of the symbolic power.

El momento cumbre en el proceso de construccion de la realidad es cuando se logra borrar las huellas de la construccion, de modo que el producto final (ese constructo llamado "realidad") aparece ante los sentidos y el entendimiento como autoimponiéndose desde su irrecusable mismidad. Más bien, es el efecto mismo de una realidad compartida ""un mundo de vida"" como autodada y autocontenida lo que hace desaparecer los trazos de su elaboracion, ocultándolos detrás de su propia evidencia: las "cosas como son" y el "sentido común" no necesitan más que la simple ostension. Pero esta evidencia está transfigurada por las irradiaciones de sentido de ese fenomeno del trabajo semiosico conocido como "realidad", cuyos significados avanzan sobre los significantes asimilándolos, "motivándolos", imponiéndoles su medida, aunque en esa tarea no se ahorre énfasis discursivo, puesto que el mismo énfasis termina por escamotear sus condiciones de produccion. Es así que la realidad es más real aún si resulta por demostracion, proclama o pronunciamiento, procedimientos que se sostienen en la fuerza de la palabra "legítima" y en la exhibicion de sus aparatos enunciativos, aunque ""por supuesto"" esa exhibicion no es sino otra construccion, esto es, otra representacion en tanto y cuanto apela a los dispositivos de la significacion, en el interior de particulares esferas de la accion social.
Esta logica ""una logica para nada "logico-formal" es la que subyace en los registros discursivos de la ciencia ("el mundo se explica así...", en virtud del método y de las leyes que éste engendra para dar cuenta de los ciclos y ritmos del universo, y por lo tanto "el mundo es así"), la religion ("el mundo es así", en virtud de la revelacion y de leyes que trascienden lo mundano), el arte ("el mundo se muestra así", en virtud de las pasiones que atraviesan el genio creativo, las leyes del deseo al servicio de actitudes "dislocadas"), la política ("el mundo está ahí, a él", porque "la única verdad es la realidad", en virtud de la ley de la Palabra que habla por el pueblo / la gente), el periodismo ("el mundo de verdad es así en verdad, porque nosotros mostramos esa verdad y nos mostramos mostrándola, y es así no a pesar de esto último sino precisamente por ello", en virtud de las leyes que dicta "el compromiso con la verdad"), el espectáculo mediático ("el mundo se siente ""ve/oye"" así y, por lo tanto, es", en virtud de lo que aparece en las páginas y pantallas)... En suma, la realidad no es sino voluntad de realidad, voluntad y representacion, como ya lo dijo Schopenhauer.
Pero esto ya lo sabíamos, en cualquiera de los mundos posibles, aunque este saber motive alguno que otro brote de agudas suspicacias especializadas como las de John Searle, que arremete contra Berger y Luckman sin abordarlos sino oblicuamente, a través del trastocamiento perverso de la formula "construccion social de la realidad" por "construccion de la realidad social" (Nota 1). Indudablemente, el mundo real existe, sea lo que sea, como apuntaba Giles Fauconnier (
Nota 2). Allí habitan los "hechos en bruto" que preocupan a Searle, allí la "hierba es verde" y "los cisnes son negros" o "blancos" según las necesidades veredictivas de los enunciados, necesidades de las que no puede desembarazarse Searle. El mundo real existe, pero no viene al caso, al menos no en sí mismo. Lo Real sí importa en cuanto excedente del lenguaje, rebasamiento que persiste y retorna por los intersticios de las construcciones simbolicas. Pero apelar a los "hechos en bruto" en cuanto tales equivale a "poner a volar moscas dentro de una botella", como gustan hacer los logicos, según la incisiva acotacion de Wittgenstein. Los hechos existen "en bruto", seguramente, pero el registro que los humanos tenemos de ellos no es "en bruto". Estudiar ese registro es estudiar la vida de los signos en el seno de la vida social.

MATRICES DE REPRESENTACIÓN

Sabemos que la realidad es voluntad y representacion (tanto como "voluntad de representacion") y porque lo sabemos es que, en la permanente deriva terminologica de estos continentes irregulares que son las disciplinas humanísticas, reiteramos una y otra vez el síndrome del criminal que regresa siempre a la escena del crimen: siempre volvemos al debate en torno a los imaginarios sociales. Entonces, de vuelta una vez más en la escena del crimen, conviene ser muy cuidadosos con el cuerpo del delito (que sigue aún allí) y sus evidencias. Esta necesidad de cuidado se intensifica cuando se retorna a la escena del delito (su "puesta en escena") desde el campo de la Semiotica. Celosa atencion a esta necesidad es la que demuestra Juan A. Magariños de Morentín ""en sus habituales y muy lúcidas contribuciones puestas a circular en las vías informáticas del correo electronico e Internet"" cuando invita a resolver la volátil condicion de la nocion de "imaginarios sociales" fijándola a la materializacion discursiva del imaginario colectivo:

"estos DISCURSOS SOCIALES son los que materializan el IMAGINARIO SOCIAL, que hasta que no está "REPRESENTADO" por su intermedio, no es "OBJETO" de CONOCIMIENTO riguroso" (Nota 3).

El "conocimiento riguroso" no es otro que el resultado de esa semiosis perspicaz que es la Semiotica, claro está. Lo que no queda demasiado claro ""o, mejor, lo suficientemente claro"" es de qué hablamos cuando hablamos de "imaginarios sociales" quienes hablamos en el interior de la esfera de los estudios semioticos o semiologicos. Indudablemente, Magariños de Morentín acierta al circunscribir la asibilidad de los "imaginarios sociales" a sus manifestaciones discursivas, aunque incurra en la "metáfora linguística" al hacer referencia a la semiosis social en términos de "habla":

"Se entiende, asimismo, por IMAGINARIO SOCIAL a TODO AQUELLO DE LO QUE SE HABLA EN LA COMUNIDAD, EN LA MEDIDA Y SEGàsN EL MODO EN QUE SE HABLA DE ELLO" (Nota 4).

El desliz no tiene mayor relieve, pero sí lo tiene la observacion de que el espesor de los "imaginarios sociales" en cuanto categoría de análisis para la Semiotica está en la materialidad de su inscripcion en el universo discursivo, en su presencia manifiesta dentro de las múltiples rutinas de produccion textual y los múltiples registros de operaciones de representacion que esa produccion arroja. Sin embargo, esta idea exige mayores esfuerzos de precision. En nombre de estas exigencias, puede decirse:

1. Solo es posible "dar con" y "dar cuenta de" los imaginarios sociales en y a través de la materializacion discursiva de esos imaginarios en textos concretos; esto es, en y a través de representaciones efectivas.
2. No son posibles las representaciones sin la intervencion / presencia de los imaginarios.
3. Los imaginarios son los que hacen posible las representaciones.

Estas tres proposiciones, a su vez, demandan una elaboracion más ajustada de sus términos. La representacion es el proceso de investidura de sentido en el cual se realiza la funcion semiotica de asignar a determinados significantes determinados significados. Este proceso, en cuanto fenomeno situado, no responde a la determinacion de un único codigo o sistema de signos como la gramática, por ejemplo, para la produccion discursiva verbal, en la medida en que los significados linguísticos (léxicos y frásticos, determinados por el sistema de la langue) hacen sentido solo en el uso concreto por parte de los hablantes. La investidura de sentido ""que es la realizacion en pleno de la significacion"" rebasa las previsiones de un único sistema de signos (como había señalado ya Karl Buhler) y se presenta como un fenomeno sobredeterminado y politextural. Esta diversidad de texturas proviene de la pluralidad de materias primas, matrices y tramas que ordenan las representaciones en el marco de discursos y textos. Decir "materias primas", "matrices" y 'ramas" es una manera metaforica (estamos irremediablemente uncidos, por naturaleza, a la metáfora) de hacer referencia a los imaginarios sociales.
Los imaginarios sociales no son representaciones ni sistemas de representaciones, sino aquello que permite que se elaboren las representaciones y se organicen sistemas de representaciones. Los imaginarios son matrices de representacion. ¿Qué hay en ellos? ¿En qué consisten? ¿Qué contienen? Bueno, en los imaginarios sociales está / los imaginarios sociales son la sustancia del significado "ese elemento del que hablaba de manera más bien vaga Hjelmslev" o, para decirlo en forma más ajustada, la sustancia de la significacion, entendida ésta como investidura de sentido. Bien, pero ¿es posible una cartografía que cubra la topografía de los imaginarios? ¿Es posible esto para la Semiotica?. Las bases para explorar posibles respuestas a estas preguntas están en las reflexiones acerca de los imaginarios sociales que se han desarrollado en distintos campos disciplinares, pero muy en particular las contribuciones elaboradas en los ámbitos de la Sociología Constructivista del Conocimiento y el Psicoanálisis lacaniano.
El variado legado del constructivismo sociologico ""desde Emile Durkheim hasta Raymond Ledrut, pasando por Achutz, Berger y Luckmann e incorporando también las reflexiones de Marcel Mauss, Lévi-Strauss, Raymond Williams, Pierre Bourdieu, Cornelius Castoriadis y Bronislaw Baczko, entre otros nombres ilustres"" podría decantarse en un esbozo de definicion como la siguiente,:

Los imaginarios sociales son aquellos esquemas (mecanismos o dispositivos), construidos socialmente, que nos permiten percibir / aceptar algo como real, explicarlo e intervenir operativamente en lo que en cada sistema social se considere como realidad (Nota 5).

Los imaginarios tendrían una funcion semejante a la de los lentes o anteojos, ya que nos permiten percibir a condicion de que ellos ""como los lentes"" no sean percibidos en la realizacion del acto de vision. La mecánica de su funcionamiento en la construccion de la realidad procede mediante una dinámica de distincion entre relevancia y opacidad, utilizando aquí dos conceptos elaborados a partir de la teoría funcionalista de Niklas Luhmann (Nota 6): se trata de convertir lo que se nos presenta como evidencia en algo observable. La observacion no es una simple funcion de contemplacion, sino que como afirma Luhmann, observar es generar una diferencia con la ayuda de una distincion, que deja fuera de ella lo no distinguible. De este modo, el sistema comunicativo societal constituye el mundo como una totalidad, que incluye todo lo que es observable, incluyendo hasta el observador mismo. El observar no es, entonces, otra cosa que un señalar diferenciante(Nota 7).
Como lo expone J.L. Pintos, la realidad construida desde diferentes perspectivas es producida por esta distincion relevancia / opacidad que genera un plano (o dimension) de conocimiento que siempre supone otro que permanece oculto. Pero lo oculto no es una x incognita que haya que despejar, sino que supone el lado no marcado de la distincion al que es posible pasar desde el lado de la relevancia si se aplican las técnicas adecuadas (técnicas que pueden ser las de la Sociología o las de la Semiotica, o las de ambas trabajando sincréticamente). Pero la opacidad no es un estado "superable" de la distincion que construye la realidad. No es posible pasar a otro nivel de síntesis en el que se nos represente el "conjunto de la realidad tal como es"(
Nota 8), mal que le pese a Searle en su apelacion a los "hechos en bruto".
La percepcion del mundo como interpretacion no es sino un acto de adscripcion a un patron de categorías perceptuales organizadas sobre esquemas básicos de representacion intersubjetivamente constituidos "los imaginarios sociales" los cuales orden

an las secuencias de experiencias en síntesis reticulares con arreglo a formas de sentido global que sostienen un mundo de vida: las creencias, actitudes y disposiciones mentales, atravesadas por valores de una sociedad o grupo social determinado, en un espacio-tiempo determinado. Estas formas básicas, estados mentales inconscientes, en cuanto guías de la funcion relacional de la conciencia organizadora de las experiencias se configuran como matrices de sentido. En cuanto sustrato de sentido organizado, los imaginarios funcionan como esquemas abstractos de representacion, i.e. arquitectura elemental a partir de la cual es posible desempeñar la funcion representacional, esto es, adjudicar significados a los significantes. La funcion de estas matrices de sentido o esquemas de representacion que son los imaginarios sociales es hacer posible el acceso a la interpretacion de lo social, permitiendo la elaboracion y distribucion de instrumentos de percepcion de la realidad construida como mundo social, un mundo de vida. Esta percepcion supone, por lo tanto, una organizacion imaginaria con funcion ordenadora de la relacion entre los sujetos-agentes sociales y sus experiencias.
Cualquier percepcion supone una organizacion de las representaciones con funcion ordenadora de la relacion entre los sujetos-agentes sociales. De esta manera, la representacion social es la identificacion perceptual (sensorial o imaginaria) de determinadas formas y fenomenos (y de su interrelacion), en funcion de su interpretacion posible, en determinado momento de determinada sociedad. La interpretacion consiste a su vez en la asignacion conceptual de una determinada significacion a determinados fenomenos, en funcion de su representacion posible, en determinado momento de determinada sociedad. La representacion social de un fenomeno es el correlato de la interpretacion social de tal fenomeno y ambas se materializan en la praxis social y los discursos sociales junto con sus registros "los textos que circulan en una sociedad" y los ordenes normativos que generan a manera de regímenes de significacion, eficaces para la efectiva produccion y/o reproduccion de representaciones e interpretaciones(
Nota 9).
El camino generativo que recorre la accion simbolica (la praxis semiosica o, simplemente, semiosis) en la produccion de representaciones particulares (los registros concretos de la praxis discursiva o semiosis) va, entonces, desde un plano de matrices de sentido o esquemas abstractos de representacion "los imaginarios sociales" hasta el proceso mismo de volcar en ciertas formas concretas (significantes) ciertos conceptos (significados) ya previamente "ordenados" o elaborados en formas globales por esos imaginarios. A grandes rasgos, este proceso integra en su recorrido tres planos de significacion: (i) un plano de los imaginarios sociales, el plano de los esquemas o estructuras de base de la representacion; (ii) un plano donde se despliega la accion simbolica mediante el ejercicio de la funcion semiosica, el plano de la representaciones; y (iii) el plano de los regímenes u ordenes normativos de significacion (repertorios, cuerpos de saberes / conocimientos, estructuras de marcos y guiones, paradigmas culturales, discursos / géneros discursivos, universos simbolicos, iconografías, etc.), plano desde donde irradia el mandato de los sistemas de representacion que rigen la produccion discursiva (véase la figura 1). En la articulacion de estos tres planos se configura la "realidad" en cuanto construccion social, puesto que en esta articulacion se lleva a cabo la interseccion de lo imaginario y lo simbolico que da lugar a la realidad, un mundo social 'ematizado en los diferentes registros discursivos" con respecto al cual lo "real" es siempre un excedente (
Nota 10).

También es posible establecer una correspondencia entre cada uno de estos planos de la significacion y las categorías de la primeridad, secundidad y terceridad propuestas por Charles S. Peirce. El plano de las matrices de representacion (imaginarios sociales) correspondería a la categoría de primeridad, aquella que se aplica a la posibilidad de ocurrencia, la pura cualidad, "lo presente en su inanalizable presencia"; el plano de las representaciones efectivas se identificaría con la secundidad, la categoría del hecho, de la ocurrencia efectiva, de la puesta en accion y en relacion con otra cosa "sin que medie una tercera", la dimension donde surge la otredad (la alteridad) en una relacion de oposicion; mientras que el plano de los sistemas de representaciones correspondería a la terceridad, la categoría de la Mediacion, la Ley, la interaccion regulada.
El imaginario no es la suma de todas las imaginaciones o imaginarios individuales; no es tampoco un producto acabado y pasivo, sino que se organiza como una compleja red de relaciones sobre la que se sostienen los discursos y las prácticas sociales. El imaginario social se manifiesta en lo simbolico (el lenguaje) y en el accionar concreto entre los sujetos en la praxis social(
Nota 11). Lo imaginario comienza a trabajar como tal cuando adquiere independencia de las voluntades individuales, aunque necesita de ellas para materializarse. Los sujetos, a partir de la valoracion imaginaria colectiva, dispone de patrones espacio-temporalmente definidos para sus juicios y acciones, los cuales inciden a su vez en los imaginarios que funcionan como principio regulativo de las conductas. El comportamiento de los sujetos se despliega aspirando a ciertos modelos guías, paradigmas que regulan las distintas esferas de la praxis. Pero estos ordenes categoriales se gestaron, precisamente, en funcion del imaginario colectivo el cual produce materialidad, es decir, produce efectos en la realidad tanto como "efectos de realidad"(Nota 12).
La variacion y evolucion de las condiciones socio-historicas "la dinámica del campo social" determinarán la consolidacion y vigencia de ordenes normativos y regímenes de significacion que regulan los procesos concretos de produccion de sentido, tanto en el polo de la generacion de la accion (los sentidos que se le atribuyen a los actos desde la percepcion del sujeto-agente) como en el polo de la interpretacion de la accion por parte del entorno social (los sentidos que se le atribuyen a la accion desde la percepcion del projimo), puestos que ambos polos son constitutivos de la significacion, algo particularmente verificable en el caso de la accion simbolica, i.e. la accion cuyos medios son los signos donde el significado se manifiesta como una construccion intersubjetiva.
Sin embargo, no hay que olvidar que el concepto de "imaginarios sociales" se encuentra aún en elaboracion. Indudablemente se trata de una magnitud relacionada con la percepcion ordenadora de la realidad y, por lo tanto, con los efectos de sentido desplegados en la produccion discursiva. Es en esto donde el concepto de "imaginarios sociales" se intersecta con el de "ideología" Una de las acepciones posibles de "ideología" es la de "conjunto ordenado con arreglo a patrones inconscientes de creencias inconscientes, elementos todos ellos atravesados por valoraciones", que es la definicion que suele manejar la Antropología. Solo en este sentido los imaginarios sociales equivalen a las ideologías, entendidas éstas como marcos interpretativos que cumplen una doble funcion, constructiva e integradora: una funcion constructiva, en cuanto la ideología desempeña un papel constitutivo de lo simbolico en la construccion social de la realidad y en la mediacion de la accion simbolica; y una funcion integradora, en cuanto "reúne" a los que tienen en común afinidades interpretativas, disponiendo marcos interpretativos en común. Es también en este sentido que los conceptos de "imaginarios sociales" e "ideología" coinciden con otras nociones afines, tales como Zeitgeist (espíritu de época), Weltanschauung (cosmovision) y Lebenswelt (mundo de vida) (
Nota 13). Pero lo que hay que tener muy en cuenta en la tarea de imponerle a esta deriva terminologica la funcionalidad de las categorías de análisis, es que los imaginarios sociales se constituyen como estados y estructuras mentales inconscientes, "un saber desconocido", parafraseando a Lacan.
Castoriadis llama particularmente la atencion sobre esta dimension inconsciente del imaginario social. Lacan describe el inconsciente como "el discurso del Otro". A esta formula enigmática, que se ha convertido en una de las máximas lacanianas más célebres, Castoriadis la interpreta describiendo el inconsciente como "el deposito de los puntos de vista, de los deseos, de las ubicaciones, de las exigencias, de las esperas "de las significaciones asignadas al individuo por los que lo engendraron y criaron a partir del momento de la concepcion, e incluso antes". La principal característica del discurso del Otro es su relacion con lo imaginario:

"...dominado por este discurso, el sujeto se toma por algo que no es (que en todo caso no es necesariamente para él mismo) y que, para él, los demás y el mundo entero llevan el peso de un disfraz. El sujeto no se dice, sino que es dicho por alguien; existe, pues, como parte del mundo de otro (ciertamente disfrazado a su vez). El sujeto está dominado por un imaginario vivido como más real que lo real, aunque no es sabido como tal" (Nota 14).

En la medida en que lo imaginario está siempre estructurado por lo simbolico, el imaginario es social, puesto que el orden del lenguaje es intersubjetivo, del mismo modo que el inconsciente es 'ransindividual", exterior al sujeto. Si se habla de una "matriz de representaciones", esto implica una cierta estructuracion que proviene de lo simbolico. En la dimension linguística, mientras el significante es la base del orden simbolico (semiosico), el significado y la significacion tienen sus raíces en lo imaginario. Por esta razon, el imaginario social constituye la sustancia del significado, en términos de Hjelmslev. En el estudio semiotico de los textos, es posible "mediante las 'écnicas adecuadas" dar con las marcas de ese sustrato imaginario en el momento de un análisis de los estratos de significacion.

LA PASIÓN NARRATIVA

Una de estas estructuras de base para las representaciones es la narratividad. El orden narrativo constituye un esquema de percepcion interpretativa elemental para la comprension del mundo por su poder de inteligibilidad. Matriz de conexiones entre los diferentes elementos de la experiencia, la narratividad es capaz de transformar el flujo de la vida cotidiana en secuencias de eventos ordenados en tramas donde se integran motivaciones, consecuencias, valoraciones y perpectivas, proceso estructurador del que resulta una asignacion de significados a la temporalidad. En la vida cotidiana la narratividad no solo emerge como un esquema superestructural textual elemental, sino que se presenta como un dispositivo cognitivo modelizador fundamental(Nota 15). La percepcion narrativa enfatiza la estructuracion de los eventos en términos de acciones, pensamientos y sentimientos, esto es, motivaciones. Lo que resulta es un "paisaje" narrativo de accion y conciencia: los hechos de los sujetos en determinadas situaciones junto con las creencias y emociones del perceptor-narrador, ordenados en categorías de racionalidad según las normas del orden socio-cultural vigente.
Así, la narratividad se configura como un núcleo de capital importancia en el imaginario social. Con él se enlazan otros núcleos de sentido (estereotipos, redes transitorias de ideas, imágenes, ideas... todo lo que constituye ese "saber desconocido) para dar lugar a representaciones y sistemas discursivos como los metarrelatos, las mitologías y las cosmologías. Por ello es posible decir: "Más temprano o más tarde, algo va a suceder y, si sucede, ese algo será interpretado (por lo menos por mi cerebro predispuesto a la dramaturgia) como el comienzo de un enredo en desarrollo" (Nota 16). Esta matriz ordenadora de la realidad que es el orden narrativo está atravesada por valoraciones que provienen de una poderosa fuente de sentido: las pasiones. Es así que se puede hallar un esquema elemental para el "enredo" narrativo: el conflicto Deseo versus Ley a partir del cual se distribuyen los roles actanciales. En ambos polos del conflicto se agitan las pasiones.
La valoracion pasional que recorre los imaginarios sociales hace de ellos un espacio tímico (thymia: humor, disposicion afectiva de base ligada a la percepcion que el sujeto tiene de su cuerpo), el espacio subjetivo fundamental: pulsional, vital, anterior a cualquier semantizacion y esencialmente indecible. La topografía de este espacio subjetivo fundamental se organiza en núcleos tímicos, magnitudes del deseo, centros pulsionales que hjnden sus raíces en la profundidad insondable de ese Otro Real distorsionándolo. El imaginario es el reino de las máscaras, los señuelos y la fascinacion, el orden de los fenomenos y sus apariencias como imágenes proyectivas, por eso los afectos son un importante núcleo tímico. Por debajo de toda representacion corre el deseo: deseo de hacer, de hacer saber y de hacer hacer. Pero esto no se trata solo de la presencia escamoteada en los textos de las modalidades epistémica y deontica, articuladas en una dinámica de fuerzas que hace de los sujetos de la interaccion semiosica agonistas y antagonistas (Nota 17). También se trata de dar cuenta de esa otra dimension que sostiene los juegos de la significacion: el sentido de las emociones y de la afectividad, la modalidad pasional (Nota 18).
La razon narrativa no aparece como un recurso "pedagogico" ante un límite de la razon argumentativa; ambas formaciones son contiguas y hospitalarias entre sí, tal como lo demuestran las obras de Platon, la ciencia puesta a narrarse (las biografías de científicos como hagiografías), el discurso político y los textos de la vida cotidiana. Ciertamente, el sujeto de la percepcion (narrativa) prefiere la metonimia no tan solo para dar cuenta de su relacion con el mundo, sino ""fundamentalmente- para ordenar ese mundo y hacerlo inteligible, transformándolo en un mundo de vida dotado de sentido. El sujeto del juicio (argumentativo), en cambio, privilegia la metáfora como modo de conocimiento (Nota 19). Pero ambos sujetos se entrelazan y funden en el sujeto de la realidad, porque la metonimia prepara el terreno para la metáfora: la contiguidad engendra la sustitucion, como lo demuestra el comodo empalme entre el archigénero discursivo de la fábula y la estructura argumentativa:

Relato "" Moraleja = si X entonces y

Narratividad y pasion, dos magnitudes del imaginario social en virtud de las cuales es posible explicar el éxito de los relatos mediáticos y la representacion de la realidad como espectáculo, las ensoñaciones cinematográficas, el periodismo y su paideia de la informacion pública que suplanto el ideal del buen ciudadano por el del lector/espectador bien informado, el nuevo discurso moral de la publicidad, las historias domésticas de la television y el fenomeno reciente del relevo de la ficcion melodramática por parte de nuevos géneros como el reality show, cuyos antecedentes están en la prensa sensacionalista, junto con la apropiacion del repertorio de recursos expresivos característicos del folletín audiovisual en su tratamiento de la imagen y la traspolacion de estos recursos al news-making. Para el gran público popular, alienado de las arenas de la confrontacion política y exiliado en el microcosmos doméstico, la realidad se ofrece como más inteligible y asible en términos de emociones fuertes que permiten una identificacion más intensa, más proxima a la experiencia cotidiana, sus entornos, sus sucesos y sus personajes. De ahí el triunfo de la interpretacion del mundo mediante la percepcion por contiguidad metonímica (narrativa y pasional) explotada por el discurso de los media.

VISIBILIDAD, VEROSIMILITUD Y PLAUSIBILIDAD

Ocurre que existe ""como señala J.L. Pintos"" "una permanente deriva historica que va desde los objetos, símbolos y rituales propios de cualquier culto, pasando por las que tienen la consideracion de obras de arte, hasta la produccion cotidiana de los inciertamente denominados "medios de comunicacion' (más exactamente definidos como empresas del nuevo sector de fabricacion de realidad), que nos proporcionan los materiales en los que descubrir las relevancias que van a fijar las operaciones de los imaginarios en su funcion de construccion de realidades múltiples". Las evidencias básicas, de las que vivimos y en las que creemos o estamos, no se generan mediante "representaciones" colectivas que los individuos copiamos en nuestro comportamiento cotidiano, ni tampoco mediante "conciencias colectivas" o "arquetipos" procedentes de estadios anteriores de la humanidad. Nuestras evidencias provienen de las plurales referencias emitidas recursivamente por las instituciones que pugnan entre sí por definir realidades creíbles, entre ellas los media constituyen un poderoso foco de irradiacion. Los imaginarios nos permiten percibir algo como real en el contexto de nuestra experiencia cotidiana, de ahí su definitiva relevancia política para mantener un statu quo o para tratar de transformarlo ("hacer la revolucion"), a través de intervenciones en el mundo entre las que la accion semiosica desempeña un papel fundamental, por ejemplo en forma de retorica oratoria, género discursivo donde se sintetiza toda una tradicion comunicativa que procede de la antiguedad clásica y que hoy experimentamos como publicidad, operaciones de marketing o construccion de imagen (Nota 20).
El régimen de significacion más representativo de los imaginarios sociales es el que corresponde a los universos simbolicos, por su poder de fascinacion en la construccion de la legitimidad social (Nota 21). El instrumento básico mediante el que los imaginarios construyen algo como real es el de la percepcion: desde una focalidad determinada se deja "fuera de campo" determinados fenomenos y se hace relevantes otros. Esto permitiría desentrañar los estratos de sentido de la densa emblemática acuñada por la última dictadura militar argentina (el facismo se caracteriza por la densidad de sus universos simbolicos) durante el Mundial de Fútbol de 1978, repertorio discursivo cuyos textos apelaban recurrentemente a la banalizacion del mal y a la centralidad de esa entelequia denominada "ser nacional" y su logotipo más notorio: el gaucho, transfigurado para la ocasion en los rasgos aniñados de "Mundialito", hombrecito en miniatura sin tiempo ni edad, vestido con el uniforme del seleccionado de fútbol, con un chambergo donde se leía "Argentina "78", con los brazos en jarra, una pelota bajo el pie y un rebenque colgándole de la mano, sacando pecho como imponiendo las habilidades rústicas pero eficaces de su físico menudo, forjadas en los partidos de potreros y baldíos, frente a los cuerpos atléticos de los hiperprofesionales jugadores europeos, tallados por las rutinas de gimnasio (Nota 22). En el marco de la omnipresencia del gauchito diseñado por la factoría García Ferré S.A. ""omnipresencia muy representativa del panoptico de la dictadura- otras representaciones respondían a los cánones del régimen de significacion dominante:

"Lejos de las publicidades de los medios, las calles de algunas ciudades veían carteles con otra mascota de aire similar a Mundialito (...) Se trataba de la publicidad de una importante cadena de carnicerías que hoy día ampliaron su ramo para convertirse en poderosos supermercados. En el país de "la carne', la empresa Coto había elegido la siguiente imagen publicitaria: un carnicerito con aire de gaucho posaba abrazado a una vaca con rasgos antropomorficos. Pero el diseño del dibujo sumaba algo más a aquel vínculo; en definitiva el amigo gauchito iba a faenar a la compañera que abrazaba: una mano rodeaba a la vaca y la otra sostenía escondido un facon ensangrentado. El delantal tenía las huellas de sangre de las pisadas desesperadas de su víctima anterior. Imposible no ver allí una imagen terrorífica que, sin embargo, pasaba inadvertida para los clientes, transeúntes y los dueños de la empresa. ¿Cuál era la causa que volvía invisible aquello que era por demás evidente? Como muestra de esa evidencia vale considerar que con los primeros aires democráticos, la empresa le quito el facon y la sangre a su gauchito. Comenzaba a caer el velo que convertía en invisible la escena (Nota 23)".

Ese "velo" al que los autores hacen referencia no es sino el efecto de focalizacion mediante el que elaboran la percepcion los imaginarios sociales, retroalimentados en esta ocasion por un régimen de significacion en el que se exaltaban núcleos iconográficos como el de los símbolos patrios, los atributos de la nacionalidad en forma de imágenes telúricas y la imaginería del júbilo futbolístico. Todos estos elementos se disponían en la trama del relato épico popular de la "justa deportiva" ""dictado con la habilidad con que suelen articular los totalitarismos las pasiones colectivas- que ordenaba la historia epopéyica de los sucesos del Mundial (dentro y fuera de las canchas). Esta historia (diégesis) recreaba la fábula nacionalista de lo nativo enfrentado a lo foráneo (esta vez, ese "afuera" era el locus de la amenaza exterior que portaban las ideologías "subversivas" invocadas por el discurso oficial), en un relato sobre cuya enunciacion se proyectaban los universos diegéticos acuñados por todas las épicas deportivas contadas con anterioridad. Relato, historia, universos diegéticos y fábula, representaciones basadas en las matrices del imaginario narrativo organizado en una estructura de núcleos tímicos correspondiente a la tension Deseo "" Ley, donde se trata en este caso de "el deseo de ellos" frente a "nuestra Ley", reelaboracion del imaginario social Nosotros "" Ellos, a partir del cual se trazan las representaciones de la identidad colectiva.
En suma, la funcion fundamental de los imaginarios es generar la plausibilidad de las perspectivas (focalizaciones) en juego, mediante los efectos de verosimilitud, autenticidad y legitimidad obtenidos en el despliegue de las estrategias discursivas. De este modo los imaginarios proporcionan las referencias interpretativas que posibilitan los posicionamientos en el orden social y la elaboracion de una identidad determinada. Una semiotica interesada por el análisis de los textos producidos por la discursividad narrativa audiovisual de los media, en determinados contextos sociales, culturales e historicos, puede seguir estas dos vías de acceso para el desentrañamiento de los procesos de significacion mediática:

(i) Segmentacion de la estructura del relato (en secuencias de accion, por ejemplo). Identificacion de recursos expresivos y determinacion de sus funciones hacia el interior del texto (estilo, orden retorico). Determinacion de la estructura actancial (como los personajes se dividen los roles de Sujeto, Objeto, Destinador, Beneficiario, Ayudante, Opositor) y de la estructura de la trama que ordena la diégesis en el relato. Identificacion de las relaciones que se establecen entre las dimensiones de la Historia (diégesis), la Enunciacion Narrativa (narracion) y el Enunciado Narrativo (relato), atendiendo a factores tales como el tratamiento del tiempo (duracion), la focalizacion (perspectivizacion) sobre/en determinados personajes y las operaciones de embrague y desembrague. Determinacion de la progresion del texto mediante la articulacion informacion dada "" informacion nueva (relacion tema "" rema) administrada por los ritmos de la narracion que dosifican la accion (por ejemplo, en el juego entre lo que Barthes llamaba "intriga de predestinacion" y "frase hermenéutica") (Nota 24). Identificacion de la heteroglosia constitutiva del texto: la voz/voces del narrador y la(s) de los sujetos del enunciado diegético.

(ii) Descomposicion de los estratos de sentido que componen el "espesor" semántico del texto. Identificacion de los núcleos de sentido en sus manifestaciones materiales (recurrencias de expresion y contenido, composicion de esas recurrencias, articulacion de los elementos en ejes relacionales, etc.). Remision de los núcleos de sentido a sus matrices de significacion: del relato a la historia (diégesis), de ésta a los universos diegéticos que se proyectan sobre la narracion (regímenes de significacion), de allí a la(s) fábula(s) y de ella(s) a los imaginarios sociales. Inscripcion del texto en sus condiciones de produccion discursiva (identificacion e interpretacion de los capitales materiales y culturales en juego, sus efectos simbolicos y las relaciones de poder que atraviesan la situacion enunciativa) (Nota 25).

Puesto que la significacion no es sino interpretacion -esto es, un proceso de asignacion de significados (investiduras de sentido)- esta práctica se registra tanto en la instancia del enunciador como en la del enunciatario, de lo que resulta una construccion intersubjetiva del significado realizada en el curso de acciones de ensamble integrativo como lo son las acciones comunicativas. Es posible, por lo tanto, una semiotica del proceso de construccion de los textos mediáticos en los usuarios, tanto en sus aspectos cognitivos (mediante un modelo inferencial de análisis, por ejemplo) como en la dimension socio-cultural de esta actividad (mediante los recursos teoricos y metodologicos diseñados por la corriente de cultural studies, por ejemplo), con acento en la configuracion de las rutinas de uso de los textos en la vida cotidiana. De más está decir que todas estas propuestas exigen ser trasladadas al estudio concreto de producciones efectivas, de lo cual se obtendrá (o no) la comprobacion de que un concepto como "imaginarios sociales" resulta funcional en cuanto categoría de análisis para la Semiotica.

NOTAS

1) Véase J. R. Searle: La construccion de la realidad social, Paidos, Barcelona, 1997.
2) G. Fauconnier: Espaces mentaux, París, 1984.
3) J. A. Magariños de Morentín, comunicacion Red SEMIOTICIANS, 21/5/2000.
4) J.A. Magariños de Morentín, comunicacion Red SEMIOTICIANS, 10/5/2000.
5) J.L. Pintos: Los imaginarios sociales. La nueva construccion de la realidad social, Madrid, Sal Terrae/I."Fe y Secularidad", 1995; «Orden social e imaginarios sociales: una propuesta de investigacion», Revista PAPERS, nº 45 (1995) 101-127; "La nueva plausibilidad (La observacion de segundo orden en Niklas Luhmann)", Revista ANTHROPOS, nº 173/174 (1997) 126-132.
6) N.Luhmann: Sistemas sociales (2ª ed.), Barcelona, Anthropos/ U.Iberoamericana/ U.Javeriana, 1998; Complejidad y Modernidad. De la unidad a la diferencia, Madrid, Trotta, 1998; Introduccion a la teoría de sistemas, México/Barcelona, U.Iberoamericana/Anthropos, 1996. Para una revision de la obra de este autor en su conjunto, véase Niklas Luhmann. Hacia una teoría científica de la sociedad, ANTHROPOS, nº 173/174, (julio-octubre 1997), 153 p.
7) N. Luhmann, Die Wissenschaft der Gesellschaft, Frankfurt, Suhrkamp, 1990: 268.
8) J.L. Pintos, Los imaginarios sociales del delito. La construccion social del delito a través de las películas (1930-1999), comunicacion por e.mail, 2000.
9) Se han aprovechado aquí los conceptos elaborados por J.A. Magariños de Morentín en Los fundamentos logicos de la semiotica y su práctica, Edicial, Buenos Aires, 1996.
10) Se tienen en cuenta aquí las nociones de "real", "imaginario" y "simbolico" elaboradas originalmente por Lacan. Lo real desborda al discurso, excede a lo simbolico aunque depende de ello para hacerse aparente. "En todo caso, la ¨realidad¨ es lo Imaginario: aquello, precisamente, que constituye para el Sujeto una totalidad de sentido sin fisuras, que le da plenitud ante sí mismo y ante los otros. O, para mayor precision: la "realidad' es un cierto "anudamiento" de lo Imaginario a lo Simbolico...". E. Gruner, 1998.
11) "Cuando el imaginario se libera de las individualidades cobra forma propia, y por una especie de astucia del dispositivo se convierte en un proceso sin sujeto. Adquiere independencia respecto de los sujetos. Tiene dinámica propia. Se instala en las distintas instituciones que componen la sociedad. Actúa en todas las instancias sociales, puesto que todas esas instancias se producen en alguna institucion". E. Díaz, 1998.
12) "La materialidad del dispositivo imaginario reside en los efectos que logra sobre la realidad". E. Díaz, op cit. Es necesario señalar, además, que el concepto de "imaginario social" se encuentra aún en elaboracion, particularmente en el ámbito de la Sociología Constructivista del Conocimiento. Cf. C. Castoriadis, 1992; J.L. Pintos, 1995; B. Baczko, 1991. R. Ledrut, 1987.
13) Existe, por supuesto, otro significado muy difundido para la expresion "ideología": conjunto de creencias explícitamente políticas o propagandísticas, erigidas sobre principios rígidos y doctrinarios ("ideologías marxistas", "fascistas", etc.). 'oda política social que se derive de la teoría social de manera consciente" (R. Williams). En este sentido se interpreta "ideología" peyorativamente como "falsa conciencia" que produce una "deformacion de la praxis" por su funcion distorsionante, opuesta a la ciencia y la filosofía.
14) C. Castoriadis, La institucion imaginaria de la sociedad (vol.1), Tusquets, Buenos Aires, 1993:174-5.
15) B.K. Britton & A.D. Pellegrini (eds.): Narrative Thought and Narrative Language. Eribaum, Hillsdale: New Jersey, 1990. R.A. Berman & D.I. Slobin (eds.): Events in Narrative: a Crosslinguistic Developmental Study. Erlbaum, Hillsday: New Jersey, 1994. J. Bruner: 'he narrative construction of reality". Critical Inquiry 18:1-21, 1991.
16) B. Laurel, Computers as theatre, Reading, Addison-Wesley, 1991.
17) L. Talmi: "Force dynamics in lenguage and cognition", Cognitive Science 12, 1988.
18) Abordajes semioticos de las pasiones son los elaborados por H. Parret, Las pasiones, Edicial, Buenos Aires, 1995; y P. Fabbri, Táctica de los signos, Gedisa, Barcelona, 1995.
19) I. Darrault-Harris, 'ropes et instances énoncantes", Semiotique. Nouvelle problematique de l'énonciation 10. Cit. en M. I. Filinich, Enunciacion, Eudeba, Buenos Aires, 1999:110.
20) Cfr. J.L. Pintos, 2000. Op.cit.
21) Cfr. P. L. Berger y Th. Luckmann [1966], La construccion social de la realidad, Buenos Aires, Amorrortu, 1976, pp. 120-163.
22) A. Gilbert y M. Vitagliano, El terror y la gloria. La vida, el fútbol y la política en la Argentina del Mundial 78, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 1998.
23) Ibid.
24) Procedimientos que modulan la progresion del relato a la manera de programas y antiprogramas que constituyen la economía narrativa. R. Barthes, S/Z, Siglo XXI, Madrid, 1980.
25) Me inspiro para la formulacion de estas dos vías en los procedimientos propuestos por F. Casetti y F. Di Chio en Como analizar un film, Paidos, Barcelona, 1994.
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